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La Guardia Civil festeja a su Patrona con una misa en la Catedral

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El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha presidido la santa misa

La festividad de la Virgen del Pilar ha congregado un año más al Cuerpo de la Guardia Civil en la Santa Iglesia Catedral para honrar así a su Patrona en una celebración eucarística presidida por el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández.

Ante unas naves repletas de fieles, el pastor de la Diócesis ha recordado en su homilía que en esta fiesta arraigada en nuestro país, se nos recuerda que en el origen de la fe cristiana está María. “Estamos celebrando y honrando a nuestra Madre Santísima en un día para dar gracias a Dios y rezar por todas las fuerzas del Estado”, ha afirmado.

Refiriéndose al Cuerpo de la Guardia Civil, el prelado ha querido mostrar su agradecimiento al servicio que presta acompañando a la seguridad de la sociedad y ha encomendado a los presentes a la Virgen del Pilar para que los cuide y puedan seguir dando su vida por la Patria. “Pedimos por todos los miembros y actuaciones del Cuerpo de la Guardia Civil que nos dan siempre una seguridad en la sociedad y agradezco vuestro buen trabajo y vuestra ayuda para mantener la paz y el orden de la ciudadanía”, ha expresado el prelado al tiempo que ha encomendado a Dios a todos los miembros de la Guardia Civil, a sus familias y a aquellos que han muerto en su servicio.

Asimismo, monseñor Demetrio Fernández ha recordado que “somos criaturas de Dios, sin Dios no somos nada y María es ejemplo para nosotros en su pureza de alma”. “La fe es un estímulo permanente para cumplir la misión que Dios nos encarga a cada uno y María nos enseña que lo que hay que hacer hay que hacerlo con generosidad y con amor”, ha aclamado.





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“Que la intercesión de la Virgen del Pilar nos sostenga en la columna de la vida cristiana firmes, bellos”

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Homilía de D. Javier Martínez, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del Día del Pilar y fiesta de la Hispanidad, el 12 de octubre de 2022, en la Capilla Real.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa muy amada de Jesucristo, Pueblo santo de Dios, del que todos nos sentimos agradecidos de formar parte, también yo como obispo, también mis hermanos sacerdotes;

muy queridos sacerdotes concelebrantes;
hermanos y amigos todos:

Es ésta una fiesta singular. La Virgen está tan metida en las entrañas de nuestra fe y de una manera tan profunda y tan desde el comienzo que parece que nuestra fe católica es inseparable de un amor, de una confianza, de una protección de la Virgen. Las advocaciones de la Virgen en nuestros pueblos y en los pueblos que han sido evangelizados por nuestra patria es tan desbordante que son inagotables casi las advocaciones. Estamos acostumbrados a oír que Pilar es un nombre de mujer, pero pilar designa ante todo una columna.

Luego hay otros nombres menos frecuentes, como Montaña o Valle, el mismo nombre de Angustias, tan frecuente en Granada. Cuando lo oyen personas de otros entornos culturales dicen “¿pero cómo una mujer puede llamarse Angustias? No, no es una mujer, es la Madre de Dios que ha asumido todos nuestros dolores y todas nuestras angustias y nuestras ansiedades. Justamente, y nos protege. Nos protege con su manto, como cantamos en el himno de la Virgen de las Angustias. Dar gracias por nuestro catolicismo que lleva consigo ese amor y esa confianza en la Virgen. No es difícil, no tendría que ser difícil. Es más, no sé si la palabra sentirse orgulloso de ser católico no es una expresión muy cristiana, porque el orgullo es un pecado. Pero sentirse profundamente agradecidos, gozosamente agradecidos por ser cristianos, por ser católicos, por haber recibido muy tempranamente el I Concilio de la Iglesia antes de que se convirtiera Constantino y, por lo tanto, antes de que el Estado romano o el Imperio Romano, porque la palabra Estado es una palabra moderna; pero antes de que el Imperio Romano se aproximase y apoyase de algún modo la fe cristiana si hubiera tenido lugar, hubo en el antigua Elvira un Concilio que reunió a ochenta obispos en el entorno de donde nosotros estamos hoy, en torno al 304, 306. Y eso es una muestra de lo arraigada que estaba ya la fe en lo que hoy llamamos España en los primeros siglos cristianos. Decimos en todos los prefacios de la Misa, me lo habéis oído repetir cientos de veces sobre todos los sacerdotes, porque -lo repito- también en cada funeral de cada sacerdote o en cada funeral en el que tengo la ocasión de participar, “es justo y necesario darTe gracias siempre y en todo lugar. Es nuestro deber, nuestra salvación”. Por lo tanto, si hoy nosotros damos gracias, damos gracias porque hemos conocido a Jesucristo. Damos gracias porque, sin mérito ninguno de nuestra parte, hemos nacido en un pueblo cristiano; hemos aprendido lo que significa vivir en un pueblo cristiano. Y yo creo que todavía no nos damos mucha cuenta del bien que eso significa.

A medida que la sociedad global, por razones muy evidentes y muy explicables humanamente, se aleja de la Tradición cristiana, se pierde el sentido de la vida humana, se pierde el sentido de todo aquello que en la vida humana trasciende el mundo animal. Nuestras vidas pasan a ser algo mucho más valioso que el que los insectos o que las ranas, funcionamos exclusivamente por instintos, por luchas de poder y un mundo reducido a poder y a luchas de poder es un mundo en el que no merece la pena vivir. El fruto, aunque no lo digamos con las palabras con que yo lo acabo de decir, que en el fondo eso define nuestra actitud ante la vida, más incluso que nuestra Tradición cristiana, es lo que pone de manifiesto las crisis matrimoniales constantes, la cantidad de bodas nulas que se celebran, la carencia de hijos. Lo que San Pablo II llamaba la “cultura de la muerte” y que entendimos todos como si fuera un eslogan pastoral y no era un eslogan pastoral. Es una realidad. Cuando la gente de fuera viene a España y dice, bueno, en Andalucía todavía tenéis niños, pero la España vacía es una España que se muere. Y sin embargo, no podemos dar gracias porque nuestra fe católica sin dar gracias por todas las circunstancias que han hecho posible que la fe llegara hasta nosotros y que la fe sea todavía entre nosotros una realidad viva. Yo acabo de celebrar, no hace un mes, la Virgen de las Angustias, y uno podía ver ahí un pueblo parecido al que se encontraba Jesús cuando multiplicó los panes y los peces, o al que entró en Jerusalén con Él el Domingo de Ramos. Hay entre nosotros una conciencia de que tenemos necesidad de Dios, pero de que tenemos una necesidad que sabemos que no es, que no se encuentra con un vacío o con un silencio, se encuentra con una presencia maternal, la Virgen, se encuentra con el Espíritu, con el Espíritu del Hijo de Dios que nos es dado y que nos permite vivir como hijos de Dios. ¿Significa eso que vamos a tener salud siempre? No. ¿Significa que no va a haber desgracias o dramas en nuestras familias? No. ¿Significa que no vamos a morir, que vamos a defendernos siempre, a poder defendernos siempre de la muerte, o que la medicina va a encontrar los modos de que vivamos? No. No nos arranca de nuestra condición humana, pero nos permite vivirla de una manera completamente diferente en la fe, en la esperanza, en el amor.

Las tres realidades que Jesucristo, con su Misterio Pascual, ha introducido en nuestra historia y una vida de fe es una vida de creencias sobrenaturales. Sólo es una vida de la fidelidad al designio bueno de Dios, de fidelidad. Una vida de fe es la vida de quien sabe que mi Padre no me va a dar nunca algo malo, nada. Si le pido un pan, no me va a dar una piedra. Y si le pido un pescado no me va a dar una serpiente. “Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, cuánto más vuestro Padre del Cielo dará el Espíritu Santo a quienes se lo piden?

Damos gracias a Dios por ser cristianos, por ser españoles -yo diría-. Estamos ante la tumba de Isabel la Católica, que, como sabéis, está en proceso de beatificación. Y yo aprovecho la ocasión para invitaros a que le pidáis gracias, a que le pidáis milagros, porque no hay nada que ahora mismo obligue a detener ese proceso y, por lo tanto, podemos, podemos suplicar. ¿Y si tuviera la experiencia de un verdadero milagro? Comunicadlo, comunicadlo. Yo creo que es una figura muy singular, y una figura llena de… sólo pensando en cómo educaba a sus hijos, sólo pensando que cuando ardió el campamento de Santa Fe y ya de noche, en mitad de aquella toma de Granada o de aquel sitio a Granada, pues se durmió orando y por eso ardió el campamento, porque se cayó ella en la tienda donde estaba orando, dormida; sólo pensando cómo trató a los reyes derrotados. Cómo fue que poca sangre hubo en aquella guerra. Hubo capitulaciones y cómo trató a los vencidos que los mantuvo sentados a su propia mesa. Es tan diferente de las guerras modernas que, Dios mío, damos gracias. Damos gracias porque fuera la Reina Católica la que recomenzó en nuestras tierras, mediante una segunda evangelización, la gran aventura cristiana que no ha terminado, que no terminará mientras el mundo sea mundo, porque el Señor lo ha prometido: “Estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Vamos a dar gracias a Dios por nuestra fe y por toda la historia de nuestra fe. Vamos a dar gracias a Dios también por la realeza. La realeza -dejadme decirlo y me meto en un terreno que roza cosas que no estamos acostumbrados, pero que yo creo que son profundamente íntimas al pensamiento cristiano- no es simplemente la monarquía. Es mucho más que la monarquía. La monarquía significa que el gobierno de un pueblo está confiado a uno. Yo diría que Estados Unidos, aunque sea una república, es una monarquía, porque el presidente de los Estados Unidos tiene más poder que han tenido los reyes nunca. Y lo mismo podríamos decir de Putin, o podríamos decir de muchos otros de los gobernantes de hoy. Son verdaderamente monarquías y monarquías más despóticas, porque son el gobierno de uno y de la voluntad de uno que se impone, que se impone a un pueblo; también lo decía san Juan Pablo II, que una democracia sin un sustento religioso y moral se convierte en una dictadura descaradamente encubierta. Nosotros lo que tenemos es que la realeza es más que la monarquía. La realeza tiene algo de religioso, tiene algo, siempre, siempre, siempre. Y no importa. No es lo más fundamental las virtudes o las cualidades ni siquiera que puedan tener los reyes. Son un símbolo, son un signo, son un signo de la vocación a la unidad de un pueblo. Son uno, junto con la fe católica, uno de los dos únicos signos que ahora mismo tendríamos con sentido. Y por eso la realeza es una realidad cristiana.

La monarquía ha existido siempre. El Imperio Romano, el Imperio persa, las monarquías han existido siempre, a pesar de que tengan métodos que parecen no monárquicos. Pero la realeza es una creación cristiana porque es una creación que tiene que contar y en la Edad Media todavía más. E Isabel la Católica era en ese sentido una mujer de la Edad Media. No era una monarca absolutista, lo era su marido. Pero ella no. Tenía que contar con unos equilibrios de fuerzas que suponían de hecho la participación de todo el pueblo en el gobierno de lo que entonces se llamaba todavía los Reinos, los Reinos de España.

Pidamos al Señor también por nuestros gobernantes. Pero pidamos sobre todo por nuestros reyes, que sepan mantener la cohesión y la unidad y la misión de la Iglesia en favorecer la unidad, no dividir. En el Concilio, en una de las primeras frases del Concilio dice: “Cristo es la luz de los hombres, y la Iglesia es en Cristo como un sacramento o señal o signo, signo eficaz de la vocación de todos los hombres a la íntima unión con Dios y a la unidad de todo el género humano”. Cuando creemos en Cristo, buscamos la unidad, trabajamos por la unidad, y si no, aunque nos llamemos cristianos, a lo mejor no creemos de verdad en Cristo. A lo mejor, no somos cristianos del todo. A lo mejor, vivimos en una conciencia más secular que otra cosa y dejamos que el juego de la política, los juegos de la política, cambian sus variables. Pero nuestra vocación a la unidad no podemos prescindir de ella si estamos bautizados.

Te pedimos, Señor, por nuestra unidad. Yo te pido por la unidad de España, que es un bien que hay que proteger, que hay que cuidar, que hay que defender, que hay que sostener. Te pido por nuestros reyes y por la Familia real. Y te pido por nuestros gobernantes, Señor, que no destruyan. Es muy fácil destruir, muy difícil construir. Pero que no destruyan; que no destruyan al ser humano, que no destruyan a la familia, que no midan todo por los votos, que no hagan una política miope; que puedan encontrar un pueblo que sabe lo que quiere. Los tiranos siempre se han apoyado en la pasividad del pueblo, siempre necesitan de los dictadores y no crecen más que cuando el pueblo es dócil y se deja arrastrar por los discursos, por las mentiras o por las propagandas de los dictadores. Tenemos que pedirLe al Señor ser un pueblo, un pueblo cristiano que sabe lo que quiere, que sabe cuál es su vocación, que no es manipulable. No somos manipulables, no estamos en venta. Nuestra dignidad de hijos de Dios no nos las da el Estado, nos la da Jesucristo, el Hijo de Dios, que nos da Su Espíritu y nos hace hijos de Dios. Y esa dignidad nadie tiene el derecho a arrancárnosla, ni puede, aunque quiera. Tenemos que pedir, por lo tanto, por nosotros, por el pueblo cristiano. Eso es pedir por la Iglesia. Pedir por la Iglesia no es pedir por los curas. Es pedir que seamos el pueblo que Dios quiere; que tomemos las riendas de nuestra responsabilidad en la historia. Y tenemos que pedir por toda América Latina, por el mundo entero. Pero América Latina nos corresponde un día como hoy, día de la Hispanidad, una vocación especial.

Señor, que los pueblos cristianos de América Latina -y Granada tiene un vínculo especial con América Latina, es obvio- oremos por ellos. Ayudemos en la medida de lo posible a sostener los que emigran y los que vienen, que los acojamos como verdaderos hermanos nuestros.

Alguien me preguntaba no hace mucho, ¿reza la gente en la tumba de la Reina Católica? Y no era una pregunta baladí. Tiene mucho que ver con su posible beatificación. Y quien lo preguntaba no era tampoco un cualquiera. Pues, le dije: rezan los latinoamericanos, la verdad es que los españoles rezamos muy poco. Lo dejo caer. Tenemos que rezar. Tenemos que pedirLe al Señor, pero con confianza, que nos sostenga, que nos sostenga a todos en la fe, en la esperanza y el amor, que es para lo que está hecho el corazón humano. Si somos testigos de esa fe, de esa esperanza y de ese amor, el cristianismo volverá a crecer en este mundo nuestro, como creció en los primeros siglos de la Iglesia. Esa es nuestra vocación histórica. En este momento en que vivimos.

Que la intercesión de la Virgen del Pilar -“columna” significa pilar- nos sostenga en la columna de la vida cristiana firmes, bellos, como la columna de un templo que nos sostenga en el camino de la historia y que podamos tener esa misma fecundidad que hemos tenido, llena de frutos de santidad en nuestro pasado.

Que así sea para vosotros, para todos los que formamos la Iglesia.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

12 de octubre de 2022
Capilla Real de Granada

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Víznar festeja su Patrona, la Virgen del Pilar

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Víznar festeja su Patrona, la Virgen del Pilar

Hoy 12 de octubre.

Hoy, 12 de octubre, los fieles de la parroquia de Víznar y devotos están invitados a participar en la celebración de su Patrona, la Virgen del Pilar. Será a las 18 horas, con el rezo del Santo Rosario y la Eucaristía en la parroquia del pueblo, que presidirá el sacerdote Ramiro Avidad. Después de la Eucaristía, se celebrará la procesión por los barrios Alto y Santa Adela, con un responso en el cementerio de Víznar. En estas celebraciones colabora el Ayuntamiento de Víznar y la Sociedad de Cazadores.

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Jornada de formación con Giménez Barriocanal

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Este martes, 11 de octubre, recordado por cumplirse el sexagésimo aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, ha visitado nuestra Diócesis, D. Fernando Giménez Barriocanal, Vicesecretario para Asuntos Económicos de la Conferencia Episcopal, para una Jornada de formación dirigida, especialmente, al equipo económico diocesano. 

Ha sido una intensa jornada de trabajo que abre camino y prepara las que en su momento se coordinarán desde la administración diocesana, dirigidas a los miembros de los Consejos económicos Parroquiales de nuestra diócesis. 

El Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez,  ha agradecido a Giménez Barriocanal su favorable respuesta a la invitación que él mismo le hizo con ocasión de una de las reuniones del Consejo de Economía de la Conferencia Episcopal, de la que nuestro Obispo forma parte, y donde comparten tareas en un área, la económica, que está al servicio de la labor evangelizadora y social de la Iglesia en nuestra sociedad.

Culminó la jornada, que se desarrolló de forma positiva y satisfactoria, con un una visita a la S. I. Catedral de Jaén donde veneraron el Santo Rostro, recorrieron distintos espacios del imponente templo catedralicio vandelviriano, y hasta pudieron contemplar el imponente Templo a través  de las novedosas estaciones de gafas virtuales de realidad aumentada, con imágenes grabadas con dron y cámaras de 360º; un proyecto pionero y novedoso de la Catedral de Jaén.

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El Consejo Parroquial de Huéscar se reunió para preparar el nuevo curso pastoral

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El Consejo Parroquial de Huéscar se reunió para preparar el nuevo curso pastoral

El pasado jueves 6 de octubre, a las 20:30 h., en la Casa de Parroquial, tenía lugar la primera reunión de este curso 2022-2023 del Consejo de Pastoral de la parroquia de Santa María, de Huéscar.

Tras una oración de invocación al Espíritu Santo, el párroco, José Antonio Martínez, hizo un balance del curso anterior y de las distintas actividades que se han llevado a cabo este verano, e introdujo cómo se va a plantear este nuevo curso pastoral.

En dicha reunión, se dio la bienvenida al sacerdote Gregory Faustine Samike, como nuevo vicario parroquial de Santa María la Mayor, y al nuevo diácono, Guillermo Parra.

Fue una reunión intensa, a la vez que productiva, donde se aportaron muchas iniciativas y proyectos para este nuevo curso pastoral siguiendo la Carta Pastoral que ha escrito nuestro Obispo D. Francisco Jesús Orozco: “Misioneros del Primer Anuncio al estilo de San Torcuato”. Esperamos con la ayuda de Dios y de nuestras Santas benditas, Alodía y Nunilón, poder sacarlas todas adelante.

Guillermo Pablo Parra Sánchez
Diácono de Guadix

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A favor de la dignidad e igualdad de toda vida humana: nota de la subcomisión de Familia y Defensa de la Vida, de la CEE

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A favor de la dignidad e igualdad de toda vida humana: nota de la subcomisión de Familia y Defensa de la Vida, de la CEE

Nota de los Obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida ante la nueva Ley sobre salud sexual y reproductiva y de la interrupción voluntaria del embarazo y ante la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI.

 

La Iglesia tiene la misión en este mundo de defender y mostrar la dignidad de cada persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios, y de alzar la voz proféticamente cuando esta dignidad se ve amenazada de distintas maneras.

En los últimos meses, se han incoado iniciativas legislativas que, lejos de promover el bien de la persona y su dignidad, atentan gravemente contra la misma. Es por ello que queremos invitar a los miembros del Pueblo de Dios y a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a reflexionar sobre estos asuntos.

En primer lugar, mostramos nuestra preocupación y nuestro rechazo ante la aprobación de la nueva ley del aborto. Varios son los aspectos reprobables de esta ley entre los que podemos destacar los siguientes: promulgar el aborto como un derecho, el atentado a la igualdad que supone permitir el aborto de los discapacitados hasta los cinco meses y medio, la posibilidad de que las chicas de 16 y 17 años puedan abortar sin el consentimiento de sus padres, la obligatoriedad de que los médicos que rechacen realizar abortos tengan que inscribirse en un registro de objetores de conciencia o la eliminación del período de reflexión antes de abortar y de la información sobre alternativas al aborto.

En segundo lugar, expresamos nuestra inquietud por la posible aprobación de la Ley para la igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI que contiene en su articulado elementos realmente preocupantes de imposición de la teoría queer, teoría que cuestiona radicalmente la identidad sexual de las personas, en todos los ámbitos de la vida personal, familiar y social, estableciendo e imponiendo arbitrariamente una única concepción antropológica.

Durante su pontificado el Papa Francisco ha hablado, en numerosas ocasiones y siempre en tono sumamente crítico, de la denominada “ideología de género” llegándola a considerar uno de los mayores atentados de nuestros días contra la dignidad humana y, tal vez, la mayor amenaza existente contra la familia. Dicha ideología de género es el fundamento de esta nueva ley de la transexualidad.

Ante este horizonte de colonización ideológica queremos recordar la antropología adecuada que nos muestra que la persona es la unión de cuerpo y alma, siendo el cuerpo un bien de la creación y expresión de la persona. Desde este fundamento sólido expresamos lo siguiente:

1.- Son muchos los testimonios de familias, madres, jóvenes y adolescentes que han sufrido las consecuencias que produce la llamada teoría queer o teoría del gender. A todos ellos queremos mostrar nuestro apoyo y ayuda y tenderles la mano para iluminar la perversión de una legislación ideológica.

2.- Es preocupante la implicación directa de la Administración y de los poderes públicos en la promoción de los postulados de la ideología de género. Un estado democrático no puede imponer una peculiar y reducida visión antropológica en todos los ámbitos: educativo, jurídico, sanitario, laboral, en los medios de comunicación, en la cultura, el deporte y el ocio.

3.- Es llamativo que se haya incrementado considerablemente el número de adolescentes que piden cambiar de sexo sin presentar una auténtica disforia de género, sino como manifestación de inestabilidades afectivas propias de esa edad. Todos los estudios científicos coinciden en que más del 70% de los niños que piden cambiar de sexo, cuando pasan la adolescencia, no siguen pidiendo el cambio.

4.- La despatologización de la transexualidad se identifica con favorecer una intervención médica, pero sin criterios médicos, sino con criterios subjetivos del paciente. Despatologizar significaría poder solicitar y aplicar tratamiento médico e incluso quirúrgico de forma arbitraria, obligando al personal sanitario a obedecer los deseos de los pacientes, aunque ello conlleve graves riesgos para la persona. Estamos ante un ejemplo claro de irracional dogmatismo ideológico.

5.- Se regula por ley que la transexualidad es fruto de una elección de la identidad de género, evitando que la ciencia, a través de la medicina, estudie y determine el tratamiento más aconsejable. Podemos decir, por tanto, que se niega la posibilidad de tratamiento psicosexual e incluso la necesidad de obtener un diagnóstico de las personas con trastorno de identidad de género, confundiendo el diagnóstico médico con un intento de anulación de la personalidad.

6.- No se puede decir que la reasignación de sexo hormonal y quirúrgico soluciona los problemas que conlleva los trastornos de disforia. Son muchos los testimonios de personas que se han sometido a la reasignación y no han visto solucionado su situación. Igualmente hay que valorar bien los tratamientos y explicar las secuelas, los efectos secundarios y las complicaciones de los mismos.

7.- La comunidad cristiana y, en particular, los pastores debemos desarrollar, siempre, sentimientos de acogida hacia las personas con disforia de género, a quienes les asiste el derecho a ser respetados y a ser tratados con los medios lícitos puestos a disposición por la medicina para conseguir el nivel de salud física, psíquica y relacional más alto y satisfactorio que sea posible, en los límites de su condición y en el respeto pleno de la verdad y de la dignidad humana.

8.- Los fieles que se encuentran en esta situación son hijos amados del Padre, y como cualquier otro fiel se han convertido, a través del bautismo, en herederos de la vida eterna. Ellos están llamados por Jesucristo a la santidad y a realizar, animados por el Espíritu Santo la voluntad de Dios en sus vidas, uniendo al sacrificio de la cruz los sufrimientos y las dificultades que puedan experimentar a causa de su condición.

9.- Hay que alzar la voz con fuerza y denunciar el uso de tratamientos prematuros e irreversibles aún más cuando no se está seguro de la existencia de una auténtica Disforia de Género. Las actuaciones médicas que se lleven a cabo en los menores, después de una serena reflexión, nunca deben ser de carácter irreversible dada la incertidumbre sobre los cambios que pueden darse en el desarrollo de la personalidad durante las fases de la pubertad y la adolescencia.

10.- Hay que respetar la libertad de conciencia y de ciencia a todos los profesionales de los diversos ámbitos de la vida social sin condicionar el desempeño profesional en libertad. Nos preocupa que se quiera imponer un adoctrinamiento que condicione el desempeño profesional en el campo educativo, sanitario, función pública, judicatura, cultura, medios de comunicación.

La Iglesia es una Madre que quiere salir al encuentro de las mujeres en riesgo de abortar porque se encuentran solas y sin recursos, de las mujeres que han abortado y padecen las consecuencias de esta decisión. La Iglesia también acoge en su seno a las personas que sufren por su disforia de género y a las familias de los niños y adolescentes que experimentan confusión en su identidad y necesitan acompañamiento.

Pidamos a Santa María, Madre de la Vida y Reina de la Familia, que interceda por nosotros para que nos dé creatividad para instaurar la tan necesaria cultura de la vida y caridad para atender a las personas que permanecen heridas al borde del camino.

– Mons. D. José Mazuelos Pérez, obispo de Canarias, presidente de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida

– Mons. D. Ángel Pérez-Pueyo, obispo de Barbastro-Monzón

– Mons. D. Santos Montoya Torres, obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

– Mons. D. Francisco Gil Hellín, arzobispo emérito de Burgos

– Mons. D. Juan Antonio Reig Pla, obispo emérito de Alcalá de Henares

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Mons. Gil Tamayo recibe la medalla de la Archicofradía del Rosario Coronada

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Mons. Gil Tamayo recibe la medalla de la Archicofradía del Rosario Coronada

Al término de la Eucaristía que celebró el pasado día 7, día jubilar para ganar la indulgencia plenaria.

El pasado día 7 se iniciaban en la iglesia de Santo Domingo, los cultos en honor de la Virgen del Rosario Coronada, con la Eucaristía oficiada por el arzobispo coadjutor, D. José María Gil Tamayo, en su primera visita al templo. Allí, recibió la bienvenida y el agradecimiento de la comunidad de hermanos religiosos, cofrades y fieles en general. Al término de la Eucaristía, que fue precedida por el rezo del Santo Rosario, recibía la medalla de la Archicofradía del Rosario, con la que pasa a formar parte de sus miembros devocionales.

En sus palabras durante la homilía, Mons. Gil Tamayo animó a los fieles a acudir a la Virgen, en su advocación del Rosario, rezando esta oración mariana que acompaña la vida cristiana siguiendo los misterios de la vida, muerte y resurrección del Señor, al mismo tiempo que les invitó a buscar la compañía de la Virgen en nuestra vida cristiana.

Distintas autoridades civiles y militares participaron en la Eucaristía, junto a numeroso pueblo cristiano. Todos ellos depositaron su ofrenda floral en honor a la Virgen del Rosario, entre ellas la Congregación de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada. Y es que ese 7 de octubre, la iglesia de Santo Domingo fue templo jubilar y pudo ganarse la Indulgencia Plenaria, en el Año Santo concedido por la Santa Sede a la Congregación de las Misioneras del Santísimo Sacramento y María Inmaculada en el 175 aniversario del nacimiento de su fundadora, la beata María Emilia Riquelme y Zayas.

El 12 de octubre, Día de la Hispanidad, concluyen los cultos en honor a la Virgen del Rosario, copatrona de Granada, en la iglesia de Santo Domingo, con el rezo del Santo Rosario a las 19:15 horas y la Eucaristía a las 20 horas.

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social

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El arzobispo entrega la medalla Pro Ecclesia Hispalense a Manolín, sacristán de San Joaquín

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El arzobispo entrega la medalla Pro Ecclesia Hispalense a Manolín, sacristán de San Joaquín

Monseñor José Ángel Saiz, arzobispo de Sevilla, ha entregado hoy una medalla Pro Ecclesia Hispalense al sacristán de la Parroquia de San Joaquín, Manuel Pérez Mantero, más conocido como ‘Manolín’.

La medalla fue una petición del anterior párroco, Juan Luis García, en reconocimiento del trabajo realizado por Manolín durante los últimos 35 años en la parroquia. Además, coincide que el sacristán, de 90 años, es hermano de Javier Pérez Mantero, sacerdote diocesano y párroco emérito de San Joaquín, parroquia que acompañó pastoralmente durante 46 años.

Precisamente Javier Pérez Mantero ha dedicado unas palabras a su hermano durante el homenaje. Ha recordado cómo Manolín ha desempeñado su labor “siempre con puntualidad y sumo agrado”. Asimismo, ha reconocido la colaboración de Rosario, la esposa del sacristán, porque “a veces ha tenido que sacrificarse ante las largas ausencia de casa de mi hermano a razón de la parroquia”. Durante su discurso, el sacerdote ha rememorado algunas anécdotas de su infancia: “Ambos éramos monaguillos y jugábamos a decir Misa. Mi hermano era el que decía la homilía porque siempre ha sido muy elocuente”.

Por su parte, el homenajeado ha agradecido a los presentes este reconocimiento, especialmente al anterior párroco, Juan Luis García, “por tantos buenos momentos”, así como a sus difuntos padres “por la fe y por enseñarme el espíritu de sacrificio”.

El acto, en el que ha participado un nutrido y variado grupo de feligreses, así como una amplia representación de la familia del sacristán de San Joaquín, ha concluido con unas palabras de monseñor Saiz, con las que ha reconocido el “esfuerzo y el trabajo” realizado por Manolín todos estos años y con las que ha destacado “cómo hay personas que por donde pasan dejan paz y serenidad. Tú –ha insistido- eres de ese tipo de personas. Por todo ello, por tu cariño en el servicio a Dios y a la Virgen, te hacemos entrega hoy de esta medalla”, concluía el arzobispo.

 

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La Guardia Civil celebra a la Virgen del Pilar en la Cartuja

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La Guardia Civil celebra a la Virgen del Pilar en la Cartuja

El cuerpo de la Guardia Civil de Granada celebra una Eucaristía en la Cartuja. Lo hicieron este martes 11 de octubre, víspera del día de su patrona, Nuestra Señora del Pilar. Durante la celebración recordaron por qué habían sido nombrados “centinelas de la paz”.

Entre los presentes se encontraba el Jefe de la Comandancia de la Guardia Civil de Granada, junto al resto de autoridades civiles.

El capellán militar de Granada presidió esta Misa en compañía del sacerdote diocesano D. Manuel Mingorance y del superior de los claretianos, Juan Jesús Gea.

Mencionando la importancia de la perseverancia en la oración a la que aludían las escrituras, el capellán subrayó el valor de esta virtud como una de las insignias de la benemérita.

“El cuerpo de la Guardia Civil da muestra de esa perseverancia, día tras día, aun con vicisitudes y en muchas ocasiones con dificultades, teniendo muy presentes las limitaciones humanas que nos van acompañando”, afirmó, “admirando esa vocación, esa profesionalidad, esa entereza y esa entrega de cada día”.

Denominados en su día como “centinelas de la paz” por San Juan Pablo II, el presbítero recordó cómo los guardias civiles son servidores públicos que están dando lo mejor de sí mismos, en la profesionalidad con la que desempeñan su deber.

“La devoción de los guardias civiles por la Virgen del Pilar, nunca ha estado reñida con la profesionalidad y la modernización que se les exige a este cuerpo”, añadió el capellán. “Generosidad, servicio, valor, caridad y ayuda al prójimo. Este es el impulso que María nos evoca cuando la tenemos como patrona. Nosotros debemos permanecer firmes en esa Palabra de Dios que nos va guiando, igual que lo hizo María”.

Ignacio Álvarez
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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Reunidos los patronatos de las fundaciones diocesanas de residencias de mayores

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El centro residencial Santa María de Gracia de Calañas ha sido el lugar en el que se ha celebrado esta mañana de martes, 11 de octubre, la reunión de los patronatos de las fundaciones diocesanas de residencias de mayores, con la presidencia del obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez. En el encuentro se han dado cita los patronatos de Higuera de la Sierra, Calañas, Escacena del Campo y Cumbres Mayores.

Se trata de la reunión ordinaria anual que mantienen para dar cuenta de su actividad y proyectos.

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