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“¡Quítate un peso de encima por una buena causa! Dona tus céntimos”

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En España, el uso del dinero en efectivo se ha reducido de forma progresiva desde 2014, una situación que se ha visto agravada por la pandemia. En 2020, el efectivo solo fue la opción preferida para el 36% de los ciudadanos, mientras que, seis años antes, la cifra rozaba el 80%. Y de entre las distintas unidades de pago en efectivo que seguimos usando, las monedas de 1 y 2 céntimos son las que menos movimiento tienen.

Los datos avalan este hecho:

  • No son aceptadas por la mayoría de máquinas expendedoras o los parquímetros, por lo que muchas se acumulan o se pierden.
  • Suponen un gran coste de producción, superior al propio valor de la moneda. En los países miembros de la Comisión Europea se han perdido 1.400 millones de euros produciéndolas.
  • Por eso, según un sondeo del Eurobarómetro, el 65% de los europeos quieren que dejen de existir. En el caso de los españoles, hasta un 58%. De hecho, países como Italia, Países Bajos, Bélgica, Irlanda o Finlandia ya suspendieron el uso de estas monedas, y para los pagos en efectivo se usan reglas de redondeo a 5 céntimos.
  • Y, a todo esto, se suma su alto coste medioambiental, puesto que, para producirlas, se usan acero, cobre, agua y productos químicos, además del gasto de plástico y papel de embalaje, lo que supone un gran coste para el medioambiente.

Ante esta perspectiva, Manos Unidas pone en marcha su campaña “¡Quítate un peso de encima por una buena causa! Dona tus céntimos”, ofreciendo la posibilidad de librarse de estas incómodas monedas con un buen fin: ayudar a financiar proyectos de desarrollo en los más de 50 países en los que la organización está presente. “Todos llevamos estas monedas en el bolsillo o en el monedero, o las vamos acumulando en botes. Ahora queremos que te “liberes de ese peso y que, al donarlas a Manos Unidas, nos ayudes a construir un mundo mejor”, explica Cecilia Pilar, presidenta de la ONGD.

Para dejar de acumular esos céntimos, con gran coste de producción, y darles este sentido solidario, Manos Unidas llevará a cabo una recogida de los mismos, a lo largo de toda España, gracias a las 72 Delegaciones que la organización tiene por todo el territorio. Los puntos de recogida se podrán encontrar, tanto en las sedes físicas de las Delegaciones, como en establecimientos colaboradores de las ciudades y pueblos dependientes de cada Delegación.

Una campaña que se pone en marcha ahora, pero que nace con la idea de tener un amplio recorrido en el tiempo para poder ofrecer a todos los ciudadanos la posibilidad de participar. Asimismo, reforzaremos la presencia de la campaña en momentos importantes para el consumo, como es el Black Friday o la Navidad, así como, en iniciativas solidarias como el Giving Tuesday.



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Celebración y formación por el Día del Catequista

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Los catequistas celebraron su día el pasado sábado con una Misa presidida por el obispo de Cartagena, además de con sesiones de formación impartidas por la artista Pati.te y por el obispo de Orihuela-Alicante, Mons. José Ignacio Munilla.

El Día del Catequista, celebrado el pasado sábado en la Iglesia Monasterio de los Jerónimos de la Universidad Católica San Antonio de Murcia (UCAM), reunió este año a más de 460 catequistas. Procedentes de Abarán, Alcantarilla, Archena, Beniel, Bullas, Caravaca de la Cruz, Cartagena, Cehegín, Ceutí, Fortuna, Fuente Álamo, Jumilla, Mazarrón, Molina de Segura, Murcia, Las Torres de Cotillas, Lorca y Totana, entre otras localidades, los catequistas acudieron a este evento anual para celebrar juntos a su patrón, asistir a las sesiones de formación y tomar impulso en esta tarea.

El evento comenzó antes a las 9:00 horas con la acogida de los participantes, que recibieron una bolsa personalizada, una carpeta, un bolígrafo y una pulsera, y pasaron a tomar asiento en la iglesia de los Jerónimos, donde participarían en la Eucaristía.

A las 10:00 horas comenzó la Santa Misa presidida por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, que estuvo acompañado por el vicario de Lorca, Francisco Fructuoso; el delegado episcopal de Catequesis, Antonio Jiménez Amor; y otros sacerdotes, además de por varios seminaristas.

La celebración, que contó con los cantos del Secretariado Diocesano de Música, concluyó con el rito de envío del catequista, donde el obispo, en nombre de la Iglesia diocesana, envió a esta tarea a un párroco, como responsable de la catequesis impartida en las parroquias; a unos padres, como primeros catequistas en la fe de los hijos; y a catequistas de Primera Comunión, Confirmación y otros grupos de jóvenes y adultos; todos ellos en representación de los distintos agentes de pastoral que realizan esta labor.

Después de un breve descanso, el evento prosiguió con la intervención de la ilustradora católica Patricia Trigo, conocida a través de sus redes sociales como Pati.te. La artista acudió al evento desde Pamplona para compartir cómo el dibujo puede ser un medio para «acercarnos al misterio de la Trinidad y a la perfección de María Inmaculada, regalo de Dios para todos y especialmente para los catequistas», por tener en María «el mejor modelo». La ilustradora terminó su intervención con uno de sus dibujos, realizado en directo para los asistentes.

La siguiente formación fue la impartida por el obispo de la Diócesis de Orihuela-Alicante, Mons. José Ignacio Munilla, que centró su intervención en el eje de este Día del Catequista: la via pulchritudinis (la vía de la belleza). A partir del Salmo 44 («Recito mis versos a un rey; mi lengua es ágil pluma de escribano. Eres el más bello de los hombres»), el prelado reflexionó sobre la belleza como camino de evangelización, también en el contexto de la catequesis.

A continuación, tuvo lugar una representación teatral a cargo de los jóvenes de LifeTeen de la Parroquia San Benito de Murcia y del Grupo Joven de la Renovación Carismática de la Diócesis de Cartagena, como ejemplo de cómo expresar el amor de Dios a través de la belleza en un contexto actual.

El evento se cerró con una canción dedicada a la Virgen María preparada por los jóvenes de la Renovación Carismática, que acompañaron con su música este Día del Catequista.

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“Viene a estar con nosotros, a alentarnos en la tarea de la evangelización”

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Monseñor Demetrio Fernández ha estado realizando su Visita pastoral a la localidad de Priego de Córdoba

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, se encuentra inmerso en su Visita pastoral, en esta ocasión, al arciprestazgo de Priego de Córdoba.

En estos días, el pastor de la Diócesis ha recorrido la feligresía de la parroquia de la Asunción. Allí comenzó su andadura el miércoles, 2 de noviembre, tras ser recibido por el Alcalde de la localidad y los miembros de la corporación municipal quienes agradecieron al Obispo su presencia y reconocieron la labor que realiza la Iglesia Católica en la localidad. Seguidamente, el Obispo visitó varias empresas de la localidad y celebró la santa misa en el cementerio coincidiendo con el día de los Fieles Difuntos. Posteriormente, tuvo una reunión con el consejo económico y el consejo pastoral de la parroquia, donde el prelado reconoció la importante labor que realizan estas personas ofreciendo su tiempo a los demás.

El viernes 4, monseñor Demetrio Fernández continuó su visita durante todo el día. Comenzó en la mañana visitando a los alumnos del colegio diocesano San José, donde compartió con ellos momentos de oración, de cantos y de preguntas. Después, visitó a los enfermos de la parroquia y por la tarde, mantuvo un encuentro con los jóvenes y los miembros de las Cofradías tras celebrar la santa misa. Por un lado, los jóvenes dieron testimonio de sus vivencias en la Peregrinación diocesana a Guadalupe, entre otras actividades, y el Obispo les pidió que no dejen nunca de ser grandes amigos de Jesús; y por otro, se dirigió a las hermandades asegurándoles que “son como el adarve q sostiene la villa, las hermandades sostienen la secularización”.

Esta Visita pastoral permaneció también el fin de semana. El sábado, el Obispo visitó a los residentes de la residencia San Juan de Dios y pasó por San Francisco para rezar ante las mayores devociones de la localidad, así como por la Fundación Marmol. Por la tarde, estuvo con los miembros de todos los grupos parroquiales, las Comunidades Neocatecumenales y la Pastoral Familiar, entre otros, culminando la jornada con la celebración de la eucaristía en el Catecumenium.

Finalmente, la visita culminó la tarde del domingo con un encuentro con las familias del colegio Niceto en la parroquia y un gran momento de la Pastoral Familiar, quien presentó al prelado todas las iniciativas parroquiales puestas en marcha.

Por su parte, el Obispo agradeció durante la misa de clausura estos días intensos y la misión de la parroquia de la Asunción, de la que indicó que “es referente para otras parroquias”.



































































































 

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“Él está con nosotros. No tenemos nada que temer”

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Homilía de D. Javier Martínez, arzobispo de Granada, en la Eucaristía celebrada el 7 de noviembre, con motivo de la memoria de los mártires del siglo XX en España, y el traslado de los restos del beato Manuel Ruiz de Valdivia, a la parroquia de La Zubia.

Querida Iglesia de nuestro Señor Jesucristo, Esposa amada de Jesús, Pueblo santo de Dios, al que todos pertenecemos, también los sacerdotes y un servidor, y formamos parte de él y eso es lo primero que somos;

muy queridos sacerdotes, que en un número tan grande y habiendo sido el beato cuya solemnidad celebramos aquí juntos, sus palabras van a ir más dirigidas a vosotros, quizá a todos, pero la finalidad de una Eucaristía siempre, antes que nada, es dar gracias a Dios:

Damos gracias a Dios por ser cristianos. Porque los mártires los hay en todos los estados de vida, en todas las vocaciones y carismas, en todas las edades, en todos los niveles culturales. Yo tengo dificultad a veces en convencer a los sacerdotes que tienen que buscar para los pueblos seglares que sean capaces de celebrar y hacer celebraciones de la Palabra, en espera del sacerdote, porque tienen que prepararlos un poquito. Y la gente se resiste un poco porque estamos muy acostumbrados a tener muchos sacerdotes en nuestra diócesis y porque les da vergüenza. Y yo les tengo que recordar, a veces, que en los primeros siglos hubo un mártir que era un niño prácticamente de 13 años, San Tarsicio, que fue martirizado porque iba a llevar la Eucaristía. Entonces, no había tantas Eucaristías como las que celebramos nosotros ahora. Y a quienes no habían podido ir porque estaban lejos, así se les llevaba la Comunión. Pero era un niño quien lo llevaba. Eso no es algo que sea esencial al ministerio sacerdotal, o que sólo lo puede hacer él. Si tenemos al Señor los que vais a comulgar, y pienso que casi todos vais a comulgar hoy, pues tenéis al Señor en vuestras venas, lleváis al Señor en vuestro cuerpo, en vuestra sangre, como lo llevó la Virgen de una manera misteriosa, pero no menos real. Eso es lo que celebramos cuando decimos “la Presencia real de Cristo en la Eucaristía”. Y no vais a poder llevar a alguien que lo necesita, que a lo mejor lleva veinte años yendo a misa, a la parroquia, y porque ahora tiene una edad que no le permite ir, de repente se queda sin el Señor y a veces tiene que morir sin haber recibido el consuelo del Señor.

Yo sé que no llegamos, pero es que nuestra vida no es un trabajo. Nuestro ministerio se inserta dentro de ese pueblo cristiano y es el pueblo cristiano entero quien recibe al Señor por nuestras manos, como decía san Juan de Ávila. Pero es el pueblo quien recibe al Señor. De las cosas a las que más me resisto como obispo es a que no me dejen dar la Comunión. Y a veces me cuesta mucho cuando las celebraciones son muy largas, he terminado con un dolor de espalda, con un dolor de brazo, de echarte para adelante o así, pero digo, Dios mío, es uno de los ejercicios de servicio que, como gesto, es parecido al lavatorio de los pies. Como gesto, pone cuál es mi situación. Yo alimento con la vida divina al Pueblo de Dios. Siembro en el Pueblo de Dios la semilla de la vida divina. ¿Qué más puedo hacer? ¿Qué cosa más importante puedo hacer? Pero esa misión que el sacerdote hace en la celebración eucarística es una misión de todo el pueblo. Todos estamos llamados a comunicar al Señor. Cierro el paréntesis sobre los ministros extraordinarios de la Eucaristía.

Nos han hablado esta mañana del martirio como el lenguaje más importante de la Iglesia, que no es sólo el dar la vida en el último momento. Primero, hay otras formas de martirio que no había en la antigüedad. En la antigüedad, te decapitan y se acabó. Hoy siguen decapitando. Hay muchos más mártires hoy que en las persecuciones romanas en nuestro siglo. Y muchos de vosotros recordaréis aquella mujer de un obrero copto al que estaban decapitando, a un montón de obreros coptos en Libia, en la playa, y, en el momento en que lo iban a decapitar, dijo “Jesús”; luego, la televisión egipcia les llamaron a entrevistar a la mujer y le preguntaron a ella: ¿Y usted siente odio por los que han decapitado a su marido? Y ella dijo: “No, cómo voy a sentir odio. Yo era simplemente la mujer de un obrero al que nadie conocía, que a mí tampoco me conocía nadie, pero soy la mujer de un mártir y no hay nada más grande en la Iglesia y en el mundo que ser mártir”. El entrevistador, el periodista de la televisión, tuvo que tragarse las lágrimas por la serenidad con que la mujer lo decía.

Dios mío, somos un pueblo llamados a dar testimonio a Jesucristo; que no es el ejemplo. Tantas veces hemos hablado del testimonio como si fuera un ejemplo. Es simplemente el dejar salir del corazón la experiencia que uno tiene de que Cristo es lo más querido en la vida. Torpes pecadores, llenos de límites; límites de nuestra forma de ser, límites creados por la historia que hemos vivido, por lo que queráis. Pero si Cristo es lo más precioso, la gente lo percibe y lo perciben en nuestros gestos. Y esos gestos se perciben porque esperamos la vida eterna, porque sabemos, tenemos la certeza de que Dios nos ha creado para Él y para la vida eterna. Por lo tanto, ni siquiera la muerte tiene el poder de destruir nuestra esperanza, o la proximidad de la muerte, o la cercanía, o el miedo a la muerte. Sí. De lo primero que nos ha liberado el Señor es del miedo a la muerte -y no de lo primero-: nos ha liberado del pecado, y del poder del pecado y del poder de la muerte, de que sean lo último en nuestra vida. Ni el pecado ni la muerte son lo último. Lo último es sólo el amor infinito del Señor. Entonces, si conocemos ese amor infinito, se tiene que notar en nuestro modo de comprar, en nuestro modo de usar el tiempo libre, en nuestro modo de vivir, en cómo me relaciono yo con la persona mayor que sube al autobús al mismo tiempo que yo y que yo puedo resistir de pie. Gestos de ese tipo; en las sonrisas.

Yo ando mucho por ahí, por las calles del centro, como es natural. Y andaba yo por unas calles de esas perdidas del Albaicín y bajaban un montón de jóvenes todos con una cara de tristeza, con una cara de amargura. (…) Yo les decía: “Hola, pandilla”, y aunque fuera sólo eso (…), yo les dije: “Tenéis unas caras muy tristes para los jóvenes que sois. ¿Es que no sabéis que vuestras vidas tienen un valor precioso? “¡Anda, va a tenerlo!”, me dijo una de ellas. Dije: “Yo te lo digo, te lo digo”. “Oye, que es cura el que lo dice”, decía otra. Aunque no sea nada más que eso lo que puedo hacer. Pero, vais al supermercado, (…) después de esperar la cola, sonreírle a la cajera. “Hija mía, qué cara de cansada tienes”. Nosotros, curas, no lo podemos a lo mejor hacer, o vuestros maridos no lo pueden hacer, pero vosotras sí que lo podéis hacer. “Tienes una cara hecha polvo que no puedes con tu alma”, o “que no se te haga muy largo”. “Que tengas una buena tarde”. Hemos llegado a un mundo en el que ni eso nos decimos. Sonreír a alguien, acercarse a alguien, siempre con gesto de Dios.

Y los cristianos convertían al mundo antiguo porque se les veía eso. Eso es lo que yo decía. Hacía referencia esta mañana a los sacerdotes a un texto de Tertuliano, y decía “¿por qué la gente se convierte?” (porque hemos nacido cristianos). Pues, se convierten porque van en un viaje y el carro es asaltado por unos bandidos y se dan cuenta de que los cristianos reaccionan de otra manera ante ese asalto de los bandidos que les ha dejado sin nada y que les han robado. Y reaccionan de otra manera. Terminan diciendo: porque hubo una peste en una ciudad y en las familias paganas al que estaba apestado lo tiraban por la ventana y lo dejaban en la calle, y salían corriendo para no contagiarse. Y los cristianos iban allí con paños y los lavaban, le espantaban las moscas y se los llevaban en una sábana y los enterraban. Y el obispo de Alejandría, que es el que lo cuenta en una carta a otro obispo, le decía “yo creía que me quedaba sin comunidad cristiana, pues se me morían todos”. Primero, porque vino la persecución y, después de la persecución de Diocleciano, creo que era, vino la peste y se me acaba la comunidad cristiana. Y sí es verdad que muchos murieron ayudando a los apestados, pero por cada uno que moría había diez que venían a decir “queremos vivir como vosotros”.

Dios mío, yo le pido al Señor…, yo estoy muy lejos de eso, muy lejos, y he sido educado en un clima, como todos nosotros, los que vivimos en países desarrollados, pero en un clima pequeño, burgués, y ya está, y estoy muy lejos. Le pido al Señor que yo comprenda que Tu Gracia vale más que la vida y sólo si eso está en mí como experiencia, que quien hace la vida bonita eres Tú y que nos permites que nos sepamos querer; que Tú nos has creado para querernos y la vida es para aprender a querernos y para querernos cada vez más y cada vez mejor. Y además, con un cariño que no es una cápsula. O sea, que no es meter a la gente dentro de un tupper, sino que es, al contrario, saltar los tuppers y poder llegar hasta los confines del mundo, que yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo.

Damos gracias por la ayuda del beato Manuel Ruiz de Valdivia y que el Señor nos ayude a no rechazar a nadie, a no rechazar los pecadores, a no rechazar a los que no piensan o no son como nosotros, a estar dispuestos a acoger siempre con la verdad y la caridad. Y eso nos hará más la Iglesia que el mundo necesita, porque el mundo la necesita. Es verdad que el mundo se ríe de nosotros o puede reírse. Se ríe de los cristianos más que de los curas. También cuando uno en un trabajo se enteran que alguien va a misa o cosas así, los chicos te lo dicen en el colegio y se ríen de ellos y tal. Bueno, pues está muy bien, que tienen que reírse, pero siempre hay un puntito de envidia en esa risa y en esa burla. Si uno está alegre, si uno responde al mal con una sonrisa, si uno no se deja impresionar por el juicio del mundo y a mí me han dicho de todas clases por ir de clerigman, mucha gente no sabe que soy obispo, piensan que soy un cura. O cuando te metes la cruz a veces en el bolsillo para que no se moje en la sopa y luego al terminar se te olvida sacarla y la llevas en el medio, medio tapada, y te insultan por la calle, pues benditos insultos. (…)

Que el Señor nos oriente hacia el centro de la experiencia cristiana, de manera que pueda ser verdad todos los días que Tu Gracia vale más que la vida y que no nos avergonzamos de ser lo que somos para nada, sino todo lo contrario.

Le damos gracias al Señor por serlo y por tener hermanos somos hijos de una familia de santos, Dios mío, y todos los santos, que las persecuciones de nuestro mundo son como son. Él está con nosotros. No tenemos nada que temer.

Vamos a terminar la celebración de la Eucaristía con esta gratitud. Porque, teniendo al Señor, lo tenemos todo y con esta súplica al Señor, seamos más conscientes de que conTigo lo tenemos todo y no necesitamos nada más.

Llenos de confianza en el amor infinito de nuestro Padre, Te damos gracias por el nuevo beato y le pedimos que ayude, que nos ayude a nosotros en nuestras necesidades, a los fieles, a los sacerdotes, a los fieles de las parroquias donde sirvió también el nuevo beato y al mundo entero, porque el mundo entero necesita hoy de Cristo más que de nada, aunque no lo sepa.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

7 de noviembre de 2022
Parroquia en La Zubia (Granada)

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Fallece a las 77 años el sacerdote Moisés López

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Fallece a las 77 años el sacerdote Moisés López

La madrugada del pasado domingo 6 de noviembre, falleció en su domicilio, el sacerdote diocesano Moisés López Méndez, después de una larga enfermedad.

Don Moisés nació en Cañada del Rosal, Sevilla, el 27 de enero de 1945. Fue ordenado sacerdote el 10 de noviembre de 1968.  Ejerció su ministerio sacerdotal en las parroquias Santa Teresa, de Sevilla; San Blas, del Madroño; Nuestra Señora de Águila y San Luis y San Fernando, de Sevilla.

Las exequias del padre Moisés se celebraron a las 11 de la mañana en la Parroquia de Cañada del Rosal.

La Archidiócesis ruega al Señor que le conceda el descanso eterno a aquel que sirvió con generosidad a su Iglesia y a sus familiares les dé el consuelo y la esperanza en la Resurrección.

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San Carlos de Borromeo dando la comunión a los apestados de Milán

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Parroquia de San Nicolás de Bari, Sevilla

El día 4 de noviembre la Iglesia celebra la memoria de San Carlos Borromeo, arzobispo de Milán que destacó sobre todo por su dedicación y entrega a los más pobres y necesitados. Así nos lo muestra esta pintura que se encuentra en la Capilla Sacramental de la Parroquia sevillana de San Nicolás de Bari.

Entre 1576 y 1578 se desató en Milán una mortal epidemia de peste que dejó numerosos muertos y que llenó los hospitales de la ciudad de enfermos y moribundos. En esta dramática situación San Carlos, que había llegado a la ciudad en 1556, se dedicó en cuerpo y alma al cuidado y asistencia de todos los apestados, a los que no sólo asistió materialmente entregando la totalidad de sus recursos, sino que organizó la asistencia espiritual de los hospitalizados, acudiendo él mismo personalmente a confesar y dar la comunión a los enfermos.
Así se ve en esta pintura que fue donada a la Hermandad Sacramental en 1778 por el canónigo Carlos Villa y que representa a San Carlos Borromeo dando la comunión a los apestados de Milán. Es obra del artista sevillano Juan de Espinal (1714-1783), y puede fecharse hacia 1760.
Con gran dramatismo, la escena nos muestra al santo arzobispo a las afueras de la ciudad en el momento de dar el viático a un enfermo que está postrado a sus pies, acompañado de varios sacerdotes y un monaguillo sosteniendo un cirio. Hay que destacar que San Carlos aparece con las características con las que tradicionalmente se le ha representado, con facciones alargadas y nariz aguileña.
Completan la composición diferentes grupos de apestados y muertos que presentan expresiones llenas de patetismo, mientras que en el paisaje del fondo se muestran cómo son enterrados los infectados fallecidos. Espinal consigue transmitir el horror y la crudeza de la situación, reforzada por la oscuridad del cielo y por los colores apagados que el autor usa en los enfermos y sólo mitigada por la presencia del santo, del que destaca el color rojo de sus vestiduras episcopales, y de la hermosa figura de la madre con el niño pequeño en sus brazos que aparece a su izquierda, que añade una nota de ternura.
Hay que señalar que el centro exacto de la composición lo ocupa la Sagrada Forma que San Carlos sostiene en su mano derecha y que se dispone a dar al enfermo, y que se recorta sobre el fondo blanco que forman las vestiduras del sacerdote que ayuda al santo arzobispo, color blanco que contrasta fuertemente con las tonalidades oscuras del resto de la obra y que expresa el consuelo y la esperanza que la Eucaristía nos da en los momentos más complejos y difíciles de nuestra vida.

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Quique y Mery desbordan con su testimonio a los jóvenes de Santa Teresa

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Los jóvenes de la Parroquia de Santa Teresa convocaron a más jóvenes a escuchar el testimonio de conversión de estos dos influencer

La Parroquia de Santa Teresa de Córdoba ha acogido este viernes el testimonio de conversión de dos jóvenes influencer , Quique y Mery. El grupo de jóvenes de la parroquia contactó con ellos y aceptaron la invitación de venir a Córdoba a compartir su experiencia como jóvenes cristianos dispuestos a dar razones de su fe en medio de la sociedad.  La masiva difusión realizada por el grupo de jóvenes de la parroquia, valiéndose de aplicaciones y redes sociales, permitió la masiva afluencia a la parroquia de jóvenes cordobeses en la tarde del viernes, 4 de noviembre.

Durante este encuentro, hubo momentos de oración con cantos ante el Santísimo que llenaron de emoción a los jóvenes, dispuestos, tras las restricciones que impuso el Covid, a volver a celebrar su fe en comunidad. El párroco de Santa Tersa, Luis Recio, impuso finalmente la bendición a los participantes en una velada que es para muchos un recuerdo vivo e inolvidable. Puedes verlos y escucharlos aquí⇓

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Las palabras de san Juan Pablo II sobre educación que pronunció en Granada en 1982

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San Juan Pablo II en Granada, durante su recorrido en autobús. FOTO: ARCHIVO IDEAL

En su viaje apostólico de 1982, el Papa san Juan Pablo II estuvo en Almanjáyar, en la zona norte de la ciudad de Granada. Allí habló de educación y en una celebración de la Palabra con los educadores en la fe. Por su interés, y en el marco de los 40 años que se han cumplido de su visita apostólica, recuperamos sus palabras.

“Yo te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultaste estas cosas a los sabios y discretos y las revelaste a los pequeñuelos. Sí, Padre, porque así te plugo” (Mt 11, 25-26).

1. Deseo, queridos hermanos y hermanas, pronunciar con vosotros estas palabras de bendición que Cristo Jesús dirige al Padre.

Lo bendice porque el Padre es “Señor del cielo y de la tierra”. Y lo bendice por el don de la revelación. En cierto sentido, la revelación es el primer fruto de la complacencia de Dios sobre los hombres. Dios se ha complacido desde la eternidad en el hombre, y por eso se ha revelado en el tiempo a sí mismo y los planes misericordiosos de su voluntad (cf. Ef 1, 9): “Dispuso Dios en su sabiduría —dicen las palabras del Concilio Vaticano II — revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad, mediante el cual los hombres por medio de Cristo, Verbo Encarnado, tienen acceso al Padre en el Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina(cf. Ibid., 2, 18; 2P 1, 4)” (Dei Verbum, 2).

Vosotros, “educadores en la fe”, cumplís un servicio especial a la revelación divina, sacando inspiración de esa eterna complacencia que reside en Dios mismo.

Sois a un tiempo discípulos y apóstoles de Cristo. A El, a El precisamente “ha sido entregado todo” por el Padre (Mt 11, 17). En El ha manifestado el Padre todo cuanto debía ser revelado a la humanidad desde el tesoro de su divina complacencia: “Y nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo” (Ibid. 11, 27).

Queridos hermanos y hermanas: el Hijo desea revelaros toda la verdad del amor de Dios, para que vosotros la anunciéis a los demás hombres, puesto que sois educadores en la fe.

2. Unidos en ese amor del Padre, me encuentro hoy con los Pastores de esta región, con todos los que tenéis en España la misión importantísima de educar en la fe, y con vosotros los aquí presentes, que venís sobre todo de las diócesis de Andalucía Oriental y de Murcia.

Un marco estupendo para este encuentro nos lo ofrece la bella ciudad de Granada, una de las joyas artísticas de España, que evoca acontecimientos trascendentales en la historia de la nación y de su unidad.

Conozco la antiquísima tradición de la fe cristiana de estas Iglesias, el testimonio admirable de vuestros mártires, la vitalidad reflejada ya en el Concilio de Elvira, en los albores del siglo IV.

Aquella fe recibida en los primeros tiempos del cristianismo, sigue arraigada en la vida personal y familiar y en la religiosidad popular de vuestras gentes, expresada sobre todo en la devoción a los misterios de la Pasión del Señor, de la Eucaristía y en el amor filial a la Virgen Maria.

Para ayudar a mantener y fortificar esa fe, estas tierras han tenido la fortuna de disponer de ejemplares educadores cristianos. Entre ellos, fray Hernando de Talavera, el célebre arzobispo catequista que tan bien supo exponer los misterios cristianos a judíos y musulmanes. Y en tiempos recientes habéis dado a la educación en la fe maestros de gran talla como el obispo de Málaga, don Manuel González, el estupendo pedagogo don Andrés Manjón, fundador de las escuelas y seminario de Maestros del Ave María, y el insigne padre Poveda, fundador de la benemérita Institución Teresiana.

Ellos se unieron a otros admirables educadores cristianos procedentes de otras partes de España; entre ellos San Antonio María Claret y don Daniel Llorente. Figuras, todas ellas, luminosas y señeras, que se adelantaron a la renovación catequética de tiempos posteriores culminados en el último Concilio Ecuménico. Figuras que siguen siendo un ejemplo elocuente para todos los que hoy han de continuar la misión de educar en la fe a las nuevas generaciones.

3. Esa misión que es un deber eclesial: “Ay de mí si no evangelizare” (1Cor 89, 16), sigue teniendo en nuestros días una importancia trascendental, para poder conducir a los fieles —niños, jóvenes y adultos—, a través de las diversas formas de catequesis y educación cristiana, al centro de la revelación: Cristo. Por eso escribí en mi primera Encíclica: “El cometido fundamental de la Iglesia en todas las épocas, y particularmente en la nuestra, es dirigir la mirada del hombre, orientar la conciencia y la experiencia de toda la humanidad hacia el misterio de Cristo, ayudar a todos los hombres a tener familiaridad con el hecho profundo de la Redención cumplida en Cristo Jesús” (Redemptor hominis, 10.

Tal misión no es privativa de los ministros sagrados o del mundo religioso, sino que debe abarcar los ámbitos de los seglares, de la familia, de la escuela. Todo cristiano ha de participar en la tarea de formación cristiana. Ha de sentir la urgencia de evangelizar “que no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone” (1Cor 9, 16).

Hoy sobre todo es necesaria y urgente dicha tarea, que ayude a cada cristiano a mantener y desarrollar su fe en la coyuntura de rápidas transformaciones sociales y culturales que la sociedad española está experimentando.

Para ello hay que potenciar la educación en la fe, impartiendo una formación religiosa a fondo; estableciendo la orgánica concatenación entre la catequesis infantil, juvenil y de adultos, y acompañando y promoviendo el crecimiento en la fe del cristiano durante toda la vida. Porque una “minoría de edad” cristiana y eclesial, no puede soportar las embestidas de una sociedad crecientemente secularizada.

Por estas razones, la catequesis de jóvenes y adultos debe ayudar a convertir en convicciones profundas y personales los sentimientos y vivencias quizá no suficientemente arraigados en la niñez. Así halla la tarea educadora toda su panorámica y amplitud para llevar a todos a la novedad de la vida en Cristo. La fe cristiana, en efecto, comporta para el creyente una búsqueda y aceptación personal de la verdad, superando la tentación de vivir en la duda sistemática, y sabiendo que su fe “lejos de partir de la nada, de meras ilusiones, de opiniones falibles y de incertidumbre, se funda en la palabra de Dios, que ni engaña ni se engaña” (Catechesi tradendae, 60). Por ello, la catequesis debe dar también “aquellas certezas, sencillas pero sólidas, que ayudan a buscar cada vez más y mejor, el conocimiento del Señor” (Ibid.).

Desde ahí ha de abrirse al cristiano la perspectiva nueva que abarque y oriente toda su existencia, ofreciéndole con el programa cristiano “razones para vivir y razones para esperar” (Gaudium et spes, 31). En esa línea puede encontrar su puesto de honor, en el momento presente, el educador católico, orientando su esfuerzo hacia una formación integral que dé las respuestas válidas que ofrece la Revelación sobre el sentido del hombre, de la historia y del mundo (cf. Sagrada Congregación para la Educación Católica, El laico católico testigo de la fe en la escuela, 28).

4. Aunque la educación en la fe es una tarea que abarca toda la vida, hay momentos del proceso cristiano que necesitan una particular atención, como los de la iniciación cristiana, la adolescencia, elección de estado y otras circunstancias de mayor relieve en la vida personal; tras una crisis religiosa o cuando se han vivido experiencias dolorosas. Son momentos que deberán seguirse con mayor cuidado para hacer oír oportunamente a cada uno la llamada de Dios (cf. Mt 11, 28) .

Para poder ofrecer esa ayuda eficaz en la educación en la fe, es necesario e imprescindible que se forme sólidamente a los catequistas y educadores, dándoles una adecuada preparación bíblica, teológica, antropológica y que se les enseñe a vivir ante todo ellos mismos esa fe, para catequizar a los demás con la palabra y sobre todo con la profesión íntegra de la fe, asumida como estilo de vida.

Esta actitud exige, da una parte, la entrega total a la vivencia de la fe; y de otra, al servicio de la misma y de los demás. El Apóstol así lo subraya en la lectura que hemos escuchado: “Siendo del todo libre, me hago siervo de todos para ganarlos a todos” (1Cor 9, 19). Utilizando la palabra “siervo”, San Pablo destaca la entrega total al servicio de la fe y de aquellos a quienes sirve.

Aún son más elocuentes sus palabras: “Me hago flaco con los flacos para ganar a los flacos, todo para todos para salvarlos a todos” (Ibid., 9, 22). El Apóstol es un hombre realista; comprende que su fatiga sólo produce frutos parciales. Sin embargo, se da enteramente: “Todo lo hago por el Evangelio, para participar en él” (Ibid., 9, 23).

Sí, el Evangelio no sólo se transmite, sino que se participa en él. Quien más participa, transmite de manera más madura; y quien más generosamente transmite, más profundamente participa. En definitiva, el anuncio del Evangelio, el servicio a la fe, es acercar Cristo a los hombres y acercar los hombres a Cristo. Entonces se cumplen sus palabras: “Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, que yo os aliviaré” (Mt 11, 28).

5. Dentro del vasto campo de la educación en la fe, los obispos españoles, en su última asamblea plenaria han elegido como tarea prioritaria el servicio a la fe, y han llamado la atención sobre la importancia de la transmisión del mensaje cristiano a través de la catequesis y de la educación religiosa escolar.

Es un campo que merece mucha solicitud pastoral. No cabe duda de que la parroquia debe continuar su misión privilegiada de formadora en la fe: no cabe duda de que los padres deben ser los primeros catequistas de sus hijos. Sin embargo, no puede dejar de tenerse en cuenta la transmisión del mensaje de salvación con la enseñanza religiosa en la escuela, privada y pública. Sobre todo en un país, en el que la gran mayoría de los padres pide la enseñanza religiosa para sus hijos en el período escolar. Habrá de impartirse esa enseñanza con la debida discreción, con pleno respeto a la justa libertad de conciencia, pero respetando a la vez el derecho primordial de los padres, primeros responsables de la educación de sus hijos (cf. Juan Pablo II, A los obispos de Zaragoza en visita «ad limina Apostolorum», 2 de febrero de 1982) .

Por su parte, los maestros y educadores católicos pueden tener, también en el campo religioso, un papel de primera importancia. En ellos confían tantos padres y confía la Iglesia para lograr esa formación integral de la niñez y juventud, de lo que en definitiva depende que el mundo futuro esté más cerca o más lejos de Jesucristo (cf. Sagrada Congregación para la Educación Católica, El laico católico testigo de la fe en la escuela, 81).

6. “Yo te alabo, Padre, porque ocultaste estas cosas a los sabios y las revelaste a los pequeñuelos”. Estas palabras han abierto nuestro encuentro. A lo largo de él estaba siempre presente en nuestra mente la figura de un vasto e importantísimo sector de los educandos en la fe: los niños. A ellos quiero referirme ahora de modo directo.

Vosotros, queridos niños y niñas de España, sois los primeros en conocer tantas cosas de la Revelación que se ocultan a los mayores. Sois por ello los predilectos de Jesús. En vosotros, los pequeños, alabó El al Padre, porque os ha hecho partícipes de verdades y vivencias que están ocultas a los sabios. Ante vuestra bondad, sencillez, sinceridad y amor a todos, proclamaba El: “Dejad a los niños y no les impidáis acercarse a mí, porque de ellos es el reino de los cielos” (Mt 19, 14). Vuestra inocencia y ausencia de mal hizo también decir a Jesús que “si no os hiciereis como niños, no entraréis en el reino de los cielos” (Ibid., 18, 3).

Al hablaros desde Granada, dentro de este acto dedicado a la educación en la fe, el Papa quiere deciros que os tiene muy presentes en su mente y en su corazón; y desea recomendaros que toméis con mucho empeño vuestra formación en la catequesis, tanto en la parroquia, como en la escuela o colegio y en la instrucción religiosa recibida de vuestros padres. Así, poco a poco, aprenderéis a conocer y amar a Jesús, a dirigiros cada día a El con las oraciones, a invocar a nuestra Madre del cielo la Virgen María, a comportaros bien en cada momento y agradar a Dios, que nos contempla siempre con mirada de Padre.

Yo rezo por vosotros, os mando un abrazo y bendición como amigo de los niños y os pido que recéis también por mí. ¿Verdad que lo haréis?

7. Queridos educadores en la fe: Ante este estupendo panorama de un mundo a catequizar, para acercarlo a Cristo. Ante tantos adultos, jóvenes y niños, que reclaman un entrega fiel a la causa del Evangelio, con qué vigor y convicción resuenan en este encuentro las palabras del Apóstol: “Si evangelizo, no es para mí motivo de gloria, sino que se me impone como necesidad. ¡Ay de mí si no evangelizare!” (1Cor 9, 6). Ojalá estas palabras se graben profundamente en vuestros corazones, queridos hermanos y hermanas.

El Apóstol continúa: “Si de mi voluntad lo hiciera, tendría recompensa; pero si lo hago por fuerza, es como si ejerciera una administración que me ha sido confiada” (Ibid., 9, 17).

Sí, se trata de un encargo, confiado a administradores. Recordad esta expresión: “Dispensadores de la Revelación divina”. Y dado que esa Revelación arranca de la complacencia de Dios hacia los hombres, entonces, indirectamente, sois también dispensadores de aquella complacencia, de aquel amor eterno. Habréis de orar y esforzaros para que vuestros educandos en la fe acepten de vosotros no sólo la palabra de la verdad revelada, sino también ese amor del cual nace la Revelación y que en ella se expresa y realiza.

Por eso el Apóstol escribe luego a quienes cumplen el servicio de dispensadores: “¿En qué está, pues, mi mérito? En que al evangelizar lo hago gratuitamente, sin hacer valer mis derechos por la evangelización” (Ibid., 9, 18). Porque el Evangelio les atribuye el derecho al sustento, si el servicio espiritual ocupa todo su tiempo y absorbe todas sus fuerzas. Sin embargo, la recompensa mayor, según el Apóstol, reside en poder anunciar el Evangelio. Poder ser dispensadores de las Palabras y del Amor de Dios, ser colaboradores y apóstoles de Jesucristo.

“¡Ay de mí si no evangelizare!”.

Queridos educadores en la fe: Sea Cristo la recompensa por vuestras fatigas, cumplidas con desinterés y magnanimidad en todas las Iglesias de España. Que esta fatiga produzca cosechas de ciento por uno. Así lo pido a la Virgen de las Angustias, Patrona de Granada.

Papa Juan Pablo II
5 de noviembre de 1982, Almanjáyar (Granada)

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Reunión del Obispo de Jaén con Ayuda a la Iglesia Necesitada

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En la tarde del jueves, 3 de noviembre, Don Sebastián Chico Martínez, Obispo de Jaén, se reunía con una delegación institucional de Ayuda a la Iglesia Necesitada, encabezada por su Director general en España, D. Javier Menéndez Ros.

Tras una exposición de las actividades desarrolladas en la Diócesis desde que se constituyó sede en Jaén de la Fundación Ayuda a la Iglesia Necesitada, se manifestó a Don Sebastián la total apuesta a asumir sus disposiciones como Pastor de la Iglesia,  rogándole su mejor apoyo  a las actividades que permitan dar a conocer  la realidad de la Iglesia perseguida y necesitada en todos los Arciprestazgos y Parroquias de la Diócesis.

 Don Sebastián agradeció la visita y la oportunidad de alentar todas  las actividades que se pudieran realizar  en aras del mejor conocimiento del drama de la falta de Libertad Religiosa en muchos lugares del mundo, y manifestó su incondicional apoyo a la Institución ACN, Ayuda a la Iglesia Necesitada en su referencia internacional, bien conocida por Él mismo  en sus anteriores tareas pastorales.

Animando a seguir en la tarea de dar a conocer la realidad de la Iglesia  perseguida o Necesitada, y seguir rogando oraciones para toda ella, así como la mejor ayuda posible a sus necesidades, el  encuentro discurrió en un amplio coloquio, en total armonía, atendido en todo momento por el Espíritu, porque como dijo Jesús: “donde dos o más están reunidos  en mi nombre  allí estoy yo en medio de ellos” (Mt 18,20).

Para más información sobre la Fundación y las actividades que puede realizar en las parroquias visitar la página web: www.ayudaalaiglesianessitada.org

Ayuda a la Iglesia Necesitada Jaén

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13 de noviembre: Jornada Mundial de los Pobres 2022

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La Conferencia Episcopal Española y Cáritas se unen un año más para celebrar la Jornada Mundial de los Pobres, que este año se celebra el domingo, 13 de noviembre.

En su mensaje de este año para esta jornada, el Papa Francisco se refiere al lema de esta sexta edición, «Jesucristo se hizo pobre por ustedes» (cf. 2 Co 8,9), recordando que «con estas palabras el apóstol Pablo se dirige a los primeros cristianos de Corinto, para dar fundamento a su compromiso solidario con los hermanos necesitados» y añade que «la Jornada Mundial de los Pobres se presenta también este año como una sana provocación para ayudarnos a reflexionar sobre nuestro estilo de vida y sobre tantas pobrezas del momento presente».

La idea de impulsar esta Jornada surgió el 13 de noviembre de 2016 durante el cierre del Año de la Misericordia y cuando en la Basílica de San Pedro el Santo Padre celebraba el Jubileo dedicado a las personas marginadas. Al finalizar la homilía, y de manera espontánea, Francisco expresó su deseo de que «quisiera que hoy fuera la Jornada de los Pobres».

Materiales y más información

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