Inicio Blog Página 3330

“Cristo con su Nacimiento ha encendido la luz de nuestro mundo”

0

Alocución del arzobispo coadjutor en la acogida de la Luz de la Paz de Belén, en la Catedral, traída por los Scouts Católicos desde la Gruta, organizada por la Pastoral juvenil.

Queridos niños;
queridos padres;
queridos jóvenes y queridos abuelos, porque veo también muchos abuelos:

Es para mí una gran alegría. Estoy realmente impresionado por este acto en que dais la entrada prácticamente a la Navidad. Con este acto en el que nos traen la luz, gracias a los que los Scouts católicos de Granada y la Pastoral Juvenil de Granada nos vienen a traer la luz y tiene mucha significación.

Cuando nos bautizaron de pequeños a nuestros padrinos le dieron una luz, una vela.
A lo mejor en vuestras casas la conserváis todavía y luego la sacáis en la Primera Comunión. Pues, esa luz se les dijo: “Recibís la luz de Cristo”. Y se encendió el cirio que representaba a Cristo. Cristo con su Nacimiento ha encendido la luz de nuestro mundo. Y me alegra mucho que podáis tener esta luz traída desde Belén.

Que pongáis al frente vuestras lámparas, sobre todo los más pequeños, y ponerla junto al Belén en casa, para que vuestras casas sean siempre hogares, no pensiones: hogares luminosos y alegres en medio de este mundo dividido, donde tanta gente va a lo suyo, donde tanta desunión se palpa. Y nos acordemos esta Navidad también, queridos niños, de aquellos niños que están en otros países del mundo y que están en medio de guerras o no tienen trabajo y viven en tiendas de campaña, en campos de refugiados. Todos esos niños que están sufriendo y que están sufriendo como Jesús y Jesús en ellos; y abráis vuestro corazón con la oración que Dios escucha, principalmente la de los niños y la de los enfermos.

Que llevéis esa luz, también de cariño. Porque esta luz nos hace darnos cuenta de que no estamos solos, de que a nuestro alrededor hay hermanos, nuestros padres, nuestros abuelos y nuestros amigos. La luz nos muestra el rostro de los demás y en esta Navidad tenemos que acercarnos a ellos, no pensar sólo en nosotros egoístamente. Que la Navidad también, que esta luz simboliza, nos haga también llevar con la luz, calor: calor de hogar. Decía san Juan Pablo II que la familia es el único lugar del mundo donde se nos quiere por lo que somos, no por lo que tenemos. Por desgracia, en nuestro mundo hay tantas divisiones, tanta polarización, tanto enfrentamiento, guerras. En nuestro mundo, hay muchas familias divididas, rotas. Pues, que pongamos la luz y el calor, el cariño de Cristo en nuestro hogar. Que Le pidáis al Señor, queridos niños, que vuestra familia no se rompa, que el amor entre vuestros padres y entre vuestros hermanos y vosotros permanezca siempre. Pero sólo hay una forma de que permanezca siempre: cuando estamos encendidos de la luz de Cristo. Porque, si no, nos buscamos a nosotros mismos. Vuestro hogar, vuestra familia, junto al Belén, junto al buen signo cristiano. Qué alegría me da que visite toda la diócesis y esta luz a toda la diócesis, para manifestar ante los granadinos que Cristo sigue vivo.

Que esa costumbre de poner el Belén, que esa costumbre de poner al Niño Dios en los balcones, nos está recordando que la Navidad tiene su sentido, precisamente por el Nacimiento de Cristo. Hoy, cuando la gente, cuando algunos quisieran borrar todo, toda imagen cristiana y parece que en lo público, pues sólo se pueden poner ramas de árbol y cosas así, o piñas que parecen las fiestas de invierno, la fiesta de la exaltación forestal; pues, que los más pequeños, los cristianos de Granada, digan que somos cristianos y que el origen de todo esto está en alguien que nos ama tanto que, siendo Dios, se hizo uno de nosotros para hacernos felices y que si nos encendemos ahí, Jesús nos ha dicho: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

Y nos ha dicho también a los cristianos: “Vosotros sois la luz del mundo. No se enciende una luz para esconderla, sino para que alumbre a todos los de la casa. Alumbre vuestra luz a los hombres y vean vuestras buenas obras”. Los cristianos no podemos encerrarnos. No podemos avergonzarnos de nuestra fe. No podemos escondernos. Tenemos que respetar las convicciones y las creencias de los demás, pero sin avergonzarnos y sin acomplejarnos de las nuestras. Y que oportunidad más maravillosa.

Queridos hermanos y hermanas de Granada, queridos familias, queridos niños y jóvenes, que esta Navidad manifestemos con sencillez nuestro espíritu cristiano, incluso de forma material, con este sencillo gesto o con el gesto del Nacimiento de Belén en nuestras casas y en nuestros balcones, la imagen de Cristo Niño. Y pidamos por todos los niños del mundo, por favor. Y pidamos por los padres. Y pidamos por las familias. Y pidamos por los niños enfermos en los hospitales, por quienes están más enfermos todavía. Tenemos que pedir más, para que Jesús sea su consuelo y que recibáis también en esa luz que lleváis vosotros también el calor. Que os sintáis queridos, especialmente, porque os queremos de verdad.

Que la Virgen, la Virgen María, que cuidó la luz de Belén, Jesucristo, también nos cuide a nosotros, junto con San José. Y así, cuidando vuestros familiares, cuidará Granada, cuidará nuestra Iglesia. Por tanto, queridos jóvenes, que la luz de Cristo alumbre vuestras vidas, vuestros hogares y esta Navidad os haga muy felices a todos. Gracias.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo coadjutor

16 de diciembre de 2022
S.I Catedral de Granada

Escuchar alocución

Bendición de madres embarazadas y con niños pequeños para celebrar la Fiesta de la Sagrada Familia

0

En el marco de la fiesta de la Sagrada Familia, el viernes 30 de diciembre, a las 19:00 h., en la Catedral de La Laguna se celebrará una Eucaristía en la que se bendecirá a las madres embarazadas y con niños pequeños.

La delegación de Familia y Vida impulsa esta celebración con el deseo de seguir defendiendo y respetando la vida en todas sus fases.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Mensaje del Santo Padre para la celebración de la 56 Jornada Mundial de la Paz

0

Nadie puede salvarse solo.
Recomenzar desde el COVID-19 para trazar juntos caminos de paz

«Hermanos, en cuanto al tiempo y al momento, no es necesario que les escriba. Ustedes saben perfectamente que el Día del Señor vendrá como un ladrón en plena noche» (Primera carta de san Pablo a los Tesalonicenses 5,1-2).

1. Con estas palabras, el apóstol Pablo invitaba a la comunidad de Tesalónica, mientras esperaban su encuentro con el Señor, a permanecer firme, con los pies y el corazón bien plantados en la tierra, con capacidad de una mirada atenta a la realidad y a los acontecimientos de la historia. Por eso, aunque los acontecimientos de nuestra existencia parezcan tan trágicos y nos sintamos empujados al túnel oscuro y difícil de la injusticia y el sufrimiento, estamos llamados a mantener el corazón abierto a la esperanza, confiando en Dios que se hace presente, nos acompaña con ternura, nos sostiene en la fatiga y, sobre todo, orienta nuestro camino. Con este ánimo san Pablo exhorta constantemente a la comunidad a estar vigilante, buscando el bien, la justicia y la verdad: «No nos durmamos, entonces, como hacen los otros: permanezcamos despiertos y seamos sobrios» (5,6). Es una invitación a permanecer despiertos, a no encerrarnos en el miedo, el dolor o la resignación, a no ceder a la distracción, a no desanimarnos, sino a ser como centinelas capaces de velar y distinguir las primeras luces del alba, especialmente en las horas más oscuras.

2.  El COVID-19 nos arrastró en medio de la noche, desestabilizando nuestra vida ordinaria, revolucionando nuestros planes y costumbres, perturbando la aparente tranquilidad incluso de las sociedades más privilegiadas, generando desorientación y sufrimiento, y causando la muerte de tantos hermanos y hermanas nuestros.

El mundo sanitario, inmerso en una vorágine de desafíos inesperados y en una situación que no estaba del todo clara ni siquiera desde el punto de vista científico, se movilizó para aliviar el dolor de tantos y tratar de ponerle remedio; al igual que las autoridades políticas, que tuvieron que tomar medidas drásticas en materia de organización y gestión de la emergencia.

Junto con las manifestaciones físicas, el COVID-19 ha provocado —también con efectos a largo plazo— un malestar generalizado que ha calado en los corazones de muchas personas y familias, con secuelas a tener en cuenta, alimentadas por largos períodos de aislamiento y diversas restricciones de la libertad.

Además, no podemos olvidar cómo la pandemia ha tocado la fibra sensible del tejido social y económico, sacando a relucir contradicciones y desigualdades. Ha amenazado la seguridad laboral de muchos y ha agravado la soledad cada vez más extendida en nuestras sociedades, sobre todo la de los más débiles y la de los pobres. Pensemos, por ejemplo, en los millones de trabajadores informales de muchas partes del mundo, a los que se dejó sin empleo y sin ningún apoyo durante todo el confinamiento.

Rara vez los individuos y la sociedad avanzan en situaciones que generan tal sentimiento de derrota y amargura; pues esto debilita los esfuerzos dedicados a la paz y provoca conflictos sociales, frustración y violencia de todo tipo. En este sentido, la pandemia parece haber sacudido incluso las zonas más pacíficas de nuestro mundo, haciendo aflorar innumerables carencias.

3. Transcurridos tres años, ha llegado el momento de tomarnos un tiempo para cuestionarnos, aprender, crecer y dejarnos transformar —de forma personal y comunitaria—; un tiempo privilegiado para prepararnos al “día del Señor”. Ya he dicho varias veces que de los momentos de crisis nunca se sale igual: de ellos salimos mejores o peores. Hoy estamos llamados a preguntarnos: ¿qué hemos aprendido de esta situación pandémica? ¿Qué nuevos caminos debemos emprender para liberarnos de las cadenas de nuestros viejos hábitos, para estar mejor preparados, para atrevernos con lo nuevo? ¿Qué señales de vida y esperanza podemos aprovechar para seguir adelante e intentar hacer de nuestro mundo un lugar mejor?

Ciertamente, después de haber palpado la fragilidad que caracteriza la realidad humana y nuestra existencia personal, podemos decir que la mayor lección que nos deja en herencia el COVID-19 es la conciencia de que todos nos necesitamos; de que nuestro mayor tesoro, aunque también el más frágil, es la fraternidad humana, fundada en nuestra filiación divina común, y de que nadie puede salvarse solo. Por tanto, es urgente que busquemos y promovamos juntos los valores universales que trazan el camino de esta fraternidad humana. También hemos aprendido que la fe depositada en el progreso, la tecnología y los efectos de la globalización no sólo ha sido excesiva, sino que se ha convertido en una intoxicación individualista e idolátrica, comprometiendo la deseada garantía de justicia, armonía y paz. En nuestro acelerado mundo, muy a menudo los problemas generalizados de desequilibrio, injusticia, pobreza y marginación alimentan el malestar y los conflictos, y generan violencia e incluso guerras.

Si, por un lado, la pandemia sacó todo esto a relucir, por otro, hemos logrado hacer descubrimientos positivos: un beneficioso retorno a la humildad; una reducción de ciertas pretensiones consumistas; un renovado sentido de la solidaridad que nos anima a salir de nuestro egoísmo para abrirnos al sufrimiento de los demás y a sus necesidades; así como un compromiso, en algunos casos verdaderamente heroico, de tantas personas que se han entregado para que todos pudieran superar mejor el drama de la emergencia.

De esta experiencia ha surgido una conciencia más fuerte que invita a todos, pueblos y naciones, a volver a poner la palabra “juntos” en el centro. En efecto, es juntos, en la fraternidad y la  solidaridad, que podemos construir la paz, garantizar la justicia y superar los acontecimientos más dolorosos. De hecho, las respuestas más eficaces a la pandemia han sido aquellas en las que grupos sociales, instituciones públicas y privadas y organizaciones internacionales se han unido para hacer frente al desafío, dejando de lado intereses particulares. Sólo la paz que nace del amor fraterno y desinteresado puede ayudarnos a superar las crisis personales, sociales y mundiales.

4. Al mismo tiempo, en el momento en que nos atrevimos a esperar que lo peor de la noche de la pandemia del COVID-19 había sido superado, un nuevo y terrible desastre se abatió sobre la humanidad. Fuimos testigos del inicio de otro azote: una nueva guerra, en parte comparable a la del COVID-19, pero impulsada por decisiones humanas reprobables. La guerra en Ucrania se cobra víctimas inocentes y propaga la inseguridad, no sólo entre los directamente afectados, sino de forma generalizada e indiscriminada hacia todo el mundo; también afecta a quienes, incluso a miles de kilómetros de distancia, sufren sus efectos colaterales —basta pensar en la escasez de trigo y los precios del combustible—.

Ciertamente, esta no es la era post-COVID que esperábamos o preveíamos. De hecho, esta guerra, junto con los demás conflictos en todo el planeta, representa una derrota para la humanidad en su conjunto y no sólo para las partes directamente implicadas. Aunque se ha encontrado una vacuna contra el COVID-19, aún no se han encontrado soluciones adecuadas para la guerra. Ciertamente, el virus de la guerra es más difícil de vencer que los que afectan al organismo, porque no procede del exterior, sino del interior del corazón humano, corrompido por el pecado (cf. Evangelio de Marcos 7,17-23).

5. ¿Qué se nos pide, entonces, que hagamos? En primer lugar, dejarnos cambiar el corazón por la emergencia que hemos vivido, es decir, permitir que Dios transforme nuestros criterios habituales de interpretación del mundo y de la realidad a través de este momento histórico. Ya no podemos pensar sólo en preservar el espacio de nuestros intereses personales o nacionales, sino que debemos concebirnos a la luz del bien común, con un sentido comunitario, es decir, como un “nosotros” abierto a la fraternidad universal. No podemos buscar sólo protegernos a nosotros mismos; es hora de que todos nos comprometamos con la sanación de nuestra sociedad y nuestro planeta, creando las bases para un mundo más justo y pacífico, que se involucre con seriedad en la búsqueda de un bien que sea verdaderamente común.

Para lograr esto y vivir mejor después de la emergencia del COVID-19, no podemos ignorar un hecho fundamental: las diversas crisis morales, sociales, políticas y económicas que padecemos están todas interconectadas, y lo que consideramos como problemas autónomos son en realidad uno la causa o consecuencia de los otros. Así pues, estamos llamados a afrontar los retos de nuestro mundo con responsabilidad y compasión. Debemos retomar la cuestión de garantizar la sanidad pública para todos; promover acciones de paz para poner fin a los conflictos y guerras que siguen generando víctimas y pobreza; cuidar de forma conjunta nuestra casa común y aplicar medidas claras y eficaces para hacer frente al cambio climático; luchar contra el virus de la desigualdad y garantizar la alimentación y un trabajo digno para todos, apoyando a quienes ni siquiera tienen un salario mínimo y atraviesan grandes dificultades. El escándalo de los pueblos hambrientos nos duele. Hemos de desarrollar, con políticas adecuadas, la acogida y la integración, especialmente de los migrantes y de los que viven como descartados en nuestras sociedades. Sólo invirtiendo en estas situaciones, con un deseo altruista inspirado por el amor infinito y misericordioso de Dios, podremos construir un mundo nuevo y ayudar a edificar el Reino de Dios, que es un Reino de amor, de justicia y de paz.

Al compartir estas reflexiones, espero que en el nuevo año podamos caminar juntos, atesorando lo que la historia puede enseñarnos. Expreso mis mejores votos a los jefes de Estado y de gobierno, a los directores de las organizaciones internacionales y a los líderes de las diferentes religiones. A todos los hombres y mujeres de buena voluntad, les deseo un feliz año, en el que puedan construir, día a día, como artesanos, la paz. Que María Inmaculada, Madre de Jesús y Reina de la Paz, interceda por nosotros y por el mundo entero.

Vaticano, 8 de diciembre de 2022

Francisco

Ver este artículo en la web de la diócesis

“Iglesia en Córdoba” profundiza en la figura del Hermano Bonifacio

0

“Iglesia en Córdoba” profundiza en la figura del Hermano Bonifacio

Conocedores del religioso relatan cómo era esta persona en una semana en la que el obispo de Córdoba abre su causa de beatificación y comienza así la recogida de las pruebas que avalen la existencia de la fama de vida y virtudes atribuida al siervo de Dios Hno. Bonifacio

La Orden Hospitalaria de San Juan de Dios verá cumplido su sueño este domingo, 18 de diciembre, cuando el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, proceda a la Sesión de Apertura de la Investigación Jurídica Diocesana de la causa de beatificación del Hermano Bonifacio Bonillo, en la Capilla del Hospital San Juan de Dios de Córdoba.

“Iglesia en Córdoba” hace un repaso por la figura de este religioso junto a las noticias que conforman la vida de la Diócesis.

Adjuntamos la revista íntegra.

iec814 con revista Tu Seminario

La entrada “Iglesia en Córdoba” profundiza en la figura del Hermano Bonifacio apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Nombramiento del Colegio de Consultores para el periodo 2022-2027

0

Nombramiento del Colegio de Consultores para el periodo 2022-2027

Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar,

por la Gracia de Dios y de la Sede Apostólica,

Obispo de Guadix

            En el nombre del Señor, cumplido el quinquenio para el que fue nombrado el COLEGIO DE CONSULTORES, con fecha de 6 de noviembre de 2017, de acuerdo con lo que prescribe el Código de Derecho Canónico en el canon 502, a fin de conseguir una mayor eficacia pastoral en la Iglesia diocesana, por las presentes, y haciendo uso de mi jurisdicción ordinaria, nombro miembros del COLEGIO DE CONSULTORES, para un período de cinco años, y con las funciones que el propio Derecho determina (cann. 272, 382, 404 §§ 1 y 3, 419, 420, 1018 § 1, 1277), a los siguientes presbíteros diocesanos:

  1. José Francisco Serrano Granados.
  2. Manuel Millán Arjona.
  3. Antonio Fajardo Ruiz.
  4. José Antonio Robles Navarro.
  5. José Manuel Suárez Fernández.
  6. Juan Sáez Medina.
  7. Juan José Toral Fernández.
  8. Pedro Aranda Garrido.
  9. José Antonio García Varón.
  10. Emilio J. Fernández Valenzuela.
  11. José Antonio Martínez Ramírez.

            Dado en Guadix, a quince de diciembre de dos mil veintidós.

  

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar, Obispo de Guadix

Ante mí:

Manuel Millán Arjona.

El Secretario Canciller

Ver este artículo en la web de la diócesis

Esperanza | Carta dominical del arzobispo de Sevilla (12-12-2022)

0

Las lecturas de la Liturgia de la Palabra de este IV Domingo de Adviento ponen ante nuestros ojos un gran contraste. La primera lectura, del profeta Isaías, presenta a Acaz, rey de Judá, que debía enfrentarse a una situación difícil para su persona y para su pueblo. Ante la amenaza de invasión por parte de Siria, en lugar de poner su confianza en Dios, optó por hacerse vasallo del rey de Asiria. Este pacto supuso el pago de un gran tributo, y de la adopción de la religión asiria, viéndose obligado a adorar a sus ídolos y a instalar en el templo de Jerusalén un altar pagano. Todo esto lo hizo a pesar de que había recibido el ofrecimiento que el Señor le hizo por medio del profeta: «Pide una señal al Señor, tu Dios: en lo hondo del abismo o en lo alto del cielo» (Is 7, 11). Pero él, obstinado en sus planes, confiando en sus cálculos y alianzas, rechazó lo que el Señor le ofrecía. Esta actitud acarreó unas consecuencias lamentables para el reino de Judá.

San Mateo nos presenta en el Evangelio de este día a san José, quien también habría de enfrentarse a una disyuntiva de gran complejidad y graves consecuencias. María, su esposa, -nos dice el evangelista- quedó encinta antes de convivir con él. José, en fidelidad a la ley, tomó la determinación de repudiar a su mujer, pero decidió hacerlo en secreto. Encontramos un gran contraste entre la actitud de Acaz y la de san José en la respuesta al anuncio que los dos reciben del Señor. Mientras el primero hace oídos sordos a la profecía de Isaías, san José acoge y obedece a las palabras del ángel. Ambos recibieron la misma promesa, la del “Dios-con-nosotros”, pero respondieron de un modo absolutamente distinto.

La celebración de la Navidad, ya próxima, significa para nosotros también una disyuntiva: Dios viene para salvarnos, y el aceptar o no su venida depende solo de nosotros. La liturgia de este IV Domingo de Adviento nos invita sobre todo a crecer en la esperanza cristiana. La esperanza es la virtud que nos hace pregustar aquello que aún no poseemos. Por eso en el anuncio del ángel a san José se vislumbra la salvación que Cristo trae, antes incluso de que el Niño nazca. Pero la esperanza no es una virtud meramente pasiva, no consiste en sentarse y esperar a que llegue desde fuera la salvación anhelada. La esperanza cristiana es también una virtud activa que nos impulsa a trabajar por aquello que deseamos. Por este motivo es importante que en los últimos días del tiempo santo de Adviento nos dispongamos como es debido para la celebración de la próxima Navidad, para vivir de modo intenso y verdadero el acontecimiento más grande que jamás contemplaron los siglos. En san José brillan las actitudes del hombre esperanzado: la confianza en la palabra recibida, el abandono confiado al plan de Dios, la paciencia tanto en su dimensión de saber esperar como en la de sacrificio por aquello que se desea y el sentido de la existencia en cuanto que esta virtud nos dirige hacia un fin determinado, hacia la unión con Dios.

Coincide este IV Domingo de Adviento con la fiesta de la Expectación al Parto de la Santísima Virgen. Ocho días antes de la Pascua de Navidad, la Iglesia nos llama a redoblar nuestra expectación ante la venida del Enmanuel, a intensificar nuestro deseo de encontrarnos con el Señor. Que la Virgen María, bienaventurada por haber creído las palabras del ángel Gabriel y haber puesto su vida a disposición del plan de Dios con su sí incondicional, nos acompañe y sostenga en la esperanza.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Ver este artículo en la web de la diócesis

Diócesis y Carmelo Descalzo unen esfuerzos en la Cátedra Juan de Yepes

0

Esta cátedra, que pretende ser un espacio universitario para el estudio, la investigación y el encuentro, tendrá su sede en el Instituto Teológico San Fulgencio, aunque también se realizarán actividades en el Convento Nuestra Señora del Carmen de Caravaca de la Cruz y en el Monasterio de la Encarnación de Algezares.

El pasado miércoles, en la fiesta de san Juan de la Cruz, se firmaba la erección de la Cátedra Juan de Yepes. Ciencias humanas, cultura y mística. Un convenio de colaboración entre la Diócesis de Cartagena, a través del Instituto Teológico San Fulgencio; la Provincia Ibérica de Santa Teresa de Jesús de los Carmelitas Descalzos, desde la comunidad de Caravaca de la Cruz; y el Monasterio de la Encarnación de las Carmelitas Descalzas de Algezares, realidades eclesiales que aúnan sus esfuerzos y capacidades para bien de la investigación, la docencia universitaria, la difusión y el diálogo intercultural, la teología, la transferencia artística y experiencial, y, en definitiva, la “humanidad”, desde el pensamiento y la personalidad literaria de san Juan de la Cruz.

Esta cátedra, que toma el nombre original de san Juan de la Cruz, pretende mostrar, según el secretario general del Instituto Teológico San Fulgencio y secretario de esta cátedra, Javier Marín, «que se puede establecer un diálogo entre el santo y todos aquellos autores de la literatura universal, así como de cualquier tipo de expresión artística o cultural. También es un espacio que sale de los límites universitarios para poder construir formatos de tipo académico, experiencial y oracional».

El Monasterio de la Encarnación de Algezares acogió el acto por el que se formalizaba esta cátedra. Tras el rezo de Vísperas, tenía lugar la firma del acuerdo de colaboración, con la presencia del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes; el provincial de la Provincia Ibérica de Santa Teresa de Jesús, fray Antonio Ángel Sánchez Cabezas; la priora de las Carmelitas Descalzas de Algezares, Elena Hernández Pérez; el director del Instituto Teológico San Fulgencio, Juan Carlos García Domene; el prior de los Carmelitas Descalzos de Caravaca de la Cruz, Pascual Gil Almela; y el secretario de la cátedra, Javier Marín Marín.

La Cátedra Juan de Yepes tendrá como sede académica el Instituto Teológico San Fulgencio, y «como palomarcillos para el fomento de la formación, la oración y el encuentro» el Monasterio de La Encarnación de Algezares y el Convento de Nuestra Señora del Carmen de Caravaca de la Cruz.

Galería de imágenes

La entrada Diócesis y Carmelo Descalzo unen esfuerzos en la Cátedra Juan de Yepes aparece primero en Diócesis de Cartagena.

Ver este artículo en la web de la diócesis

PRIMERAS IMPRESIONES

0

Inevitablemente, somos de primeras impresiones. Aunque repitamos (así sin mucha convicción) que no hay que fiarse de ellas, todos estamos seguros de que tenemos la intuición y el buen ojo para “calar” a la gente. Estudios científicos afirman que apenas en 2 segundos nuestro cerebro crea el 50% de la imagen y el resto en los 4 minutos siguientes. Esa primera impresión condiciona mucho lo que pensamos sobre las personas que conocemos por primera vez. Luego solo nos quedará confirmarla.

Para hacernos esa imagen sobre la persona es crucial el lenguaje no verbal, nuestro aspecto físico, el cómo vestimos, la mirada… Tendremos que cuidar y ser conscientes de lo que estamos contando así a primera vista. Os lo habéis preguntado alguna vez: ¿Qué imagen proyecto a los demás? ¿Qué piensan de mí en el primer instante? Será un ejercicio importante de reflexión porque esa será, probablemente, la única huella que dejaremos a los demás. Aunque es cierto que nos merecemos y tenemos derecho a una segunda oportunidad, probablemente, muchos se quedarán con ese primer impacto.

Cuentan que la Madre Teresa de Calcuta fue invitada a dar una conferencia en Naciones Unidas. Al finalizar, un señor muy importante se le acercó y le dijo: “Madre, yo no soy creyente, pero si Dios existiera, tendría que ser como usted”. Qué vería en la mirada de aquella mujer de apenas 40 kilos y algo encorvada para descubrir en ella el rostro de Dios.

Recuerdo que nuestro querido D. Ginés (obispo hoy de Getafe) nos decía a los curas jóvenes: “Tratando con cariño en el despacho a la gente que viene a pedir un bautizo o la misa de funeral de su querido difunto habréis hecho la mitad del trabajo pastoral. Se quedarán con el rostro de una iglesia Madre o una iglesia antipática”. Y tenía toda la razón. Somos, muchas veces, el retrato de Dios para los demás. Pero no solo las monjas y los curas, sino todos lo que ahora estáis leyendo este artículo y os decís creyentes. Muchas personas no podrán leer otro evangelio distinto al de nuestras vidas.

Juan el Bautista manda a sus discípulos a averiguar quién era Jesús. Y el Maestro se abre de brazos, los mira y les dice: “Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen, los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio” (Mt 11,3). Es decir, no te voy a contar rollos, ni teorías, ni doctrinas, sino solo lo que mi vida revela, lo que mis manos acarician, lo que mis ojos reflejan…

A veces, no hay otra forma de defender lo que pensamos y de contagiar lo que creemos si no es con la primera impresión que damos. Nuestra sonrisa sincera, nuestra mirada cariñosa, nuestra palabra amable o nuestra caricia oportuna serán, probablemente, la única forma de contagiar algo más grande: ese Dios ternura que se hará niño en estos días. FELIZ NAVIDAD

Ramón Bogas Crespo

Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

[embedded content]

Ver este artículo en la web de la diócesis

La parroquia de la Purísima Concepción de Huelva acoge la llegada de la Luz de la Paz de Belén

0

La parroquia de la Purísima Concepción de Huelva acoge la llegada de la Luz de la Paz de Belén

Numerosos scouts provenientes de los distintos grupos presentes en la Diócesis de Huelva partieron ayer desde la céntrica plaza Niña, en Huelva, para llevar la Luz de la Paz de Belén hasta la parroquia de la Purísima Concepción, donde el Obispo presidió la Eucaristía y se hizo el reparto de la Luz de la Paz de Belén a los grupos scouts y a todos los asistentes. De esta manera, las Hermanas de la Cruz del convento de la plaza Niña fueron las primeras en recibir la Luz de la Paz de Belén.

La celebración contó con la presencia de autoridades civiles, encabezadas por el alcalde de Huelva, Gabriel Cruz; así como la presidenta del Puerto de Huelva, Pilar Miranda; o el presidente del Consejo de Hermandades y Cofradías de Huelva, Antonio González, entre otros.

La entrada La parroquia de la Purísima Concepción de Huelva acoge la llegada de la Luz de la Paz de Belén se publicó primero en Diócesis de Huelva.

Ver este artículo en la web de la diócesis

La Facultad de Teología acoge mañana la primera sesión de la propuesta formativa de la Delegación de Medios

0

La Facultad de Teología acoge mañana la primera sesión de la propuesta formativa de la Delegación de Medios

La Delegación diocesana de Medios de Comunicación comienza mañana, 17 de diciembre, su programa formativo para capacitar a los agentes de comunicación de la Iglesia diocesana.

Lo hará con una sesión que correrá a cargo de Adrián Ríos, delegado diocesano de esta Pastoral, en la que abordará ‘La comunicación institucional en la Iglesia’. Ríos estará acompañado por Ernesto Holgado, colaborador de esta Delegación y coordinador de la red de comunicadores diocesanos, que hará una presentación del nuevo Plan Pastoral diocesano, publicado el pasado 27 de noviembre en la Catedral de Sevilla.

La cita comenzará a las once de la mañana en la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla. El acceso es libre hasta completar aforo.

Esta formación está dirigida a todos los responsables de comunicación de parroquias, hermandades, movimientos, colegios u otras realidades eclesiales de la Archidiócesis hispalense, así como para periodistas católicos o estudiantes de Periodismo y Comunicación interesados en la evangelización digital. Además, con este itinerario, la Delegación diocesana de Medios de Comunicación busca potenciar las habilidades comunicativas de los participantes y enseñarles a difundir y amplificar el mensaje pastoral de la Archidiócesis hispalense a nuevos públicos y nuevos medios.

De igual forma, la intención es capacitar a los miembros de esta red de comunicadores de cara a dos grandes eventos de la Iglesia Universal: la primera, la JMJ de Lisboa, donde podrán ir como corresponsales de prensa en paquetes especiales de viaje; y más tarde, el II Congreso internacional de Hermandades y Religiosidad Popular que se celebrará en 2024 en Sevilla, para el que se preparará una estrategia comunicativa del que serán partícipes.

Si quiere formar parte de la Red de Comunicadores de la Archidiócesis de Sevilla puede enviar sus datos a prensa@archisevilla.org.

Puede descargar el programa formativo completo a continuación:

Noticias relacionadas

Encuentro del arzobispo con los comunicadores de la Iglesia en Sevilla

 

 

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.