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“Que Cristo esté en nuestros corazones, en nuestra vida”

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Homilía del arzobispo coadjutor, en la Misa del Gallo, en la S.I Catedral, el 24 de diciembre de 2022.

Queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y hermanas;
queridas familias;
queridos todos, que os dais cita en nuestra Catedral en esta Misa de medianoche, de la Solemnidad del Nacimiento del Señor:

Me alegra mucho ver nuestra Catedral tan llena, y me alegra, sobre todo, que vengáis como familias muchos de vosotros, que transmitáis a los más pequeños esta tradición, porque es, en definitiva, transmitirles elementos de nuestra fe fundamentales, arraigados profundamente en nuestras tradiciones como pueblo de Granada. Cuando esta fiesta, precisamente queridos amigos, está sufriendo, esa invasión, esa secularización que nosotros también tenemos que redescubrir el sentido verdadero de la Navidad.

Ciertamente, es una fiesta de solidaridad, en que nos volvemos más entrañables y más sensibles a las necesidades de los otros. La pena es que sólo sean estos días y caduque el día de los Reyes. Es también una fiesta de familia, cómo no, si Dios nos ha hermanado; si Dios se ha hecho uno de nosotros. Es una fiesta de encuentro, en que echamos de menos especialmente a quienes no están ya con nosotros, porque han partido de este mundo; y echamos de menos también a los que están lejos por diversos motivos. Y nos sentimos más familia, más queridos por lo que somos y no tanto por lo que tenemos como se baraja en nuestro mundo. Y es también una fiesta de gozo, de alegría, aunque haya nostalgia de muchas personas. Es una fiesta en que sentimos especialmente la humanidad y afloran en nosotros los sentimientos más profundos de humanidad y de ternura. Y nos damos cuenta de manera más sensible, de los desbarajustes en nuestro mundo; de las guerras de los refugiados, huyendo y buscando las mejores condiciones de vida para salvar la propia. Y nos damos cuenta de las carencias y de las diferencias entre unos y otros, y del empobrecimiento de muchos. Y nos damos cuenta de quienes viven en la soledad. Nos volvemos más sensibles en humanidad. Pero todo, ¿por qué? Porque Dios se ha dignado compartir nuestra humanidad, queridos amigos. Ese es el verdadero sentido de la Navidad: que Dios se ha hecho hombre.

Toda esa esperanza del Pueblo de Israel, que hemos ido recordando a lo largo de estos Domingos de Adviento; esas lecciones de los profetas, especialmente de Isaías, que ha ido insuflando esperanza en el Pueblo de Israel, sobre todo en el destierro, para llevarlo precisamente a la Esperanza con mayúscula. “El pueblo que habitaba en tinieblas vio una luz grande; habitaban en sombras de muerte y una luz les brilló”. Es la luz de Dios. Es esa luz que hace resplandecer precisamente esta noche, como hemos pedido a Dios en la oración colecta, y hemos pedido también un día vivir esa luz y participar de esa luz en el Cielo. Esa luz que ha iluminado Cristo mismo, que se define a Sí mismo como “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue a Mí no camina en las tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”. Es Cristo que nos ha cambiado la vida. Es Él el que en un momento de la Historia, que nos ha recordado con coordenadas precisas al inicio de la celebración, como el propio evangelista San Lucas nos pone con precisión el Nacimiento de Cristo, siendo Cirino gobernador de Siria cuando se produce ese empadronamiento; es Cristo alguien concreto; es Cristo, no un personaje que se nos pierde en la noche de los tiempos, sino nuestro Dios y Señor. Dios, sin dejar de serlo, ha tomado nuestra condición humana. Y ése es el gran Misterio de la Navidad: que Dios nos ama tanto que ha enviado a Su Hijo para salvarnos. Y ése es el motivo de que hagamos fiesta, de que estemos alegres, porque nuestra humanidad, nuestra pequeñez, nuestra debilidad, que experimentamos tantas veces, y lo hemos visto en este tiempo de pandemia, cuando nos hemos dado cuenta de que no somos todopoderosos, que necesitamos de Dios y de los demás; nos hemos dado cuenta, en medio del dolor y del sufrimiento, que se nos escapaban muchas cosas; y nos hemos dado cuenta de que Dios nos quiere, de que Dios nos sigue ayudando. Y ese amor de Dios al hombre es lo que celebramos la Navidad. Y es ese amor ante Dios al hombre, hasta el punto de que se ha hecho uno de nosotros para salvarnos, para hacernos a nosotros hijos e hijas de Dios, para “endiosarnos”, para vivir con la dignidad más plena. Nadie como el cristianismo, nadie como Cristo, dignifica la persona humana. Nadie como la civilización cristiana lleva a su más alta cumbre la dignidad de la persona, descubriendo sus derechos fundamentales, que son inherentes a su dignidad inalienable.

Es Cristo que nos ha descubierto todo esto. Es Cristo que nos ha salvado. Para, queridos amigos, yo también me pregunto y te pregunto: en esta sociedad nuestra, ¿se acepta a Cristo?, ¿acogemos a Cristo realmente?, ¿o necesitamos recordar esas palabras con las que el Papa san Juan Pablo II iniciaba su pontificado?: “Abrid de par en par las puertas a Cristo”, Cristo en los Estados, en la sociedad, en la familia, en el trabajo, en nuestras relaciones sociales, en nuestra vida personal. Cristo cuenta. Cristo está vivo en tu vida. Que puedas decir como San Pablo “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí”. ¿Es tu cristianismo, realmente, un cristianismo, a pesar de los pesares, de nuestras miserias personales, de nuestros defectos, incluso de nuestros pecados, realmente Cristo cuenta para nosotros?, ¿qué sabes de Cristo?, ¿qué conoces de Cristo?, ¿amas realmente a Cristo?, que ha cambiado el mundo, que ha transformado la historia, que nos ha devuelto al ser humano, nos ha engrandecido hasta tal forma que nos ha hecho imagen del mismo Dios, coherederos con Cristo.

Queridos hermanos, este es el sentido profundo de la Navidad. Por eso, cuando miramos al otro y vemos en el otro reflejado el rostro de Cristo, eso es el amor cristiano. El amor cristiano no es un amor de una ONG, por muy digno que sea. Es el amor de aquel que ve en el otro el rostro de Cristo. “Cualquier cosa que hagáis a alguno de estos, mis humildes hermanos, a mí me lo hacéis”. Este es el Misterio que pasa desapercibido para el mundo de entonces y sigue pasando desapercibido para tanta gente en el mundo de hoy. Necesitamos los cristianos volver a anunciar a Cristo. Pero, para eso, nada mejor que el propio testimonio de vida. Para eso, nada mejor, que abramos de par en par las puertas a Cristo en nuestra vida personal. Que Cristo cuente mi vida; que yo sepa de Cristo, acercándome a los Evangelios, a su Palabra; que yo sepa de Cristo, de Su doctrina, para conformar mi vida con la Suya; que yo sepa de Cristo, para amar a Cristo, llamando a Cristo, dirigiéndome a Él con esa oración confiada de amigo. Como decía santa Teresa de Jesús: “Es tratar muchos veces de amistad con quien sabemos nos ama”. De sentir a Cristo, como ella decía también, “cabe si”, a nuestro lado, en medio de las enfermedades, de las dificultades, de las contrariedades de la vida, en medio del trabajo: sentir y tener esa Presencia de Cristo. Cuando en la Eucaristía decimos “por Cristo, con Él y en Él”, que así sea nuestra vida. Poner a Cristo, en definitiva, en el centro de nuestra existencia. Ese es el gran mensaje de Navidad. Y cuando pongamos a Cristo, transformaremos nuestro mundo, iluminaremos con la luz de Cristo a nuestro alrededor, a pesar de los pesares, de nuestros defectos, y cambiaremos nuestra sociedad y pondremos paz donde hay guerra, y pondremos amor donde hay desamor, y pondremos unidad donde hay división. Y curaremos las heridas de tantas y tantas personas. Y encontrarán sentido al ver nuestras vidas. Pero tenemos que abrirnos a Cristo, a este Cristo que nació en Belén; a este Cristo que se nos muestra la Sabiduría misma de Dios en la cátedra de un pobre pesebre.

Quizá nosotros, queridos hermanos, necesitamos despojarnos en esta Navidad, y siempre, de tantas y tantas cosas que hemos echado sobre nosotros y que nos impiden ver el rostro de Cristo. Necesitamos recuperar la sencillez de los pastores. Necesitamos recuperar la sencillez y la inocencia de los niños. Necesitamos una fe más firme, una fe más confiada, una fe que dé respuesta a los problemas que nos surjan en la vida, desde Cristo. ¿Qué haría Cristo en mi lugar? ¿Cómo respondería Cristo ante esta situación? Y así nuestra vida será realmente la del seguimiento de Cristo. La de cristianos. No de cristianos teóricos, no de cristianos “creyentes, pero no practicantes”, sino la de aquellos que quieren conformar su vida con la vida del Señor. El Señor nos lo ha puesto; nos lo ha puesto a mano. Se nos ha puesto imitable. Dios se nos ha hecho uno de nosotros. Y entiende de nuestros cansancios y sabe de nuestros dolores, hasta el punto de que su humanidad le lleva a entregarse por nosotros en la cruz, sabe de nuestro sufrimiento. Cristo, como nos dice la Carta a los Hebreos, “no tenemos un Sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestros sufrimientos, de nuestros pecados, antes al contrario, igual a nosotros excepto en el pecado”.

Que acudamos a Cristo. Si esta Navidad nos lleva a esto, descubriremos también a Cristo en quienes nos rodean. Le veremos presente en quienes están más próximos. Le veremos presente en aquellos en quien la debilidad, el sufrimiento, el dolor, la enfermedad está haciendo mella. Y descubriremos que tenemos que ayudar a esos cristos. Porque un día, el mismo Cristo nos va a examinar y nos va a preguntar de amor; si le hemos visto presente en los otros, si hemos hecho con los otros lo que debiéramos hacer con Él.

Queridos amigos, éste es el sentido profundo de la Navidad. Y entonces, cuando se mete a Cristo en la vida de uno, se mete en la familia, se une, coge fortaleza, no nos vendremos abajo ante las dificultades, nos apoyaremos unos a otros y viviremos como iglesia y como pueblo, con un sentido de buscar el bien común, de buscar, en definitiva, la Presencia de Dios, tan ausente muchas veces en nuestro sociedad. Y lo mostraremos con respeto a las convicciones de los demás, pero sin renunciar a las propia fe, sin esconder nuestra propia condición de cristianos, sin dejarnos llevar de lo políticamente correcto, sin apagar a Cristo, sin esconder a Cristo, sino mostrándolo con sencillez en el testimonio de nuestra vida, como han hecho nuestros santos en cualquier época y en todas las condiciones.

Vamos a pedirLe a la Virgen que Ella, que nos da a Jesús; Ella que nos da, la llama el pueblo cristiano “causa de nuestra alegría”; que Ella también a nosotros, como aquellos pastores que acudieron después del anuncio del Ángel y que acudieron con lo que tenían, y nosotros también con lo que tenemos de nuestra pobreza, de nuestra pequeñez, de nuestra debilidad; que nos muestre a Jesús: “Muéstranos a Jesús, el fruto bendito de tu vientre”, le dice el pueblo cristiano.

Ojalá nosotros también esta Navidad sepamos encontrarnos con Cristo, sepamos encontrarnos con los demás, viendo en ellos el mismo rostro de Jesús. Y pidamos hoy, especialmente, por el don de la paz, ese anhelo. Y llevemos ya, como nos dice San Pablo en la Segunda Lectura que hemos escuchado de la Carta a Tito, una vida religiosa, una vida distinta, que sepa más a cristiano, que sea vivida más en cristiano. Y eso no significa que no seamos de nuestro tiempo, que no estemos entregados en los trabajos y haciendo, sino, al contrario, lo que posibilitará que tengamos mayor vigor y prendamos la luz de Cristo.

Que, en nosotros, el Señor, sí encuentre posada, pero esa posada para darla a los demás. Dice el Libro del Apocalipsis, poniendo en boca de Jesús esas palabras, “estoy a la puerta y llamo. Si alguien que escucha mi voz y me abre, entraré y cenaremos juntos”.

Que Cristo esté en nuestros corazones, esté en nuestra vida, esté en nuestra familia, esté en nuestra sociedad, y veréis cómo haremos un mundo mejor.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo coadjutor

24 de diciembre de 2022
S.I Catedral de Granada

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Mensaje de Navidad de Mons. Francisco Jesús Orozco, obispo de Guadix

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Mensaje de Navidad de Mons. Francisco Jesús Orozco, obispo de Guadix

Feliz y Santa Navidad 2022

¡Feliz y Santa Navidad! Queridos todos, fieles de la Diócesis de Guadix, en estos días llenos de ternura, de corazón, de Fe y de sentido para la existencia humana, llevo vuestros mejores deseos hasta el pesebre de Belén.

¡No hay Navidad sin Jesús! ¡¡Qué gran misterio!! La Navidad es Jesús, un Niño que es hombre y es Dios en una misma persona. La Navidad tiene como protagonista a Dios que tanto nos ama y ha querido hacerse uno de nosotros, sin perder su divinidad. ¡Qué nadie nos robe la verdadera Navidad! ¡Qué grandiosos los que saben descubrir en lo pequeño lo más grande, en un Niño a todo un Dios! Que nadie sustituya del corazón y de la historia al Enmanuel, Dios con nosotros. Se hace hombre para ser Dios contigo. Que las luces, las comilonas y las fiestas no secuestren el corazón de lo que celebramos y cantamos en nuestros villancicos: ¡resuenen con alegría los cánticos de mi tierra y viva el Niño Dios que nació en la Nochebuena! Dios se ha hecho hombre para salvarnos y para llenar nuestra vida de su esperanza. Poner el Belén en nuestra casa es una forma muy concreta de centrarnos en estos días en este gran misterio de Amor.

Y ante el nacimiento, rezar y dar Gracias en familia. Navidad es una familia, es la fiesta de la familia y de la vida. En tiempos convulsos en que se vulneran tantos derechos primeros de los padres, pidamos a Jesús que se respete la educación que ellos elijan para sus hijos y que no sean nunca apartados de las decisiones y de la vida de sus hijos. Los hijos, antes que, de nadie, son la herencia y la pertenencia preciosa de sus padres.

Belén es la fiesta de la vida, la apuesta por la vida. Pido por el respeto a la vida indefensa en el vientre de las madres y para que seamos generadores de esperanza y no de eutanasia.

El portal de Belén es derroche de los valores que sustentan la esperanza. Sigamos creyendo y apoyando a nuestros jóvenes. Ellos son protagonistas de este momento histórico y eclesial. Después de haber peregrinado este verano a Santiago de Compostela, ya se preparan para vivir en Lisboa la Jornada mundial de los jóvenes con el Papa Francisco. Queridos jóvenes, sed protagonistas de la historia cogidos de la mano de Cristo. Queremos acompañaros en todas las realidades donde camináis. Gracias por ser futuro esperanzador.

Pido al Dios de Belén que Ilumine las mentes de nuestros gobernantes: que siempre abran caminos de búsqueda de la verdad, por encima de las ideologías. Necesitamos fortalecer las sendas de la unidad, del respeto a la Justicia, de la libertad religiosa y que no olviden nunca mirar a las zonas de la España vaciada, tan necesitada de recursos y de apuesta empresarial para afrontar con dignidad el futuro.

Navidad, sobre todo, es esperanza para los que peor lo pasan. Dios que es mendigo de amor, Niño pobre en Belén, inmigrante, olvidado de los poderosos y sabios, bendiga especialmente a aquellos que por cualquier causa más están sufriendo en los rincones de este mundo. Pido al Niño Jesús que bendiga a nuestros mayores, roca firme de nuestra historia. Que ninguno esté ni se sienta solo y abandonado. Cuida, Niño de Belén, a todas las personas vulnerables, a los enfermos y a los que sufren la pérdida de seres queridos. Cuida a las familias sin trabajo y a los niños que sufren por no tener los medios necesarios para vivir felices. Que siempre haya muchas buenas personas, como los que sirven a los más pobres en Cáritas, que hacen de cada día una verdadera Navidad de esperanza y dignidad.

En estos días vamos a celebrar al Niño Jesús, príncipe de la paz. El mundo necesita Paz: es una petición urgente presente en nuestro corazón: la paz en la tierra y a los hombres de buena voluntad; la paz en Ucrania y en tantos lugares donde todavía se cree más en el poder de las armas, de la pólvora, del conflicto, es decir, se espera más de la soberbia y de los poderes humanos que de la humildad, del perdón y de la comunión.

Pido al Dios de Belén para que siga enviándonos el tan necesario don de la lluvia, que como la gracia que viene del cielo vaya calando y germine la vida y los campos.

Miremos a Belén para aprender en la familia de Nazaret los caminos de la verdadera sinodalidad: Una Iglesia que camina en comunión, poniendo a Cristo en el centro.

Damos gracias por todo lo vivido en nuestra Iglesia particular en este 2022 y pedimos que, en el nuevo año 2023, el que ha nacido de la Virgen María, nos cuide a todos los que día a día, en nuestra tierra, en nuestra diócesis, sirven y trabajan para que, con esa hondura con la que sabemos vivir y mirar la vida desde la fe, seamos constructores de paz, sigamos siendo incentivo para la verdadera comunión, unidad y esperanza de todos.

¡Queridos todos: La Navidad es Dios con nosotros:
¡Feliz y Santa Navidad!

+ Francisco Jesús Orozco
Obispo de Guadix

 

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Solemnidad de la Natividad del Señor − Ciclo A

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Solemnidad de la Natividad del Señor − Ciclo A

«Una noche hermosa; una Navidad de esperanza»

Los montes y los confines de la tierra, el silencio y la música, las palabras y “La Palabra”, las tinieblas y la luz constituyen el trasfondo de las lecturas bíblicas de la celebración de la Natividad del Señor. En el primer plano, el Niño, con su encanto y su fragilidad, su misterio y su destino. Los símbolos, cuando son utilizados convenientemente, proporcionan una profundidad que no siempre las palabras son capaces de alcanzar. En este sentido, la liturgia de este día de Navidad, como en tantas otras ocasiones, se presenta con una abundancia de símbolos, para describir un misterio profundo: Dios que se hace hombre. Veamos, a continuación, el recorrido simbólico propuesto por las lecturas.

El primer símbolo, tomado de la lectura de Isaías (Is 52,7-10), son los pies: «qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero que proclama la paz, que anuncia la buena noticia». El profeta se fija en la hermosura de los pies ¡qué locura! Nadie dice “¡qué pies más bonitos tienes!”. Los pies tienen un carácter funcional, es decir, nos conducen hacia al lugar al que queremos ir, ejecutando las órdenes dadas por el cerebro y, a veces, por el corazón. Los pies están en contacto con la tierra, con el fango, con el mundo. Aunque vivamos con los pies en el barro, nadie va a impedirnos levantar los ojos hacia las estrellas. De eso se trata en este día: de ver su estrella en Oriente y caminar hasta adorarle; de ver la estrella y llenarse de inmensa alegría (cf. Mt 2,2.10). Por todo eso, los pies son hermosos, porque nos conducen al lugar donde las rodillas besan el suelo; el corazón se postra; la Buena Noticia tiene gesto de Bondad, cara de Paz y rostro de Niño.

Los pies son el símbolo del camino, y la hermosura de los pies estriba en la belleza del mensaje: la paz y la buena noticia. Cuando los pies están cansados es posible seguir caminando con el corazón. Sin duda, con el corazón se pueden recorrer caminos mucho más arduos, escarpados e inhóspitos que con los pies. Por eso ¡Qué hermosos son esos pies de los mensajeros, evangelizadores y catequistas, de todos aquellos que llevan la salvación de Dios hasta los confines de la tierra!

El segundo símbolo es la música del Salmo Responsorial (Sal 97): «Cantad al Señor un cántico nuevo […] Tañed la cítara para el Señor, suenen los instrumentos». La música acompaña a las buenas noticias y el canto, espontáneo u organizado, resuena en los momentos de alegría. La aclamación de los ángeles es presentada como un cántico ante el nacimiento del Hijo de Dios: «apareció una legión del ejército celestial, que alababa a Dios diciendo: ¡Gloria a Dios en el cielo!» (Lc 2,13-14). La música, que suena en tantos hogares y que acompaña la celebración de la Natividad del Señor en la liturgia es el símbolo de la esperanza por el nacimiento de Jesús ¡Que no falten nunca en nuestras casas y parroquias la alegría del canto, ni el canto de la esperanza!

El tercer símbolo, nos es una palabra, sino “La Palabra”: «En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios» (Jn 1,1). Uno de los “secretos” de Dios es no cansarse de comenzar cada día, por eso, una de las claves de la santidad consiste en no cansarnos nunca de estar empezando siempre. Es posible afirmar que los verbos «existir, estar y ser», presentes en el inicio del Cuarto Evangelio, ponen el acento en lo fundamental, esencial y sustancial. Siguiendo en esta línea de desvelar algunos secretos divinos, la Palabra del prólogo de Juan no es un adorno o una lucecita, sino la desnudez de la Luz; la sencillez de Dios hecho carne; la grandeza de la Gloria del Padre. El secreto de Dios es más bien el Misterio de la Salvación, es decir, tiene tanto de pequeñez, fragilidad y de Niño como de adoración, de vida y de Dios.

En la Solemnidad de la Natividad, celebrada por muchos con “mensajitos”, “lucecitas”, “musiquitas” y “tacones en los pies” es necesario que se escuche la Palabra; que brille la Luz; que suene el cántico del ¡Gloria!; que se muestre la belleza de los pies de los mensajeros que proclaman la paz, que anuncian la buena noticia. En la Solemnidad de la Natividad, los hogares cristianos celebran el Nacimiento del Hijo de Dios; se vive una noche hermosa; una Navidad de esperanza.

Isaac Moreno Sanz,
Dr. en Teología Bíblica y rector del Seminario Diocesano

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La CONFER diocesana felicita por Navidad al obispo

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La CONFER diocesana felicita por Navidad al obispo

Después de dos años de interrupción por la pandemia, la CONFER diocesana recupera su tradicional felicitación navideña al obispo en un encuentro fraterno y de alegría.

En la mañana del 23 de diciembre tenía lugar en la capilla de San Torcuato de la Catedral de Guadix la celebración de la Eucaristía, presidida por el obispo y concelebrada por el delegado episcopal de Vida Consagrada, a la que asistieron los consagrados de vida apostólica de las diferentes comunidades masculinas y femeninas con presencia en la diócesis.
Posteriormente, en la casa de las religiosas de la Divina Infantita, se desayunó en un ambiente festivo en el que los religiosos cantaron villancicos y otros cantos típicos navideños.

Emilio J. Fernández
Delegado episcopal de Vida Consagrada

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La curia diocesana celebró la Navidad

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La curia diocesana celebró la Navidad

Casi en víspera la Nochebuena, el 23 de diciembre, la curia diocesana celebró la Navidad. Y lo hizo, como suele ser habitual, con un encuentro con el obispo de todos los que trabajan o están vinculados a la curia diocesana, para felicitarse las próximas fiestas navideñas.

Este año, ese encuentro tuvo lugar en el saló azul de la curia diocesana y al mismo asistieron delegados, directores de secretariados, trabajadores de la curia y de otras instituciones diocesanas,…

D. Francisco Jesús Orozco saludó a los asistentes y los felicitó, deseando lo mejor para estas navidades y para el próximo año, al tiempo que pedía que el Niño Dios nazca en cada uno de nosotros y nos transforme. También el vicario general, José Francisco Serrano, como moderador de la curia, felicitó a todos la Navidad y recordó el servicio que desde la curia se hace a toda la diócesis.

Terminó este pequeño encuentro con unas tapas y una copa con las que todos se desearon unas felices fiestas de Navidad.

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Nuestro obispo D. Antonio protagonista de “LA ENTREVISTA” de Interalmería TV

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Nuestro obispo D. Antonio es el invitado de la última edición del espacio de entrevistas con los principales protagonistas de la actualidad política, social, cultural o económica almeriense. Presentado por Rafael López, La Entrevista se ha convertido en uno de los programas de referencia de Interalmería Televisión. 

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San Delfín de Burdeos

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San DelfinEn Burdeos, de Aquitania, san Delfín, obispo, el cual, unido a san Paulino de Nola con una estrecha amistad, trabajó diligentemente para rechazar los errores de Prisciliano (c. 404).

http://www.santopedia.com/santos/san-delfin-de-burdeos

 

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El obispo de Málaga compartió con los reclusos de Alhaurín el día de Nochebuena

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Mons. Jesús Catalá ha presidido la Santa Misa en el Centro Penitenciario de Alhaurín de la Torre en la mañana del día de Nochebuena. La Eucaristía fue concelebrada por los capellanes, Pedro Fernández Alejo y Andrés González y contó con la participación de los voluntarios de la Pastoral Penitenciaria y cerca de 100 internos e internas.

Como señala el también delegado diocesano de Pastoral Penitenciaria, el trinitario Pedro Fernández, «ha sido una mañana intensa y emotiva. D. Jesús animó a todos a vivir este acontecimiento de la presencia de Jesús en nuestras vidas que nos ayuda a cambiar la mente y el corazón, a sentir a Jesús como nuestro único salvador y redentor que nos lleva a expresar el amor a todos, especialmente a los familiares».

La Eucaristía contó con la participación del grupo musical Amanecer y el delegado destaca «la interpretación que realizaron dos internos, chico y chica, cantando el Aleluya de Cohen y Noche de Paz. Fueron interpretaciones de gran belleza que llenaron de sentida emoción a todos los presentes. Al final de la Eucaristía –añade– se ofreció un inmenso pan hecho por los panaderos del centro y que, tras bendecirlo el Sr. Obispo, fue repartido en pedazos para que lo comieran los presentes».

Al terminar la Eucaristía, cada internorecibió una bolsa con algunos regalos de parte de la Pastoral Penitenciaria,«como precedente de los Reyes de Oriente».

Estos mismos regalos se han repartido también a los asistentes a las misas que ha celebrado los días 23 y 24, en el Centro Penitenciario de Archidona, su capellán, Evelio Díaz.

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Fallece el presbítero del rito greco-católico Dmytro Savchuk

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Fallece el presbítero del rito greco-católico Dmytro Savchuk

RVDO. SR. D. DMYTRO SAVCHUK, PBRO.
08-11-1971/23-12-2022

Este viernes, 23 de diciembre, ha sido llamado a la presencia de Dios el presbítero Dmytro Savchuk, del rito greco-católico. Había nacido el 8 de noviembre de 1971 en la ciudad de Ivano-Frankivs (Ucrania), hijo de Bogdan y María. En aquella ciudad, tras haber hecho sus estudios eclesiásticos, y como es habitual en el clero de rito greco-católico, contrajo matrimonio antes de recibir las Sagradas Órdenes. De dicho matrimonio tuvo tres hijos.

Fue ordenado presbítero el 5 de mayo de 1996 en Gochiv (Ucrania), y comenzó a ejercer el ministerio. Posteriormente recaló en España, donde vino a servir a los emigrantes ucranianos. Su ministerio sacerdotal lo ejerció atendiendo a las comunidades ucranianas de Sevilla, Puerto de Santa María, Córdoba y Huelva.

En la diócesis onubense, durante el pontificado de Monseñor Ignacio Noguer Carmona, el 18 de abril de 2005, fue nombrado Capellán de los inmigrantes católicos de rito bizantino. Para ello recibió la autorización del Visitador Apostólico para los católicos de rito bizantino en España. Habiendo tomado tal importancia la comunidad ucraniana en Huelva se hizo necesaria una mayor atención pastoral de la misma, lo que llevó en 2011, por iniciativa del P. Dmytro a solicitar la creación de la Asociación Pública de Fieles de los Santos Cirilo y Metodio.

Consciente de la vitalidad que tenía la comunidad greco-católica de los ucranianos en la diócesis, Monseñor José Vilaplana Blasco, por decreto de 3 de mayo de 2013, creó la parroquia personal de los Santos Cirilo y Metodio para los católicos de rito bizantino en la capital diocesana, en el barrio de La Florida, calle Tesoro de la Aliseda. En la construcción del templo parroquial el P. Dmytro jugó un papel providencial animando su construcción. El P. Dmytro Savchuk fue nombrado como Párroco de la misma el 10 de mayo de 2013. Hasta su fallecimiento ha servido a dicha parroquia con celo y diligencia.

Desconocidas para el mundo quedan todas las acciones ministeriales y sacerdotales en las cuales el P. Dmytro ha hecho presente a Cristo Buen Pastor, Aquel que en la cruz extendió sus brazos para reconciliar al mundo. El P. Dmytro ha sufrido en sus carnes la Pasión de Cristo, ya sea por su larga y dolorosa enfermedad, ya sea por ver a su pueblo en guerra, ya sea por tener a sus mismos familiares involucrados en la misma.

Descanse en paz el P. Dmytro. Que el Resucitado le haga ver la luz de su rostro. Que su viuda y sus hijos y familiares, así como sus feligreses, encuentren la paz de Cristo en el dolor, y que la ofrenda de su vida sea semilla de paz y reconciliación para su querida Ucrania.

Oramos al Señor por el alma del P. Dmytro y, como nuestro mejor homenaje a su memoria, -con el Papa Francisco-, invocamos la paz de Ucrania:

“Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten misericordia de nosotros pecadores.
Señor Jesús, nacido bajo las bombas de Kiev, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, muerto en brazos de la madre en un búnker de Járkov, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, enviado veinteañero al frente, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, que ves todavía las manos armadas en la sombra de tu cruz, ¡ten piedad de nosotros!”.

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“Solo el amor lo ilumina todo”

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“Solo el amor lo ilumina todo”

En el semanario Fiesta digital les hablamos de la invitación de Cáritas diocesana a compartir esta Navidad la alegría de amar a los demás. La guerra en Ucrania y las enormes dificultades que la inflación está provocando en la vida cotidiana de muchos hogares nos hace conscientes de la necesidad de estar cerca de los pobres y vulnerables.

Sabiendo el enorme esfuerzo que realizan estas personas por recuperar su lugar en la sociedad, Cáritas ha lanzado su tradicional campaña de Navidad con el lema: “Solo el amor lo ilumina todo”.

Junto a la actualidad de las Iglesia de Granada y Guadix, les acercamos en “Textos” el mensaje navideño de D. Francisco Jesús Orozco, obispo de Guadix, dirigido a los fieles.

Asimismo en “Testimonio” les presentamos la vida de la familia Ulma, de origen polaco, que serán beatificados próximamente. Józef, Wiktoria y sus respectivos seis hijos, más el séptimo en el vientre de su madre, fueron masacrados por los nazis en el pueblo de Markowa por haber escondido a ocho judíos.

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