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Homilía en la Misa funeral por el eterno descanso del alma de Su Santidad el Papa Emérito Benedicto XVI

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Homilía en la Misa funeral por el eterno descanso del alma de Su Santidad el Papa Emérito Benedicto XVI

Queridos hermanos y hermanas todos:

Cuando los restos mortales de nuestro amado Papa emérito Benedicto XVI ya han sido depositados en la tierra, esperando la resurrección de la carne, junto a la tumba del Apóstol Pedro, de quien ha sido su 265 sucesor, nosotros nos hemos reunido en torno al altar, para pedir al Señor por el eterno descanso de su alma y para agradecer el don que el Señor nos ha regalado en su Iglesia con la vida, la obra y el magisterio del que ha sido viva imagen del Buen Pastor.

«No anteponer nada al amor de Cristo». Creo que esta expresión puede ofrecernos una clave para comprender y recibir el legado del Papa Benedicto. Como sabéis se trata de una expresión contenida en la Regla de San Benito (IV, 21), que sintetiza el programa de vida de los monjes.

San Benito es un santo al que Benedicto XVI apreció de forma especial, como se puede intuir por haber elegido su nombre al ser elegido Papa. Probablemente, él veía algunas semejanzas entre los tiempos de San Benito y la situación actual. Entre las cenizas del Imperio romano, San Benito, buscando ante todo el amor de Cristo, sembró, quizá sin darse cuenta, la semilla de una nueva civilización, que se desarrollaría integrando los valores cristianos con la herencia clásica, por una parte, y con las culturas germánica y eslava, por otra. Hoy, también, las comunidades cristianas, afectadas por la profunda crisis de la cultura europea y occidental, viviendo con hondura el encuentro con Cristo, están llamadas a hacer germinar nuevos brotes de sentido y esperanza para nuestros contemporáneos.

El Papa emérito nos ha enseñado a vivir y a morir en cristiano. “Señor, te amo”. Se ha publicado que estas fueron sus últimas palabras en la noche antes de su muerte. Pero tenemos otro testimonio realmente hermoso de cómo él ha afrontado su muerte. En una carta del pasado 8 de febrero podemos leer lo siguiente: «Muy pronto me presentaré ante al juez definitivo de mi vida. Aunque pueda tener muchos motivos de temor y miedo cuando miro hacia atrás en mi larga vida, me siento, sin embargo, feliz porque creo firmemente que el Señor no solo es el juez justo, sino también el amigo y el hermano que ya padeció Él mismo mis deficiencias y por eso, como juez, es también mi abogado (Paráclito). (…) Ser cristiano me da el conocimiento y, más aún, la amistad con el juez de mi vida y me permite atravesar con confianza la oscura puerta de la muerte”. Tampoco la muerte se antepone al amor de Cristo.

«No anteponer nada al amor de Cristo» es también la propuesta que nos hizo en su primera encíclica Deus caritas est, del 25 de diciembre de 2005, nueve meses después de su elección como sucesor de Pedro: «Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él» (1 Jn 4, 16). Con estas palabras de la Primera carta de Juan expresaba, en el pórtico de su pontificado y con elocuente carácter programático,el núcleo de la fe cristiana: la imagen de Dios y también la imagen del hombre y de su camino en este mundo. Ponía ante nuestros ojos la formulación de la existencia cristiana: «Nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él». Y de aquí sacaba una consecuencia fundamental, que ha quedado como frase lapidaria de su Magisterio: No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva (nº 1).

«No anteponer nada al amor de Cristo” es una convicción personal honda y juvenil en la vida del Papa difunto. Cuando Joseph Ratzinger era sacerdote y profesor de teología, primero en Tubinga y luego en Ratisbona, antes de ser obispo, dio una serie de charlas radiofónicas y una editorial de Múnich las reunió y publicó en 1970 con el título “Fe y futuro”, traducido al español. En su quinto capítulo, responde a una pregunta: ¿Cómo será la Iglesia del año 2000? Recojo solo unas cuantas frases de su larga respuesta: la Iglesia encontrará de nuevo… lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin (…). Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha (…) Pero tras la prueba … surgirá, de (la) Iglesia… una gran fuerza, porque los seres humanos (…) Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas. A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles (…) Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.

Y es que, queridos hermanos, el gran tema de la vida entera del amado papa Benedicto XVI, tanto como profesor de teología, como Obispo y sucesor de Pedro, no ha sido otro que la prioridad de Dios. Lo encontramos afirmado de nuevo con palabras tan contundentes como estas: La Iglesia debe hablar de muchas cosas: de todas las cuestiones relacionadas con el ser del hombre, con su estructura y su ordenamiento, etc. Pero su tema verdadero, y en varios aspectos único, es «Dios». Y el gran problema de Occidente es el olvido de Dios: es un olvido que se difunde. Estoy convencido de que todos los problemas particulares pueden remitirse, en última instancia, a esta pregunta. Por eso, … mi intención principal era poner de relieve el tema de «Dios». (Discurso del santo padre Benedicto XVI a la Curia Romana, 22 de diciembre de 2006).

«No anteponer nada al amor de Cristo» es la urgencia que hallamos expresada al final de su pontificado en la Carta Apostólica Porta Fidei (11 de octubre de 2011), con la que convocaba el Año de la Fe (octubre 2012-noviembre de 2013), con motivo del 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II y del 20 aniversario de la publicación del Catecismo de la Iglesia Católica. En este texto vuelve a poner delante de la Iglesia el mismo tema, diciendo: Desde el comienzo de mi ministerio como Sucesor de Pedro, he recordado la exigencia de redescubrir el camino de la fe…renovando el encuentro con Cristo. Sucede hoy con frecuencia que los cristianos se preocupan mucho por las consecuencias sociales, culturales y políticas de su compromiso, al mismo tiempo que siguen considerando la fe como un presupuesto obvio de la vida común. De hecho, este presupuesto no sólo no aparece como tal, sino que incluso con frecuencia es negado… en vastos sectores de la sociedad, a causa de una profunda crisis de fe que afecta a muchas personas (nº 2).

El papa Benedicto entendió que la santidad consiste en «No anteponer nada al amor de Cristo», y que esta propuesta vale para todos los cristianos y que, además, constituye una verdadera urgencia pastoral en nuestros tiempos, en los que se siente la necesidad de contar con sólidas referencias espirituales y éticas para la vida de las personas y para construir una verdadera sociedad justa y solidaria. No es honesto ni responsable contentarse con vivir de modo mediocre, como ciudadanos según una ética de mínimos y como cristianos con una religiosidad superficial.

El Santo Padre Benedicto XVI nos ha dejado su testamento espiritual, que escribió el 29 de agosto de 2006, en el cual nos dice: A todos los que en la Iglesia han sido confiados a mi servicio: ¡Manténganse firmes en la fe! ¡No se dejen confundir! … Desde hace sesenta años acompaño el camino de la teología, … he visto derrumbarse tesis que parecían inamovibles y resultar meras hipótesis… Jesucristo es verdaderamente el camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias es verdaderamente su cuerpo.

Que el papa Benedicto siga iluminando el camino de la Iglesia con su Magisterio y acompañándolo con su intercesión, para que nos mantengamos firmes en la fe. A la vez, pedimos que, caladas las puertas de la muerte, tal como esperó, el Señor, poniendo su mano derecha sobre él, le dice: ‘No temas: Soy yo…’. (Ap 1, 17).

Que así sea. Amén.

+ Santiago Gómez Sierra,
Obispo de Huelva

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Fiesta del Bautismo del Señor

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Fiesta del Bautismo del Señor

Normalmente el domingo que sigue a la fiesta de la Epifanía es dedicado a celebrar el bautismo de Cristo, este año se celebra el domingo 13 de enero y señala la culminación de todo el ciclo natalicio o de la manifestación del Señor. Es también el domingo que da paso al tiempo durante el año, llamado también tiempo ordinario.

Cuando Cristo se metió en la cola para esperar su turno de ser bautizado, seguramente San Juan Bautista no sabía que hacer. Llegó el Mesías delante de él y pidió el bautismo. El Bautista exclamó: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿tú vienes a mí?” (Mt 3,14). El Catecismo hace referencia a esta actitud humilde de Cristo en el n.536

http://es.catholic.net/op/articulos/18182/cat/725/bautismo-del-senor.html

 

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Misa en sufragio del papa difunto Benedicto XVI (Catedral-Málaga)

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Homilía de D. Jesús Catalá en la Misa celebrada en la Catedral de Málaga el 7 de enero de 2023 en sufragio por el papa difunto Benedicto XVI

MISA EN SUFRAGIO DEL PAPA DIFUNTO BENEDICTO XVI

(Catedral, 7 enero 2023)

Lecturas: 1 Jn 3, 22 — 4, 6; Sal 2, 7-8.10-12a; Mt 4, 12-17. 23-25.

1.- El apóstol Juan, en su primera carta, nos recuerda el mandamiento divino: «Que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó» (1 Jn 3, 23). La centralidad del vivir cristiano es la vivencia de la fe y del amor. Y este amor se expresa en el cumplimiento de los mandamientos (cf. 1 Jn 3, 24).

Celebramos esta eucaristía en sufragio del papa fallecido Benedicto XVI, cuyo funeral tuvo lugar anteayer en el Vaticano. En su magisterio puso de relieve la centralidad del amor de Dios, insistiendo en que “el amor ya no es sólo un «mandamiento», sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro” (Deus caritas est, 1), que engloba la existencia entera y todas sus dimensiones (cf. Ibid., 6). Jesucristo es el amor de Dios encarnado (cf. Ibid., 12).

2.- San Juan nos advierte de la importancia de examinar «si los espíritus vienen de Dios» (1 Jn 4, 1). Confesar que Jesucristo ha venido en carne es de Dios (cf. 1 Jn 4, 2); y negarlo es del anticristo (cf. 1 Jn 4, 3). 

El papa Benedicto XVI en varias ocasiones señaló la existencia del subjetivismo, del relativismo, del inmanentismo y de otros planteamientos semejantes como contrarios al espíritu cristiano, que ponen a la persona frente a urgentes desafíos (cf. Benedicto XVI, Discurso a la Rota, 2 (2013).

Hemos de verificar en nuestra vida, queridos hermanos, si somos del mundo y vivimos según el mundo (cf. 1 Jn 4, 5); o si somos de Dios y conocemos el Espíritu de la verdad (cf. 1 Jn 4, 6).

3.- Benedicto XVI puso de relieve la gran vinculación entre la verdad y la caridad: “Por esta estrecha relación con la verdad, se puede reconocer a la caridad como expresión auténtica de humanidad y como elemento de importancia fundamental en las relaciones humanas, también las de carácter público. Sólo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad” (Caritas in veritate, 3 [2009]). 

Amor, verdad y esperanza son los tres pilares centrales de su magisterio. Su vida y su misión fue una continua búsqueda de la Verdad. Como lema episcopal escogió “Cooperador de la verdad”, clave de interpretación del ministerio sacerdotal que ha prestado a la Iglesia en sus diferentes tareas al servicio de la verdad. Así lo explicaba él mismo: “Por un lado, me parecía que expresaba la relación entre mi tarea previa como profesor y mi nueva misión. Aunque de diferentes modos, lo que estaba y seguía estando en juego era seguir la verdad, estar a su servicio. Y, por otro, escogí este lema porque en el mundo de hoy el tema de la verdad es acallado casi totalmente”.

Con su vida nos anima a ser también nosotros “cooperadores de la verdad” en esta sociedad donde la verdad brilla por su ausencia. Esto puede llevarnos a tener que afrontar sufrimiento e incomprensión; pero, ser cristiano, como han dicho los últimos papas, es ir contra-corriente. 

4.- Por fidelidad al servicio de la verdad el papa Benedicto tuvo que afrontar los principales problemas de la Iglesia en aquellos momentos. Gente de dentro y de fuera de la Iglesia criticó su forma de gobierno, sin percatarse de que las decisiones las tomaba con prudencia y respeto hacia las personas, buscando la verdad y la voluntad del Señor. Su amor a la Iglesia le proporcionó gran sufrimiento.

Debo confesar que me dolía mucho la crítica contra él de que intolerante e intransigente; cuando, en realidad era una persona delicada, respetuosa, transparente, amable, como tantas veces pude experimentar en el trato personal con él.

5.- En este tiempo navideño el evangelista Mateo presenta un pueblo que, habitando en tinieblas, vio una luz grande (cf. Mt 4, 16). El Hijo de Dios encarnado iluminó al mundo con su Luz eterna (cf. Jn1, 9).

Y esa Luz nos invita a la conversión, para acoger el reino de los cielos; éste fue el núcleo de la predicación de Jesús de Nazaret (cf. Mt 4, 17). La vida y obra del papa Benedicto han sido un reflejo de la Luz, que es Cristo y nos ha iluminado con su magisterio como pastor de la Iglesia universal.

Cristo es la Luz del mundo, que puede iluminar nuestras vidas, si le permitimos que penetre en nosotros; si lo acogemos. 

El sinsentido de la vida y la oscuridad de la muerte temporal quedan iluminadas por la luz de Cristo, que ha vencido el pecado y la misma muerte. Celebramos la Misa en sufragio de quien acaba de pasar por la muerte temporal. Esta celebración es un acto de fe en la resurrección de Cristo y de todo ser humano que se inserta en ella. 

6.- El papa Benedicto decía en su Testamento espiritual: “Si en esta hora tardía de mi vida miro hacia atrás, hacia las décadas que he vivido, veo en primer lugar cuántas razones tengo para dar gracias. Ante todo, doy gracias a Dios mismo, dador de todo bien, que me ha dado la vida y me ha guiado en diversos momentos de confusión; siempre me ha levantado cuando empezaba a resbalar y siempre me ha devuelto la luz de su semblante” (Benedicto XVI, Mi testamento espiritual).

Nosotros, queridos fieles, nos unimos hoy a su acción de gracias, agradeciendo a Dios el regalo que nos ha dado en la persona de Joseph Ratzinger, que ejerció el ministerio petrino como Benedicto XVI.

7.- Al igual que «Jesús recorría toda Galilea enseñando en sus sinagogas, proclamando el evangelio del reino y curando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo» (Mt 4, 23), su pontificado ha estado marcado por el anuncio del Evangelio en toda su verdad, la atención a los más necesitados, la cercanía con las personas sufrientes y la guía espiritual como pastor de la Iglesia universal, siendo “humilde servidor de la viña del Señor”, tal como él mismo se definió.

El papa Benedicto XVI pidió en su Testamento espiritual que rezáramos por él, para que el Señor, a pesar de sus pecados, lo acogiera en la morada eterna. Ésta es nuestra oración en la presente celebración. Pedimos al Señor que le conceda la luz eterna, la paz y la inmortalidad.

¡Que la Virgen Santísima interceda por él, y junto con los ángeles y santos lo acompañe hasta la presencia del Altísimo! Amén.

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Cientos de malagueños, en el funeral por Benedicto XVI celebrado en la Catedral

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Varios centenares de malagueños han rezado este sábado, 7 de enero, por el alma de Benedicto XVI en la Misa que ha presidido el Sr. Obispo en la Catedral. Junto a Mons. Jesús Catalá, han concelebrado los miembros del cabildo así como varios sacerdotes.

En su homilía, Mons. Jesús Catalá destacó que, Benedicto XVI puso de relieve en su magisterio «la centralidad del amor de Dios, insistiendo en que “el amor ya no es sólo un «mandamiento», sino la respuesta al don del amor, con el cual viene a nuestro encuentro”», aludiendo a su encíclicla Deus caritas est.

«Amor, verdad y esperanza –afirmó el prelado– son los tres pilares centrales de su magisterio. Su vida y su misión fue una continua búsqueda de la Verdad. Como lema episcopal escogió “Cooperador de la verdad”, clave de interpretación del ministerio sacerdotal que ha prestado a la Iglesia en sus diferentes tareas al servicio de la verdad».

El obispo recordó que «por fidelidad al servicio de la verdad, Benedicto XVI tuvo que afrontar los principales problemas de la Iglesia en aquellos momentos. Gente de dentro y de fuera de la Iglesia criticó su forma de gobierno, sin percatarse de que las decisiones las tomaba con prudencia y respeto hacia las personas y, al mismo tiempo, buscando la verdad. Su amor a la Iglesia le proporcionó gran sufrimiento». A lo que añadió: «debo confesar que me dolía mucho la crítica contra él de que era duro, intolerante, intransigente; cuando, en realidad era una persona delicada, respetuosa, transparente, amable, como tantas veces pude experimentar en el trato personal».

Finalmente, Mons. Catalá señaló que, «su pontificado ha estado marcado por el anuncio del Evangelio en toda su verdad, la atención a los más necesitados, la cercanía con las personas sufrientes y la guía espiritual como pastor de la Iglesia universal, siendo “humilde servidor de la viña del Señor”, tal como él mismo se definió», invitando a los presentes a rezar como él mismo pidió en su testamento espiritual «para que el Señor, a pesar de sus pecados, lo acogiera en la morada eterna».

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Adoración al Rey de Reyes en el Santuario de la Patrona de Cádiz

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Como es de costumbre, tras la cabalgata del 5 de enero, sus Majestades los Reyes Magos de Oriente junto a la Estrella de Oriente, se hicieron presentes en el Santuario de la Santísima Virgen del Rosario, Patrona de Cádiz, para adorar al Niño Dios, y así despedirse de una manera más cercana de todos los niños de Cádiz, antes de comenzar el duro trabajo de recorrer todas las casas durante la madrugada del 6 de enero.
Una celebración llena de magia, presidida por el obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza quien estuvo acompañado de multitud de fieles que acudieron para adorar al Rey de Reyes junto a sus Majestades los Reyes Magos de Oriente.

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PALABRA DE VIDA. Monseñor José Rico Pavés : “la Fiesta del Bautismo del Señor cierra y abre a la vez: cierra el tiempo de Navidad, abre el curso ordinario del año litúrgico; cierra la contemplación de la infancia de Jesús, abre el conocimiento de su vida y misión; cierra el reconocimiento de lo oculto, abre la constatación de lo manifiesto”

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​El final de la Navidad se ha manifestado inesperadamente intenso. La muerte del Papa emérito Benedicto XVI el último día del año nos ha dejado el testimonio de quien entendió sus últimos años, no como la preparación de un fin, sino de un encuentro. Con el Testamento vital, publicado en la tarde de su muerte, hemos recibido su última exhortación: ¡Manteneos firmes en la fe! ¡No os dejéis confundir! ¿Cómo no dar gracias a Dios por la vida y el ministerio de Benedicto, por su magisterio y servicio humilde a la fe del Pueblo de Dios, especialmente a la fe de los sencillos? Uniendo nuestras voces para pedir por su eterno descanso, hemos descubierto la belleza de la vida y de la comunión que nos trae el Salvador, a Quien adoramos hecho Niño en Belén. 

​Es esta salvación, manifestada al mundo, la que nos pide acoger las celebraciones que cierran la Navidad. Desde antiguo, la Iglesia ha visto el bautismo de Jesús en el Jordán, cuya celebración cierra el tiempo navideño, en estrecha relación con la adoración de los Magos y con el episodio de las Bodas de Caná, donde Jesús realizó el primero de los milagros. La liturgia desvela el vínculo que une estos tres acontecimientos de la vida de Cristo y nos introduce, como si de una sola jornada se tratara, en el hoy eterno de la manifestación al mundo del Salvador: “Hoy la Iglesia se ha unido a su celestial Esposo -proclama la liturgia al finalizar la Navidad-, porque, en el Jordán Cristo la purifica de sus pecados; los magos acuden con regalos a las bodas del Rey, y los invitados se alegran por el agua convertida en vino”. La adoración de los Magos, el Bautismo en el Jordán y las Bodas de Caná son la epifanía (manifestación) de Jesucristo como Salvador universal, Hijo de Dios y Esposo de la Iglesia. 

​Como la Liturgia actualiza en el tiempo los misterios de la vida de Cristo, la Fiesta del Bautismo del Señor cierra y abre a la vez: cierra el tiempo de Navidad, abre el curso ordinario del año litúrgico; cierra la contemplación de la infancia de Jesús, abre el conocimiento de su vida y misión; cierra el reconocimiento de lo oculto, abre la constatación de lo manifiesto. Así es la vida nueva recibida en el bautismo: buscar para encontrar y encontrar para seguir buscando. Dejar lo antiguo y recibir en Cristo siempre lo nuevo.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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En los Magos contemplamos la universalidad de la obra redentora y de la salvación de Jesús

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En la solemnidad de la Epifanía, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez ha presidido la celebración eucarística de las 12 en la Catedral de Jaén.

Acompañado por el canónigo, D. Emilio Samaniego y por algunos de los seminaristas, ha celebrado la manifestación de Jesús a los Magos de Oriente y con ella al mundo entero. La celebración ha estado solemnizada por el coro de la Parroquia de San Ildefonso bajo la dirección del canónigo, D. Alfonso Medina

Después de la proclamación del Evangelio de San Mateo se ha leído la calenda, que es el anuncio al pueblo la relación de fiestas móviles del año en curso.

Queridos hermanos:
La gloria del Señor se ha manifestado y se continuará manifestando entre nosotros, hasta el día de su retorno glorioso. En la sucesión de las diversas fiestas y solemnidades del tiempo, recordamos y vivimos los misterios de la salvación. Centro de todo el año litúrgico es el Triduo pascual del Señor crucificado, sepultado y resucitado, que este año culminará en la noche santa de Pascua que, con gozo, celebraremos el día 9 de abril. Cada domingo, Pascua semanal, la santa Iglesia hará presente este mismo acontecimiento,
en el cual Cristo ha vencido al pecado y la muerte.
De la Pascua fluyen, como de su manantial, todos los demás días santos: el Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, que celebraremos el día 22 de febrero. La Ascensión del Señor, que este año será el 21 de mayo.
El Domingo de Pentecostés, que este año coincidirá con el día 28 de mayo. El primer domingo de Adviento, que celebraremos el día 3 de diciembre.
También en las fiestas de la Virgen María, Madre de Dios, de los apóstoles, de los santos y en la conmemoración de todos los fieles difuntos, la Iglesia, peregrina en la tierra, proclama la Pascua de su Señor.
A él, el Cristo glorioso, el que es, el que era y ha de venir, al que es Señor del tiempo y de la historia, el honor y la gloria por los siglos de los siglos.

Homilía

En su homilía, el Prelado jiennense ha reflexionado sobre la universalidad del cristianismo desde el mismo momento del nacimiento del Mesías. En este sentido, ha afirmado que, “la enseñanza central del relato de los Magos de Oriente es la universalidad de la obra redentora y de la salvación de Jesús. El Niño de Belén es el Mesías esperado y el Salvador de todos los pueblos enviado por Dios. Ha sido enviado por el Padre a todas las razas, culturas, territorios, en todos los tiempos y lugares de la historia. Jesús, como Hijo de Dios hecho hombre, es el Salvador de la humanidad entera”.

De igual modo, ha querido incidir en el significado profundo de la adoración de los Magos. “Los Magos de Oriente, representan también y simbolizan lo bueno que nace y crece fuera del cristianismo (otras ciencias, religiones, culturas). Su ciencia en la verdad y sus buenos valores les acercan a Cristo, son semillas del Verbo. Sin embargo, el encuentro y la adoración de Cristo será el coronamiento y la salvación de toda su humanidad. Todo lo bueno y lo recto de todas las culturas son preparación para el Evangelio. Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, es la consumación y la salvación de todo y de todos”, ha apostillado.

Su predicación ha finalizado resaltando la universalidad de la fe y el plan salvífico de Dios con el género humano. “Hoy acogemos al salvador de la humanidad, oramos con Él y en Él, para que todos los pueblos de la tierra lo conozcan y lo reconozcan como Hijo de Dios y Salvador de los hombres, para que todas las religiones y todas las culturas vean en Él no una amenaza sino su propia plenitud y salvación”.

Don Sebastián ha impartido la bendición solemne y ha ofrecido el Niño Dios a los fieles congregados para su adoración.

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“Llevemos la luz de Cristo a todos los hombres y mujeres”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo coadjutor de Granada, en la Eucaristía en la Epifanía del Señor, el 6 de enero de 2023, en la S.I Catedral.

Queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y hermanas:

Feliz día de Reyes. Feliz día de la Epifanía del Señor.

Este día, dentro de la Navidad, nos ha pasado una cosa: que nos hemos olvidado un poquito del sentido litúrgico y del sentido profundo de este día. Y no digo que lo hayamos infantilizado, porque siempre acordarse de los niños y poner en este día, tomando pie de esos obsequios que le llevan a Jesús estos Magos, estos hombres especiales que vienen de Oriente, pues es muy bonito. Esta tradición, y además muy cristiana, y además muy humana, de expresar, unos a otros, a través del regalo de una ofrenda, nuestro cariño, nuestro aprecio; y si lo hacemos con los más pequeños, pues mucho más. Pero los Magos no son una cosa de Walt Disney. No son una cosa de cuentos. Y no nos podemos dejar llevar tampoco en este día simplemente del consumo. Tenemos que tener detalles. Los más mayores nos acordamos cómo eran nuestros reyes, con qué sencillez, incluso nos guardaban los juguetes de un año para otro, nos los sacaban y luego los recogían cuando pasaban unos días, y hasta el año que viene. Y volvíamos luego a nuestros juegos, que eran los juegos estacionales, los juegos según la temporada. Pero vivimos en esta sociedad nuestra, hoy, cuando, por ejemplo, la Primera Comunión, aquello parece una lista de regalos de bodas. Y los niños, quedan saturados. Pero está bien que regalemos y que tengamos muy presente a los niños en este día. Pero, sobre todo, para pedir al Señor por ellos, por los más pequeños, para que el Señor los proteja, los cuide; para que los mayores los protejamos, los cuidamos y, sobre todo, para que no sólo les demos cosas, sino que nos demos a nosotros mismos. Que los padres se den a sí mismos. El mejor regalo para unos críos es el regalo de una familia unida; es el regalo del cariño de sus padres; es el regalo del hogar; es el regalo de la unidad y del seno en el que crecer, y de formarse y aprender todas esas virtudes que sólo se adquieren en el ámbito del hogar, donde, como decía san Juan Pablo II, somos valorados, no por lo que tenemos, sino por lo que somos. Incluso, es más querido, más protegido, más cuidado quien más lo necesita. Esta fiesta, que tiene esa profunda raigambre familiar e infantil, pero no nos quedemos ahí.

Esta fiesta tiene un sentido litúrgico de la Navidad y es la Epifanía: la manifestación de Dios a todos los pueblos en la figura de los Magos. Y por eso, la oración colecta que hemos dirigido a Dios y que será la que recoja las intenciones de la Iglesia en todas las celebraciones litúrgicas de hoy Le hemos dicho al Señor Dios, que ha llevado todo al conocimiento de Jesucristo a los pueblos gentiles por medio de una estrella, concede a los que ya Te conocemos por la fe llegar un día a contemplar la hermosura infinita de Tu Gloria. Fijaros qué cosa más bonita Le hemos pedido al Señor hoy. Dios se ha manifestado a todos los pueblos y eso es lo que hoy celebra la Iglesia, que la fe, que la vida cristiana, que la salvación, no sólo es de unos pocos, no es sólo del pueblo de Israel, es de todos los pueblos. Dios quiere que todos los pueblos –nos dice la Sagrada Escritura- se salven y lleguen al conocimiento de la Verdad. El corazón de Dios no sabe de fronteras. Y eso es lo que expresa la Iglesia con su catolicidad, con su universalidad. Y entonces, todos estamos llamados. Dios llama a todos los hombres. Dios no hace acepción de personas. Esa universalidad de la salvación que después San Pablo en la Carta a los Efesios, que hemos escuchado un fragmento, nos dice que se ha revelado el Misterio de Dios en Su Hijo Jesucristo y Él lo lleva a los gentiles. Él lo proclama a los que no son judíos. Y ahí estamos todos. Y todos hemos llegado al conocimiento de Cristo. Luego, este es un día de la universalidad de la fe, de la universalidad de la salvación. En estos hombres peculiares, vemos estos Magos, estudiosos de las estrellas, que, a través de una tradición y a través del seguimiento de los astros, ellos descubren la aparición de una estrella nueva; hay unos hombres inquietos, y el ser humano es un ser inquieto.

Y por eso, en nuestra época, en que tan plano estamos muchas veces, en que el sentido de Dios se ha obviado y que vivimos de tejas para abajo, en esta sociedad del bienestar en que sólo nos preocupamos de una visión muchas veces sólo superficial de la vida, del comamos y bebamos que mañana moriremos y la paz; en este nihilismo ambiental, en este secularismo, que ha quitado de esta dimensión trascendente, todo lo que sobrepase a la muerte y sólo trae en el tener, en el vivir bien, pues, entonces, qué bien nos viene mirar a estos Magos de Oriente, a estos buscadores de Dios, en definitiva. Y el ser humano es el ser que pregunta, es el ser que quiere, es una pregunta andando en la historia personal y colectiva. Y la humanidad ha recorrido la Historia acumulando saberes que han beneficiado a los que vienen detrás. Y el ser humano es pregunta. Somos preguntas permanentemente. Preguntamos por las cosas, porque somos seres que no sólo buscamos medios de vida, sino las razones por las que vivir. No nos basta hacer cosas, no nos basta sobrevivir, no nos basta tener el estómago lleno, no nos basta tener. Necesitamos saber el porqué, de dónde venimos, a dónde vamos, cuál es el sentido de nuestra vida, en qué merece la pena los esfuerzos. El ser humano, ya se ve desde un niño, es alguien que pregunta, que pregunta. Y así es toda nuestra historia personal y la historia de la humanidad. Y ésa es la historia del pensamiento humano, de lo que quiere y de lo que pregunta. Pues, estos hombres son los seres humanos, deseosos de saber, de trascender, de buscar el sentido a los astros, a lo físico, de no quedarse en las cosas, de no quedarse en cómo se utilizan, de no quedarse en lo instrumental, buscan el sentido y buscan sobre todo a Dios. Y Dios que puede ser rastreado, como nos dice San Pablo en la Carta a los Romanos, a través de las cosas creadas, a través de la belleza de la Creación, a través de las maravillas, cuando hay un corazón limpio y unos ojos que saben rastrear a Dios en las cosas, y no se queda en las cosas, sino que busca al Dios que las ha creado, que ha hecho maravillas. Y estos Magos preguntando. Buscan y encuentran a Jesús. Y les lleva esa estrella hasta Jesús. Y preguntan y se equivocan. Preguntan mal, preguntan a quien no deben. Y vemos también cómo en medio de esta historia, que nos ha narrado San Mateo, hay también un personaje que no busca el bien, que no busca la verdad, que se busca a sí mismo, que busca el poder a costa de lo que sea como celebramos el Día de los Santos Inocentes.

Y eso es también la historia humana. Y cuando nos quedamos en las cosas, cuando nos quedamos en el poder, cuando nos ensimismados, cuando el egoísmo ocupa nuestra primera escala de valores, cuando Dios está ausente y el sentido de la vida, y sólo el tener y el poseer, nos dejamos. ¿Qué ocurre después? Que vemos que estos Magos descubren de nuevo la estrella y se alegran. ¿Y donde les lleva? Les lleva a Jesús, les lleva a la pobreza de Belén, le lleva a descubrir en aquel niño inerme el Misterio del Dios Revelado. ¿Y qué le ofrecen? No le ofrecen cosas, no le ofrecen una vajilla, no le ofrecen pañales, no le ofrecen cosas que hubiesen sido necesarias. Primero -nos dice el evangelista- que se arrodillan. Se arrodillan, porque lo reconocen como Mesías, como Dios, y le ofrecen oro como Rey, dice la Tradición. Le ofrecen incienso, como a Dios. Le ofrecen mirra, con la que el cuerpo es preparado para la sepultura y que recuerda la cruz. Es su condición humana. Y nos está mostrando ese inclinarse de esos hombres buscadores de la verdad antes de Dios.

Queridos hermanos, nosotros también necesitamos mantener viva esa inquietud y necesitamos presentar a Jesús a los demás, a la gente buena, a la gente que busca el sentido de su vida, a la gente que no sólo se preocupa de tener. Está en el corazón de todas las personas. Hay un sentido de Dios. Lo que pasa es que los cristianos estamos muy apagados. Los cristianos estamos muy ensimismados. Y tenemos que anunciar a Jesucristo con un consejo, con el ejemplo, con una intuición que hacemos y que manifestamos a los otros. Pero está. Ser anunciadores de Cristo. Llevar a la gente a Cristo. Que nosotros también seamos luz de estrella para los demás. Jesús nos ha dicho en el Evangelio: “Vosotros sois la luz del mundo, y no se enciende una luz para ponerla debajo del celemín, sino para ponerlo sobre el candelero que alumbre a todos los de la casa”. Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre del Cielo. Cuando nos bautizaron, se nos encendió la vela del cirio pascual. Recibid la luz de Cristo. Caminad como hijos de la luz.

Queridos hermanos, llevemos la luz de Cristo a todos los hombres y mujeres de buena voluntad, a todos los deseosos de Dios, en el fondo, a todas los personas que conozcamos, que buscan el sentido de la vida y que un día plenamente lo descubriremos. Esa belleza infinita de la Gloria de Dios. Porque ya las respuestas ya no las necesitaremos. Porque Dios mismo es la Respuesta. Ya no necesitaremos rastrear la belleza, porque estaremos ante la Belleza suprema. Y sobre todo, estaremos ante Aquél que confesamos como el amor a María, que mostró a los Magos de Oriente, a esos buscadores de Dios, a Jesús, como le decimos también en la Salve: “Muéstranos a Jesús. El fruto bendito de tu vientre”.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo coadjutor de Granada

6 de enero de 2023
S.I Catedral

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El obispo de Almería visita la Comunidad Terapéutica “La Quinta” de la Asociación NOESSO

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En medio de un sol deslumbrante, en plena naturaleza, al aire libre, tuvo lugar el encuentro en el que D. Antonio, acompañado por el director de la Asociación, Juan Sánchez, aprovechó para hacer balance y agradecer el esfuerzo realizado durante más de tres décadas de acogida y tratamiento de personas con problemas de adicciones.

La Iglesia en el lugar que le corresponde

La visita sirvió, en primer lugar, para hacer memoria y conectar a aquel grupo de personas  residentes y profesionales, asombradas por el hecho de que el obispo se interesara por ellas, con los orígenes de la entidad que hoy les acoge.

Juan Sánchez, fue el encargado de recordar que a finales de los años 80, el entonces obispo de Almería, D. Manuel Casares, le enviaba al El Ejido, recién ordenado, con la encomienda de que la Iglesia estuviera presente y comprometida con las personas más vulnerables.

Pronto fueron apareciendo y ganando protagonismo esas personas en situación de exclusión en medio de una sociedad que crecía y experimentaba un desarrollo exponencial. El consumo de heroína y otras drogas empezaba a hacer estragos entre jóvenes indefensos  y con demasiado dinero en el bolsillo. La alarma social y el sufrimiento de padres y madres que no encontraban respuesta para sus hijos e hijas llamaron a las puertas de Iglesia. De allí saldría un grupo de personas vinculadas a Cáritas y a las comunidades cristianes de todo el Poniente, sin medios ni experiencia, que respondieron: “no estáis solos”.

Con su presencia en la Comunidad Terapéutica, 33 años después, D. Antonio, estaba recogiendo el testigo y dando continuidad a “una Iglesia que está en el lugar que le corresponde”, según sus propias palabras, al lado de las personas que luchan por una vida digna.

Un encuentro protagonizado por las historias de las personas residentes

A lo largo del encuentro cada una de las personas tuvieron ocasión de presentarse y en reiteradas ocasiones manifestar su agradecimiento por la oportunidad que el Programa les ofrece.

D.Antonio, por su parte, aprovechó la ocasión para animar y felicitar por el esfuerzo que están poniendo para ganar en salud, en autonomía y calidad de vida.

En nombre de NOESSO, su director agradeció la visita, las palabras de aliento y el respaldo que supone la presencia del obispo en uno de sus centros.

NOESSO una Asociación que ha ampliado su campo de actuación

Con el paso de los años la Asociación NOESSO ha ampliado de manera significativa sus ámbitos de actuación. Actualmente cuenta con tres Áreas, una específica para la prevención y tratamiento de adicciones, otra para la inclusión de jóvenes con dificultades, y otra destinada a la inserción laboral de personas desempleadas.

En el pasado año, más de 3000 personas fueron atendidas en alguno o varios de sus programas y centros.

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