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“Anunciadores de Él, llevando, como Jesús, el Evangelio en el aquí y ahora”

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Homilía de D. José María, arzobispo coadjutor, en la Eucaristía celebrada en la Catedral en el III Domingo del Tiempo Ordinario, Domingo de la Palabra de Dios, el 22 de enero de 2023.

Queridos hermanos, sacerdotes concelebrantes;
queridos hermanos y hermanas:

Ese aleluya nos ayuda a interiorizar mejor la paz de Dios en este Domingo de la Palabra. El Papa Francisco ha querido que tomemos conciencia los católicos de la importancia de la Palabra de Dios. Tenemos una gran devoción eucarística. Tenemos una gran devoción, sobre todo en Granada, tanto en Eucaristía como a Nuestra Señora, su Inmaculada Concepción. Pero, queridos hermanos, la Palabra de Dios tenemos un déficit. Sólo nos limitamos muchas veces a escucharla en el templo cuando venimos el domingo y seguro que ya el martes estas cabezas ya no recuerdan lo que hemos escuchado el domingo en la Palabra de Dios. Nos damos como “dosis”.

Pero, al acercarnos a la Palabra de Dios, veis que el sacerdote besa el Evangelio. Hay 3 besos fundamentales en la celebración eucarística. El primero al altar, que simboliza a Cristo, a la llegada y de saludo. Después, a la Palabra de Dios, con la que somos bendecidos al ser proclamada en la liturgia. Como nos dice el Concilio Vaticano II, no es el relato de un acontecimiento pasado sin más; no es el recuerdo de una historia que pasó, o una serie de consejos que se nos da de un libro sapiencial o de anuncios que ya se cumplieron, sino que es Dios quien nos habla en nuestras circunstancias. “Lámpara es tu Palabra para mis pasos. Luz en mis senderos”, dice la Sagrada Escritura y la Palabra de Dios. Y luego, hay otro beso, que es cuando ya se despide el sacerdote al besar el altar. Por eso, es la veneración que tenemos que temer a la Palabra de Dios. Tenemos que meterla más en nuestra vida. No sólo tener la Biblia en casa. Claro que hemos de tener la Biblia en casa. Pero, sobre todo, que esa Biblia que usemos o que ese Nuevo Testamento que forme parte de nuestros libros de lectura, nuestra mesilla de noche y nos sirva para hacer oración un rato. O esas ediciones que hay que trae el Evangelio de cada día, de la Misa de cada día que nos va dando como el tono para vivir espiritualmente ese día que comienza, o ese día que ha transcurrido, y podamos tener de ahí el material para hablar con el Señor y conocer la vida de Cristo, conocer Su mensaje, conocer lo que han dicho los profetas; conocer, en definitiva, lo que Dios nos ha revelado. Y como nos dice la Carta a los Hebreos: “Así comienza Dios, habló de muchas maneras a nuestros padres por los profetas. Ahora en esta etapa final nos ha hablado por Su Hijo Jesucristo”. Es Jesucristo el que nos ha hablado y nos ha mostrado el Rostro de Dios.

Por tanto, los cristianos no podemos contentarnos con saber unas cositas sobre Jesús que escuchamos en la catequesis y que la dejamos ya distante en el tiempo, en la Primera Comunión o en la Confirmación. Si no que tenemos que tener la Palabra de Dios. No es cuestión de que nos sepamos el número del versículo, o del capítulo, sino que sepamos y podamos conocer la Palabra de Dios de primera mano. Y a esto os invito: recuperar la importancia de la Palabra de Dios en vuestras vidas. Dedicarle un tiempo. Y además, son tan baratas las ediciones, una de bolsillo, algo que nos ayude a llevar siempre consigo y a tener como libro. ¿Qué pediría el Señor en esta circunstancia y en esta escena del Evangelio? ¿Cómo lo puedo yo aplicar a mi vida esto que me pasa? Pues, ¿cómo lo puedo hablar con el Señor? Hacer esa lectio divina, esa lectura divina a través de la Palabra de Dios, que es lo que constituye la primera parte de la Eucaristía, en la Mesa de la Palabra, donde es proclamada. Orar con la Palabra de Dios, con los Salmos y la liturgia de las Horas. Pues, tomar conciencia e importancia de la Palabra de Dios en nuestra vida, de la Sagrada Escritura, y animar a que conozcamos más la Palabra de Dios, que es conocer a Dios. San Jerónimo decía que “desconocer las Escrituras es desconocer a Cristo”. Y a veces, los cristianos no sabemos mucho más de Cristo que lo que nos da para un telegrama o para un twitter. Tenemos que saber mucho más de Cristo. Porque en la medida en que Le conozcamos más, Le queremos más y Le daremos a conocer mejor.

Pero decía que concurre en este día, en este domingo, otro motivo importante para los cristianos. Estamos en la Semana de oración por la unidad de los cristianos. La unidad de los cristianos la pide Jesús. Y vemos que nos relatan los Hechos de los Apóstoles que vivían unidos los primeros cristianos. Pero, después, empiezan a aparecer las divisiones que persisten. Y vemos cómo San Pablo, hemos escuchado en la Segunda Lectura, amonesta a los fieles de Corinto diciéndoles que ¿está dividido Cristo? No. No podemos decir “yo soy de Pablo” y “yo soy de Apolo”, y yo de uno y yo de otro. Y es una realidad que los cristianos estamos divididos y, lógicamente, esto influye en que mucha gente no crea, que mucha gente vea que nuestra vida y la única Iglesia de Cristo está partida; está partida por particularidades, por tradiciones y cada uno ha tirado por su lado. Pero vemos que la unidad también es un déficit en nuestro mundo. Muchas veces, en nuestra vida personal, por una parte van nuestras buenas intenciones y, por otro lado, nuestra vida. No hay un unidad vida. Por otro lado, en las familias, vemos familias desunidas, rotas, incluso el lazo sagrado de la unión matrimonial roto. Y es más fácil romper un matrimonio que cambiarse de teléfono. Y cuando esto ocurre, pues, lógicamente, esa fractura se nota, se nota en los hijos. Sabemos que hay detrás dolor, que hay detrás circunstancias, pero falta unidad. Falta unidad también en nuestra sociedad. Vemos que muchas cosas que podríamos afrontar unidos y salir adelante, vemos que no salen porque cada uno tira por su cuenta. Vemos esa división, esa polarización también en nuestra vida social y política en nuestro país. Cada uno por un lado, enfrentamientos verbales, el lenguaje de contrincantes y con lo cual no contribuye a la convivencia social, sino que crea un clima de crispación y de polarización.

Y lógicamente, así no se consigue como país, como nación, proyectos comunes que vayamos, sino una especie de alternancia “ahora lo mío, ahora lo tuyo”. Y así estamos. Tenemos que buscar la unidad, la unidad de nuestra patria, la unidad de nuestras familias, la unidad de nuestra provincia, de nuestra ciudad, porque así conseguiremos. Lo hemos experimentado durante la pandemia que la dificultad, la contrariedad, el dolor, la enfermedad ha hecho que cuando estemos unidos sí salimos adelante. Es una lección que tenemos que aprender. Pero no esperar a los momentos difíciles o de catástrofe para unirnos, sino que la unidad tiene que formar parte. También en la Iglesia. Muchas veces, vamos divididos por sensibilidades; cada uno tira por su cuenta, sin que hubiese unidad en torno al único Pastor. En nuestra Iglesia diocesana, en nuestra Iglesia, es la Iglesia Católica muchas veces. Ataques al Papa, críticas al Papa. Pero, ¿esto qué es?

Y entonces, tenemos que recuperar el sentido de unidad y el sentido de unidad con los que creen en Cristo, ese camino sabiendo que no es una conquista humana, sino que es un don de Dios. Y por eso, Jesús lo pide. Jesús lo pide: “Padre, que sean uno para que el mundo crea como Tú y yo somos uno”. Que sean uno para que el mundo crea. Y esto es importantísimo. Y el Papa está trabajando con toda esa labor ecuménica y abrazando a todos los hermanos, pero manteniendo la identidad católica y de la identidad de la Iglesia que trae la Tradición de la Iglesia de Cristo. Pero ahí, en las otras confesiones hay también rastros y hay también realidades que son de Cristo. Y reconocerlas y pensar más lo que nos une que lo que nos separa es ir dando pasos con la ayuda del Espíritu Santo y que nos trae la Palabra de Dios hoy también.

Dejemos que Jesús, después de ser bautizado, después de que Juan lo bautiza, arrestan a Juan, y Jesús, al enterarse de esto, había bajado a Nazaret y había predicado en su pueblo, casi lo apedrean, y había estado en las bodas de Canaán, donde produce el milagro de la conversión del agua en vino; pues, Jesús se va a Galilea. A Galilea, que era como una zona medio pagana para los judíos. Era una zona próspera en torno al lago de Genesaret. Y se va a Cafarnaúm, donde Jesús establece precisamente su cuartel general. Es desde allí donde realiza fundamentalmente su vida pública. Y para un judío era un territorio no muy bien visto, “Galilea de los gentiles”. Allí, en esa ese lugar, el profeta Isaías nos dice que apareció la luz. “Brilló en las tinieblas la luz”. Y la luz es Cristo. Y es el que enciende los corazones. Es el que lleva el Evangelio, como hemos escuchado que nos ha relatado San Mateo, escribiéndonos la acción de Cristo y la misión de Cristo que anunciaba el Evangelio y predicaba el Reino de Dios. Pero, para ello, escoge a unos hombres, como nosotros, o mejor nosotros como ellos, con defectos, pero que siguen a Jesús, que se fían de Jesús. Y hemos visto esa lección de los apóstoles. Jesús quiere contar con nosotros para anunciar el Evangelio. Jesús quiere que le ayudemos en la transformación del mundo. Jesús nos ha hecho a nosotros luz del mundo. “Vosotros sois la luz del mundo”, nos ha dicho. Y nos hemos encendido de Él, que es la Luz del mundo. “Yo soy la Luz del mundo -dice Jesús-. El que me sigue no caminará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”.

Pues, queridos hermanos, no seamos cristianos apagados. No seamos cristianos que guardamos la luz para nosotros solos. El cristianismo no es un asunto privado. Es para llevarlo y transformar nuestra sociedad, en esta “galilea” que hoy nos toca a nosotros, en esta sociedad contemporánea, donde hay gente que no cree, donde hay gente secularizada, para llevar la luz de Cristo. No nos contentemos, por tanto, con un cristianismo cómodo; con un cristianismo de ir tirando, sino que tengamos, a pesar de los pesares, de nuestra debilidad, como los propios apóstoles, esa capacidad de dejar tantas cosas que nos estorban para anunciar a Jesucristo y anunciándolo con el testimonio, con nuestro ejemplo, con nuestra vida cristiana coherente. Luego, estos motivos que hoy nos unen en esta celebración del Domingo de la Palabra, de la unidad, como nos ha pedido San Pablo, que tengamos un mismo pensar, un mismo sentir, que estemos unidos, que vivamos esa unidad entre los cristianos y, al mismo tiempo, que seamos anunciadores de Jesús en nuestro mundo, llevándola luz de Cristo.

Que Santa María, que dio a luz a Cristo, también nos encienda a nosotros. Nos encienda, para que seamos anunciadores de Él, llevando, como Jesús, el Evangelio en el aquí y ahora de nuestros sitios donde vivamos, siendo especialmente sensible a las necesidades de los demás. Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo coadjutor

22 de enero de 2023
Catedral de Granada

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Homilía del obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, en la fiesta de San Sebastián

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“Este santo luchó hasta la muerte en defensa de la ley de Dios y no temió las palabras de los malvados: estaba cimentado sobre roca firme” (Antífona de entrada para un mártir). Así se introducen las oraciones en la fiesta de un mártir en el Misal Romano.

Efectivamente, san Sebastián, el patrón de nuestra ciudad de Huelva, que hoy nos reúne, luchó hasta la muerte en defensa de la ley de Dios. Las actas de su pasión nos trazan el perfil de este joven, nacido en Milán de padres cristianos, como un modelo de soldado que, sin sentirse atraído por la carrera militar, se había enrolado en la guardia del emperador Maximiano (cogobernante del imperio con Diocleciano) en Roma, para ayudar a los cristianos arrestados en la persecución desatada contra ellos. Y también llegó la hora para este capitán defensor de los mártires. Condenado en el tribunal del emperador, fue martirizado herido por las flechas y dado por muerto. Sin embargo, fue recogido por una viuda que, curándolo en su casa, logró que se restableciera de las heridas. Pero el valiente militar, conociendo las palabras de Jesús, que hemos escuchado en el Evangelio, “No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mt 10,28), se presentó de nuevo al emperador para echarle en cara su crueldad persecutoria, sufriendo así un nuevo y definitivo martirio. Su cuerpo fue enterrado el 20 de enero del año 288 en las catacumbas.

La historia de san Sebastián y la realidad del martirio a lo largo de los siglos nos permite tomar conciencia de que es difícil que puedan darse las circunstancias necesarias para una relación armoniosa y sin dificultades entre la Iglesia y el mundo. Con frecuencia, el anuncio del Evangelio no puede efectuarse sin conflictos, como tampoco pudieron evitarlos San Sebastián y todos los mártires a lo largo de la historia del cristianismo. Hemos escuchado en la primera carta del apóstol Pedro: “Si, (además,) tuvierais que sufrir por causa de la justicia, bienaventurados vosotros. Ahora bien, no les tengáis miedo ni os amedrentéis (…) dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia” (1 Pe 3, 14-16).

San Sebastián fue testigo de la fe en el siglo III ante los emperadores de Roma. El tiempo y las circunstancias de nuestro testimonio son las de hoy. La descristianización de nuestra cultura, de las formas de entender la vida, comporta también un oscurecimiento del sentido moral (cf. Veritatis Splendor, 106). Los desbarajustes de la vida pública proceden del desorden del alma.

Cuando le preguntan a Jesús cuál es el mandamiento más importante, responde el amor a Dios y el amor al prójimo (cf. Mc 12,29-31; Mt 22,34-40; Lc 10,25-28). Y los Diez Mandamientos de la Ley de Dios (cf. Ex 20p,2-17; Dt5,6-21), enuncian y concretan las exigencias del amor a Dios y al prójimo, señalando no solo actitudes generales sino también comportamientos y actos concretos.

La tarea de la Iglesia comporta entre otras cosas hacer una propuesta moral, para contribuir a construir una sociedad honesta, justa y solidaria. Particularmente, es preciso anunciar el Evangelio de la vida, campo ineludible para el testimonio cristiano en nuestros días. En el contexto del debate sobre el aborto recientemente intensificado, cuando también se cambia la ley estatal para hacerlo todavía más fácil, restringir la objeción de conciencia de los médicos e impedir la información a las madres gestantes sobre otras propuestas para afrontar el embarazo y la problemática de todo tipo que estas mujeres pueden estar viviendo; en estas circunstancias ni los pastores ni los fieles podemos mirar para otro lado, como si esto no fuera con nosotros.

Por esta razón quiero recordar hoy la doctrina moral de la Iglesia sobre el aborto. Leo del Catecismo de la Iglesia Católica, enunciado cabal de la identidad cristiana, explicando el quinto Mandamiento: No matarás, dice:

La vida humana debe ser respetada y protegida de manera absoluta desde el momento de la concepción. Desde el primer momento de su existencia, el ser humano debe ver reconocidos sus derechos de persona, entre los cuales está el derecho inviolable de todo ser inocente a la vida (cf Congregación para la Doctrina de la Fe, Instr. Donum vitae, 1, 1). (2270)

Desde el siglo primero, la Iglesia ha afirmado la malicia moral de todo aborto provocado. Esta enseñanza no ha cambiado; permanece invariable. El aborto directo, es decir, querido como un fin o como un medio, es gravemente contrario a la ley moral. (2271)

La cooperación formal a un aborto constituye una falta grave. La Iglesia sanciona con pena canónica de excomunión este delito contra la vida humana. (…) Con esto la Iglesia no pretende restringir el ámbito de la misericordia; lo que hace es manifestar la gravedad del crimen cometido (…). (2272)

El derecho inalienable de todo individuo humano inocente a la vida constituye un elemento constitutivo de la sociedad civil y de su legislación (2273). Hasta aquí el texto del Catecismo.

El movimiento abortista tiene especial interés en relegar los descubrimientos científicos referidos al inicio de la vida humana. Desde la aprobación del aborto en 1985, los conocimientos sobre el ADN, las ecografías 3D, 4D y 5D permiten afirmar aún con más contundencia que negar que existe una nueva vida en el seno de una mujer embarazada desde la concepción es irracional, y afirmar un supuesto «derecho a decidir sobre el propio cuerpo» es una falacia.

Como decimos en el Instrumento de trabajo pastoral sobre persona, familia y sociedad, que los Obispos españoles acabamos de ofrecer a la Iglesia y a la sociedad, la ideología proaborto genera una praxis ultra individualista basada en el poder absoluto del individuo. La proclamación del aborto como derecho es una reivindicación del «yo» como único criterio. El aborto no es derecho a elegir, sino poder de prevalecer. Contra la filosofía de la persona como ser-en-relación, el aborto refuerza la vieja doctrina del ego individualista que, en círculos más amplios, contribuye también a provocar la precarización laboral, el debilitamiento de las comunidades humanas y la destrucción medioambiental. (nº 42, Cf. 46, 63, 77, 79, 90-93).

Pero no basta solo la queja por lo que ocurre alrededor, es preciso hablar también con los hechos para transformar y mejorar lo que está a nuestro alcance:

Es ineludible el compromiso público de los seglares cristianos ante los grandes desafíos actuales provocados por las leyes referidas a la vida, a la persona y a la familia.

Es necesario implementar políticas públicas para atender las condiciones laborales y las dificultades de acceso a la vivienda, que generan incertidumbre respecto al futuro de muchas mujeres y familias.

También, es imprescindible acompañar esa acción pública con compromisos a favor de las personas directamente afectadas, sobre todo de las mujeres embarazadas que sufren alrededor nuestro. Hemos de conjugar la acción institucional contra leyes injustas con la acogida de cada persona y la afirmación de su dignidad, sea cual sea su condición o situación.

Es necesario trabajar por una cultura política en la que sean posibles los pactos, especialmente un «pacto por la natalidad y la repoblación».

Es preciso buscar el diálogo racional para llegar a acuerdos posibles, buscando el bien común.

Es imperioso comprometerse a no usar estos temas tan graves y trascendentales para el presente y el futuro de la sociedad como arma arrojadiza, expuestos ante los medios de comunicación para conquistar adeptos, votantes o consumidores.

Pidamos al Señor que, celebrando a nuestro patrón san Sebastián, nos mantengamos siempre unidos en el amor de Dios, y con la ayuda de su intercesión caminemos a la luz de la fe en una vida personal, familiar y social renovada.

Santísima Virgen María, reina de los mártires, ruega por nosotros.

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Cristina Manzanedo: “Europa es y será mestiza”

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El pasado martes 17 de enero, el Servicio Jesuita a Migrantes (SJM) organizó una interesante charla-coloquio con la abogada Cristina Manzanedo, dentro de su ciclo de actividades de sensibilización en torno a la migración y el refugio. Acompañada en el diálogo por el jesuita Daniel Izuzquiza, Manzanedo presentó las dinámicas y tendencias actuales en un mundo de fronteras borrosas. Y lo hizo de un modo claro e interpelador, lleno de compromiso personal y de rigor intelectual, de pasión y de razón.

Comenzó desgranando las diferencias entre los migrantes y los refugiados, amparados en el derecho internacional de asilo y a quienes estamos obligados a acoger. A la vez, destacó que las diferencias entre ambos grupos se diluyen, al aparecer los refugiados “de facto”, las diversas poblaciones con derecho protección (víctimas de trata y menores, por ejemplo), los desplazados climáticos, los migrantes forzosos en situación irregular y, en particular, la existencia de flujos mixtos.

Las fonteras son borrosas en otro sentido, pues van más allá de una línea en el mapa o de un puesto de control fronterizo. Hay fronteras administrativas, de explotación económica, de segregación social, de incomprensión cultural, de falta de integración. El reto personal aquí consiste en analizar nuestros propios muros interiores y superar las fronteras que nos atraviesan, para abrirnos a la “cultura del encuentro” que tanto subraya el papa Francisco.

De hecho, experimentamos que las migraciones nos enriquecen. Nuestra sociedad (y nuestra Iglesia) es y será mestiza, plural y diversas. Necesitamos reivindicar y cultivar un discurso de riqueza, esperanza y diversidad. Frente a los discursos del miedo y del odio, conviene recordar que las sociedades cerradas sobre sí mismas se envilecen, mientras que las que se abren, se enriquecen. En un contexto de polarización creciente, es importante apostar por el diálogo y el encuentro. Frente a unas políticas migratorias obsesionadas con la migración irregular que se han traducido en medidas de control migratorio cada vez más duras, hasta rozar situaciones de violencia e inhumanidad, necesitamos gestionar las migraciones de forma positiva. A largo plazo, nuestro reto y nuestro éxito será la integración, sabiendo que se trata de un proceso bidireccional.

El ciclo sobre migraciones del SJM, en la parroquia de San Ignacio de Loyola (barrio de Piedras Redondas, en Almería) tendrá su próxima convocatoria el viernes 17 de febrero, con la representación de la obra de teatro “Moscas en el paraíso”, escrita a partir de una idea de Juan Sánchez Miranda.

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Festividad de San Francisco de Sales y presentación del Cartel de la Semana Santa 2023 en Iglesia Noticia

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Festividad de San Francisco de Sales y presentación del Cartel de la Semana Santa 2023 en Iglesia Noticia

Podcast del programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 22 de enero, a las 09:45 horas.

En este nuevo programa de “Iglesia Noticia” les hablamos de las celebraciones que tendrá lugar en nuestra diócesis entorno a la festividad de San Francisco de Sales que la Iglesia conmemora el 24 de enero.

Asimismo les informamos de la presentación y exaltación del Cartel oficial de la Semana Santa 2023 que tuvo lugar en el Ayuntamiento de Granada el 14 de enero.

También les contamos la próxima celebración de una nueva convivencia del decenio organizada por la Vicaria para el Clero que será el 23 de enero en Motril y de la conferencia de la enfermera María del Himalaya en Granada que tendrá lugar en la parroquia del Sagrario-Catedral el próximo 28 de enero.

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Juan Diego Tapia ha sido nombrado director adjunto del secretariado de Pastoral Gitana

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Juan Diego Tapia ha sido nombrado director adjunto del secretariado de Pastoral Gitana

El sacerdote Juan Diego Tapia Pérez ha sido nombrado director adjunto del Secretariado de Pastoral Gitana de la diócesis de Guadix. El obispo accitano, D. Francisco Jesús Orozco, ha comunicado este nombramiento el pasado 20 de enero, justificando la necesidad de un secretariado y de un equipo que trabaje en este campo pastoral.

Dice Mons. Orozco en el nombramiento que “en nuestra diócesis es muy importante la presencia de la población de etnia gitana que habita en nuestros pueblos, en algunos de ellos representando más del 50% de la población total. Estas comunidades tienen una forma específica de vivir cultural, social y religiosamente. Por ello, necesitan una atención humana y religiosa apropiada por la Iglesia, que es Madre”
Además, subraya el obispo que “desde hace años, en nuestra diócesis, se está trabajando para acoger y ayudar a las personas de raza gitana, de manera que su inserción en la vida social y cultural resulte mejor”. Y hace alusión a las iniciativas parroquiales y de instituciones de la Iglesia que se vienen llevando a cabo para favorecer la integración de los gitanos, una integración que es riqueza para todos: “ parroquias y comunidades cristianas se han enriquecido en su vida pastoral y litúrgica con la incorporación de las personas de raza gitana”.
Por todo ello, “para potenciar y coordinar todo este servicio pastoral y humano” ,ha nombrado a Juan Diego Tapia director adjunto de este secretariado. Deberá trabajar de manera coordinada y conjunta con el director del secretariado, que es el sacerdote Manuel Requena, párroco de Villanueva de las Torres, Dehesas y Alicún. Juan Diego Tapia es párroco de Pedro Martínez, Alamedilla y Fonelas, lugares donde existe una significativa población de etnia gitana.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Día 5: Cantos de Sion en tierra extraña

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Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. Día 5: Cantos de Sion en tierra extraña

Domingo 22 de enero

Lecturas

Sal 137, 1-4 Quienes nos deportaron nos pedían canciones, alegría quienes nos estaban oprimiendo: «¡Cantadnos un canto de Sion!».

Lc 23, 27-31 Mujeres de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad, más bien, por vosotras mismas y por vuestros hijos.

Reflexión

El lamento del salmista se origina en el exilio de Judá en Babilonia, sin embargo, el dolor del exilio reverbera a través del tiempo y la cultura. Tal vez el salmista lanzó este canto hacia los cielos. Probablemente cada uno de estos versículos hayan sido pronunciados entre profundos sollozos de aflicción. Quizá este poema se escribiera fruto de un encogerse de hombros mostrando la indiferencia del que se ha instalado en la injusticia y se siente impotente para llevar a cabo un cambio significativo. Independientemente de cómo se hayan pronunciado estas palabras, la angustia de este pasaje encuentra resonancia en los corazones de aquellos que son tratados como extraños en otras tierras o en sus propias tierras.

La petición del salmo viene del opresor que reclama que lo haga reír y divertirse, a costa de unos cantos que reflejan un pasado «feliz». Esa exigencia ha llegado también a todas las personas marginadas a lo largo de la historia. Ya sea en espectáculos de juglares, o danzas de geishas, o espectáculos de vaqueros e indios del Salvaje Oeste, los opresores a menudo han exigido que las personas oprimidas actúen felices para garantizar su propia supervivencia. Su mensaje es tan simple como cruel; tus canciones, tus ceremonias, tu identidad cultural, lo que te hace sagradamente único, solo está permitido mientras está a nuestro servicio.

En este salmo se les da voz a las generaciones oprimidas. ¿Cómo podríamos cantar el canto del Señor mientras somos extranjeros en nuestra propia tierra? No cantamos para nuestros captores, sino para alabar a Dios. Cantamos porque no estamos solos, porque Dios nunca nos ha abandonado. Cantamos porque estamos rodeados de una nube de testigos. Los antepasados y los santos nos inspiran. Nos animan a cantar canciones de esperanza, canciones de libertad, canciones de liberación, canciones de una patria donde el pueblo es restaurado.

Unidad cristiana

El Evangelio de Lucas muestra que las personas, muchas de ellas mujeres, siguen a Jesús incluso mientras carga con la cruz hacia el Calvario. Este seguimiento es un discipulado fiel. Además, Jesús reconoce las situaciones difíciles y el sufrimiento que tendrán que soportar por cargar con fidelidad sus propias cruces.

Gracias al movimiento ecuménico, los cristianos de hoy pueden compartir himnos, oraciones, reflexiones y perspectivas a través de sus propias tradiciones. Los acogemos mutuamente como dones que nacen de la fe y del seguimiento que hacen tantos cristianos, en medio de grandes luchas, que pertenecen a comunidades distintas a las nuestras. Estos dones compartidos son riquezas que deben ser atesoradas y dan testimonio de la fe cristiana que compartimos.

Desafío

¿Cómo planteamos las historias de antepasados y santos que vivieron entre nosotros y han cantado canciones de fe, esperanza y liberación desde el cautiverio?

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Caniles celebró a su Copatrón San Sebastián con gran solemnidad

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Caniles celebró a su Copatrón San Sebastián con gran solemnidad

El pasado día 20 de enero, el pueblo de Caniles se volcaba a celebrar su fiesta anual de San Sebastián, con una gran afluencia de personas que llenarían los últimos días de novena y la Misa de la fiesta, en la parroquia de Santa María y San Pedro, de Caniles. Canileros venidos de todas partes, tras tres años de pandemia, acudieron a su pueblo para honrar al que es la gran tradición, tan arraigada de un pueblo con tanta devoción a San Sebastián.

A las once de la mañana del día 20, el párroco, Rafael Tenorio, celebraba la Santa Misa dedicada a San Sebastián y fue concelebrada con sacerdotes venidos de otras parroquias, sobre todo del arciprestazgo Baza-Jabalcón . Posteriormente, hubo una procesión con las imágenes de San Sebastián y San Antonio, que tradicionalmente lo acompaña, por las principales calles de Caniles.
A las cinco de la tarde se hizo el tradicional robo del santo, después de tres años de pandemia, y fue robado por los nuevos hermanos, tras casi media hora de “lucha” por conseguir la tan apreciada cruz de San Sebastián . Después, volvían a salir otra vez las imágenes de San Sebastián y San Antonio, recorriendo las principales calles de Caniles, dónde los nuevos hermanos portaron la imagen de San Sebastián mientras los hermanos viejos portaban la imagen de San Antonio.
Desde la parroquia se agradece al grupo de hermanos salientes la organización de la fiesta y todo el esfuerzo realizado para engrandecer esta celebración. A lo nuevos hermanos, que tendrán que organizar la fiesta el año que viene, se le desea también todo lo mejor para que esta fiesta siga manteniendo su tradición. Viva San Sebastián y viva San Antonio

Rafael Tenorio
Párroco de Caniles

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El toque de campanas suena en el primer templo de la Diócesis

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A la hora que en la Santa Iglesia Catedral suenan las campanas llamando al rezo del Ángelus, la ciudad sede de la Diócesis, Jerez de la Frontera se une para homenajear el centenario del nacimiento de Lola Flores

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El marianista Vicente López, declarado Venerable por el Papa Francisco

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La Iglesia cuenta con seis nuevos Venerables procedentes de Italia y España, entre ellos está el Siervo de Dios Vicente López, el sacerdote que estuvo destinado 62 años en Cádiz. Falleció en 1990 y el obispo Ceballos abrió la causa de canonización en 2008.

El padre Vicente fue hombre de oración, en profunda unión con el Señor, fue profesor, capellán y confesor apreciado.

Esta decisión del Santo Padre es el paso previo para que pueda ser proclamado beato y posteriormente santo.

Biografía

Vicente López de Uralde Lazcano fue un sacerdote de la Compañía de María.

Nació el 22 de enero de 1894 en Vitoria (España) y falleció el 15 de septiembre de 1990 en Cádiz, ciudad del sur de España.

Desde pequeño tuvo claro que su vocación era ser sacerdote, gracias en parte a su formación en el Colegio de la Compañía de María.

El 24 de agosto de 1917, con 23 años, realizó sus votos perpetuos como religioso en una celebración presidida por el entonces Obispo de Vitoria, Mons. Leopoldo Elijo Garay.

Sus primeros pasos dentro de la Compañía de María fueron como profesor en colegios marianistas, a la vez que estudiaba Filosofía y Letras, licenciándose en el año 1921.

Apasionado por el estudio y su vocación, continuó su formación sacerdotal trasladándose de Vitoria al seminario internacional de los Marianistas situado en Suiza. Fue ordenado sacerdote el 29 de marzo de 1925 en la localidad suiza de Fribourg.

A su regreso a España, en 1928 fue destinado a Cádiz, donde permaneció 62 años.Desde un principio se le conoció por tener una fuerte fama de santidad debido a su bondad, abnegación y sencillez.

Según las crónicas de sus superiores y de muchas personas que a lo largo de su vida le trataron, el P. Vicente López de Uralde destacó por “una vida de oración, por su constante humildad y por la gran fecundidad de su sacerdocio, donde destacó especialmente por el sacramento de la Reconciliación”.

Se dedicó especialmente a la confesión al sacramento y pasó largas horas en el confesionario, donde era distinguido por su acogida, por su escucha y por saber transmitir la misericordia. Según recuerdan sus contemporáneos, cuando confesaba estaba “revestido de Buen Pastor, nunca de juez”.

En la ciudad de Cádiz, donde vivió sus últimos años, era muy conocido y querido, recibiendo muchos homenajes, como ser nombrado Hijo Adoptivo de la Ciudad y Medalla de Oro de Cádiz.

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Domingo de la Palabra de Dios, el 22 de enero

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Domingo de la Palabra de Dios, el 22 de enero

Este domingo 22 de enero se celebra en la Iglesia el Domingo de la Palabra de Dios, un día para promover entre los cristianos católicos el amor a las Sagradas Escrituras, su lectura espiritual y su estudio. Se trata de una jornada instituida por el papa Francisco en 2019, con la firma de la Carta apostólica en forma de «Motu proprio» Aperuit illis, con el fin de dedicar un domingo completamente a la Palabra de Dios.

Nos pide el santo padre que dediquemos este domingo a trabajar con los cristianos de cada comunidad para que la Escritura sea uno de los principales alimentos en sus vidas y que no nos limitemos a este único día, sino que sea un momento central que nos impulse a promover el conocimiento de la Escritura entre los fieles en toda acción pastoral.

Para facilitar el acercamiento a la Sagrada escritura en esta jornada, la Conferencia Episcopal ha editado materiales de trabajo que se pueden consultar y descargar aquí. También se han preparado recursos para la catequesis y la celebración con niños.

Un domingo para que repercuta en todo el año

El obispo responsable del área de Pastoral bíblica en la Conferencia Episcopal, Mons. Julián Ruiz Martorell, firma la presentación del Domingo de la Palabra de Dios. El prelado recuerda en su escrito que el papa instituyó este Domingo para que repercuta en todo el año: «El día dedicado a la Biblia no ha de ser “una vez al año”, sino una vez para todo el año, porque nos urge la necesidad de tener familiaridad e intimidad con la Sagrada Escritura y con el Resucitado, que no cesa de partir la Palabra y el pan en la comunidad de los creyentes. Para esto necesitamos entablar un constante trato de familiaridad con la Sagrada Escritura, si no el corazón queda frío y los ojos permanecen cerrados, afectados como estamos por innumerables formas de ceguera «.

También destaca el deseo del santo padre para que este Domingo «haga crecer en el pueblo de Dios la familiaridad religiosa y asidua con la Sagrada Escritura, como el autor sagrado lo enseñaba ya en tiempos antiguos: esta Palabra “está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca, para que la cumplas”.

¿Cómo leer la Palabra de Dios? Método de la lectio divina

La lectio divina es una antigua práctica que enseña a leer, meditar y vivir un texto de la Palabra de Dios por medio de un método muy sencillo que consiste en seguir varios pasos. Entre los materiales que se han editado este año se proponen tres esquemas de lectio divina: La primera para niños, tomando como base el salmo responsorial; la segunda para jóvenes, a partir del texto de la primera Carta a los Corintios; y la tercera para adultos, desde el texto del evangelio.

Con estos esquemas, se podrá seguir el proceso de la lectio divina. Como paso previo, se hace la señal la cruz, y tras un momento de silencio, la Oración de preparación.

Empezamos: guía paso a paso

  1. Lectura de la Palabra de Dios: ¿qué dice el texto? Leemos el texto las veces que sea necesario hasta que comprendamos bien lo que en él se dice. Hay que hacer una lectura pausada. Este momento es de suma importancia. Es necesaria la comprensión de lo que la Palabra narra.
  2. ¿Qué me dice Dios con este texto?Tras otra lectura nos detenemos a preguntarnos lo que el Señor nos ha dicho por medio del texto. Es el momento de la profundización de la Palabra de Dios para acogerla en nuestro interior. Dios cuando inspiró al autor quiso hablar a los hombres. Intentamos descubrir el mensaje divino contenido en el texto: ¿qué me dice el Señor?, ¿qué mensaje particular me quiere Dios hacer llegar? Tomamos el tiempo necesario para descubrirlo. Lo hacemos con serenidad y paz.
  3. Habla con Dios sobre lo que te ha comunicado. Dialoga con el Señor sobre lo que has descubierto en este texto. Puedes, si es necesario y lo quieres expresar, darle gracias, pedir perdón, alabarle, adorarle, hacerle alguna petición… dile todo lo que esté en tu corazón. Cuéntaselo con sinceridad.
  4. Contemplación:queda unos instantes en silencio en la presencia de Dios. No digas nada. Solamente pon tu pensamiento y tus afectos en el Señor.
  5. Acción: es el momento de concretar lo que el Señor quiere que vivas de lo que te ha dicho. No hay que ponerse muchos propósitos. Intenta concretar y decide realizar una acción o a lo sumo dos. Ve cómo la(s) puedes poner en práctica en tu vida real y concreta.
  6. Terminamos con una oración final de acción de gracias: da gracias al Señor por esta lectio divina que has vivido.

(Con textos tomados de la web de la CEE)

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