La entrada Quinario de Ntro. P. Jesús de la Oración en el Huerto apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

El pasado domingo, 19 de febrero, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, presidió la Eucaristía en el templo parroquial de Nuestra Señora de la Asunción de la Guardia de Jaén. El motivo que congregó a la comunidad cristiana y a su Obispo fue la inauguración de la pintura mural de la Asunción de la Virgen María a los cielos, fresco que preside el altar mayor.
Antes de comenzar la Santa Misa se vivieron uno de los momentos más significativos, cuando, mientras fuera repicaban las campanas, dentro del Templo se descubrió la pintura mural de La Asunción que recupera todo su esplendor.

En la celebración, en la que participó gran parte de la comunidad parroquial de La Guardia, así como el alcalde y otras autoridades civiles, estuvo concelebrada por el párroco, D. Juan Pedro Moya; el hijo del pueblo, D. Antonio José Morillo y el secretario particular de Don Sebastián, D. Francisco Javier Cova.
Homilía
En su homilía, el Obispo resaltó que: “Hoy es un gran día para esta parroquia de la Guardia. Inauguramos la restauración de una obra de arte que se encontraba en muy mal estado y que es una joya para vuestro hermoso pueblo. Es motivo de agradecimiento por la colaboración de todos los que han aportado, de una manera u otra, para ver finalizado este proyecto”.
De igual manera, Don Sebastián hizo referencia a las tantas generaciones que habían vivido su fe entre los muros de este Templo, para después dar la enhorabuena por esta intervención, que será un legado para generaciones venideras: “Enhorabuena por esta restauración, pero este acto de inauguración es un deseo de que nuestra vida y nuestro corazón sean un retablo para nuestra Madre, la Virgen María, donde la acojamos y nos dejemos para que nos proteja, nos guarde y nos lleve de la mano hasta el encuentro definitivo con su Hijo, Jesucristo, el Señor”.
Para finalizar su exhortación, quiso encomendar a la Asunción de la Virgen a todo el pueblo de La Guardia: “Queridos hermanos, felicidades por esta magnífica restauración donde contemplamos a la Virgen María, Ntra. Sra. de la Asunción. A Ella le pido que proteja a todo vuestro pueblo, a vuestras familias, a vuestros ancianos, a los más necesitados, especialmente a los enfermos. Que Ella nos ayude a ser verdaderos y auténticos discípulos misioneros de su Hijo, nuestro Señor”.

La pintura data de 1939, cuando, después de la Guerra Civil, el joven Manuel Serrano Cuesta, pintor prodigio de Esacañuela, pintó el mural de Nuestra Señora de la Asunción en el lugar que antes ocupaba un retablo. El paso del tiempo con sus humedades, desgastes y repintes han hecho que la obra se encontrase en muy mal estado de conservación. La Parroquia con el Ayuntamiento, en convenio de colaboración por amabas instituciones, han hecho posible la restauración de la pintura mural. Con esta restauración de la Asunción de la Virgen María a los cielos, “hemos hecho un bien a la historia de nuestro pueblo y de nuestra parroquia, hemos hecho un serio compromiso de mantener el legado cultural y patrimonial que nos fue encomendado. Pero esto va mucho más allá de una restauración patrimonial y culturar, pues se ha intervenido en un bien que es espiritual. La ventana que ha quedado abierta en el altar, pue así lo evoca la pintura, rompe la robustez de los muros para ver la inmensidad de un cielo nuevo y una tierra nueva, en la que María se convierte, para el pueblo de la Guardia, en camino de esperanza, en sostén de la fe e impulso en la caridad. Por eso, los hijos de este pueblo, no contemplan solo la belleza de una obra restaurada, sino que contemplan la grandeza de la vocación a la que somos llamados”, explicó el párroco, D. Juan Pedro Moya Haro en el acción de gracias de la celebración eucarística.
“Como párroco de esta localidad”- afirmó- “doy gracias por la presencia alentadora, en la celebración, de nuestro Obispo, Don Sebastián Chico. Doy las gracias al Ayuntamiento de la Guardia, con su alcalde Juan Morillo al frente, por financiar la restauración de la pintura; a los restauradores, José Luis Navío, Olga, Carmen, Ana y Pilar y gracias, con mayúsculas, al pueblo de la Guardia por su trabajo, dedicación, generosidad y entrega por su parroquia y por la labor evangelizadora que, en el nombre del Señor, desarrolla”.
Hoy, 22 de febrero, Miércoles de Ceniza, tendrá lugar un gesto solidario por parte de una empresa sevillana a beneficio de la acción social del Consejo de Hermandades: el Proyecto Fraternitas.
“Holy Cards”, el coleccionable de la Semana Santa de Sevilla, va a estar toda la jornada vendiendo sus populares sobres en el vestíbulo de la estación de metro de Puerta Jerez, cuya recaudación se destinará a este proyecto social del Consejo de Hermandades que se desarrolla durante todo el año en el Polígono Sur y en otros barrios desfavorecidos de Sevilla como El Vacie o Los Pajaritos.
Concretamente, de once de la mañana a ocho de la tarde, los sevillanos y visitantes que así lo deseen podrán adquirir en este enclave los sobres del coleccionable cofrade, al tiempo que tendrán la oportunidad de colaborar con esta causa solidaria de las hermandades de la ciudad.
Hoy, Miércoles de Ceniza, iniciamos el tiempo litúrgico de Cuaresma. Un período de casi seis semanas en el que nos preparamos para la Pascua. La Cuaresma concluirá en la hora nona del Jueves Santo, justo antes de la Misa de la Cena del Señor, al comienzo del Triduo Sacro. Vigilia, ayuno, oración, limosna, el color morado, la ceniza… Son muchos los ritos asociados a este tiempo litúrgico, con una raíz en las Escrituras, que han llegado a nuestros días con particularidades asociadas a cada contexto histórico y territorial. Las explica Joaquín de la Peña, miembro de la Delegación diocesana de Liturgia.
La palabra Cuaresma tiene relación con los cuarenta días, el período en el que se le pide a los fieles la conversión del pecado a una vida nueva. Cuarenta es una cifra muy bíblica, y lo vemos en los cuarenta días de ayuno del Señor en el desierto o en los cuarenta años del éxodo del pueblo de Israel. Esta cifra está muy relacionada con la aridez, la sequedad, el sufrimiento del tránsito por el desierto.
Y este tránsito pasa por tres ejes: limosna, oración y ayuno.
Efectivamente. Son, por así decirlo, las tres herramientas que la Iglesia nos pone para alcanzar la clave de la Cuaresma, que es la conversión, ese pasar de una vida incompleta a la vida que nos llegará el Domingo de Pascua con Cristo resucitado.
¿Qué simboliza la ceniza que recibimos al inicio de la Cuaresma?
Tiene una raíz antropológica importantísima. Casi todos los pueblos del arco mediterráneo utilizaban la ceniza para representar dolor, arrepentimiento y tristeza. Para el pueblo hebreo era muy importante la ceniza. Recordemos cómo Jesús a los fariseos les echa en cara que cuando ayunan o hacen oración se envuelven en ceniza. Es algo muy metido en esta cultura mediterránea. La Iglesia después lo adaptó como símbolo de penitencia, de transformación. La raíz es aquello que ha tenido vida, que ha sido consumido por las llamas, y nos quedan estos restos.
¿Y cómo se han obtenido las cenizas?
Debería salir de la combustión de las palmas del Domingo de Ramos del año anterior. Hoy día se utilizan también los ramos de olivo bendecido.
¿De dónde viene la vigilia?
Viene de las Escrituras. El Señor se va al desierto a orar, y para orar ayuna. Una vigilia que, en los primeros tiempos, en los siglos tercero y cuarto, era importante. Incluso había más signos externos, como vestirse con un sayal, con tela de saco. Esa vigilia se ha ido atemperando a lo largo de los siglos, y ahora prácticamente la reducimos a la abstinencia.
Vemos que, para los fieles de rito latino, las normas sobre abstinencia eran obligatorias entre los 18 y 58 años ¿Sigue siendo así?
Sigue siendo así. Pero ya sabemos que en nuestra Archidiócesis es tradición que en Semana Santa el arzobispo dispense de esta abstinencia y ayuno, coincidiendo con las estaciones de penitencia.
Otro signo de este tiempo es el color morado de los ropajes de los sacerdotes ¿Por qué este color?
Esto tiene también una raíz histórica. Era el color de los emperadores romanos, porque la tinta con la que se impregnaba el lienzo blanco era muy costosa, y solo se lo podían permitir los reyes. Pero para la Iglesia tiene un sentido más: cuando aparece este color en la liturgia de la Iglesia siempre estamos hablando de transición, de camino, de cambio. Aparece en el Adviento como espera al Dios que se nos va a hacer hombre en el seno de la Virgen María; o en las exequias, porque simboliza el tránsito de una vida incompleta sin Jesucristo a una vida ya completa en la Resurrección del Señor. Y aparece en la Cuaresma ¿Por qué? Porque simboliza el paso de una vida incompleta a la vida que vamos a vivir el Domingo de Pascua.
También es tradición reservar unas fechas para cubrir las imágenes
Sí, se cubren el Jueves Santo para que amanezcan cubiertos los altares el Viernes Santo. Simboliza la ausencia del Señor. Tal y como rezamos en el Credo, descendió a los infiernos. Esto incluía también a la cruz, y recordemos que no solo se tapaban los altares, se hacía también con las cruces que procesionaban esos días en las estaciones de penitencia.
Yendo más allá, no hace demasiado se recomendaba estos días no bañarse en un río, no vestir de rojo o… ¡No cortarse el pelo!
Respondía a la inculturación de la liturgia. Alrededor de la Cuaresma, y en una región tan rica como nuestra Andalucía, vemos muchas inculturaciones alrededor de fiestas grandes. Además de esos detalles, pensemos en la gastronomía relacionada con la Cuaresma. En algunos lugares existe además la costumbre de tener una figura femenina –una señora mayor- con seis piernas, a la que cada domingo se le quitaba una. Lo vemos en Puente Genil.
La guerra en Ucrania está teniendo efectos devastadores dentro y fuera del país. Tras un año de conflicto, más de ocho millones de personas se han visto obligadas a abandonar Ucrania, mientras que otros siete millones son desplazados internos. La invasión rusa está contribuyendo además a una crisis económica y humanitaria mundial sin precedentes en nuestra historia reciente. La dramática escalada de la inseguridad alimentaria y el aumento vertiginoso de los precios de productos esenciales están afectando sobre todo a poblaciones de crisis olvidadas, como las del Cuerno de África y el Sahel.
Ante el enorme sufrimiento global causado por este conflicto bélico, Cáritas Española se suma al constante llamamiento de paz impulsado por el papa Francisco y Cáritas Internationalis desde el inicio de la guerra.
Con el objetivo de responder a una de las peores emergencias humanitarias y la mayor crisis actual de desplazados en el mundo, Cáritas Española ha logrado movilizar en los últimos doces meses más de cinco millones de euros. Estos fondos han sido canalizados a través de los mecanismos de solicitud de ayuda de las Cáritas nacionales afectadas por la guerra y coordinados por el comité de emergencia de Cáritas Internationalis.
“Gracias por caminar junto a nosotros”
“El apoyo de Cáritas Española está siendo fundamental para atender la emergencia. Con su ayuda estamos consiguiendo responder a las necesidades básicas de muchas personas, que han tenido que dejar sus hogares. Un tercio de la población permanece desplazada. Por eso, es tan importante poder ofrecerles una comida caliente o un lugar para que puedan dormir durante su huida. Queremos daros las gracias de corazón por caminar junto a nosotros y por acompañarnos”, asegura Tetiana Stawnychy, presidenta de Cáritas Ucrania en un vídeo mensaje enviado a Cáritas Española, al cumplirse el primer aniversario de la ocupación militar rusa.
Desde el comienzo del conflicto, las dos Cáritas que operan en el país -Cáritas Ucrania y Caritas Spes-Ucrania- han proporcionado ayuda humanitaria de emergencia a más de seis millones de personas. La mayoría de las ayudas prestadas están relacionadas con la distribución de alimentos y enseres domésticos (53,91 %), agua y saneamiento (22,32 %), alojamiento (9,25 %), protección (5,47 %), atención sociosanitaria y apoyo psicosocial (2,8 %), dinero en efectivo (1,56 %) y otros servicios (4,68 %).
Sin embargo, tras un año de contienda, se estima que más de 18 millones de personas siguen necesitando ayuda humanitaria de emergencia en Ucrania. “Este conflicto se ha prolongado durante demasiado tiempo. Cáritas está trabajando para ‘Restaurar el hogar, restaurar la esperanza’ para millones de personas que sufren como resultado de esta guerra. Necesitamos una paz inmediata, que permita por fin a los ucranianos empezar a reconstruir sus vidas y su país”, apunta Carmen Gómez de Barreda, responsable de la campaña ‘Cáritas con Ucrania’.
Respuesta en España
El trabajo en red ha permitido durante este último año atender a las personas tanto en origen y en tránsito como en su destino final. En España, la acción de la Confederación de Cáritas para acoger y acompañar a las personas y familias procedentes de Ucrania también ha sido una parte sustancial de esta respuesta a la emergencia. Hasta diciembre del año pasado, la red de Cáritas diocesanas había atendido a 5.378 personas ucranianas y otras 10.274 habían recibido ayuda de manera indirecta.
Entre las ayudas que se prestaron, la mayoría estuvieron relacionadas con alimentación y ropa. En total se realizaron 13.549 acciones para facilitar el acceso a estas necesidades básicas, ya sea a través de entrega directa o de tarjetas monedero. También se realizaron 891 gestiones para facilitar el acceso a un alojamiento a través del pago del alquiler de la vivienda, acogida en una residencia de la parroquia o acceso a casas de acogida. El tercer campo de acción fue el del empleo con 2.824 actuaciones relacionadas con la orientación, formación para el empleo, el diseño de un plan de inserción laboral o talleres de formación prelaboral.
“El sistema de protección internacional ha asumido el grueso de las demandas de las personas y familias procedentes de Ucrania. Su funcionamiento para proporcionar alojamiento ha sido ágil y eficaz. De manera subsidiaria, las Cáritas diocesanas han invertido más de 800.000 euros para llevar a cabo acciones de asistencia y acogida a estas personas y familias”, explica Hilde Daems, coordinadora del equipo de Inclusión Social de Cáritas Española.
Una sociedad solidaria
Doce meses después de su puesta en marcha, la campaña de captación de fondos de Cáritas Española en favor de Ucrania ha conseguido recaudar más de veinte millones de euros, de los cuales 8,3 han sido aportados por las Cáritas diocesanas.
“Desde el inicio de la crisis, la sociedad española ha confiado en la red de Cáritas para apoyar a las personas víctimas de la guerra. Agradecemos una vez más la enorme solidaridad de donantes, instituciones y empresas. En toda la Confederación somos muy conscientes de la gran responsabilidad que supone estar a la altura de la confianza que la sociedad deposita en Cáritas”, señala María Ángeles García, coordinadora del equipo de Donantes y Relación con las Empresas de Cáritas Española.
Cáritas Española está presente en Ucrania desde el año 2010 a través de diversos proyectos de acción social. “Cáritas estaba en Ucrania antes, está ahora y seguirá allí cuando se acabe el conflicto y la atención mediática. Los fondos que estamos consiguiendo recaudar se invertirán en esa carrera de fondo que corre Cáritas porque la reconstrucción del país requerirá mucho tiempo y esfuerzo”, añade Gómez de Barreda.

Homilía de Mons. Catalá pronunciada en la Misa celebrada en la Catedral de Málaga el Miércoles de Ceniza de 2023
MIÉRCOLES DE CENIZA
(Catedral, 22 febrero 2023)
Lecturas: Jl 2, 12-18; Sal 50, 3-6.12-14.17; 2 Co 5, 20 − 6, 2; Mt 6, 1-6.16-18.
Cuaresma, tiempo para renovar la caridad.
1.- La Cuaresma, que hoy iniciamos, es el tiempo litúrgico especial que nos prepara para la celebración de la Pascua. Es tiempo de conversión, para abandonar lo que nos aparta de Dios y dirigir nuestro corazón hacia el amor divino. Por eso le hemos pedido al Señor: «Oh Dios, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme» (Sal 50, 12). Solo Dios puede renovar nuestro corazón, perdonar nuestro pecado y apiadarse de nuestra miseria. Solo Él puede acercarse a nosotros para darnos su aliento de vida; por eso le pedimos: «No me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu» (Sal 50, 13).
El Salmo proclamado nos ha invitado a pedir perdón a Dios de nuestros pecados: «Misericordia, Dios mío, por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado» (Sal 50, 3-4). Ciertamente hemos de reconocer que hemos pecado y que lo tenemos presente (cf. Sal 50, 5).
La Cuaresma es también tiempo para dedicarnos a una mayor escucha y meditación de la Palabra de Dios, que ilumina nuestra vida.
2.- La Iglesia nos invita a vivir el sentido mistérico de la Cuaresma. El signo de los “cuarenta días” cuaresmales está en relación con el misterio del “éxodo” del pueblo de Israel, que anduvo por el desierto durante cuarenta años hasta entrar en la tierra prometida (cf. Am 2, 10; Hch 7, 36).
A los cristianos se nos exhorta a vivir el camino cuaresmal como itinerario hacia la Pascua, para celebrar con gozo la salvación que Cristo nos ha traído con su pasión y muerte, y nos ha concedido con su resurrección.
Se trata de un “itinerario bautismal”, que está en estrecha relación con los sacramentos de la iniciación cristiana. El bautizado se sumerge en el misterio pascual de Cristo, en su muerte y resurrección, quedando injertado en Él como el sarmiento a la vid (cf. Jn 15, 1-6); porque separados de Cristo no podemos nada. Tenemos que estar injertados en Él para alimentarnos de su vida.
3.- La cuaresma es tiempo especial para la práctica de la caridad. Ésta es don de Dios, que da sentido a nuestra vida. “Lo que tenemos, si lo compartimos con amor, no se acaba nunca, sino que se transforma en una reserva de vida y de felicidad. Así sucedió con la harina y el aceite de la viuda de Sarepta, que dio el pan al profeta Elías (cf. 1 Re 17, 7-16); y con los panes que Jesús bendijo, partió y dio a los discípulos para que los distribuyeran entre la gente (cf. Mc 6, 30-44). Así sucede con nuestra limosna, ya sea grande o pequeña, si la damos con gozo y sencillez” (Papa Francisco, Mensaje para la Cuaresma de 2021. Roma, 11.11. 2020).
La caridad sintoniza con el hermano: se alegra cuando el otro está alegre y sufre cuando el otro está necesitado y angustiado; cuando está enfermo, sin hogar, despreciado. La caridad nos hace salir de nosotros mismos y suscita la cooperación y la comunión.
“La caridad, con su dinamismo universal, puede construir un mundo nuevo, porque no es un sentimiento estéril, sino la mejor manera de lograr caminos eficaces de desarrollo para todos” (Fratelli tutti, 183).
4.- El Señor, queridos hermanos, nos invita a vivir una cuaresma de caridad, para cuidar a quienes sufren, están abandonados, angustiados, exiliados, menospreciados. Nuestra caridad puede renovar la fe y la confianza del otro y hacer que vuelva a sentirse amado por Dios como a un hijo.
Dice el Papa: «Sólo con una mirada cuyo horizonte esté transformado por la caridad, que le lleva a percibir la dignidad del otro, los pobres son descubiertos y valorados en su inmensa dignidad, respetados en su estilo propio y en su cultura y, por lo tanto, verdaderamente integrados en la sociedad» (Fratelli tutti, 187). A esto estamos invitados.
La Cuaresma es un camino de oración, de conversión, de penitencia y una llamada a compartir nuestros bienes con los más necesitados. La fe en Cristo nos da esperanza y nos anima a vivir su amor, compartiéndolo con los demás.
5.- La Iglesia nos ofrece el rito litúrgico de la imposición de la Ceniza, que haremos a continuación, por el que reconocemos nuestra fragilidad y nuestra condición de pecadores. Todos necesitamos ser curados y redimidos por la misericordia de Dios; nadie está exento de pecado. Todos somos frágiles y todos necesitamos el amor y el perdón de Dios.
Lejos de ser un gesto puramente exterior, la recepción de la ceniza en nuestras cabezas es signo de la actitud de un corazón penitente, llamado a recorrer el itinerario cuaresmal como camino de conversión, de renovación y de acercamiento a Dios, que nos llama como el Padre misericordioso que espera con amor a su hijo perdido, que se alejó de casa (cf. Lc 15, 20).
Pedimos a Santa María, Madre de Cristo redentor, que nos acompañe en este camino cuaresmal, que hoy empezamos, y cuide de nosotros con su presencia materna, ayudándonos a ser generosos ante las necesidades de nuestros hermanos. Amén.
La Vicaría para el Laicado convoca, un año más, a un día de retiro «en este tiempo de gracia que es la Cuaresma, como preparación intensa para vivir la Pascua del Señor», afirma el vicario para el Laicado, Manuel Ángel Santiago.
«Tiempo para intensificar la oración desde la meditación de la Palabra, el espíritu de austeridad y ayuno, como expresión de querer tener un corazón más libre y más lleno de amor a Dios en los hermanos», añade el vicario, por ello, «en este clima cuaresmal y desde hace unos años, la Iglesia de Málaga invita, desde la Vicaria para el laicado, a tener un encuentro de oración (retiro)».
Este año tendrá lugar el sábado 4 de marzo, en el templo del Sagrado Corazón de Jesús, Plaza de San Ignacio, comenzando con el rezo de laudes, a las 10.30 horas; después tendrá lugar la charla-meditación, a cargo del diácono permanente Miguel Ángel Sánchez Doblas y la exposición del Santísimo, para terminar sobre las 13.30 con la bendición del Sr. Obispo, D. Jesús Catalá.
Desde la Vicaría invitan a participar «a los laicos de nuestras parroquias, miembros de las distintas Delegaciones, Asociaciones, Movimientos…etc. Pido al Señor que os bendiga y a la Virgen, Santa María de la Victoria, nos conceda el gozo de caminar juntos como pueblo de Dios en Málaga», concluye el vicario Manuel Ángel.


El papa Francisco invita a «escalar con Jesús» en este tiempo de Cuaresma, para experimentar su resplandor divino y salir fortalecidos en la fe para seguirle, como recoge en su mensaje para este tiempo litúrgico que lleva a la Pascua.
«Que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él»
MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA CUARESMA 2023
Ascesis cuaresmal, un camino sinodal
Queridos hermanos y hermanas:
Los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. En este acontecimiento vemos la respuesta que el Señor dio a sus discípulos cuando estos manifestaron incomprensión hacia Él. De hecho, poco tiempo antes se había producido un auténtico enfrentamiento entre el Maestro y Simón Pedro, quien, tras profesar su fe en Jesús como el Cristo, el Hijo de Dios, rechazó su anuncio de la pasión y de la cruz. Jesús lo reprendió enérgicamente: «¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres» (Mt 16,23). Y «seis días después, Jesús tomó a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte a un monte elevado» (Mt 17,1).
El evangelio de la Transfiguración se proclama cada año en el segundo domingo de Cuaresma. En efecto, en este tiempo litúrgico el Señor nos toma consigo y nos lleva a un lugar apartado. Aun cuando nuestros compromisos diarios nos obliguen a permanecer allí donde nos encontramos habitualmente, viviendo una cotidianidad a menudo repetitiva y a veces aburrida, en Cuaresma se nos invita a “subir a un monte elevado” junto con Jesús, para vivir con el Pueblo santo de Dios una experiencia particular de ascesis.
La ascesis cuaresmal es un compromiso, animado siempre por la gracia, para superar nuestras faltas de fe y nuestras resistencias a seguir a Jesús en el camino de la cruz. Era precisamente lo que necesitaban Pedro y los demás discípulos. Para profundizar nuestro conocimiento del Maestro, para comprender y acoger plenamente el misterio de la salvación divina, realizada en el don total de sí por amor, debemos dejarnos conducir por Él a un lugar desierto y elevado, distanciándonos de las mediocridades y de las vanidades. Es necesario ponerse en camino, un camino cuesta arriba, que requiere esfuerzo, sacrificio y concentración, como una excursión por la montaña. Estos requisitos también son importantes para el camino sinodal que, como Iglesia, nos hemos comprometido a realizar. Nos hará bien reflexionar sobre esta relación que existe entre la ascesis cuaresmal y la experiencia sinodal.
En el “retiro” en el monte Tabor, Jesús llevó consigo a tres discípulos, elegidos para ser testigos de un acontecimiento único. Quiso que esa experiencia de gracia no fuera solitaria, sino compartida, como lo es, al fin y al cabo, toda nuestra vida de fe. A Jesús hemos de seguirlo juntos. Y juntos, como Iglesia peregrina en el tiempo, vivimos el año litúrgico y, en él, la Cuaresma, caminando con los que el Señor ha puesto a nuestro lado como compañeros de viaje. Análogamente al ascenso de Jesús y sus discípulos al monte Tabor, podemos afirmar que nuestro camino cuaresmal es “sinodal”, porque lo hacemos juntos por la misma senda, discípulos del único Maestro. Sabemos, de hecho, que Él mismo es el Camino y, por eso, tanto en el itinerario litúrgico como en el del Sínodo, la Iglesia no hace sino entrar cada vez más plena y profundamente en el misterio de Cristo Salvador.
Y llegamos al momento culminante. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2). Aquí está la “cumbre”, la meta del camino. Al final de la subida, mientras estaban en lo alto del monte con Jesús, a los tres discípulos se les concedió la gracia de verle en su gloria, resplandeciente de luz sobrenatural. Una luz que no procedía del exterior, sino que se irradiaba de Él mismo. La belleza divina de esta visión fue incomparablemente mayor que cualquier esfuerzo que los discípulos hubieran podido hacer para subir al Tabor. Como en cualquier excursión exigente de montaña, a medida que se asciende es necesario mantener la mirada fija en el sendero; pero el maravilloso panorama que se revela al final, sorprende y hace que valga la pena. También el proceso sinodal parece a menudo un camino arduo, lo que a veces nos puede desalentar. Pero lo que nos espera al final es sin duda algo maravilloso y sorprendente, que nos ayudará a comprender mejor la voluntad de Dios y nuestra misión al servicio de su Reino.
La experiencia de los discípulos en el monte Tabor se enriqueció aún más cuando, junto a Jesús transfigurado, aparecieron Moisés y Elías, que personifican respectivamente la Ley y los Profetas (cf. Mt 17,3). La novedad de Cristo es el cumplimiento de la antigua Alianza y de las promesas; es inseparable de la historia de Dios con su pueblo y revela su sentido profundo. De manera similar, el camino sinodal está arraigado en la tradición de la Iglesia y, al mismo tiempo, abierto a la novedad. La tradición es fuente de inspiración para buscar nuevos caminos, evitando las tentaciones opuestas del inmovilismo y de la experimentación improvisada.
El camino ascético cuaresmal, al igual que el sinodal, tiene como meta una transfiguración personal y eclesial. Una transformación que, en ambos casos, halla su modelo en la de Jesús y se realiza mediante la gracia de su misterio pascual. Para que esta transfiguración pueda realizarse en nosotros este año, quisiera proponer dos “caminos” a seguir para ascender junto a Jesús y llegar con Él a la meta.
El primero se refiere al imperativo que Dios Padre dirigió a los discípulos en el Tabor, mientras contemplaban a Jesús transfigurado. La voz que se oyó desde la nube dijo: «Escúchenlo» (Mt 17,5). Por tanto, la primera indicación es muy clara: escuchar a Jesús. La Cuaresma es un tiempo de gracia en la medida en que escuchamos a Aquel que nos habla. ¿Y cómo nos habla? Ante todo, en la Palabra de Dios, que la Iglesia nos ofrece en la liturgia. No dejemos que caiga en saco roto. Si no podemos participar siempre en la Misa, meditemos las lecturas bíblicas de cada día, incluso con la ayuda de internet. Además de hablarnos en las Escrituras, el Señor lo hace a través de nuestros hermanos y hermanas, especialmente en los rostros y en las historias de quienes necesitan ayuda. Pero quisiera añadir también otro aspecto, muy importante en el proceso sinodal: el escuchar a Cristo pasa también por la escucha a nuestros hermanos y hermanas en la Iglesia; esa escucha recíproca que en algunas fases es el objetivo principal, y que, de todos modos, siempre es indispensable en el método y en el estilo de una Iglesia sinodal.
Al escuchar la voz del Padre, «los discípulos cayeron con el rostro en tierra, llenos de temor. Jesús se acercó a ellos y, tocándolos, les dijo: “Levántense, no tengan miedo”. Cuando alzaron los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús solo» (Mt 17,6-8). He aquí la segunda indicación para esta Cuaresma: no refugiarse en una religiosidad hecha de acontecimientos extraordinarios, de experiencias sugestivas, por miedo a afrontar la realidad con sus fatigas cotidianas, sus dificultades y sus contradicciones. La luz que Jesús muestra a los discípulos es un adelanto de la gloria pascual y hacia ella debemos ir, siguiéndolo “a Él solo”. La Cuaresma está orientada a la Pascua. El “retiro” no es un fin en sí mismo, sino que nos prepara para vivir la pasión y la cruz con fe, esperanza y amor, para llegar a la resurrección. De igual modo, el camino sinodal no debe hacernos creer en la ilusión de que hemos llegado cuando Dios nos concede la gracia de algunas experiencias fuertes de comunión. También allí el Señor nos repite: «Levántense, no tengan miedo». Bajemos a la llanura y que la gracia que hemos experimentado nos sostenga para ser artesanos de la sinodalidad en la vida ordinaria de nuestras comunidades.
Queridos hermanos y hermanas, que el Espíritu Santo nos anime durante esta Cuaresma en nuestra escalada con Jesús, para que experimentemos su resplandor divino y así, fortalecidos en la fe, prosigamos juntos el camino con Él, gloria de su pueblo y luz de las naciones.
Roma, San Juan de Letrán, 25 de enero de 2023, Fiesta de la Conversión de san Pablo
Francisco
Acaba de celebrarse el carnaval. A propósito de ello, reproducimos una carta de nuestro arzobispo D. José María, que escribió hace unos años, en la que recuerda que “los cristianos han de reivindicar la alegría como patrimonio de los verdaderos creyentes”.
Amigos lectores:
Soy consciente de que puede parecer poco oportuno traer esta semana un título como el que encabeza esta carta cuando a todos los niveles el patio público no está para mucha fiesta: crispación a flor de piel, lanzamiento de proclamas y reproches mutuos, separatismos marcando agenda, tópicos y etiquetados gerracivilistas redivivos, populismos efervescentes al uso y licuaciones políticas, mientras: el país fragmentado ideológica y económicamente, los políticos ya de campaña en continuos enfrentamientos verbales con los correspondientes «trincherismos» mediáticos al uso, por no citar otros calvarios más domésticos que afligen más directamente a los ciudadanos… Todo lo contrario de un espacio común para solucionar, con la imprescindible concordia y buen entendimiento, los problemas que a todos nos afectan e interesan. ¡Ojalá caigamos en la cuenta!
Pero la eclosión del Carnaval en estas fechas en nuestros pueblos y ciudades, con toda la trepidación y ruido que suele acompañarlo propicia un paréntesis festivo que ha de llevar consigo también para muchos una necesaria reflexión sobre la mesura y el obligado respeto a los otros y a uno mismo, también en lo que se refiere a los sentimientos religiosos, del que, ciertamente, no puede dispensar a los ciudadanos responsables el anonimato del disfraz ni la mayor y tradicional tolerancia o licencia de estos días.
Para los cristianos esta reflexión ha de incluir además la superación, por contradictoria y falsa, de la tópica consideración de que las realidades espirituales son aburridas cuando no rodeadas -como las viejas cartas de luto- de una mezcla de seriedad y tristeza, que las inhabilita para toda tarea apostólica, tan urgente hoy en la vida personal, familiar y pública, para devolver a nuestros conciudadanos la esperanza humana y sobrenatural, de la que tan necesitados estamos también para una verdadera construcción y cohesión social.
Por elemental coherencia, los cristianos han de reivindicar la alegría como patrimonio de los verdaderos creyentes, a los que la vivencia de fe no puede privarles del buen humor y mucho menos del gozo de las realidades humanas nobles, entre las que el Papa san Pablo VI citaba «la alegría ensalzadora de la existencia y de la vida; la alegría del amor honesto y santificado; la alegría tranquilizadora de la naturaleza y del silencio; la alegría a veces austera del trabajo esmerado; la alegría y satisfacción del deber cumplido; la alegría transparente de la pureza, del servicio, del saber compartir; la alegría exigente del sacrificio» (Gaudete in domino, n.12).
Toda una gozosa letanía de facetas de la vida humana que el creyente podrá purificarlas, completarlas y sublimarlas con la fe en la resurrección de Cristo, a la que somos llamados como suprema felicidad, pero nunca puede excluirlas de su itinerario terreno si quiere ser verdaderamente cristiano.
El Papa Francisco ha hecho de la alegría la divisa de su pontificado: la incluye en todos sus documentos magisteriales, empezando por la exhortación apostólica Evangelii Gaudium, verdadera hoja de ruta para la Iglesia actual, como él mismo señala: «La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría …» ( 1 ).
El mismo Santo Padre en carta a mi predecesor, nuestro querido D. Jesús García Burillo, con motivo de la inauguración del Año Jubilar del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa de Jesús, le insistía en el pensamiento de la Santa de que la alegría -«andar alegres sirviendo» (Camino 18,5)- es inseparable de la santidad: «La verdadera santidad es alegría, porque «un santo triste es un triste santo» … En santa Teresa contemplamos al Dios que, siendo «soberana Majestad, eterna Sabiduría» (Poesía 2), se revela cercano y compañero, que tiene sus delicias en conversar con los hombres: Dios se alegra con nosotros. Y, de sentir su amor, le nacía a la Santa una alegría contagiosa que no podía disimular y que transmitía a su alrededor. Esta alegría es un camino que hay que andar toda la vida. No es instantánea, superficial, bullanguera. Hay que procurarla «ya a los principios» (Vida 13, 1 ). Expresa el gozo interior del alma, es humilde y «modesta» (cf. Fundaciones 12, 1 ). No se alcanza por el atajo fácil que evita la renuncia, el sufrimiento o la cruz, sino que se encuentra padeciendo trabajos y dolores (cf. Vida 6,2; 30,8), mirando al Crucificado y buscando al Resucitado (cf. Camino 26,4). De ahí que la alegría de santa Teresa no sea egoísta ni autorreferencial. Como la del cielo, consiste en «alegrarse que se alegren todos» (Camino 30,5), poniéndose al servicio de los demás con amor desinteresado» (Mensaje al obispo de Ávila. 15-X-2014).
Qué bien nos viene a todos recordar de manos del Papa esta impronta teresiana de la alegría y qué bien lo supo entender aquella pequeña que, ante sorpresa de sus padres, le pedía a Dios: »¡Señor, que los malos sean buenos y que los buenos sean alegres!». Toda una oración para el Carnaval y, sobre todo, para la Cuaresma que estamos a punto de empezar.
Con mi saludo fraterno, recibid mi bendición
+ José María Gil Tamayo
Obispo de Ávila
3 de marzo de 2019
En la Santa Iglesia Catedral, tanto a las 9.00 horas como a las 19.00 horas, la Santa Misa estará presidida por el obispo, Mons. Santiago Gómez.
Con la llegada del Miércoles de Ceniza da comienzo una nueva Cuaresma, el tiempo que precede y dispone a la celebración de la Pascua. Tiempo especial de escucha de la Palabra de Dios y de conversión, de preparación y de memoria del Bautismo, de reconciliación con Dios y con los hermanos, de recurso más frecuente a las «armas de la penitencia cristiana», como son la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18).
Propio de los antiguos ritos con los que los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica, el gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer la propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. Lejos de ser un gesto puramente exterior, la Iglesia lo ha conservado como signo de la actitud del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en el itinerario cuaresmal.
En su mensaje de Cuaresma de este año, el Papa Francisco invita a la reflexión en base a los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas pues estos concuerdan al relatar el episodio de la Transfiguración de Jesús. Dice el Evangelio que Jesús «se transfiguró en presencia de ellos: su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la luz» (Mt 17,2).
Mensaje del Papa Francisco para la Cuaresma de 2023
La entrada La Catedral acogerá este miércoles la Misa con Imposición de Cenizas presidida por el obispo se publicó primero en Diócesis de Huelva.