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COPE ESPEJO ALMERÍA: El comedor social de la Milagrosa lanza una campaña para seguir realizando su labor

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería y el Palacio Episcopal. San Indalecio, Varón apostólico y mártir según la tradición, es el Obispo fundador de la Iglesia de Almería, que comenzó siendo la Iglesia hispanorromana de Urci.

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El Seminario de Almería, recibido en audiencia por el Papa León XIV en Roma

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El Seminario de Almería ha vivido una jornada histórica en Roma al ser recibido en audiencia por el Papa León XIV, en un encuentro que reunió a cerca de 450 personas entre seminaristas, formadores y familias. Junto a Almería participaron los seminarios de Cartagena, Barcelona, Alcalá, San Feliú y el Seminario Menor de Toledo.

Estas audiencias eran algunas de las visitas que habían quedado pendientes del pontificado anterior, pero finalmente el Papa León XIV quiso reunirlos a todos en un mismo encuentro, convirtiendo la cita en una auténtica fiesta eclesial.

Acompañados por el rector y nuestro obispo D. Antonio

Los seminaristas de Almería —Pablo, José Antonio, Raúl, Pablo y Paco— estuvieron acompañados en todo momento por el rector, Don Ramón Carlos, y por nuestro obispo D. Antonio, que compartieron con ellos esta peregrinación en un clima de fraternidad y profunda comunión. Entre bromas se hacían llamar “los cinco mosqueteros”, reflejando el buen ambiente y la unión que viven en su camino vocacional.

Según el testimonio de los propios seminaristas, la jornada fue sencillamente espectacular. Destacan el clima excepcional, las temperaturas agradables y la posibilidad de recorrer Roma con calma, visitando monumentos y templos que se abrían a su paso mostrando todo su esplendor. Las iglesias estaban llenas de turistas y no faltaron encuentros con numerosos andaluces. Relatan cómo se cruzaron con personas de Almería, Granada, Murcia o Cádiz, en un ambiente muy jovial que aumentaba la alegría del momento.

Las palabras del Papa: raíces profundas para dar fruto

El momento central fue, sin duda, la audiencia con el Santo Padre. El Papa se mostró cercano y cariñoso, acogiendo con ternura a los seminaristas y a sus familias. Sus palabras —según subrayan— fueron directas al corazón, claras y exigentes a la vez.

Insistió en una idea fundamental: la fidelidad del seminarista y del futuro sacerdote no puede apoyarse en la apariencia externa, sino en una vida interior sólida. Invitó a no “vivir de la apariencia”, sino a estar profundamente enraizados en Jesucristo. Subrayó la importancia de vivir lo cotidiano con visión sobrenatural, con presencia constante de Dios, recordando que sin vida sobrenatural no se puede vivir plenamente la realidad.

El Papa animó a no perder el rumbo desde el inicio del camino en el seminario, para que la vocación se afiance y perdure en el tiempo con autenticidad y profundidad.

Las declaraciones de nuestro obispo D. Antonio

A la salida de la audiencia, en declaraciones a la Cadena COPE, nuestro obispo D. Antonio expresó la alegría compartida: “Tenemos un gozo como el jubileo. Parece que hemos alargado el jubileo. Este jubileo de los seminaristas, que estamos aquí de Cartagena y de Almería, con otros más, hemos ido 400 en la Clementina.”

Destacó especialmente la cercanía del Papa: “A mí me han encantado las palabras del Papa y la cercanía porque han ido directas al corazón. Tenemos que vivir como los árboles, como dice el Salmo, al pie de la acequia y nutrirnos de Dios, estar pisando la tierra —que es fundamental— y echando raíces también en la tierra.”

También señaló que el Santo Padre intentó hacerse fotografías con todos, aunque la presencia de tantas familias y niños pequeños lo hizo imposible. Aun así, se le notó el deseo de cercanía.

El encuentro concluyó con cantos y entusiasmo desbordante. En palabras del propio obispo: “Tenemos un gozo que no sé cuánto nos durará, pero tiene que durar mucho para que también otros se animen a entrar en nuestros seminarios. ¡Viva el Papa!”

Una alegría para compartir en la Diócesis de Almería

Los seminaristas regresan —según su propio testimonio— profundamente agradecidos y llenos de alegría. Subrayan la cercanía constante de nuestro obispo D. Antonio y la entrega del rector Don Ramón Carlos durante toda la peregrinación.

La Diócesis de Almería ha estado muy presente en el corazón de todos. Vuelven con el deseo de transmitir al clero y a todos los fieles esta fe fuerte y esta alegría que el Papa ha sembrado en ellos.

Roma ha sido escenario de fraternidad, comunión y renovación vocacional. Una jornada que, sin duda, quedará grabada en la memoria de estos jóvenes que desean echar raíces profundas para dar fruto abundante en la Iglesia.

LEA AQUÍ DISCURSO DEL SANTO PADRE LEÓN XIV

DISCURSO DEL PAPA A LOS SEMINARISTAS

AQUÍ EL VIDEO A LA SALIDA DE LOS OBISPOS DE CARTAGENA Y ALMERÍA

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Júbilo de la Iglesia en Granada con sus tres nuevos sacerdotes

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Recibieron el Sacramento del Orden tres seminaristas, en la celebración presidida por nuestro arzobispo D. José María en la Catedral, concelebrada por parte del clero diocesano y numerosa asistencia de fieles.

La Iglesia de Granada está de júbilo tras la ordenación de tres nuevos sacerdotes para la Archidiócesis, en la celebración que ha tenido lugar hoy sábado 28 de febrero por la mañana, en la Catedral. 

Los nuevos presbíteros son D. Iván Maximiliano Cáceres Ramos, D. Juan Pablo Casares Moreno y D. Javier López-Frías Ramos, que se han formado en los seminarios Misionero Redemptoris Mater, en el caso de Iván y Juan Pablo, y en el Diocesano San Cecilio, en el caso de Javier.

La Catedral completó su aforo, con más de mil asistentes, a la celebración, entre ellos numerosos familiares y amigos, así como fieles de los lugares en los que han prestado servicio pastoral durante el diaconado, entre ellos distintos pueblos de la Alpujarra granadina. También se sumaron familiares y amigos desde Argentina, y cuantos quisieron compartir juntos la celebración a través de las redes sociales con la retransmisión en internet de la celebración en el canal Youtube Archidiócesis Granada.

La celebración comenzó con la pregunta que el arzobispo formuló a sus formadores sobre si eran aptos para el ministerio que se les confiere. Los ordenandos recibieron el Orden Sacerdotal de manos de nuestro arzobispo y la unción de manos, junto a los sacerdotes concelebrantes, procedentes de la ciudad y provincia. Con la oración de consagración que les ha convertido en presbíteros diocesanos, en su liturgia de ordenación recibían el cáliz y patena donde a partir de ahora celebrarán la consagración del pan y el vino en Cuerpo y Sangre de Cristo.

Los nuevos presbíteros fueron revestidos con los ornamentos sacerdotales, antes de incorporarse al altar junto al presbiterio, continuando, ya como presbíteros, con la Eucaristía.

“SED IMITADORES DE CRISTO”
En sus palabras durante la homilía, nuestro arzobispo D. José María les pedía a los nuevos presbíteros ser “pastores del rebaño que tenéis encomendado, cultivando la Palabra y la oración”. Pastores en los Sacramentos que, a partir de ahora, administrarán, especialmente en el del perdón de los pecados, en la unción de enfermos o en el bautismo, puerta de entrada hacia la Gracia en Cristo, así como en el resto de Sacramentos y en la celebración eucarística, “culmen y plenitud de la vida cristiana”.

“Sed pastores del rebaño que se os encomienda”, insistía Mons. Gil Tamayo, al mismo tiempo que les indicaba que es Cristo el camino de vida sacerdotal. “Sed imitadores de Cristo y haceros pesebre”, en referencia a la venida en la carnalidad del Hijo de Dios en Belén. “Sed sostenedores de los hermanos, estar en la comunidad y, al mismo tiempo, custodiad la dignidad sacerdotal”, señaló D. José María al referirse a su sacerdocio en el pueblo de Dios. “Es mucho lo que tenéis en vuestra vasija de barro (ndr. con la administración de los Sacramentos a través de sus manos), pero contáis con la oración del pueblo cristiano”.

De igual modo, nuestro arzobispo les recordó que el sacerdocio no se vive en soledad, sino en una fraternidad sacerdotal: “No sois sacerdotes solos. Quedáis incardinados en el presbítero de Granada, en una Iglesia con rostro, con defectos y debilidades, y que es Iglesia de Cristo. No sois sacerdotes autónomos. No podéis hacer una comunión formal sin caridad fraternal. Manifestad la fraternidad sacerdotal”.

AGRADECIMENTOS
D. José María agradecía a todos los asistentes por compartir juntos este júbilo en la Iglesia y, especialmente, a las familias y comunidades eclesiales donde la vocación de los nuevos sacerdotes nació y creció, hasta su afirmación a Cristo para que, a través de ellos, el Señor siga actuando sacramentalmente.

Asimismo, pidió al pueblo de Dios oraciones por las vocaciones sacerdotales, “a imagen de Cristo”, y encomendó a la Virgen de las Angustias, patrona de Granada, y a la Virgen de Luján, patrona de Argentina, de donde procede uno de los nuevos presbíteros, el ministerio que inician a partir de ahora. También les encomienda a san José, Esposo de la Virgen María, para que “os cuide y proteja”.  

Paqui Pallarés

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La Hermandad y Cofradía Escolapia de Nuestro Padre Jesús Caído, María Santísima del Buen Fin y San José de Calasanz. Cabra

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Erigida canónicamente en la Parroquia de San Francisco y San Rodrigo, tiene su sede cultual y realiza su estación de penitencia desde la antigua Capilla de Capuchinos, hoy Iglesia de las RR.MM. Escolapias

La Hermandad y Cofradía Escolapia de Nuestro Padre Jesús Caído, María Santísima del Buen Fin y San José de Calasanz se funda el 1 de abril de 1991 en la ciudad de Cabra por un grupo de estudiantes locales. La corporación, erigida canónicamente en la Parroquia de San Francisco y San Rodrigo, tiene su sede cultual y realiza su estación de penitencia desde la antigua Capilla de Capuchinos, hoy Iglesia de las RR.MM. Escolapias, con las que mantiene una especial vinculación, siendo su lema aquel que inspiró el Santo Fundador de las Escuelas Pías: Piedad y Letras.

En un primer momento, la Hermandad encarga la talla de la Santísima Virgen al taller de Santa Rufina de Madrid, imagen que firma D. José María Oriol en 1991, que procesiona por primera vez en la noche del Martes Santo de 1992, junto al Santísimo Cristo de la Sentencia y Nuestra Señora de la Paz y, a partir de 1994, lo hace en la noche del Miércoles Santo. La imagen de María Santísima del Buen Fin fue remodelada y policromada en el año 1995 por el restaurador y profesor D. Santiago Molina Ruiz.

El devenir histórico de la corporación hace que en el año 2020 tenga lugar la bendición de su titular cristífero, Nuestro Padre Jesús Caído, obra del imaginero sevillano D. Fernando Murciano Abad, que fue bendecida el 11 de julio del citado año, siendo esta una de las primeras manifestaciones públicas llevadas a cabo por Hermandades y Cofradías, tras el obligado parón que supuso el confinamiento derivado de la pandemia Covid-19.

Aquello que comenzó siendo un sueño de un grupo de jóvenes, se ha convertido en la actualidad en un proyecto cohesionado, siendo la nómina de hermanos de nuestra Hermandad una de las más numerosas de cuantas hay en la ciudad, y poniendo en las calles de Cabra el mayor cortejo de nazarenos compuesto, en su mayoría, por niños y jóvenes estudiantes.

En la actualidad, dentro de las principales actividades que realiza la Hermandad, además del culto a sus sagrados titulares, destaca la obra social que lleva a cabo con el Colegio San José, habiéndose realizado distintas donaciones demandadas por el centro, la financiación del aula  matinal,  el apoyo a alumnos en situaciones especiales, etc., sin olvidar la colaboración que se presta de forma ordinaria a Cáritas de la Parroquia de San Francisco y San Rodrigo. Dentro del ámbito patrimonial, la Hermandad se halla inmersa en la puesta en valor de la Capilla de Capuchinos, donde, como se ha referido arriba, reciben culto sus sagrados titulares.

Dentro de la colección pictórica que alberga la Capilla, destaca el lienzo “La Visión de San Francisco en la Porciúncula”, obra del genial pintor Juan Valdés Leal, firmado en 1672. La atención espiritual al hermano juega un papel fundamental en la vida de la Hermandad celebrándose mensualmente Misa de Hermandad ante nuestros Sagrados Titulares, además de los cultos que se le tributan en cuaresma a Nuestro Padre Jesús Caído, en octubre a María Santísima del Buen Fin y en noviembre a San José de Calasanz.

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“Sed alfombras para los demás, para hacerles fácil el camino cristiano”

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Queridos Javier, Juan Pablo, Iván,

Queridos sacerdotes concelebrantes, especialmente los formadores del Seminario San Cecilio, del Seminario Redemptoris Mater. El rector don Mariano del Redemptoris Mater y también don Moisés, el rector del Seminario San Cecilio,

Queridos diáconos,

Queridos seminaristas,

Queridos familiares y padres de don Javier, padres de don Juan Pablo y familiares, la madre y hermanos de don Iván,

También, queridos amigos que nos seguís a través de las redes desde Corrientes, en Argentina. Os tenemos muy presentes. Encomendad a Iván y a estos nuevos sacerdotes que van a ser ordenados, a la Santísima Virgen de Luján,

Queridos hermanos y hermanas,

Como os decía al comienzo, es una alegría la celebración de la ordenación de nuevos sacerdotes para la Iglesia. Es un don. Es un final del camino para ellos, pero no tanto ni sobre todo. Es el comienzo de una nueva etapa trascendental en sus vidas, que queda marcada por la recepción del sacramento del orden, por el que son configurados con Cristo, cabeza y pastor de su pueblo.

Todos, por el bautismo, hemos sido configurados con Cristo. Hemos sido hechos otros Cristos, el mismo Cristo. Y esa es nuestra dignidad fundamental. Pero Dios escoge algunos hombres de su pueblo para que representen a Cristo sacramentalmente. Somos los sacerdotes. No es un derecho, es un don. Un don recibido mediante la vocación que se cultiva en un tiempo exigente de formación a lo largo de los años.

Es una vocación que surge en medio de la familia y de las comunidades cristianas y que después, de manera especial en el seminario, se van formando, se van puliendo. Es el semillero, eso significa seminario. Donde ese germen de vocación, puesto a paso después, con el tiempo y con la formación a la consagración. La consagración, que es la que van a recibir hoy, con una serie de ritos antiguos de la Iglesia. Expresivos de la realidad que reciben de la gracia del Espíritu Santo, que es el gran protagonista transformador de cada uno de ellos.

Nosotros somos como el barro en manos del alfarero, pero es Dios quien obra en nosotros y muchas veces, a pesar nuestro. Y después viene la misión. La misión de la que ya han participado de alguna manera en las comunidades en las que han estado. De Loja o en los pueblos de La Alpujarra, y también en Almuñécar. Ahora irán como sacerdotes del Nuevo Testamento y pedimos para ello lo que nos ha mostrado la Palabra de Dios.

Por una parte, hemos escogido el texto del lavatorio de los pies de la institución de la Última Cena, que el evangelista San Juan se ahorra, porque ya en el capítulo seis nos ha hablado del pan de vida. Nos ha dicho, Jesucristo es el verdadero pan de vida. Y Él mismo nos muestra que “el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día”.

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”. La Eucaristía, el centro y culmen de la vida cristiana. Estos van a ser hechos sacerdotes del Nuevo Testamento, ministros ordinarios de la Eucaristía. Va a ser lo central en su vida y desde la Eucaristía, que es donde Cristo se nos da, donde Cristo se nos muestra en la humildad. No solo yace en nuestra carne, sino en la humildad del pan y del vino, para que nos transformemos en Él, para saciar nuestra hambre.

Ese Cristo que es presencia, que es sacramento, que es compañía. Y tiene que hacer de cada uno de ellos y de cada uno de los sacerdotes esa presencia, ese alimento que alimenta con la palabra. Ese servidor. Y por eso, hemos querido fijarnos en las escenas que nos muestra el evangelista Juan. Nos ha dicho previamente que habiendo amado los suyos, los amó hasta el extremo.

Queridos Iván, Juan Pablo y Javier. En la entrega a Dios no caben medianías, no cabe una de cal y otra de arena. No cabe la doble vida. No cabe medir la entrega al modo humano. No cabe reservarse nada. Jesucristo nos ha amado hasta el extremo, y si lo seguimos y sois coherentes con lo que vais a recibir, con lo que hemos recibido… No podemos reservarnos nada.

El sacerdote está expropiado. No tiene nada de sí. Es más, tiene que ser todo de Cristo. “Totus tuus”, llamaba san Juan Pablo II a su entrega a María, a Cristo. Luego, nosotros, al igual que el Maestro, que en este pasaje que hemos escuchado nos dice “¿Habéis visto lo que he hecho con vosotros? También vosotros debéis tomaros los pies unos a otros”.

Jesucristo ha querido explícitamente dar una enseñanza a los apóstoles. Partiendo de la escena del lavatorio, propia de los encuentros de los judíos, y más en la Pascua. Pero Cristo se ha puesto por los suelos. Cristo nos ha mostrado la actitud que debemos tener, no la de señores. Sabemos que participamos del señorío de Cristo, pero el señorío de Cristo es servir.

El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos. Luego, queridos amigos, el clericalismo fuera. Por eso, la primera es de san Pedro. Ese pasaje que siempre lo hemos de tener presente como sacerdote, con ese consejo de Pedro. ¡Qué bien aprendió Pedro en la Última Cena cuál era su papel!

Siervo de los siervos de Dios. Por eso, Pedro nos dice en su primera carta a los presbíteros de esa comunidad “Yo, presbítero, como ellos”. Pues yo os digo también, vuestro obispo: Presbítero, como vosotros. Sed pastores del rebaño que tenéis encomendado. Y ese pastoreo es representando a Cristo. Y esa transparencia de Cristo, mediante la oración, mediante la escucha de la Palabra, mediante el ejercicio de coherencia de vida de los compromisos que habéis adquirido como diáconos y como presbíteros dentro de un momento… Yo os preguntaré sobre ello.

Eso, como servidores de la prolongación de Cristo resucitado en sus sacramentos, especialmente en la Eucaristía y en el perdón. Ministros de la misericordia. Como consoladores en el momento del dolor y el sufrimiento, aplicándoles la unción en el nombre del Señor. Como testigos cualificados en la unión de un hombre y una mujer cristianos. En el sacramento del matrimonio.

Cómo, en definitiva, aquellos que abren las puertas de la comunidad cristiana mediante el bautismo, haciéndoles partícipes a los neófitos de la salvación de Cristo, mediante los sacramentos. Pero al mismo tiempo, sin dejar de ser nunca anunciadores, en que esa palabra, como dice la liturgia: lo que leéis creerlo, lo que creéis predicarlo y lo que predicáis, dad testimonio de ello con vuestro ejemplo.

Eso es lo que se os ha pedido cuando se os ordenó de diácono, entregándoos el Evangelio de Cristo. Queridos hermanos, Iván, Juan Pablo, Javier, sed pastores del rebaño que se os encomienda. No como déspotas sobre la heredad de Dios. Y san Pedro nos lo dice… Y él dice “He sido testigo de los sufrimientos de Cristo”

Con su debilidad manifiesta en los Evangelios. Esa debilidad que Jesús ve incluso en la comunidad apostólica, cuando nos ha dicho el texto de Juan que no todos estaban limpios, porque sabía quién iba a entregarle. Esa debilidad nos afecta también a nosotros. No somos los perfectos. Por tanto, siempre hemos de estar vigilantes y confiados en Aquel que es nuestro apoyo. Que es Jesucristo.

Queridos hermanos, san Pedro nos dice también que es partícipe de la gloria que se va a manifestar. Él es partícipe, claro que sí. Mañana escucharemos en el Evangelio cómo acompaña Jesús a la Transfiguración. Pero esa participación de la gloria que se anticipa, es la que recibe todo cristiano, anticipando ya mediante la gracia, lo que un día será plenitud en el encuentro con el Señor.

Queridos hermanos, sed imitadores de Cristo. Hacedlo presente. Poneros por los suelos, como esa alfombra que hoy… Sobre la que pisáis. Sed alfombras para los demás, para hacerles fácil el camino cristiano. Ser sostenedores de los hermanos. Estad en la comunidad, pero al mismo tiempo ser conscientes de vuestra dignidad. De esa dignidad de sacerdotes del Nuevo Testamento, sacerdotes que participan de la misión apostólica. Sacerdotes a través de los que Cristo perdona, a través de los que Cristo salva, a través de los que Cristo anuncia.

Queridos hermanos, es mucho el tesoro que se pone en vuestras manos, en vuestra vasija de barro. Pero contáis con la oración del pueblo cristiano. Y también quisiera recordaros las palabras que el Papa León dirigía a todos los sacerdotes en la Carta Apostólica de diciembre, recordando o conmemorando los 60 años del decreto “Optatam totius” y “Presbyterorum Ordinis”, del Concilio Vaticano Segundo.

Hablaba de la fidelidad. Y entre esas fidelidades, el Papa nos recordaba la fidelidad unida a la fraternidad. No sé es sacerdote solo. Todos lo somos en Jesucristo, y vosotros lo sois, partícipes del sacerdocio de este obispo. Porque al recibir el sacramento del orden, quedáis incardinados de una manera especial y sacramental en un presbiterio. El presbiterio de Granada, el rostro de una Iglesia en la que se hace presente la Iglesia de Jesucristo.

Una Iglesia con santos, una Iglesia con historia, una Iglesia con riqueza, una Iglesia también con defectos y con debilidades. Pero es la Iglesia de Cristo, que os ha acompañado y en la que estáis. Pero quedáis también unidos sacramentalmente al presbiterio de la diócesis de Granada. Estos hermanos nuestros, que después significarán su acogida a esa fraternidad sacramental mediante la imposición de manos. No sois sacerdotes autónomos, no sois trabajadores autónomos. No vais por vuestra cuenta, ni podréis hacer de vuestra comunidad un lugar independiente del obispo y del resto de los presbíteros.

No podéis mantener una fidelidad y una comunión solo formal, sin el afecto que acompaña la caridad cristiana y la caridad de vida en la Iglesia de Cristo. Luego, queridos hermanos y hermanas, de verdad, vivir de esa fraternidad, manifestarla en hechos concretos. No estáis solos. Hoy el Papa recordaba a los sacerdotes de Madrid, no hace mucho, las circunstancias en las que hoy el sacerdocio se desarrolla.

Vivimos el secularismo. Vivimos tantas dificultades en la acción evangelizadora como entorpeciendo el anuncio del mensaje de Jesús. También hay mucha realidad santa. Las descubrís en vuestras comunidades cristianas, en vuestros pueblos. Pero también, queridos hermanos, muchas dificultades. No os vengáis abajo, no estáis solos. Y tener la capacidad y la humildad de pedir ayuda a los hermanos. No podemos ser sacerdotes solos.

El obispo no puede ser obispo solo, sin la comunión del Colegio Episcopal, al cuyo frente está el sucesor de Pedro. Y vosotros, sin la comunión y la fraternidad efectiva con el resto de vuestros hermanos sacerdotes, en el presbiterio. No vayáis por vuestra cuenta, no seáis freelance en el ejercicio del sacerdocio. Queridos hermanos… Gracias, familias. Porque la vocación no nace sino en el seno de una comunidad cristiana, de una familia cristiana.

Habéis acompañado con las dificultades, con los claroscuros, con los momentos de sufrimiento, la vocación de vuestros hijos, queridos padres. Queridas comunidades neocatecumenales, en las vocaciones también hay una manifestación de vuestra vitalidad y de vuestro aporte a la Iglesia. La Iglesia de Granada se beneficia de estos sacerdotes, también con el rasgo de la misión. Claro que sí.

De esa misión que viene después de esta consagración y a la que antecede la vocación, como he dicho. Todo el pueblo cristiano reza por vosotros hoy de manera especial. Lo habéis pedido. Y pido a todos que pidamos al Señor que conceda vocaciones abundantes a nuestros seminarios. Necesitamos sacerdotes. Sacerdotes fieles, sacerdotes a imagen de Cristo.

Que María Santísima, madre de Dios y madre nuestra, madre de los sacerdotes, a la que nosotros invocamos como la Santísima Virgen de las Angustias, a la que en Argentina invocáis como Nuestra Señora de Luján.

Que Ella ruegue por nosotros. Que Ella nos proteja y os cuide. Y tenemos aquí a san José, a mi izquierda, tenerlo muy presente. Es el patrono de la Iglesia. Él nunca nos deja. Él siempre cuida. Que Él nos cuide también y nos proteja. Y os digo que entonces no iréis mal.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

28 de febrero de 2026
S.A.I Catedral de Granada

Lecturas del II Domingo de Cuaresma (Ciclo A)

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Primera lectura

Lectura del libro del Génesis 12, 1-4ª

Vocación de Abrahán, padre del pueblo de Dios

En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra, de tu patria, y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti una gran nación, te bendeciré, haré famoso tu nombre y serás una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan, y en ti serán benditas todas las familias de la tierra».

Abrán marchó, como le había dicho el Señor.

Salmo

Salmo 32, 4-5. 18-19. 20 y 22

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti

– La palabra del Señor es sincera, y todas sus acciones son leales; él ama la justicia y el derecho, y su misericordia llena la tierra.

– Los ojos del Señor están puestos en quien lo teme, en los que esperan su misericordia, para librar sus vidas de la muerte y reanimarlos en tiempo de hambre.

– Nosotros aguardamos al Señor: él es nuestro auxilio y escudo. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.

Segunda lectura

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 1, 8b-10

Dios nos llama y nos ilumina.

Querido hermano:

Toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios.

Él nos salvó y nos llamó con una vocación santa, no por nuestras obras, sino según su designio y según la gracia que nos dio en Cristo Jesús desde antes de los siglos, la cual se ha manifestado ahora por la aparición de nuestro Salvador, Cristo Jesús, que destruyó la muerte e hizo brillar la vida y la inmortalidad por medio del Evangelio.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 17, 1-9

Su rostro resplandecía como el sol

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y subió con ellos aparte a un monte alto.

Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.

De repente se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bueno es que estemos aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».

Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra y una voz desde la nube decía: «Este es mi Hijo, el amado, en quien me complazco. Escuchadlo».

Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.

Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis».

Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.

Cuando bajaban del monte, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos».

Comentario de Miguel Ángel Garzón, pbro.

Las lecturas nos hacen contemplar ya la luz de la Pascua. El Señor le pide a Abrahán que abandone su pasado y camine hacia un futuro desconocido y humanamente imposible (una tierra y una descendencia numerosa para unos padres ancianos y estériles). Es un momento decisivo en la historia de la Salvación: después de la dispersión de Babel (Gn 11), Dios elige un hombre para bendecir a todas las familias de la tierra. Abrahán responde con fe y se pone en camino.

Este camino desemboca en Jesús de Nazaret. El evangelio relata un momento particular de su camino. Jesús acaba de anunciar su muerte y resurrección, provocando asombro y resistencia en los discípulos. Con tres de ellos sube a un monte alto, lugar de manifestación divina. Allí se trasfigura dejando entrever, en su rostro y en sus vestidos, el resplandor de su gloria. Moisés y Elías (representantes de la Ley y los Profetas, y testigos de la presencia gloriosa de Dios en la montaña santa, Sinaí-Horeb) aparecen para conversar con él, mostrando que Jesús lleva a cumplimiento las Escrituras. Al igual que en su bautismo, la voz celestial revela al Hijo, como mesías, rey y siervo que va al sacrificio (“mi hijo” Sal 2; “el amado” Gn 22; “mi predilecto” Is 42), al que hay que escuchar. Si la luz trasfigurada de Jesús llenó de paz a los discípulos, el misterio divino (nube y voz) los deja atemorizados. Pero Jesús con su presencia (voz y mano) los vuelve a situar en el camino hacia la Pascua. Será el momento de comprender lo acontecido. Hasta entonces es necesario conservarlo en silencio y seguir detrás del maestro, hasta contemplar, en su rostro desfigurado y su cuerpo desnudo, la gloria de la luz de la resurrección.

Pablo acude a este misterio para animar a Timoteo a tomar parte en los duros trabajos del Evangelio: Dios ha mostrado su gracia al aparecer Jesucristo, Él destruyó la muerte y nos salvó, sacando a la luz la vida inmortal. La cruz se hace presente en el seguimiento y la tarea evangelizadora, pero la luz de la resurrección de Cristo se convierte en tierra prometida hacia la que caminamos.

  1. ¿Qué te pide Dios que dejes y hacia donde te pide camines? ¿Confías en su palabra?
  2. ¿Qué espacios de silencio buscas para encontrarte con el Señor y renovar tu vida espiritual?
  3. ¿La luz de Cristo resucitado “trasfigura” tu vida? ¿De qué modo la trasparentas a los demás?

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El Hospital de Lucena contará con una nueva capellanía

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Los sacerdotes Antonio Tejero y Vicente Castander atenderán a los pacientes y familiares de este centro

Lucena cuenta desde el año 2021 con el Hospital Centro de Andalucía, un centro ubicado en las instalaciones del antiguo Hotel Prestige que ofrece más de treinta especialidades médicas, urgencias, UCI y quirófanos de última generación. Sin embargo, hasta el momento, el hospital no tenía una capellanía para atender a los enfermos, personal sanitario o a sus familiares, entre otros. Desde este jueves, 1 de marzo, y tras largos meses de negociación, el Hospital Centro de Andalucía tiene nuevos capellanes.

Tras cerrar y firmar el convenio acordado para atender a esta pastoral, los sacerdotes Antonio Tejero Díaz y Vicente Castander Guzmán serán los nuevos capellanes del centro, tras ser nombrados por el obispo de Córdoba para esta tarea pastoral. Ambos han firmado su nuevo encargo que compaginarán con su labor en las parroquias lucentinas que atienden. Antonio es párroco de Santiago Apóstol y Vicente párroco de la parroquia de Santo Domingo de Guzmán.

Nombramiento en las Navas del Selpillar

Asimismo, junto a estos dos nuevos nombramientos, se ha llevado a cabo un reajuste en la pastoral de Lucena y ha sido nombrado Eugenio Bujalance párroco de la parroquia de Ntra. Sra. de los Remedios de las Navas del Selpillar, sustituyendo así a Fernando Martín, quien hasta el momento atendía a esta feligresía, a las Agustinas Recoletas y a su parroquia de la Sagrada Familia de Lucena. Eugenio será a partir de ahora el nuevo párroco de los fieles de las Navas del Selpillar.

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La Iglesia en Málaga emite un comunicado sobre la regularización de personas migrantes

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La Iglesia en Málaga emite un comunicado sobre la regularización de personas migrantes
Ante la moción recientemente aprobada en el Ayuntamiento de Málaga relativa a la regularización de personas migrantes, Cáritas Diocesana, CONFER, Delegación Diocesana de Migraciones, HOAC, Manos Unidas y Plataforma Laudato Si, a la luz del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia, deseamos expresar nuestra reflexión.

Nuestra mirada y nuestra palabra nacen del encuentro cotidiano con personas concretas: familias, trabajadores, mujeres y hombres que forman parte de nuestros barrios, parroquias y comunidades. Hablamos desde la experiencia directa con quienes ya viven entre nosotros.

Manifestamos nuestra preocupación ante la difusión de mensajes que vinculan migración con inseguridad, colapso o amenaza social. La realidad que acompañamos cada día demuestra que la mayoría de las personas migrantes desean trabajar, contribuir y vivir en paz, mientras la irregularidad administrativa, con frecuencia, sitúa a las personas en escenarios de explotación y vulnerabilidad.

La Doctrina Social de la Iglesia reconoce tanto el derecho a no emigrar como el derecho a emigrar y a ser acogido. También es consciente del derecho y obligación de los estados a regular los flujos migratorios, pero siempre respetando la dignidad humana y los derechos de todas las personas, favoreciendo además la integración de quienes vienen de lejos.

La regularización administrativa constituye una herramienta que facilita la salida de la economía sumergida, permite cotizar y aportar a la sociedad, y abre caminos para vivir con dignidad. Apostar por la integración fortalece la cohesión social; mientras que excluir o señalar debilita la convivencia.

Como nos recuerda la Sagrada Escritura, “si un inmigrante reside con vosotros en vuestro país, no lo oprimiréis. El emigrante que reside entre vosotros será para vosotros como el indígena: lo amarás como a ti mismo, porque emigrante fuisteis en Egipto” (Lv 19, 33-34). Estas palabras son una llamada a la responsabilidad ética y humana que interpela a toda la sociedad y a nuestras instituciones.

La Red de Entidades para el Desarrollo Solidario (REDES), la Conferencia Española de Religiosos (CONFER), Cáritas y el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española han trabajado para conseguir la regularización extraordinaria de las personas migrantes, desde la Iniciativa Legislativa Popular (ILP). Estas instituciones de la Iglesia de España han expresado públicamente su respaldo firme y unánime al proceso de regularización extraordinaria. Una demanda popular amplia y legítima demandada por amplios sectores de la sociedad por ser una medida de responsabilidad política, ética y social.

Reafirmamos, por tanto, nuestro compromiso de acompañar a las personas migrantes, defender su dignidad y trabajar por una Málaga “Muy Hospitalaria”, como reza en su escudo, que continúe siendo tierra de encuentro y no de confrontación.

Desde el respeto a todas las sensibilidades políticas y sociales, solicitamos que el debate público se construya desde la verdad, la responsabilidad y la búsqueda del bien común, evitando discursos que puedan generar miedo o división.

Queremos seguir estando al lado de quienes más lo necesitan, firmemente convencidos de que una sociedad es más fuerte y justa cuando no deja a nadie atrás.

Diócesis Málaga

Entrevista a Álvaro Munuera, Pablo Polonio y Adriá Perulli, de Aguas de Mara, y al sacerdote Juan Luis Selma

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Entrevista a Álvaro Munuera, Pablo Polonio y Adriá Perulli, de Aguas de Mara, y al sacerdote Juan Luis Selma

“Aguas de Mara” es la nueva marca de ropa cristiana realizada en Córdoba por tres jóvenes emprendedores, enamorados de Dios y movidos por la solidaridad hacia quienes más necesitan. Álvaro Munuera es el joven que tuvo la idea de poner en marcha este proyecto, junto a dos jóvenes más, Pablo Polonio como diseñador gráfico y Adriá Perulli. Los tres van acompañados por el sacerdote Juan Luis Selma.

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