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Más de 100 sacerdotes renuevan sus promesas en la Misa Crismal: «No nos pertenecemos, le pertenecemos solo a Él»

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Como cada Martes Santo, esta mañana se celebraba en la Catedral la Misa Crismal. 

Minutos antes de las 11 de la mañana han comenzado a repicar las campanas de la Catedral de Jaén. Una llamada a participar en esta celebración eucarística, presidida por el Obispo diocesano, Don Sebastián Chico Martínez. Asimismo, alrededor de 120 sacerdotes, llegados de todos los puntos de la geografía diocesana, han querido participar y renovar, un año más, sus promesas sacerdotales.

Junto al Obispo, han concelebrado el Obispo emérito Don Ramón del Hoyo López; el Vicario General, D. Juan Ignacio Damas; el Provicario General, D. José Antonio Sánchez Ortiz; así como otros Vicarios Episcopales y algunos miembros del Cabildo Catedral. También, ha estado presente Monseñor D. Fernando Chica Arellano, Observador permanente Santa Sede en la FAO, el FIDA y el PDA.

Del mismo modo, han participado los Seminaristas, los Diáconos permanentes de la Diócesis y multitud de religiosas y fieles.

Los semanaritas y miembros de la Cofradía de la Buena Muerte han sido los encargados de las lecturas. El Evangelio ha sido proclamado por el Diácono Permanente Don Andrés Borrego.  

Homilía

El Prelado jiennense ha querido comenzar su predicación saludando a Don Ramón y dedicando unas palabras de cariño a nuestro otro Obispo emérito, Don Amadeo, que no ha podido estar presente este año. Además, ha querido agradecer a todos los sacerdotes, seminaristas y religiosos su presencia en esta mañana en la que «el centro de nuestra atención y de nuestros corazones es Jesucristo el Señor, que vivió y murió por nosotros, para ser camino viviente de humanidad redimida y santificada».

Así, Don Sebastián ha querido alentar a los sacerdotes a venerar con agradecimiento y amor la grandeza del sacerdocio y el sacrificio de Jesús. «Él vino a anunciar el año de gracia de Dios, vino a anunciar a los pobres la Buena Noticia; la Buena Nueva de la inmensa bondad de un Dios cercano y misericordioso; la Buena Nueva de un Dios hermano que se acerca a nosotros lleno de misericordia y derrama en nuestros corazones, como un bálsamo perfumado, el don y la riqueza de su Espíritu. Él es el único “que ha bajado del cielo” (Cfr. Jn 3, 31) para hacernos partícipes de la santidad divina: “por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad” (Jn 17, 19)”. Para continuar: “Hoy, al bendecir los óleos y consagrar el santo Crisma, evocamos la misericordia que nos alivia, nos consuela y nos santifica con el don admirable de su Espíritu que empapa y transforma nuestra vida».

Igualmente, el Pastor diocesano ha manifestado que «hoy miramos y renovamos la belleza de nuestro ministerio. No son nuestras palabras, ni nuestros métodos, ni nuestras muchas reuniones, ni nuestras conversiones pastorales, las que van a convertir el mundo. La fuerza vendrá del Espíritu de Jesús, de la verdad profunda de Su palabra que llega hasta lo más hondo del corazón y cambia las vidas desde dentro, con tal de que nosotros seamos instrumentos dóciles, fieles y diligentes, instrumentos útiles de su misericordia». Para continuar animando a los presbíteros a hacer una renovación generosa, ilusionada y con unidad «Hagamos hoy, hermanos sacerdotes, un esfuerzo de renovación, de rejuvenecimiento espiritual. Recuperemos nuestra primera ilusión, nuestro “primer amor”, nuestra disponibilidad, la entrega exigente de nuestra vida, de cada día, de cada hora, de cada minuto de nuestro tiempo».

Asimismo, Don Sebastián ha querido agradecer a los sacerdotes su entrega y ha tenido unas palabras de recuerdo para los presbíteros fallecidos en el último año.  «Queridos hermanos sacerdotes, gracias en nombre del Señor y de toda nuestra Iglesia Jienense por vuestra entrega y fidelidad, por vuestro ser sacerdote. Agradezcamos la vida entregada hasta la muerte de nuestros hermanos que en este año han pasado a la presencia del Padre: Nuestro querido D. Antonio Ceballos Ob, D. Joaquín Tuñón, D. Félix Martínez, D. Manuel Peña, D. Valentín Anguita, D. Reyes Castaño y D. Diego Moreno».

Finalmente, Monseñor Chico Martínez ha pedido oraciones por todo el presbiterio diocesano para “que renovemos verdaderamente, de corazón, las promesas sacerdotales, y pidamos a Dios que nunca falten en nuestra Iglesia jóvenes dispuestos a ofrecer su vida en este servicio santo del ministerio sacerdotal y apostólico”. Para culminar: “Que Santa María, Madre de Jesús y Madre nuestra, Madre de los Apóstoles y Madre de la Iglesia, nos conceda la gracia de responder con fidelidad y con alegría a la vocación que cada uno hemos recibido del Señor para servicio de los hermanos y edificación del Reino de Dios en nuestro mundo”.

Renovación de las promesas y bendición de los santos óleos

Tras la homilía, el clero diocesano ha renovado sus promesas sacerdotales ante el Obispo de Jaén.

Después, se ha llevado a cabo el rito de la bendición de los santos óleos y la consagración del santo crisma, que servirán a lo largo de todo el año para ungir a los enfermos y a los que recibirán los Sacramentos del Bautismo, la Confirmación o el Orden Sacerdotal.

Los seminaristas y los diáconos permanentes han presentado ante el Prelado las tres ánforas de aceite. Primero el óleo de los enfermos y, después, el de los catecúmenos, han sido bendecidos. La última ánfora ha sido la del óleo para el santo crisma. El Obispo ha hecho la mezcla del aceite con las esencias y perfumes y ha insuflado sobre él, para finalizar con la oración de la consagración. Posteriormente, los tres recipientes se han situado en un pedestal, junto al altar, donde han permanecido durante toda la celebración.

Tras la bendición final, Don Sebastián ha querido felicitar a los sacerdotes y darles las gracias. Además, los ha animado a seguir mostrando la belleza de su ministerio, «para que nuestro Seminario se embellezca». Finalmente, les ha deseado un feliz día y una feliz Pascua. Ya en la Sacristía, le ha exhortado a salir de sí mismos para entregarse por completo a los demás, verdadera misión de su ministerio. «No nos pertenecemos, somos totalmente del Señor. Yo no quiero guardarme nada para mí, que sea todo para Él. No os guardéis nada. Yo siento que cuanto más me despropio, me siento más feliz».

Este año, los 65 litros de aceite de oliva virgen extra bendecidos han sido donados por la Cooperativa Santa Ana – San Isidro de Torredelcampo. Al finalizar la celebración se han repartido entre todos los párrocos de la Diócesis.

Galería fotográfica: «Misa Crismal»

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Homilía del Obispo de Jaén en la Misa Crismal

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Querido Don Ramón, que junto a D. Amadeo y conmigo, como último estabón, formamos parte de la hermosa sucesión Apostólica de esta Diócesis de Jaén. Gracias por su presencia.

Os saludo hermanos sacerdotes que formáis nuestro gran presbiterio. Doy gracias al Señor por este regalo, por esta gran familia que lo formamos. Agradezco la presencia de todos los sacerdotes que sois de otras Diócesis y que unidos a este presbiterio estáis colaborando en el servicio a nuestra Iglesia jienense. Bienvenidos los que estáis fuera, prestando otras tares y que hoy, reunidos en esta hermosa celebración, sentimos el calor de la fraternidad. Tengamos, también, presente a nuestros misioneros y a todos los sacerdotes enfermos que no pueden estar junto a nosotros, pero lo están en nuestra oración.    

Estimados diáconos permanentes, religiosos y seminaristas. Hermanos todos en el Señor.

De nuevo, la Misa Crismal nos reúne fraternalmente en torno al Altar de Dios, en una celebración que es a la vez un acto de gratitud, de renovación espiritual y de aliento apostólico y misionero.

En esta mañana, el centro de nuestra atención y de nuestros corazones es Jesucristo el Señor, que vivió y murió por nosotros, para ser camino viviente de humanidad redimida y santificada.

La lectura del Evangelio nos invita a reconocerlo presente en medio de nosotros, como Sacerdote único y eterno, siempre vivo para interceder por nosotros, puerta abierta desde este mundo a la vida eterna y a la gloria de Dios, nuestro Padre.

Jesucristo es sacerdote no según la tradición judía, sino según el rito de Melquisedec. Nos dice el Papa Benedicto XVI: “nos lo recuerda precisamente la Eucaristía: ofreció pan y vino, y en ese gesto se resumió totalmente a sí mismo y resumió toda su misión. En ese acto, en la oración que lo precede y en las palabras que lo acompañan radican todo el sentido del misterio de Cristo… anticipo de lo que sucedería a continuación, donde la pasión de Cristo se presenta como una oración y como una ofrenda… Oración y ofrenda, escuchada y aceptada por el Padre quien le confiere este sacerdocio en el momento mismo en que Jesús cruza el paso de su muerte y resurrección”. (Cfr. Hom. 3 – 6 – 2010)

Ese sacerdocio de Jesús, que se realiza y se consuma en su vida, en su muerte y resurrección, nos dignificó a la humanidad entera, haciéndonos un pueblo de sacerdotes, es decir, un pueblo en comunicación y alianza con Dios, enriquecido por los bienes del Espíritu Santo.

Queridos hermanos, que estáis presentes en esta celebración, veneremos con agradecimiento y amor la grandeza del sacerdocio y el sacrificio de Jesús. Él vino a anunciar el año de gracia de Dios, vino a anunciar a los pobres la Buena Noticia; la Buena Nueva de la inmensa bondad de un Dios cercano y misericordioso; la Buena Nueva de un Dios hermano que se acerca a nosotros lleno de misericordia y derrama en nuestros corazones, como un bálsamo perfumado, el don y la riqueza de su Espíritu. Él es el único “que ha bajado del cielo” (Cfr. Jn 3, 31) para hacernos partícipes de la santidad divina: “por ellos me santifico a mí mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad” (Jn 17, 19)

Hoy, al bendecir los óleos y consagrar el santo Crisma, evocamos la misericordia que nos alivia, nos consuela y nos santifica con el don admirable de su Espíritu que empapa y transforma nuestra vida.

Y, también, evocamos el “don de misericordia” que, en nosotros sacerdotes, ha regalado a los hombres, en nuestro ser “llamados, ungidos y enviados”, para, participando de su misión, siendo representantes suyos, actuando en su nombre, tener la potestad de “abrir las compuertas del cielo” y ser cauces de su gracia santificadora. ¡Ésta es la gran belleza de nuestro ministerio!

Por todo ello, cada vez más, los sacerdotes tenemos que ser los hombres cercanos a Dios, como lo fue Cristo, capaces de ayudar a nuestros hermanos a ponerse en comunicación de fe y de amor con el Dios de la gracia y de la salvación.

Este encuentro personal con Dios será fuente de liberación interior, de fraternidad, de paz y serenidad, de esperanza y gozo espiritual, principio secreto y poderoso de nuestra renovación de la vida, y como consecuencia de la sociedad y del mundo entero.

No olvidemos la importancia de la oración en nuestra vida, ni descuidemos el tiempo dedicado a estar a los pies del Señor, para fortalecer nuestra vida; de estar en silencio a los pies del Sagrario, primer lugar de nuestra entrega sacerdotal y la primera expresión de nuestra solícita caridad pastoral por el rebaño que nos ha sido encomendado.

Los cristianos estamos viviendo momentos duros para nuestra fe. Tenemos la sensación de que remamos a contracorriente. Encontramos muchas dificultades para vivir fielmente el mensaje de Jesús y la comunión cristiana, en un mundo cada día más secularizado, poderoso, seductor, individualista, apartado en muchas cosas de los caminos verdaderos de la salvación.

Y es duro para nosotros, testigos y ministros de una vida nueva y de una salvación que viene de Dios, y que no es reconocida ni estimada como algo importante. Sentimos que somos ministros de un Dios cada vez más olvidado y menospreciado, que ha querido entrar en el mundo con la debilidad del respeto, del amor y de la misericordia.

No es extraño que sintamos la tentación del cansancio y del desaliento, que nos entre algunas veces la angustia y la duda ante la debilidad de nuestros medios y la poca eficacia de nuestros esfuerzos.

Sin embargo, contra esta tentación del desaliento, camuflado muchas veces en forma de individualismo, de conformismo y de rutina, con valentía y fortaleza renovamos hoy la fe en el valor permanente del sacerdocio de Jesús, que sostiene desde dentro la vida de quienes acuden a Él por la fe y el amor.

Hoy miramos y renovamos la belleza de nuestro ministerio. No son nuestras palabras, ni nuestros métodos, ni nuestras muchas reuniones, ni nuestras conversiones pastorales, las que van a convertir el mundo. La fuerza vendrá del Espíritu de Jesús, de la verdad profunda de Su Palabra que llega hasta lo más hondo del corazón y cambia las vidas desde dentro, con tal de que nosotros seamos instrumentos dóciles, fieles y diligentes, instrumentos útiles de su misericordia.

Hagamos hoy, hermanos sacerdotes, un esfuerzo de renovación, de rejuvenecimiento espiritual. Recuperemos nuestra primera ilusión, nuestro “primer amor”, nuestra disponibilidad, la entrega exigente de nuestra vida, de cada día, de cada hora, de cada minuto de nuestro tiempo. Que todo en nosotros esté transfigurado por el servicio ministerial a Aquel que nos ha hecho “socios y colaboradores suyos para la obra de santificación de los hombres” (PO).

Hoy el Señor nos pide el esfuerzo de la ilusión y de la unidad. Ilusión renovada poniendo la confianza en Él, en el valor de su palabra y en el poder de su espíritu; poniendo también el empeño por vivir y cuidar una auténtica fraternidad sacramental. Aprovechemos y potenciemos los momentos de encuentro entre nosotros para compartir la fe y animarnos unos a otros, que se nos plantean, especialmente, a través del Plan de animación de la formación permanente; y desde aquí vivir la ilusión de la evangelización, sin perder la audacia de buscar nuevos métodos y nuevas formas para llegar a los hombres de nuestros días.

Esforcémonos por vivir la unidad sincera y profunda en nuestro presbiterio, a pesar de las diferencias objetivas que puede haber entre nosotros, que más que una dificultad puede suponer una riqueza para todos. Pongamos siempre, en primer lugar, la obediencia sincera al Señor; la diligente fidelidad al único Sacerdote, Jesús; el amor profundo a nuestra madre la Iglesia, lo que implica protegerla y cuidarla, siendo conscientes de lo que suponen las consecuencias de nuestros actos; y el servicio de nuestra total entrega al pueblo santo de Dios.

Queridos hermanos sacerdotes, gracias en nombre del Señor y de toda nuestra Iglesia jiennense por vuestra entrega y fidelidad, por vuestro ser sacerdote. Agradezcamos la vida entregada hasta la muerte de nuestros hermanos que en este año han pasado a la presencia del Padre: Nuestro querido D. Antonio Ceballos Ob, D. Joaquín Tuñón, D. Félix Martínez, D. Manuel Peña, D. Valentín Anguita, D. Reyes Castaño y D. Diego Moreno.

Hoy es día de oración por todo el Pueblo Santo de Dios, pueblo consagrado y sacerdotal, pero especialmente por quienes estamos llamados a ser “otros Cristos”, por el sacerdocio ministerial recibido. Por ello, queridos diáconos, religiosos, religiosas, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, fieles cristianos laicos, rogad con nosotros y por nosotros, por nuestro ministerio, para que renovemos verdaderamente, de corazón, las promesas sacerdotales, y pidamos a Dios que nunca falten en nuestra Iglesia jóvenes dispuestos a ofrecer su vida en este servicio santo del ministerio sacerdotal y apostólico.

Que Santa María, Madre de Jesús y Madre nuestra, Madre de los Apóstoles y Madre de la Iglesia, nos conceda la gracia de responder con fidelidad y con alegría a la vocación que cada uno hemos recibido del Señor para servicio de los hermanos y edificación del Reino de Dios en nuestro mundo.

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“Sin sacerdotes no hay Iglesia, no hay Eucaristía”

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El Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, preside la Misa Crismal, concelebrada por el Arzobispo de Burgos, monseñor Mario Iceta, y el obispo electo de Alcalá de Henares, monseñor Antonio Prieto Lucena

El obispo de Córdoba ha presidido la Misa Crismal que celebra junto a su presbiterio, en la que ha consagrado el Santo Crisma y ha bendecido los óleos, una manifestación de comunión de los presbíteros con el Obispo y entre ellos, subrayada por monseñor Demetrio Fernández en su homilía, en la que ha animado a los sacerdotes a “construir la comunión eclesial en el mismo presbiterio y en las parroquias, para ser un mismo cuerpo”.

El Obispo de Córdoba se ha dirigido a los más de doscientos sacerdotes de la Diócesis cordobesa, asegurando que “si queremos que haya más participación de los laicos y vocaciones a la vida consagrada, necesitamos sacerdotes al frente de comunidades que alienten la vida cristiana”.   Lo ha expresado en el contexto de la escasez de sacerdotes que existe en “nuestras latitudes”, una cuestión que  “de interés general y público para toda la Iglesia”. En este sentido, ha señalado algunas de las causas de este descenso, para asegurar que “la razón profunda de la falta de vocaciones es la falta de fe”.

Monseñor Demetrio Fernández ha resaltado la necesidad de sacerdotes ordenados por el sacramento del orden porque “sin sacerdotes no hay Iglesia, no hay Eucaristía”. La Iglesia está escasa de sacerdotes, -ha dicho-,  y “solo surgirán las vocaciones en clima de fe, por eso damos gracias a Dios por cada una de las vocaciones”.

Durante esta celebración emitida por TRECE TV desde la Catedral de Córdoba, los sacerdotes han hecho la renovación de las promesas sacerdotales, un acto que representa cada año la consagración a Dios en plenitud y totalidad y supone “cuidar el corazón para estar disponibles siempre”. El Obispo ha encomendado a los sacerdotes diocesanos de Córdoba no abandonar la tarea de la oración porque un sacerdote “tiene que entrar en el corazón de Cristo, compartir los sentimiento que en estos días se nos ponen de manifiesto esos sentimientos de amor hasta el extremo, de amor hasta la cruz, llenos de sufrimiento si es preciso”.

El Obispo ha hecho mención al reciente nombramiento del Vicario General de la Diócesis, Antonio Prieto Lucena, como obispo de la Diócesis de Alcalá de Henares por el Papa Francisco y ha señalado como del presbiterio diocesano han partido los actuales obispos de Burgos, Huelva y Guadix, «un presbiterio que ofrece a la Iglesia Universal sacerdotes llamados al episcopado, una alegría  y también  un reto que nos llama a mayor santidad y fidelidad a la Iglesia».

Misa Crismal

Con el Santo Crisma se ungen los recién bautizados, los confirmados son sellados y las manos de los presbíteros, la cabeza de los obispos y la Iglesia y los altares en su dedicación. Con el óleo de los catecúmenos, estos se preparan y disponen al bautismo y con el óleo de los enfermos reciben el alivio en su debilidad. Cada Martes Santo se congregan los sacerdotes de la Diócesis de Córdoba, que recogen en este momento los óleos con los que administrarán los sacramento durante todo el año.

 
































 

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Los sacerdotes renuevan sus promesas en la Misa Crismal

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En la celebración se ha consagrado el Santo Crisma y los óleos con los que se ungirá a catecúmenos y enfermos.

«Hoy volvemos a decir al Señor, aquí estoy para hacer tu voluntad, aquí me tienes, Señor». Así animaba esta mañana el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, al presbiterio diocesano durante la celebración de la Misa Crismal, la magna celebración en la que más de 200 presbíteros han renovado sus promesas sacerdotales y donde se consagra el Santo Crisma y los óleos con los que se ungirá a los catecúmenos y enfermos. En la celebración han participado además los seminaristas del Seminario Mayor San Fulgencio, del Menor San José y del Misionero Redemptoris Mater.

El obispo ha exhortado a los sacerdotes a no perder la alegría, ni el coraje del anuncio, a estar atentos, «como centinelas», para que nada pueda «romper la belleza de la entrega incondicional a la voluntad de Dios»; a replantearse la «vocación primera, la frescura del sí» que le dijeron cada uno al Señor; a recuperar la confianza en Dios. También les ha animado a profundizar en la vida interior «como un regalo de Dios», a hacer silencio; a reconocer que el ministerio sacerdotal no es un trabajo, una profesión, sino «una entrega», «una misión».

De la misma manera, les ha alentado a dar testimonio con la palabra, pero sobre todo con sus vidas: «La gente necesita a Dios, busca a Dios, aunque no lo haya sentido cercano y se rinde a Él cuando alguien le habla de su divino corazón con el testimonio de su propia vida, porque la vida habla más que las palabras. El testimonio contagia, llega incluso al más alejado».

Al finalizar la homilía, los presbíteros han renovado junto al obispo sus promesas sacerdotales. Durante la plegaria eucarística, Mons. Lorca ha bendecido el óleo de los enfermos y al finalizar la oración de después de la comunión ha bendecido el óleo de los catecúmenos y ha consagrado el Santo Crisma, derramando aromas sobre el aceite. Con este Crisma serán ungidos los bautizados, confirmados y los ordenados para el ministerio sacerdotal; también se consagrarán con él los altares y las iglesias.

Homilía del obispo de Cartagena

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Cáritas nos invita a compartir los bienes con los más pobres en la jornada del Jueves Santo

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El lema «Somos lo que damos, somos Amor compartido» invita a vivir el Amor cristiano y a compartir los bienes con los más pobres.

El próximo 6 de abril, Jueves Santo, Cáritas anima a toda la comunidad diocesana a participar en los Oficios de la Cena del Señor y colaborar en la colecta que tendrá lugar en todas las parroquias y templos con culto público y que está destinada a apoyar los proyectos de promoción social que Cáritas lleva a cabo en todo el territorio de la Diócesis. Igualmente, desde Cáritas Diocesana de Cádiz se invita a todos los ciudadanos a compartir en este día tan especial, a través de esta colecta extraordinaria, en la labor social de Cáritas.

La colecta del Jueves Santo es una oportunidad para expresar la solidaridad y el apoyo a aquellos que más lo necesitan. Con los fondos recaudados, Cáritas Diocesana de Cádiz podrá continuar con su labor de ayuda a los más desfavorecidos, proporcionando diversos servicios encaminados siempre a la promoción social y laboral.

En estos tiempos difíciles, es más importante que nunca mostrar nuestra solidaridad con los más vulnerables. Por eso, contribuir con esta colecta del Jueves Santo es expresar el compromiso con la construcción de una sociedad más justa y solidaria.

Cáritas Diocesana de Cádiz agradece de antemano la colaboración de todos los ciudadanos en esta importante iniciativa y se compromete a seguir trabajando por el bienestar de los más necesitados. Este compartir cristiano es un signo de esperanza para muchas personas que confían en Cáritas, en la Iglesia, tener nuevas oportunidades de mejorar su futuro.

Somos lo que damos, somos Amor compartido
El verdadero cristiano es aquel que se deja lavar y está dispuesto a lavar los pies. Así nos lo está recordando Cáritas con el lema de este año: «Somos lo que damos. Somos Amor compartido». Por ello, también celebramos que el Amor es lo único que da sentido a nuestra existencia humana. Debemos orientar nuestros anhelos y nuestro propósito en la vida en aprender a amar y el dejarnos amar por los demás. Celebramos que el Amor es el motor que nos hace evolucionar y avanzar. El Amor nos hace descubrir y proyectar el bien común para esta humanidad a la que estamos vinculados a través de esta Tierra, que se ofrece para ser casa y hogar de todas las personas.

Desde Cáritas Diocesana de Cádiz hacemos realidad esta opción de lucha contra la pobreza y la exclusión, desarrollando proyectos que permiten a muchas personas recuperar sus vidas y la de sus familias. Con la colecta del Jueves Santo, entre otros ingresos, Cáritas mantiene su red de atención primaria con ayudas a familias para que cubran sus necesidades básicas, ofrece formación, orientación e intermediación laboral o atención social y acompañamiento a personas en situación de sinhogarismo.

Para aquellas personas que no puedan asistir a los Oficios de la Cena del Señor, pero quieran donar a Cáritas Diocesana de Cádiz para apoyar su acción social, pueden hacerlo online PINCHANDO AQUÍ a través de la cuenta ES98 2103 4000 67 3300000639 o por BIZUM 00883.

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La V edición de los Premios COAS Arquitectura & Sociedad reconoce la labor de la Delegación de Patrimonio Cultural

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La V edición de los Premios COAS Arquitectura & Sociedad reconoce la labor de la Delegación de Patrimonio Cultural

La V edición de los Premios COAS Arquitectura & Sociedad 2023, otorgados por el Colegio de Arquitectos de Sevilla, ha reconocido la labor de la Delegación de Patrimonio Cultural de la Archidiócesis de Sevilla “en la persona del delegado Antonio Rodríguez Babío, presbítero y arquitecto, por llevar a cabo una decidida apuesta en la búsqueda de caminos y lenguajes sin renunciar a la tradición, fomentando el crecimiento de nuevas arquitecturas sin olvidar su misión de conservación, tutela y puesta en valor del patrimonio de la Iglesia”.

“Esta distinción supone el reconocimiento a la labor que desde hace tantos años se está realizando desde la Archidiócesis en pro de la conservación de su patrimonio mueble e inmueble. Es un esfuerzo que no solo aglutina a la Delegación de Patrimonio Cultural, sino también a la de  Obras, que es la que dedica grandes esfuerzos personales y económicos, conscientes de la labor evangelizadora y catequética del patrimonio”, expresa Rodríguez Babío.

El Colegio de Arquitectos de la ciudad ha considerado un total 26 trabajos arquitectónicos en siete categorías diferentes, además de nueve premios Especiales y dos premios a la Excelencia en la Trayectoria de arquitectos que han sido maestros para la profesión.

El jurado de la V edición de los Premios COAS Arquitectura & Sociedad 2023, ha estado constituido por Cristina Murillo, decana del COAS; Elisa Valero, arquitecta; Eva Luque, arquitecta designada por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla; Román Fernández-Baca, arquitecto representante de un Organismo Oficial; Miguel Ángel de la Cova Morillo-Velarde, en calidad de arquitecto/a premiado/a en convocatoria anterior de los Premios de Arquitectura COAS, y Eugenia Álvarez, en calidad de arquitecto/a premiado/a en convocatoria anterior de los Premios de Arquitectura COAS.

Delegación Diocesana de Patrimonio Cultural

A juicio del jurado, “la defensa y tutela de la buena arquitectura debe ser defendida no únicamente desde las instituciones colegiales y/o académicas. Cada vez son más las propuestas de naturaleza privada que se unen en la búsqueda de herramientas para el cuidado de nuestro legado. Por ello, el jurado ha tenido a bien conceder del Premio Arquitectura y Sociedad a la Delegación de Patrimonio Cultural de la Archidiócesis de Sevilla”.

La Delegación Diocesana de Patrimonio Cultural se encarga de la difusión y promoción de los bienes culturales y para su aprovechamiento en la tarea evangelizadora y catequética, así como en la redacción de materiales para que las obras de arte concretas de cada parroquia o templo sean usadas en la catequesis, así como del asesoramiento en las gestiones a realizar ante la intervención y restauración de un bien cultural, su mantenimiento, su préstamo a exposiciones y sirve de cauce entre las parroquias y comunidades con la administración competente en temas de patrimonio.

Entre sus objetivos se encuentra divulgar y dar a conocer el patrimonio artístico de nuestra Archidiócesis a través de los medios de comunicación, tanto diocesanos como locales.

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MARTES SANTO: “GRACIAS SEÑOR PORQUE ME AMAS”, por José Rodríguez Bonilla

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Con la entrada triunfal en Jerusalén nos encontramos ya inmersos en la hora de Jesús, “Ahora es glorificado el Hijo del hombre” (Jn 13, 31), como escuchamos en el Evangelio de la santa misa de hoy. Así pues, el que del caos creó el cosmos, de la confusión creó armonía, el que del desorden creó orden, ahora, “en su hora”, con el poder de su muerte en Cruz, aplastará todo mal, transformando la oscuridad en luz, la tristeza en gozo, la muerte en Vida, otorgándole a todo una armonía y un orden nuevo y definitivo.

Muchos cristianos, y no cristianos, se acercan al misterio de la pasión, al misterio de la persona de Cristo embotados de argumentos, de ideas, a veces, incluso, lamentablemente de ideologías, queriendo entender así la persona de Jesús, como si se tratara de un mero esfuerzo humano o el resultado del raciocinio sin más. Este acercamiento se hace aún más complicado cuando impregnados por corrientes como la posverdad, pareciera que cada vez importa menos lo veraz, lo auténtico, sino la palabrería en pro de los intereses particularistas o ideológicos, y digo palabrería no sólo por la abundancia y bombardeos de discursos que vivimos, sino también por la cantidad de mentiras que encontramos tan lindamente maquilladas llegando a nosotros con unos eufemismos embriagadores, pareciendo un maravilloso licor pero tratándose de un mortífero veneno.

San Anselmo de Canterbury recogió en una afirmación muy sencilla algo verdaderamente extraordinario, dijo así: “Credo ut intelligam”, Creo para entender. La fe, la cual siempre tiene que ir cogida de la mano de la razón, nos eleva al misterio de Dios, cuyo rostro, manos y corazón vemos en Jesús. Por el contrario, el mero ejercicio de nuestra razón atrapada en nuestras “cuatro paredes” sin más, nos encierra como a un ratón en una jaula con su ruleta, que por muchas vueltas que le demos no salimos de ahí. Pero si, por el contrario, nuestra razón es iluminada por la fe y acompañada de la intuición trenzada con la fe, agudizando así maravillosamente la razón, entonces estamos fantásticamente encaminados a la plenitud de nuestro ser, conectados para comprender la entrega de amor hasta el extremo de Cristo por mí, y así creer y entender.

Estos días de Semana Santa son días, pues, para reflexionar, para orar, también para comerse alguna que otra torrija o potaje de bacalao jejeje, pero sobre todo te animo a que por un momento te sientas el ladrón arrepentido, el ciego que recobra la vista, el hijo que pródigo que después de haberse ido de la casa del padre movido por egoísmos y espejismos el padre lo recibe feliz con los brazos abiertos; siéntete el discípulo que le traiciona, por las veces que tú te has dejado llevar por el mal, o Pedro en sus negaciones por tus cobardías; siéntete también uno de sus discípulos que te quiere llevar a un lugar a parte para que experimentes la intimidad de su Corazón regalándote la Eucaristía en la última Cena; siéntete como Juan, el discípulo amado, que te hace reclinar la cabeza en su pecho. Ponte con sencillez y con los dones que el Creador te ha dado delante de Él, tal y como tú eres, y deja que Su mirada llegue a lo más profundo de tu ser, de esta manera, iluminado por Él entenderás todo mejor, y descubrirás lo maravilloso que es creer y así también entender. Cuando vayas a una celebración y lo recibas en la Eucaristía, o cuando por nuestras calles te encuentres con una procesión y veas alguna de esas bellas imágenes que tenemos de Cristo, te animo a que levantes tu mirada sin miedos y prejuicios, levantes y abras tu corazón y con sencillez le digas desde los más profundo: “GRACIAS SEÑOR PORQUE ME AMAS”.

La vida es muy corta para perderla en “tus tesoros”, abre la puerta de tu vida al Tesoro, al Señor, al que te ha dicho “busca y encontrarás, llama y se te abrirá” (Mt 7, 7-11), porque eres infinitamente amado por Él, y toda la historia de la Creación y de la Salvación es una prueba de ello. ¡Que tengáis todos una sorprendente Semana Santa!

José Rodríguez Bonilla, Párroco de Níjar

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Este martes 4 de abril, Misa Crismal en la Catedral

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Este Martes Santo 4 de abril, a las 11:00 horas, será la Misa Crismal en la Catedral presidida por el Obispo. Esta Eucaristía que se celebra junto a todos los presbíteros de la diócesis, es una de las principales manifestaciones de la plenitud sacerdotal del Obispo y signo de la unión estrecha de los presbíteros con él. Se celebra el martes y no en la mañana del Jueves Santo, para facilitar la presencia del mayor número posible de clero.

En ella, además, se consagrará el Santo Crisma que se emplea para el bautismo, la confirmación y la ordenación sacerdotal, y se bendecirán los óleos de los catecúmenos y de los enfermos.

Durante la celebración, los presbíteros renovarán, ante el obispo y el Pueblo de Dios, las promesas sacerdotales que realizaron el día en que fueron ordenados.

Por otro lado, se recordará a los sacerdotes fallecidos desde la última Misa Crismal: Asterio Cabrera, Manuel Segura Morales, Jesús Martínez de San Juan, Santiago Domingo Albertos y Elías Díaz.

Asimismo, se dará gracias por los dos nuevos presbíteros ordenados en este último año: Gabriel Hernández y David Estévez.

Además, como es tradición, se realizará una especial mención a aquellos sacerdotes que cumplen sus bodas de oro, o de plata, en el ministerio presbiteral.

En este sentido, están celebrando 25 años de ordenados Fernando Delgado, Manuel Ramón Villamor y José Antonio Manterola .

Por su parte, cumplen bodas de oro Domingo Miguel Ponce, Guillermo García, Felipe García, Miguel Dévora y Juan López.

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Muchos fieles y todas las hermandades en la procesión de palmas de Huéscar

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Muchos fieles y todas las hermandades en la procesión de palmas de Huéscar

Aunque hace ya unos años que el Convento de las Madres Dominicas está cerrado, un Domingo de Ramos más se volvió a abrir, para bendecir las palmas, que cada año la Hermandad del Santísimo se encarga de distribuir. Una vez bendecidas, comenzó la procesión hasta la iglesia parroquial, donde se celebró la santa Misa.

Una gran multitud de personas acudió con sus palmas, sobre todo de las distintas hermandades y cofradías. Los hermanos mayores acompañaron al párroco revestidos con los trajes de penitente de su Hermandad, dándole más colorido a la procesión. También la corporación municipal se unió a dicha celebración.
El párroco estuvo acompañado por el sacerdote José Díaz y por el diacono de la parroquia, junto a un buen grupo de monaguillos.
Al finalizar la santa Misa, los fieles se dirigieron a la capilla del Santísimo, lugar en el que la Hermandad del Santo Sepulcro tenía preparado el besa manos y el besa pies a sus sagrados titulares.

José Antonio Martínez Ramírez.
Párroco de Santa María, de Huéscar

 

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Los niños de catequesis también participaron en la procesión de ramos de Caniles

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Los niños de catequesis también participaron en la procesión de ramos de Caniles

La parroquia de Santa María y San Pedro de Caniles ha vivido de una manera muy especial el domingo de Ramos. Por primera vez, los niños del tercer curso de catequesis, es decir los que harán la comunión en este curso, se han vestido de niños hebreos y, portando sus ramas de olivos, y han dado una gran solemnidad a esta tradicional procesión.

A las once de la mañana, la Cruz parroquial y los ciriales, portados por los monaguillos, abrían el cortejo desde la parroquia hasta la ermita, acompañados de más de treinta niños y niñas vestidos de hebreos, presidiendo el cortejo, el párroco Rafael Tenorio. Una vez llegados a la ermita, la corporación municipal, autoridades, hermandades, cofradías y toda la feligresía, tras la bendición de los ramos de olivos y las palmas, salieron en cortejo haya la iglesia. Allí se celebró la santa Misa del Domingo de Ramos.
Desde la parroquia se agradece a todos su colaboración y participación en este acto y en la preparación de los niños.

Rafael Tenorio
Párroco de caniles

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