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Ha resucitado y está con nosotros

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CARTA PASTORAL DE PASCUA 2023

HA RESUCITADO Y ESTÁ CON NOSOTROS

«Lucharon vida y muerte
en singular batalla,
y muerto el que es la vida,
triunfante se levanta
».

Queridos fieles diocesanos:

Desde hace veinte siglos la Iglesia viene anunciando esta gran noticia: El que murió en una cruz, Jesús de Nazaret, que envuelto en lienzos fue sepultado, cumplió su palabra: «Resucitó al tercer día». Con gozo, celebramos la mayor de todas las fiestas que tenemos los cristianos, la Fiesta por excelencia en torno a la cual gira todo el año litúrgico.

Cristo, que ha querido redimirnos dejándose clavar en un madero, entregando su vida por amor, ha vencido a la muerte. Su muerte redentora nos ha liberado del pecado, y ahora, su resurrección gloriosa nos ha abierto el camino hacia el Padre. Este dogma de la Resurrección forma parte esencial del depósito de nuestra fe. Profesamos en el Credo: «al tercer día resucitó de entre los muertos…creo en la resurrección de la carne y la vida eterna». Por nuestro bautismo participamos del triunfo de Cristo Resucitado y un día, al final de los tiempos, participaremos de modo físico, pues nuestra materia no está llamada a desaparecer por completo.

Gracias a la muerte y resurrección de Jesús, Dios Padre nos ha dado su Espíritu Santo. El Espíritu de Dios, que resucitó a Jesús, nos resucitará también a nosotros. Conocemos por el Nuevo Testamento qué frutos produce en nosotros ese Espíritu: «amor, alegría, paz, tolerancia, afabilidad, generosidad, fidelidad, sencillez, dominio de sí» (Gal 5, 22 ss.). Estos frutos son señales de que vive en nosotros el Espíritu Santo, que resucita para la vida inmortal con Dios.

Así, el Señor de la Vida, venciendo la muerte, ha resucitado del sepulcro, ha iluminado el mundo y lo ha transformado, dando un nuevo rumbo a la historia humana; haciendo de nuestra vida una vida renovada.

Vidas renovadas por el Resucitado

Esta fue la experiencia de los primeros discípulos que se encontraron con el Resucitado. Los seguidores del Maestro, en el momento del arresto, del juicio y de la crucifixión, salieron corriendo. Casi todos tuvieron miedo. Pero la resurrección de Jesús les abre a una vida nueva. Los que vivían en el temor, reciben la paz. Los que se habían ocultado en una casa con las puertas cerradas, son enviados al mundo a predicar la Buena Nueva del Reino. La experiencia de la resurrección de Jesús cambió radicalmente la vida de los primeros discípulos. Durante cuarenta días, el Resucitado da muestras de que ha vencido a la muerte y ha inaugurado una vida nueva para Él y para nosotros.

Cuando María Magdalena (Jn 20,11-18) descubrió que el sepulcro de Jesús estaba abierto y vacío, temió que se hubieran llevado el cuerpo de su Señor. Él salió a su encuentro, la llamó por su nombre y se produjo en ella un profundo cambio: su desconsuelo y desorientación se transformaron en alegría y entusiasmo. De inmediato corrió para anunciar a los Apóstoles: «He visto al Señor».

También, Tomás, que no quiso creer lo que le contaban (Jn 20,19-31), tiene un encuentro con el Resucitado donde le ofrece su costado para que lo palpe, le enseña las manos y, mostrándole la cicatriz de sus heridas, sana la herida de su incredulidad y reconoce su verdadera y más profunda identidad: «¡Señor mío y Dios mío!».

De igual modo, el Apóstol San Pablo cuando fue llamado por Jesús Resucitado, «alcanzado por Cristo Jesús» (Flp 3,12), su nueva luz transformó radicalmente su existencia. Desde su encuentro personal con Cristo, a quien perseguía en sus discípulos, el perseguidor puso ya todas sus fuerzas al servicio exclusivo de Jesucristo y de su Evangelio. Situó en el centro de su vida a Cristo y Él fue ya, hasta su martirio, su única identidad.

Lo mismo sucedió con aquellos dos discípulos, camino de Emaús (Lc 24,13-25) en la tarde de la Pascua, y así podríamos citar incontables nombres de cristianos transformados por la fuerza de la Resurrección. Es la fuerza del resucitado que supera todo tiempo y cálculos humanos. Una fuerza que también ha llegado hasta nuestros días, solamente tenemos que dejarnos alcanzar por ella.

Vidas que anuncian al Resucitado

En pleno siglo XXI, los cristianos seguimos siendo testigos de este hecho y proclamamos que el Señor Jesús está vivo y reina glorioso por los siglos, por su victoria sobre el pecado y sobre la muerte.

Jesús Resucitado encomendó a sus discípulos predicar su Evangelio, darlo a conocer por todo el mundo. Nos corresponde a los cristianos hacérselo llegar a los que todavía no lo conocen o se han alejado o huido de él. No es preciso hacer cosas extrañas ni extraordinarias para ello. Basta con vivir el estilo del Resucitado. Que nuestra conducta como laicos, consagrados, sacerdotes, padres y madres de familia, jóvenes… provoque preguntas esenciales en quienes nos conocen, como: ¿por qué situamos en el centro de nuestra vida a Jesucristo?; ¿por qué nos acercamos de igual a igual y con amor a los más pobres y necesitados?; ¿por qué defender y proteger la vida de una persona desde su concepción hasta su final?; ¿por qué luchar para que todos tengan una vida digna?; ¿por qué sabemos perdonar a los enemigos y a quienes nos insultan, calumnian y persiguen?… en una palabra, ¿por qué siendo en apariencia iguales a los demás existe otro sentir y otra esperanza?. La respuesta: porque amamos a Dios y seguimos al Resucitado.

Que seamos una Iglesia que vive en alegría pascual, que se renueva y comunica, en novedad y frescura, impulsados por su Espíritu. Una Iglesia que vive la vida nueva, que abre su Resurrección para el mundo y su historia, y que quiere correr hacia los desesperanzados para decirles: “El Señor vive y te quiere vivo”. Un mensaje de esperanza que nuestro mundo, tan necesitado, ansía oír aún sin saberlo; y sobre todo, lo espera ver en el amor y la alegría de quienes estamos llamados a ser testigos del amor del Señor.

La Virgen María, nuestra Madre Reina del Cielo, como la aclamamos en el cántico del Regina Coeli, nos acompañe en este camino de alegría pascual. Ella, que vivió con los apóstoles el gozo de la Resurrección y esperó con ellos la venida del Espíritu Santo, renueve nuestras fuerzas y nos conceda la esperanza de la vida nueva que ha comenzado con su Hijo Resucitado.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

Feliz Pascua de Resurrección

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Hermanos: celebrar la Pascua de Resurrección es confesar nuestra fe en Cristo resucitado, lo que renueva y fortalece nuestra vida cristiana y da un nuevo impulso a la misión de la Iglesia en el mundo, que es tarea de todos los bautizados.

Nuestra sociedad necesita el testimonio de los cristianos para que la palabra de Pedro y de los Apóstoles siga resonando en el mundo. Queridos fieles, amigos cofrades, si la Semana Santa que hoy culmina con la Pascua dejara en nosotros el compromiso de una vida cristiana renovada, ¡cuántas cosas podríamos cambiar en esta sociedad! A pesar de la brillantez de nuestras procesiones, mañana volveremos a la vida de cada día en una sociedad en la que, sin imágenes en la calle y bajo la presión de una cultura laicista, Dios es puesto entre paréntesis por miles y miles de ciudadanos. ¿Se notará que Cristo ha resucitado? ¿Cómo comunicaremos a todos que el sepulcro de Jesús está vacío y que Cristo ha sido levantado de la muerte para que nosotros tengamos vida?  ¿Cómo ha de ser nuestro testimonio y nuestra palabra en una cultura cerrada a la llamada a la conversión y al cambio de vida según el evangelio? Sin vuestros titulares procesionando por las calles ¿seremos nosotros imágenes vivas de Cristo en la calle que le hagan presente en la familia, en la oficina o el taller, en el descanso y la diversión? ¿Será cada casa de hermandad un cenáculo donde, con María, estemos abiertos a la gracia del Espíritu Santo? ¿Celebraremos de verdad la Pascua siendo testigos de la Resurrección del Señor? (…).

El Palacio Arzobispal de Sevilla suspende las visitas culturales programadas para el sábado 27 de mayo

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El Palacio Arzobispal de Sevilla suspende las visitas culturales programadas para el sábado 27 de mayo

El Palacio Arzobispal de Sevilla suspende las visitas culturales programadas para el sábado 27 de mayo, con motivo de la ordenación episcopal de los nuevos obispos auxiliares de Sevilla que tendrá lugar en la Catedral hispalense y que ameritará el uso de las dependencias del edificio.

En este sentido, se ruega a las personas que hayan adquirido entradas para visitar el Palacio Arzobispal el sábado 27 de mayo, acudir a la Librería Diocesana para efectuar el cambio de fecha o el reembolso del abono, en horario de lunes a viernes de nueve de la mañana a dos de la tarde o bien, contactando a través del teléfono 954 505 534.

Durante la visita, que dura en torno a cuarenta y cinco minutos, se muestra el interior del edificio que alberga las oficinas de la Curia Diocesana y es residencia del Arzobispo. Concretamente, el recorrido atraviesa las dependencias en las que se custodia un auténtico tesoro artístico.

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Una calle en Torreblanca en homenaje al sacerdote jesuita Antonio Olmo

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Una calle en Torreblanca en homenaje al sacerdote jesuita Antonio Olmo

La comunidad jesuita de Sevilla vivió un momento entrañable promovido por la Hermandad Sacramental de Nuestro Padre Jesús Cautivo ante Pilato, María Santísima de los Dolores y San Antonio de Padua de Torreblanca relacionado con la rotulación de tres calles vinculadas a la mencionada corporación.

Una de ellas ha sido dedicada al sacerdote Antonio Olmo Civanto, sj, que estuvo al frente de la Parroquia San Antonio de Padua, de Torreblanca, por más de 15 años y que actualmente reside en Málaga. “Una experiencia muy emotiva para él y en la que estuvo acompañado por un grupo nutrido de fieles de Torreblanca, de la propia Hermandad y de su anterior destino en la Parroquia de El Puerto de Santa María, que se desplazaron hasta Sevilla para la ocasión”, informaron fuentes de la hermandad. “Se trató de un acto sencillo, entrañable y caluroso en el que se acentuó el carisma y visión histórica y pastoral del padre Antonio Olmo, que en estrecho contacto personal con el barrio de Torreblanca supo vislumbrar, aunar y encauzar la religiosidad popular”.

Fotos: Hermandad de los Dolores de Torreblanca 

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“La Iglesia que soñamos”, 30º Semana de Formación del Arciprestazgo de la Cartuja

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“La Iglesia que soñamos”, 30º Semana de Formación del Arciprestazgo de la Cartuja

El Arciprestazgo de la Cartuja organiza del 17 al 21 de abril su 30º Semana de Formación que se celebrará en el Teologado claretiano a las 19 horas. La entrada será libre.

Con el lema: “La Iglesia que soñamos” el Teologado claretiano acogerá del 17 al 21 de abril la celebración de la 30º Semana de Formación del Arciprestazgo de la Cartuja que será por las tardes a las 19 horas.

Entre las ponencias que se desarrollarán a lo largo de la semana, la ponencia inaugural el 17 de abril estará a cargo de Reme García Álvarez con el título: “La Mujer en la Iglesia”.

En las siguientes jornadas las charlas serán: “Que venga Dios y la vea. La Iglesia del siglo XXI” con Luis Antonio Rodríguez; “La Iglesia que sueñan y construyen los jóvenes” con grupos juveniles; “Una Iglesia encarnada y comprometida en lo social” por D. Manuel Mingorance Carmona y por último, el 21 de abril Serafina Béjar hablará sobre “Cuatro metáforas para soñar la Iglesia”.

Al término de la última ponencia el día 21 habrá un momento fraterno y un ágape compartido para todos los participantes.

María José Aguilar
Secretariado de Medios de Comunicación Social

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El Comedor Social de Cáritas en Algeciras retoma su actividad social en el interior de sus instalaciones

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El Comedor Social de Cáritas, ubicado en el Centro Social “Padre Cruceyra” de Algeciras, ha retomado, hoy 11 de abril, su labor de ofrecer almuerzos en el interior de sus instalaciones. De esta forma, se recupera la normalidad del funcionamiento del comedor alterada al decretarse el confinamiento por la COVID19 en marzo de 2020. Previa a la apertura de las salas, el arcipreste de Algeciras, Francisco Castillo, ha bendecido los alimentos que serán servidos en esta primera ocasión. En este momento, han participado el equipo humano, voluntariado y técnicos, y el director de Cáritas Diocesana de Cádiz.

Si bien durante estos largos y difíciles años, las personas necesitadas han seguido siendo atendidas, la distancia social exigida y la capacidad limitada del aforo de nuestro recurso provocó que las personas no pudieran entrar en la sala del comedor, obligándonos a modificar el modelo de atención social tradicional, optando por un servicio de preparación de comidas servidas en recipientes portables. Sin embargo, a pesar de que las personas que acudían a recibir la ayuda alimentaria no accedían a la sala comedor, no se ha dejado en ningún momento de prestar este servicio.

Tal como explica, la dirección de Cáritas Diocesana de Cádiz “para Cáritas, poder abrir de nuevo las puertas del comedor y poder ofrecer la ayuda en el interior es muy importante, porque nuestra vocación es acoger y ayudar a las personas que lo necesitan y ofrecer nuestra ayuda de la forma más digna posible. Cáritas, de nuevo, te sienta a su mesa».

El comedor ofrecerá, como antes del COVID, dos turnos de comida en la que se podrá atender en total a unas 100 personas. Durante los dos años que el servicio se ha visto alterado, el equipo técnico de Cáritas ha realizado un análisis de la realidad social de las personas que acuden a este servicio y ha establecido un nuevo proceso de acogida, derivación y atención social. El resultado de este estudio establecerá una mejora en las respuestas de Cáritas a cada problemática personal y conectará el comedor social con la red de Cáritas en las parroquias de Algeciras y con el proyecto de atención social a personas sin hogar que se ubica en el mismo centro social.

Desde Cáritas se agradece la inestimable colaboración que voluntariado; donantes particulares y empresas; Área de Asuntos Sociales del Excmo. Ayuntamiento de Algeciras, así como a Protección Civil, que han ayudado en este tiempo, para que Cáritas pudiera seguir ofreciendo ayuda a pesar del aumento de personas usuarias del servicio y del encarecimiento de los precios, especialmente, desde que comenzó el conflicto bélico en Ucrania.

Tal y como declara el Secretario General de Cáritas Diocesana de Cádiz: “aunque contamos con una aportación importante desde la Junta de Andalucía, desde el Ayuntamiento de Algeciras y de muchas donaciones privadas, es fundamental contar con más ayudas porque el alza del coste de los alimentos y del mantenimiento del edificio pone en riesgos la continuidad de la actividad«.

Igualmente, además de la necesidad de más financiación, Cáritas considera de vital importancia recuperar el voluntariado que, previo a la pandemia, acudía diariamente a este proyecto, ya que al volver a servir las comidas en el interior se requiere el aumento de personas voluntarias para cubrir los diferentes turnos de comida semanal.

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Cuatro adultos y un niño recibirán los sacramentos de iniciación cristiana el domingo de la Divina Misericordia

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Fruto del encuentro personal con Jesucristo. Fruto de la fe. Fruto de una decisión meditada. Este domingo de la Divina Misericordia, cinco adultos recibirán los sacramentos de iniciación cristiana: bautismo, comunión y confirmación.

Se trata de cinco hombres de entre 9 y 53 años de edad, que se acercan ahora a la fe a través de la Delegación Episcopal de Catecumenado y de un proceso de formación y acompañamiento en el que ha recibido catequesis y han conocido de cerca a la Iglesia y han discernido su vocación cristiana como la mejor opción para su vida.

Fue el primer domingo de Cuaresma cuando participaron en el rito de elección, de manos del Obispo, quien ahora administrará los tres sacramentos de iniciación a estos catecúmenos.

La Diócesis cuenta con la Delegación de Catecumenado que acoge, atiende, forma y acompaña a aquellas personas que no han recibido la fe de pequeños, a las que cambian de credo o a las que, habiendo recibido el bautismo en los primeros años de vida, no han mantenido una fe viva ni contacto alguno con la Iglesia ni el resto de los sacramentos.

El Concilio Vaticano II tomó la decisión de restaurar el catecumenado, el proceso de iniciación de la Iglesia primitiva. Ese proceso es el fundamento del Rito de iniciación cristiana de adultos (RICA) para iniciar a las personas en la vida de la Iglesia. Al restaurar el catecumenado, los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía vinieron a ser recibidos en una sola liturgia, resaltando así su conexión. Una persona queda completamente iniciada en la Iglesia y adoptada como pertenencia de Dios cuando recibe el Espíritu Santo en el Bautismo y la Confirmación, y se acerca al Padre a través de Cristo en la Eucaristía.

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Un grupo de jóvenes evangeliza por diversos puntos de la ciudad

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Desde la parroquia de Santa Luisa de Marillac se promovió una experiencia de evangelización por el Polígono Guadalquivir y el Sector Sur

Puerta Verde, el programa impulsado por la parroquia de Santa Luisa de Marillac de Córdoba para dar formación y promoción a los vecinos más jóvenes de una de las zonas más desfavorecidas de la ciudad, ha vuelto a ponerse en acción llevando a cabo una experiencia de evangelización de calle el Viernes Santo por diversos puntos de la ciudad, una experiencia de misiones por el Polígono Guadalquivir y el Sector Sur que comenzó con una carrera de coches y se prolongó durante tres días de actividades.

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, realizó el envío del mandato misionero a los jóvenes que desarrollaron la misión procedentes de Madrid, Sevilla y Málaga junto a los de Santa Luisa de Marillac y la parroquia de San Martín de Porres.

Asimismo, el mismo Viernes Santo se unieron a la misión un grupo de chicas de la Obra procedentes de Pamplona y el Sábado Santo se llevó a cabo un taller sobre ‘la Maleta de Luisa’ a un grupo de universitarios que han estado estos días con los Hermanos Maristas.























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Domingo de Resurrección 2023 | “No es lo mismo que Cristo haya resucitado o no”

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Saludos: ¡Feliz Pascua, Santa Pascua de Resurrección! Queridos hermanos y hermanas presentes en esta celebración: arzobispo emérito, obispo auxiliar electo, Cabildo Catedral, presbíteros y diáconos, miembros de la vida consagrada y del laicado; distinguidas autoridades; queridos todos en el Señor. Hemos vivido estos días santos con el corazón, con los sentimientos; también con el entendimiento, y sobre todo con la fe, focalizados en los misterios de nuestra redención. Hoy culminamos con esta solemne misa del Domingo de Pascua de Resurrección.

La resurrección de Cristo no es fruto de una especulación o de una experiencia mística, no es mitología. Es un hecho histórico, un acontecimiento que sobrepasa ciertamente la historia, pero que sucede en un momento preciso de la historia dejando en ella una huella definitiva. No es lo mismo que Dios exista o no, no es lo mismo que Cristo haya resucitado o no. No estamos aquí desarrollando una representación cultural, o manteniendo viva una tradición de nuestros antepasados; nos encontramos actualizando un misterio de redención. El sepulcro vacío y las apariciones confirman la resurrección del Señor.

Cada domingo renovamos nuestra profesión de fe en la resurrección de Cristo, al proclamar unidos el Credo. Este hecho histórico es un gran misterio que ha cambiado el curso de la historia y que actualizamos en cada celebración eucarística; además, el tiempo pascual es el tiempo litúrgico en el que esta realidad central de la fe cristiana se propone a los fieles de un modo más intenso en su riqueza doctrinal y en su fuerza inagotable, para que la redescubran cada vez más y la vivan cada vez con mayor fidelidad. Cada año, en el Triduo Pascual, recorremos, en un clima de oración y penitencia, las etapas finales de la vida terrena de Jesús: su condena a muerte, la subida al Calvario llevando la cruz, su sacrificio por nuestra salvación y su sepultura. Luego, al «tercer día», la Iglesia revive su resurrección: es la Pascua, el paso de Jesús de la muerte a la vida, en el que se realizan en plenitud las antiguas profecías. Toda la liturgia del tiempo pascual canta la certeza y la alegría de la resurrección de Cristo.

Es muy importante reafirmar esta verdad fundamental de nuestra fe, cuya verdad histórica, por otra parte, está ampliamente documentada. Si se debilita en la Iglesia la fe en la Resurrección, todo se desvirtúa, y todo se acaba desmoronando. Por el contrario, la adhesión de corazón y de mente a Cristo muerto y resucitado cambia la vida e ilumina la existencia de las personas y de los pueblos. La certeza de que Cristo resucitó es la que ha infundido valentía, audacia profética y perseverancia a los mártires de todas las épocas. El encuentro con Jesús vivo ha cambiado la vida de innumerables hombres y mujeres, que desde los inicios del cristianismo siguen dejándolo todo para seguirlo y poniendo su vida al servicio del Evangelio. «Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra predicación y vana también vuestra fe», tal como afirma el Apóstol san Pablo (1Co 15, 14). Pero lo cierto es que ha resucitado.

El anuncio que a lo largo del tiempo pascual iremos escuchando es que Jesús ha resucitado, y nosotros podemos encontrarnos con él, como se encontraron con él las mujeres que, al alba del tercer día se habían dirigido al sepulcro; como se encontraron con él los discípulos, sorprendidos y desconcertados por lo que les habían referido las mujeres; y como se encontraron con él muchos otros testigos en los días que siguieron a su resurrección.

Él sigue presente entre nosotros tal como nos ha prometido: «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 20). El Señor está con nosotros, con su Iglesia, hasta el fin de los tiempos. Los miembros de la Iglesia primitiva, iluminados por el Espíritu Santo, comenzaron a proclamar el anuncio pascual abiertamente y sin miedo. Y este anuncio, transmitiéndose de generación en generación, ha llegado hasta nosotros y resuena cada año en Pascua con una fuerza siempre nueva.

«Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo que va a venir sobre vosotros y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaría y hasta el confín de la tierra» (Hch 1, 8). Testigos de Jesús. Nosotros hoy continuamos dando testimonio de Cristo resucitado, seguimos el anuncio del Evangelio. Sin miedo, aunque llegara el caso de poner en peligro nuestra vida.

¿Cómo lo haremos? Con un estilo de vida propio, inspirado en el Evangelio, que será siempre novedoso. Tal como lo indica san Pablo a los cristianos de Colosas: “Por tanto, si habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde Cristo está sentado a la derecha de Dios; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra” (Col 3, 1-2). Puesto que hemos resucitado con Cristo, busquemos vivir de forma coherente con la enseñanza de Cristo: una fe viva y profunda, amor a Dios y al prójimo, solidaridad, esperanza, alegría, firmeza, defensa de la verdad y no de lo políticamente correcto, o lo que esté de moda en cada momento.

Tenemos una Madre que es también Maestra: María Santísima. Ella nos guía y acompaña. Salimos con María al encuentro de Cristo resucitado. Vivamos el gozo de su victoria, reavivemos nuestra fe, seamos testigos de esperanza y alegría. ¡Santa y Feliz Pascua!

+ José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla

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Vigilia Pascual 2023 | “Ésta es una noche gozosa porque sólo ella fue testigo de la resurrección de Cristo”

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Vigilia Pascual 2023 | “Ésta es una noche gozosa porque sólo ella fue testigo de la resurrección de Cristo”

Saludos: Queridos hermanos y hermanas presentes en esta celebración: arzobispo emérito, cabildo catedral, presbíteros y diáconos, miembros de la vida consagrada y del laicado; Cuarta Comunidad Neocatecumenal de la Parroquia de la Sagrada Familia, que ha finalizado el Camino; queridos todos en el Señor.

¡Feliz y Santa Pascua! En esta Noche Santa todo el universo creado está llamado a velar junto al sepulcro de Cristo. Hemos escuchado unos textos de la Sagrada Escritura que hablan de la Historia de la Salvación, de las obras admirables de Dios en favor de los hombres; desde la creación a la redención, desde el éxodo a la Alianza en el Sinaí, de la antigua a la nueva y eterna Alianza. En esa noche santa se cumple el proyecto eterno de Dios que entra en la historia del ser humano y del cosmos.

El misterio pascual de Cristo lleva a plenitud la revelación del amor de Dios, por el que creó el mundo, creó el ser humano y lo rescató de la muerte eterna mediante el sacrificio de Cristo, ya prefigurado en el sacrificio de Isaac. La alianza de Dios con los patriarcas sería renovada en el Sinaí, con la promulgación de la ley. Las aguas del Mar Rojo son figura de las aguas bautismales, en las que somos sepultados con Cristo en su muerte y renacidos en la nueva vida de la gracia. También hemos escuchado cómo Dios acompaña a su pueblo una vez llegado a la tierra prometida, y por medio de los profetas revela su amor eterno, y promete el agua viva que brotaría un día del costado abierto de su Hijo en la cruz. Los profetas exhortaban a Israel a mantener la fidelidad a la ley, garantía de la amistad de Dios.

En esta noche de gracia, la Iglesia pide a Dios que mire con bondad a su Iglesia, que lleve a cabo la obra que empezó y que todos los pueblos puedan ser renovados por las aguas bautismales y la unción del Espíritu. Ésta es una noche gozosa porque sólo ella fue testigo de la resurrección de Cristo. Cristo ha resucitado. Y en el primer encuentro con María Magdalena y la otra María les dice: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (Mt 28, 10).

¿Qué significa para los discípulos ir a Galilea? Recordemos que Galilea ha sido el principal escenario de su predicación y actuación. Allí pronuncia el “Sermón de la montaña”, las Bienaventuranzas y el Padrenuestro, la mayor parte de su enseñanza. Pero ahora existe una novedad importante. Entre las experiencias anteriores y el nuevo encuentro con Jesús ha tenido lugar la Pasión, Muerte y Resurrección. El “ver a Jesús”, el nuevo encuentro con Él, será el fundamento para su misión. Son apóstoles porque han visto a Jesús, han convivido con él, han sido testigos de su vida, de su pasión, muerte y resurrección. Jesús ahora les confirma en su misión desde una nueva dimensión, y les enviará a hacer discípulos a todos los pueblos.

¿Qué significa para nosotros ir a Galilea? Significa renovar y actualizar el encuentro con Cristo, redescubrir nuestro Bautismo como inicio de una nueva vida de hijos de Dios, llamados a la santidad y al apostolado. Significa reavivar el carisma, la gracia que hemos recibido y que debemos hacer fructificar, recrear la experiencia de encuentro con Cristo, que pasó a nuestro lado y nos llamó también a anunciar la buena nueva del Evangelio.

Los apóstoles no habían entendido el mensaje de Jesús y discutían camino de Jerusalén quién de ellos era el más importante, y cuando llegó el momento de la pasión no estuvieron a la altura de las circunstancias. Pero el Señor les encarga ir a Galilea para encontrarse con él, para recibir una nueva instrucción y su mandato misionero, a partir de la cruz y la resurrección. Cuando nosotros nos alejamos del camino, Cristo resucitado siempre nos espera en Galilea para ofrecernos su luz y gracia y para confirmarnos en la misión. Siempre de la mano de María Santísima, la Madre. ¡Santa Pascua!

 

+ José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla

 

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