Con motivo de la elección del papa León XIV, el Vaticano ha emitido un sello conmemorativo, de firma malagueña, dedicado al él.
El sello reproduce, tras el Papa, la efigie de la Virgen del Rosario, cuya mirada se dirige hacia él en señal de protección maternal.
El 8 de mayo del 2025 tuvo lugar la elección de León XIV, coincidiendo además con la festividad de la Virgen de Pompeya. Los primeros pasos de este papa agustino han buscado fortalecer la paz, el diálogo y la unidad. Y han dejado claro su carácter de canonista, matemático, y por tanto ordenado y sistemático en sus elecciones, pero también el de ser pastor, demostrando su cercanía a los más desfavorecidos desde su amplia experiencia como misionero y obispo de Chiclayo en Perú.
Queridos hermanos y hermanas del Camino Neocatecumenal, presbíteros, responsables, catequistas…
La Palabra que Dios nos regala cada día tiene un objetivo claro –lo acabamos de escuchar en este Evangelio (San Juan 15, 9-11)– que la alegría de Dios esté en nosotros y que nuestra alegría llegue a plenitud. No se trata por tanto de una alegría forzada con los labios, sino de una alegría honda del corazón que se manifiesta aun en medio de las tormentas de cada día.
Esta alegría tiene su origen en una experiencia fundante… Dios me ha amado así os he amado yo, dice Jesucristo en el Evangelio. Jesucristo me ama, a mí, con mis contradicciones y pecados, con mis buenas intenciones y mi entrega diaria. A mí. Esta es la experiencia fundamental del cristiano.
Recordad la experiencia de Josefina Bakhita, que cuenta el papa Benedicto en la encíclica Spe Salvi. Nació aproximadamente en 1869 en Sudán. Cuando tenía nueve años fue secuestrada por traficantes de esclavos, golpeada y vendida cinco veces en los mercados de Sudán. Terminó como esclava al servicio de la madre y la mujer de un general, donde cada día era azotada hasta sangrar. Por fin, en 1882 fue comprada por un mercader italiano para el cónsul italiano Callisto Legnani que volvió a Italia. Aquí, después de los terribles «dueños» de los que había sido propiedad hasta aquel momento, Bakhita llegó a conocer un «dueño» totalmente diferente: al Dios vivo, el Dios de Jesucristo. Hasta aquel momento sólo había conocido dueños que la despreciaban y maltrataban. Ahora, por el contrario, oía decir que había un Señor bueno, la bondad en persona. Se enteró de que este Señor también la conocía, que la había creado también a ella; más aún, que la amaba. Al experimentar ese amor ella fue «redimida», ya no se sentía esclava, sino hija libre de Dios.
Para vivir y transmitir esta experiencia de amor de Dios en vuestras familias y comunidades, en la vida de cada día y en la misión concreta de cada cual; para experimentar la alegría de Dios y que nuestra alegría llegue a plenitud, quisiera recordar tres recomendaciones que recientemente el papa León dirigió a los responsables del Camino Neocatecumenal (19 de enero de 2026, Ciudad del Vaticano):
1. Favorecer la libertad interior de cada persona. Recordaba el Santo Padre: «que “donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Co 3,17). Por eso, el anuncio del Evangelio, la catequesis y las diversas formas del actuar pastoral deben estar siempre libres de toda forma de coacción, rigidez y moralismos, para que no suceda que puedan suscitar sentimientos de culpa y temores en lugar de liberación interior».
Así pues, en la comunidad cristiana no cabe que una persona diga a otra: “Dios quiere que tú hagas esto o lo otro”. Más bien, se trata de formar a cada bautizado y bautizada para pueda escuchar la voz de Dios en su conciencia. La Iglesia Católica, enseña que “la conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella” (GS 16); la conciencia es el primero de todos los vicarios de Cristo y, por tanto, tenemos el derecho de actuar en conciencia y en libertad a fin de tomar personalmente las decisiones morales (cf. CIC 1778, 1782 DH3).
2. Promover la experiencia de Iglesia. Mirad, vivimos un momento, en la Iglesia y en el mundo, de repliegue hacia dentro. Estamos tan a gusto en nuestro propio grupo, en nuestra propia comunidad, que corremos el riesgo de desarrollar actitudes maniqueas: dentro de la comunidad están los buenos, fuera los malos. Da la sensación de que fuera de “mi” comunidad no hay salvación (Extra communitatem meam nulla salus).
Frente a esta tentación, decía el papa León a los responsables del Camino: «Como custodios de esta unidad en el Espíritu, os exhorto a vivir vuestra espiritualidad sin separaros nunca del resto del cuerpo eclesial, como parte viva de la pastoral ordinaria de las parroquias y de sus diversas realidades, en plena comunión con los hermanos y, en particular, con los presbíteros y los obispos».
Por tanto, queridos hermanos y hermanas, vivid la fe en pequeños grupos –es un valor precioso e irrenunciable– pero siempre abiertos afectiva y efectivamente a las diversas parroquias y a esta diócesis particular de Málaga, que camina unida en torno al Sucesor de los Apóstoles (se llame Ramón, Antonio, Jesús o José Antonio). No dejéis, pues, de participar en las eucaristías y acciones parroquiales, en las celebraciones y procesos sinodales de la Diócesis.
3. Impulsar la acción evangelizadora. Con el papa León, me uno a la acción de gracias a Dios por el impulso misionero de las Comunidades Neocatecumenales:
«Anunciar el Evangelio al mundo entero, para que todos puedan conocer a Cristo. Precisamente este deseo ha animado siempre y sigue alimentando la vida del Camino Neocatecumenal, su carisma y las obras de evangelización y catequesis que representan una valiosa contribución para la vida de la Iglesia. A todos, especialmente a quienes se han alejado o a aquellos cuya fe se ha debilitado, ofrecéis la posibilidad de un itinerario espiritual mediante el cual redescubrir el significado del Bautismo, para que puedan reconocer el don de la gracia recibida y, por tanto, la llamada a ser discípulos del Señor y sus testigos en el mundo. Animados por este espíritu, habéis encendido el fuego del Evangelio allí donde parecía apagarse y habéis acompañado a muchas personas y comunidades cristianas, despertándolas a la alegría de la fe, ayudándolas a redescubrir la belleza de conocer a Jesús y favoreciendo su crecimiento espiritual y su compromiso de testimonio».
Queridos hermanos y hermanas: favoreced la libertad interior de cada persona, promoved la experiencia de Iglesia, seguid impulsando la acción evangelizadora de la Iglesia; para acoger, disfrutar y transmitir la alegría y el amor que Dios nos regala inmerecida y gratuitamente cada día.
La Iglesia de Málaga activa un dispositivo de ayuda a migrantes en proceso de regularización.
José Luis habla de un faro en mitad de la niebla. Tatiana, de una esperanza tan grande que todavía le cuesta creerla. Ambos han cruzado fronteras, han esperado durante años y han vivido en una situación administrativa irregular que les impedía trabajar con derechos, cotizar o alcanzar una mínima estabilidad. Hoy, sus palabras ponen voz a un momento largamente esperado por miles de personas migrantes en España: la regularización extraordinaria que abre una vía real hacia la dignidad y la inclusión.
Lejos de ser una medida improvisada, esta regularización ha sido defendida durante años por entidades sociales y eclesiales como un acto de justicia social. Así lo expresaron el pasado 27 de enero organizaciones como Cáritas, la Red de Entidades para el Desarrollo Solidario (REDES), la Conferencia Española de Religiosos (CONFER) y el Departamento de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, al valorar el inicio de un proceso que reconoce a personas que llevan tiempo sosteniendo sectores clave de la economía y de la vida social, muchas veces desde la invisibilidad y la precariedad.
Esta regularización se inscribe, además, en una larga trayectoria de medidas similares adoptadas tanto en España como en otros países europeos. Desde finales de los años 80, España ha aprobado seis procesos de este tipo, impulsados por distintos partidos políticos. En la Unión Europea se han realizado más de 40 regularizaciones desde los años 90.
En la diócesis de Málaga, la respuesta de la Iglesia ha sido clara y coordinada. Cáritas Diocesana, en estrecha colaboración con la Delegación Diocesana de Migraciones y otras entidades sociales, ha activado en los últimos meses un amplio dispositivo de información, orientación y acompañamiento. El objetivo es doble: ofrecer información veraz y accesible sobre el proceso y acompañar, de forma cercana, a quienes desean iniciar o ya han iniciado este camino hacia la regularización.
Este trabajo se ha desplegado tanto en las comunidades parroquiales como entre las propias personas migrantes. A través de sesiones formativas en comisiones arciprestales, encuentros con agentes de Cáritas parroquial y espacios de coordinación con entidades sociales, se ha buscado unificar criterios, despejar miedos y reforzar la red de acogida. Al mismo tiempo, la información ha llegado directamente a quienes más la necesitan, como el alumnado del Centro de Formación para el Empleo Sagrada Familia.
Allí se forman José Luis y Tatiana. Él describe la regularización como una oportunidad que divide la vida en «un antes y un después». Ella, madre de un adolescente, explica qué significa ofrecer a su hijo un futuro con más oportunidades del que ella tuvo. Ambos coinciden en una idea esencial: poder formarse, trabajar y aportar a la sociedad en igualdad de condiciones no es un regalo, es un derecho.
Desde Cáritas insisten en que la regularización no solo beneficia a las personas migrantes. «Aquí gana toda la sociedad», explica Rubén Correa, técnico del programa de Migraciones de Cáritas Málaga. «La formalización laboral permite cotizar, fortalecer el Estado del bienestar y combatir la economía sumergida». Frente a los discursos que presentan la migración como una carga, la experiencia diaria demuestra —añade— que «se trata de una oportunidad compartida».
«El trabajo otorga una dignidad que la beneficencia no da», señala Correa. Y subraya además el sentido profundo que esta medida tiene desde la fe: «Donde hay condiciones de vida dignas, ahí está Dios. Somos hijos de Dios más allá de nacionalidades. Apostar por la regularización es Evangelio y doctrina social de la Iglesia».
La medida es valorada también de forma muy positiva por responsables y empresarios que ya trabajan con personas migrantes en el marco de prácticas formativas del alumnado de Cáritas. Verónica Plata, jefa del Servicio de Ayuda a Domicilio del Ayuntamiento de Málaga, subraya que «regularizar a quienes ya desempeñan tareas de cuidados —muchas veces sin derechos ni protección— «permitirá mejorar las condiciones laborales, reforzar la estabilidad de las plantillas y garantizar una mayor continuidad en la atención», asegura.
En otros sectores, como la hostelería, la experiencia es similar. Javier Fernández, propietario de la Taberna El Globo, destaca «la motivación y las ganas de aprender» de los alumnos del centro Sagrada Familia que acogen en prácticas, en un sector donde «la falta de mano de obra es una realidad creciente». En la misma línea se expresa Luciano López, uno de los responsables del restaurante El Imperial, quien considera que la regularización permitirá acabar con situaciones de abuso laboral y ofrecer condiciones dignas a personas «implicadas, con voluntad de trabajar y de salir adelante».
Con motivo de la fiesta de San Juan de Ávila se ha celebrado la convivencia del clero.
Ponencia de Luis Joaquín Rebolo González en la convivencia del clero con motivo de la fiesta de san Juan de Ávila
El jueves más cercano a la fiesta de san Juan de Ávila, este año el 7 de mayo, se celebró en Casa Diocesana la convivencia del clero. Una jornada emotiva y especial en la que el presbiterio felicitó a sus hermanos que celebran este año sus bodas de plata y oro sacerdotales.
La mañana comenzó con una ponencia de Luis Joaquín Rebolo, doctor en Sagrada Teología por la Pontificia Universidad Gregoriana, en Roma. Laico, esposo y padre de dos hijas que se dedica a la investigación y divulgación de la teología política. La ponencia la reproducimos en esta página.
Luis compartió con el presbiterio un replanteamiento de la mutua implicación entre la fe y las realidades temporales. Política, inmigración, diversidad, sufrimiento y el día a día de la realidad de las parroquias, con los rostros concretos de las personas que a ellas llegan, fueron el hilo conductor de su ponencia. «Ustedes son ministros de la reconciliación y ese ministerio no acaba en el confesionario», expresaba ante los participantes en la jornada.
Bodas de oro y plata
Guillermo González Mediavilla, párroco del Dulce Nombre de María, y Jesús Catalá Ibáñez, obispo emérito de Málaga, celebran sus bodas de oro.
Los religiosos oblatos Ismael García Moreno y Rafael Martín Villanueva; Daniel Ceratto, arcipreste de la Axarquía-Costa; Francisco Castro Pérez, párroco de Santa Inés; Salvador Gil Canto, párroco de la Amargura y Aurelio Julián López Sánchez, párroco de Nuestra Señora del Carmen (Fuengirola), celebran sus bodas de plata.
D. Jesús Catalá Ibáñez, 3 de julio de 1976
Ordenación de D. Jesús Catalá
El 3 de julio de 1976, la parroquia de Santa Catalina mártir, de Vilamarxant (Valencia), se engalanaba para celebrar la ordenación sacerdotal de D. Jesús Catalá, obispo emérito de Málaga. Quien pastoreó esta diócesis desde 2008 a 2025 celebra este año sus bodas de oro sacerdotales y, con este motivo, ha concedido una entrevista que pueden leer en este enlace. En ella, D. Jesús recuerda que aquel día «todo el pueblo estaba gozoso por esta ordenación de un paisano suyo». Repasando su etapa formativa, afirma que la suya fue «una generación crítica con nuestros educadores y con las instituciones; pero al mismo tiempo con muchos deseos de aportar lo mejor de nosotros a la sociedad y a la Iglesia». Mons. Catalá eleva, finalmente, «una acción de gracias desde lo hondo de mi corazón. El Señor me llamó para servirle en el ministerio y me fue conduciendo según sus planes, que, ciertamente, no eran los míos».
Guillermo González Mediavilla, 29 de febrero de 1976
Ordenación de Guillermo González
Recibió la ordenación de manos de Mons. Javier Osés, «el mismo obispo que ordenó sacerdote a nuestro obispo, Mons. Satué. Casualidad que me emociona», reconoce mientras recuerda aquel día «con gran alegría porque fue para mí el momento en que se cumplía la esperanza que había tenido desde niño. Cuando me preguntaban qué quería ser de mayo, siempre respondía que fraile o cura. Otros niños querían ser toreros o futbolistas, pero yo siempre decía que fraile o cura, me contaba mi madre. El día de mi ordenación se cumplió una esperanza que he tratado de vivir con alegría, a lo largo de mi vida. Con mis fallos, mis defectos y algunos aciertos. Viendo siempre la misericordia de Dios que me ha acompañado siempre».
Da gracias a Dios por estos 50 años porque «se dice pronto, pero son un montón de experiencias y testimonios. Mi sacerdocio lo he vivido prácticamente en la diócesis de Málaga, en la zona de los Montes, en Alfarnate, Colmenar, Alfarnatejo… y en la parroquia Dulce Nombre de maría, en Los Prados, y como capellán en el Hospital Clínico, y algunas tareas más. Le doy gracias al Señor por hacerse presente en la Eucaristía. Es tal mi pequeñez y su grandeza pero cada día me maravillo de que el Señor me eligiera para ser sacerdote y para vivir la vocación con ánimo e ilusión, con todos mis hermanos sacerdotes. Y esa es mi acción de gracias».
Ismael García Moreno, OMI, 2 de junio de 2001
Ordenación sacerdotal del misionero oblato Ismael García
Los misioneros oblatos Ismael García y Rafael Martín, quienes sirven en la diócesis de Málaga, celebran este año sus bodas de plata. Ismael da gracias a Dios «por estos 25 años que, la verdad, han pasado muy rápido y a mucha velocidad. Es Él quien me lo ha dado todo. En primer lugar, el don de la vida y después la familia. Soy lo que soy gracias a ellos. Y también le doy las gracias por mi parroquia de San Leandro, en Madrid, en la que experimenté la llamada del Señor, la vocación. Le doy gracias al Señor por todo lo que he vivido a lo largo de estos 25 años en los distintos lugares en los que me ha puesto y me ha llamado a servir a la gente. Por toda la gente, los feligreses, los laicos y los hermanos de comunidad de la congregación, que me han ido conformando como soy».
Del día de la ordenación recuerda que «éramos 3, otro compañero más, el padre Mario, se ordenó con nosotros, ahora es el Prefecto Apostólico del Sáhara Occidental. Nos ordenó el cardenal Rouco Varela. Fue una celebración preciosa en mi parroquia, con la familia, los amigos, los feligreses y los hermanos de comunidad. Y aún con más cariño recuerdo la primera Misa, al día siguiente. Nos ordenamos el día 2 de junio, víspera de Pentecostés, y el día de Pentecostés celebre mi primera Misa. Me impresionó repetir en la consagración las palabras de Jesús en la última cena. Ahí es cuando me di cuenta de que algo en mí había cambiado, era otra persona».
Daniel Ceratto, 9 de agosto de 2001
Ordenación sacerdotal de Daniel Ceratto (tercero en primera fila)
Daniel Ceratto recibió la ordenación el 9 de agosto de 2001. En estos 25 años, «el Señor me ha llevado por caminos variados, desde estudios en Roma y muchos años de misión en Rusia, hasta estar ahora en España. Puedo decir que ha sido una experiencia de encuentros con la gracia y desencuentros por mis pecados, pero el Señor me fue enseñando el camino de la justicia y me ha mostrado que su misericordia sin la justicia es un mito, desgraciadamente muy de moda».
Fue ordenado junto a 50 compañeros más y da gracias a Dios por «tener la conciencia de saber que no lo merezco, por haberme dado la familia que me dio y las personas que puso en mi camino. Todas mis esperanzas están puestas solo en Él y soy consciente de que me ha llamado a ser una voz en el desierto, una voz incómoda, porque quienes me conocen saben que soy directo y me siento llamado a buscar y decir la verdad. Estoy convencido de que, sin ella, solo hay engaño y esclavitud. Esa es mi misión y personalmente la vivo como un fuego que Dios mantiene en mi corazón».
Francisco Castro Pérez y Salvador Gil Canto, 15 de septiembre de 2001
El 15 de septiembre de 2001, Francisco Castro y Salvador Gil recibían, de manos del entonces obispo de Málaga D. Antonio Dorado, la ordenación. «Cumplir este año 25 de sacerdocio es, sobre todo, ocasión de dar muchas gracias a Dios porque Él es el que me ha regalado esta forma de vivir buena y bella, que es la de ser cura al servicio de la gente, por todos los caminos por los que me ha ido llevando. Caminos insospechados en los que siempre me encontrado con el Señor, en distintas comunidades y rostros», explica Francisco.
«Siempre de su mano. Siempre ha sido el Señor al que he visto respetando mi ritmo. Me ha ido enseñando, me ha sostenido en todos los momentos y no todos han sido buenos», añade.
Este profesor de los Centros Teológicos es un amante de la música y gran conocedor del flamenco y reconoce que «dar gracias, también se me apetece hacerlo cantando y, si Dios quiere, dentro de poco podré compartir un proyecto musical que conmemora estos 25 años».
La imagen del día de su ordenación la tiene fija en su memoria pero no tiene ni una imagen física de ella: «fue casi al inicio de la era digital y no tengo ningún testimonio gráfico de ese día. Había alguien haciendo fotos, pero todas salieron veladas, ¡qué bueno! Lo recuerdo como un día lleno de mucho nerviosismo, personalmente, pero vivido en el abandono y la confianza. Podría decir, como Jeremías, aquello de que me embaucaste Señor y me dejé embaucar. Una mezcla de sentimientos en los que primaba el vivir unido a la voluntad misma del Señor, como decimos cada día en el Padre Nuestro, no sea mi voluntad sino la tuya, sabiendo que mi vida entera, con mis dones y fragilidades, las ponía al servicio del pueblo de Dios, y el Señor iba a transformarlos para dar los frutos que Él quisiera».
También sin una foto física pero con una imagen clara en el corazón, Salvador Gil recuerda el día de su ordenación «como un día de inmensa alegría compartida. Era la mañana del 15 de septiembre del año 2001 y marcaría mi vida para siempre, junto a los compañeros que nos ordenábamos. Recuerdo la sacristía antes de empezar la ceremonia, con una gran cantidad de sacerdotes hermanos que nos acogían. Y, de manera especial, recuerdo a D. Antonio Dorado, el obispo que nos ordenó. Recuerdo también una gran cantidad de laicos y religiosas que nos acompañaban en esa mañana y, al tocar la campana, comenzar la procesión de salida y sonar los primeros acordes del órgano, sentí una emoción interior que era el Señor que me decía: “hoy empiezas tu ministerio”. Así son los recuerdos de aquel día de ordenación que provocaron en mí una gran paz, una gran plenitud de mi vida y que siguen siendo hoy también motivo de acción de gracias».
Y después de 25 años de ministerio da gracias a Dios «porque me llamó y me sigue llamando a entregarle, a Él y a su Iglesia, mi vida como sacerdote. Doy gracias a Dios por mi familia, por el colegio y la parroquia donde descubrí esta llamada a ser sacerdote. Doy gracias al Seminario que fue casa y escuela donde me formé. Por las parroquias a las que he servido y a las que sigo sirviendo en la actualidad, por todas las personas que el Señor puso en mi camino para ser reflejo de Jesús, el buen pastor. Gracias a Dios también por los obispos que han sabido acompañarme en estos 25 años de ministerio y, especialmente, doy gracias a Dios por su fidelidad y su paciencia para conmigo».
Aurelio Julián López Sánchez, 22 de diciembre de 2001
Primera Misa de Aurelio López
La Navidad de 2001 fue muy especial para Aurelio López, el 22 de diciembre recibía la ordenación sacerdotal. 25 años después, «nace en mí una acción de gracias profunda y sincera al Señor por el regalo que me ha hecho del ministerio, por todo lo que durante estos 25 años he podido vivir y compartir en todos los lugares y parroquias en las que he estado destinado y también en los colegios diocesanos y en la escuela pública en los que he podido impartir, durante 21 años, la asignatura de Religión Católica. La docencia ha marcado mucho mi ministerio. Muy agradecido al Señor por mantener esta ilusión de seguir viviendo el Evangelio y de seguir acercando almas para que se puedan encontrar con Él y para que puedan encontrar la felicidad y la plenitud, que es la misma que yo intento vivir. Realmente el Señor no elige a los capacitados, sino que capacita a los elegidos. Y yo me siento así».
El día de su ordenación lo recuerda con «mucho temor y con mucha responsabilidad. Iba de camino desde la parroquia donde estaba, en Las Pedroñeras (Cuenca), al pueblo de Mota del Cuervo, donde era profesor de Religión, y miraba al cielo y me decía: “Aurelio, ¡qué grande es la Iglesia y qué pequeño eres tú! ¡Qué responsabilidad tan grande la que vas a tener cuando seas sacerdote porque vas a estar en una parroquia como pastor de almas, y esto realmente es muy importante! Así lo recuerdo, con ese sentido de responsabilidad y con ese temor de si realmente iba a estar capacitado o no. Pero no puedo más que dar gracias a Dios por todo el bien que me ha hecho y por ser sacerdote. Los alumnos me preguntaban: “Aurelio, si volvieras a nacer, ¿volverías a ser sacerdote?”. Y con los ojos cerrados, y al instante, les decía: “por supuesto”. Cuando eres feliz, te sientes bendecido por Dios».
La Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) celebra su día el domingo 10 de mayo, con una jornada de convivencia.
Asamblea Diocesana HOAC
Comenzará a las 11.00 horas con la celebración de la Eucaristía y, a las 12.30 horas, tendrá lugar una mesa redonda en la que participarán voces diversas que analizarán la situación de la vivienda: Rosa Galindo, miembro de Un Techo por Derecho; Ana Valeria Abularach, miembro de Juventud Obrera Cristiana; Cheikh Mbacke Mbopu, persona migrada; y Ramón Aguadero, militante de la HOAC.
«Dialogaremos sobre la problemática de la vivienda, desde diferentes perspectivas, ámbitos y situaciones vitales», explica su presidente diocesano, José Luis Fernández Orta.
Concluirán la jornada compartiendo una paella y un tiempo de convivencia.
Ya se puede visitar la exposición ‘Hermanas Trinitarias en Málaga: 100 años tejiendo esperanza’.
La sede de la Agrupación de Cofradías de Semana Santa de Málaga, situada en calle San Julián, acoge desde el 7 al 30 de mayo la exposición ‘Hermanas Trinitarias en Málaga: 100 años tejiendo esperanza’, una muestra organizada por la congregación de Hermanas Trinitarias, con motivo de su centenario en Málaga, en la que se recoge su legado en la ciudad a través de su destacado taller de bordados artesanales que fueron también espacios de acogida, de formación y de reconstrucción personal para muchas jóvenes y mujeres vulnerables.
Hace 100 años, en 1925, las primeras hermanas trinitarias llegaron a Málaga con una misión sencilla y profundamente humana: «ser puertas siempre abiertas para la juventud y para tantas mujeres que necesitaban una oportunidad. Hoy, un siglo después, esa historia cobra vida en la exposición ‘Hermanas trinitarias en Málaga, 100 años tejiendo esperanza’, una muestra que nace con el deseo de compartir con la ciudad una parte muy importante de su memoria social, educativa y cultural», afirma la hermana Elena Dionisio Ruiz, superiora de la comunidad trinitaria de Málaga.
La idea de esta exposición surgió de una pregunta muy sencilla, pero también muy profunda, según explica la superiora: «¿Cómo contamos una historia que tantas veces ha permanecido en silencio? ¿Cómo hacemos visible todo aquello que durante 100 años se ha ido construyendo desde lo cotidiano, desde la entrega silenciosa y desde tantas manos anónimas que han trabajado por los demás? Así comenzó este proyecto, no desde una gran planificación inicial, sino desde el deseo de hacer memoria agradecida».
Poco a poco empezaron a aparecer piezas, fotografías, documentos, bocetos y recuerdos que estaban repartidos en distintos lugares y «casi sin darnos cuenta, fuimos descubriendo que todas esas piezas no solo hablaban de arte, sino que hablaban de personas, de historias de vida y de esperanza. Esta exposición no pretende mostrar únicamente el valor artístico de los bordados realizados por las hermanas, sino que quiere contar algo mucho más profundo: cómo aquellos talleres fueron también espacios de acogida, de formación y de reconstrucción personal para muchas jóvenes y mujeres vulnerables», añade.
Desde los años 30 hasta 1984, el taller de bordado de las Trinitarias llegó a convertirse en uno de los referentes del patrimonio cofrade malagueño. Muchas de las piezas que hoy forman parte de la Semana Santa de Málaga nacieron entre aquellos bastidores: mantos, estandartes, enseres y bordados que hoy siguen emocionando a miles de personas. «Pero detrás de cada hilo de oro había algo todavía más valioso: vidas que volvían a levantarse, mujeres que aprendían un oficio, que recuperaban la confianza en sí mismas y que descubrían también que podían construir un futuro distinto. Ese es el verdadero corazón de esta exposición. Por eso, junto a los grandes mantos de procesión y de piezas históricas de hermandades como la Estrella, Zamarrilla, Fusionadas, Pollinica, Sentencia o Estudiantes», explica la hermana Elena, «también hemos querido mostrar bocetos, diseños útiles de trabajo y materiales inéditos que ayudan a comprender toda la dimensión humana que existía detrás de cada obra. El objetivo de esta muestra es precisamente acercar a Málaga una historia que forma parte de la ciudad y descubrir cómo el arte, la educación y la acogida fueron capaces de transformar vidas; y también recordar que el carisma trinitario sigue vivo hoy porque, cien años después, las hermanas trinitarias seguimos trabajando con la misma pasión y la misma intuición que impulsó a nuestros fundadores: creer en las personas, acompañar y ofrecer nuevas oportunidades».
La exposición se puede visitar, de forma gratuita, hasta el 30 de mayo, de lunes a viernes en horario de 18.00 a 21.00 horas y los sábados de 11.00 a 14.00 y de 18.00 a 21.00 horas. Asimismo, con motivo de la celebración de La Noche en Blanco, el sábado 16 de mayo, permanecerá abierta hasta la 1.00 de la madrugada. «Ojalá quienes entren en esta sala no vean solo piezas bordadas; ojalá puedan descubrir también el murmullo de tantas historias de superación, de entrega y de esperanza que siguen latiendo detrás de cada obra porque, cien años después seguimos sencillamente tejiendo esperanza», concluye la superiora trinitaria.
Sobre la exposición
La exposición se distribuye entre la Sala de Exposiciones Temporales y la Sala Humero, ambas situadas en la planta baja del complejo de San Julián, con acceso directo desde la calle Muro de San Julián. A través de este recorrido, el visitante podrá descubrir algunas de las piezas más representativas del patrimonio cofrade malagueño elaboradas por las Hermanas Trinitarias entre los años treinta del siglo XX y el cierre de su taller en 1984.
Entre las obras expuestas destacan dos grandes mantos de procesión: el de María Santísima de la Estrella y el de Nuestra Señora del Mayor Dolor, de las Reales Cofradías Fusionadas, que ocupan un lugar central en la Sala Humero. Junto a ellos, la muestra reúne una amplia selección de enseres, piezas de ajuar y elementos procesionales vinculados principalmente a hermandades como la Estrella, Zamarrilla o la Pollinica, así como a otras corporaciones de la capital y la provincia.
El recorrido expositivo incorpora además bocetos, diseños y materiales de trabajo que permiten conocer el proceso creativo del taller, con obras basadas en trazos de artistas como Juan Martínez Cerrillo o Juan Casielles, así como de cofrades como José García Ojeda o Concepción Viano. Muchos de estos documentos, inéditos, han sido cedidos por colecciones particulares.
La muestra ha sido comisariada por Alejandro Cerezo Ortigosa, presidente de la Comisión de Cultura de la Agrupación de Cofradías, y ha contado con el montaje, asesoramiento y conservación del Estudio Santa Conserva.
La comunidad de Nuestra Señora de los Remedios, en Málaga, ha clausurado la misión parroquial que inauguraba el pasado 19 de octubre, en la fiesta del DOMUND. Para la parroquia, «este tiempo de misión ha sido también tiempo de encuentro con los vecinos. Al visitar sus casas, hemos conocido más de cerca su realidad, a la vez que los invitábamos a que vinieran al templo y les hacíamos protagonistas del amor y la alegría de Dios, que sigue presente hoy a nuestro lado», explica una de sus feligresas, Rosa García.
Una misión en la que han han colaborado los Misioneros Oblatos de María Inmaculada que sirven en la parroquia cercana de Nuestra Señora de la Esperanza y San Eugenio Mazenod, y en la que se han implicado la comunidad parroquial, el movimiento de la Sagrada Familia del Colegio El Monte y la Pastoral Gitana, entre otros.
El párroco, José Emilio Cabra, explica que, «desde que nuestra parroquia volvió a abrir las puertas en 2022, hemos intentado acercarnos al barrio, que la gente se sienta acogida y, sobre todo, que la gente conozca al Señor Jesús y se alegren por ello. Pero somos una comunidad pequeña, con pocas manos, y el barrio es grande y muy diverso, por eso, desde hace tiempo nos planteábamos cómo podríamos llevar la buena noticia a todas las casas, conocer mejor el barrio, acercarnos al mayor número de vecinos. Pedimos ayuda a los Misioneros Oblatos de la parroquia de la Esperanza, que precisamente tienen ese carisma de las misiones populares y, hace más o menos un año, comenzamos a darle forma a la idea».
Misión parroquial en los Remedios
Lo que era un deseo pastoral nacido en el corazón de la comunidad parroquial se convirtió en una realidad. «No me podía imaginar entonces, la cantidad de gente buena que se iba a embarcar en el proyecto y que ha tomado esta tarea como suya, colaborando en todo lo que ha podido, prestando su casa, buzoneando, visitando puerta a puerta, repartiendo carteles, rezando por la misión, aportando ideas…».
De Málaga, han participado voluntarios de las parroquia de la Esperanza y las Flores, laicos de la Sagrada Familia de Burdeos, un equipo incansable, pequeñito pero incansable, de nuestra parroquia de los Remedios, y los religiosos, religiosas y laicos Misioneros Oblatos, que han venido de lejos para compartir esta última semana tan intensa. «A todos ellos, de corazón, les estoy muy agradecido», asegura José Emilio.
Y, ¿en qué ha consistido la misión parroquial? «En acercarnos a todas las casas del barrio. En la última semana, del 26 de abril al 3 de mayo, hemos vivido los días fuertes de la misión, que han culminado con la celebración de la Eucaristía del domingo, presidida por nuestro obispo, D. José Antonio, y en la que han participado todos los parroquianos y colaboradores. Ha sido una verdadera alegría».
Una feligresa
Rosa García es una de las feligresas de la parroquia que ha vivido con intensidad esta misión. Está convencida de que «para la parroquia, este tiempo de misión ha sido también tiempo de encuentro con los vecinos. Al visitar sus casas, hemos conocido más de cerca su realidad, a la vez que los invitábamos a que vinieran al templo y les hacíamos protagonistas del amor y la alegría de Dios, que sigue presente hoy a nuestro lado».
Han sido muchas las experiencias vividas y eso «nos ha fortalecido como comunidad para seguir caminando con el Evangelio, dando testimonio de la acogida y el amor al prójimo como centro de nuestra fe», añade Rosa.
Un misionero
Ismael García, misionero oblato que cumple sus bodas de plata el próximo 2 de junio, ha sido uno de los misioneros que ha participado activamente en esta experiencia pastoral. Este pastor incansable explica que todo comenzaba con la premisión, el tiempo de preparación para la misión, «empezamos en septiembre, buscando un grupo de colaboradores. Creamos un comité, un grupo coordinador con la gente, con los voluntarios de la parroquia de los Remedios y de las parroquias de la Esperanza y de las Flores y del Colegio del Monte (laicos de la Sagrada Familia). Nos dividimos el barrio en zonas e hicimos un primer buzoneo, entregándole a la gente la información de la parroquia y de la misión que íbamos a realizar. En un segundo momento, la fase de más trabajo, visitamos todas las casas para saber, de primera mano, quiénes estaban interesados, para hacernos una idea real de la situación».
Tras todo este trabajo previo, a finales de abril y comienzos de mayo tuvo lugar la semana de misión, en la que ha colaborado «tres religiosos oblatos, tres religiosas oblatas, un matrimonio joven y otros cuatro laicos voluntarios de la parroquia de la Esperanza. Hemos comenzado haciendo otra batida a todo el barrio, yendo casa por casa, respetando aquellos hogares que nos había comunicado que no querían participar. Nos hemos acercado a los dos colegios que hay en el barrio y al instituto. Hemos visitado las clases animando a niños, jóvenes y adolescentes a participar en la vida de la misión y en el encuentro que tuvimos con todos ellos. Hemos puesto en marcha las asambleas en las casas y organizado diversas celebraciones en el templo sobre la Palabra de Dios, el prójimo, la reconciliación, la Virgen… y la celebración de las confirmaciones. Sin olvidar las misas de apertura y la de clausura, en la que estuvo el obispo Mons. Satué», explica Ismael.
La presencia de D. José Antonio fue muy importante para el equipo misionero pues, como afirma con alegría Ismael, «nos muestra que realmente la misión la realizamos entre todos. Es la iglesia al completo la que evangeliza y la que es misionera, desde el más pequeño recién nacido, hasta el párroco y el obispo. Esta imagen de pueblo de Dios en salida y en misión, todos al mismo nivel, es la que se ve en una misión parroquial».
La Diócesis de Jaén ha celebrado durante las últimas semanas varios encuentros dirigidos a los miembros de los Consejos Parroquiales de Asuntos Económicos con el objetivo de seguir acompañando y fortaleciendo la importante labor que desarrollan en las comunidades parroquiales.
Las jornadas tuvieron lugar el 22 de abril en la Casa de la Iglesia de Jaén, el 29 de abril en el Centro Parroquial de la Encarnación de Bailén y el 6 de mayo en la Casa de la Iglesia de Úbeda, reuniendo a representantes de distintas parroquias de la diócesis en un clima de participación y diálogo.
Estos encuentros sirvieron como espacio de formación, orientación y reflexión sobre la misión que desempeñan los Consejos Parroquiales de Asuntos Económicos al servicio de la vida parroquial. Desde la corresponsabilidad eclesial, se puso de relieve la importancia de la colaboración de los laicos en la gestión, el cuidado y la administración de los bienes de la parroquia, una tarea compartida que contribuye a la transparencia, la sostenibilidad y el buen funcionamiento de las comunidades cristianas.
Durante las distintas sesiones se abordaron cuestiones de especial interés para la administración parroquial, entre ellas el funcionamiento de la ERP, los seguros UMAS, la protección de datos (LOPD) y diversos aspectos relacionados con la fiscalidad en las parroquias.
Asimismo, los participantes tuvieron la oportunidad de plantear dudas, compartir inquietudes y proponer nuevos temas de interés para futuros encuentros, favoreciendo así un espacio de escucha y colaboración entre las parroquias y la administración diocesana.
Desde la Diócesis de Jaén se ha valorado muy positivamente el desarrollo de estas jornadas, que han permitido seguir fortaleciendo el compromiso, la corresponsabilidad y el servicio de quienes colaboran en la gestión económica de las parroquias al servicio de la misión de la Iglesia.
La Diócesis celebra un tiempo jubilar en el 500 aniversario de la ordenación sacerdotal de San Juan de Ávila. Celebrar significa agradecer el legado vivo del Maestro que revela la llamada de la Iglesia de sacerdotes santos, pastores cercanos capaces de despertar vocaciones con el ejemplo de sus vidas. Más que mirar al pasado, este quinto centenario invita a mirar al futuro con esperanza porque en torno a la fiesta de San Juan de Ávila el clero cordobés se congrega en la Basílica donde se veneran sus restos en Montilla y se renueva así cada año la vigencia de su misión apostólica como sacerdote, acompañante de sacerdotes y director espiritual. El rector de la Basílica de San Juan de Ávila en Montilla, el sacerdote Fernando Suárez, comparte las experiencias del encuentro sacerdotal que suscita el apóstol de Andalucía.
El Papa León XIV celebra este viernes 8 de mayo el primer aniversario de su elección a la sede de Pedro. El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha publicado un mensaje en su cuenta en X, para visibilizar esta efeméride.
En palabras de monseñor Saiz, “desde el primer momento ha llamado a la Iglesia y al mundo a tender puentes y a construir una paz desarmada y desarmante, humilde y perseverante”. Don José Ángel ha pedido al Señor “que siga concediendo luz y fortaleza para guiar a la Iglesia y anunciar el Evangelio a todas las gentes”.
Puede consultar el dossier de prensa sobre el Papa León XIV aquí.