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Nuevos nombramientos en Cáritas Diocesana

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El obispo Eloy Santiago ha nombrado a Olga María Hernández Hernández, subdirectora de Cáritas Diocesana. Asimismo, el prelado nivariense ha nombrado a Melania Martín Acosta, vicesecretaria de la referida entidad de la Iglesia en nuestra diócesis.

La encíclica de León XIV: la IA sirva a la humanidad, no al poder de pocos

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Con motivo del 135.º aniversario de la «Rerum novarum», el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, «Magnifica humanitas», sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial. El llamamiento a custodiar «una magnífica humanidad habitada por Dios», promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo

«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, «sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial»— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada hoy, lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. Y de su predecesor, el papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial.

Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» (4), ni «un mal en sí misma» (9). Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» (16).

TEXTO COMPLETO DE LA ENCÍCLICA «MAGNIFICA HUMANITAS»

La Doctrina Social de la Iglesia es teología de la comunión
El primer capítulo —Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio— repasa la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en el magisterio reciente y en el Concilio Vaticano II, poniendo de relieve «su carácter dinámico» (17). Lejos de ser «un manual de principios y normas que aplicar», la DSI es más bien «un camino de discernimiento comunitario», una «teología de la comunión en la historia» (27) que orienta la lectura de los acontecimientos a la luz del Evangelio. León XIV recuerda el pensamiento de sus predecesores: desde Pío XII —el primero en emplear la expresión «Doctrina social de la Iglesia» en la exhortación apostólica Menti nostrae de 1950— hasta el Papa Francisco, pasando naturalmente por la Rerum novarum de 1891, definida como «hito en la evolución del magisterio social» (30). En sus respectivas épocas, cada sucesor de Pedro «ha puesto de relieve diferentes aspectos de un único patrimonio: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, la destinación universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad» (45).

Proteger la dignidad humana: la persona no es un recurso que se pueda explotar
En el segundo capítulo, León XIV enumera los Fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia: entre los primeros, incluye la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Es necesario recordarlo, ya que «la presión de nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos» puede reducir a la persona a «un recurso que se usa y se explota» o a «lo que realiza o produce» (51). Por el contrario, «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada» (53). Un segundo fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia es la inviolabilidad de los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida «desde la concepción hasta su final natural»: a este respecto, León XIV define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como «decisiones gravemente ilícitas» (55). El tercer fundamento es el reconocimiento de los derechos de las minorías, con especial atención a las mujeres: en su favor, el Pontífice pide «decisiones concretas» en las leyes, en el trabajo, en la educación, en las responsabilidades sociales y políticas, para que sean verdaderamente escuchadas y valoradas (57).

«La esperanza no defrauda»

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por Eloy A. Santiago Santiago,

obispo de San Cristóbal de La Laguna

 

Las palabras del apóstol Pablo en su carta a los Romanos (Rom 5,5) que fueron el lema del Jubileo ordinario celebrado durante el año pasado, con motivo del 2025 aniversario de la Encarnación de Jesucristo, el Hijo de Dios, recogen el sentimiento de la porción del Pueblo de Dios que peregrinamos en estas islas occidentales del Archipiélago canario: La Gomera, El Hierro, La Palma y Tenerife, en nuestra Diócesis nivariense.

La esperanza de generaciones de cristianos que durante siglos han vivido, celebrado y compartido la fe en estas islas se va a ver cumplida en el próximo Viaje Apostólico del Papa León XIV a España en la que visitará estas islas, región ultraperiférica de Europa y frontera sur del continente. Estas Islas Afortunadas –a las que ya se refería en estos términos la mitología griega– destino no solo de millones de turistas que se sienten atraídos por su buen clima y por sus playas, sino también destino de numerosos migrantes provenientes en su mayoría de Latinoamérica, especialmente de Venezuela y de Cuba, con quienes nos unen unos lazos especiales, así como de africanos que, huyendo de la guerra, la pobreza o el hambre, tienen el deseo de llegar a Europa con la esperanza de poder trabajar y tener un futuro para ellos y sus familiares. Una esperanza ésta, que, en la mayoría de las veces, se ve frustrada por cuestiones burocráticas, administrativas o políticas.

Es el drama humanitario de la mortífera «ruta atlántica» en la que cada año pierden sus vidas en torno a 6.000 personas, mientras que otros, con más suerte, arriban a nuestras costas en condiciones exhaustas. Una dura realidad que tocó el corazón del Papa Francisco, quien en su pontificado siempre mostró una particular sensibilidad al mundo de las migraciones, y, por eso, en reiteradas ocasiones expresó su deseo de visitar estas islas para manifestar su cercanía al pueblo canario que se siente desbordado.

Su Santidad León XIV no es ajeno a esta dramática situación de las migraciones, como expresó en su primer documento magisterial, la Exhortación Apostólica Dilexi Te sobre el amor a los pobres: «La Iglesia, como madre, camina con los que caminan. Donde el mundo ve una amenaza, ella ve hijos; donde se levantan muros, ella construye puentes. Sabe que el anuncio del Evangelio sólo es creíble cuando se traduce en gestos de cercanía y de acogida; y que en cada migrante rechazado, es Cristo mismo quien llama a las puertas de la comunidad» (DT, n. 76).

Por esta razón, ha querido, en su Viaje Apostólico a España, visitar nuestra Iglesia nivariense y la diócesis hermana de Canarias. Lo hace ante todo como Sucesor de Pedro que viene a confirmarnos en la fe, alentarnos en la esperanza e impulsarnos a la caridad. Por eso, esta Diócesis de Tenerife se siente privilegiada al acoger por primera vez en la historia a un Papa. Una visita que, aunque vaya a una isla determinada, es, en verdad, a todas ellas, porque somos una única Iglesia cuatro veces insular que intenta vivir la comunión que nace de la fe, promoviendo la participación desde una corresponsabilidad diferenciada de todos los bautizados para así llevar a cabo la misión que Cristo nos dejó de anunciar el Evangelio, conscientes de que la Iglesia existe para evangelizar, y promover un mundo más justo y fraterno sabiendo que «los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo» (GS, n.1), como nos recordaba el Concilio Vaticano II.

En este contexto se sitúa la importante labor en la acogida, acompañamiento y trabajo de integración de las personas migradas que nuestra Iglesia nivariense, con sus pobres recursos, realiza a través de Cáritas diocesana, de la Delegación de Migraciones, de la Fundación Buen Samaritano y de instituciones como Don Bosco o Maín, además de muchos voluntarios y colaboradores, de congregaciones religiosas y laicos que colaboran con su tiempo y con su aportación económica en tantos proyectos que estamos llevando a cabo, y en otros que queremos empezar.

En efecto, nuestra Diócesis de Tenerife, como fruto de la visita del Papa, dará vida a un nuevo proyecto de Cáritas diocesana en la ciudad de San Cristóbal de La Laguna. Un centro de día para personas sin hogar, entre los que se encuentran también numerosos inmigrantes. Es el compromiso de esta Iglesia que quiere vivir el mandamiento del amor al prójimo y la opción preferencial por los pobres, a la que nos invitaba León XIV en Dilexi Te con estas palabras: «Hay que alimentar el amor y las convicciones más profundas, y eso se hace con gestos» (DT, n. 119). Pues este pequeño gesto, este proyecto social, nos recordará la visita del «Siervo de los siervos de Dios» y será expresión de nuestra fe en Aquel que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros para enriquecernos con su pobreza (cf. 2Cor 8,9) y que nos dijo que «cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis» (Mt 25, 40).

Proyectos, ilusiones, alegría, esperanza… de esta manera nos preparamos para esta visita con el deseo de que sea una experiencia de fe y de vivencia de la comunión eclesial que deje muchos frutos en nuestras islas y en el pueblo gomero, herreño, palmero y tinerfeño, cuatro islas con sus peculiaridades propias, pero una única Diócesis, una única familia eclesial.

Han sido años, siglos de espera para ver un Papa en estas pequeñas islas del Atlántico, cruce de culturas y de pueblos entre África, América y Europa. Cuna de donde salió un San José de Anchieta, jesuita, infatigable evangelizador y fundador de Sao Paolo en Brasil, promotor de la inculturación del Evangelio en la cultura y el lenguaje aquellos pueblos; o un Santo Hermano Pedro de Betancurt, santo de la caridad, primer santo canario, que destacó por su labor con los pobres y enfermos en Guatemala, de quien hemos celebrado el 400 aniversario de su nacimiento.

Un anhelo, este de la visita de un Papa a nuestra isla de Tenerife, que, en breve, si Dios quiere, se verá hecho realidad y nos confirmará una vez más que la esperanza no defrauda, sobre todo cuando sabemos que, la verdadera esperanza, la Esperanza con mayúsculas, es Cristo, el Señor que guía y acompaña la barca de la Iglesia a través del Espíritu Santo. En él ponemos la esperanza de los frutos espirituales y pastorales de este Viaje papal para nuestra Diócesis de San Cristóbal de La Laguna.

(Artículo publicado en Revista Ecclesia)

Los sínodos, «flores de buena esperanza» para la Iglesia

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El sacerdote Javier Díaz Lorite, experto en san Juan de Ávila, analiza, en una serie de artículos del que se ofrece el primero, la influencia universal de san Juan de Ávila en la sinodalidad de la Iglesia.

 

Los sínodos son flores de buena esperanza para toda la Iglesia

1. Además de la escucha al Espíritu hace falta estar abiertos a aprender de los demás. En una carta comenta: “San Agustín dice que, aunque viejo y obispo, estaba aparejado para ser enseñado por el que era obispo de un año” (Carta 11).

2. Los concilios tienen ya su valor por el hecho mismo de celebrarse y convertirse en lugar de encuentro: “Gozábanse los obispos de verse allí juntos”. Esto ocurrió cuando se encontraron en el concilio de Toledo (633) convocado por el rey Wamba después de 18 años sin concilios (cf. De la veneración, n. 5).

En realidad, corresponde a los obispos el convocarlos, pero en muchas ocasiones han estado dormidos a lo largo de la historia para cumplir su misión. Han sido los reyes los que con frecuencia los han convocado. Por eso dice: “Gozábanse los obispos de Dios de ver tanto celo en los príncipes y de que fuesen despertados y favorecidos por ellos a obra tan provechosa y que tan particularmente pertenecía al oficio de los mismos obispos” (ibid., n. 5).

También dice san Juan de Ávila que los encuentros en sínodo deben durar el tiempo que sea necesario para poder abordar adecuadamente las cuestiones que la Iglesia necesita, y no tengan prisa por terminar. Por eso le dice a D. Cristóbal de Rojas en una carta mientras se está celebrando el concilio de Toledo:

“Ahora he oído decir que ese santo concilio se acaba presto, y he temido no sea causa de ello el poco gusto que se toma de entender en los negocios de Dios y el mucho de ir a descansar a sus casas; porque, estando las cosas tan fuera de sus quicios como por nuestros pecados están y habiendo tan mucho tiempo que en remedio de ellas no se ha entendido, no sé cómo en tiempo tan breve se pueden hacer muchas cosas y dificultosas” (Carta 215).

3. Conversión primero de los que presiden y participan en los concilios.

“No piense vuestra señoría persuadir a nadie reformación, si él no va reformado” (Carta 182 a D. Cristóbal de Rojas hacia la presidencia del concilio de Toledo). En esta misma carta le dice que hay que ir al concilio como embajador de Dios como lo hizo el mismo Cristo cuando vino a nosotros en pobreza y austeridad: “Y habiendo Él traído la embajada del Padre con este tan humilde aparato, no se agradará que su embajador, pues es de rey celestial, vaya con aparato de mundo … Alce los ojos vuestra señoría al Hijo de Dios puesto en una cruz, desnudo y crucificado, y procure desnudarse del mundo y de la carne, y sangre, codicia, y de honra, y de sí mismo, para que así sea todo él semejante a Jesucristo y sea su embajada eficaz y fructuosa” (Ibid.).

4. Los concilios aportan muchos bienes a toda la Iglesia. Los califica como luz que nos sacan de las tinieblas y del invierno, y nos traen las flores de buena esperanza.

Se lamenta de que durante 871 años no se hubiesen podido realizar concilios en España. Y lo compara con el lamento de los obispos por no haber podido celebrarlos durante tan solo 18 años en tiempos del rey visigodo Wamba:

“Lloraban aquellos obispos por haber faltado estos concilios diez y ocho años; y ¿no siento yo haber faltado en España por haber faltado en España por tiempo de ochocientos setenta y un años? ¡Oh, válgame Dios! Si aquellos Padre llamaron a estos concilios y les parecía haber estado en tinieblas aquellos pocos años, ¿en cuán más espesas y largas habemos estado nosotros, dando muchas caídas, como quien anda sin luz, y durmiendo en nuestros descuidos noche tan larga? […] Otra vez damos gracias a la divina bondad, que, pasando el invierno estéril y triste, nos ha traído el alegre verano, lleno de flores de buena esperanza, cumpliendo lo que muchos años ha dijo el profeta Isaías: En el cubil de los chacales brotarán cañas y juncos. En vez de zarzas cipreses; mirtos, en lugar de ortigas” (Is 55,13) (Carta 182).

5. Situación por no convocar concilios: Invierno y noche eclesial general.

“Había pregoneros mudos, guías ciegas, capitanes cobardes, clerecía ignorante, y toda la faz del estado eclesiástico lleno de vicios; y de ahí redunda al pueblo que están más negros que la negrura… y están las piedras del santuario esparcidas por los rincones de todas las calles (Lam 4,8.1)” (Carta 182).

6. Necesaria aplicación de los concilios.

San Juan de Ávila sabe que si no se aplican los concilios se pierde la riqueza contenida en ellos. De esta manera, exhorta a que se aplique lo decretado en el santo concilio de Trento, y también lo que se diga en el de Toledo, y así no se pierdan sus beneficios, como por desgracia reconoce que ha ocurrido con otros concilios:

“Y si la divina misericordia otra merced no nos hiciera, poco aprovechara haber traído a perfección tan santo concilio; pues, si ejecución no hubiera, el trabajo fuera perdido, y lo determinado en él fuera presto olvidado, como ha acaecido a otros concilios de mucho provecho que ha habido en la Iglesia” (De la veneración, n. 8).

7. Los concilios son tan importantes que se deben tener y estudiar en universidades y catedrales: “Por no tener los teólogos copia de todos los concilios, ignoran muchas cosas necesarias. Convenía que mandasen ponerlos en las universidades e iglesias catedrales. Los concilios que comúnmente andan impresos son pequeña parte de los que hay” (Memorial I al concilio de Trento, n. 67). Esto nos da una idea del profundo conocimiento que tenía san Juan de Ávila del número de concilios y de su contenido, así como la importancia de estudiarlos para poder aplicarlos.

Carlos Leret: «Carlo Acutis nos reta a todos a la santidad»

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Carlos Leret es el delegado oficial de la Asociación de Amigos de Carlo Acutis. El 29 de mayo, dará una conferencia sobre “Carlo Acutis, modelo de pureza y santidad”. El encuentro en torno a la figura de este joven santo se celebra en la parroquia Virgen Madre en Nueva Andalucía (Marbella). Da comienzo a las 19.00 h. con la exposición del Santísimo. Continua con la Santa Misa, en la que podrá venerarse la reliquia de san Carlo Acutis que va a ser entregada, y que consiste en una reliquia de indumentaria de Carlo. A las 21.00 horas, será la charla.

¿Cómo llegó a usted el «legado» de Carlo Acutis?
-A través de la exposición de milagros eucarísticos que él recogió. Allí me di cuenta de cómo la ciencia nos acercaba a la fe, y de cómo todos podíamos evangelizar sobre la Eucaristía por la razón, en un mundo sin fe en la presencia real del Señor Jesús en la Eucaristía.

¿Cómo definiría esta amistad espiritual que los une desde entonces?
-Mi amistad espiritual con Carlo me lleva a imitarlo para imitar a Jesús.

Si tuviera que resumir en dos ideas el mensaje de Carlo, ¿qué destacaría?
-Los dos mensajes principales del testimonio de Carlo para mí son: «Todos nacemos como originales y muchos morimos como fotocopias» y «la Eucaristía es mi autopista al cielo».

Para este santo millenial, la Eucaristía era el centro de su vida. ¿Cómo cree que su figura puede actualizar la centralidad de la Eucaristía en la vida del creyente?
-Carlo sostenía que si no éramos coherentes fuera del templo con nuestro testimonio diario, el mundo nunca podría ver que Jesús estaba vivo en nuestros actos. En otras palabras si nosotros no somos capaces de llevar fuera del templo la luz de Jesús y en nuestros corazones el fuego del amor eucarístico, primero en nuestro entorno cercano y después a la sociedad, nunca va a cambiar este mundo. Además, está la Virgen. Para Carlo, la mujer más importante de su vida era la Virgen María. El triunfo del inmaculado Corazón de María será cuando el Corazón eucarístico de su hijo sea adorado y recibido dignamente. El triunfo de un hijo es el triunfo de una madre. María no desea nada para ella su misión es llevarnos a Jesús.

¿Cómo reciben los jóvenes de hoy el testimonio de este santo tan cercano a ellos? Las estadísticas dicen que aumenta el número de los que se consideran católicos.
-Él nos reta a todos, especialmente a los jóvenes, a la santidad, y muchos jóvenes lo imitan. Lo hacen al ver como él nos demostró, con su testimonio, que todos podemos poner nuestros talentos al servicio de Dios y cómo nos reta a ser capaces de anteponer las necesidades de los otros a las nuestras. El lo resumía así: «No yo, sino Dios».

Además de los milagros reconocidos para su proceso de canonización, ¿siente que Carlo está intercediendo por la Iglesia? ¿Dónde lo percibe?
-El mayor fruto del legado de Carlo es su legado eucarístico y cómo, a través de él, se está encendiendo el avivamiento eucarístico. Por ejemplo, muchos jóvenes están acercándose a la adoración eucarística y a recibir a Jesús en estado de gracia.

¿Qué huella de Carlo se puede venerar en Málaga?
-La mayor es su testimonio y como él nos lleva a Jesús Eucaristía. Para ser santos, nos propuso un kit de santidad, consistente en comunión diaria, adoración diaria, confesión semanal, rezo diario del rosario, obras de misericordia (materiales y espirituales, pequeños sacrificios…) y una fuerte relación con nuestro Ángel de la Guarda. Parafraseando lo que él decía: «En nuestras manos está ser originales o fotocopias, la decisión es nuestra». Con mi visita, traigo una reliquia de primer orden de Carlo: su cabello, y dejaré aquí una de su indumentaria.

Carta Encíclica «Magnifica Humanitas» sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la Inteligencia Artificial

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Con motivo del 135.º aniversario de la «Rerum novarum», el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, «Magnifica humanitas», sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial. El llamamiento a custodiar «una magnífica humanidad habitada por Dios», promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo.

Resumen de la Encíclica elaborado por Isabella Piro, de Vaticannews.

La encíclica de León XIV: la IA sirva a la humanidad, no al poder de pocos
«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, «sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial»— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada hoy, lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. Y de su predecesor, el papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial.

Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» (4), ni «un mal en sí misma» (9). Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» (16).

TEXTO COMPLETO DE LA ENCÍCLICA «MAGNIFICA HUMANITAS»

La Doctrina Social de la Iglesia es teología de la comunión
El primer capítulo —Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio— repasa la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en el magisterio reciente y en el Concilio Vaticano II, poniendo de relieve «su carácter dinámico» (17). Lejos de ser «un manual de principios y normas que aplicar», la DSI es más bien «un camino de discernimiento comunitario», una «teología de la comunión en la historia» (27) que orienta la lectura de los acontecimientos a la luz del Evangelio. León XIV recuerda el pensamiento de sus predecesores: desde Pío XII —el primero en emplear la expresión «Doctrina social de la Iglesia» en la exhortación apostólica Menti nostrae de 1950— hasta el Papa Francisco, pasando naturalmente por la Rerum novarum de 1891, definida como «hito en la evolución del magisterio social» (30). En sus respectivas épocas, cada sucesor de Pedro «ha puesto de relieve diferentes aspectos de un único patrimonio: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, la destinación universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad» (45).

Proteger la dignidad humana: la persona no es un recurso que se pueda explotar
En el segundo capítulo, León XIV enumera los Fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia: entre los primeros, incluye la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Es necesario recordarlo, ya que «la presión de nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos» puede reducir a la persona a «un recurso que se usa y se explota» o a «lo que realiza o produce» (51). Por el contrario, «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada» (53). Un segundo fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia es la inviolabilidad de los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida «desde la concepción hasta su final natural»: a este respecto, León XIV define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como «decisiones gravemente ilícitas» (55). El tercer fundamento es el reconocimiento de los derechos de las minorías, con especial atención a las mujeres: en su favor, el Pontífice pide «decisiones concretas» en las leyes, en el trabajo, en la educación, en las responsabilidades sociales y políticas, para que sean verdaderamente escuchadas y valoradas (57).

Es inmoral e inaceptable eliminar o someter a una nación
En cuanto a los principios de la DSI, León XIV señala cinco: el primero es el bien común, «forma social de la dignidad reconocida a cada uno» (59). En un punto el Papa es particularmente firme: «La promoción del bien común no puede separarse nunca del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con su originalidad a la familia de las naciones». En consecuencia, «cualquier intento o proyecto de eliminar o someter a una nación es gravemente inmoral y, por tanto, inaceptable» (64).

La tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos
El segundo principio se refiere a la destinación universal de los bienes: aquí y en otros puntos de la encíclica, León XIV insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital (67). De ello se derivan el tercer y el cuarto principio, a saber, la subsidiariedad (68) —que exige superar el paternalismo y el asistencialismo en favor de la corresponsabilidad— y la solidaridad (73), «principio y virtud» que se opone a la indiferencia y tiene en cuenta a los pueblos y a las generaciones futuras.

La justicia social y la prueba de fuego de los migrantes
El quinto principio de la DSI señalado por el Papa es la justicia social: en la era digital, debe garantizar a todos un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los más frágiles, combatir el odio y la desinformación, someter a control público el uso de los datos y las tecnologías, «de modo que el criterio no sea solo el lucro, sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos» (80). León XIV señala en los migrantes, los refugiados y los desplazados un «examen decisivo» en este ámbito: la forma en que la sociedad los trata demuestra «si la idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad». De ahí el llamamiento tanto a custodiar «el derecho a la esperanza» de quienes se ven obligados a partir, garantizándoles vías seguras y legales, una acogida digna y la integración; como a promover «el derecho a quedarse» de cada uno en su propia tierra en paz y seguridad, abordando «las causas profundas» de las migraciones (81).

Los abusos y el examen de conciencia para la Iglesia
El Pontífice entiende que los cinco principios mencionados están dirigidos no solo a la sociedad, sino también a la Iglesia, llamada a «un examen de conciencia»: el Papa exhorta a «depurar las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que producen desigualdades, opacidad y prevaricaciones». La invitación es a escuchar a las «víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia», ya que ello «forma parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención» (89).

Se necesita un código ético compartido sobre la IA
El tercer capítulo —Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA— entra en el meollo del tema de la inteligencia artificial. León XIV advierte contra el «paradigma tecnocrático» ya denunciado por Francisco y por el cual toda elección viene dictada exclusivamente por parámetros de eficiencia y beneficio (92). Por el contrario, la tecnología más potente no es necesariamente la mejor: la IA puede imitar y simular al hombre, pero no posee conciencia moral, empatía, capacidad afectiva, relacional ni espiritual. Por lo tanto, es necesario abordar la IA con sobriedad y vigilancia, manteniendo la claridad sobre las responsabilidades de todas sus etapas (accountability) y apostando por políticas y marcos jurídicos adecuados, una supervisión independiente y la educación de los usuarios. Sobre todo, se necesita un código ético sometido a criterios de justicia social compartida, porque «no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos» (107). Sin dejar de lado el impacto ambiental de las nuevas tecnologías, que requieren grandes cantidades de energía y agua, afectando a las emisiones de dióxido de carbono y dañando la Creación (101).

Desarmar la IA y sustraerla de la lógica competitiva
Hay que «desarmar la IA» —insiste León XIV— para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano. Esta tarea es ética, técnica y ecológica porque la IA «ya es el entorno en el que estamos inmersos y el poder con el que debemos contar» (110). Se dedica un amplio espacio a la crítica del transhumanismo y del poshumanismo, que interpretan el progreso como la superación de los límites de lo humano. En cambio, el límite no es un defecto que haya que eliminar, sino una dimensión constitutiva de la persona, porque «el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite» (118), reconociendo en la fragilidad y en la finitud lugares en los que maduran la relación, el cuidado y la apertura a Dios y al otro.

Que el progreso de la técnica no haga retroceder el corazón
Hay mucho en juego: hacer crecer la técnica eliminando los límites de lo humano significa, de hecho, hacer retroceder el corazón. Magnífica y, sin embargo, herida, la humanidad «no debe ser sustituida ni superada». La tecnología puede aliviar sus sufrimientos y abrirle nuevas posibilidades, pero no debe negarla en lo que le es propio: «la capacidad de relación y de amor» (126). Ante la IA, la verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos formas de construir el progreso: al servicio de la persona y de los pueblos o de las lógicas de poder (129). Una elección que nos concierne a todos: «la construcción de Babel o la de Jerusalén», las dos «ciudades» del hombre y de Dios señaladas también por san Agustín (130), comienza por cada uno.

Ecología de la comunicación y centralidad de la escuela
En el cuarto capítulo – Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad — la encíclica considera la verdad como un bien común y un elemento esencial de la democracia. En el entorno digital, la verdad debe plasmarse en una «ecología de la comunicación» para que la cultura generada por la web no se convierta en un instrumento de «homologación y dominio», sino en un espacio de maduración para la «libertad interior y el pensamiento crítico» (136-137). El Papa señala algunos instrumentos: transparencia en los criterios de selección de contenidos, protección de los datos personales, un periodismo serio basado en la argumentación y la verificación, una nueva conciencia en el uso «correcto y crítico» de la IA, la integración de los conocimientos. También se exige a la Iglesia una comunicación transparente y leal, sobre todo en los casos de injusticias y abusos. Es fundamental, en la encíclica, el llamamiento a una alianza educativa renovada para que en los jóvenes no se apague «el deseo de hacer preguntas» a causa de máquinas perfectas que hacen parecer inútil el pensamiento humano. «Debemos educarnos en el ayuno de la IA» (140), subraya León XIV, eliminando las desigualdades en el acceso a la educación y apostando por la escuela como lugar donde se aprende a «buscar y amar la verdad» (143) y se enseña lo que lo digital no puede dar: «tiempo compartido para aprender y relaciones fiables» (147).

El trabajo debe centrarse en la persona, no en el beneficio
En la «cuarta revolución industrial» que representa la transición digital, el Pontífice destaca la importancia de proteger la dignidad y el valor del trabajo: «Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores», explica, ya que la tecnología puede descalificar a los trabajadores, relegarlos a funciones marginales y someterlos a una vigilancia automatizada (150). Por el contrario, es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento, porque la tecnología puede sin duda liberar al hombre de tareas pesadas o repetitivas, pero no debe conducir en absoluto al desempleo en nombre de la reducción de costes y el aumento de los beneficios. En un escenario en el que se perfilan mayores niveles de pobreza y desigualdad, provocados por sistemas automatizados que han sustituido al hombre, el Pontífice aboga también por una renovación de las organizaciones sindicales (155).

El desarrollo no se mide solo en términos de PIB
La transformación digital debe gestionarse de antemano mediante criterios sociales estables, formación accesible y continua para los trabajadores y responsabilidad empresarial. El Pontífice señala, además, la necesidad de superar el PIB como parámetro del grado de desarrollo de un país, apostando en su lugar por la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducción de las desigualdades y la protección del medio ambiente. La financiación por la financiación es, de hecho, diferente de la financiación para el desarrollo (159-160). Y, siguiendo la estela de San Pablo VI, se subraya la interdependencia entre paz y desarrollo, abogando por una cooperación internacional capaz de definir estrategias comunes «sobre todo en favor de los países y los grupos más vulnerables», porque la prosperidad contribuye a la paz «solo si es generalizada, inclusiva y sostenible» (163).

La familia, bien social primario
En la encíclica destaca, además, la referencia a la familia, fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer: es «bien social primario», «célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria» (165) que debe apoyarse también mediante políticas laborales que favorezcan la estabilidad y ritmos humanos, de modo que se garantice el justo equilibrio de vida y se proteja esa «capacidad de construir el futuro» que hace generativa a la sociedad.

La «arquitectura de la visibilidad» y los riesgos para la libertad
Por último, el tema de la libertad humana, que hay que proteger contra la dependencia y la mercantilización: en una época en la que las plataformas digitales están diseñadas para acaparar el tiempo de los usuarios y explotar sus fragilidades, es urgente reforzar la libertad interior de cada uno y hacer frente al riesgo del control social derivado de la recopilación masiva de datos y del uso de sistemas algorítmicos. Perfilar, predecir y orientar los comportamientos es, de hecho, «un poder nuevo» (171) que corre el riesgo de discriminar a los más débiles. El Papa deplora, en particular, la «arquitectura de la visibilidad» que premia y amplifica solo lo que es visible, moldeando opiniones y generando conformismo.

Nuevas formas de esclavitud y nuevo colonialismo
La IA genera nuevas formas de esclavitud, como la de los «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» (173) de quienes trabajan en la extracción de las «tierras raras» necesarias para la tecnología. Por ello, la lucha contra las nuevas formas de esclavitud es otra «prueba decisiva para el discernimiento ético» de la transformación digital. A este respecto, León XIV subraya que «la Iglesia renueva su firme condena contra toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas» y reitera que no reaccionar o tolerar estas «graves violaciones de la dignidad humana» significa, de hecho, «hacerse cómplice» (174). Al mismo tiempo, el Papa pide «sinceramente perdón» por el retraso con el que la Iglesia, en el pasado, condenó «el flagelo de la esclavitud». La encíclica se refiere también a las «nuevas tierras raras del poder», es decir, la información vital —por ejemplo, sobre salud y demografía— utilizada para orientar las estrategias económicas. Se trata, explica el Pontífice, de una faceta inédita del colonialismo que se apropia de los datos y transforma las vidas personales en información explotable, convirtiendo el entorno digital en un «espacio de depredación» (178-179).

Superar la teoría de la «guerra justa»
En el quinto y último capítulo —La cultura del poder y la civilización del amor—, León XIV dirige su mirada hacia la guerra: «La revolución digital está modificando la gramática de los conflictos» y, sin un enfoque ético, las decisiones sobre la vida y la muerte de las personas serán cada vez más impersonales, considerándose el recurso a la fuerza como una «opción inmediata y viable» (182-183) . En la base de todo hay una «cultura del poder» que normaliza la guerra y la rehabilita como «instrumento de política internacional», favoreciendo el rearme. Sobre la opinión pública, que en el pasado veía la beligerancia solo como extrema ratio, hoy pesan también las narrativas mediáticas polarizantes, así como «una preocupante pérdida de memoria histórica» que nos priva de una visión a largo plazo (191). En consecuencia, hoy la paz ya no se entiende como una tarea que hay que asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos. Por ello, León XIV reitera que —sin perjuicio del derecho a la legítima defensa en su sentido más estricto— es necesario superar la teoría de la «guerra justa», promoviendo más bien el diálogo, la diplomacia y el perdón (192).

Ningún algoritmo hace que la guerra sea moralmente aceptable
El Papa Prevost no deja de lamentar el crecimiento de la industria bélica, la carrera armamentística nuclear y la aparición de nuevos actores armados —entre ellos los yihadistas— que pretenden perpetuar los conflictos como fuente de poder y de ingresos. Es contundente, además, la advertencia contra el uso de armas relacionadas con la IA, ya que «no existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable»; es más: la tecnología «no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad, solo puede hacerlo más rápido e impersonal, rebajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia es inevitable y solo hay que optimizarla» (198). Por lo tanto, se necesitan restricciones éticas rigurosas, compartidas a nivel internacional, basadas en la responsabilidad personal y en la protección de los civiles, porque «toda tecnología que facilite atacar sin ver el rostro del otro rebaja el umbral moral del conflicto» (199).

La crisis del multilateralismo
La cultura del poder surge también de la crisis del multilateralismo y del surgimiento de un «multipolarismo desordenado y conflictivo» en el que prevalece la desconfianza hacia el otro (201). La fuerza del derecho se sustituye por el derecho del más fuerte; las lógicas del poder prevalecen sobre la construcción de la paz, relegada a un segundo plano, y las instituciones creadas para custodiar el destino común de los pueblos se encuentran ahora debilitadas, sin que se reconozca su autoridad moral. A este respecto, el Papa auspicia para la ONU y para el sistema político internacional «reformas profundas» que superen la actual crisis de valores en favor del verdadero bien común (226).

Una Realpolitik irresponsable
Hoy, prosigue la encíclica, se libran guerras «híbridas» que abarcan los ámbitos económico, financiero e informático, aprovechando la desinformación y el miedo para influir en la opinión pública y presentar el aumento del gasto militar como la «única respuesta» a un futuro incierto. Pero todo esto no es más que un «falso realismo», una irresponsable Realpolitik que siembra en las conciencias y en las culturas la resignación ante una guerra ineludible y califica la paz de utopía (204-205). Sin excluir que, para algunos, el conflicto armado podría ser un instrumento de «gestión cínica» de las dificultades, así como una forma de desviar la atención de los problemas internos (208).

La civilización del amor
El cristiano está llamado a responder a esta cultura del poder construyendo «la civilización del amor»: la gracia, de hecho, no elimina el conflicto como por arte de magia, sino que genera «una resistencia activa al mal y una sorprendente creatividad en el bien» (211). Cada uno, en su ámbito de acción, está llamado a elegir entre alimentar la lógica de la fuerza o custodiar la paz, frenando la deshumanización con pequeños actos de fidelidad y tenacidad. El Papa señala cinco «vías de responsabilidad»: desarmar las palabras diciendo la verdad; construir la paz en la justicia; asumir la mirada de las víctimas tomando posición, porque hay conflictos en los que «no es justo permanecer neutrales». Los ataques contra civiles, hospitales e infraestructuras hieren a la propia humanidad y no pueden quedar relegados al ámbito del análisis abstracto. Por el contrario, hay que dar voz a las víctimas para «tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra» la guerra y toda violencia (217). Y aún más: el Papa exhorta a cultivar «un sano realismo» que busque vías de paz viables con hechos, no solo con palabras.

No utilizar el nombre de Dios para legitimar la guerra
Por último, relanzar el diálogo pasando de una cultura del poder a una cultura de la negociación. También es decisivo «el diálogo entre las religiones», portador de un mensaje de paz. «Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra, traiciona su rostro —advierte León XIV—: luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la propia religión» (223). Por su parte, la diplomacia de la Santa Sede utiliza «el principio evangélico de la misericordia» como criterio concreto de la acción política. De ahí deriva la exhortación a la oración, porque la paz proviene ante todo de Dios (227-228).

La magnífica humanidad
Al concluir la carta, el Pontífice invita a los fieles a vivir las nuevas tecnologías a la luz del Evangelio, siguiendo «un itinerario de vida cristiana sobrio y exigente», para que, incluso en la era de la IA, todos puedan dar testimonio de «la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».

Vaticano
Vaticano

«Doy gracias a Dios por las personas que me han acompañado en la fe a lo largo de mi vida»

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El sábado 16 de mayo, María del Pilar Bootello García, feligresa de la parroquia de la Encarnación de Álora, recibió la Medalla Pro Ecclesia Malacitana, reconocimiento diocesano a toda una vida de servicio fiel y callado. Concedida por el obispo D. José Antonio, a petición de la comunidad parroquial, fue entregada por el arzobispo emérito de Pamplona y Tudela, D. Francisco Pérez.

¿Qué significó para usted recibir la Medalla?

Primero, una gran sorpresa y, después, una gran alegría que yo nunca esperaba. Es para mí un motivo de agradecimiento a las personas que me inculcaron la fe y a las que me acompañaron a lo largo de mi vida.

¿Qué es para usted su parroquia?

Mi parroquia ha sido mi casa. En ella he colaborado desde pequeña en todas las actividades que he podido. He participado en la Acción Católica de entonces, en la campaña del Seminario y de las misiones, repartiendo sobres de casa en casa, repartiendo la lección y las medicinas a los más necesitados, dando catequesis a los niños más pequeños que después preparaba para la primera comunión… He colaborado en Cáritas, en Pastoral de la Salud y allí donde mi parroquia me ha necesitado.

¿Cuál es su acción de gracias a Dios?

Le doy gracias a Dios por el don de la vida, por el regalo de la fe y por las personas que me han ayudado a lo largo de mi 89 años a encontrarme con el Señor en mi vocación como laica comprometida con la Iglesia, desde mi parroquia de Álora.

La celebración
Concelebraron la Eucaristía el párroco de Álora, Felipe Manuel Gallego, y los hijos sacerdotes de la homenajeada, Leandro y Antonio Jesús Carrasco Bootello.

En la acción de gracias de la Eucaristía, Pilar «nos encogió el corazón a todos los presentes. Con una humildad admirable, recordó que fue bautizada entre esos mismos muros en 1937, agradeció a quienes sembraron la fe antes que ella —como sus tías Ana y Lola— y dedicó un mensaje inolvidable a sus nietos: «No hay mayor tesoro que la fe”».

Encarni Llamas

«Acérquense a un monasterio para conocer la labor de estas grandes mujeres»

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En la Solemnidad de la Santísima Trinidad celebramos la Jornada Pro Orantibus, un día para orar por quienes oran todos los días por todos, la vida contemplativa. El padre carmelita José Manuel Fernández es el delegado para la Vida Consagrada.

“¿Por quién eres?”, un lema muy sugerente para la jornada, ¿a qué nos invita?

Nos lleva a reflexionar en el origen de todo, en la razón por la cual hacemos las cosas, que es precisamente Dios; y, de ahí a recordar a recordar a aquellas personas que han entregado su vida a buscar el rostro de Dios y a transmitirnos su presencia, para que no olvidemos dónde está el punto de partida de todo.

¿Cómo está la vida contemplativa en nuestra diócesis?

Este año ha habido alguna profesión pero necesitaríamos muchas más vocaciones. El Señor sigue llamando, aunque a veces parezca que es difícil escucharlo.

¿Qué supone para el padre José Manuel ser el delegado para la Vida Consagrada de la diócesis?

Para mí es un motivo para dar gracias a Dios porque me ha ayudado a conocer y a valorar, todavía más, el tesoro que tenemos en la vida contemplativa, que es un don del Espíritu para la Iglesia. También me ha ayudado a poder compartir esa entrega y generosidad tantas veces callada y escondida detrás de unos muros. Esta jornada tiene también la intención de hacer visible tanta generosidad como hay tras los muros.

¿Qué destacaría de la vida contemplativa?

La generosidad y la entrega. Todo lo que hacen es por el bien de los demás, siempre están al servicio de los demás, para que todos puedan llevar adelante su tarea en este mundo. Viven con la mayor perfección posible su vocación, para servicio de la Iglesia. Y no me olvido de su alegría. Una alegría que brota de vivir en la presencia de Dios, aunque vengan momentos difíciles.

A partir del 30 de junio, la congregación le encomienda una nueva tarea. Lo vamos a echar de menos.

Así es, termino mi estancia en Málaga y comienzo una nueva en la ciudad de Segovia, donde se conserva el sepulcro de san Juan de la Cruz. Eso significa que también estoy terminando mi tiempo como delegado para la Vida Consagrada y como párroco de Stella Maris. Han sido 18 los años destinado en Málaga, en la tierra donde nací. Me voy muy contento por la generosidad y el cariño de la gente de la diócesis.

Una sugerencia para vivir esta Jornada de la Santísima Trinidad.

Si pueden, acérquense a un monasterio para ver “in situ” la labor de estas grandes mujeres por nosotros; den gracias a Dios por su entrega y generosidad hasta el último día de su vida; y colaboren con la colecta extraordinaria de este domingo porque ellas se ganan la vida con su trabajo pero los monasterios en los que viven tienen muchos gastos extraordinarios a los que no pueden hacer frente.

Encarni Llamas

La Plataforma Laudato Si´ invita a la acción y la oración en comunidad

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Del 17 al 24 de mayo, la Iglesia ha celebrado la Semana Laudato Si´ bajo el lema “De la esperanza a la acción”. Una campaña anual para conmemorar la publicación de la encíclica del papa Francisco sobre el cuidado de la casa común (24 de mayo de 2015). Con este motivo, la Plataforma Laudato Sí en Málaga propone una acción y oración en comunidad para el próximo 28 de mayo, desde las 19.00 horas.

El acto comenzará a las 19.00 horas, con una acción en el Bosque Urbano de Málaga (BUM). «Todos sabemos que el BUM se ha convertido en un espacio donde miles de malagueñas y malagueños estamos haciendo realidad que, en comunidad, podamos construir una Málaga más verde y habitable, al servicio del bien común. Nuestro gesto consiste en apadrinar un árbol y hacer el compromiso de cuidarlo, especialmente durante el tiempo de verano. Animamos a que el compromiso sea comunitario. Esa tarde realizaremos la ceremonia de apadrinamiento y regaremos nuestros árboles», explican desde la Plataforma.

A las 20.15 horas, se trasladarán desde el BUM a la cercana parroquia de San Andrés y Virgen del Camino. Allí, «la comunidad cristiana de Málaga realizaremos nuestra acción de gracias por la Creación, por el compromiso de tantas personas y comunidades que trabajan por la justicia social y climática; nuestra petición de una conversión ecológica personal y comunitaria que nos impulse a vivir la Ecología Integral con radicalidad», añaden.

Desde la Plataforma Laudato Si´ ponen a disposición un número de whatsapp  (637 40 10 42) para confirmar la asistencia y el compromiso en el BUM. Es importante la confirmación para reservar los arbolitos y preparar adecuadamente su señalización.

Papa León XIV

El papa León XIV animaba el domingo 17 de mayo, al inicio de la Semana Laudato Si’, a que, «en este año jubilar de san Francisco de Asís, recordemos su mensaje de paz con Dios, con los hermanos y con todas las criaturas» y recordaba que «a causa de las guerras, en estos últimos años se han retrasado mucho los progresos en este ámbito”.

Promovida por el Dicasterio para el Servicio del Desarrollo Humano Integral, la Semana Laudato Si’ pretende recordar este año que la conversión ecológica crece paso a paso, a través de la restauración de las relaciones, la protección de la creación y el fortalecimiento de las comunidades.

¿Qué es la Semana Laudato Si´?

Es una campaña anual de ocho días que se celebra en mayo para conmemorar la publicación de la encíclica Laudato si´ (este año cumple su undécimo aniversario). La semana la dinamiza el Movimiento Laudato si, en coordinación con la plataforma de Acción Laudato si del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral, y busca emponderar a las comunidades cristianas y a cualquier persona de buena voluntad para responder a la llamada del papa Francisco de cuidar la Casa Común, uniendo la lucha por la justicia social y la lucha por la justicia climática, pues «todo está conectado» y nos enfrentamos a una «compleja crisis socio-ambiental», expresaba en el documento.

¿Qué objetivos se plantea?

«El objetivo fundamental de la Semana Laudato Si´ es concienciar y movilizar a la comunidad creyente para que asuma la vivencia de la ecología integral, comprendiendo que la defensa de las personas y comunidades más empobrecidas y vulnerabilizadas es inseparable de la defensa y cuidado de nuestra Casa Común, herida por un modelo de producción y consumo que extrae recursos sin plantearse las consecuencias sociales y medioambientales de este falso progreso tecnocrático, pues “el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto de quiebre” (LD, 2)», explican desde la Plataforma. En este sentido, las diferentes acciones que se ponen en marcha pretenden llamar a la acción y que la comunidad cristiana se movilice con gestos y acciones concretos que expresen que es posible vivir desde el cuidado y el respeto a los derechos humanos, sociales y medioambientales.

Los Objetivos Laudato Si’ guían las acciones del movimiento, redefinen y reconstruyen la relación con los demás y con la casa común, y contemplan un enfoque holístico que tiene en cuenta los límites planetarios de todos los sistemas socioeconómicos y las raíces humanas de la crisis ecológica. Estos objetivos son:

  • Responder al clamor de los pobres.
  • Responder al clamor de la tierra.
  • Conseguir una economía ecológica.
  • Adoptar estilos de vida sostenibles.
  • Fomentar una educación ecológica.
  • Vivir una espiritualidad ecológica.
  • Empoderar a las comunidades en clave sinodal, desde la participación comunitaria y acción participativa.

¿Qué más puedes hacer para participar en la Semana Laudato si´?

Desde la Plataforma Laudato Si´ animan a participar en el acto central del día 28 de mayo y también a profundizar en la encíclica «que nos inspira hacia una conversión ecológica que se traduzca en pequeños gestos cotidianos y diarios. Reducción de consumo, acabar con el desperdicio alimentario, reciclaje más consciente, opción por el transporte público, participación en campañas de limpieza, plantearte la desinversión en combustibles fósiles… existen múltiples maneras de ir marcando la diferencia. Cada uno puede elegir la suya en función de su situación».

Durante la Semana de Laudato Si’, «emprende una acción concreta en favor de la ecología integral. Envíala a través de la Plataforma de Acción Laudato Si’, y haz visible tu compromiso por la ecología integral junto a millones de creyentes de todo el mundo. Para ello debes inscribirte en la Plataforma de Acción Laudato si´, y allí seguir los pasos indicados para realizar el registro. Puedes hacerlo pinchando en este enlace. También os animamos a seguirnos en redes sociales, y a difundir los mensajes que compartamos. Puedes hacerlo visitando nuestra página web www.malagalaudatosi.org o siguiendo nuestra cuenta de Instagram @laudatosimlg».

Encarni Llamas

Mons. Satué: «El Espíritu nos impulsa a la unidad»

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La Catedral de Málaga acogió el 23 de mayo, en la víspera de la Solemnidad de Pentecostés, el ya tradicional Adoremus organizado por la Acción Católica General en Málaga, y el domingo 24 la Misa de Pentecostés, con el signo y envío a todos los laicos, organizada por la Delegación de Apostolado Seglar y la ACG. Ambas presididas por el obispo D. José Antonio.

Esta cita es «un momento muy especial y esperado en el que todos y todas nos encontramos, rezamos juntos y compartimos un tiempo de diálogo».

Feligreses y sacerdotes de diversas parroquias y realidades diocesanas, presididos por el obispo D. José Antonio, participaron en esta celebración de oración que contó un año más con la colaboración de un coro interparroquial que unió voces e instrumentos y con un creativo de grupo de jóvenes que puso al servicio sus dones artísticos para ayudar en la reflexión.

«El Espíritu nos impulsa a la unidad»
El Adoremus se vertebró en tres momentos en los que se profundizaron en la unidad, la paz y el amor, sobre los que Mons. Satué ofreció una reflexión antes de la exposición del Santísimo. El Obispo invitó a reconocer, agradecer y pedir ante el Señor esos tres frutos del Espíritu: unidad, paz y amor. «Reconocer en qué momentos de nuestra vida Dios nos ha ayudado con su Espíritu a dejar nuestro camino solitario y a caminar juntos con otras personas» o también «cómo el Espíritu nos saca de nuestra comodidad para acercarnos a quienes más nos necesitan, a los necesitados de pan, de esperanza, de fe, de sentido para sus vidas», compartía el Obispo.

Tras la oración del Santísimo y la bendición de D. José Antonio, los participantes se trasladaron la patio del Obispado para compartir un ágape y un tiempo de diálogo y convivencia.

Misa en la Solemnidad

En la mañana de la Solemnidad de Pentecostés, el primer templo de la diócesis acogía a los miembros de los movimientos y asociaciones laicales de la diócesis, y a los feligreses de las parroquias que se acercaron a celebrar la Eucaristía. En esta ocasión, un coro de los Misioneros de la Esperanza entonaba los santos de la celebración en la que Pedro Gordillo (miembro de la Familia de San José) interpretó su versión de la Secuencia del Espíritu Santo.

En su homilía, el obispo de la diócesis se dirigió de forma especial a todos los laicos y laicas de la diócesis en el día del Apostolado Seglar y la Acción Católica y les recordó que «el Espíritu Santo no está dormido. El Espíritu Santo está actuando, de la misma manera que actuaba en la vida de Jesucristo. El Espíritu Santo movió, inspiró y guió la vida de los primeros discípulos, en los comienzos de la Iglesia, y ese mismo Espíritu Santo está presente en nuestros corazones. Cuando le pedimos que siga activo, no se lo pedimos porque no quiera actuar sino porque, a través de la petición, a través de la oración, nos disponemos con un corazón más abierto para que ese espíritu siga trabajando, siga haciendo maravillas en nuestro favor, en favor del mundo entero, especialmente en favor de los que más sufren».

Por eso, continuaba Mons. Satué, «la primera tarea que los cristianos hacemos al celebrar esta fiesta de Pentecostés es abrir los ojos de par en par para reconocer en nosotros, en la Iglesia y en el corazón del mundo, la presencia del Espíritu».

 

Solemnidad de Pentecostés en la Catedral E. LLAMAS
Tras la celebración litúrgica, el Obispo bendijo el signo que la Delegación de Apostolado Seglar había preparado para este año: una bolsita de tierra (mezcla de tierra de diversos pueblos de la diócesis y de Melilla) con la que «recordamos nuestros orígenes y cómo en manos del Señor podemos recibir en nosotros la semilla de la Palabra que germina para la vida nueva, impulsada por el Espíritu Santo. Cada uno aportamos nuestro grano para construir la comunidad, un Pueblo de Dios que sale al encuentro».

Encarni Llamas

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