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“La santidad está en el vivir de cada día”

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Homilía del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, en la Eucaristía celebrada en la Catedral, el 1 de noviembre de 2026, Solemnidad de Todos los Santos.

Queridos hermanos sacerdotes celebrantes,

Querido diácono,

Queridos hermanos congresistas de las Hermandades y Cofradías de la Santa Cena de España. Especialmente, queridos vosotros, miembros de la Cofradía de la Santa Cena de Granada y la Virgen de la Victoria,

Queridos hermanos y hermanas,

Hoy es un día de gran fiesta en esta Solemnidad de Todos los Santos. Nos ha pasado con esta fiesta, queridos amigos, que le hemos puesto… Los mayores sí lo recordarán, cuando alguien se ponía de luto antes, hace ya muchos años, y escribía una carta, los sobres llevaban un ribete negro y las cartas también. Era una forma de manifestar que se estaba de luto, con tristeza. Pues algo parecido nos ha pasado con esta fiesta. Le hemos puesto una especie de ribete negro de difunto. Hoy celebramos una fiesta de alegría, de gozo.

De esos hermanos nuestros… Ciertamente, los santos canonizados, pero sobre todo esa multitud inmensa que, como nos ha dicho el libro del Apocalipsis, describiéndonos y haciéndolo en primer lugar para cristianos perseguidos a los que san Juan escribe el Apocalipsis en ese lenguaje encriptado describiendo el cielo. Esa multitud inmensa que nadie puede contar, de hermanos y hermanas nuestras que pertenecen a lo que llamamos la Iglesia triunfante. La Iglesia que ya está en el cielo.

Muchos familiares nuestros, seguro. Muchos no conocemos la inmensa mayoría sus nombres, ni sus edades cuando vivían en la tierra, ni su procedencia. Pero también entre ellos están gente cuya cara recordamos y que, sobre todo al faltarnos, hemos echado de menos su testimonio cristiano. Padres y madres de familia, mayores y pequeños, que han tratado de vivir como Jesús nos pide.

Y eso es la santidad. Es vivir como Jesús nos pide. Y claramente tenemos en el Evangelio qué es lo que nos pide Jesús. Lo único es que tenemos que acudir al Evangelio. El Evangelio, queridos cofrades, es nuestro libro de reglas. Y si queréis todavía de una hermandad de la última Cena, tiene que ser las bienaventuranzas y el discurso del Pan de vida de Jesús, del capítulo seis del Evangelio de san Juan. Y el relato de la última Cena, también del Evangelio de san Juan, uno de los sinópticos.

Es decir, nuestra referencia está en el Evangelio. Vivir el Evangelio, vivir la santidad. Y esto no solo ha ocurrido en tiempos pasados. Y vemos que siempre ha habido tiempos difíciles. Cristianos perseguidos. Celebramos en este mes de noviembre, precisamente el día 6, la fiesta de los mártires españoles del siglo XX. Hace 90 años hermanos nuestros eran martirizados, miles.

Luego, la santidad no solo está en ese momento heroico, está en el vivir de cada día, en muchas madres, muchas esposas, muchos sacerdotes, muchos religiosos, religiosas. Porque a la santidad estamos llamados todos. No es una cosa de curas y monjas exclusivamente. Todos estamos llamados a ser santos, pero no una santidad de segunda división, de ir tirando. No una santidad de bombo y platillo, sino una santidad en la vida ordinaria, en el trabajo, en la vida de familia, en nuestro encuentro con los demás. Viviendo en una ciudadanía coherente con nuestro ser cristianos, con nuestros principios cristianos, sin colgarlos en la percha a la hora del trabajo, a la hora de emitir un voto en unas elecciones, a la hora de la gobernanza, a la hora de la preocupación social, a la hora de la diversión, a la hora del deporte. Esto de ser cristiano no es una chaqueta que uno se cambia según las conveniencias. Esto de ser cristiano no es solo para la Semana Santa, como si el resto de las semanas no tuvieran que ser santas por cristianos santos.

Y es ahí esto de ser cristiano y esto ser santos no tiene nada que ver con esa denominación de creyentes y no practicantes. Esta denominación de cristianos no tiene que ser algo tibio, sino que es coherente. Sí, pecadores, lo somos. Ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte, le decimos a la Santísima Virgen. Cada celebración de la Eucaristía la empezamos pidiéndole al Señor perdón de nuestros pecados.

Somos pecadores, pero el Señor nos ha dicho que no ha venido a llamar a los justos, sino a los pecadores. El Señor nos ha dicho que no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Y esos somos nosotros. Mientras vamos caminando tenemos defectos, tenemos pasiones, tenemos pecado, por lo que hemos de reconocer y pedir perdón con humildad al Señor en el sacramento de la penitencia.

Pero al mismo tiempo tenemos que aspirar a ser santos, no un cristianismo mediocre, no un cristianismo de ir tirando. Y mire usted, me podéis decir, como está el patio, ya está. Con esto ya hay bastante. No un cristianismo solo de la vara. Sino un cristianismo de coherencia de vida. Por eso, una nueva era de vivir el cristianismo y vivir la santidad es en una hermandad y una cofradía, pero no simplemente por tradición o sentido cultural. Sino por un profundo sentido de culto cristiano que lleva consigo una coherencia de vida.

Por eso, queridos amigos, estamos llamados todos, todos, todos a la santidad. Y si no vivimos esa santidad, si de nosotros no se dice que hemos sido de verdad seguidores de Jesús y cristianos de una pieza, a pesar de los pesares de nuestra debilidad, es que hemos fracasado. Y esto es, ni más ni menos, que vivir la condición de hijos de Dios que hemos escuchado en la segunda lectura, tomada de la primera carta del apóstol Juan. “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos. Y lo somos”, dice el evangelista Juan. Y aún no se ha manifestado lo que seremos. Sabemos que cuando se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal cual es. Quien tiene esta esperanza es la esperanza del cielo. Es la esperanza del viejo sueño de Adán y Eva de ser como Dios, pero que se ha realizado haciéndose Dios uno de nosotros, en su Hijo Jesucristo.

Luego, la vida cristiana está en imitar a Jesús. Imitar a Jesús viviendo las bienaventuranzas. Y claro, uno coge las bienaventuranzas… Bienaventurados los pobres de espíritu, bienaventurados los pacíficos, bienaventurados los limpios de corazón. Bienaventurados los misericordiosos, bienaventurados los que lloran. Bienaventurados los que son perseguidos. Amigo, eso no nos gusta. ¿Qué es lo que se lleva? Bienaventurado el que tiene pasta, bienaventurado el que tiene el poder. Bienaventurado el que triunfa, bienaventurado… Y claro… El cristianismo siempre ha sido contracultural. Siempre lo ha sido. Si vivimos con coherencia.

Y los santos, las bienaventuranzas no son unas utopías irrealizables. Y prueba de ello es que los santos nos demuestran que es posible vivirlas. El Papa Francisco llamaba los santos de la puerta de al lado. Los que están a nuestro lado y, sobre todo, nos damos cuenta cuando nos falta. Cuando falta esa persona buena, santa, en una cofradía. Esa que se entrega, esa que no va buscando los primeros puestos, esa que no pelea, esa que no está ideologizada, esa que está sirviendo, esa que está preocupada de los demás. Esa persona que es generosa, esa persona que piensa en los más necesitados. Esa persona que no se queja. Esa persona que ha hecho del sufrimiento de su vida una ofrenda a Dios. Esa persona. Y estoy ante cofrades de la Eucaristía que viven el domingo, la fiesta del domingo, el amor a Cristoen la Eucaristía.

Queridos amigos cofrades, vuestro culto a vuestra imagen de la Cena, tiene que tener detrás horas de sagrario, horas de adoración eucarística. Porque si no estáis venerando la imagen y no veneráis la realidad.

Queridos amigos, queridos hermanos y hermanas, estamos llamados a ser santos. Vamos a vivirlo y vamos a vivir esta fiesta de gozo y de alegría. Vamos a pedir porque nosotros seamos santos y vamos a pedirle a los santos que intercedan por nosotros, que sigamos su ejemplo. Los santos no necesitan nuestro culto. Vamos a pedirle que nos ayuden.

Y sobre todo a la Reina de los Santos, la Santísima Virgen. A ella le pedimos que ruege por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Y que entonces nos muestre a Jesús, el fruto bendito de su vientre. Y que entonces nos haga alcanzar plenamente las promesas de nuestro Señor Jesucristo. Alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo, como les decimos en la Salve.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

1 noviembre de 2026
Catedral de Granada

Misa del Centenario de la Consagración de la Diócesis al Sagrado Corazón de Jesús

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Monteagudo, 31 de octubre del 2026

Hermanos sacerdotes, religiosos y religiosas.

Párroco de Monteagudo.

Dignísimas autoridades nacionales, autonómicas y locales.

Sr. Presidente de la Comunidad Autónoma, Sra. alcaldesa, consejeros, corporación municipal.

Alcaldes, presidentes de distritos municipales, pedáneos, especialmente, el de Monteagudo.

Autoridades académicas y militares, Cuerpos de Seguridad del Estado, Policía Local.

Cruz Roja, personal sanitario.

Consejos pastorales, hermandades y cofradías.

Hermanos e invitados.

Antes de mis palabras en esta esplendida mañana de celebración de la fe, va por delante el recuerdo ante nuestro Señor de las víctimas mortales del accidente de Urda (Toledo), de los heridos y de los familiares de todos ellos. En España estamos de luto por este trágico accidente. En esta Eucaristía pedimos a Jesús que acoja en su reino a los difuntos, que cure a los heridos y consuele a los familiares. Que esta tragedia no nos quite la paz para seguir trabajando en nuestras responsabilidades y que sepamos aprovechar este momento para confiar a Dios nuestras vidas y nos dé fortaleza para dar la cara a este dolor que nos ha paralizado. Damos gracias a nuestro Señor por la valentía y generosidad de los habitantes de Urda al salir en ayuda de los afectados, por los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, por los sanitarios, Protección Civil, técnicos, sacerdotes… Por tanta gente que como buenos samaritanos han sido ejemplo de gran corazón.

¡Doy gracias también por la maravillosa oportunidad de poder renovar la consagración de la Diócesis al Sagrado Corazón de Jesús! ¡Gracias a Mons. Vicente Alonso Salgado, entonces obispo de Cartagena, que hace cien años, el 31 de octubre de 1926 consagró solemnemente la Diócesis en Monteagudo y bendijo e inauguró el monumento al Sagrado Corazón de Jesús, al que hoy podemos contemplar en su segunda versión. Agradezco al Excmo. Ayuntamiento y a los propietarios de este suelo que pisamos, la extraordinaria colaboración, para que en el mismo lugar que eligieron nuestros mayores para aquella efeméride nos reunamos nosotros con la misma alegría y acción de gracias.

Todos sabemos que la devoción al Corazón de Jesús está muy implantada en nuestra diócesis, a ello contribuyeron mucho los padres jesuitas que lo predicaron con empeño por todos los rincones de la huerta y de la Región. Su imagen sigue bendiciendo a muchos de nuestros pueblos con nobles monumentos y está en las puertas de muchas casas implorando su bendición. Además, cada año parte una peregrinación desde Murcia a Monteagudo, tal como lo iniciaron los jesuitas hasta los pies de su bendita imagen. Nuestro Señor Jesús tiene sus brazos abiertos en señal de cercanía, misericordia y entrega.

Hoy, al venir a renovar la consagración de la Diócesis y la de cada uno de nosotros al Sagrado Corazón de Jesús, siendo conscientes de que nuestra vida está sometida a la prisa, de que acumulamos demasiadas tareas, preocupaciones, dificultades y heridas; de que muchas veces vivimos la fe a la ligera, sin dejarnos tocar por el amor de Dios… ¿No creen ustedes que necesitaríamos recuperar la calma, la serenidad y más tiempo para cuidar mejor la toma de nuestras más importantes decisiones?

Todavía estamos a tiempo, Dios permanece siempre con la puerta abierta, esperando como el padre del hijo pródigo y no nos pide que finjamos nada, ni siquiera la urgencia de traer un corazón bueno. Él nos invita a venir para entregarle nuestro corazón tal como está: con sus heridas o egoísmos, con sus miedos y resistencias, tal como somos, sin apariencias. Cristo nos acoge con nuestra historia concreta, con nuestras debilidades y contradicciones, también con nuestros deseos de comenzar de nuevo porque su amor no tiene límite. Nuestro Señor puede sanar lo que está herido, deshacer lo que se ha enredado y despertar el amor allí donde parecía haberse agotado. Pensad en lo que hemos venido escuchando en este tiempo de preparación: Él nos amó primero. Antes de que nosotros buscáramos a Dios, ya nos estaba buscando él; antes de que nosotros aprendiéramos a amar, él ya nos había amado. Nuestro Señor toma la iniciativa y sale siempre al encuentro y nos ayuda a valorar lo esencial. Esto nos lo enseña en los evangelios: si vemos a Cristo paciente, nos está diciendo que no hay que ser tan rigoristas con los demás; si lo contemplamos misericordioso, no podremos alimentar rencores; si está cercano a los necesitados, a los pobres, no podremos pasar de largo indiferentes, sin compadecernos, sin ayudarles; si hemos visto que Cristo perdona, hemos de dar ya los pasos para la reconciliación.

El encuentro con Cristo no nos hace perfectos de inmediato, sino que espera que comencemos el camino de nuestra conversión. Esta historia se hace poco a poco, y así comenzarás a vivir una aventura nueva, dejarás de estar encerrado en tu propio yo, en solo tus intereses, para comenzar a interesarte por los que tienes cerca y, entonces, descubrirás cosas nuevas, descubrirás que hay color en la vida, que hay alegría, que existe el gozo y la paz.

Piensa un momento: Jesús no pasó indiferente ante el sufrimiento humano, se detuvo ante el ciego que le pedía ayuda; se acercó al leproso que todos evitaban, miró con misericordia al pecador; lloró por su amigo Lázaro muerto; se conmovió por la multitud que andaba como ovejas sin pastor y, cuando encuentra a alguien herido por la vida, no lo condena, sino que le tiende la mano, lo cura y le ofrece una vida nueva. Jesucristo no se escandaliza de ti, no te ha condenado antes de escucharte, se sienta contigo te escucha y te ofrece esperanza.

Mirad esa imagen que preside nuestra celebración desde lo alto del monte, tiene sus brazos en cruz, ¿no es ese es el signo del cristiano? Dios no nos engaña, sabes que amar de verdad cuesta. Nos lo decía santa Teresa de Calcuta: «Ama hasta que te duela». Y nosotros le hemos costado muy caro a Jesús: su amor por nosotros le costó estar clavado en una cruz.

El que se sabe amado por Cristo ya no puede mirar al mundo de la misma manera. Donde otros ven un problema, tú aprendes a descubrir a la persona; donde otros pasan de largo, tú te detienes y miras a los ojos; donde hay división, procuras construir comunión; donde hay sufrimiento, ofreces consuelo; donde hay injusticia no te resignas a pensar que nada se puede hacer… ¡Creer es comprometerse!

Te preguntarás, ¿qué puedo hacer de ahora en adelante? Podrías comenzar por ser un poco más humilde, luego aprende a dialogar, sé paciente y no te hagas de rogar a la hora de perdonar, piensa en los detalles y sé servicial, busca tiempo para el Señor en la oración cada día, así haces visible a Cristo. No hay que construir grandes cosas, no lo vas a cambiar todo en un día, pero comienza por cosas pequeñas cada día, que quien se encuentre contigo cada mañana pueda experimentar que la amabilidad, la bondad, la ternura y la misericordia existen. Se trata de esto: de amar como Cristo os ama.

No te conformes con una fe de costumbre, con una oración sin vida, reza con sinceridad sabiendo que estás delante del que todo lo puede, bendícele, aprende a escucharle. No seas de los que piensan que pedir perdón es cosa de débiles, acude a reconocerlo ante el Señor y te ayudará. Recuerda que hay un sacramento para esto. El Señor nos pone en camino, pues camina.

La Santísima Virgen María, la Madre de Dios, la mujer de corazón abierto a la voluntad del Padre, nos acompaña en este camino. Ella nos ha enseñado a permanecer junto a su Hijo y a guardar su Palabra en el corazón. Que el Espíritu Santo renueve en nosotros la capacidad de amar.

Que Dios os bendiga a todos y que nos dejemos alcanzar por su amor misericordioso para seguir construyendo una sociedad fraterna.

¡Corazón de Jesús, en vos confío!

+ José Manuel Lorca Planes

Obispo de Cartagena

«Dios cuenta contigo» es el lema de este año de la Iglesia diocesana, que se celebra este domingo

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«Dios cuenta contigo» es el lema de la campaña del Día de la Iglesia Diocesana 2026 que se celebra este año el domingo 8 de noviembre. Una llamada al compromiso desde la gratitud, ya que, la vida de las diócesis y parroquias solo se entiende desde la respuesta corresponsable de todos los bautizados, cada uno desde su propia vocación y estado de vida.

La campaña del Día de la Iglesia Diocesana 2026 pivota en torno a mensajes clave del papa León XIV en su visita a España el pasado mes de junio. Un viaje apostólico en el que el Santo Padre destacó la importancia del compromiso de todo el Pueblo de Dios “aportando cada uno su don para la misión común”, consciente de que “una fe que no se traduce en el compromiso cotidiano de transformar las realidades diocesanas se convierte en un museo del pasado”.

La labor que la Iglesia realiza es posible gracias al tiempo, las cualidades, la oración y el apoyo económico de millones de personas, como refleja el vídeo de la campaña:

La oración es fundamental, porque constituye el alma de todo lo que hacemos. Con ella, los frutos son mayores y más permanentes.
Qué decir del tiempo que se entrega gratuitamente sin esperar nada a cambio. Una sonrisa cercana, una mano que apoya un hombro desconsolado, acompañar en silencio al que sufre…
Un tiempo en el que compartimos nuestras cualidades, los dones y talentos que el Señor nos ha regalado.
También resultan necesarias las aportaciones económicas, con donativos puntuales y suscripciones periódicas, ya que, ayudan a sostener la labor social y espiritual de la Iglesia.

Transparencia y rendición de cuentas
El Día de la Iglesia Diocesana constituye también una oportunidad para dar a conocer lo que la Iglesia es y lo que hace en todo el territorio, reforzando el compromiso con la transparencia y la rendición de cuentas.

Para ello, la campaña cuenta con la revista “Nuestra Iglesia”, una publicación personaliza para cada una de las 69 diócesis territoriales en la que se refleja la vida que crea en cada Iglesia particular la respuesta corresponsable de todos los bautizados. Toda la información está disponible en la página web www.portantos.es

En definitiva, el Día de la Iglesia Diocesana nos invita a renovar nuestro compromiso con una Iglesia cercana, participativa y al servicio de la misión, siendo cada uno generoso en la entrega de su tiempo, sus cualidades, su oración y su apoyo económico: “Tu diócesis, tu familia. Un compromiso de todos, como Iglesia viva y corresponsable, al servicio de la misión”.

El Obispo de Jaén invita a descubrir la santidad en los gestos cotidianos y a vivirla como una vocación de todos

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La santidad es la verdadera vocación de todo cristiano. Estamos creados para el cielo, llamados a vivir para siempre junto a Dios. Ese es el destino hacia el que camina cada hombre y cada mujer, una meta que se construye cada día con gestos de amor, entrega y fraternidad.

Esta es la invitación que cada año nos hace la solemnidad de Todos los Santos, una celebración en la que la Iglesia vuelve su mirada hacia esa multitud de hombres y mujeres que ya gozan de la presencia de Dios. Santos conocidos, cuyos nombres figuran en el calendario litúrgico, y tantos otros anónimos que hicieron de su vida un testimonio del Evangelio. Padres, abuelos, sacerdotes, matrimonios y personas que, sin tener protagonismo público, supieron convertir lo cotidiano en un camino de amor cuyo destino fue el cielo.

Con esta mirada de alegría, gratitud y esperanza, el Obispo de Jaén, Monseñor Sebastián Chico Martínez, presidió en la Santa Iglesia Catedral la celebración de la Eucaristía con motivo de esta solemnidad, en la que invitó a los fieles a redescubrir la llamada universal a la santidad y a reconocerla como una vocación posible y cercana para todos.

Junto al Prelado jiennense, el Delegado de Liturgia, D. Antonio Lara Polaina concelebró la celebración eucarística. El coro que dirige el canónigo y organista, D. Alfonso Medina solemnizó con sus voces la Santa Misa.

Homilía

Durante su homilía, el Prelado recordó que la santidad no está reservada a personas excepcionales ni consiste necesariamente en realizar grandes obras, sino en vivir con fidelidad y amor las circunstancias de cada día. Así, afirmó que «la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir con un amor extraordinario las cosas ordinarias». Una llamada que alcanza a todos, independientemente de su vocación o situación personal.

El Obispo de Jaén quiso poner el acento en que el camino hacia la santidad comienza en el amor de Dios, que nos reconoce como hijos suyos y nos sostiene con su gracia. «Antes de pedirnos que seamos santos, Dios nos recuerda quiénes somos: sus hijos amados», señaló, invitando a no tener miedo a esta vocación, a confiar en el Señor y a seguir caminando incluso después de las caídas.

A partir de las bienaventuranzas, Monseñor Chico presentó el estilo de vida que propone Jesús, muy distinto de los modelos de felicidad basados en el éxito, las apariencias o el bienestar individual. Frente a ello, recordó que «la verdadera felicidad nace de un corazón humilde, misericordioso y abierto a Dios y a los demás».

Una propuesta que, además de transformar la vida personal, tiene consecuencias directas en la sociedad. En este sentido, el obispo subrayó la necesidad de cristianos capaces de hacer frente a la indiferencia, los enfrentamientos y la soledad desde el compromiso con los demás. «Necesitamos cristianos que construyan puentes, sepan perdonar, defiendan la dignidad de cada persona y trabajen por la justicia y la paz», afirmó. Un compromiso que, añadió, comienza en los espacios más cercanos: la familia, el trabajo y las relaciones cotidianas.

La celebración fue también ocasión para recordar a quienes han dado testimonio de su fe en la historia de la Iglesia de Jaén. De manera especial, el obispo evocó a los 124 mártires del siglo XX beatificados el pasado mes de diciembre, que permanecieron fieles a Cristo hasta entregar su vida. Su testimonio, destacó, recuerda que «la santidad ha florecido también entre nosotros, en nuestros pueblos y comunidades».

En vísperas de la conmemoración de los Fieles Difuntos, Don Sebastián invitó igualmente a contemplar la existencia desde la perspectiva de la eternidad. La fiesta de Todos los Santos, explicó, permite mirar más allá de las preocupaciones inmediatas y recordar que la vida cristiana está llamada a culminar en la comunión definitiva con Dios. Una esperanza que no aleja de la realidad, sino que impulsa a vivir con mayor entrega y compromiso hacia los demás.

Por último, el Prelado insistió en que esta solemnidad no debe quedarse únicamente en el recuerdo y la admiración de quienes nos han precedido, sino convertirse en una invitación personal para cada bautizado: «Tú también estás llamado a ser santo». En el actual curso pastoral, en el que la Diócesis quiere fortalecer su misión y presencia pública, recordó que el mejor testimonio que los cristianos pueden ofrecer es una vida coherente con el Evangelio, capaz de transmitir luz, esperanza y consuelo.

La homilía concluyó con una referencia a la Virgen de la Cabeza, en este Año Jubilar que vive la Diócesis con motivo del VIII Centenario de su Aparición. María, modelo de humildad, confianza y entrega a Dios, fue presentada por el obispo como la mejor referencia para recorrer este camino de santidad y seguir a Jesucristo.

Con la bendición final concluyó la celebración.

Un retiro para que los matrimonios compartan tiempo, fe y vida en pareja

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En medio de las responsabilidades familiares, el trabajo y las prisas de cada día, encontrar un momento para detenerse y dedicar tiempo a la vida en pareja no siempre resulta sencillo. Con este propósito, la delegación de Familia de la diócesis de Canarias invita a los matrimonios a participar en un retiro que se celebrará los días 20 y 21 de noviembre.

El encuentro tendrá lugar en la Casa de Espiritualidad Santiago Apóstol, en Lomo Cementerio (Telde), y ofrecerá a los matrimonios la oportunidad de hacer una pausa en su rutina, compartir experiencias y dedicar un tiempo a la reflexión y al encuentro con Dios.

La propuesta quiere ayudar a los esposos a cuidar su relación, fortalecer los vínculos que los unen y redescubrir la importancia de caminar juntos, también desde la fe.

El retiro comenzará el viernes 20 de noviembre, a las 18:00 horas, y finalizará el sábado 21 por la tarde. El precio es de 100 euros por matrimonio, e incluye alojamiento, comidas y las actividades del encuentro.

Las plazas son limitadas, por lo que las parejas interesadas deberán formalizar su inscripción a través del formulario habilitado por la organización.

Para más información, pueden contactar con Patricia en el teléfono 670 678 348 o escribir al correo electrónico pastoralfamiliardecanarias@gmail.com.

Formulario de inscripción: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLScnVF8AV-_05xym5yDVoZI48jGPfSvr06QHyCehHw_YtbjSyw/viewform

Carta con motivo del día de la Iglesia diocesana

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Este domingo, 8 de noviembre, celebramos el Día de la Iglesia Diocesana. Compartimos la carta de Mons. José Mazuelos, que invita a vivir la fe en comunión y a sostener entre todos la misión de la Iglesia en Canarias.

Celebrar el Día de la Iglesia Diocesana es, ante todo, una ocasión para dar gracias a Dios por nuestra diócesis de Canarias, con sus luces y sus dificultades, con la entrega generosa de tantos y también con los desafíos que tenemos por delante. Una Iglesia viva, una Iglesia que camina, una Iglesia que, a pesar de sus pobrezas, sigue queriendo anunciar a Jesucristo y ser presencia de su amor en medio de nuestra sociedad. Este año, además, celebramos este día con una gracia muy especial: la reciente visita del papa León XIV a nuestra diócesis.

Todavía guardamos en el corazón aquellos días en los que el sucesor de Pedro estuvo entre nosotros. Fue, sobre todo, una visita que nos confirmó en la fe y nos ayudó a mirar nuestra realidad con ojos nuevos.

El papa León XIV nos invitó a alzar la mirada para descubrir que, por encima de nuestras dificultades, de nuestros cansancios y de nuestras preocupaciones, el Señor sigue actuando en nuestra historia. No somos una Iglesia encerrada en sí misma. Somos una Iglesia llamada a salir, a encontrarse, a escuchar y a acompañar.

Pero el papa nos recordó también que no podremos sostener esta misión si no volvemos continuamente a su fuente: Jesucristo. En el encuentro con nuestros sacerdotes y agentes de pastoral, León XIV insistió en la necesidad de una profunda espiritualidad eucarística. La eucaristía nos reúne, nos transforma y nos envía. En ella aprendemos que no podemos separar el amor a Dios del amor a los hermanos.

Este Día de la Iglesia Diocesana quiero, por ello, hacer una llamada especial a la comunión. Necesitamos caminar juntos. Sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, familias, jóvenes, mayores, catequistas, movimientos, asociaciones, cofradías y comunidades parroquiales tenemos dones diferentes, pero una misma misión.

La evangelización no puede ser tarea exclusiva de los sacerdotes. Canarias necesita cristianos que vivan su fe con naturalidad, valentía y esperanza, cristianos capaces de mostrar que el Evangelio sigue teniendo una palabra para el hombre y la mujer de nuestro tiempo.

El Día de la Iglesia Diocesana nos recuerda que esta misión necesita nuestra colaboración concreta. La Iglesia se sostiene gracias a la generosidad de sus fieles. Cada aportación, grande o pequeña, permite mantener abiertas nuestras parroquias, acompañar a las personas más necesitadas, sostener nuestra acción evangelizadora, formar a sacerdotes y agentes de pastoral y continuar tantas obras de caridad que realizan nuestras comunidades. Dar a la Iglesia es también una manera de participar en su misión.

Pido al Señor que aquella visita apostólica no sea solamente una página hermosa de la historia reciente de nuestra diócesis, sino el comienzo de un renovado impulso evangelizador. Que Arguineguín nos enseñe a mirar al hermano que llega; que la catedral de Santa Ana nos recuerde la comunión que estamos llamados a vivir; que la eucaristía nos devuelva siempre a Cristo; y que la palabra del papa nos ayude a salir de nuestros pequeños horizontes para mirar con esperanza el futuro que Dios pone delante de nosotros.

Dios cuenta contigo para construir una Iglesia en Canarias arraigada en Cristo, cercana a los pobres y enviada a anunciar el Evangelio con esperanza.

Con todo afecto, os bendigo.

† José Mazuelos Pérez
Obispo de Canarias

Monseñor Orozco presidió la Misa por todos los difuntos en el cementerio de Guadix

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La ciudad de Guadix también vivió una jornada en torno a los cementerios y al rezo por los difuntos, el lunes 2 de noviembre. Ese día es la festividad de Todos los Difuntos y son muchos, si no todos, los que visitan el cementerio para arreglar las tumbas y recordar a los seres queridos. También para rezar por ellos. Y así se hizo en el cementerio de Guadix, como en la mayor parte de cementerios de nuestra diócesis.

En la tarde del día de Todos los Difuntos, el obispo de Guadix presidió la celebración de la Misa en el mismo cementerio accitano. Fue a las 5:30 de la tarde, en el patio segundo del camposanto, con un gran número de fieles que participaron en la celebración. La Misa fue ofrecida por todos los difuntos, en especial por los de ese cementerio. También hubo un recuerdo muy sentido por las víctimas del reciente accidente de trenes en Urda (Toledo), por cuyos fallecidos también se ofreció la Eucaristía.

Monseñor Francisco Jesús Orozco habló, en la homilía, de nuestra esperanza en la resurrección y de cómo sabernos queridos y llamados a la vida por Dios da un sentido pleno a nuestra existencia. También habló de la importancia y la necesidad de rezar por los difuntos, como se estaba haciendo esa tarde en Guadix.

Al terminar la celebración, se rezó un responso por todos los difuntos. Después, monseñor Orozco visitó algunas tumbas y, acompañado por los religiosos y sacerdotes que participaron en la celebración, recorrió las tumbas de algunos sacerdotes y religiosos que descansan en el cementerio de Guadix.

Cabe destacar que el camposanto accitano cuenta con la labor pastoral de los Hermanos Fossores de la Misericordia, tres religiosos que cuidan el cementerio y, sobre todo, a las familias que van a enterrar a sus muertos. Sin duda, en este lugar que mira a la muerte, los fossores recuerdan a todos que la vida no termina en este mundo, sino que nos espera la oferta de vida y de salvación que nos ofrece Dios. Transmiten un mensaje de esperanza en medio de tanto dolor y, cómo no, ofrecen consuelo.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

Una tradición de más de 375 años: Huéscar volvió a rezar los cuatro responsos por sus difuntos

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Huéscar volvió a rendir un sentido homenaje a sus difuntos un año más con la celebración de un solemne funeral en la tarde del lunes 2 de noviembre, en este día tan marcado por el recuerdo, la oración.

Uno de los momentos más singulares y llamativos de esta celebración fue el rezo de un responso en cada una de las tres puertas del templo, una tradición cargada de historia que se mantiene viva en nuestro municipio. El origen de esta peculiar costumbre se remonta al año 1650, con motivo de una visita pastoral a Huéscar. Según recoge la tradición histórica, el cardenal de Toledo realizó junto al clero, destinado pastoralmente en dicha localidad, una procesión por el interior de la iglesia, rezando responsos en cada una de sus puertas y también en el altar mayor. Esta práctica tenía un significado especial, ya que por aquel entonces la propia iglesia servía de cementerio del pueblo, por lo que los rezos se ofrecían por las personas que allí habían recibido sepultura.

Esta es la transcripción literal del hecho antes mencionado:

«Y luego se salió en procesión a le cuerpo de la dicha Iglesia junto al coro y cantó el dicho clero un responso, y luego en la puerta principal de la dicha Iglesia se dijo otro con su oración, y prosiguió la dicha procesión, y en medio de la dicha Iglesia se dijo otro responso y oración cantada por los difuntos, y con la dicha procesión se fue a la capilla mayor de la dicha iglesia donde se dijo otro responso general,»

También este año, a los pies del altar mayor, se ha preparado un lugar para que los fieles hayan podido escribir los nombres de sus difuntos, creando así un lugar de recuerdo y oración en el que tener presentes a quienes ya no están. Una iniciativa que permite poner nombre y rostro a la memoria, elevando una oración por cada uno de ellos.

De esta manera, Huéscar mantiene viva una tradición centenaria que une historia, fe y sentimiento, recordando que, aunque pasen los años, quienes nos dejaron siguen ocupando un lugar importante en la memoria y el corazón de sus familias y de todo el pueblo.

Parroquia de Santa María de Huéscar.

Monseñor Francisco Jesús Orozco presidió la Misa en el cementerio de Baza y la ofreció por todos los difuntos

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Monseñor Francisco Jesús Orozco presidió la celebración de la Eucaristía en el cementerio de Baza, que ofreció por todos los difuntos. Fue en la tarde del 1 de noviembre y fueron muchos los bastetanos que participaron en la celebración. Ya es tradición que el obispo de Guadix presida la Misa en el cementerio bastetano en este día tan señalado. Este año se ha hecho en la víspera del Día de Todos los Difuntos, para facilitar que el obispo pudiera asistir y los fieles pudiesen participar.

En la homilía, el obispo hizo referencia a la solemnidad de Todos los Santos, que se celebra el 1 de noviembre, subrayando que la santidad nos abre las puertas del banquete del cielo. Y, sobre todo, habló de cómo estamos llamados a resucitar con Cristo en la resurrección del último día. Hemos sido hechos hijos de Dios por el Bautismo y nuestra meta está en el cielo, vino a decir don Francisco Jesús Orozco, invitándonos a tener alzada la mirada siempre.

Este lunes 2 de noviembre, conmemoración de Todos los Fieles Difuntos, el obispo presidirá la Misa en el cementerio de Guadix a las 17:30 horas, en el patio 2.º del camposanto.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

Guadix acompañó a su Patrona en su traslado a la Catedral

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La ciudad de Guadix se volcó un año más con su patrona, la Virgen de las Angustias, en el traslado de la imagen desde su templo hasta la Catedral, para comenzar la septena en su honor. Fue en la mañana del domingo 1 de noviembre, bien temprano. A pesar del frío, los accitanos acompañaron a su patrona rezando el rosario de la aurora y participando en una primera Eucaristía, ya en la Catedral.

Acompañó a la imagen el obispo de Guadix, que, antes de comenzarla, quiso rezar un responso por todos los difuntos y, en especial, por los fallecidos en el accidente de trenes en Urda (Toledo).

Ya en la Catedral, el obispo presidió la celebración de la Eucaristía en la que hubo referencias a la Virgen, en su advocación de las Angustias, y a la festividad de Todos los Santos, que la Iglesia celebra el 1 de noviembre.

En la homilía, monseñor Francisco Jesús Orozco habló de la llamada a la santidad, que alcanza a todos los cristianos y, por tanto, hace que en todos haya una vocación a la santidad. También recordó que esto de la santidad no es cosa del pasado ni de otros, sino de todos y de ahora, invitándonos a descubrir esos “santos de la puerta de al lado” —como los llamaba el papa Francisco—, que viven a nuestro alrededor y que nos pueden enseñar a crecer en santidad.

Y mirando a la Virgen de las Angustias, recordó que ella es maestra de santidad, pues hace vida las bienaventuranzas; las vivió y nos enseña a vivirlas también a nosotros.

Y con la bajada de la Virgen de las Angustias, comienza una septena en su honor, que culminará el domingo 8 de noviembre, con el día grande de la fiesta, en el que habrá Misa pontifical por la mañana y procesión solemne por la tarde.

Lo dicho, Guadix se ha volcado, un año más, con su patrona, la Virgen de las Angustias.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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