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Inicio Blog Página 3

“Eucaristía, sacrificio de Cristo, el alimento”

Por
Arzobispo de Granada
-
3 Abr 2026
0

Homilía del arzobispo Mons. José María Gil Tamayo, en los Oficios de la Cena del Señor, el Jueves Santo, el 2 de abril de 2026, celebrada en la Catedral.

Queridos sacerdotes concelebrantes, diácono, seminaristas;
queridos miembros de la vida consagrada;
queridos hermanos y hermanas;
y también quienes nos seguís a través de La 2, de Televisión Española:

Estamos celebrando la Misa de la Cena del Señor. Acabamos de escuchar la Palabra de Dios, que ilumina esta celebración y que nos pone en situación. Esa Palabra de Dios, que es lámpara para nuestros pasos y luz en nuestro sendero nos dice la propia Sagrada Escritura. Esa Palabra de Dios, que hemos escuchado en el primer texto, tomado del Libro del Éxodo, nos recuerda la celebración de la cena pascual judía. La celebración de esa cena que supone la salida de Egipto, la liberación. El sentirse como pueblo liberado, como nación posesión de Dios. Es entrar en el mundo del pueblo judío. Pero, para nosotros, los cristianos, la verdadera Pascua es la Pascua Redentora de Jesucristo. Estamos ya comenzando el ritmo pascual. La Pascua, el paso del Señor, el paso liberador.

San Pablo, en la primera Carta a los Corintios, que ha sido el texto que ha sido proclamado en la segunda lectura, nos habla de la institución de la Eucaristía. De esa cena celebrada por Cristo en la que ya no solo recuerda la salida de Egipto del pueblo de Israel, sino la verdadera liberación que Él trae con su entrega en la cruz y su Resurrección.

Es Cristo quien se entrega. Es Cristo quien se sacrifica por la humanidad. Es Cristo el verdadero Cordero que quita el pecado del mundo. Y es Cristo quien se queda con nosotros en la Eucaristía. El Jueves Santo es el día de la institución de la Eucaristía. Jesucristo es el pan de vida. Jesucristo se nos da como alimento.

Hemos escuchado la proclamación del Evangelio de San Juan, el texto precisamente de la Última Cena, en que no nos habla de la Eucaristía porque ya lo había hecho en su capítulo sexto de su Evangelio, al hablarnos del pan de vida. Nos habla de otra institución por parte de Cristo en este día de Jueves Santo. La institución del mandamiento nuevo del amor y lo hace con el gesto, con el signo, de ponerse a lavar los pies a sus discípulos. Ese gesto propio del criado. Y Jesús, el maestro, les hace ver a sus discípulos que Él no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por muchos, como dirá. Es un gesto, pero expresa toda la profundidad de ese mensaje del mandamiento nuevo de Jesús, que nos dice “un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros, como Yo os he amado. En esto reconocerán que sois mis discípulos”.

Es el mandamiento del amor cristiano. Es el amor de Cristo mismo, con ese amor amar a los demás, sin fisuras, sin distinción. Ese amor que nos lleve a entregarnos por nosotros como Cristo. “Habiendo amado a los suyos -nos dice el Evangelio- los amó hasta el extremo”. Luego, tenemos otra institución. La institución de la Eucaristía, la institución del mandamiento nuevo del amor fraterno.

Y hay otra institución, el sacerdocio. Cuando Jesús, al celebrar la Eucaristía con sus discípulos, en la Última Cena, les dice “haced esto en memoria mía”. Y ahí, aquellos apóstoles, con sus defectos también, como vemos en el propio Pedro, que ya Jesús le había anunciado que lo entregaría en esa negación, o esa otra entrega, vendido, que es la que hace Judas, el traidor.

Los defectos de los apóstoles son innegables en el Evangelio. Nosotros también los tenemos. Pero, a pesar de eso, el Señor ha elegido hombres de su pueblo, para que les representen, para que sean representación sacramental suya nuestros sacerdotes.

Luego, en este día, es también el día del sacerdocio, de pedir por nuestros hermanos sacerdotes. El Papa nos invita este mes, precisamente, a que pidamos por los que están cansados, agobiados, por los que están en dificultad.

Luego, estas tres realidades, que son esenciales en la vida de un cristiano, en la vida de la Iglesia, nos las pone el Señor en el día del Jueves Santo.

Amor fraterno. Ay, si los cristianos nos decidiésemos a vivir de una manera más profunda ese amor que San Pablo desgrana en su primera Carta a los Corintios: “El amor es comprensivo, es servicial, no lleva cuentas del mal, no se alegra de la injusticia, disculpa sin límites, cree sin límite. El amor no tiene envidia, no se engríe, no es maleducado, ni egoísta”. El amor está hecho de obras (“obras son amores y no buenas razones, dice el refranero castellano”. El amor está hecho de cariño, el amor está hecho de concreción a las personas que nos rodean.

El amor. Es fácil hablar de él. Incluso hemos devaluado su palabra. Pero, es de lo que nos va a examinar el Señor. Jesús nos ha dicho en el Evangelio que al final Dios nos va a preguntar si hemos amado y nos dirá “venid benditos de mi padre, heredad el Reino preparado para vosotros desde la creación del mundo, porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber. Fui peregrino y me acogisteis, estuve enfermo en la cárcel y me visitaste”. “¿Cuándo lo hicimos Señor? Cuando lo hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis”. Y condenar a otros. “¿Cuándo no lo hicimos? Cuando no lo hicisteis con uno de estos”.

Queridos hermanos, el juicio final de Dios sobre nuestra vida es un juicio de amor y nuestra vida vale lo que el amor…, el amor que ponemos en ella; no va a valernos nuestro poder, ni el dinero, ni las cosas materiales. Luego, tenemos que cambiar esta mentalidad y ponernos a estrenar el mandamiento nuevo, para que deje de ser nuevo también en su cumplimiento.

Y vamos a empezar por los más próximos. Y vamos a hacer un mundo mejor, cuando hagamos ese empeño en medio de esta cultura de la muerte en que vivimos, en medio de esta civilización, que parece que la única solución es la guerra, es el distanciamiento, es la polarización, son las divisiones. Recuperemos, pongamos en práctica el amor; el amor que nos pide Jesucristo, el amor que lleva consigo la justicia, el amor que lleva consigo la comprensión del otro, el amor que lleva consigo en ponernos en su lugar. Por tanto, en este día del amor fraterno, hagamos ese esfuerzo y examinémonos si estamos viviendo como Jesús nos pide, porque, al fin y al cabo, ese es el temario final del éxito de nuestra vida.

Jesús instituye la Eucaristía, que es la mayor prueba del amor de Dios en su entrega, que se queda con nosotros y se queda como alimento: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y Yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”.

Apreciamos los cristianos realmente la Eucaristía, que es el alimento. ¿No estará debilitada nuestra vida cristiana precisamente porque hemos dejado de valorar la presencia real de Cristo en la Eucaristía, porque no acudimos, como lo vamos a hacer a partir de esta tarde, a nuestros agrarios, a los monumentos, a estar un rato con el Señor, a hablarle de nuestras cosas, a pedirle ayuda, a vivir esa costumbre cristiana de la adoración a Cristo en la Eucaristía, que vive tantos y tantos hermanos y hermanas nuestras con la adoración eucarística? Vivamos la misa dominical, donde cada domingo vamos a estar con el Señor, escuchamos su Palabra, que es ese alimento espiritual, pero también es el alimento de la Eucaristía, que nos fortalece para la semana, viviendo la Resurrección de Cristo, anunciando su muerte y esperando su Venida.

Adelante con la celebración de la Eucaristía los domingos. No la dejemos. Y a quienes estáis en vuestras casas y la seguís a través de La 2 de Televisión Española, a la que agradezco especialmente este servicio público en favor de la comunidad cristiana, gracias, y no dejéis de hacerlo.

La Eucaristía es también presencia y sacrificio: es el sacrificio de Cristo, es el alimento. Y hoy también vuelvo a repetiros, pidiéndoos, como un necesitado, que pidáis por los sacerdotes, que ayudéis a los sacerdotes, que no dejéis solos a los sacerdotes, que recéis por las vocaciones sacerdotales, para que el Señor continúe llamando a hombres de nuestro pueblo, para que puedan serviros con la proclamación de la Palabra, con la celebración de los Sacramentos, con la guía del Pueblo de Dios.

Vamos a pedírselo a la Virgen, cada uno en la advocación que la tenga; cada uno en su casa o donde esté.

Queridos hermanos, vivamos ahora el gesto del lavatorio de los pies, con el recordatorio para nosotros, de que hemos de ponernos al servicio de los demás.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

2 de abril de 2026
Jueves Santo, Catedral de Granada

VIERNES SANTO «Hoy estarás conmigo en el paraíso», por Andrés Rodríguez Quesada

Por
Diócesis de Almería
-
3 Abr 2026
0

En la mañana serena del Viernes Santo en nuestra tierra de Almería, donde el silencio de las calles se mezcla con el rumor de los pasos y el latido de los tambores, la Iglesia nos invita a mirar la Cruz no solo como signo de dolor, sino como cumbre de la misericordia.

Una antigua tradición cuenta que, en su huida hacia Egipto, la Virgen María y San José hicieron un alto en una humilde posada. Allí, el agua con la que fue bañado el Niño Jesucristo sirvió también para sanar a un niño enfermo de lepra. Aquel niño, según la leyenda, crecería con un destino torcido hasta convertirse en ladrón. Su nombre era Dimas.

Hoy lo contemplamos de nuevo, no ya como niño sanado, sino como el hombre clavado en una cruz, a la derecha del Señor. Su vida había tomado caminos oscuros, pero en el instante final, cuando todo parecía perdido, algo en su interior se encendió. Tal vez un recuerdo lejano de una historia contada por su madre, tal vez un susurro de la gracia, tal vez el simple hecho de mirar a Cristo en su sufrimiento. Y entonces pronunció una de las oraciones más breves y más profundas del Evangelio: «Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu Reino».

En aquel Calvario, entre gritos, burlas y abandono, nadie más alzó una confesión tan clara: ni los poderosos, ni los sabios, ni siquiera muchos de los cercanos. Solo un condenado reconoció al Rey en un hombre derrotado. Solo un pecador supo ver un trono en una cruz.

Y la respuesta de Cristo no se hizo esperar: «Hoy estarás conmigo en el Paraíso». En ese «hoy» se encierra toda la esperanza del cristiano: no mañana, no cuando todo esté resuelto, no cuando seamos mejores…, sino hoy. Porque la misericordia de Dios no conoce plazos ni condiciones humanas. Basta un corazón que se abre, aunque sea en el último instante.

Dimas, el ladrón arrepentido, nos enseña que nunca es tarde; que ninguna vida está definitivamente perdida; que incluso con las manos clavadas, sin posibilidad de reparar el pasado, todavía se puede confiar, todavía se puede amar, todavía se puede creer.

¡Qué consuelo tan grande para nuestro mundo herido! En una sociedad que a veces señala, juzga y descarta, la Cruz nos revela a un Dios que acoge, perdona y salva. Un Dios que no se cansa de esperar.

Por eso, en este Viernes Santo, cuando en Almería contemplamos a Cristo crucificado recorrer nuestras calles, quizá podamos mirarlo como lo hizo Dimas: sin máscaras, sin excusas, con la verdad desnuda del corazón. Y atrevernos a decirle, en silencio o en voz baja: «Señor, acuérdate de mí». Porque esa súplica sencilla puede cambiarlo todo.

Al final, el Evangelio nos deja una certeza luminosa: el primero en entrar en el Paraíso tras Cristo no fue un justo reconocido ni un sabio admirado, sino un ladrón que confió. Un hombre que, en el último suspiro, lo arriesgó todo… y lo encontró todo.

Y quizá esa sea la gran enseñanza que hoy resuena entre los pasos y las procesiones: que Dios no espera perfección, sino entrega. No busca méritos, sino corazones.

Como dijo también el Señor a san Jerónimo, según otra tradición, no le bastan nuestras obras ni nuestros sacrificios… lo que quiere que le entreguemos, con confianza, es incluso aquello que más nos pesa: nuestros pecados.

Ahí, precisamente ahí, comienza la verdadera salvación.

Andrés Rodríguez Quesada
Delegado episcopal de Hermandades y Cofradías

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Viernes Santo de cruz redentora, con ayuno y abstinencia

Por
Diócesis de Guadix
-
3 Abr 2026
0

Viernes Santo de cruz redentora, con ayuno y abstinencia

 

Para quienes no puedan observar el ayuno y la abstinencia, hay dispensa y se invita a sustituirlas por otras prácticas

El Viernes Santo llama a las puertas, como uno de los días grandes del Triduo Pascual. Tras el Jueves Santo, y en espera de la resurrección del Señor, el Viernes Santo nos habla de entrega, de sacrificio, de salvación. Cristo murió en la cruz por nosotros, para nuestra redención, para salvarnos.

Sabemos que es una muerte para resucitar, pero, a pesar de todo, el sufrimiento de Cristo en la cruz la Iglesia lo vive con recogimiento, con mucha fe y un sentimiento de dolor profundo por todas las muertes injustas que ocurren aún en nuestro mundo y por el sufrimiento de tantos inocentes. Por eso, el Viernes Santo viene acompañado por una llamada a vivirlo con ayuno y abstinencia. Son prácticas que la Iglesia ha mantenido durante siglos porque nos ayudan a recordar y celebrar la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo; y, además, sirven como penitencia por nuestros pecados, pues nos disponen mejor para una auténtica conversión,

La abstinencia, es decir, no comer carne, es lo que se ha hecho en otros viernes de Cuaresma. El ayuno, – que solo se exige dos veces en el año, el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo- , consiste en no tomar alimento en el inicio de día, para acompañar a Cristo en su sufrimiento, para expresar el dolor que siente la Iglesia y toda la humanidad, y para recordar que a Jesús se le sigue si somos capaces de esforzarnos y de ayunar a todo lo que nos pueda alejar de Él y de los hermanos. También nos recuerda que el Viernes Santo es día de penitencia y de oración.

A pesar de todo, no siempre es posible o fácil vivir este ayuno y la abstinencia, en estos días que son de fiesta o de procesiones para muchos. Así, para quienes no puedan cumplir con esta norma, el obispo ha publicado un decreto por el que se “dispensa del ayuno y abstinencia del Viernes Santo a todos los fieles a los que no sea posible observar esta ley sin grave incomodo”.

Sin embargo, se recomienda que, si no pueden guardar el ayuno y abstinencia, sustituyan esta penitencia por otras prácticas, como la “lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales”, recuerda el obispo en el decreto publicado y que se puede consultar aquí:

Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar,
Por la gracia de Dios y de la Sede Apostólica Obispo de Guadix

DECRETO

A lo largo de los siglos, al Santa Madre Iglesia ha conservado el precepto del ayuno y la abstinencia el Viernes Santo en recuerdo de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo y como penitencia por nuestros pecados, que nos dispone mejor para una auténtica conversión del corazón.

Sin embargo, las particulares características de la celebración de la Semana Santa en nuestra Diócesis, especialmente por la participación o asistencia a las múltiples procesiones que organizan nuestras Hermandades y Cofradías, hacen difícil a muchos fieles la observancia del ayuno y la abstinencia

Por ello, teniendo en cuenta estas circunstancias, por el presente, y a tenor del canon 87 del Código de Derecho Canónico, DISPENSO del cumplimiento de dicha ley a todos los fieles a los que no les sea posible observarla sin grave incomodo.

No obstante, teniendo en cuenta la importancia de estas prácticas penitenciales, especialmente en ese día, exhorto a todos los fieles que no puedan abstenerse de la carne y ayunar, a sustituirlas por alguna de las otras prácticas recomendadas por la Conferencia Episcopal Española: «lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la Misa, rezo del Rosario, etc.) y mortificaciones corporales» (CEE, DA 13, 2).

Dado en Guadix a veinticinco de marzo de dos mil veintiséis.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar, obispo de Guadix

Ante mí:
Manuel Millán Arjona, secretario Canciller

 

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Decreto de Dispensa del ayuno y abstinencia para el Viernes Santo para los fieles que participen en la Celebración Litúrgica de la Pasión del Señor y realicen devotamente Estación de Penitencia en las Procesiones de Semana Santa

Por
Diócesis de Asidonia-Jerez
-
2 Abr 2026
0

Prot. 03/12/26

Este es el ayuno que yo quiero: soltar las cadenas injustas, desatar las correas del yugo, liberar a los oprimidos, quebrar todos los yugos, partir tu pan con el hambriento, hospedar a los pobres sin techo, cubrir a quien ves desnudo y no desentenderte de los tuyos (Is 58, 6-7)

En uso de mi Jurisdicción Ordinaria y de las Facultades de las que dispongo, por el presente Decreto,

DISPENSO

de la práctica del ayuno y abstinencia prescritos para el Viernes Santo de esta Semana Santa de 2026, a aquellos fieles de la Diócesis de Asidonia-Jerez que participen en la Celebración Litúrgica de la Pasión del Señor y realicen devotamente Estación de Penitencia en las Procesiones de Semana Santa.

Para poder disfrutar de dicha dispensa los fieles guardarán la debida austeridad y moderación, y deberán realizar una obra de caridad en favor de los más pobres y necesitados.

Para que así conste, lo firmo y sello en Jerez de la Frontera, a 2 de abril de 2026.

+José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Luis Salado de la Riva, pbro.

Secretario General-Canciller

La entrada Decreto de Dispensa del ayuno y abstinencia para el Viernes Santo para los fieles que participen en la Celebración Litúrgica de la Pasión del Señor y realicen devotamente Estación de Penitencia en las Procesiones de Semana Santa se publicó primero en Diócesis Asidonia – Jerez.

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El amor fraterno y la institución de la Eucaristía marcan en la Catedral el inicio del Triduo Pascual

Por
Diócesis de Jaén
-
2 Abr 2026
0

El Jueves Santo, día del amor fraterno, abre solemnemente el Triduo Pascual, el corazón del año litúrgico para los cristianos. Durante estos días, el Obispo preside en la Catedral las celebraciones en las que, junto a los fieles, se hace memoria viva del misterio de la redención.

El Obispo de Jaén, Mons. Chico Martínez, tras celebrar por la mañana el lavatorio de los pies en la Prisión Provincial, presidía por la tarde la Misa de la Cena del Señor en el primer Templo de la Diócesis.

La celebración daba comienzo a las siete de la tarde con la llegada del Prelado a la Puerta del Perdón. Allí, los seminaristas, que comparten como comunidad estos días santos, le presentaban el Lignum Crucis para su veneración antes de acceder al interior de la Catedral.

Las lecturas fueron proclamadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte, mientras que el salmo responsorial fue interpretado por el seminarista Antonio Pradas. El Evangelio lo proclamó el diácono permanente Francisco Esteban Hernández El acompañamiento musical estuvo a cargo del coro que dirige el organista, D. Alfonso Medina.

La homilía

En su intervención, el Obispo profundizó en las lecturas proclamadas, deteniéndose especialmente en el don de la Eucaristía y del sacerdocio, nacidos en la Última Cena como expresión máxima del amor de Cristo hacia los suyos.

Don Sebastián ha querido abrir su homilía con el recordatorio del misterio que se celebraba: “No comenzamos solo unas celebraciones intensas; entramos en “la hora de Jesús”. La hora del amor llevado hasta el extremo, en que el Señor se entrega por nosotros y nos deja para siempre el memorial vivo de su Pascua”.

En este sentido ha animado al asombro ante la Eucaristía: “No acostumbrarnos nunca a este misterio. Esta tarde la Iglesia nos invita a contemplar, agradecer y adorar. En cada altar se hace presente el amor de Cristo que sostiene al mundo. En cada sagrario permanece Aquel que no quiso dejarnos solos”.  Para añadir, “La esperanza cristiana no nace del optimismo humano, sino de Cristo entregado y presente. Nace de una mesa donde el Señor sigue partiéndose y repartiéndose por nosotros”.

De igual manera, el Prelado ha querido insistir en el servicio como forma de vida, y de manera particular lo ha subrayado para los sacerdotes presentes y para los futuros, los seminaristas: “Y en esta misma noche santa, en la que Jesús se abaja para servir a los suyos, contemplamos también la institución del sacerdocio ministerial. No es algo separado de cuanto acabamos de escuchar, sino profundamente unido a ello. El Señor, al mandar a los Apóstoles: “Haced esto en memoria mía”, quiso que el don de la Eucaristía permaneciera vivo en su Iglesia por medio del ministerio sacerdotal. Pero, ese sacerdocio queda marcado para siempre por el gesto del lavatorio de los pies: no nace para el honor ni para la distancia, sino para “el servicio humilde, cercano y entregado”.

Monseñor Chico Martínez ha querido concluir su predicación del Jueves Santo recordando el día del amor fraterno como columna vertebral del cristiano: “Hoy es también el día del amor fraterno. Amar al prójimo quiere decir vivir con verdad y justicia, compartir con los necesitados, acompañar al enfermo, consolar al afligido, abrir espacio al que está solo, acercarse a quien sufre. En una sociedad que tantas veces vive pendiente del bienestar, sigue habiendo mucho dolor escondido, mucha soledad callada y mucha necesidad que reclama cercanía. El Jueves Santo nos invita a no pasar de largo. La Eucaristía nos enseña precisamente ese estilo de amor: humilde, silencioso, perseverante, concreto. No un amor de palabras, sino un amor que se vuelve servicio”.

También ha querido tener presente en sus palabras a D. Juan García Carrillo, que concelebraba la Eucaristía y que en este Jueves Santo cumplía 60 años de ministerio sacerdotal, una vida de entrega total, servicio y amor a Dios y a su Iglesia.

El lavatorio de los pies

Uno de los momentos centrales de la celebración ha sido el lavatorio de los pies, signo visible del servicio y la entrega. Rememorando el gesto de Jesús narrado en el Evangelio de san Juan, el Obispo, despojado de sus símbolos episcopales: mitra, pectoral, casulla y anillo, se ha ceñido una toalla y procedido a lavar, besar y secar los pies de doce personas, como representación de los doce apóstoles, entre ellas seminaristas, sacerdotes y fieles.

La reserva eucarística

Tras la comunión, se desarrolló la procesión para la reserva del Santísimo Sacramento. Los seminaristas abrían el cortejo con la cruz y los ciriales, seguidos por los concelebrantes con velas encendidas. El Obispo, bajo palio, portaba la Eucaristía.

Desde el Altar Mayor, la procesión se dirigió hasta el Sagrario, donde se encontraba preparado el monumento. Allí se realizó la reserva y, posteriormente, el Obispo permaneció en adoración junto a los fieles en un clima de silencio orante que culminó con el canto del Tantum Ergo.

Finalizada la adoración, regresaron en procesión al templo, concluyendo así la celebración de la Cena del Señor.

El Sagrario permanecerá abierto para todos aquellos que deseen acompañar al Señor en la oración hasta la medianoche.

Viernes Santo 

Los oficios del Viernes Santo, dedicados a la Pasión y Muerte del Señor, se celebrarán a las cinco de la tarde en la Catedral. Al término, tendrá lugar la tradicional bendición con el Santo Rostro desde los balcones, extendiéndose sobre la ciudad, sus habitantes y sus campos.

Galería fotográfica: “Jueves Santo 2026- Cena del Señor”

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Oficios de la Cena del Señor, desde la Catedral de Granada

Por
Archidiócesis de Granada
-
2 Abr 2026
0

Presididos por el arzobispo Mons. José María Gil Tamayo y concelebrada por distintos sacerdotes, entre ellos miembros del Cabildo.

La Catedral de Granada, junto a la Iglesia universal, ha acogido hoy Jueves Santo la celebración de los Oficios de la Cena del Señor, día en el que se conmemora la institución por Jesucristo de la Eucaristía y jornada en que celebramos el amor fraterno, presididos por nuestro arzobispo Mons. José María Gil Tamayo.

Es también el día en el que la liturgia reproduce el momento del lavatorio de los pies a un grupo de fieles, en representación del pueblo de Dios, conmemorando el mandato del Señor de no venir a ser servido, sino a servir.

En sus palabras durante la homilía, nuestro arzobispo ha recordado la institución de la Eucaristía por parte de Jesús, “que es la mayor prueba del amor de Dios en su entrega, que se queda con nosotros y se queda como alimento: ‘El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día. Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida’”, señaló D. José María, aludiendo a las palabras del Señor en la Última Cena.

Una institución eucarística a la que Mons. Gil Tamayo invitaba a los fieles a vivir durante la misa dominical: “Vivamos la misa dominical, donde cada domingo vamos a estar con el Señor, escuchamos su Palabra, que es ese alimento espiritual, pero también es el alimento de la Eucaristía, que nos fortalece para la semana, viviendo la Resurrección de Cristo, anunciando su muerte y esperando Su venida”.

En la Santa Misa también se ha orado por la paz en el mundo, especialmente en Oriente Medio y Ucrania, “y en tantas partes del mundo, donde aún existen”, señaló D. José María. Asimismo, Mons. José María ha animado a la comunidad cristiana a cuidar la participación en la Eucaristía, especialmente los domingos, lugar de la presencia real de Cristo en nuestras vidas, y ha invitado a los fieles a orar a Dios por los sacerdotes en este día del sacerdocio y por las vocaciones sacerdotales.

La colecta de hoy en los Oficios en todos los templos y parroquias va destinada a Cáritas Diocesana, que celebra hoy con la Iglesia el día del amor fraterno, para continuar con su acción social y caritativa.

Al término de la Eucaristía, que ha retransmitido la 2 de TVE y el Canal Internacional, se ha procedido a la reserva del Santísimo Sacramento en la capilla del Cristo de la Misericordia, ubicada en una nave central del templo catedralicio.

Allí permanecerá toda esta noche, todo el Viernes Santo y el Sábado Santo, hasta la vigilia pascual, cuando celebremos el gozo de la resurrección del Señor.

Los Oficios del Viernes Santo a las 18 horas y la vigilia pascual a las 23 horas, desde la Catedral de Granada, también serán retransmitidos por RTVE, en La 2 de TVE y en su Canal Internacional.

ESCUCHAR HOMILÍA

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Homilía en la Misa Crismal

Por
Obispo de Almeria
-
2 Abr 2026
0

Querida comunidad: laicado y vida consagrada, seminaristas, servidores del altar de distintas parroquias, pero especialmente hoy, queridos hermanos sacerdotes y diáconos, que celebramos como una familia de hermanos la MISA CRISMAL.

Antes de escribir una homilía, doy vueltas, medito, escribo y borro, pienso y contemplo a los que debo dirigirme, pero sobre todo le digo al Señor, ilumina mi corazón y mi pensamiento para que seas tú y no yo quien se comunique. Y creo que este es el camino, muchas veces costoso, de la homilía, para que no sean palabras huecas e intranscendentes. Y esto el Pueblo Santo de Dios lo intuye. Las palabras que os trasmito también van dirigidas a mí, no puede ser de otra manera.

La verdadera sabiduría
Este año hemos vivido, con intensidad espiritual, la beatificación de nuestro Cura Valera, que debe suponer un antes y un después en nuestra vida de clero diocesano. Para ello debemos marcar un camino pautado y revisable que nos lleve a vivir la comunión sacerdotal, entre unos y otros, poniendo al servicio de todos nuestra vida y nuestra misión. Este año celebramos el 11 de mayo en Huércal-Overa el día de nuestro patrón, con los sacerdotes de Cartagena y Guadix, que desean unirse a nosotros. Vendrá a acompañarnos el cardenal François-Xavier Bustillo, de Ajaccio, en Córcega.

Cuando contemplo la vida del beato Salvador Valera Parra, releo lo que nos dice San Pablo, que nadie ande presumiendo, pues no pasamos de ser seres humanos. No nos engañemos, si alguno de vosotros presume de ser un sabio, según los criterios de este mundo, que se convierta en necio para alcanzar la verdadera sabiduría. Dios sabe qué vacíos son los pensamientos de los sabios, -y continúa con fuerza- a nosotros la gente nos ha de considerar como lo que somos: servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Y a un administrador lo único que se le pide es que sea fiel. Cfr. 1Cor 3,18-4,2. Esta es nuestra primera tarea apostólica, buscar e integrar en nuestra vida la verdadera sabiduría de Dios. Y esto nos exige, a todos, una conversión del corazón.

Vivir como ungidos
En lo que llevamos de este curso hemos tenido la gozosa bendición de tres nuevos presbíteros y un diácono, para nuestra Iglesia Diocesana.

Durante la homilía de la ordenación de los presbíteros, recordaba cómo podemos ser otros Cristo: reiterando lo que significa ser ungidos.

¡Cuántas veces hemos reflexionado sobre la caridad pastoral! Nuestra ganancia está sólo en ser otros Cristo. Porque ser ungidos como Cristo, no como los poderosos de este mundo, significa asumir un servicio para los demás y este servicio de donación, nos expropia de nosotros mismos y nos pone de por vida a la disposición del otro, especialmente de aquel que más necesidad tenga: ya sea espiritual, corporal o del tipo que sea. Recordad las obras de misericordia.

Jesús, el Mesías, el Ungido, en los evangelios aparece cómo le ungen los pies, con perfume y con lágrimas Lc 7, 36-50 / Jn 12, 1-8. He dado muchas vueltas a este doble pasaje. ¿Tendrá que ver esta unción con el tipo de mesianismo elegido por el Señor? Como un cordero llevado al matadero, no desde el poder sino desde la humildad y la misericordia. En el salmo 88 vemos como David era ungido con aceite sagrado para darle la fuerza. Pero Jesús es ungido por los pies, Jesús el que lava los pies como un siervo, Jesús y los pies del mensajero que por los montes anuncia la paz.

A nosotros nos han ungido las manos: manos de bautismo, de eucaristía, de perdón, de ayuda, de gestos de ternura. ‘Haced esto en memoria mía’ engloba el lavatorio de los pies, la institución de la eucaristía (cuerpo y sangre entregados) y el mandamiento del amor. Son caminos de misericordia.

Estos caminos de misericordia, en este mundo, no son más convulsos que los de la primera predicación evangélica, son los únicos que nos pueden llevar a Cristo y llevar a Cristo a los demás. Las diatribas en la familia, en la calle, en las redes sociales e incluso en las parroquias y en nuestros grupos y hermandades, entre nosotros mismos, en la Iglesia, nos llevarán al enfrentamiento, pero nunca a la conversión del corazón, pues estos enfrentamientos nacen del orgullo y de posicionamientos ideológicos, no solo políticos sino incluso religiosos, que nos conducirán a la destrucción y al sectarismo más radicalizado. Qué tienes que decir contra los cargos que presentan contra ti, -le preguntaba Pilatos- pero Jesús callaba. Mt 26, 62-63. Como cordero llevado al matadero no abría la boca, profetizó Isaías. Del Cura Valera, no recordamos sus palabras, pero permanece viva su vida entregada.

Y continué diciendo en el día de la ordenación de los nuevos presbíteros. Para empezar, nosotros no somos los puros, y el que diga lo contrario o intente disimularlo, se desliza por sendas farisaicas. Para nosotros es un peligro andar por estas sendas de la autocomplacencia, la falsa sabiduría, o la connivencia con los poderes de este mundo buscando nuestro propio prestigio. Nosotros, somos los humildes amigos del Señor, sus hermanos, con nuestras carencias y nuestros pecados y un mandato, que lavemos los pies, que nos partamos y repartamos, como su Cuerpo, que nos amemos, como él nos ha amado, que seamos uno, para eso hemos sido elegidos. He descubierto que los grandes maestros espirituales fueron misericordiosos con los demás y muy exigentes consigo mismos. Que todos se convenzan por vuestra vida, ahí radica la verdadera autoridad. Una buena conducta –y lo vemos en el Cura Valera- vale más, y permanece en la historia, más que un gran sermón.

Alimentados de la Palabra
El día 28 de febrero, los seminarios de Almería y Cartagena, con otros tantos, pudimos visitar al Papa, convocados por él. Sus palabras dedicadas a los seminaristas, y también a los sacerdotes, nos llegaron al corazón. Lo comentaban los seminaristas cuando salimos. Nos decía: podemos hacer prácticas intrínsecamente buenas, la oración, el estudio, las celebraciones, la vida comunitaria… pero interiormente pueden estar vacías, pues las desnaturalizamos convirtiéndolas en un mero cumplimiento. Y citando el Papa a Alejandro Casona, añadió: se dice que los árboles mueren de pie, erguidos, conservan la apariencia, pero por dentro ya están secos. Algo semejante puede ocurrir en la vida de un seminarista —y más tarde también en la de un sacerdote— cuando se confunde la fecundidad con la intensidad de muchas actividades, o con el cuidado meramente exterior de las formas. La vida espiritual no da fruto por lo que se ve, sino por lo que está profundamente arraigado en Dios. Cuando esa raíz se descuida, todo acaba secándose por dentro, hasta que, silenciosamente, se termina por morir de pie. Quizás eso nos puede ocurrir a todos a base de repeticiones, como árboles muertos al lado del arroyo de agua viva, conservando, tan solo, la apariencia.

Cuando pensamos en claves mundanas, el ministerio se confunde con un derecho personal, un cargo distribuible, una función burocrática, una justificación para mí mismo, no para el servicio a la comunidad. Y nos olvidamos que el maestro llamó a los que él quiso para que estuvieran con él Mc 3,13-14. No nos creamos que somos importantes si no servimos de corazón.

Padre, que todos sean uno
La Carta Apostólica de nuestro Papa León XIV “Una fidelidad que genera futuro”, un título cargado de esperanza, con motivo el 60 aniversario de los decretos conciliares sobre el sacerdocio: Optatan Totius y Presbyterorum Ordinis, nos puede ayudar a trazar un camino juntos. Os invito a leerla o releerla, si ya lo habéis hecho, y refrescar nuestros compromisos.

Es una pequeña y profunda carta de tan solo 29 párrafos numerados. El párrafo 14, el eje de la carta, es en el que me voy a parar, porque nos invita a custodiar y hacer crecer la vocación. Una tarea que nunca se acaba, custodiar y hacer crecer. El mismo texto nos dice que es un camino y un recorrido ¡os dáis cuenta, otra vez la unción de los pies! Camino y recorrido de conversión y de fidelidad, pero no es una peregrinación individual, pues la misma ordenación nos compromete a trabajar juntos y a cuidarnos unos a otros, si no fuera así nos llevaría al narcisismo y al egocentrismo. Si actuamos solos, individuamente, la comunión, la sinodalidad y la misión, no podrían realizarse, pues el ensimismamiento, que es como un fuego fatuo, nos impediría la escucha y el servicio a los demás.

Todo nuestro servicio está enraizado en Cristo, por Cristo y con Cristo. Por favor, si alguna vez notáis que yo mismo, o alguno de nosotros, nos salimos de este camino, que me busco solo a mi mismo y mi prestigio, que me mundanizo con los poderes de este mundo que tiene tantos rostros, tantos como la pobreza, si veis que no hablo con la unción del servidor fiel y prudente, que me predico a mí mismo, que huyo del servicio callado y humilde, que busco halagos y vanaglorias, que me enredo con mis propios intereses del tipo que sean, que he olvidado mis compromisos de sacerdote de Cristo, por favor avisadme, corrijámonos unos a otros con caridad fraterna, por nuestro bien y por el bien de nuestra Iglesia, que camina peregrina por estas tierras de Almería.

Que Nuestra Señora, en cada una de nuestras queridas advocaciones, Madre de Dios y Madre nuestra, interceda por todos y cada uno de nosotros para que crezcamos todos juntos en el amor de Dios y nos esforcemos por irradiarlo a los demás. Amén.

+ Antonio Gómez Cantero, vuestro obispo

Mons. José Mazuelos preside la Misa de la Cena del Señor en la Catedral

Por
Diócesis de Canarias
-
2 Abr 2026
0

La Catedral de Canarias acogió este Jueves Santo la celebración de la Eucaristía de la Cena del Señor, presidida por el obispo de la diócesis, Mons. José Mazuelos, dando inicio al Triduo Pascual, el núcleo central de la fe cristiana.

Durante la celebración, Mons. Mazuelos profundizó en el significado de la Eucaristía como expresión del sacrificio de Cristo, presentado como el camino hacia la salvación. En su homilía, subrayó que “la verdadera fe no se fundamenta en el poder, sino en la humildad y en la disposición al servicio, siguiendo el ejemplo de Jesús en el lavatorio de los pies a sus discípulos.”

El obispo invitó a los fieles a “redescubrir la adoración eucarística como un espacio privilegiado para reconocer la presencia real del Señor, así como para acoger su perdón redentor, incluso en medio de las debilidades humanas.”

Asimismo, animó a “contemplar la realidad desde la perspectiva del sufrimiento y la pobreza, señalando que es en la entrega desinteresada donde se manifiesta la plenitud del Reino de Dios.”

La celebración incluyó el rito del lavatorio de los pies, uno de los momentos más significativos de esta liturgia, que recuerda el mandamiento del amor fraterno.

Finalmente, Mons. Mazuelos exhortó a la comunidad cristiana a permanecer unida en la oración durante estos días santos, integrando también a quienes no pueden participar físicamente, en una vivencia común del amor de Dios que marca el inicio del Triduo Pascual.

El Papa espera encontrar «fe, mucho amor, hospitalidad y acogida» en su visita a España

Por
Diócesis de Tenerife
-
2 Abr 2026
0

El papa León XIV, afirmó este pasado martes 31 de marzo, a la salida de su residencia en Castel Gandolfo, que espera encontrar «fe, mucho amor, hospitalidad y acogida» en su próxima visita a España, un país donde asegura haber encontrado siempre un pueblo de muy buena voluntad. “Desde hace más de 40 años he visitado España, y siempre he encontrado un pueblo de mucha fe y de muy buena voluntad. Que lo celebremos también en esta visita.”

El obispo de Roma añadió que espera que su visita a nuestro país sea también una «oportunidad para proclamar el Evangelio, el amor de Dios y la cercanía de Cristo a todos sus pueblos».

La reflexión diaria de Mons. Satué en Cope Málaga: Jueves Santo

Por
Diócesis de Málaga
-
2 Abr 2026
0

El obispo de Málaga, José Antonio Satué, ofrece cada día de la Semana Santa una reflexión previa a la retransmisión diaria de las procesiones por parte de la Cadena COPE.

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