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Rafael Vázquez: «Este manual no sólo habla de ecumenismo, sino que es un signo ecuménico»

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El martes 30 de mayo se presentó en el Centro Superior de Estudios Teológicos San Pablo, el libro “Caminar juntos. Manual de ecumenismo”. Uno de sus autores, el sacerdote Rafael Vázquez, explicó ante los micrófonos de COPE Málaga, las claves y novedades de esta obra. Aquí pueden escuchar el podcast.

Una obra que pretende ayudar a profesores, estudiantes y otros interesados a investigar y conocer mejor el ecumenismo.

El manual cuenta, entre otros autores, con el sacerdote malagueño Rafael Vázquez, delegado de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Diócesis de Málaga, además de director de Diálogo Interreligioso y Doctrina de la Fe en la CEE. Junto él, los editores y coordinadores del libro han sido los especialistas Antoni Matabosch, Fernando Rodríguez Garrapucho y Andrés Valencia, director de la Cátedra Yves Congar, impulsora del proyecto.  

«Se trata de un trabajo de varios años, que ha contado con la colaboración de 23 expertos y expertas de Europa y América latina», destaca Valencia, también profesor de la Facultad de Teología San Vicente Ferrer – UCV. «Entre los colaboradores hay expertos de diversas confesiones cristianas, una clara muestra del espíritu integrador del libro, que ha de resultar útil para cualquier estudioso de la realidad del ecumenismo». 

Un estudio en el que se «ha buscado un equilibrio entre las descripciones históricas, necesarias para situar cada tema en su contexto y los contenidos sociales y teológicos, de manera que el pasado y el presente enmarquen logros y fallos». Y que como explican desde la editorial San Esteban «muestra el deseo y el camino de las Iglesias cristianas para recobrar la unidad, troceada sucesivamente a lo largo de los dos mil años de cristianismo». 

En este sentido, asegura el también subdirector del Centro Teológico de la Diócesis, Rafael Vázquez, «la formación es fundamental para una buena praxis ecuménica, que evite el riesgo del relativismo en los diálogos y posturas intransigentes de tiempos pasados. Hoy en día necesitamos personas bien formadas y sensibilizadas con el ecumenismo, pues la realidad en la que hemos de vivir nuestra fe cristiana es confesionalmente plural; por eso el sacerdote, el religioso y el laico en estos momentos ha de ser un hombre y una mujer del diálogo». 

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Jesús Moreno: «El boquerón victoriano pertenece a Málaga y se pesca en la fecha de su Patrona»

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NoticiaVictoria, Gloria a Ti

Publicado: 29/05/2023: 74

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Victoria, Gloria a Ti

El nacimiento del término boquerón nos lleva al año 1663 y la historia de este pescado hasta llegar al boquerón victoriano la cuenta Jesús Moreno, vicepresidente de la Carta Malacitana, miembro de la Academia Gastronómica Malacitana y doctor en Historia, ante los micrófonos de la Delegación de Medios de Comunicación. Aquí pueden escuchar el podcast.

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Álvaro Guardiola: «Queremos que este Jubileo sea un tiempo de acción de gracias, de conversión y de encuentro con el Señor a través de los sacramentos»

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NoticiaPodcasts diocesanos

Publicado: 29/05/2023: 28

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Amor y Caridad

El Obispo de Málaga llevará a cabo la apertura de la Puerta Santa en el Santuario de Santa María de la Victoria el 2 de junio, a las 20.00 horas. El motivo, es el Jubileo otorgado por la Santa Sede a la Cofradía Amor y Caridad con motivo del centenario de su fundación. El hermano mayor, Álvaro Guardiola, explica, ante los micrófonos de COPE Málaga, el objetivo de dicho Jubileo. Aquí pueden escuchar el podcast.

Se abrirá la puerta de San José porque es la que da acceso directo desde el atrio a las capillas del Cristo del Amor y de la Virgen de la Caridad. Tras la apertura de la Puerta Santa se celebraá una Eucaristía, presidida por el prelado de la diócesis de Málaga, D. Jesús Catalá. 

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Apostolado Seglar organiza un Encuentro Diocesano sobre el Primer Anuncio

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Bajo el lema «Un gran regalo», la Delegación de Apostolado Seglar organiza un Encuentro Diocesano para el sábado de 10 de junio, en Casa Diocesana. El hilo conductor de la jornada será el Primer Anuncio.

«Pretendemos que sea un lugar de encuentro, nunca mejor dicho, de todos los movimientos y asociaciones de la diócesis, y en especial de aquellas que tienen el Primer Anuncio, como una de sus prioridades. Estamos trabajando para que los frutos del mismo sean útiles, abundantes y enriquecedores para todos», explica el delegado de Apostolado Seglar, José Carlos Pérez. 

El encuentro comenzará a las 9.30 de la mañana, con la acogida. A las 10, el cantautor Unai Quirós dirigirá la oración inicial. Tras las palabras del vicario para el Laicado, Manuel Ángel Santiago, tendrá lugar la ponencia central de la mañana, a cargo del profesor y dibujante Patxi Velasco Fano. 

Después de una pausa para un pequeño descanso, a las 12 horas comenzarán los nueve talleres dirigidos por nueve movimientos diocesanos que mostrarán cómo se hace vida en su día a día el primer anuncio. 

A las 13.30 horas, los secretarios de los grupos pondrán en común las conclusiones de todo lo vivido y compartido en los talleres y con una oración de envío concluirá el Encuentro Diocesano de Apostolado Seglar. 

 

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Rafael Vázquez: «Este manual no sólo habla de ecumenismo, sino que es un signo ecuménico pues sus autores son de diversas confesiones»

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NoticiaPodcasts diocesanos

Rafael Vázquez delegado de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso de la Diócesis de Málaga

Publicado: 29/05/2023: 44

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30 de mayo

El martes 30 de mayo, a las 19.30 horas, se presentará en el Centro Superior de Estudios Teológicos San Pablo, el libro “Caminar juntos. Manual de ecumenismo”. Uno de sus autores, el sacerdote Rafael Vázquez, explicó ante los micrófonos de COPE Málaga, las claves y novedades de esta obra. Aquí pueden escuchar el podcast.

Una obra que pretende ayudar a profesores, estudiantes y otros interesados a investigar y conocer mejor el ecumenismo.

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Comentario al evangelio del domingo IX del Tiempo Ordinario, Solemnidad de la Santísima Trinidad, por Ana Medina

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La profesora de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga Ana Medina ayuda a profundizar en el evangelio del domingo IX del Tiempo Ordinario, Solemnidad de la Santísima Trinidad.

Lee esto que Juan dice hoy en su evangelio: «Tanto te ama Dios, que entregó a su Hijo para que tengas vida eterna. No lo envió para juzgarte, sino para que te salves por Él». ¿Qué se mueve en tu interior? Si nos tomamos la licencia de leer el pasaje de hoy dirigido personalmente a nosotros, las palabras de Juan nos impactan de un modo distinto. Es como si nuestra mente saliera por un momento del terreno conocido, que ha escuchado multitud de veces, y se atreviera a sentirlo como una interpelación directa.

Ante la certeza que el apóstol expone, se nos caen dos de los mayores obstáculos para experimentar el amor de Dios: el miedo y la culpa. Porque si rascamos en muchas de nuestras equivocaciones, ahí están. Sentimos miedo a no ser amados, a quedar fuera de la misericordia de Dios, a morir sin esperanza, como última consecuencia. Y tras ese miedo, la idea de que todo eso que nos amenaza tiene una razón, una culpa, que lo fundamenta.

Pero el Evangelio nos anuncia: “Dios te ama tanto… que hasta a su propio Hijo lo entregó para tu salvación”. No es cuento ni promesa. Es ya realidad en la propia esencia de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo. El dinamismo que lo habita es amoroso, y por tanto, todas sus acciones no pueden más que despedir aroma de plenitud e incondicionalidad.

Imagino la Trinidad como ese acto infinito de amor de Dios al ser humano. Dios Padre, fuente inagotable de amor, Amor que en sí mismo solo amar puede. Dios Hijo, amado y por tanto, semilla del amor que viene a cambiar el mundo. Dios Espíritu Santo, la misma entrega, la fuerza y la acción que fecunda con amor las entrañas de la tierra.

La Trinidad está queriendo habitar en ti y regalarte, si le dejas, la vida eterna.

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El Nuncio recibe el libro con el discurso de San Juan Pablo II

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El Nuncio recibe el libro con el discurso de San Juan Pablo II

El Nuncio de Su Santidad en España, Bernardito Cleopas, conoció tras la Misa Pontifical de Pentecostés el libro con el discurso de San Juan Pablo II cuando en 1993 visitó la aldea de El Rocío.

Dicho ofrecimiento tuvo lugar en el museo del santuario y la obra, producida por la Fundación Cajasol y la Hermandad Matriz de Almonte, está comentada por el padre Antonio María Calero de los Ríos.

La visita del Nuncio se celebra 30 años después de que San Juan Pablo II llegase, desde la Avenida de Andalucía de Huelva a la aldea almonteña donde se hizo el silencio y, una vez dentro de la ermita, el Santo Padre se arrodilló delante de la Virgen del Rocío y del tabernáculo de Dios que tenía a sus pies.

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Mons. Bernardito Cleopas: “Que todo el mundo, impregnado de amor por la Madre de Dios, sea rociero”

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Mons. Bernardito Cleopas: “Que todo el mundo, impregnado de amor por la Madre de Dios, sea rociero”

En este 2023, cuando se cumplen 30 años de la visita de San Juan Pablo II a la Romería del Rocío, la Misa Pontifical ha sido presidida por el Nuncio de Su Santidad en España, Bernardito Cleopas, que ha recordado las palabras de Su Santidad desde el balcón de la ermita rociera.

Tras su llegada este sábado a la aldea almonteña, Mons. Bernardito Cleopas ha mostrado su alegría e interés en una devoción mariana de tal calado como la que se celebra en este punto de la provincia de Huelva.

La emoción era patente, dibujando la impronta de la comunión en la Eucaristía, reencuentro por excelencia con el Señor. La Solemne Misa ha sido concelebrada por el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra; el vicario general de la diócesis, padre Emilio Rodríguez, y vicarios episcopales; el vicario episcopal del Condado, párroco de Almonte y rector del Santuario de Nuestra Señora del Rocío, Francisco M. Valencia; el vicario parroquial, José Antonio Castilla; y buena parte del clero diocesano y por los capellanes de las hermandades -presentes las 127 filiales con sus simpecados e insignias junto a la Hermandad Matriz de Almonte-, además de otros sacerdotes concelebrantes y diáconos. También han asistido seminaristas y autoridades civiles y militares.

El silencio orante ha impregnado esta celebración, un silencio interior llenado con la proclamación de la Palabra que alimenta el corazón y acompañado por el Coro de la Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de La Puebla del Río y la banda sinfónica.

“Con ocasión del trigésimo aniversario de la visita de San Juan Pablo II, he acogido con sumo gusto la invitación presentada por el Sr. Obispo y la Hermandad Matriz, para visitaros como representante del Santo Padre en España. A todos y a cada uno de vosotros, y también a cuantos siguen la celebración a través de los medios de comunicación, os transmito de corazón, por esta ocasión tan señalada, la Bendición y un afectuoso saludo de parte del Papa Francisco”, ha expresado el Nuncio al inicio de su homilía.

Bernardito Cleopas continuaba recordando cómo “el día 14 de junio de 1993, después de rezar a los pies de la imagen de Nuestra Señora del Rocío, el Papa Juan Pablo II dirigió un vibrante mensaje a la multitud de los rocieros y peregrinos venidos aquí, como ahora, desde diversos lugares, y congregados para encontrar al Papa en este centro de devoción mariana andaluza. “¡Qué todo el mundo sea rociero!”, os dijo. Él mismo, el Papa santo mariano, quiso ser peregrino, quiso ser «rociero”, y dejó aquí su huella con el cariño a vosotros y, sobre todo, por su amor a María. Porque estaba siempre lleno de amor a la Madre de Dios: “Totus Tuus” ese fue su lema. “Todo tuyo”, oh María, totalmente tuyo. El Papa, atraído por la fama de este antiquísimo Santuario, quiso ver cómo queríais a la Virgen y, al apreciar personalmente y ser testigo de vuestro amor a Ella, os aconsejó muy bien para poder amarla todavía mucho más y mejor.”

“La Iglesia, dirigiéndose a Cristo en la fiesta de la Maternidad divina de la Virgen canta secularmente en el oficio divino una antífona que aplicando a María una figura analógica con el pasaje bíblico de Gedeón. Este Juez del Antiguo Testamento, escogido por el Señor para liberar al pueblo de Dios de sus opresores, dice la Escritura que era “revestido del espíritu del Señor” (Jue 6, 34). Pero quiso tener una prueba antes de afrontar a los opresores. Primero pidió el rocío solo para el vellón dejando seca su era. Luego pidió solo el rocío para la era, dejando seco el vellón. Y fue entonces, al comprobarlo, que se convenció del éxito que revertiría del cumplimiento de su misión (Cf. Jue, 6, 33-40).”

Continuaba Bernardito Cleopas resaltando y ensalzando la figura de la Blanca Paloma. “María sinpecado, con su amor, siempre es una luz en nuestro mundo que se debate entre gozos y esperanzas, entre el bien que desea y el mal que muchas veces realiza por no superar en su corazón las fronteras de un inoportuno egoísmo. El recordado Pontífice del “totus tuus” nos ha dejado un ejemplo apostólico y de unidad de todos en Cristo por María. Él mismo decía que esto de lo que fue en su vida el trato con la Virgen: «no es una simple expresión de devoción: es algo más… [es un] especial ligamen que me une a la Madre de Dios de forma siempre nueva” (JUAN PABLO Il, Cruzando el umbral de la esperanza, 208. Barcelona 1994). Ese “ligamen” es el vínculo objetivo que todos tenemos con María y que brota de aquel Vinculo que el Verbo encarnado tiene con la Virgen por la Maternidad divina. La expresión «Que todo el mundo sea rociero” posee una fuerte dimensión evangelizadora, para que todo el mundo entre a formar parte de la familia de Dios.”

El Nuncio de Su Santidad en España finalizaba su homilía pidiendo la intercesión de San Juan Pablo II pues “Él declaró lo que había dicho a la Madre estando de rodillas ante su Sagrada imagen aquí, en este lugar, y ahora lo hace en el cielo: “A Ella, nuestra Madre celeste, Asunta en cuerpo y alma al cielo, le he pedido por vuestro pueblo andaluz y español… He pedido a María que siga concediéndoos, en la alegría de vuestra forma de ser, la firmeza de la fe, y engendre en vosotros la esperanza cristiana que se manifieste en el gozo ante la vida.

Que la Virgen del Rocío nos haga sentirnos seguros, acogidos y amados, que derrame el consuelo a los afligidos, aconseje con su luz a los descaminados, vigile la asechanza de peligros. En esta Santa Misa encomiendo a la intercesión de la Virgen del Rocío todos los buenos deseos de cuantos la veneran con amor filial. Que todo el mundo, impregnado de amor por la Madre de Dios, sea rociero. Que así sea.”

Después de la celebración de este momento central de la romería en la Solemnidad de Pentecostés, esta medianoche se procederá al rezo del Rosario desde la Plaza de Doñana con la Hermandad Matriz y en el que participarán todas las hermandades filiales con sus simpecados, procesionando por las calles de la aldea hasta pasar por la puerta principal del Santuario.

Ya en la madrugada de mañana lunes, 29 de mayo, será la esperada procesión a hombros de los almonteños de la Virgen del Rocío, que visitará cada uno de los simpecados de todas las hermandades filiales que, con agradecimiento y plegarias, la esperan para rezar la Salve.

Lee aquí la homilía completa del Nuncio de Su Santidad en España, Mons. Bernardito Cleopas Auza.

Escucha la homilía completa:

Rosario de Almonte

En la noche de este sábado 27 de mayo tuvo lugar el Rosario de Almonte por el itinerario tradicional. El Primer Misterio estuvo dedicado a todas las personas enfermas, el Segundo Misterio del Santo Rosario fue ofrecido por la Paz en el Mundo. El Tercer Misterio se rezó por la aldea mientras que el Cuarto Misterio se ofreció por las vocaciones sacerdotales y religiosas, en especial en la Diócesis de Huelva, siendo el Quinto y Último Misterio ofrecido por todas las personas que sufren: enfermos, pobres y desamparados.

Además, en la jornada del mismo día, el Nuncio bendijo un cuadro de San Juan Pablo II donado por la familia Vela Vela y Bejarano Castrillo a la Hermandad Matriz de Almonte, obra del artista malagueño Raúl Berzosa para firmar, también, en el libro de honor de la Hermandad.

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Homilía del Nuncio de Su Santidad en España, Mons. Bernardito Cleopas Auza, en la Misa Pontifical de Pentecostés 2023

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Homilía del Nuncio de Su Santidad en España, Mons. Bernardito Cleopas Auza, en la Misa Pontifical de Pentecostés 2023

Excmo. Mons. Santiago Gómez Sierra, Obispo de Huelva,
Queridos sacerdotes concelebrantes,
Excmo. Señor Alcalde y miembros de la Corporación Municipal,
Excelentísimas Autoridades,
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

Con ocasión del trigésimo aniversario de la visita de San Juan Pablo II, he acogido con sumo gusto la invitación presentada por el Sr. Obispo y la Hermandad Matriz, para visitaros como representante del Santo Padre en España. A todos y a cada uno de vosotros, y también a cuantos siguen la celebración a través de los medios de comunicación, os transmito de corazón, por esta ocasión tan señalada, la Bendición y un afectuoso saludo de parte del Papa Francisco.

El día 14 de junio de 1993, después de rezar a los pies de la imagen de Nuestra Señora del Rocío, el Papa Juan Pablo II dirigió un vibrante mensaje a la multitud de los rocieros y peregrinos venidos aquí, como ahora, desde diversos lugares, y congregados para encontrar al Papa en este centro de devoción mariana andaluza. “¡Qué todo el mundo sea rociero!”, os dijo. El mismo, el Papa santo mariano, quiso ser peregrino, quiso ser «rociero”, y dejó aquí su huella con el cariño a vosotros y, sobre todo, por su amor a María. Porque estaba siempre lleno de amor a la Madre de Dios: “Totus Tuus” ese fue su lema. “Todo tuyo”, oh María, totalmente tuyo. El Papa, atraído por la fama de este antiquísimo Santuario, quiso ver cómo queríais a la Virgen y, al apreciar personalmente y ser testigo de vuestro amor a Ella, os aconsejó muy bien para poder amarla todavía mucho más y mejor.

Hermanos y hermanas, unidos a toda la Iglesia estamos celebrando el misterio de Pentecostés. El día en que Nuestro Señor Jesucristo en la Misa conclusiva de la Jornada. En todas las partes del mundo, todos le escucharon predicando el amor, viviéndolo y ayudando a vivirlo con la esperanza de que en todos los continentes los hombres se den cuenta de que han nacido para amar y deben amarse.

Os decía el Papa San Juan Pablo II, ya lo hemos recordado: “iQué todo el mundo sea rociero!”. ¡Qué grande publicidad!, podemos decir, de la devoción a la Virgen del Rocío. Definitivamente la mejor promoción de esta hermosísima devoción.

La Iglesia, dirigiéndose a Cristo en la fiesta de la Maternidad divina de la Virgen canta secularmente en el oficio divino una antífona que aplicando a María una figura analógica con el pasaje bíblico de Gedeón. Este Juez del Antiguo Testamento, escogido por el Señor para liberar al pueblo de Dios de sus opresores, dice la Escritura que era “revestido del espíritu del Señor” (Jue 6, 34). Pero quiso tener una prueba antes de afrontar a los opresores. Primero pidió el rocío solo para el vellón dejando seca su era. Luego pidió solo el rocío para la era, dejando seco el vellón. Y fue entonces, al comprobarlo, que se convenció del éxito que revertiría del cumplimiento de su misión (Cf. Jue, 6, 33-40).

Para los santos Padres de la Iglesia, el vellón mojado de rocío es una figura de la Encarnación del Verbo Eterno en el purísimo seno de la Santísima Virgen. Y es en este mismo sentido que lo toma la Liturgia. Y esta es la antífona: “Cuando naciste inefablemente de la Virgen, oh Cristo!, se cumplieron las Escrituras. Descendiste como rocío sobre el vellón para salvar a los hombres, te adoramos Dios nuestro”.

Como Gedeón, podemos decirlo así, también nosotros podemos preguntarnos con toda razón si podemos lanzarnos valerosos en el esfuerzo por la civilización del amor. Sí, pero no solos. Miremos a María del Rocío. En Ella Dios nos da la prueba de que sí. Pero no por nosotros mismos. No nosotros solos. No saldremos airosos por nuestra propia mano. Sino solo con el apoyo humilde y confiado puesto siempre en Dios. Así el salmista, evocando el vellocino de Gedeón, también lo presenta como imagen de la felicidad del Reino mesiánico, pidiendo al Altísimo que este Reino “baje como lluvia sobre el césped, como llovizna que empapa la tierra” (Sal 71,6).

Así aconteció en María, la Madre del Mesías, la Reina de las Marismas, la que abrió la puerta a un Amor que excede nuestras fuerzas, que no tiene límites, que se entregó en la Cruz por su amor sin límites para con nosotros. En el acontecimiento del vellocino empapado de rocío se cumple su sentido profundo en la Encarnación del Verbo Eterno en el seno de la Santísima Virgen.

De la Virgen inmaculada que formó en su seno la humanidad del Hijo de Dios, nos viene un amor “que no pasa nunca” (1Cor 13,8), que llega a todos, que los abraza. Un amor que es, como dice la secuencia de esta Solemnidad, “calor y vida”. Y suplicamos el Espíritu Santo: “Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero”. Porque es el Espíritu que, como nos ha dicho San Pablo, en la diversidad de carismas y ministerios, es uno y el mismo. Y, bautizados para formar un solo cuerpo, hemos bebido de un solo Espíritu que nos mueve a recibir los sacramentos dignamente, que nos invita a la oración, que nos aparta de las ambiciones, errores, codicias y envidias, que nos mantiene en el amor, que enciende nuestra fe, que en lo más dificultoso nos sostiene y anima nuestra esperanza, que da luz a nuestras dudas.

María sinpecado, con su amor, siempre es una luz en nuestro mundo que se debate entre gozos y esperanzas, entre el bien que desea y el mal que muchas veces realiza por no superar en su corazón las fronteras de un inoportuno egoísmo. El recordado Pontífice del “totus tuus” nos ha dejado un ejemplo apostólico y de unidad de todos en Cristo por María. Él mismo decía que esto de lo que fue en su vida el trato con la Virgen: «no es una simple expresión de devoción: es algo más… [es un] especial ligamen que me une a la Madre de Dios de forma siempre nueva” (JUAN PABLO Il, Cruzando el umbral de la esperanza, 208. Barcelona 1994). Ese “ligamen” es el vínculo objetivo que todos tenemos con María y que brota de aquel Vinculo que el Verbo encarnado tiene con la Virgen por la Maternidad divina. La expresión «Que todo el mundo sea rociero” posee una fuerte dimensión evangelizadora, para que todo el mundo entre a formar parte de la familia de Dios.

Terminamos nuestra reflexión pidiendo también la intercesión de San Juan Pablo II. Él declaró lo que había dicho a la Madre estando de rodillas ante su Sagrada imagen aquí, en este lugar, y ahora lo hace en el cielo: “A Ella, nuestra Madre celeste, Asunta en cuerpo y alma al cielo, le he pedido por vuestro pueblo andaluz y español… He pedido a María que siga concediéndoos, en la alegría de vuestra forma de ser, la firmeza de la fe, y engendre en vosotros la esperanza cristiana que se manifieste en el gozo ante la vida”.

Que la Virgen del Rocío nos haga sentirnos seguros, acogidos y amados, que derrame el consuelo a los afligidos, aconseje con su luz a los descaminados, vigile la asechanza de peligros. En esta Santa Misa encomiendo a la intercesión de la Virgen del Rocío todos los buenos deseos de cuantos la veneran con amor filial. Que todo el mundo, impregnado de amor por la Madre de Dios, sea rociero. Que así sea.

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Domingo de Pentecostés. Solemnidad. Ciclo A. 28 de mayo de 2023

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Domingo de Pentecostés. Solemnidad. Ciclo A. 28 de mayo de 2023

Pentecostés (cincuenta días) es una fiesta judía que se celebraba a los cincuenta días de la Pascua y que los cristianos la celebrarán con un sentido nuevo: la conmemoración de la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles y el nacimiento de la Iglesia.

La muerte en cruz de Jesús ha descompuesto al grupo de los discípulos, que se encierran en sí mismos llenos de temor y que no son capaces de recomponerse ni de tomar iniciativas.

La presencia resucitada de Jesús los reactiva, los renueva y los fortalece. La experiencia del encuentro con el resucitado es fundamental para la comunidad y para cada creyente, porque es transformadora, convirtiéndonos así en continuadores de la evangelización impulsada por Jesús y alentada por el Espíritu Santo que se nos ha dado para mantenernos firmes en la fe y decididos en la misión. 

 

DESARROLLO

Pentecostés, fiesta agraria de la recolección, que más tarde se convirtió en fiesta histórica para recordar la promulgación de la ley en el monte Sinaí, que los judíos celebraban cada año. En este día Jerusalén se llenaba de creyentes judíos venidos de todos los lugares de la diáspora, es decir, de fuera de Israel.

Según el calendario cristiano, nosotros celebramos en Pentecostés la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos y el nacimiento de la Iglesia, tal y como se nos cuenta en el comienzo del capítulo dos del libro de los Hechos de los Apóstoles; y también clausuramos el tiempo litúrgico de la Pascua.

Tras la muerte de Jesús los discípulos se encuentran en la noche de los miedos, de las dudas y encerrados en sí mismos, lo que les hace ser una comunidad sin futuro ni perspectivas. El miedo paraliza y nos impide crecer y avanzar. La falta de fe nos llena de inseguridades, porque sin Jesús notamos la ausencia de la esperanza. 

Algo muy extraordinario tuvo que experimentar la primera comunidad cristiana que le llevó a un cambió en ella misma y en sus miembros. Esta transformación interior y exterior solo se explica desde el encuentro del Resucitado con aquellos que se habían derrumbado al verlo crucificado o al tener noticias de su final trágico. Ellos, ahora, al sentir la presencia viva de Jesús, también pasan de la muerte a la vida, del miedo a la valentía, de la pasividad al anuncio activo, de estar encerrados a salir y expandirse por todo el mundo conocido.

Jesús dona su paz, una paz nueva que abarca a toda la persona y que no depende de las circunstancias que nos rodean. Pero al mismo tiempo nos envía a continuar la misión que el Padre le encomendó a él. La propagación del Evangelio y la instauración del Reino de Dios no es una tarea de unos pocos y tampoco está acabada. Todo bautizado está llamado a esta misión, a ser Cristo en el mundo y hacerlo visible a él desde el testimonio de la propia vida allá donde nos encontremos.

Pero todo esto es imposible que seamos capaces de llevarlo a cabo solos, porque requiere constancia, firmeza, convencimiento, donación personal, capacidad de amar y perdonar… No nos olvidemos de nuestra pequeñez que nos hace sentirnos impotentes ante este tipo de retos que hunamente nos superan. Por eso Jesús, que nos conoce, nos dona y regala lo que más necesitamos para vivir la fe y para ser testigos de ella. El Señor nos dona el Espíritu Santo que hace resurgir a la Iglesia como nuevo pueblo de Dios, como comunidad de hermanos. Todos somos necesarios, aunque dentro de la Iglesia tengamos distintos carismas y misiones. Descubre cuáles son los tuyos, ama a la Iglesia de la que formas parte y evangeliza dando lo mejor de ti.

Emilio José Fernández, sacerdote

http://elpozodedios.blogspot.com/

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