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Profesión temporal de Sor Cristina de la Eucaristía

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El 28 de mayo, a las 18:00 horas, en la iglesia del monasterio de Santa Clara, en La Laguna, Sor María Cristina de la Eucaristía, se consagrará a Dios por la Profesión de los consejos evangélicos, en la Orden de Hermanas Pobres de Santa Clara. La Eucaristía será presidida por el obispo Nivariense.

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Ciclo formativo sobre la violencia en el ámbito familiar

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Ciclo formativo sobre la violencia en el ámbito familiar

El Centro de Orientación Familiar de la Parroquia de San Sebastián, en Sevilla, organiza en colaboración con la Hermandad de La Paz un ciclo de conferencias sobre la violencia en el ámbito familiar.

Serán tres sesiones, los días 9, 17 y 24 de mayo, con ponencias sobre esta problemática. El ciclo se abre el día 9, con la intervención de Damián Martín, médico internista, que expondrá las distintas caras de la violencia en el ámbito familiar. La segunda sesión, el 17 de mayo, tendrá la ponencia titulada ‘Origen y prevención de las relaciones basadas en la violencia’, que correrá a cargo del psicólogo Frank García y el psiquiatra Cayetano García.

El ciclo se clausurará el 24 de mayo con la conferencia ‘Respuesta a la violencia desde la fe: construir la civilización del amor’. Intervendrán el sacerdote Manuel Sánchez y Hermana Anastasia (HAM), y el acto será moderado por el párroco de San Sebastián, Isacio Siguero. Las ponencias comenzarán a las nueve menos veinte de la tarde.

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Decreto de constitución del Consejo Diocesano de Pastoral Gitana

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Decreto de constitución del Consejo Diocesano de Pastoral Gitana

Mons. Francisco Jesús Orozco Mengíbar,

por la Gracia de Dios y de la Sede Apostólica,

Obispo de Guadix

DECRETO

Las Delegaciones diocesanas en las Diócesis son como departamentos de acción pastoral que, bajo la autoridad y dirección del Obispo, aseguran la animación, promoción y coordinación de los distintos campos de la acción ministerial del Obispo en todo el ámbito diocesano. Por tanto, es el Obispo el primer responsable de la organización de la pastoral —litúrgica, catequística, caritativa, social, misional, etc. — de la Iglesia de Guadix.

En nuestra Diócesis accitana es muy importante la presencia de la población de etnia gitana que habita en nuestros pueblos, en algunos de ellos representando más del 50% de la población total. Estas comunidades tienen una forma específica de vivir cultural, social y religiosamente. Por ello necesitan una atención humana y religiosa apropiada por la Iglesia que es Madre.

Desde hace años, en nuestra Diócesis se está trabajando para acoger y ayudar a las personas de raza gitana, de manera que su inserción en la vida social y cultural resulte mejor. Son muchas y diversas las iniciativas parroquiales o de instituciones eclesiales que se llevan a cabo para favorecer la integración de los gitanos. Parroquias y comunidades cristianas se han enriquecido en su vida pastoral y litúrgica con la incorporación de las personas de raza gitana. A la vez, estas comunidades cristianas se sienten llamadas a dar testimonio de su fe, con las palabras y la caridad cristiana, ante aquellos gitanos que siguen una religión diversa de la nuestra: se abren así nuevas posibilidades de encuentro, diálogo e intercambio.

Teniendo en cuenta la necesidad de potenciar y coordinar todo el servicio pastoral y humano que se viene desarrollando en la Diócesis, después de haber oído el Consejo Episcopal,

CONSTITUYO EL CONSEJO DIOCESANO

DE PASTORAL GITANA EN LA DIÓCESIS DE GUADIX

 

Este Consejo estará compuesto por :

Rvdo. Sr. D. Manuel Requena González, Directo del Secretariado

Rvdo. Sr. D. Juan Diego Tapia Pérez, Director del Secretariado Adjunto

  1. Francisco Martínez Heredia.

Dª. África Martínez Heredia.

Dª. María Dolores Heredia Cortés.

  1. Francisco Javier Heredia Fernández.

Dª. Dolores Plantón Fernández.

Dª. Silvia Plantón Fernández.

Dª. Antonia Plantón Martínez

Dª. Ana Heredia Heredia.

 

Confíen para este ministerio en el Señor, en la oración de la Iglesia, en la bendición de su Obispo, y en la intercesión de la Madre de Jesús “La Majari», a quien la devoción popular contempla como la Virgen de los gitanos.

 

Dado en Guadix, a uno de mayo de dos mil veintitrés

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar,

Obispo de Guadix

Ante mí:

Manuel Millán Arjona.

El Secretario Canciller

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Constituido en Guadix el Consejo Diocesano de Pastoral Gitana

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Constituido en Guadix el Consejo Diocesano de Pastoral Gitana

El obispo de Guadix, D, Francisco Jesús Orozco, ha constituido el Consejo Diocesano de Pastoral Gitana en la diócesis. El decreto de constitución ha sido promulgado el pasado 1 de mayo, cuando se celebró en la ciudad accitana el Encuentro Interdiocesano de Pastoral Gitana, que ha congregado en Guadix a los responsables de la Pastoral Gitana de Granada, Jaén, Almería, Málaga, Murcia y Guadix.

El Consejo ha sido creado después del impulso que le dio el obispo a este secretariado nombrado un director adjunto al que ya había, el pasado mes de enero. Así, junto a Manuel Requena, que ya era director del secretariado de Pastoral Gitana, nombró a Juan Diego Tapia, como director adjunto de dicho secretariado. Y ahora nombra el Consejo.

En el decreto, el obispo recuerda que en la diócesis accitana “es muy importante la presencia de la población de etnia gitana que habita en nuestros pueblos, en algunos de ellos representando más del 50% de la población total. Estas comunidades tienen una forma específica de vivir cultural, social y religiosamente. Por ello necesitan una atención humana y religiosa apropiada por la Iglesia que es Madre”.

También reconoce Mons. Orozco que “desde hace años, en nuestra diócesis se está trabajando para acoger y ayudar a las personas de raza gitana, de manera que su inserción en la vida social y cultural resulte mejor. Son muchas y diversas las iniciativas parroquiales o de instituciones eclesiales que se llevan a cabo para favorecer la integración de los gitanos.” Una integración que es enriquecedora para todos, tanto para las parroquias como para la comunidad gitana, dado que “se abren nuevas posibilidades de encuentro, diálogo e intercambio”, dice el obispo.

El nuevo Consejo Diocesano de Pastoral Gitana de la diócesis de Guadix está formado por estas personas:

  • Rvdo. Sr. D. Manuel Requena González, director del Secretariado
  • Rvdo. Sr. D. Juan Diego Tapia Pérez, director del Secretariado Adjunto
  • D Francisco Martínez Heredia.
  • Dª. África Martínez Heredia.
  • Dª. María Dolores Heredia Cortés.
  • D Francisco Javier Heredia Fernández.
  • Dª. Dolores Plantón Fernández.
  • Dª. Silvia Plantón Fernández.
  • Dª. Antonia Plantón Martínez
  • Dª. Ana Heredia Heredia.

Termina el obispo su decreto animando a los consejeros a confiar “en el Señor, en la oración de la Iglesia, en la bendición de su Obispo, y en la intercesión de la Madre de Jesús `La Majari´, a quien la devoción popular contempla como la Virgen de los gitanos”.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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“La visita del Obispo siempre es una bendición”

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La parroquia San Rafael Arcángel de Córdoba recibió al pastor de la Diócesis en su segunda Visita Pastoral a la Diócesis

El obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, continúa su Visita Pastoral al arciprestazgo de la Fuensanta-Cañero-Levante Sur durante estos días. Tras culminar su andadura en la parroquia de Ntra. Sra. de Belén y San Vicente Ferrer, la pasada semana estuvo en otra de las ocho parroquias que conforman este arciprestazgo, la de San Rafael Arcángel.

Llegó el miércoles, 26 de abril, y se dispuso a visitar dos centros educativos, el Colegio Público ‘Alcalde Jiménez Ruiz’ y la Academia ‘Lope de Vega’, acompañado por el párroco, José Luis Camacho. Tras reunirse con los profesores y los alumnos, estuvo visitando a los enfermos de la feligresía.

Al día siguiente, monseñor Demetrio Fernández regresó a la parroquia para acompañar a los niños de catequesis de Primera Comunión y reunirse, posteriormente, en el Hogar Parroquial con los grupos que conforman la parroquia.

La visita culminó el viernes en el Colegio San Rafael, donde el Obispo estuvo durante toda la mañana junto a los profesores y alumnos. Por la tarde, administró el Sacramento de la Confirmación a un numeroso grupo de adultos y otro de jóvenes.

El párroco expresó que “ha sido una experiencia muy bonita para los niños y la comunidad parroquial, ya que la visita del Obispo siempre es una bendición”.














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El obispo pide a los caravaqueños que sean luz para quienes buscan encontrarse con la Vera Cruz

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Caravaca de la Cruz celebra hoy el día grande de sus fiestas patronales, la fiesta de la Aparición de la Vera Cruz. El obispo ha presidido esta mañana la Misa Ponticical.

«Pido a Dios que, al venerar el signo de la Cruz, os conceda el Señor un corazón grande para amar, capacidad para percibir las necesidades de los hermanos y la fuerza necesaria para ayudarles». Así se dirigía esta mañana el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, a los caravaqueños que participaban en la Misa Pontifical de la Vera Cruz en la parroquia de El Salvador, en el día grande de las fiestas patronales de Moros, Cristianos y Caballos del Vino en honor de la Santísima y Vera Cruz de Caravaca.

Una vez más, el obispo ha celebrado la fiesta de la Aparición de la Santa Cruz con los caravaqueños, a los que ha alentado a ser luz y hospitalarios con los peregrinos que lleguen hasta esta ciudad para encontrarse con la Sagrada Reliquia, especialmente el próximo Año Jubilar.

En el día en el que la Iglesia conmemora que santa Elena, madre del emperador Constantino, encontrara la cruz en la que murió Jesucristo, el obispo ha hablado del significado de la cruz, que tras la resurrección de Cristo se convierte para el creyente en puerta de salvación. Mons. Lorca ha explicado que puede que para muchos resulte difícil comprender el sentido de la cruz: «La respuesta a este interrogante nos la ofrece una vez más la Palabra de Dios, la tenemos en el evangelio de san Juan: “Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna” (Jn 3,16). Habla del amor de Dios y habla de ofrenda hasta la muerte, por la salvación de los hombres».

Homilía del obispo de Cartagena

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El cardenal emérito de Madrid impartirá lecciones magistrales a sacerdotes de Córdoba

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Monseñor Antonio María Rouco Varela, Cardenal-Arzobispo emérito de Madrid ha sido invitado a pronunciará dos conferencias en el centro de Magisterio «Sagrado Corazón»

Con el nombre «El pensamiento de Klaus Mórsdorf sobre la sacra protestas  y la sinodalidad», monseñor Antonio María Rouco Varela ofrecerá dos clases magistrales a las once y doce y media de la mañana en el Centro de Magisterio «Sagrado Corazón» de Córdoba a los sacerdotes diocesanos que han estudiado derecho canónico. En esta comparecencia, el Cardenal-Arzobispo de Madrid aportará todo su conocimiento sobre la figura del canonista alemán y fundador del Instituto de derecho canónico de la Universidad de Múnich, así como el contexto de su obra y su contenido.

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Homilía en la rogativa diocesana por la lluvia

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Homilía en la rogativa diocesana por la lluvia.

Catedral de Jaén – 1 de mayo de 2023

Desde hace más de un año, incluso podríamos decir que, desde los últimos años, estamos viviendo una grave sequía en nuestra tierra, en nuestra Comunidad andaluza y, también, en la mayoría de las regiones españolas. Realidad que está afectando gravemente a nuestra agricultura, a los 66 millones de olivos que constituyen el motor principal de nuestra economía, de donde se sostiene, principalmente, nuestra sociedad, nuestras familias; que está afectando a nuestra ganadería, a la industria, a los servicios y al consumo humano. La falta de lluvia nos afecta a todos y a todo. Pensemos en nuestros pantanos, acuíferos y fuentes, en nuestras sierras, en nuestros cuatro Parques Naturales, en todo nuestro ecosistema que es tan rico en toda nuestra provincia.

 

Ante esta grave realidad que estamos padeciendo, los creyentes, sabiendo que el agua es un regalo de Dios “pedimos al Creador que nos conceda la lluvia abundante que necesitamos, sin que ello provoque inundaciones y otras catástrofes. Confiamos que Él sabrá cuándo y cómo nos la enviará”.

 

Jesús en el Evangelio nos dice: “Pedid y se os dará, buscad y encontraréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abra” (Mt 7,7). Con esta oración humilde y confianza, nos ponemos ante Dios, en este día, toda nuestra Iglesia de Jaén, como un único pueblo, con un solo corazón, unidos en una misma petición: ¡Señor, necesitamos la lluvia que riegue nuestros campos!

Hoy, unidos a Cristo, el Señor, contemplándole en esta emblemática Imagen de Nuestro Padre Jesús (el Abuelo), pero, especialmente, en este Eucaristía que celebramos, elevamos una oración extraordinaria a Dios Padre.

 

La última vez que “El Abuelo” procesionó en rogativas, para pedir la lluvia, fue el 8 de marzo de 1949. Hoy, 74 años después, nos unimos a esta petición como Iglesia diocesana.

Y lo hacemos como el “amigo inoportuno y la viuda insistente”, sabiendo que Dios nos escucha y, nosotros confiamos que nos hará caso ante esta necesidad urgente.

 

El Señor, en muchas ocasiones, nos enseñó que es necesario pedir a Dios con humildad, perseverancia y audacia, aquello que necesitamos, tanto para nuestra vida espiritual o para nuestra conveniencia material.

 

La oración es la actitud propia del cristiano ante Dios, es fundamental en la vida del cristiano. Quien no ora va viendo cómo Dios va muriendo progresivamente en su corazón hasta llegar un día en que Dios ya no es nada en él. Pero la oración es una gran fuerza espiritual que desencadena una enorme fuerza, energía, que nos hace lograr lo que por otros medios es imposible, y que solemos llamar milagros. Seamos insistentes, constantes, en nuestra oración.

Dice el Salmo 8:

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él,
el ser humano, para darle poder?

Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies…

Pero, Señor, nosotros no lo podemos todo y con humildad nos ponemos en tu presencia e imploramos tu gracia, con el deseo de acoger en nuestras vidas siempre tu voluntad. “Con amor y sabiduría quisiste someter la tierra al dominio del hombre… te damos gracias por los dones que de ti hemos recibido y te pedimos nos concedas la gracia que te suplicamos”. Tú nos has dicho: “Yo daré la lluvia a vuestra tierra en su tiempo, la temprana y la tardía; y recogerás tu grano, y tu vino, y tu aceite. Y daré hierba en tu tierra para tus bestias; y comerás, y te saciarás” (Dt. 11,14).

 

Señor, esta situación de sequía nos hace darnos cuenta de que no somos los dueños del mundo y que no podemos cambiarlo a nuestro gusto y según nuestros criterios; sabemos que Tú eres el Creador, el que presides la marcha del mundo y que, por tanto, como Padre bueno, no dejas de acoger nuestras peticiones por aquellas cosas que necesitamos tantas personas para vivir, como puede ser la lluvia.

Ayúdanos, también, Señor a ser responsables, previsores y sobrios con el uso del agua, tanto a nivel personal, como comunitario, sabiendo que se trata de un bien cada vez más escaso, respecto del que es necesario un uso racional y prudente, que no olvidamos la justicia fraterna y el derecho de los demás a su uso.

 

No quiero terminar mis palabras sin tener presente la realidad que en día estamos celebrando, coincidiendo con San José Obrero, el día internacional de todos los trabajadores, recordando una cita de la encíclica de San Juan Pablo Evangelium Vitae (n 79): «El compromiso al servicio de la vida obliga a todos y cada uno. Es una responsabilidad eclesial, que exige la acción concertada y generosa de todos los miembros y de todas las estructuras de la comunidad cristiana». Pidamos para que no falte el trabajo digno en nuestra tierra y para que se creen estructuras que posibiliten el ámbito laboral adecuado para todas nuestras gentes y las generaciones venideras.

 

Queridos hermanos, solo el Señor es capaz de cambiar el devenir de las cosas. Él quiere contar, ciertamente, con nuestra ayuda, pero, muchas veces, nuestra ayuda no puede ser otra que pedir insistentemente.

 

Confiamos en que nuestra oración sincera, confiada y perseverante puede alcanzar la tan deseada agua para nuestra tierra. Que este deseo nos lleve también a saciar nuestra vida con el agua vida del Espíritu del Resucitado, que Dios concede siempre con abundante generosidad.

 

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

La nueva beata granadina, Conchita Barrecheguren, un modelo de santidad para todos

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Carta Pastoral del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo, con motivo de la beatificación de Conchita Barrecheguren, que se celebra el 6 de mayo en la S.I Catedral.

CARTA PASTORAL CON MOTIVO
DE SU BEATIFICACIÓN
EL 6 DE MAYO DE 2023

Queridos hermanos de la archidiócesis de Granada:

En primer lugar, les reitero mi deseo de una feliz y provechosa Pascua de Resurrección en este mi primer año entre vosotros y en que vamos a celebrar un acontecimiento especial para la archidiócesis de Granada: la beatificación de la joven granadina la venerable sierva de Dios María de la Concepción Barrecheguren, conocida y llamada popularmente como Conchita.

La santidad se pone así de nuevo en un primer plano de nuestra vida diocesana como antes ocurrió en los últimos años con otros cristianos granadinos elevados a los altares, como son nuestros Mártires del siglo XX, Fray Leopoldo de Alpandeire y la Madre María Emilia Riquelme. Ellos se unen a nuestros santos venerados durante siglos y gloria de la Iglesia universal: san Cecilio, san Gregorio de Elvira, san Pedro Pascual, san Juan de Dios, san Juan de la Cruz y san Juan de Ávila, y nos recuerdan algo esencial en nuestra vida cristiana y que con frecuencia olvidamos en nuestro mundo secularizado: que todos estamos llamados a la santidad en el seguimiento de Cristo, pues formamos parte de la Iglesia a la que confesamos santa.

La venerable Conchita se unirá así a nuestros santos elevados al honor de los altares y se convertirá así para todos los cristianos en un modelo en quien fijarse y en intercesora a los que encomendarse en el camino de la fe. La Iglesia nunca ha dejado de invitar a sus hijos a ser santos. Ya en la Escritura se recoge explícitamente la exhortación de parte de Dios: «Sed santos, porque yo soy Santo» (1 Pe 1, 16; Lv 19, 2; 20, 26; cf. Mt 5, 48). San Pablo exhorta a los tesalonicenses en su primera carta a llevar una vida santa en la esperanza de la segunda venida de Cristo (4,1-5,28). En este contexto escribe: «Porque ésta es la voluntad de Dios: vuestra santificación» (4,3). En el himno con el que comienza la carta a los Efesios, además de saludar a los cristianos como “santos”, exclama: “Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bendiciones espirituales en los cielos. Él nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e intachables ante él por el amor. Él nos ha destinado por medio de Jesucristo, según el beneplácito de su voluntad, a ser sus hijos” (1, 1.3-5). Lo mismo encontramos en otros pasajes del Nuevo Testamento.

Esta llamada o vocación a la santidad la recordó con fuerza el Concilio Vaticano II, diciendo: «Todos los fieles cristianos, de cualquier condición y estado, fortalecidos con tantos y tan poderosos medios de salvación, son llamados por el Señor, cada uno por su camino, a la perfección de aquella santidad con la que es perfecto el mismo Padre» (LG 11). Más recientemente, el año 2018, el Papa Francisco, con cuya autoridad será proclamada Conchita beata, redactó uno de los más hermosos textos de su pontificado: la Exhortación Apostólica Gaudete et exultate, precisamente con el mismo fin: “para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad” (GE 177). Es sobre todo el mencionado Concilio Vaticano II, que en su Constitución Dogmática sobre la Iglesia Lumen Gentium le dedica íntegramente el capítulo V, el que ha impulsado y dado fuerza en la Iglesia de nuestro tiempo a la llamada o vocación universal a la santidad al señalar que “es, pues, completamente claro que todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida más humanoincluso en la sociedad terrena. En el logro de esta perfección empeñen los fieles las fuerzas recibidas según la medida de la donación de Cristo, a fin de que, siguiendo sus huellas y hechos conformes a su imagen, obedeciendo en todo a la voluntad del Padre, se entreguen con toda su alma a la gloria de Dios y al servicio del prójimo. Así, la santidad del Pueblo de Dios producirá abundantes frutos, como brillantemente lo demuestra la historia de la Iglesia con la vida de tantos santos” (LG 40). Ahora bien, no siempre esta invitación es correctamente comprendida y asumida en consecuencia por los cristianos, y con frecuencia, por desgracia, está ausente de la predicación y de la enseñanza catequética, por esto considero que es una oportunidad magnífica para nosotros, que formamos parte de esta Iglesia bendita de Granada, mirar el ejemplo o testimonio cercano de nuestra nueva beata para sentirnos movidos a tomarnos en serio la santidad, en definitiva, el seguimiento de Cristo.

Con esta beatificación, la Santa Iglesia propone a Conchita como modelo de vida cristiana. Una ejemplaridad, que tiene principalmente estos tres rasgos: su vida familiar, que genera un espacio de crecimiento humano y cristiano donde brotan los frutos del Evangelio. Su juventud, vivida desde la fe en Jesucristo y que le lleva a descubrir su vocación como identificación con la voluntad de Dios. Su enfermedad, que le ayuda a interpretar la fragilidad de la vida humana y a ofrecerla a Dios junto con el Señor Jesús en la Cruz y la Eucaristía.

Al mismo tiempo, la beatificación hace posible que recemos juntos a Conchita, para pedir su intercesión. Que ella haga llegar al Señor nuestras necesidades y las de tantos enfermos que confían en su ayuda. Que su ejemplo nos permita decir como ella: “Mi deseo, amar más a Jesús; mi fortaleza, la Eucaristía” (Meditaciones de Conchita, 8).

          EL FRUTO DE LA SANTIDAD

La santidad es un don de Dios, que se corresponde con una necesidad humana, que no se conforma con la mediocridad (cf. Gaudete et exsultate, 1). En efecto, los seres humanos, y solo ellos, desde su nacimiento, viven un proceso que les hace buscar su realización y abrirse a la posibilidad del más allá. Los cristianos, además, y bajo la acción del Espíritu Santo recibido en el Bautismo y la Confirmación, descubren que la santidad consiste en:

Seguir siempre adelante en el camino de Cristo, como lo hicieron aquellos testigos que pueden recordarse. Personas que no eran perfectas, pero que supieron sobreponerse a las dificultades y proseguir (cf. GE, 3). El Papa Francisco alude a esta “santidad de la puerta de al lado” (GE,7). Resulta fácil constatar esa santidad en Conchita Barrecheguren. He ahí su originalidad y su propuesta de santidad para nuestro tiempo: vivir el día a día de la fe, en el estado laical y en medio de sus propias tareas y en las comunes de sus contemporáneos.

Ofrecerse, porque no se vive solo y no se puede prescindir ni de los demás ni de Dios. Entonces, cabe hacer de la propia vida una donación al Señor, en quien se ha puesto la confianza. Conchita supo disponer de su vida ante Dios, para tomar decisiones y aceptar las renuncias que inevitablemente conllevan. Después de ir a visitar los recuerdos de santa Teresita del Niño Jesús afirmará: “En Lisieux me ofrecí a Dios, para que hiciera de mí todo lo que Él quisiera. ¡Mira cómo me ha cogido la palabra!” (Diario espiritual de Conchita, 34).

Sacar lo mejor de uno mismo. De este modo, los santos son belleza de la Iglesia (cf. GE, 9). Se trata de un empeño personal que permite dejar salir de sí mismo aquella maravilla que hay en el propio interior. Conchita realizó ese esfuerzo, a pesar de las dificultades y de su enfermedad: “He de amar a Jesús sobre todas las cosas, no teniendo en el mundo otra satisfacción que la de agradarle y darle gusto. Mi amor será un Dios crucificado” (Meditaciones, 8).

           UNA LLAMADA PERSONAL

Se trata de una llamada personal, que se recibe en el adentro de la santa Iglesia. Ella es el lugar donde habita el Espíritu Santo del Señor Resucitado. Se trata de una experiencia que vive la comunidad cristiana en la oración y que comunica de modo especial en la celebración de los sacramentos. Esta santidad es la que impulsa a la práctica de la caridad en favor de los pobres, los enfermos y los pecadores. La beatificación de Conchita, por tanto, es un signo de la santidad de toda nuestra Iglesia diocesana de Granada, que a lo largo de los siglos generó muchos frutos de santidad y que en este momento también los sigue promoviendo. ¡Tenemos tanta gente buena y santa “de la puerta de al lado” en nuestra diócesis!

Conchita es una mujer de fe, que sabe recorrer el camino de su vida con presteza y al paso de Dios, sin adormecerse y sin dejar la vida pasar, sino viviéndola con intensidad. Sus pocos años y su juventud tienen mucha calidad que se deriva, especialmente, de haber descubierto la iniciativa y voluntad de Dios. Identificarse con esa iniciativa divina sólo es posible por amor a Jesucristo, pues únicamente el amor puede unir voluntades. Con razón, escribió Conchita fruto de su profunda vida interior: “Aquí me tienes, Señor, atraída por tu amor y dolores, y dispuesta a servirte durante mi vida entera. Dime lo que quieres de mí, que puesto nada me has negado, tampoco yo te lo negaré” (Via Crucis de Conchita, Estación XI).

            UNA JOVEN SANTA

La persona de Conchita Barrecheguren, con sus 21 años, es una referencia de vida cristiana y santa adecuada especialmente para los jóvenes de hoy. De ella y de su juventud, se puede destacar su capacidad para vivir con los pies en la tierra, sin eludir la realidad de su momento histórico y abierta al deseo del Cielo. Es mujer de su tiempo, sin añoranzas desfasadas de un ayer que no vivió; sin conformismo resignado con un presente que busca imponerse; y distanciándose, hábilmente y con libertad asombrosa, de supuestos avances que le parecen distracciones de aquello que había descubierto como esencial para su vida.

En sus pocos años fue capaz de madurar con el auxilio del Espíritu Santo como persona y cristiana. Ella se siente responsable de su proceso de crecimiento y se preocupa de evolucionar para llegar a ser adulta, afrontar su enfermedad, superar sus miedos y responder de sí misma. Sabe ser valiente, impulsiva, ardorosa y, al mismo tiempo, dulce, paciente y equilibrada. Su madurez juvenil también es precocidad espiritual que se evidencia en sus escritos y que, ni entonces ni ahora, son propios de jóvenes de veinte años. Con motivo de su cumpleaños, escribe con humildad: “Hace 17 años que voy caminando rápidamente por la vida. Y en este transcurso de tiempo, ¿qué he hecho yo para ganar la vida eterna? He vivido como si hubiera sido criada para la tierra, he buscado siempre mis comodidades y caprichos. Me he olvidado muchas veces del fin para el que fui criada. Mis acciones, ¿las hacía todas puramente para Dios? ¿Era Dios el único fin de mis deseos? ¿Me he conformado siempre con su voluntad?” (Diario espiritual, 80).

Conchita es, sobre todo, una joven de fe. Llamó la atención como una simple cristiana, que desde dentro de las realidades seculares resulta portadora y presencia eficaz del Evangelio. Sabe vivir cotidianamente centrada en la Cruz y en la Eucaristía. Hoy, cuando surgen dificultades para vivir la fe, Conchita hace una oferta de fe decidida, confiada y segura. Toda su vida diaria y pública es testimonio coherente con su vida cristiana Si algo tiene su fe de “veinteañera” es firmeza, estabilidad y permanencia. ¡Qué gran ejemplo el de Conchita para nuestros jóvenes granadinos! A ella los encomiendo, así como los frutos espirituales de la próxima Jornada Mundial de la Juventud en la que muchos de ellos participarán este verano en Lisboa.

Conchita se siente parte de la Iglesia, que se inicia en su propia familia, verdadera Iglesia doméstica. Siempre agradecerá cuántas cosas le debe a su familia. Hay en ella una doble ejemplaridad actualmente necesaria: su pertenencia a una familia cristiana, lugar de búsqueda y colaboración con la voluntad de Dios, y su fe juvenil, recibida, cultivada y compartida en familia. Esta familia creyente, también es el ámbito adecuado para la aparición y cuidado de la vocación religiosa y sacerdotal. En consecuencia, en su familia brotará la vocación de su padre que al quedar viudo se haría sacerdote y misionero Redentorista: el venerable P. Francisco Barrecheguren.

Precisamente a la Congregación del Santísimo Redentor, a la que tan vinculada ha estado espiritualmente Conchita y que ha llevado su proceso de beatificación, quiero agradecer en nombre de la archidiócesis de Granada su trabajo así como su labor pastoral tan querida entre nosotros. Nuestra gratitud también al enviado papal para la beatificación el cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos.

           VOCACIÓN DE CONCHITA

Se trata de esa llamada de Dios, en la que cada uno se construye como persona y creyente. Desde la fe, supone aceptar la voluntad e iniciativa de Dios para cada uno. En Conchita causa admiración su opción por Jesucristo. Ella misma dice: “Él es mi vida, mi tesoro, mi amor. Con él todo lo puedo, pues su gracia me conforta. ¿Qué voy a temer, si poseo en el alma a mi Señor Jesucristo?” (Meditación del Jueves Santo). Ella se realiza así: es de Jesús y así firma desde pequeña: de Jesús. En ser de Jesús se empeñó con una admirable perseverancia.

Conchita descubre que el Señor la quiere en la vida ordinaria de su casa, su familia, su juventud y, finalmente, en una enfermedad, que interpreta como llamada y vocación a identificarse con Jesucristo crucificado: “Dios me quiere enferma. A cada uno le señala su camino en este mundo, y el mío es éste. Estoy en la edad en que Dios da las vocaciones, y la mía es sufrir” (Diario espiritual, 53).

            UNA OPORTUNIDAD

Cada etapa de la vida es una oportunidad. También estos momentos que vivimos lo son. Como signo providencial la Iglesia nos ha regalado la beatificación de Conchita. En ella se cumplen las palabras del Apóstol San Pablo: “lo débil del mundo lo ha escogido Dios para humillar lo poderoso” (1 Cor 1, 27b).

En el Decreto que reconoce la heroicidad de las virtudes cristianas de Conchita, se han recogido las siguientes palabras de santa Teresita de Lisieux: “Quiso crear grandes Santos (…) pero también creó pequeños. (…) La perfección consiste en cumplir su voluntad y en ser lo que Él quiere” (Historia de un alma, 1).

¡Optemos pues por la santidad y propongámosla con valentía y claridad como camino hacedero en nuestra acción pastoral! Tenemos para ello los medios de siempre, de los que se han servido en la Iglesia nuestros santos acudiendo a la ayuda divina en los sacramentos, en la escucha de la Palabra de Dios y la oración, en la vivencia de la caridad y de la comunión eclesial. Nada necesita más nuestro mundo y la Iglesia que santos, los que han seguido a Cristo en sus circunstancias de vida concreta. Pero eso sí: santos alegres que contagien el Evangelio. Santos alegres y de buen humor porque “un santo triste es un triste santo”. Los santos han sido además los grandes benefactores de la humanidad. Nada puede hacernos más felices que vivir como Dios nos pide, por eso como señala el Papa, «cuando sientas la tentación de enredarte en tu debilidad, levanta los ojos al Crucificado y dile: “Señor, yo soy un pobrecillo, pero Tú puedes realizar el milagro de hacerme un poco mejor”» (GE 15). En definitiva, para Francisco, la santidad no es otra cosa que -como ha sintetizado él mismo- la vivencia de las Bienaventuranzas y la caridad (cf. GE 65-94; Alocución en el Encuentro con los jóvenes argentinos en la Catedral de Río de Janeiro, 25/7/2013).

             SANTA MARÍA, REINA DE TODOS LOS SANTOS

A la par que damos especialmente gracias de todo corazón al Papa Francisco por decretar la beatificación de Conchita, deseo terminar esta carta tomando prestado y haciendo mío el final de su mencionada exhortación Gaudete et exultate mirando a santa María, reina de todos los santos e invocando al Espíritu Santo que obra en nosotros la santidad: “Quiero que María corone estas reflexiones, porque ella vivió como nadie las bienaventuranzas de Jesús. Ella es la que se estremecía de gozo en la presencia de Dios, la que conservaba todo en su corazón y se dejó atravesar por la espada. Es la santa entre los santos, la más bendita, la que nos enseña el camino de la santidad y nos acompaña. Ella no acepta que nos quedemos caídos y a veces nos lleva en sus brazos sin juzgarnos. Conversar con ella nos consuela, nos libera y nos santifica. La Madre no necesita de muchas palabras, no le hace falta que nos esforcemos demasiado para explicarle lo que nos pasa. Basta musitar una y otra vez: «Dios te salve, María…». Espero que estas páginas sean útiles para que toda la Iglesia se dedique a promover el deseo de la santidad. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos para la mayor gloria de Dios y alentémonos unos a otros en este intento. Así compartiremos una felicidad que el mundo no nos podrá quitar” (GE 176-177).

Que la nueva beata Conchita Barrecheguren y todos los santos granadinos intercedan por nosotros. Con mi afecto y bendición.

✠ José María Gil Tamayo.

Arzobispo de Granada
2 de mayo de 2023

El Papa Francisco recibe a Antonio Prieto, Obispo electo de Alcalá de Henares: “Entrégate como un buen pastor”

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Su consagración episcopal tendrá lugar el 10 de junio en la Catedral Magistral de los Santos Niños Justo y Pastor de Alcalá de Henares

 

El Vicario General de la Diócesis de Córdoba y Obispo electo de Alcalá de Henares, monseñor Antonio Prieto, ha sido recibido hoy por el Papa Francisco acompañado por el Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, en la Plaza de San Pedro del Vaticano, durante la Audiencia General de cada miércoles.

En este encuentro, el Papa Francisco ha trasmitido al nuevo obispo de la diócesis madrileña su afecto por Alcalá de Henares, tras su estancia allí durante seis meses. En la conversación, el pontífice ha compartido con el obispo electo de Alcalá su amplio conocimiento de la iglesia que le ha encomendado y le ha pedido que atienda principalmente a los sacerdotes de su nueva diócesis y la formación de la catequesis, para lo que le ha indicado una entrega total “como un buen pastor”.

Antes de la audiencia con el Papa Francisco, monseñor Antonio Prieto ha concelebrado la Eucaristía del Colegio Español a cuyo término le ha sido impuesta una cruz pectoral, regalo que el Pontificio Colegio Español de San José hace a aquellos antiguos alumnos que han sido nombrados Obispos. La Eucaristía fue presidida por Mons. Jesús González de Zárate, Arzobispo de Cumaná.











 

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