Publicado: 11/05/2023: 15
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El secretario general de la CEE profundiza con Ángel Expósito en La Linterna de la Cadena COPE sobre la decisión del Tribunal Constitucional ante el aborto.
Publicado: 11/05/2023: 15
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El secretario general de la CEE profundiza con Ángel Expósito en La Linterna de la Cadena COPE sobre la decisión del Tribunal Constitucional ante el aborto.
El próximo 28 de mayo los andaluces estamos llamados a elegir a los responsables de la gestión municipal para los siguientes cuatro años. Con este motivo, quiero dirigirme a los católicos de Huelva y a aquellos que quieran escucharme. No tengo la intención de decir por o contra quién votar. Esa decisión política recae en cada ciudadano. Mi objetivo es recordar algunos principios sobre la vida social y política de la Doctrina Social de la Iglesia, para ayudar, particularmente a los diocesanos, a tomar su decisión a la luz de una conciencia debidamente formada.
La construcción de un orden social más justo es una tarea fundamental de la política. Sin embargo, la Iglesia, sobre todo, o a través de los laicos católicos, no puede ni debe quedarse al margen de este quehacer. Deseamos contribuir, argumentando desde la razón iluminada por la fe, a descubrir lo que es justo, aquí y ahora, para que pueda ser reconocido y después llevado a la práctica. La Iglesia no desea imponer a los que no comparten su fe las propias perspectivas y modos de comportamiento. Sin embargo, tampoco nadie puede exigirnos que releguemos la religión al ámbito privado, sin influir en la vida social, sin preocuparnos por la salud de las instituciones de la sociedad civil y sin opinar sobre los acontecimientos que afectan a los ciudadanos. Una fe auténtica siempre implica un profundo deseo de dejar el mundo algo mejor después de nuestro paso por la tierra.
La Iglesia manifiesta su estima por la democracia como sistema que asegura la participación de los ciudadanos en las opciones políticas y garantiza la posibilidad de elegir y controlar a sus propios gobernantes, o bien sustituirlos oportunamente de manera pacífica. Todos tenemos el derecho y al mismo tiempo el deber de votar con libertad para promover el bien común. El día de las próximas elecciones municipales también celebraremos la romería del Rocío, que congrega a miles de personas de nuestra provincia en la Aldea. Esta coincidencia y otras que puedan darse requerirá a muchos vecinos prever con tiempo como ejercer el derecho y el deber de votar en sus respectivos municipios.
Hay unos cuantos principios permanentes de la Doctrina Social de la Iglesia, cuya consideración puede ayudar para el discernimiento personal de cara a decidir el voto en la próxima convocatoria electoral. Se trata de la dignidad de la persona humana, del bien común, de la subsidiaridad y de la solidaridad.
La dignidad de la persona humana es el fundamento de toda acción política de cualquier nivel, y debe ser el primer criterio para nuestra elección política. Cada persona es un ser único e irrepetible, creado a imagen y semejanza de Dios (Gén 1,27). Debemos considerar al prójimo como otro yo, cuidando en primer lugar de su vida, pero también de los medios necesarios para que pueda vivirla dignamente. En nuestros pueblos y ciudad urge acercarnos a todos y servirlos con eficacia cuando llegue el caso, ya se trate de ancianos solos, de jóvenes o adultos en paro, de trabajadores extranjeros, inmigrantes, pobres o marginados. A la administración municipal también es exigible, dentro de sus competencias, el esfuerzo decidido por combatir cuanto atenta contra la vida (aborto o eutanasia), o viola y ofende la dignidad de la persona humana, como son las condiciones infrahumanas de vida que puede sufrir. También, quienes sienten u obran de modo distinto al nuestro en materia social, política e incluso religiosa, deben ser objeto de nuestro respeto y amor.
El bien común es otro elemento de discernimiento que debe orientar nuestra participación en la vida pública. Junto al bien individual, hay un bien relacionado con la vida social de las personas: el bien común. Es el bien de todos nosotros, individuos, familias y grupos intermedios presentes en la sociedad. Trabajar por el bien común es cuidar y utilizar el conjunto de instituciones que estructuran jurídica, civil, política y culturalmente la vida social, que configura el pueblo o la ciudad. En la sociedad de la globalización el esfuerzo por el bien común ha de abarcar necesariamente a comunidades más amplias que la del propio municipio. Los ayuntamientos son las administraciones más cercanas al ciudadano y a las que la ley encomienda la prestación de los servicios más básicos: atención a situaciones de necesidad, infraestructura urbana y su gestión medioambiental, promoción de la cultura y el deporte, entre otras (Ley de Bases del Régimen Local). Debemos analizar las opciones políticas que mejor promuevan las condiciones sociales que permitan y favorezcan el desarrollo integral de la persona y que, a su vez, respetan las legítimas aspiraciones de los demás grupos. En una sociedad plural, el gobierno debe ser para todos y ello conlleva armonizar con justicia los diversos intereses sectoriales, no sólo según los intereses de la mayoría, sino buscando el bien efectivo de todos los miembros de la sociedad civil, incluidas las minorías.
El principio de subsidiariedad es especialmente relevante en el ámbito municipal. Respetar la lógica de la subsidiariedad implica que una estructura social de orden superior no debe interferir en la vida interna de un grupo social de orden inferior. La subsidiariedad impone una doble obligación: la de cuidar las estructuras más básicas sin interferir ni manipularlas; y la de suplir y sostener, en caso de necesidad, una adecuada atención a las más débiles de la sociedad en orden al bien común. Los gobernantes municipales, en este caso, deben evitar entorpecer las asociaciones familiares, sociales, culturales o religiosas, privándolas o entrometiéndose en sus legítimas iniciativas; por el contrario, han de promoverlas con libertad y de manera ordenada. Los ciudadanos por su parte, individual o colectivamente, conviene que eviten atribuir a la autoridad política municipal un poder excesivo y no pedir de manera egoísta ventajas o favores, con riesgo de disminuir la responsabilidad de las personas, de las familias y de las agrupaciones sociales.
Finalmente, en nuestras opciones políticas debemos tener en cuenta el principio de solidaridad. El desarrollo integral del hombre no puede darse sin el desarrollo solidario de todos. Decía S. Pablo VI «El hombre debe encontrar al hombre, las naciones deben encontrarse entre sí como hermanos y hermanas, como hijos de Dios. En esta comprensión y amistad mutuas, en esta comunión sagrada, debemos igualmente comenzar a actuar a una para edificar el porvenir común de la humanidad». Este es el compromiso que debemos exigir y exigirnos. Este deber comporta velar por las personas, pero también por su entorno. La tierra nos precede, nos ha sido dada y debemos cuidarla. Este cuidado significa proteger, custodiar, preservar, guardar, vigilar. Es una relación de reciprocidad responsable entre el ser humano y la naturaleza. Este deber también comporta concretas exigencias para la política municipal.
Los católicos debemos valorar el propósito de aquellos candidatos que, entendiendo su tarea como un servicio al ciudadano, se ofrecen a trabajar por nuestra ciudad y pueblos. La política, a veces tan denigrada, es una de las formas más valiosas de expresar el compromiso cristiano. La caridad no es solo el principio auténtico para las relaciones de amistad, familia y pequeños grupos, sino que también debe regir las relaciones sociales, económicas y políticas.
En la ciudad y los pueblos los candidatos que se presentan a las elecciones municipales y los ciudadanos se conocen de forma directa y personal. Exhorto a valorar la credibilidad de las opciones políticas que se ofrecen en estas elecciones y el espíritu de servicio de quienes las representan; su defensa de la dignidad de la persona en todas las etapas de la vida; su esfuerzo por respetar y promover una sociedad civil participativa; la búsqueda del bien común del conjunto de la sociedad y las políticas en favor del bienestar de la población, especialmente de los más desfavorecidos y del entorno medioambiental.
Animo a la participación electoral como medio para construir una sociedad más justa y fraterna y elevo mi oración al Señor y a la Santísima Virgen para que los gobernantes elegidos contribuyan a una sociedad en la que reine la verdad, la libertad, la justicia y la paz.
Santiago Gómez Sierra
Obispo de Huelva
La entrada Nota del obispo de Huelva ante las próximas elecciones municipales se publicó primero en Diócesis de Huelva.
El clero diocesano ha celebrado este miércoles 10 de mayo, festividad de San Juan de Ávila, una jornada de convivencia que ha tenido lugar en la Ermita de Nuestra Señora del Valle de La Palma del Condado. La mañana se iniciaba con un momento de adoración ante el Santísimo Sacramento que ha consistido en el rezo de la Hora Intermedia de Sexta y una meditación que ha sido dirigida por el delegado diocesano para el clero, Manuel Jesús Carrasco Terriza.

“Nuestra experiencia por una parte, y, por otra, cualquiera análisis de la situación nos abruma más: falta de casamientos, de natalidad, de bautizos y comuniones, falta de sacerdotes, de vocaciones, de congregaciones religiosas, la indiferencia, la falta de respuesta”, comenzaba comentando Carrasco Terriza en su meditación que continuaba asegurando que “nos abruma la desproporción entre la tarea, los medios y el fin, sobre todo entre las fuerzas con que cuenta el enemigo y nuestras fuerzas. Esto nos lleva a encararnos con el Señor: «¡Que la batalla es tuya, Señor!». Pero eso no es nuevo. Parece que a Dios le gusta la desproporción, para que se vea que la solución viene de Él, no de nosotros”
El Alcalde de La Palma del Condado, Manuel García Félix, dio la bienvenida a todos los presentes e hizo entrega al clero de un obsequio que es un modelado en barro de la Torre de la parroquia y una palmera con motivo del nombre del pueblo. También entregó una publicación editada por el consistorio palmerino.

Joaquín Martín Rodríguez, Juan Núñez González, José Mª Padilla Valencia, Victoriano A. Solís García y Daniel Valera Hidalgo han sido los sacerdotes que celebraban sus Bodas de Oro sacerdotales mientras que Antonio José Holguín Paniagua, Emiliano Martínez Martínez y Iossif Solobodnic celebraron, a su vez, las Bodas de Plata. Todos ellos han sido obsequiados con una escultura del Buen Pastor elaborada por el escultor palmerino Martín Lagares.








El emotivo acto ha culminado con las palabras del obispo, Mons. Santiago Gómez Sierra, que ha dado las gracias al presbiterio en el día del patrón del clero español, San Juan de Ávila. Agradece de una forma especial a los sacerdotes y diáconos que cumple XXV y L aniversario de ordenación. El Obispo destaca “la importancia de la fraternidad sacerdotal pues formamos un presbiterio pero tenemos el reto de integración de ese presbiterio donde todos tenemos que poner de nuestra parte, desde el sacerdote más mayor hasta el seminarista más joven. Todos atentos a crecer en comunión como Iglesia particular y con la Iglesia Universal”, señalaba.


A continuación, los participantes han realizado la visita turística a las Bodegas Rubio y han culminado la jornada con un fraternal almuerzo.


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El sacerdote albojense Pedro María Fernández Ortega celebra este año sus bodas de oro sacerdotales. El pasado miércoles, 10 de mayo, era homenajeado en la fiesta que el clero diocesano celebra anualmente en torno a su patrón, San Juan de Ávila. Fiel e inquieto sacerdote tuvo que frenar su intensa vida pastoral por la visita de “Doña Esclerosis múltiple” con la que convive hace casi 20 años sin perder su eterna sonrisa.
¿Qué recuerdas de aquel día de tu ordenación hace 50 años?
Pues casi nada. Estaba tan emocionado que casi no puedo recordar los detalles. Me ordené en Santa María de Albox porque la iglesia de la Loma que era mi parroquia estaba que se caía. Me ordenó D. Manuel Casares Hervás. Mi primera misa en el Saliente no pude ni hablar. Me dio por llorar y no paré (ríe)
El recuerdo más dulce y amargo de tu vida sacerdotal
Son tantos que no podría decir solo uno. Quizás me viene a la memoria la coronación pontificia de la Virgen del Saliente. La coronó el nuncio pontificio Tagliaferri. Fue el resultado de un gran trabajo junto a mi compañero del alma el también sacerdote Antonio Rueda. El más amargo cuando tienes que ponerte serio, limpiar y corregir algunas prácticas que no se están haciendo bien y tienes que ser el poli malo.
¿En qué ha cambiado a mejor (o a peor) la iglesia de Almería en estos 50 años?
La iglesia es la iglesia. No tiene antes ni después. Es la presencia de Dios entre nosotros. Somos nosotros los que cambiamos, pero el legado de Jesús para el mundo es el mismo. Cada época tiene su estilo, pero la esencia permanece.
¿Cómo estás viviendo este año de tus bodas de oro? ¿Cuál es el sentimiento que lo recoge?
(Se emociona y no puede casi hablar) Es una ALEGRÍA poder celebrar con todos los hermanos sacerdotes las bodas de oro (me pide que deje de grabar porque la emoción ya le hace imposible seguir con la entrevista).
Ramón Bogas Crespo, Director de la oficina de comunicación del obispado de Almería

“Apóstol de Andalucía el Clero español te aclama”, así reza el comienzo del himno a san a San Juan de Ávila que el clero almeriense cantaba enardecido al final de la celebración de su patrón el pasado miércoles 10 de mayo.
Todos los sacerdotes y diáconos estaban convocados a las 12:00 de la mañana en la capilla de la casa de espiritualidad de aguadulce. Nuestro obispo D. Antonio presidió la santa misa concelebrada por decenas de sacerdotes entre los que destacaba el sacerdote Pedro María Fernández Ortega que cumplía sus bodas de oro sacerdotales.
En su homilía, D. Antonio exhortó a los sacerdotes diciendo: “Qué hacer si la sal que es nuestro tesoro se desparrama y se vuelve sosa? Queridos sacerdotes: Sólo la intimidad con Cristo y la ayuda de los hermanos (del presbiterio y la comunidad) hacen posible la restauración de nuestra vasija”. “Estamos en época de reformas. Comencemos por reformar nuestra vida, miremos el diálogo, escucha, búsqueda, transformación, innovación y sobre todo confianza como hizo nuestro gran apóstol San Juan de Ávila”, concluyó el prelado sus palabras.
Durante la comida compartida, D. Pedro María Fernández relató, emocionado, sus 50 años de vida sacerdotal concluyendo con “estoy muy orgulloso de ser cura diocesano de Almería”. El aplauso y el cariño del resto de los compañeros sacerdotes fue el broche de oro de esta sencilla celebración sacerdotal.

El Seminario Mayor San Fulgencio celebró el sábado la fiesta de su patrona, Santa María Reina de los Corazones, conocida como la Señora. En este día, que tiene lugar el primer sábado del mes de mayo, los seminaristas de primer curso se consagran a la Virgen María con un gesto: guardar sus nombres en el corazón de la imagen de la Señora; una tradición que lleva realizándose desde 1911.
En esta ocasión, se consagraron un total de once seminaristas, procedentes del Seminario Mayor San Fulgencio, del Redemptoris Mater y del Seminario San Indalecio de la Diócesis de Almería, que realizan su formación en Murcia. Con ellos, se consagró el obispo de Almería, Mons. Antonio Gómez Cantero, y el presbítero Jorge Tomás Bardisa, director espiritual del Redemptoris Mater.
La fiesta comenzó con la Eucaristía en la capilla del seminario. La presidió el obispo de Almería, acompañado por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes; el arzobispo emérito de Burgos, Mons. Francisco Gil; y un gran número de sacerdotes diocesanos. Durante la celebración, el seminarista de menor edad introdujo en el colgante en forma de corazón de la Señora un papel con los nombres de los consagrados de este año: Alejandro Pérez, Guillermo Postigo, Alejandro Botía, Jaime Uberos, Raúl Martínez y Alejandro Pérez, de San Fulgencio; Jesús Antonio Rodríguez, Alan Ricardo Silva y Pablo Puerta, del Redemptoris Mater; y Raúl Torregrosa y José Antonio García, de San Indalecio; además de los del obispo de Almería y del sacerdote. La lista quedaba cerrada por una frase: Ad Iesum per Mariam (A Jesús por María). Después de leer la oración de consagración, Mons. José Manuel Lorca impuso a los nuevos consagrados una medalla con la imagen de la Señora, signo de su entrega a la Virgen.
En la Eucaristía también participaron los amigos y familiares de los seminaristas, con quienes compartieron una comida fraterna al terminar la celebración.
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En la jornada de hoy el presbiterio de la Diócesis de Asidonia-Jerez ha mantenido un encuentro con motivo de la celebración del patrón del clero San Juan de Ávila.
La Casa de Espiritualidad de la Inmaculada, situada en la localidad diocesana del Puerto de Santa María, ha acogido el encuentro del presbiterio de la Diócesis de Asidonia-Jerez, con motivo de la festividad de San Juan de Ávila.
Presidido por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, este encuentro ha comenzado con el rezo de la Hora Intermedia donde se ha llevado a cabo la admisión a órdenes de José María Pavón Maraver, Miguel Ángel Paredes Rojas, Juan Ramírez Jiménez, Pablo Lobato García, Francisco Javier Marqueses Mozo y Carlos Fernández Lucero. Tras este momento orante, la Diócesis ha estado de celebración junto a los sacerdotes que cumplían bodas de oro y plata como D. Francisco Fuego Luza, D. Miguel Fernández Garmón, Redentorista, y D. Ignacio Gaztelu.
Tras esta primera parte de la celebración en ma capilla, todos se han traslado hacía la sala de conferencias donde se ha llevado a cabo una ponencia a cargo de D. Fernando de Cos, Director de la Oficina de Protección del Menor de la Diócesis de Asidonia-Jerez, titulada: “La protección de los menores y de las personas vulnerables. Protocolos de actuación y prevención”
Para finalizar, después de una mañana de oración y formación todos juntos han podido tener un momento de convivencia.
A las 9.30 horas echará a rodar el balón en el campo de fútbol de La Orden en la capital donde los equipos que han llegado a esta fase final se enfrentarán entre ellos en partidos cuya duración será de 20 minutos.
Los equipos tendrán, como máximo, 15 jugadores y todos los asistentes participarán en el sorteo de regalos así como también podrán hacerlo en las posibles actividades paralelas.
Los equipos clasificados son los siguientes que deben llevar estos colores de camisetas.
A las 13.00 horas se realizará la habitual entrega de trofeos habiendo galardones para campeón y subcampeón además de medallas.
En la entrega estará el jugador del R.C. Recreativo de Huelva, Juanjo Mateo.
Desde la Delegación Diocesana de Educación y Cultura se agradece la colaboración de la Real Federación Andaluza de Fútbol y a la delegación onubense así como al Decano del fútbol español y al Sporting Club de Huelva por su respaldo a un evento cuyo fin benéfico irá destinado a Cáritas Diocesana de Huelva.
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La Basílica en la que se custodian sus restos mortales es un foco constante de peregrinaciones y visitas, pero especialmente para los sacerdotes, es el lugar donde cada 10 de mayo, coincidiendo con la fiesta del Santo Maestro, piden ante la urna ser sacerdotes santos para servir a la Iglesia.
Este año, el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, ha sido el encargado de presidir la fiesta de San Juan de Ávila ante una Basílica abarrotada de presbíteros que no han querido faltar a su cita anual con el Santo y Doctor de la Iglesia Universal que tantas enseñanzas les ha proporcionado, más aún, en una época en la que se necesitan nuevas energías para evangelizar. “Es muy importante su impulso misionero y es un modelo para todos nosotros, sobre todo para caminar a la santidad, porque si un sacerdote es santo, a su alrededor brota la vida cristiana”, aclamó el obispo de Córdoba ante los medios de comunicación congregados a las puertas de la Basílica avilista antes de la celebración eucarística.
El prelado, en su homilía, aludió también a la Palabra de Dios que se proclamaba en este día de fiesta y que “nos da las pautas para celebrar hoy la eucaristía”. “La Palabra de Dios se extiende gracias a la predicación del Evangelio. Destaco de San Juan de Ávila ese ímpetu misionero en una nueva época en la que a él le tocó evangelizar, en el acompañamiento espiritual, en las cartas -muchas de ellas nos han llegado-, en los Tratados de Reforma, en los Tratados como el ‘Amor de Dios’ lleno de un amor místico a Jesucristo crucificado, la nueva traducción del ‘Audi filia’ o el libro de ‘Sentencias espirituales’… Leer sus escritos y conocer la hondura de un corazón enamorado de Jesucristo, es el secreto de una vida sacerdotal”, explicó el Obispo al tiempo que recordó a los sacerdotes que “no hemos sido llamado para cumplir un horario o unas tareas, sino un sacerdocio de una vida entera entregada sin límite para los demás”.
Haciendo alusión a la vida del Santo, monseñor Demetrio Fernández indicó que en “San Juan de Ávila vemos esta referencia, un espíritu misionero infatigable, que cuidaba el trato personal con Jesucristo”. Dirigiéndose a los presbíteros, el pastor de la Diócesis lanzó una petición: “cuidar y alimentar el pacto de amor y de trato con el Señor cada día”. Explicó cómo muchos sacerdotes ven desproporcionada la tarea que tienen que realizar, pero insistió en que lo más importante es cuidar la vida espiritual. “Si a poca santidad o vida espiritual le metemos más actividad, se seca el sacerdocio, por ello, tenemos que cuidar y alimentar por encima de todo el pacto de amor con el Señor”, subrayó. Asimismo, recordó cómo San Juan de Ávila se dirige al clero con palabras muy incisivas, asegurándole que hay que plantear la vida en clave de santidad. “La fiesta de hoy nos haga a todos reflexionar sobre este aspecto de San Juan de Ávila en el que nos dice que no hay impulso misionero si no hay una vida espiritual cada vez más honda. Podrá haber activismo o rutina, pero si no hay vida, no se transmite ni se genera vida”, afirmó.
Y es que como comentó el prelado de la diócesis cordobesa, “el secreto de San Juan de Ávila es que la vida sacerdotal es una vida cuidada y a partir de ahí, viene la actividad abundante, pero tenemos que ir antes al secreto, a cuidar nuestra relación con Jesucristo”.
Concluyó su homilía instando a los presentes a que la fiesta de San Juan de Ávila “nos devuelva a ese amor primero en el que dimos con alegría el paso de ser sacerdotes para el servicio del Pueblo Santo de Dios. No pongamos pretextos de que el mundo está mal, somos menos o la gente es reacia, porque en todo eso vencemos fácilmente cuando el amor de Cristo está bien alimentado en el corazón”.
Solo aspirando a la santidad, la vida sacerdotal tendrá sentido y, como incidió el Obispo, “solo así los sacerdotes podrán ser sal de la tierra y luz del mundo, más necesaria hoy que nunca”.
Celebración de las Bodas de Oro y Plata sacerdotales
También tuvo un recuerdo especial para aquellos sacerdotes que en este día celebraban sus Bodas de Oro y Plata sacerdotales. Doce en total fueron los presbíteros que cumplían cincuenta y veinticinco años de ministerio, de entrega a Dios, al Pueblo y a su Iglesia.
En este día en el que se celebraba el patrono del clero, el obispo de Córdoba hizo mención especial al cordobés Juan José Aguirre, obispo de Bangassou, quien precisamente este año cumple el día 10 de mayo veinticinco años de su ordenación ministerial “Quiero recordar al obispo de Bangassou, que hace hoy veinticinco años que fue ordenado Obispo y que eligió precisamente esta fecha para que coincidiera con San Juan de Ávila. Que el Señor lo sostenga en su misión en la República Centroafricana donde ha gastado y gastará su vida”, expresó el Obispo de la diócesis de Córdoba.
Asimismo, tuvo presente al nuevo Obispo de Alcalá de Henares, monseñor Antonio Prieto, quien lo acompañó durante la celebración eucarística, y a los sacerdotes que nos han dejado porque han sido llamados a la Casa del Padre. De manera especial, pidió por los jóvenes que van a ser ordenados diáconos y presbíteros próximamente.




























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