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El Papa invita a los comunicadores a hablar con el corazón

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Mensaje del papa Francisco para la LVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que se celebra el domingo 21 de mayo, solemnidad de la Ascensión del Señor, bajo el título de «Hablar con el corazón, «en la verdad y en el amor» (Ef 4,15)».

MENSAJE DEL SANTO PADRE FRANCISCO
PARA LA 57 JORNADA MUNDIAL
DE LAS COMUNICACIONES SOCIALES

Hablar con el corazón,
«en la verdad y en el amor» (Ef 4,15)

Queridos hermanos y hermanas:

Después de haber reflexionado, en años anteriores, sobre los verbos “ir, ver” y “escuchar” como condiciones para una buena comunicación, en este Mensaje para la LVII Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales quisiera centrarme en “hablar con el corazón”. Es el corazón el que nos ha movido a ir, ver y escuchar; y es el corazón el que nos mueve a una comunicación abierta y acogedora. Tras habernos ejercitado en la escucha —que requiere espera y paciencia, así como la renuncia a afirmar de modo prejuicioso nuestro punto de vista—, podemos entrar en la dinámica del diálogo y el intercambio, que es precisamente la de comunicar cordialmente. Una vez que hayamos escuchado al otro con corazón puro, lograremos hablar «en la verdad y en el amor» (cf. Ef 4,15). No debemos tener miedo a proclamar la verdad, aunque a veces sea incómoda, sino a hacerlo sin caridad, sin corazón. Porque «el programa del cristiano —como escribió Benedicto XVI— es un “corazón que ve”» [1]. Un corazón que, con su latido, revela la verdad de nuestro ser, y que por eso hay que escucharlo. Esto lleva a quien escucha a sintonizarse en la misma longitud de onda, hasta el punto de que se llega a sentir en el propio corazón el latido del otro. Entonces se hace posible el milagro del encuentro, que nos permite mirarnos los unos a los otros con compasión, acogiendo con respeto las fragilidades de cada uno, en lugar de juzgar de oídas y sembrar discordia y divisiones.

Jesús nos recuerda que cada árbol se reconoce por su fruto (cf. Lc 6,44), y advierte que «el hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, de su mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla su boca» (v. 45). Por eso, para poder comunicar «en la verdad y en el amor» es necesario purificar el corazón. Sólo escuchando y hablando con un corazón puro podemos ver más allá de las apariencias y superar los ruidos confusos que, también en el campo de la información, no nos ayudan a discernir en la complejidad del mundo en que vivimos. La llamada a hablar con el corazón interpela radicalmente nuestro tiempo, tan propenso a la indiferencia y a la indignación, a veces sobre la base de la desinformación, que falsifica e instrumentaliza la verdad.

Comunicar cordialmente

Comunicar cordialmente quiere decir que quien nos lee o nos escucha capta nuestra participación en las alegrías y los miedos, en las esperanzas y en los sufrimientos de las mujeres y los hombres de nuestro tiempo. Quien habla así quiere bien al otro, porque se preocupa por él y custodia su libertad sin violarla. Podemos ver este estilo en el misterioso Peregrino que dialoga con los discípulos que van hacia Emaús después de la tragedia consumada en el Gólgota. Jesús resucitado les habla con el corazón, acompañando con respeto el camino de su dolor, proponiéndose y no imponiéndose, abriéndoles la mente con amor a la comprensión del sentido profundo de lo sucedido. De hecho, ellos pueden exclamar con alegría que el corazón les ardía en el pecho mientras Él conversaba con ellos a lo largo del camino y les explicaba las Escrituras (cf. Lc 24,32).

En un periodo histórico marcado por polarizaciones y contraposiciones —de las que, lamentablemente, la comunidad eclesial no es inmune—, el compromiso por una comunicación “con el corazón y con los brazos abiertos” no concierne exclusivamente a los profesionales de la información, sino que es responsabilidad de cada uno. Todos estamos llamados a buscar y a decir la verdad, y a hacerlo con caridad. A los cristianos, en especial, se nos exhorta continuamente a guardar la lengua del mal (cf. Sal 34,14), ya que, como enseña la Escritura, con la lengua podemos bendecir al Señor y maldecir a los hombres creados a semejanza de Dios (cf. St 3,9). De nuestra boca no deberían salir palabras malas, sino más bien palabras buenas «que resulten edificantes cuando sea necesario y hagan bien a aquellos que las escuchan» (Ef 4,29).

A veces, el hablar amablemente abre una brecha incluso en los corazones más endurecidos. Tenemos prueba de esto en la literatura. Pienso en aquella página memorable del capítulo XXI de Los novios, en el que Lucía habla con el corazón al Innominado hasta que éste, desarmado y atormentado por una benéfica crisis interior, cede a la fuerza gentil del amor. Lo experimentamos en la convivencia cívica, en la que la amabilidad no es solamente cuestión de buenas maneras, sino un verdadero antídoto contra la crueldad que, lamentablemente, puede envenenar los corazones e intoxicar las relaciones. La necesitamos en el ámbito de los medios para que la comunicación no fomente el rencor que exaspera, genera rabia y lleva al enfrentamiento, sino que ayude a las personas a reflexionar con calma, a descifrar, con espíritu crítico y siempre respetuoso, la realidad en la que viven.

La comunicación de corazón a corazón: “Basta amar bien para decir bien”

Uno de los ejemplos más luminosos y, aún hoy, fascinantes de “hablar con el corazón” está representado en san Francisco de Sales, doctor de la Iglesia, a quien he dedicado recientemente la Carta apostólica Totum amoris est, con motivo de los 400 años de su muerte. Junto a este importante aniversario, me gusta recordar, en esta circunstancia, otro que se celebra en este año 2023: el centenario de su proclamación como patrono de los periodistas católicos por parte de Pío XI con la Encíclica Rerum omnium perturbationem. Intelecto brillante, escritor fecundo, teólogo de gran profundidad, Francisco de Sales fue obispo de Ginebra al inicio del siglo XVII, en años difíciles, marcados por encendidas disputas con los calvinistas. Su actitud apacible, su humanidad, su disposición a dialogar pacientemente con todos, especialmente con quien lo contradecía, lo convirtieron en un testigo extraordinario del amor misericordioso de Dios. De él se podía decir que «las palabras dulces multiplican los amigos y un lenguaje amable favorece las buenas relaciones» ( Si 6,5). Por lo demás, una de sus afirmaciones más célebres, «el corazón habla al corazón», ha inspirado a generaciones de fieles, entre ellos san John Henry Newman, que la eligió como lema, Cor ad cor loquitur. «Basta amar bien para decir bien» era una de sus convicciones. Ello demuestra que para él la comunicación nunca debía reducirse a un artificio —a una estrategia de marketing, diríamos hoy—, sino que tenía que ser el reflejo del ánimo, la superficie visible de un núcleo de amor invisible a los ojos. Para san Francisco de Sales, es precisamente «en el corazón y por medio del corazón donde se realiza ese sutil e intenso proceso unitario en virtud del cual el hombre reconoce a Dios» [2]. “Amando bien”, san Francisco logró comunicarse con el sordomudo Martino, haciéndose su amigo; por eso es recordado como el protector de las personas con discapacidades comunicativas.

A partir de este “criterio del amor”, y a través de sus escritos y del testimonio de su vida, el santo obispo de Ginebra nos recuerda que “somos lo que comunicamos”. Una lección que va contracorriente hoy, en un tiempo en el que, como experimentamos sobre todo en las redes sociales, la comunicación frecuentemente se instrumentaliza, para que el mundo nos vea como querríamos ser y no como somos. San Francisco de Sales repartió numerosas copias de sus escritos en la comunidad ginebrina. Esta intuición “periodística” le valió una fama que superó rápidamente el perímetro de su diócesis y que perdura aún en nuestros días. Sus escritos, observó san Pablo VI, suscitan una lectura «sumamente agradable, instructiva, estimulante» [3]. Si vemos el panorama de la comunicación actual, ¿no son precisamente estas características las que debería tener un artículo, un reportaje, un servicio radiotelevisivo o un post en las redes sociales? Que los profesionales de la comunicación se sientan inspirados por este santo de la ternura, buscando y contando la verdad con valor y libertad, pero rechazando la tentación de usar expresiones llamativas y agresivas.

Hablar con el corazón en el proceso sinodal

Como he podido subrayar, «también en la Iglesia hay mucha necesidad de escuchar y de escucharnos. Es el don más precioso y generativo que podemos ofrecernos los unos a los otros» [4]. De una escucha sin prejuicios, atenta y disponible, nace un hablar conforme al estilo de Dios, que se nutre de cercanía, compasión y ternura. En la Iglesia necesitamos urgentemente una comunicación que encienda los corazones, que sea bálsamo sobre las heridas e ilumine el camino de los hermanos y de las hermanas. Sueño una comunicación eclesial que sepa dejarse guiar por el Espíritu Santo, amable y, al mismo tiempo, profética; que sepa encontrar nuevas formas y modalidades para el maravilloso anuncio que está llamada a dar en el tercer milenio. Una comunicación que ponga en el centro la relación con Dios y con el prójimo, especialmente con el más necesitado, y que sepa encender el fuego de la fe en vez de preservar las cenizas de una identidad autorreferencial. Una comunicación cuyas bases sean la humildad en el escuchar y la parresia en el hablar; que no separe nunca la verdad de la caridad.

Desarmar los ánimos promoviendo un lenguaje de paz

«Una lengua suave quiebra hasta un hueso», dice el libro de los Proverbios (25,15). Hablar con el corazón es hoy muy necesario para promover una cultura de paz allí donde hay guerra; para abrir senderos que permitan el diálogo y la reconciliación allí donde el odio y la enemistad causan estragos. En el dramático contexto del conflicto global que estamos viviendo, es urgente afirmar una comunicación no hostil. Es necesario vencer «la costumbre de desacreditar rápidamente al adversario aplicándole epítetos humillantes, en lugar de enfrentar un diálogo abierto y respetuoso» [5]. Necesitamos comunicadores dispuestos a dialogar, comprometidos a favorecer un desarme integral y que se esfuercen por desmantelar la psicosis bélica que se anida en nuestros corazones; como exhortaba proféticamente san Juan XXIII en la Encíclica Pacem in terris, la paz «verdadera […] puede apoyarse […] únicamente en la confianza recíproca» (n. 113). Una confianza que necesita comunicadores no ensimismados, sino audaces y creativos, dispuestos a arriesgarse para hallar un terreno común donde encontrarse. Como hace sesenta años, vivimos una hora oscura en la que la humanidad teme una escalada bélica que se ha de frenar cuanto antes, también a nivel comunicativo. Uno se queda horrorizado al escuchar con qué facilidad se pronuncian palabras que claman por la destrucción de pueblos y territorios. Palabras que, desgraciadamente, se convierten a menudo en acciones bélicas de cruel violencia. He aquí por qué se ha de rechazar toda retórica belicista, así como cualquier forma de propaganda que manipule la verdad, desfigurándola por razones ideológicas. Se debe promover, en cambio, en todos los niveles, una comunicación que ayude a crear las condiciones para resolver las controversias entre los pueblos.

En cuanto cristianos, sabemos que es precisamente la conversión del corazón la que decide el destino de la paz, ya que el virus de la guerra procede del interior del corazón humano [6]. Del corazón brotan las palabras capaces de disipar las sombras de un mundo cerrado y dividido, para edificar una civilización mejor que la que hemos recibido. Es un esfuerzo que se nos pide a cada uno de nosotros, pero que apela especialmente al sentido de responsabilidad de los operadores de la comunicación, a fin de que desarrollen su profesión como una misión.

Que el Señor Jesús, Palabra pura que surge del corazón del Padre, nos ayude a hacer nuestra comunicación libre, limpia y cordial.

Que el Señor Jesús, Palabra que se hizo carne, nos ayude a escuchar el latido de los corazones, para redescubrirnos hermanos y hermanas, y desarmar la hostilidad que nos divide.

Que el Señor Jesús, Palabra de verdad y de amor, nos ayude a decir la verdad en la caridad, para sentirnos custodios los unos de los otros.

Roma, San Juan de Letrán, 24 de enero de 2023, memoria de san Francisco de Sales.

FRANCISCO

[1] Carta enc. Deus caritas est, 31.

[2] Carta ap. Totum amoris est (28 diciembre 2022).

[3] Epístola ap. Sabaudiae gemma, con motivo del IV Centenario del nacimiento de san Francisco de Sales, doctor de la Iglesia (29 enero 1967).

[4] Mensaje para la LVI Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales (24 enero 2022).

[5] Carta enc. Fratelli tutti (3 octubre 2020), 201.

[6] Cf. Mensaje para la 56 Jornada Mundial de la Paz (1 enero 2023).

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Federico Castellón: «Las patentes sanitarias del siglo XX eran como el pasaporte COVID actual»

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Publicado: 15/05/2023: 68

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La imagen de la Virgen de la Victoria en las patentes sanitarias del siglo XX son el tema que Federico Castellón, archivero de la Cofradía de los Dolores de San Juan y devoto de la Virgen de la Victoria, explica en el podcast Victoria, Gloria a Ti, en los estudios de la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga.

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Pilar Gallardo: «El objetivo de esta visita es un primer contacto con la Iglesia en Melilla y escuchar para un futuro trabajo diocesano conjunto»

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NoticiaMigraciones

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Publicado: 15/05/2023: 52

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Finita, hermana blanca: «Nuestro fundador nos envió como mujeres apóstoles»

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NoticiaPodcasts diocesanos

La hermana Finita tras la grabación del podcast // E. LLAMAS

Publicado: 15/05/2023: 24

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Puntada sin Hilo

Misionera de Nuestra Señora de África que ha vivido 49 años en diversos países de África, su nombre es Josefina Martínez Cánovas, más conocida como Finita, y se encuentra destinada en Málaga, dispuesta a seguir creando puentes entre las personas y las culturas. En este podcast cuenta

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Jesús Juárez: «En Santa Rosa de Lima ponemos el acento en la formación y el empleo con personas con necesidades urgentes»

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Encarni Llamas Fortes

Encarni Llamas Fortes es madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo.

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Fallecimiento del sacerdote de la prelatura del Opus Dei, D. Amador García Bañón

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Hoy hemos conocido el fallecimiento de Don Amador García Bañón, sacerdote de la prelatura del Opus Dei, que ha desarrollado gran parte de su ministerio presbiteral en nuestra diócesis. La misa exequial se celebrará mañana lunes 15 de mayo a las 10 de la mañana en la Iglesia de San Antonio de Padua de Ciudad Jardín donde, a pesar de la limitación de la edad, seguía atendiendo con alegría el confesionario. El velatorio se instalará en el mismo templo parroquial de San Antonio a partir las 13,30h. de hoy domingo.

Lo ponemos en la presencia del Dios, acogiéndonos a la intercesión de San Indalecio, cuya fiesta celebramos mañana, con la esperanza de que el Padre recompensará generosamente su ministerio.

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Domingo VI de Pascua. Ciclo A. 14 de mayo de 2023

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Domingo VI de Pascua. Ciclo A. 14 de mayo de 2023

Nuevamente Jesús habla con un leguaje trinitario al referirse a Dios y al revelarnos a cada una de las tres divinas personas. Nos muestra la novedad de Dios que se hace presente en nosotros de una nueva manera diferente a través de Cristo.

Ya no es el Dios inaccesible y distante, sino que es el Dios que ha venido a quedarse y morar en cada uno de nosotros y en la comunidad cristiana.

Cristo se va, pero no nos deja huérfanos, nos promete el Espíritu Santo que nos aporta una nueva vida y forma de estar en el mundo.

El amor es la clave, que, como nueva normativa, le dará sentido a nuestra identidad de discípulos y discípulas del Señor, que será la nueva manera de relacionarnos con Dios y con los demás, en una creación nueva en la que todo ha quedado sacralizado por el Resucitado; y en donde Dios se hace presente en todas partes y en todo lo creado.

DESARROLLO

Este relato del evangelio de Juan continua con el discurso de despedida de Jesús, el cual anuncia, promete y revela una nueva presencia: la presencia de Dios en la comunidad cristiana y en cada miembro, cambiando así el antiguo concepto de Dios y de su relación con el hombre.

En el Antiguo Testamento se concebía a Dios como una realidad externa al hombre y distante de él, por lo que la relación con Dios se establecía a través de mediaciones, destacando el templo y la ley, de cuya observancia y cumplimiento dependía la obtención del favor divino. El hombre era considerado un siervo de Dios, quedando el mundo en la esfera de lo profano y Dios en la esfera de lo sagrado, pareciendo que había dos mundos (el profano y el sagrado) diferentes y distantes entre sí. El hombre tenía que renunciar así mismo para creer en Dios y estar en su presencia.

Jesús desmonta esta concepción de Dios y el modo de relación con Él, y lo expresa de tres modos totalmente nuevos: su vuelta y nuevo vivir en nosotros; la donación del Espíritu Santo; y la venida del Padre y del Hijo a cada uno de nosotros. Ahora la comunidad cristiana y cada uno de sus miembros se convierten en morada de la divinidad, es decir, la misma realidad humana se hace templo de Dios. Dios santifica al hombre y, a través de éste, a toda la creación.

El Padre ya no es un Dios lejano e inaccesible para el hombre, y buscar a Dios a partir de ahora supone el dejarse encontrar por Él.

Ya no somos siervos ni rivales de Dios, sino sus hijos y sus amigos, en una relación de amor que conlleva la aceptación de su voluntad, que es la que determina el que podamos sentir en nuestro interior su presencia viva, lo que hace que nuestra vida comience a dar frutos.

Ser cristiano y pertenecer a la Iglesia no es levantar muros ni echar cerrojos para defendernos de los ataques de los paganos, de los herejes y de los ateos. Ni es quedarnos en la seguridad que nos da el cumplimiento de normas, tradiciones y lo ya caminado, sino que supone abrirnos al Espíritu Santo, a lo novedoso de un Dios que nunca controlaremos, a vivir a corazón abierto el Evangelio y amar con toda la fuerza y todas las ganas.

El peligro de siempre es el no creer en el Espíritu Santo o arrinconarlo. No se le ve, pero se le siente cuando somos capaces de dejarnos sorprender por su actuar en nosotros, cuanto más vamos experimentando que sin Él no somos ni tenemos nada. Ya no hay que buscar el éxito, el placer ni el cumplimiento de leyes de manera mecánica…, sino que ser cristiano es amar y dejarse amar por el Espíritu, sentir que nuestra vida no está hecha y dejarnos hacer por Él.

Emilio José Fernández, sacerdote

http://elpozodedios.blogspot.com/ 

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Con confirmaciones y la Misa estacional terminó la visita pastoral a Cúllar y sus anejos

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Con confirmaciones y la Misa estacional terminó la visita pastoral a Cúllar y sus anejos

Con la Misa estacional terminó la visita pastoral del obispo de Guadix a la parroquia de Cúllar y sus anejos. Fue el sábado 13 de mayo, por la tarde, después de cinco jornadas recorriendo los numerosos anejos con los que cuenta esta población del norte de la diócesis.

Acompañado por el párroco, Damián Pérez, y el vicario parroquial, Cedric Ateba, Mons. Orozco compartió con los cullarenses lo vivido en estos días que ha pasado con ellos, conviviendo y conociéndose mutuamente. Además, en el transcurso de la Misa, el obispo confirmó a un grupo de jóvenes, que se han venido preparando para este sacramento durante los últimos años.
Antes de la Misa del sábado, el obispo se reunió en la parroquia con las hermandades y con las personas que están implicadas en la vida pastoral de la misma, como los catequistas y los miembros de los consejos de pastoral, de economía y de Cáritas.
El día anterior, el viernes 12 de mayo, Mons. Orozco también lo pasó en Cúllar. Por la tarde estuvo en Venta del peral, pero por la mañana visitó los dos centros educativos con los que cuenta Cúllar, el colegio y el instituto, en los que el obispo dialogó con los alumnos y con los profesores.
Esa mañana del viernes D. Francisco Jesús se pudo acercar a varios comercios y empresas de la localidad y continuó con la visita a los enfermos y mayores. Por la tarde, se desplazó a la parroquia del vecino anejo de Venta del Peral.
Con estos dos últimos días se ha puesto fin a una visita pastoral que comenzó el jueves 4 de mayo y se ha prolongado hasta el sábado día 13. En este tiempo, durante 5 jornadas, el obispo ha podido conocer más esta zona del norte de la provincia y, sobre todo, le han podido conocer de cerca a él los feligreses de esta extensa parroquia.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Venta del Peral, en Cúllar, recibió al obispo en visita pastoral

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Venta del Peral, en Cúllar, recibió al obispo en visita pastoral

 

La parroquia de Venta del Peral, uno de los anejos de Cúllar, también recibió la visita pastoral del obispo. Fue el viernes 12 de mayo, por la tarde, en el transcurso de la visita pastoral que está realizando D. Francisco Jesús Orozco a la parroquia de Cúllar y sus anejos.

A Venta del Peral se desplazó D. Francisco Jesús el viernes por la tarde. A pesar del frio, los feligreses recibieron al obispo en el cementerio, para rezar juntos por los difuntos. Antes, el obispo les habló del sentido de una visita pastoral y de lo importante que es para un obispo, no solo para la parroquia.

Tras el responso, todos se desplazaron a la iglesia parroquial para celebrar la Eucaristía. Antes, pudieron conversar sobre la parroquia y sobre sus problemas e inquietudes. Además, en la celebración de la Eucaristía, el obispo bendijo la restauración que se ha hecho en el templo de la solería, en el que se ha instalado un nuevo suelo. Un motivo más de alegría y celebración, que se sumó a la visita pastoral.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

 

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Lecturas del VI Domingo de Pascua (Ciclo A)

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Primera Lectura

Hechos de los Apóstoles 8, 5-8. 14-17

Les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo

En aquellos días, Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, se enteraron de que Samaría había recibido la palabra de Dios, enviaron a Pedro y a Juan; ellos bajaron hasta allí y oraron por ellos, para que recibieran el Espíritu Santo; pues aún no había bajado sobre ninguno; estaban solo bautizados en el nombre del Señor Jesús. Entonces les imponían las manos y recibían el Espíritu Santo.

Salmo 65, 1b-3a. 4-5. 6-7a. 16 y 20

Aclamad al Señor, tierra entera.

  • Aclamad al Señor, tierra entera; tocad en honor de su nombre, cantad himnos a su gloria. Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!».
  • Que se postre ante ti la tierra entera, que toquen en tu honor, que toquen para tu nombre. Venid a ver las obras de Dios, sus temibles proezas en favor de los hombres.
  • Transformó el mar en tierra firme, a pie atravesaron el río. Alegrémonos en él. Con su poder gobierna eternamente.
  • Los que teméis a Dios, venid a escuchar, os contaré lo que ha hecho conmigo. Bendito sea Dios, que no rechazó mi súplica ni me retiró su favor.

Segunda Lectura

1 Pedro 3, 15-18

Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu

Queridos hermanos:

Glorificad a Cristo el Señor en vuestros corazones, dispuestos siempre para dar explicación a todo el que os pida una razón de vuestra esperanza, pero con delicadeza y con respeto, teniendo buena conciencia, para que, cuando os calumnien, queden en ridículo los que atentan contra vuestra buena conducta en Cristo.

Pues es mejor sufrir haciendo el bien, si así lo quiere Dios, que sufrir haciendo el mal.

Porque también Cristo sufrió su pasión, de una vez para siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para conducirnos a Dios. Muerto en la carne pero vivificado en el Espíritu.

Evangelio

Evangelio según san Juan 14, 15-21

 Le pediré al Padre que os dé otro Paráclito

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

«Si me amáis, guardaréis mis mandamientos. Y yo le pediré al Padre que os dé otro Paráclito, que esté siempre con vosotros, el Espíritu de la verdad. El mundo no puede recibirlo, porque no lo ve ni lo conoce; vosotros, en cambio, lo conocéis, porque mora con vosotros y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, volveré a vosotros. Dentro de poco el mundo no me verá, pero vosotros me veréis y viviréis, porque yo sigo viviendo. Entonces sabréis que yo estoy en mi Padre, y vosotros en mí y yo en vosotros. El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él».

Comentario Bíblico de Álvaro Pereira

A primera vista, llama la atención que Jesús use la expresión “otro Paráclito”. Es bien sabido que este término designa al Espíritu Santo. Por ello, para comprender las palabras del Señor se hace necesario precisar el significado original del vocablo. Hace referencia a aquel que es llamado junto a uno para defensa y socorro; se suele traducir abogado, defensor, intercesor, consolador; para no perder ninguno de esos matices se conserva el vocablo griego. Ahora bien ¿Por qué “otro”? Si prestamos atención observaremos que, todo cuando se dice acerca del Espíritu como Paráclito, ha sido aplicado virtualmente en otros pasajes del Evangelio a Jesús. Es también un enviado del Padre, aunque a petición de Jesús (Jn 14,16); ambos son calificados como verdad y vienen a enseñar (Jn 14,6.17); su presencia se convierte en un juicio a este mundo, según la aceptación o rechazo (Jn 1,11-12; 14,17).

Esta similitud de funciones no coincide en el tiempo, por eso Jesús habla del Paráclito en su discurso de despedida. El Espíritu continúa la misión de Jesús, cuando éste ya ha terminado la suya y ha vuelto al Padre. Como permaneció sobre Jesús en el bautismo, así también su venida permite que los cristianos permanezcamos personalmente en Cristo. El Paráclito hace posible que la relación de amor y proximidad existente entre el Verbo Encarnado y su Padre se convierta en una gracia ofrecida a todos los creyentes, que constituye la culminación del proceso evangelizador (Hch 8,14-17).

La misión del Paráclito se desdobla en dos niveles. Por un lado, es el encargado de enseñar todas las cosas y, por otro, tal enseñanza no atañe a contenido novedoso, sino que posibilita y completa la compresión clara de las enseñanzas de Cristo que antes no eran inteligibles para ellos (Jn 16,12-13). De este modo, los cristianos “dan culto a Cristo en sus corazones” y quedan cualificados para “dar razón de esperanza a todo el que se la pida” (1Pe 3,15)

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