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“El Espíritu Santo nos va a hacer capaces de amar de verdad”

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Monseñor Demetrio Fernández ha presidido la Vigilia de Pentecostés en la Santa Iglesia Catedral

La Delegación de Apostolado Seglar y la Acción Católica de Córdoba han celebrado este sábado la Vigilia de Pentecostés en la Santa Iglesia Catedral. El Obispo de Córdoba ha presidido la eucaristía y en su homilía ha explicado quién es el Espíritu Santo porque, como ha comenzado, “nos resulta un poco difícil imaginárnoslo porque tenemos imagen del Padre, del Hijo pero cuando llegamos al Espíritu Santo patina la imaginación”. El Espíritu Santo es “una fuerza, es una persona, la tercera persona de Dios, una persona divina con la que debemos tratar en el tú a tú del trato con las personas divinas”. Hoy es la fiesta del Espíritu Santo, Pentecostés, que significa que han pasado cincuenta días de la pascua, de la resurrección de Jesucristo, cuando envío el Espíritu Santo prometido. El Espíritu Santo “es una promesa de Dios Padre y de su Hijo Jesucristo” ha añadido el pastor de la Diócesis.

Ha continuado su alocución resaltando que por la liturgia de la Iglesia lo que estamos celebrando acontece, “como si en el cenáculo nos halláramos con los apóstoles y María”. En esta tarde, ha pedido, que nuestra oración “sea una invocación confiada”. Que el Espíritu “purifique nuestros corazones, que nos fortalezca y nos ilumine, que esté con nosotros y nos haga fácil la vida cristiana”. El Espíritu Santo es la fuerza que ha enviado Jesucristo para que lo renueve todo, esa renovación se irá extendiendo a toda la sociedad.

El mundo contemporáneo necesita el Espíritu Santo y por eso la Iglesia lo invoca. Es Él el que nos va a hacer capaces de amar de verdad. Viene a enseñarnos a amar, nos pone de ejemplo a Jesús porque amar es entregarse en favor de los demás.

El lema de este año “Juntos anunciamos lo que vivimos” nos recuerda que estamos en el clima sinodal en el que el Papa Francisco ha introducido a toda la iglesia. El Espíritu Santo es comunión en Dios y en nosotros y la tarea de la Iglesia no es vivir encerrada en sí misma. Por el contrario, hoy es necesario el anuncio de Jesucristo, su evangelio y la buena nueva, desde la vivencia. La evangelización se realiza por el testimonio de la vida.

La vigilia de oración ha terminado con la exposición del Santísimo.












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El Nuncio llega al Santuario de la Virgen del Rocío y reza ante la Blanca Paloma

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El Nuncio llega al Santuario de la Virgen del Rocío y reza ante la Blanca Paloma

El Nuncio de Su Santidad en España, Bernardito Cleopas, ha llegado a la aldea del Rocío pasadas las 19.00 horas de este sábado tras pasar la mañana en Sevilla en la ordenación episcopal de D. Teodoro León y D. Ramón Valdivia como obispos auxiliares de la Archidiócesis sevillana.

Bernardito Cleopas, acompañado del obispo de Huelva, Santiago Gómez, ha visitado el templo rociero donde ha rezado ante las plantas de la Blanca Paloma y junto al presidente de la Hermandad Matriz, Santiago Padilla, ha ido conociendo los diferentes rincones del Santuario

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Monseñor Rico Pavés presente en la Consagración Episcopal de los dos nuevos Obispos Auxiliares de la Iglesia de Sevilla

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El Sr. Obispo de Asidonia-Jerez, acompañado de los demás prelados de las Diócesis de España, han estado presente en el primer templo de la Archidiócesis de Sevilla en la toma de posesión de sus dos nuevos Obispos Auxiliares.

El primer templo de la Archidiócesis de Sevilla ha acogido esta mañana a las 11hrs la Consagración Episcopal de sus dos nuevos Obispos Auxiliares, D. Ramón Valdivia y D. Teodoro León. En esta celebración ha estado presente la Iglesia Asidonense con la figura de Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. El pastor diocesano ha querido compartir junto a los demás prelados de la Iglesia en España allí presentes este momento de alegría para la Iglesia Hispalense. Cabe mencionar como dato histórico de la Archidiócesis de Sevilla que este hecho no se vivía desde el episcopado del Cardenal D. José Bueno Monreal, siendo uno de sus Obispos Auxiliares D. Rafael Bellido Caro. Asimismo, otro dato a destacar es que este prelado, primer Obispo de Asidonia-Jerez, es nacido en Arcos de la Frontera, localidad que actualmente pertenece a Asidonia-Jerez, y que en aquel momento era parte de la Archidiócesis de Sevilla hasta el año de la creación de la Iglesia Asidonense en 1980.

Igualmente como dato de interés cabe añadir, que a partir de ahora aumenta el episcopado en las Diócesis de Andalucía al sumar dos nuevos Obispos. Asimismo, también ocurre lo mismo en la Provincia Eclesiástica de Sevilla, a la cual pertenece Asidonia-Jerez junto a Cádiz y Ceuta, Canarias, Córdoba, Huelva y Tenerife.

Por último, recordar que Monseñor José Rico Pavés estará presente mañana en la aldea del Rocío, participando en la Misa de Romeros. Esta celebración estará presidida por el Sr. Nuncio de Su Santidad en España, Monseñor Bernardito Auza con motivo cumplirse el 30 aniversario de la visita de San Juan Pablo II.

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Mons. Ramón Valdivia: “Quiero tener presente a la Iglesia y a los pastores que sufren la persecución y el martirio”

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Mons. Ramón Valdivia: “Quiero tener presente a la Iglesia y a los pastores que sufren la persecución y el martirio”

Texto íntegro del discurso de acción de gracias de monseñor Ramón Valdivia al término de la ceremonia de ordenación epiascopal celebrada en la catedral de Sevilla:

 

“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo”. Me conmuevo al pensar que estas sean las primeras palabras que os dirija como Obispo auxiliar.

Sois testigos de cómo la Iglesia, a través de estos ritos, nos ha consagrado para su servicio, para que seamos vuestros pastores. Mientras pedíais a la Iglesia del Cielo la gracia de Cristo, me postraba por tierra, reconociendo mi pobreza y debilidad. Pero Él es más potente que mi indignidad, y me permite decirle con toda verdad: ¡Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero! Gracias, Trinidad insondable, por haberme elegido de entre vosotros y para vosotros, para que, en este ministerio, no baste solo mi respuesta a Su gracia, sino la compañía de cada uno de vosotros, que sois Su cuerpo. Por eso nos repite: ¡A vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer!

Ese amor del Padre y del Hijo revela que mi primera misión no es otra que la de secundar Su iniciativa en la nueva comunidad en la que Él me ha insertado, la comunión con Vd., Sr. arzobispo y con D. Teodoro, como la expresión más concreta y cercana del colegio episcopal, sub Petro et cum Petro. Gracias a los dos por vuestra acogida, y por favor, tened paciencia conmigo.

Transmita, Sr. Nuncio, mi gratitud al Santo Padre Francisco, por la confianza que ha depositado en mí, para que participe en esta comunión que se extiende más allá de las limitaciones geográficas de nuestra archidiócesis, como muestra la presencia de D. José Mazuelos, obispo de Canarias, y la de los señores arzobispos y obispos venidos de otros lugares. Gracias por vuestra afectuosa recepción en el Colegio episcopal, también expresada por la oración de aquellos que hoy no pueden estar aquí, como la de nuestro querido D. Juan José Asenjo.

La misión de servir como autoridad en la Iglesia la cumplió Jesucristo dando la vida por sus amigos. Como yo solo no puedo, durante esta hermosa celebración, he tenido a mi lado, a quienes me han acompañado y sostenido, entre otros, en mi camino sacerdotal: D. Manuel Palma y D. Patricio Gómez. Juntos hemos comprobado cómo es verdad que no hay mayor gozo que dar la vida por los amigos. Ahora, el Señor extiende esta amistad a todos vosotros, a mis hermanos sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, miembros de la Vida Consagrada, a los laicos, ¡a toda la Archidiócesis! Os quiero servir con la humildad de quien reconoce que el fruto del officium amoris, que diría san Agustín, es desproporcionado, como el ciento por uno.

Prueba de ello, es veros a todos vosotros, como otra muestra del amor de Dios que quiero agradecer, especialmente a mi familia más cercana, ¡gracias, mamá!; a mis amigos, a los paisanos y feligreses de mi parroquia de Ntra. Sra. de la Asunción de Osuna; a los amigos de la universidad y de Comunión y Liberación; a mis compañeros de seminario que fuimos ordenados en este mismo altar de manos de Fray Carlos Amigo; a mis primeros feligreses de la Motilla, a mi querida Mairena del Alcor; a los seminaristas que hoy son sacerdotes, y a los seminaristas que perseveran, a pesar de mis clases. A aquellos con los que hemos construido la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla; a mis compañeros del CEU Cardenal Spínola; al Excmo. Cabildo Catedral, gracias por la organización de esta celebración; y de un modo especial, a toda la parroquia de San Roque, a la que debo tanto…; y a las demás instituciones eclesiásticas, civiles, militares y académicas. A todos, gracias por vuestra presencia y por el afecto manifestado en estos días previos a esta consagración.

Nuestra Iglesia no cabe entre estos hermosos muros, por eso, mi oficio pastoral de amar quiere alcanzar también a los misioneros, expandidos por todo el orbe, según el mandato pascual del Señor. Desde aquí quisiera abrazar a amigos que están en República Dominicana, en El Salvador y Guatemala, en Ecuador, en Perú, en Rusia, en Chile, también en Malawi, y en Francia, Bélgica o Luxemburgo.

Quiero tener presente a la Iglesia y a los pastores que sufren la persecución y el martirio, también en nuestros días. ¡En ese silencio clamoroso, sus piedras vivas están gritando el bendito nombre de Dios! ¡Gracias por vuestro sufrimiento ofrecido con amor, que fortalece nuestra fidelidad! Pido, en este momento, el Espíritu consolador para quienes sufren, lloran, están desnudos y hambrientos, presos, en soledad o enfermedad. Tengan la certeza de que Dios les cuenta entre los suyos, de que Dios los ama. Para ellos, preferentemente, me pide la Iglesia que me entregue, a ejemplo de Jesucristo, Buen Pastor.

La misión recibida tampoco se mengua por alta que sea la torre de la Giralda, sino que se eleva también al Cielo, meta deseada también por este nuevo obispo para su padre, Manuel, y por nuestros difuntos, que esperan la resurrección de la carne.

Finalmente, invoco la protección Santa María, la Virgen, la audacia de los mártires y la cercanía de los santos y beatos hispalenses, para que me ayuden a ser fiel, de modo que, como dijo san Pablo: “por mi vida o por mi muerte, que Cristo sea glorificado en mi cuerpo” (Flp 1, 20).

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Mons. Teodoro León: “Soy consciente de que recibo el ministerio episcopal en unos tiempos que no son fáciles para la Iglesia”

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Mons. Teodoro León: “Soy consciente de que recibo el ministerio episcopal en unos tiempos que no son fáciles para la Iglesia”

Texto íntegro del discurso de acción de gracias de monseñor Teodoro León, al término de la ceremonia de ordenación episcopal celebrada en la Catedral de Sevilla:

 

El Señor Jesús, nuestro Salvador y Redentor, me ha elegido para ser sucesor de los Apóstoles. Mi respuesta, ante este nuevo ministerio, está llena de confianza y esperanza porque, como en el día de mi ordenación sacerdotal, a Jesús le basta mi pobre amor, y, conociendo todas mis miserias, me dice de nuevo, como le dijo a San Mateo: “Sígueme”.

Soy consciente de que recibo el ministerio episcopal en unos tiempos que no son fáciles para la Iglesia. Se extiende el horizonte de la superficialidad y de la indiferencia religiosa en la vida de muchas personas, crece la increencia y el secularismo, es frecuente la ridiculización de la Iglesia y hasta la persecución de los cristianos, que en muchos países entregan su vida por su fe.

El Señor llama al Obispo personalmente, no para trabajar solo, sino para que forme parte del Colegio Episcopal, que sucede a los Doce. Y entre nosotros hay uno que nos preside, guía y confirma: el Santo Padre, Francisco, que ocupa el lugar del Apóstol Pedro. Señor Nuncio Apostólico de Su Santidad, haga llegar al Papa mi afecto filial y mi gratitud más sincera por la confianza que me ha manifestado llamándome a este ministerio; y mi propósito de trabajar, bajo la guía de nuestro Arzobispo, con fidelidad a su magisterio.

Gracias a Ud. Sr. Arzobispo, querido D. José Ángel, por todo el cariño e interés que ha puesto para que sea su obispo auxiliar. Lo recibo como continuación de la confianza con la que me ha distinguido desde que tomó posesión de la Archidiócesis de Sevilla, incluso en la renovación de mi cargo como vicario general, y, sin duda, como prenda del afecto fraterno y la ayuda que me ofrecerá en el camino del servicio episcopal que hoy inicio.

Me dirijo con afecto a los señores Obispos, que hoy nos honran con su presencia en esta celebración y expresan nuestra comunión afectiva y efectiva en el Colegio Episcopal. Saludo también a los señores Obispos del Sur de España. Gracias por vuestra acogida fraterna, que me habéis dispensado desde el primer momento que fui nombrado secretario general de la Asamblea de los Obispos del Sur de España.

Cuando valoro mi entrega a Cristo, mi pensamiento se dirige a mi familia; a mis profesores de Cáceres, Sevilla y Roma; a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos, que dirige en Roma el Pontificio Colegio Español de San José, donde residí durante cinco años; al Instituto Religioso de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, mi segunda familia; al Instituto Religioso Esclavos de María y de los Pobres, donde recibí el cimiento de la formación cristiana y cuyo fundador está en proceso de canonización; al Cardenal Amigo Vallejo, a Mons. Juan José Asenjo Pelegrina y Mons. Santiago Gómez Sierra.

Asimismo, cómo no recordar el servicio pastoral que he prestado en las parroquias de Guadalema de los Quintero, El Torbiscal, El Palmar de Troya, Trajano, Trobal, Pinzón, San Isidoro, de la ciudad de Sevilla; en la Iglesia Colegial del Divino Salvador, en la Asociación de Fieles de la Virgen de los Reyes y San Fernando, en la Adoración Nocturna masculina y femenina, en la curia diocesana y en toda la Archidiócesis. Agradezco de corazón las representaciones de los lugares citados, que Dios os lo pague.

Y a vosotros, hermanos canónigos del Excelentísimo Cabildo Catedral, a los cantores, a la coral, que dirige don Herminio, a los sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, contemplativas, especialmente las dominicas, jerónimas, carmelitas, agustinas, clarisas y cistercienses, que durante muchos años me habéis encomendado al Señor y seguiréis haciéndolo; a los seminaristas, a la Real Maestranza de Caballería de Sevilla, a la Orden de San Clemente y San Fernando, a la Real Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría de Sevilla; movimientos y asociaciones, hermandades y cofradías, familias cristianas, fieles todos, solo puedo deciros esto: aquí estoy para serviros con el ministerio episcopal recibido, bajo la guía de nuestro Arzobispo.

Saludo también con respeto a las autoridades civiles, militares, judiciales y universitarias de la Comunidad Autónoma de Andalucía, de la provincia y de la ciudad de Sevilla que tan amablemente habéis querido acompañarnos.

Seguid pidiendo conmigo al Señor para que por intercesión de los santos hispalenses, Santa Ángela de la Cruz, Santa María de la Purísima, el Venerable padre José Torres Padilla y la asistencia materna de la Santísima Virgen María, invocada en Sevilla con el dulce nombre de la Virgen de los Reyes, sepa servir a esta Iglesia diocesana y a la Iglesia universal. Amén.

 

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Mons. Saiz: “El Obispo se ha de distinguir por la búsqueda continua de la voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de Cristo”

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Mons. Saiz: “El Obispo se ha de distinguir por la búsqueda continua de la voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de Cristo”

Homilía del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz, en la misa de ordenación episcopal de los dos nuevos obispos auxiliares de Sevilla:

  1. Nos hemos reunido en torno al altar del Señor en esta Catedral de Santa María de la Sede, de Sevilla, por un motivo solemne y gozoso: la ordenación episcopal de Mons. Teodoro León Muñoz y de Mons. Ramón Valdivia Jiménez, llamados a ser Sucesores de los Apóstoles. Quiero expresar mi saludo agradecido a todos los hermanos y hermanas presentes en esta celebración. En primer lugar, al Sr. Nuncio de Su Santidad en España, con el ruego de que haga llegar al Santo Padre Francisco mi agradecimiento por la confianza depositada, y el testimonio de mi cordial comunión y adhesión a su persona y a su magisterio. Saludo a los Arzobispos y Obispos presentes, signo visible de la comunión y colegialidad episcopal.
  2. Un saludo fraternal a los miembros del Colegio de Consultores y del Cabildo metropolitano, a los vicarios episcopales, a los delegados episcopales y diocesanos, a todos los hermanos sacerdotes del clero secular y regular, y a los diáconos; también a los seminaristas, a los miembros de Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apostólica, al Ordo Virginum y a las comunidades de vida contemplativa. Saludo a todos los fieles laicos, a las familias, a los jóvenes, presente y futuro de la Iglesia y de la sociedad; a los miembros de instituciones caritativas y sociales, de movimientos, asociaciones y diferentes realidades eclesiales; a los miembros de las hermandades y cofradías. Saludo a los aquí presentes y a los que participáis en la celebración a través de los medios de comunicación, en particular a los ancianos y a los enfermos.
  3. Un saludo respetuoso y cordial a las Excelentísimas autoridades civiles, militares, judiciales y académicas de la Comunidad Autónoma de Andalucía, de la provincia y de la ciudad de Sevilla.

Un saludo especial a don Teodoro y a don Ramón, y a vuestras familias, especialmente a vuestras madres, y la memoria agradecida de vuestros padres.

  1. La Palabra de Dios que hemos escuchado nos hace presente el misterio de la vocación, de la llamada de Dios, que interpela y compromete al ser humano en su totalidad. Dios llama y confía una misión, y aunque la persona responda desde la conciencia de su pequeñez e incapacidad, el Señor confirma su vocación y encarga la misión de ir sin miedo allá donde sea enviado y de anunciar el mensaje que le sea confiado. Profetas y Apóstoles, a lo largo de la historia, han vivido entregados en cuerpo y alma a la misión encomendada, y han sido un signo constante de contradicción, y en medio de no pocas vicisitudes, su mensaje de esperanza ha sido iluminador para las personas y las situaciones.
  2. La historia de toda vocación sacerdotal es la historia de un diálogo inefable entre Dios y el hombre, entre el amor de Dios que llama y la libertad de quien le responde. Este modelo de llamada y respuesta, de iniciativa de Dios y de libertad responsable del ser humano, aparece siempre en las escenas vocacionales a lo largo de la Sagrada Escritura y de la historia de la Iglesia. Ahora bien, la iniciativa de la llamada pertenece siempre a Dios, tal como queda reflejado en las palabras de Jesús a los apóstoles: «No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca» (Jn 15, 16).
  3. Toda vocación cristiana tiene lugar en la Iglesia y a través de ella, porque Dios ha querido santificar y salvar a los hombres convocándolos y uniéndolos como pueblo elegido, que es la Iglesia. Toda vocación cristiana, en sus variadas formas, es un don destinado a la edificación de la Iglesia. Esto se realiza de una manera específica en la vocación sacerdotal, que es una llamada, a través del sacramento de la Orden, a ponerse al servicio del Pueblo de Dios con una peculiar pertenencia y configuración con Jesucristo.
  4. Timoteo fue el primer obispo de Éfeso. Fue un íntimo colaborador de san Pablo, que le alienta a permanecer firme en la doctrina recibida, como hemos escuchado en la segunda lectura. Le recomienda reavivar el don de Dios que está en él por la imposición de sus manos, el carisma episcopal que Timoteo ha recibido. En virtud de este carisma, está llamado a vivir con confianza y sabiduría, en medio de las dificultades presentes, en la labor de anuncio del Evangelio. San Pablo le invita a vivir poniendo el acento en la acción eficaz y gratuita de Dios, revelada ahora con Cristo y condensada en el anuncio evangélico. Como él, también nosotros sabemos de quien nos hemos fiado.
  5. Queridos Ramón y Teodoro: habéis sido llamados al Episcopado. En virtud de la consagración episcopal recibiréis la plenitud del sacramento del Orden y seréis configurados ontológicamente con Jesucristo como Pastores en su Iglesia y constituidos miembros del Colegio Episcopal. Os convertiréis en sacramento de Cristo mismo presente en su pueblo, anunciando la Palabra, administrando los sacramentos de la fe y guiando a su Iglesia. Vuestro ministerio episcopal queda articulado según esa triple función de enseñar, santificar y regir, como participación de la misión de Cristo.
  6. Vuestra misión principal será por un lado anunciar el Evangelio a todo el mundo, cumpliendo el mandato del Señor, llevar a los pobres su anuncio gozoso, para que todos los hombres reciban la salvación por medio de la fe, para que reciban la verdadera libertad y esperanza que permiten vivir al ser humano como hijo de Dios. Enseñar la Palabra de Dios, e invitar a todos a la conversión y a la santidad. Con una predicación que anuncia la Palabra de Dios no sólo de forma general, sino aplicando la verdad perenne del Evangelio a las circunstancias concretas de la vida de las personas.
  7. Esta misión comporta también ayudar a curar la herida interior del ser humano, su lejanía de Dios, por medio de los sacramentos, que son las fuentes de la misericordia de Dios. Como dispensadores de los misterios de Dios, ayudaréis a la santificación de las personas y al crecimiento de la Iglesia. Finalmente, se os confía plenamente el oficio pastoral, es decir, el cuidado habitual y cotidiano de las ovejas, actualizando la autoridad y el servicio de Jesucristo guiando y sirviendo a la comunidad eclesial. Se trata de reflejar la paternidad de Dios con vuestra vida y ministerio, reflejar la bondad, la mansedumbre y la humildad de Cristo y su solicitud por cada persona. De manera especial deberéis entregaros a los más pobres y pequeños, reuniendo y conduciendo a la comunidad como una familia
  8. Con la consagración episcopal recibiréis una especial efusión del Espíritu Santo que os configura a Cristo, Cabeza y Pastor. Él es la fuente única y permanente de la espiritualidad del Obispo, que está llamado a santificarse y santificar sobre todo en el ejercicio de su ministerio, imitando la caridad del Buen Pastor. La espiritualidad del Obispo es una espiritualidad eclesial, porque todo en su vida se orienta a la edificación de la Santa Iglesia; una espiritualidad de comunión; una espiritualidad de confianza en Dios y de un realismo espiritual que lleva a vivir la llamada a la santidad en medio de dificultades externas e internas, de debilidades propias y ajenas, en definitiva, siguiendo las huellas de Jesucristo Buen Pastor.
  9. “Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos (…) Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Este texto muestra la comunión de destino entre los discípulos y el Maestro y también la humildad y la actitud de servicio que ha de caracterizar en la Iglesia a quienes ejercen mayor responsabilidad, siguiendo el ejemplo del Señor. La autoridad queda transformada en servicio. Cuando el Señor afirma que no ha venido a ser servido, sino a servir, señala un planteamiento permanente de la propia existencia y una entrega continua a los demás de modo desinteresado y humilde. Sólo es posible llevarlo a término desde la confianza absoluta en Dios, viviendo en unión profunda con Cristo, permaneciendo en Él, manso y humilde de corazón, pobre y obediente hasta la muerte en cruz. Servir y dar la vida: este es el resumen de la existencia y de la misión de Jesucristo, este es el único sentido de la vida de quien ha sido llamado al episcopado.
  10. Un servicio y un amor vividos permaneciendo en la amistad con él, en la intimidad que os renueva en este momento trascendental para vosotros. Entonces vuestra vida dará fruto, un fruto que permanece desde la identificación con Jesucristo y siguiendo el ejemplo de María Santísima. Ella se presenta como la esclava del Señor cuando responde con total disponibilidad al anuncio del ángel. La obediencia y la docilidad de María están en plena sintonía con lo que será una constante en la vida de Jesús: «Mi alimento es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra» (Jn 4, 34).
  11. El Obispo se ha de distinguir por la búsqueda continua de la voluntad de Dios, siguiendo el ejemplo de Cristo. Obediencia a la Palabra de Dios y a la autoridad de la Iglesia. Fidelidad a la misión que se le ha confiado. Con libertad de espíritu, con parresía, sin dejarse condicionar por las modas pasajeras o por lo políticamente correcto, anunciando el Evangelio con todas sus consecuencias; sin buscar el poder, ni el prestigio o la estima para sí mismo. La prudencia ha de adornar especialmente su vida y ministerio. La prudencia evangélica, la sabiduría práctica que propicia la realización de la voluntad de Dios. Desde la humildad y la conciencia de la propia debilidad. Armonizando la fortaleza y la mansedumbre, la autoridad del gobierno con la humildad de corazón
  12. Servir dando la vida, este es el único modo de hacer fructificar el don recibido y la misión encomendada. El Señor nos ha confiado unos bienes salvíficos que no nos pertenecen, que son de la Iglesia. Y nosotros hemos de dar cuentas sobre los bienes recibidos. Es preciso hacerlos fructificar siguiendo el ejemplo de Cristo que da la vida en la cruz, que se inmola por la salvación del mundo. Esta cruz y este sacrificio son el signo que distingue de forma radical y transparente al Buen Pastor de quien sólo es mercenario. La caridad pastoral vivida hasta las últimas consecuencias, será el principio que englobe y confiera unidad a vuestra existencia.
  13. Queridos Teodoro y Ramón: seréis Obispos Auxiliares en la Archidiócesis de Sevilla. El Señor os ha elegido y os envía para que deis un fruto abundante y duradero, llevando a cabo vuestra misión desde la confianza en el Señor, presente en la Iglesia todos los días hasta al fin del mundo (cf. Mt 28, 20). Su presencia nos da la fuerza para entregarnos con nuevo ardor y creatividad. El Espíritu Santo, protagonista de la misión, nos guía y acompaña. Os encomendamos a la intercesión de los santos obispos Geroncio, Leandro, Isidoro, y Manuel González, y al beato Marcelo Spínola; a las santas mártires Justa y Rufina, y a la beata Victoria Díez; os encomendamos a san Fernando, a los venerables Miguel Mañara y José Torres, y a las santas Ángela de la Cruz y María de la Purísima. María Santísima, Nuestra Señora de los Reyes, os guiará siempre en la misión. Así sea.

 

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Retransmisión de la ordenación episcopal por TRECE y youtube

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Retransmisión de la ordenación episcopal por TRECE y youtube

La catedral de Sevilla ya acoge a los participantes en la ceremonia de ordenación episcopal de D. Teodoro León y D. Ramón Valdivia como obispos auxiliares de la Archidiócesis de Sevilla.

Puede seguir la misa en directo desde el templo metropolitano, a través de televisión por TRECE (retransmisión conducida por Joaquín de la Peña y Javier Llorente) o vía internet, por el canal de la catedral en youtube.

También puede seguirse en directo a través de Radio María.

DOSSIER informativo.

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Domingo 28 de mayo, Día de Pentecostés, de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

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Domingo 28 de mayo, Día de Pentecostés, de la Acción Católica y del Apostolado Seglar

La Iglesia celebra el día de Pentecostés, este año el 28 de mayo, el Día de la Acción Católica y Apostolado Seglar. «Juntos anunciamos lo que vivimos» es el lema que la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida propone para la Jornada de este año. En la catedral de Guadix, se podrá celebrar todo esto, junto a la delegación de Apostolado Seglar y los movimientos e instituciones que se sumen.

 

¿Cuál es el mensaje de los obispos?

La Jornada de este año, explican los obispos de la Comisión Episcopal para los Laicos, Familia y Vida, “nos invita a todos los bautizados, especialmente a los laicos, a tomar conciencia de la importancia del anuncio explícito de Jesucristo, con palabras y con obras”.

Esta Comisión, anuncian, quiere llevar a cabo un ejercicio de discernimiento sobre el Itinerario del Primer Anuncio pues las conclusiones del proceso sinodal evidencian que es una prioridad pastoral para la Iglesia en España. Además, se recoge como una preferencia en las orientaciones pastorales de la CEE (2021-2025), Fieles al envío misionero.

También “nos urge” a situar el primer anuncio como núcleo y eje de la labor pastoral como Iglesia responder al “cambio de época”: “La sociedad actual, marcada por la secularización y el pluralismo, se coloca cada día más de espaldas a Dios y la mayoría de las personas viven como si Dios no existiera. Si hace unos años la fe fue arrinconada al ámbito privado de la persona, ahora ha sido en muchos casos expulsada incluso de ese espacio. Podemos afirmar que estamos asistiendo a una situación de esquizofrenia creyente, porque se ha establecido una contraposición entre la vida de fe y la vida cotidiana”.

El primer anuncio, matizan, encuentra su fundamento en el mandato expreso de Jesús, “que nos invita a la evangelización: «Id al mundo entero y anunciad el evangelio a toda la creación» (Mc 16,15)”. Y en contexto actual, caracterizado en muchos casos por el desconocimiento y la indiferencia hacia la persona de Jesús, estamos llamados a hacernos presentes, a nivel personal y comunitario, en los espacios públicos para anunciar el kerigma con lenguajes adecuados al interlocutor y especialmente con nuestro testimonio”.

 

Una tarea de todo el pueblo de Dios

Los obispos recuerdan que la misión de anunciar a Jesucristo corresponde a todo el pueblo de Dios y que “la tenemos que realizar juntos, en comunión, en clave de sinodalidad”. El proceso sinodal “está insistiendo en que la comunión y la participación tienen como meta la misión, el anuncio del evangelio. Además, el camino sinodal nos está invitando a sentirnos corresponsables en la misión evangelizadora, superando el clericalismo que nos afecta tanto a los clérigos como a los laicos”.

Los obispos valoran las iniciativas de primer anuncio que ya existen en nuestra Iglesia en España, pero confiesan que “nuestro anhelo es que todos, por el sacramento del bautismo, tomemos conciencia de nuestra vocación de ser anunciadores de Jesucristo, que proclamemos con nuestras palabras y obras el kerigma, el núcleo del evangelio: Jesucristo te ama, ha dado la vida por ti y ha resucitado”.

Por eso, ofrecen unas pautas. Como punto de partida para abordar cualquier cambio pastoral señalan la importancia de la oración, de los sacramentos y de “renovar nuestro encuentro con el Señor” pues “no podemos ser creíbles en el exterior si no cuidamos el interior”.

También es fundamental, explican, comunicar con lenguajes adecuados a aquellos con los que se dialoga. Y hoy “este anuncio debe insertarse en la nueva cultura digital en la que nos movemos”. En este sentido plantean el desafío de convertirse en una presencia evangelizadora en el continente digital.

Otra palabra clave es el testimonio pues nuestro mundo necesita “no tanto maestros como testigos”. Es fundamental “anunciar a Cristo con nuestro modo de vivir” para “tocar el corazón y la mente de los que nos escuchan porque predicamos con nuestra vida”. “Nos duele”, confiesan, que en la síntesis del Sínodo en España “se vea a la Iglesia como una institución reaccionaria y poco propositiva, alejada de la realidad de hoy”.

Como Iglesia “tenemos que situarnos en diálogo con el mundo, ofreciendo la buena noticia del evangelio a tantas personas que están sufriendo, que se sienten marginadas por la sociedad por cualquier motivo”. Estamos llamados a anunciar “al que es la vida, Jesucristo, en medio de las situaciones de muerte, de tristeza o de falta de esperanza que hay a nuestro alrededor”.  

Esta Jornada, que coincide con las elecciones municipales y autonómicas, “nos interpela también a un testimonio cristiano en el mundo de la política, que, en palabras del papa Francisco, «es una altísima vocación, es una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común» (EG 205).

Los obispos terminan su mensaje agradeciendo el trabajo de las delegaciones de apostolado seglar; de los movimientos y asociaciones; de la Acción Católica; del Consejo Asesor de Laicos y “el testimonio anónimo de tantos laicos de nuestras parroquias que cada día anuncian a Jesucristo en sus ambientes, con palabras y obras”.

Conferenciaepiscopal.es

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COPE ALMERÍA: ¿La clase de religión esta en crisis? Te lo contamos en el ESPEJO DE ALMERÍA

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El Espíritu es el mejor don del Resucitado

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Solemnidad de Pentecostés. A. 23

Dios habla todas las lenguas. El efecto que produce la venida del Espíritu Santo sobre
los discípulos, según el libro de los Hechos de los Apóstoles, deja perplejos a los
oyentes: todos, sea cual sea su lengua, pueden oír la proclamación de «las maravillas de
Dios». El Espíritu hace posible que el Evangelio sea comunicado a todo el mundo y que
cada uno lo reciba en su lengua, desde su realidad. El Evangelio se encarna, toma carne
humana concreta y lo reciben todos los hombres y mujeres, dondequiera que vivan, sea
cual sea su lengua y su cultura, así se ha hecho posible la proclamación de las
maravillas de Dios gracias al Espíritu.
Debemos ayudar a entender cómo el Espíritu es el mejor don del Resucitado, fruto
granado de su Pascua. El Espíritu que en el inicio del mundo llenó de vida, aleteando
sobre ellas, las aguas primordiales; el que actuó en el seno de la Virgen María e hizo
que su Hijo fuera el Mesías e Hijo de Dios; el que resucitó a Cristo de entre los muertos;
el que llenó de vida y cambió radicalmente a la primera comunidad apostólica en
Pentecostés (de cobarde y encerrada, a misionera y valiente). Es el mismo que hoy
quiere llevar a plenitud en cada uno de nosotros y en toda la Iglesia, incluso en toda la
humanidad y el cosmos, la obra salvadora de Cristo, la Pascua como proceso de
renovación y vida: haciéndonos madurar en la verdad, en el amor, en la energía de la
vida cristiana.
El Espíritu hace posible que las diferentes lenguas y culturas puedan dialogar. A la luz
de nuestra fe en Cristo muerto y resucitado que, con el Padre, nos envía su Espíritu, no
nos podemos quedar cerrados en nosotros mismos, Dios mismo nos ha puesto en
camino para dar a conocer su rostro de misericordia, de perdón y para vivir la
comunión. Se nos llama a no quedarnos cerrados, somos una familia, se nos llama a
anunciar la grandeza de Dios y su cercanía.
Es el Espíritu el que nos hace miembros de un solo cuerpo. Crea la comunión entre los
que son distintos. El mismo apóstol san Pablo nos dice cómo el Espíritu es incluso
creador de diversidad: «Hay diversidad de dones, pero un mismo Espíritu». Los
bautizados formamos un solo cuerpo: «Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos
miembros… así es también Cristo». Esta es la fe que confesamos. Pero nos podemos
preguntar si nuestras actitudes y prácticas responden a ello. Es evidente que en la Iglesia
hay comunión, pero también lo es que no hay la que Jesús pedía al Padre: «Que todos
sean uno», por eso debemos revisar nuestra entrega al proyecto de Nuestro Señor. En
Pentecostés se nos llama a abrirnos más a la acción del Espíritu, en sinodalidad, para la
misión y en corresponsabilidad. En esta solemnidad tenemos que revisar, bajo su luz,
nuestras actitudes en medio de la comunidad concreta, dónde y cómo vivimos la fe.
La fiesta de este domingo nos hace caer en la cuenta de que el Espíritu nos es dado a
«todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres». La unción del Espíritu nos hace ser
como Él, nos hace partícipes de su misión. Se nos envía para anunciar el Evangelio a los

pobres y necesitados, a dejarmos llevar por el Espíritu que nos envía. Ojalá que este
Pentecostés sea un nuevo envío. Que el Espíritu que hoy nos ha reunido en esta
celebración nos alimente con su Palabra y la Eucaristía, de manera que nos fortalezca
para ser sus testigos en medio de los hijos de Dios dispersos.

+ José Manuel Lorca Planes
Obispo de Cartagena

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