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“Venid a mí”, nos dice Jesús

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El evangelio de este domingo es una de esas páginas bellas del Evangelio, una página
que no se cansa uno de meditarla y volver a meditarla.
Aparece Jesús con mirada misericordiosa, comprensivo con cada uno de nosotros,
consciente de nuestras fatigas y dolores. Él conoce nuestro corazón y sabe de nuestras
preocupaciones y esperanzas. En esta página evangélica nos abre de par en par su
corazón y nos invita a entrar en su descanso. Pero sólo pueden entrar en este secreto los
sencillos y los humildes, no los soberbios y los sabios de este mundo. Para conocer a
Jesús, para entrar en su más profunda intimidad, hay que hacerse pequeño, porque sólo
accederemos a ello por el camino de la humildad.
Jesús se encuentra en oración, abriéndonos su intimidad con el Padre en actitud de
acción de gracias. Jesús se sabe hijo de Dios. Jesús es Dios y sabe que lo es y nos
comunica a nosotros su más profunda identidad divina en un diálogo con el Padre que
nos llena de gozo. Todo me lo ha dado mi Padre, y el conocimiento del Padre nos viene
por medio del Hijo. He ahí la dimensión más profunda del corazón de Cristo. Él se sabe
hijo, disfruta siéndolo y quiere comunicarnos a nosotros ese gozo profundo en el que él
vive continuamente. En otro lugar nos dirá: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti,
único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo” (Jn 17,3).
“Venid a mí”, nos dice. Se trata de una invitación suave, pero nítida. El centro de la fe
cristiana no es una idea, ni una moral. El centro de la vida cristiana es una persona, el
centro de la vida cristiana es Jesucristo, que nos hace cambiar de vida y nos transforma
nuestra mente. No se llega a ser cristiano por una decisión ética, sino por el atractivo y
la fascinación de una persona que entra en nuestra vida y nos invita a seguirle. Hasta
que no se produce ese encuentro personal con Jesucristo no tenemos un cristiano
propiamente. Y la vida en la tierra está hecha para crecer en esa relación, que culmina
en el abrazo eterno cara a cara. Por eso, la invitación de Jesús no es un imperativo
externo, sino un atractivo interior.
Jesús no ha venido para cargarnos, sino para aliviarnos. El peso y la dureza de la vida
no provienen de nuestra relación con Dios. Todo lo contrario, sólo acercándonos
encontraremos alivio y descanso. Lo que nos agobia y nos fatiga es el tirón de un
corazón que está disperso y desgarrado. Nuestro corazón está prendido en tantos
enredos materiales, afectivos, incluso espirituales. Solo Jesús puede desenredarnos, si
nos centramos en él, si vamos a él.
Nos invita a tomar su yugo, a ser sus “cón-yuges”. Entrar en su yugo es entrar en su
humildad, en el misterio de su redención, es compartir su misma vida hasta la cruz.
Cuando en una yunta de bueyes o de caballos tiran los dos del carro, el trabajo se
reparte, es más llevadero. En el caso de Jesús, él lleva la iniciativa y el mayor empuje.
Entrar en su yugo es compartir en actitud subordinada ese impulso, para llevar adelante
el peso de nuestra vida. Qué sería de nosotros sin ese impulso vital de Cristo, que es el
Espíritu Santo.
“Manso y humilde”. Qué autorretrato. La mansedumbre es la moderación de las
energías, que en relación con nosotros se traduce en ternura. Jesús no nos empuja a la

fuerza, nos invita con suavidad, con mansedumbre, con ternura. No impone su ritmo, no
violenta nunca. Porque a esa mansedumbre se une la humildad, por eso su yugo es
llevadero y su carga ligera.
Que el verano y las vacaciones nos ayuden a entrar en esta invitación de Cristo, a
disfrutar de los secretos de su corazón, a crecer en mansedumbre y humildad. Nuestra
vida será más feliz si nos acercamos a él, si entramos en esa intimidad en la que nos
revela que él es el hijo y ha venido para hacernos sus hermanos.
Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

María, Estrella de la evangelización

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María, Estrella de la evangelización

María, Estrella de la evangelización. La fuerza evangelizadora de la piedad popular

Carta pastoral de los Obispos del Sur de España al cumplirse

el 30º aniversario del viaje apostólico de San Juan Pablo II a Sevilla y Huelva

Queridos todos: el pasado 14 de junio, los Obispos del Sur de España hemos publicado la Carta pastoral “María, Estrella de la Evangelización. La fuerza evangelizadora de la Piedad popular”. En este documento, que todos debemos conocer, leer y profundizar, ofrecemos indicaciones que guían y purifican la Piedad popular, al tiempo que muestran su fuerza evangelizadora; recordamos y actualizamos la identidad católica de las Hermandades. Junto a los tres fines clásicos de las Hermandades (formación, culto y acción caritativa) los Obispos presentamos un cuarto fin: el servicio a la nueva evangelización.

Coincidiendo con los días en los que se cumple el treinta aniversario del cuarto viaje apostólico de San Juan Pablo II a España, realizado del 12 al 17 de junio de 1993, los Obispos del Sur de España, con este documento, queremos recordar algunas de las enseñanzas que el Santo Padre nos dejó, que son estímulo para el tiempo presente y que manifiestan la fuerza evangelizadora que tiene la piedad popular. En aquel viaje apostólico, el Papa San Juan Pablo II visitó Sevilla para clausurar el XLV Congreso Eucarístico Internacional, y Huelva, donde visitó el Santuario de Nuestra Señora de la Cinta y el Monasterio de la Rábida y, como romero, peregrinó al santuario de Nuestra Señora del Rocío.

En esos lugares marianos, San Juan Pablo II llamó a María Santísima “Estrella de la Evangelización” y reclamó una nueva evangelización, frente al secularismo y la descristianización que iban creciendo en la sociedad. Pasados treinta años, los Obispos constatamos que esos fenómenos de secularismo y descristianización afectan también gravemente a realidades y expresiones vinculadas a la Piedad popular. Por ello, con esta Carta pastoral, queremos de nuevo volver la mirada al hermoso patrimonio eclesial de la Piedad popular a fin de ofrecer orientaciones que ayuden a mostrar su fuerza evangelizadora y favorezcan su purificación, siempre necesaria”.

Comienza la Carta pastoral presentando cómo se integra la Piedad popular en la vida del cristiano, que cree, celebra, se compromete y ora desde la fe en Jesucristo y en comunión con la Iglesia.

La Piedad popular, cuando es genuina, tiene como fuente la fe, vivida con autenticidad y coherencia: carece de sentido profesar con los labios el Credo y vivir de manera contraría a la fe y moral de la Iglesia.

Los Obispos también señalamos la importancia de la Liturgia, como la cumbre a la cual tiende la actividad de la Iglesia. Así, se debe dar preeminencia a la participación en la Misa dominical, al sacramento de la Penitencia, a la oración litúrgica y al año litúrgico sobre cualquier manifestación devocional. Igualmente, es importante, que las prácticas devocionales no alteren las celebraciones litúrgicas.

Recordamos en esta Carta que el compromiso nacido de la caridad es constitutivo de la vida cristiana y que la promoción de la justicia, la preocupación por los más necesitados o la defensa de la dignidad humana no son tareas opcionales para el seguidor de Jesucristo. Así, una vida de fe que no se traduzca en obras concretas de caridad no es auténtica. La Piedad popular se presenta como escuela de compromiso cristiano.

También la oración es constitutiva del cristiano y, por tanto, lo ha de ser en la Piedad popular, que nace de la oración y conduce a ella. Así, las Hermandades están llamadas a ser talleres de santidad.

 

En la segunda parte de la Carta pastoral, recordamos cómo en la última visita ad limina de los Obispos españoles, celebrada en enero de 2022, durante el encuentro con los Obispos de Andalucía, Extremadura, Murcia e Islas Canarias, el Papa Francisco nos pidió expresamente estar cerca de las Hermandades y Cofradías, reconociendo su aportación importantísima a la Piedad popular. Atendiendo a esa llamada, en el documento recorremos los rasgos de la identidad católica de las Hermandades y su contribución específica a la evangelización.

Tanto San Juan Pablo II como Benedicto XVI han hablado de la importancia de la Piedad popular y de las Hermandades en la tarea de la nueva evangelización. El Papa Francisco, además, ha invitado a las Hermandades a celebrar el Jubileo de 2025, dejándose animar por el Espíritu Santo. Para ello, deben recorrer el camino de la “evangelicidad”, es decir, caminar tras las huellas de Cristo, en la escucha cotidiana de la Palabra de Dios; de la “eclesialidad”, entendida como caminar juntos, recuperando su sinodalidad y proponiendo proyectos comunitarios de formación, discernimiento y deliberación en contacto vivo con la Iglesia local, los obispos y las diócesis; y de la “misionariedad”, o sea, caminar anunciando el Evangelio, testimoniando la fe y cuidando especialmente a quienes padecen las nuevas pobrezas de nuestro tiempo.

Sobre la identidad católica de las Hermanases, los Obispos recuerdan cómo, aunque nacieron en el siglo XI, hoy siguen manteniendo sus mismos fines, que son formación, culto y acción caritativa. Sin embargo, la llamada de los últimos Papas a impulsar una nueva etapa evangelizadora hace ver la necesidad de añadir un cuarto fin: la participación activa en la misión evangelizadora de la Iglesia.

 

Y sobre la tarea evangelizadora de las Hermandades, recordamos que, si la Iglesia existe para evangelizar, las Hermandades que sean auténticamente eclesiales existirán también para evangelizar. La primera preocupación de una Junta de gobierno no ha de ser tanto el cuidado del patrimonio material cuanto llevar el Evangelio a todos sus miembros.

Así, las Hermandades pueden contribuir decisivamente a la tarea evangelizadora si contribuyen a la transmisión de la fe, se comprometen en la práctica de las obras de misericordia y son portadoras de esperanza para nuestro mundo.

 

En la transmisión de la fe, la Hermandades están llamadas a ser escuelas de vida cristiana. Parroquias, movimientos y colegios pueden encontrar en las Hermandades, cuando cuidan su identidad eclesial, un entorno complementario de fe, donde desarrollar de manera completa los itinerarios de iniciación cristiana. Es recomendable que, junto a las vocalías de infancia y juventud, en las Juntas de gobierno de las Hermandades exista también una vocalía de iniciación cristiana, que, de acuerdo con las directrices diocesanas y de la propia parroquia, ofrezca los recursos para que niños, jóvenes y adultos puedan completar su iniciación cristiana, catequética y sacramentalmente. Se entiende así, que solo pueden formar parte de una junta de gobierno quienes hayan completado su iniciación, habiendo recibido los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Eucaristía, junto con el hábito de la Confesión sacramental. Otra tarea que las Hermandades pueden aportar en la misión evangelizadora es ser refugios de misericordia, donde se ofrece el consuelo de la misericordia divina a tantas personas heridas, pero también, como recuerda el Papa Francisco, saliendo al encuentro de las heridas de nuestros contemporáneos y haciendo de la Iglesia un “hospital de campaña”.

Finalmente, las Hermandades contribuirán a la evangelización si son portadoras de esperanza. Las Hermandades, a través de la devoción a sus Titulares, están llamadas a dar testimonio de Cristo Resucitado mediante el acompañamiento en el duelo y las prácticas de la Piedad popular que ayudan a mantener encendida la llama de la esperanza.

También las Hermandades evangelizan por el camino de la belleza, con la veneración de las imágenes -sabiendo que no se veneran por ellas mismas, sino por lo que representan- y las procesiones, que han de cuidarse para que sean auténticas manifestaciones de fe.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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«Me di cuenta de qué llenaba mi corazón, hay más alegría en dar que en recibir»

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Felipe Ferreres González será ordenado sacerdote este sábado a las 11:00 horas, en la Catedral de Murcia.

Felipe, de 38 años, nació en Murcia; aunque la mayor parte de su familia es de Cieza. Desde niño, creció en un entorno creyente y practicante. Recuerda ir con sus padres y su hermana todos los domingos a Misa; hizo la Primera Comunión y se preparó en la Parroquia San Lorenzo de Murcia para el sacramento de la Confirmación, que recibió en el año 2000. Fue entonces cuando su párroco le propuso ir a la Jornada Mundial de la Juventud que tendría lugar ese verano en Roma. «Era la primera vez que iba a un encuentro de este tipo; disfruté muchísimo», cuenta Felipe.

En ese viaje hizo buenos amigos, que conservó cuando empezó a estudiar la carrera de Derecho. Varios eran seminaristas y, de vez en cuando, lo invitaban al seminario para que los acompañara en alguna de las celebraciones. En 2003, acudió a la admisión a las Sagradas Órdenes de uno de ellos. «Cuando estuve allí surgió esa voz interior: “Felipe, ¿por qué no ser tú sacerdote?”».

Se lo comentó a un jesuita que era su confesor habitual; aunque, como él lo remitió a un sacerdote que no conocía, Felipe decidió acudir a su párroco. A los meses, llegó incluso a entrevistarse con el rector del Seminario San Fulgencio. «Pero había voces a mi alrededor que me decían que debía terminar la carrera de Derecho; o que todo podía ser invención mía». Por eso Felipe decidió seguir estudiando y, finalmente, optó por prepararse una oposición. «Estuve seis años preparándola, y en aquellas diez horas de estudio diarias, la llama de la vocación siempre estuvo ahí; para mí fue un tiempo clave para descubrir el amor de Dios».

Se instaló en Cieza con su abuela para estudiar; y desde allí acudía a las reuniones de jóvenes del Centro Loyola de Murcia, donde había empezado a involucrarse ya en su etapa universitaria. En 2011, llegó la fecha del examen de oposición. Aunque superó el primer ejercicio, quedó a décimas de aprobar el segundo. La siguiente convocatoria vino dos años después, esta vez con 40 plazas en lugar de 400. No logró aprobar la primera parte. Con todo, decidió continuar opositando, aunque ocurrió algo inesperado. En la misma semana, su hermana anunció que se marchaba a vivir a Inglaterra; un amigo de adolescencia dio la noticia de que se iba a casar, y otro compañero se marchó una temporada como médico a Bolivia. «Esa semana fue para mí un shock bestial; yo estaba enredado con los libros y me dije: “Estoy aquí seis años, encerrado, con esta llama que tengo aquí dentro, ¡y no sé qué hacer!”». Desconcertado, se tomó unos días para ir a un campo de trabajo en Loyola (Guipúzcoa) con la intención de desconectar y retomarlo todo a su regreso. Sin embargo, allí, durante las oraciones, decidió dejar la oposición. Valoró entrar en el seminario, pero no inmediatamente. «No quería que fuera una válvula de escape por el fracaso de la oposición; y, después de estar seis años encerrado, veía necesario enfrentarme al mundo».

Apoyado en la Misa diaria, comenzó a trabajar en un despacho de abogados, mientras seguía involucrándose en el Centro Loyola y también en Proyecto Hombre. «Tuve tiempo para salir mucho de fiesta y de viaje, y pasármelo bien; pero con el paso del tiempo me iba dando cuenta de lo que llenaba mi corazón». Para discernir qué hacer, el sacerdote que lo acompañaba le recomendó ir guardando las experiencias que fuera viviendo, para ver qué le sugerían. Y las experiencias llegaron: ayudar en el despacho de abogados en el caso de unos clientes narcotraficantes, mientras él era voluntario en Proyecto Hombre; ser catequista de Confirmación; voluntariados con congregaciones religiosas; las altas terapéuticas de quienes, en Proyecto Hombre, lograban reincorporarse a su vida normal… «Uno puede creer que la capilla va por un lado y el mundo por otro, pero te encuentras con que Dios se encarna en el aquí y el ahora, en todas las circunstancias del día a día; al final buscas a Dios en todas las cosas y te das cuenta de que hay más alegría en dar que en recibir». Y todos esos encuentros e instantes vividos le ayudaron a, finalmente, entrar convencido en el preseminario.

«Han sido años preciosos», recuerda, con especial cariño las actividades de pastoral realizadas como seminarista con las Misioneras de la Caridad, con reclusos, con personas con discapacidad… y con el Seminario Menor San José, donde ha servido como formador también en sus meses de diaconado. Una llamada que se forjó durante casi 15 años y que, finalmente, le ha conducido a su ordenación sacerdotal, que tendrá lugar este sábado en la Catedral de Murcia, a las 11:00 horas. «Estoy con ganas de servir al Pueblo de Dios allí donde se me mande, con jóvenes, con niños, con mayores; para reír cuando haya que reír, consolar cuando haya que consolar y, sobre todo, poder llevar a los demás el amor de Dios y ser testigo de las cosas que el Señor sigue haciendo en su historia de salvación».

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Nuestra Diócesis participa en el XXVII curso DSI

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Nuestra Diócesis de Jaén participó en las Jornadas de la Conferencia Episcopal Española, organizadas por el Secretariado de la Comisión Episcopal para la Pastoral Social y promoción humana, que se celebraron en Fundación Pablo VI de Madrid, los días 3 y 4 de julio.

Nuestra Diócesis estuvo representada por el Vicario de Caridad y Acción Social y delegado de Cáritas Diocesana de Jaén, Rvdo. Juan Raya Marín y el responsable diocesano para la Difusión de la Doctrina Social de la Iglesia, Rvdo. Domingo Pérez.  Hemos participado unas 50 personas de distintas diócesis españolas y movimientos y algunos seminaristas. Las demás diócesis andaluzas no participaron.

Ha sido muy interesante las siete conferencias y una mesa redonda se desarrollaron en distintos aspectos sobre “Los escenarios de la cultura del encuentro en España a la luz de la encíclica Fratelli Tutti”.

Los distintos profesores nos han ayudado bastante y nos han abierto nuevos horizontes para un tema tan importante en los momentos en los que vivimos sobre el encuentro para escucharnos y dialogar con una sociedad tan plural en la que convivimos.

Los cristianos imitando a Jesús de Nazaret tenemos las claves para desarrollar y vivir la cultura del encuentro con todas las personas desde nuestros valores evangélicos.

Estas jornadas tendrán continuidad en la XLIV Semana Social que desarrollaremos el próximo curso sobre “El diálogo, camino para la Iglesia”.

DSI Jaén

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Comienzan los cultos en honor a la Virgen del Carmen

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Mañana, viernes 7 de julio, arrancan los distintos actos y cultos en honor a la Virgen del Carmen.  En concreto, la novena este año será predicada por el carmelita destinado en la comunidad de San Fernando y Cádiz, P. David Alarcón.

La novena comenzará cada tarde, entre el 7 y el 15, a las 19.00 horas con la exposición del Santísimo, tras la que se rezará el rosario, se realizará el ejercicio novenario, y se bendecirá y reservará el Santísimo, para dar paso a la misa que comenzará a las 20.00 horas.

El último día de cultos, que coincide con la función principal de la Archicofradía, presidirá la celebración el obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza. Así, la procesión del día 16 en Cádiz, tendrá lugar a las 20.00 horas con el siguiente itinerario: Alameda, Buenos Aires, Calderón de la Barca, Plaza de Mina, Antonio López, Isabel La Católica, Cristo de la Vera-Cruz, Plaza de San Francisco, Rosario, Beato Diego, Valverde, Cánovas del Castillo, San José, Ancha, San Antonio, Veedor, Bendición de Dios y Alameda. (Recogida a las 0.00 horas).

PROGRAMACIÓN

Del 7 al 15. Novena a la Stma. Virgen. 19.00 horas exposición del Santísimo, rezo del Santo Rosario, ejercicio de la Novena, bendición y reserva del Santísimo y Eucaristía (a las 20.00 horas).
                     Convivencia en la Casa de Hermandad. Tras la misa
Día 9. Rosario de la aurora. 8.00 horas  (Con el siguiente itinerario: Alameda, Calderón de la Barca, Plaza de Mina, General Menacho, Alameda, Fermín  Salvochea, Manuel Rancés, Argüelles, Estación en el Convento de Madres Carmelitas, Argüelles y  Balaustrada de Alameda).
Día 13. Imposición de escapulario a los nuevos hermanos. En la novena
Día 15. Solemne Función Principal de la Archicofradía. 20.00 horas (Presidida por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, D. Rafael Zornoza)
Día 16. Felicitación a la Stma. Virgen. 0.00 horas
        (A cargo de D. Manuel Alejandro Amador Moya)
         Apertura de la iglesia. 10.00 horas
         Función solemne. 12.30 horas
         Solemne procesión de alabanzas. 20.00 horas
        (con el siguiente recorrido: Alameda, Buenos Aires, Calderón de la Barca, Plaza de Mina, Antonio López, Isabel La Católica, Plaza del Cristo de la Vera‐Cruz, Plaza de San Francisco, Rosario, Beato Diego, Valverde, Cánovas del Castillo, San José, Ancha, Plaza de San Antonio, Veedor, Bendición de Dios y Alameda)
Del 7 al 14. Plazo de expedición de papeletas de sitio. Tras la misa
Días 20 y 21. Solemne besamano a la Virgen. De 11 a 14 y de 18 a 21 horas
Día 22. Función por el XVI aniversario de la coronación. 20.00 horas
Día 29. Sabatina de Acción de Gracias. 19.15 horas

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“Encuentro comunidades con más jóvenes, con más grupos y con más ganas”

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Los primeros misioneros ya están en Picota. Una decena de misioneros cordobeses trabajan allí desde hace algunos días. Partían de las parroquias de la Esperanza y San Miguel de Córdoba, de Jauja, Fuente Palmera, Pozoblanco o enviados por la Delegación Diocesana de Misiones para  conocer la labor que llevan a cabo los sacerdotes cordobeses Nicolás Rivero y Antonio Reyes, y colaborar con ellos en la tarea incansable de cuidar, acompañar y mostrar la belleza de la fe a través de una pastoral que tiene como centro la parroquia Virgen del Perpetuo Socorro de Picota

El grupo de misioneros va acompañado de los sacerdotes Leopoldo Rivero y Miguel Ramírez. Leopoldo vive un reencuentro atravesado por el hecho de tener que consolar a la familia por la muerte de un niño de doce años al que bautizó durante su servicio de cuatro años en Picota.

¿Qué representa para un sacerdote volver al lugar donde ya prestó servicio como misionero?

Leopoldo: Una bendición porque revives la misión los cuatro años que estuve aquí, igual que todos los que pasamos, dejas parte de tu corazón y representa el ver más a flor de piel el don que Dios nos da de la vocación. En mi caso sacerdotal, de cómo compartirla y vivirla con lo más sencillos y en tierras donde hay tanta sed de Dios y donde uno vive de ello en cada momento, con mucha intensidad.

Sin duda usted habrá reconocido lugares, personas que también a usted lo habrán reconocido, pero ¿ha comprobado algún cambio reseñable en las comunidades, entre los animadores, las familias? 

Sí, he visto de todo, con el tiempo va avanzando todo, hay más capillas construidas, la pastoral está cada vez con más gente participando y ves como Dios va bendiciendo la labor que se está haciendo. Los padres que hay, Antonio Reyes y mi hermano Nicolás Rivero, siguen la labor que se ha ido realizando todos estos años. En las comunidades te vas encontrando comunidades con más jóvenes, con más grupos y con más ganas. Llevamos una semana sin parar, yendo de un pueblo a otro y damos gracias a Dios porque están deseando de tener a Dios cerca. Lo más importante que nos toca a nosotros es esa unión entre pobreza y Dios, porque como dice Jesús “más alegría hay en darse que en recibir”. Veo ese avance que se está realizando y que aún queda mucho que hacer, pero vemos la mano de Dios en todas las acciones y en todas las comunidades.

Vemos mucha alegría en redes sociales cuando nos muestran esas imágenes de comunidades que salen al encuentro de los cordobeses y de los sacerdotes que han viajado hasta allí ¿cómo reciben a un “padresito” en este lugar de la selva amazónica?

Con todo el cariño porque ellos ven a Dios en los sacerdote. Constantemente estamos siendo ministros de Cristo a flor de piel y ellos te reciben como al mismo Cristo. Llevamos días participando en las comunidades más cercanas a Picota y vamos a subir también a comunidades de altura, donde el recibimiento es mucho mayor y la verdad es que me quedo desbordado del cariño, del cómo se vuelcan y la alegría de compartir la fe. Eso es lo que a uno le llena de gozo porque te reciben dándose ellos mismos y la verdad que uno se siente desbordado porque los “padrecitos” pasamos, pero Dios permanece y ellos se alegran con todo el corazón.

¿Cómo ha encontrado a su hermano?

Lo he encontrado muy bien, no paran ni él ni Antonio. Están todas las horas contadas, moviéndose, coordinando, acudiendo allí donde le llaman. Como dicen aquí la agenda está “a full”, completa, y ellos alegres de entregarse a estas tierras y a estas gentes, puestos en manos de Dios desde primera hora.






 

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Al Trasluz, La Carta a las Hermandades

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Las Hermandades y Cofradías del Sur de España cuentan ya con una autorizada reflexión teológica y pastoral sobre su identidad y misión

Espléndida Carta pastoral colectiva de nuestros obispos de Andalucía, que siguen con atención la evolución social y cultural de la sociedad y su incidencia en la vida religiosa de los católicos.

Dejemos caer la mirada en sus documentos sobre temas de “religiosidad popular”, a lo largo de los años: “El catolicismo popular en sl Sur de España” (1975), “Las Iglesias diocesanas en Andalucía” (1980), “El catolicismo popular. Nuevas orientaciones pastorales”. (1985) y “Algunas exigencias sociales de nuestra fe cristiana” (1986). Y ahora, esta Carta colectiva: “María, Estrella de la evangelización. La fuerza evangelizadora de la piedad popular”, dirigida a los laicos católicos integrados en las Hermandades y Cofradías. El texto episcopal discurre en torno al bautismo, la Iglesia y la Evangelización.

Los obispos ofrecen una via de discernimiento cristiano que ayude a las Hermandades y Cofradías a su fidelidad en su ser, en su obrar y en su servicio a los hombres. Trazan hermosos caminos, metas y objetivos, entre los que me gustaría subrayar: “Que sean caudal para alimentar la vida espiritual y apostólica; que practiquen la caridad, en la fraternidad, en la solidaridad y en la animación cristiana de la sociedad; que vivan la devocion y el culto a María como camino que conduce a Cristo y a los hombres».

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«Dios vino a rescatarme; me amó por medio de personas concretas que me mostraron ese amor»

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Fabián Cabezas Pincheira será ordenado sacerdote este sábado a las 11:00 horas, en la Catedral de Murcia.

Fabián, nacido y criado en Santiago de Chile, tiene 33 años. Llegó a España hace ahora seis años para entrar al Seminario Redemptoris Mater, porque fue precisamente en el Camino Neocatecumenal donde nació su vocación y donde se encontró con el amor de Dios. «Yo lo único que no buscaba en mi vida era ser cura; sabía que el Señor me estaba llamando, pero siempre me hice el loco, siempre hui de eso», cuenta Fabián.

Hasta los diez años, no sabía nada de la Iglesia más allá de sus catequesis de Primera Comunión, que realizó porque «era lo que tocaba en ese momento». Sin embargo, sus padres entraron en el itinerario del Camino Neocatecumenal y, en él, se encontraron con Dios. También Fabián formó parte de una comunidad, hasta que, en su adolescencia, tuvo una profunda crisis de fe, despertada por una desgracia: la muerte de un primo suyo, de tan solo 18 años, que fue asesinado en la calle. «Yo no veía el amor de Dios, no entendía cómo había permitido esto en un joven que tenía toda la vida por delante y me olvidé de todo». Dejó a un lado la autoridad de sus padres y empezó a buscar sentido fuera de la fe y de su familia, con fiestas y desórdenes. «Esto me llevó al sinsentido, a vivir triste sin saber por qué lo estaba; a no tener ganas de levantarme por la mañana, ni poder conciliar el sueño por las noches». A pesar de estudiar, trabajar y tener una vida en teoría llena, el vacío que experimentaba era muy grande. «¿Por qué? Simplemente porque en mis proyectos no estaba Dios, sino mi apetencia, mi yo; y en medio de ese sinsentido es donde el Señor me fue a rescatar». Lo hizo de una forma muy concreta: los hermanos de su comunidad, que Fabián había dejado a raíz de su crisis, fueron a buscarlo y le recordaron que Dios lo amaba. «Yo les decía: ¿Cómo me va a amar Dios, si soy un desastre?». Con todo, se sintió aceptado y volvió a integrarse en la comunidad, aunque en actitud rebelde, de confrontación. «Dios vino a rescatarme y me amó por medio de personas concretas que me mostraron ese amor; hermanos que me han querido tal y como soy, sin mentiras, sin apariencias»; y cuenta con alegría que, de esta comunidad, acudirán a su ordenación 30 personas desde Chile. «No vienen a verme a mí, vienen a ver la obra que Cristo ha hecho en mi vida».

Un año de misión donde, sin tener nada, lo descubrió todo

Cuando regresó a su comunidad, había empezado a salir con una chica, que fue su novia durante seis años; y procuraba trabajar en lo que surgiera, porque, aunque empezó los estudios de Pedagogía, no llegó a terminarlos. Sin embargo, en el momento en que su vida empezó a ordenarse consiguió una beca para estudiar y ser profesor de Religión Católica y trabajar en un colegio. En él, Fabián se encargó de crear la pastoral del centro y de vincularla a la parroquia cercana, con la que realizaban distintas actividades. En ese punto, no pudo desoír la llamada de Dios. En la parroquia descansaba y se encontraba feliz, mientras que, cuando pasaba tiempo con su novia, sentía que la estaba engañando y sufría por ello. «Tenía el corazón completamente dividido». Rompieron la relación y Fabián, que entonces tenía 25 años, comenzó un tiempo de discernimiento. Los catequistas de su comunidad le invitaron a vivir, durante un año, una experiencia de misión, que se desarrolló en una zona rural de Chile. «En ese año de precariedad donde no tuve ni controlé nada, pero donde no me faltó nada, es donde experimenté lo que es la providencia; que Dios va por delante; que soy su hijo, me ama y no va a dejarme solo». Al terminar esta experiencia, le preguntaron si estaba dispuesto a ir a un seminario para continuar su discernimiento, y Fabián accedió. Así fue cómo, a los 26 años, llegó al Seminario Redemptoris Mater de Murcia, después de hacer los trámites necesarios. Mientras los culminaba, en medio de los correos electrónicos que intercambió con el entonces rector, hay una frase que recuerda con cariño. «Me escribió: “Ánimo, Fabián, que a lo mejor Murcia es tu tierra prometida”; y hasta el día de hoy ha sido así, aquí me siento como en casa y es donde el Señor me ha confirmado su llamada».

La experiencia en este seminario internacional, donde conviven seminaristas de distintas nacionalidades y culturas, ha sido, para él, una escuela de aprender a amar a los hermanos. «Han sido los seis años mejores que he tenido; igual que yo, por mi historia, me he sentido amado en mi flaqueza, el seminario me ha ayudado a amar a hermanos que también tienen sus debilidades». Su ordenación diaconal llegó a principios del pasado diciembre y, en estos últimos meses, ha servido como diácono en la Parroquia San Pablo de Murcia, donde ha vivido «una experiencia espectacular de formación». Ahora, a las puertas de ser ordenado sacerdote, hay algo que tiene claro: «La ordenación no es para mí, sino para su Iglesia, para ponerme al servicio de la Palabra de Dios; estoy muy contento con esto».

La celebración tendrá lugar este sábado en la Catedral de Murcia, a las 11:00 horas. Será retransmitida por Popular Televisión y, por tanto, podrá verse también desde Chile.

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“Venid a mí”, nos dice Jesús

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El evangelio de este domingo es una de esas páginas bellas del Evangelio, una página que no se cansa uno de meditarla y volver a meditarla

Aparece Jesús con mirada misericordiosa, comprensivo con cada uno de nosotros, consciente de nuestras fatigas y dolores. Él conoce nuestro corazón y sabe de nuestras preocupaciones y esperanzas. En esta página evangélica nos abre de par en par su corazón y nos invita a entrar en su descanso. Pero sólo pueden entrar en este secreto los sencillos y los humildes, no los soberbios y los sabios de este mundo. Para conocer a Jesús, para entrar en su más profunda intimidad, hay que hacerse pequeño, porque sólo accederemos a ello por el camino de la humildad.

Jesús se encuentra en oración, abriéndonos su intimidad con el Padre en actitud de acción de gracias. Jesús se sabe hijo de Dios. Jesús es Dios y sabe que lo es y nos comunica a nosotros su más profunda identidad divina en un diálogo con el Padre que nos llena de gozo. Todo me lo ha dado mi Padre, y el conocimiento del Padre nos viene por medio del Hijo. He ahí la dimensión más profunda del corazón de Cristo. Él se sabe hijo, disfruta siéndolo y quiere comunicarnos a nosotros ese gozo profundo en el que él vive continuamente. En otro lugar nos dirá: “Esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, único Dios verdadero, y a tu enviado Jesucristo” (Jn 17,3).

“Venid a mí”, nos dice. Se trata de una invitación suave, pero nítida. El centro de la fe cristiana no es una idea, ni una moral. El centro de la vida cristiana es una persona, el centro de la vida cristiana es Jesucristo, que nos hace cambiar de vida y nos transforma nuestra mente. No se llega a ser cristiano por una decisión ética, sino por el atractivo  y la fascinación de una persona que entra en nuestra vida y nos invita a seguirle. Hasta que no se produce ese encuentro personal con Jesucristo no tenemos un cristiano propiamente. Y la vida en la tierra está hecha para crecer en esa relación, que culmina en el abrazo eterno cara a cara. Por eso, la invitación de Jesús no es un imperativo externo, sino un atractivo interior.

Jesús no ha venido para cargarnos, sino para aliviarnos. El peso y la dureza de la vida no provienen de nuestra relación con Dios. Todo lo contrario, sólo acercándonos encontraremos alivio y descanso. Lo que nos agobia y nos fatiga es el tirón de un corazón que está disperso y desgarrado. Nuestro corazón está prendido en tantos enredos materiales, afectivos, incluso espirituales. Solo Jesús puede desenredarnos, si nos centramos en él, si vamos a él.

Nos invita a tomar su yugo, a ser sus “cón-yuges”. Entrar en su yugo es entrar en su humildad, en el misterio de su redención, es compartir su misma vida hasta la cruz. Cuando en una yunta de bueyes o de caballos tiran los dos del carro, el trabajo se reparte, es más llevadero. En el caso de Jesús, él lleva la iniciativa y el mayor empuje. Entrar en su yugo es compartir en actitud subordinada ese impulso, para llevar adelante el peso de nuestra vida. Qué sería de nosotros sin ese impulso vital de Cristo, que es el Espíritu Santo.

“Manso y humilde”. Qué autorretrato. La mansedumbre es la moderación de las energías, que en relación con nosotros se traduce en ternura. Jesús no nos empuja a la fuerza, nos invita con suavidad, con mansedumbre, con ternura. No impone su ritmo, no violenta nunca. Porque a esa mansedumbre se une la humildad, por eso su yugo es llevadero y su carga ligera.

Que el verano y las vacaciones nos ayuden a entrar en esta invitación de Cristo, a disfrutar de los secretos de su corazón, a crecer en mansedumbre y humildad. Nuestra vida será más feliz si nos acercamos a él, si entramos en esa intimidad en la que nos revela que él es el hijo y ha venido para hacernos sus hermanos.

Recibid mi afecto y mi bendición:

 

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

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Ayuda a la Iglesia Necesitada estará representada en la procesión de la Virgen del Carmen

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El próximo domingo, 9 de julio, en el tercer día de la Novena del Carmen, la Fundación Pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) hará entrega del cirio que representará a los Cristianos que sufren persecución y pobreza en tantos lugares del mundo. Este cirio será colocado en el paso de Ntra. Señora del Carmen en su salida procesional del día 16 para que ella, con su dulce mirada, sane las heridas de nuestros hermanos discriminados y perseguidos a causa de su fe en Nuestro Señor. Y que todos los que miren el cirio eleven una oración a Dios para que les fortalezca la fe y les ayude a perdonar a sus agresores.

Durante la misa ofreceremos nuestra oración por ellos, y después de la ceremonia se dará información sobre esta realidad, tantas veces olvidada o desconocida, a todo el que esté interesado.

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