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Mons. Saiz en la apertura del curso cofrade: “Las hermandades han de existir para evangelizar”

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Mons. Saiz en la apertura del curso cofrade: “Las hermandades han de existir para evangelizar”

El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, pronunció la conferencia de apertura de inicio de curso del Consejo de Hermandades y Cofradías de Sevilla, la noche de este lunes en la Fundación Caja Rural del Sur, ante una destacada representación de las hermandades sevillanas. Piedad popular, llamados a la santidad y a la evangelización ha sido el título de su intervención.

Con una oración inicial, los presentes se dispusieron a escuchar la intervención del arzobispo hispalense, tras las palabras de bienvenida del presidente del Consejo, Francisco Vélez.

“María, Estrella de la Evangelización. La fuerza evangelizadora de la Piedad popular”, se titulada la carta que el pasado 14 de junio de 2023, los Obispos del Sur de España publicaron coincidiendo con los días en los que se cumplía el treinta aniversario del cuarto viaje apostólico de San Juan Pablo II a España, que tuvo lugar del 12 al 17 de junio de 1993.

Durante su alocución, mons. Saiz repasó algunas de las enseñanzas que el Santo Padre trasmitió a los Obispos de Andalucía, Extremadura, Murcia e Islas Canarias en la última visita ad limina celebrada en enero de 2022 “que son estímulo para el tiempo presente y que manifiestan la fuerza evangelizadora que tiene la piedad popular”.

El primero de los rasgos destacados por el arzobispo de Sevilla ha sido la piedad popular en la vida cristiana, “que cuando es genuina, tiene como fuente la fe, vivida con autenticidad y coherencia, porque carecería de sentido profesar con los labios el Credo y vivir de manera contraria a la fe y moral de la Iglesia”. En este punto, ha destacado la liturgia, la caridad y la oración.

La Piedad Popular y la Nueva Evangelización ha sido otro de los subrayados que ha hecho don José Ángel. “Sobre la tarea evangelizadora de las hermandades, recordamos que, si la Iglesia existe para evangelizar, las Hermandades han de existir también para evangelizar. Por eso, la principal preocupación de una Junta de gobierno no ha de ser el cuidado del patrimonio material, que también tiene su importancia, cuanto llevar el Evangelio a todos sus miembros”. Recordó que las hermandades están llamadas a ser “escuelas de oración, refugios de misericordia y portadoras de esperanza”.

Orientaciones a las hermandades

Las últimas orientaciones a las hermandades llegan del papa Francisco, con tres líneas fundamentales para recorrer ese camino: “evangelicidad, es decir, caminar tras las huellas de Cristo; eclesialidad, entendida como caminar juntos y misionariedad, o sea, caminar anunciando el Evangelio.

Con la primera línea, exhorta el Papa a cultivar la centralidad de Cristo, a través de una vida espiritual intensa, fervorosa, y del compromiso concreto de la caridad. Con la segunda línea, el Papa propone a las Hermandades que recuperen su experiencia de sinodalidad y la plasmen en proyectos comunitarios de formación, discernimiento y deliberación, en contacto vivo con la Iglesia local, con los obispos y las diócesis.  Con la tercera línea, el Santo Padre pide a las hermandades que caminen anunciando el Evangelio, testimoniando la fe y cuidando especialmente a quienes padecen las nuevas pobrezas de nuestro tiempo.

“El cofrade del siglo XXI ha de tener una espiritualidad profunda y una formación sólida, y no vivir pasivamente su vida de fe, sino proyectarla a través de la acción, de la acción evangelizadora, actuando como lo que es, un hijo de Dios llamado a la santidad y al apostolado. La acción evangelizadora es una consecuencia lógica de la vida cristiana y debe estar siempre iluminada por el estudio y fundamentada en la vida de fe. El cofrade es un fiel incorporado a Cristo por el Bautismo, que ejerce en la Iglesia y en el mundo la misión de todo el pueblo cristiano”.

Vocación a la santidad

El arzobispo hispalense ha concluido subrayando que “la vocación a la santidad es el gran desafío de la piedad popular. La santidad y las hermandades no son realidades ajenas, sino profundamente unidas. A través de sus signos, de sus gestos y fórmulas, con la fuerza de su sentimiento, pero siempre apuntando a lo esencial, a la unión con Cristo, en el Espíritu Santo, caminando hacia el Padre, de la mano de María santísima. Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un anhelo intenso de ser santos, para la mayor gloria de Dios, para edificación de su Iglesia y renovación del mundo”.

 

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El Seminario San Bartolomé acoge la apertura del curso con un total de 22 seminaristas

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El Seminario Conciliar San Bartolomé de Cádiz celebró, la tarde del lunes 16 de octubre, la Solemne Apertura del Curso Académico de los Centros de Estudios Diocesanos.

La inauguración oficial de este curso comenzó con la celebración de la Santa Misa en la Iglesia de Santiago de la capital gaditana, presidida por el obispo diocesano. Mons. Zornoza aseguró durante la homilía que “comenzamos el curso orando e invocando al Espíritu Santo. Le pedimos hoy la fuerza y la luz para estudiar, para profundizar en la revelación, para formarnos como estudiantes de la teología, de la revelación del Señor y, en el caso de los seminaristas, como aspirantes al sacerdocio, ministros de la Palabra y predicadores de la verdad del Señor. Le pedimos al Espíritu Santo que nos conceda con el estudio el amor a Cristo y a la Iglesia, necesario para perseverar en nuestra vocación y en esta búsqueda de la verdad, en este empeño por la comunión que parte del conocimiento del corazón de Cristo”.

A continuación, tuvo lugar el acto académico en el que se leyeron las memorias tanto del centro de estudios del Seminario Mayor San Bartolomé y Seminario Diocesano Misionero Redemptoris Mater, como del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a Distancia Universidad de San Dámaso, el Instituto Diocesano de Teología y la Escuela de Arte Cristiano.

El jefe de estudios del Seminario San Bartolomé, Miguel Ángel García Mercado, hizo un resumen de todas las actividades que se desarrollaron durante el pasado curso, destacando la visita de Monseñor Fajardo Bustamante, Obispo de Salto y actual presidente de la Conferencia Episcopal de Uruguay que, en Visita Apostólica, fue enviado por el Dicasterio del Clero, con la misión de conocer de cerca los seminarios mayores españoles. Mons. Fajardo tuvo una reunión con el Claustro donde se planteó un interesante diálogo sobre la enseñanza de la Teología hoy.

Este curso contará con un total de 22 seminaristas, 10 en el Seminario San Bartolomé y 12 en el Seminario Misionero Redemptoris Mater.

En cuanto al Instituto Diocesano de Teología, el curso de formación teológica para laicos lleva ocho años en funcionamiento y ha atendido -a lo largo de ese tiempo- las necesidades formativas de más de cien alumnos. El pasado curso estuvo en funcionamiento en Cádiz y San Fernando, habiéndose matriculado casi setenta alumnos. Las materias que se cursaron fueron: Corpus joánico y Liturgia y piedad popular.

Con ello, se han cubierto ya todas las materias del Nuevo Testamento, la mayor parte de los sacramentos y los apartados más importantes de la dogmática. Para este curso 23/24 se pretende dar un paso más en dos apartados importantes de la formación cristiana. En el primer cuatrimestre se impartirá la materia de Arte cristiano y en el segundo cuatrimestre se profundizará en la teología moral con la materia de Moral Especial.

Por su parte, el curso de formación cofrade funciona desde hace tres años para cubrir la indicación de que al menos todos los miembros de las Juntas de Gobierno de las Hermandades y Cofradías tengan un curso básico de formación de dos años académicos. En estos tres años se han matriculado 788 personas distintas, lo que da un índice de la aceptación por parte de las Hermandades de esta necesidad formativa, que han sido muy generosas y activas a la hora de acoger esta petición del obispo diocesano, Mons. Rafael Zornoza.

En el curso 22/23 se impartieron tres modalidades (presencial, online y offline) con alumnos de Algeciras, Barbate, Cádiz, Chiclana, La Línea de la Concepción, Medina Sidonia, Puerto Real, San Fernando y San Roque. Así, se abarcaron las materias siguientes (correspondientes al primer año): Cristología, Teología Fundamental, Introducción a la Sagrada Escritura.

Además de estas sedes, está previsto que se incorporen alumnos de Conil en el curso 23/24, por lo que se puede rondar los 1000 alumnos matriculados en esos cuatro años de actividad. En este curso se impartirán las materias del segundo año: Eclesiología, Moral Fundamental, Liturgia y Piedad Popular.

En lo que respecta al Instituto de Ciencias Religiosas a Distancia San Dámaso, se celebraron tres convocatorias de exámenes (octubre 2022, febrero y junio 2023), todas presenciales, que transcurrieron con normalidad y con un número significativo de alumnos.

La oferta académica del Instituto Teológico a Distancia continúa siendo el título de bachiller y licenciatura en Ciencias Religiosas, junto con el título DECA en secundaria y bachillerato, en colaboración con la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid (UESD). Y el título DECA para los alumnos de Magisterio de Infantil o Primaria, en colaboración con el Instituto Internacional de Teología a Distancia de Madrid (IITD).

Por otra parte, el nuevo plan de estudios que propone la UESD está prácticamente implantado, pudiendo todavía terminar sus estudios los alumnos que cursan el plan antiguo solo durante este curso. Las nuevas guías y los libros de texto están también publicados, a falta que poco a poco aquellas guías que no han cambiado de contenido se vayan editando con el nuevo formato.

La asistencia a los exámenes ha sido muy numerosa: 501 exámenes realizados, de los cuales el 96% han superado las pruebas satisfactoriamente. Hay un total de 124 alumnos/as activos (117 de la UESD y 7 del IITD). Para este próximo curso 2023-24 también se realizarán tres convocatorias de exámenes presenciales en septiembre 2023, febrero y junio de 2024.

Por último, el obispo de la Diócesis de Asidonia-Jerez, Mons. D. José Rico Pavés, pronunció la Lección Inaugural, titulada Los santos como teólogos.

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HOMILÍA DE D. ANTONIO EN LAS EXEQUIAS DE D. ENRIQUE SÁNCHEZ

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Lecturas: Rm 8,31-39; Salmo 23; Mt 25,31-44

Querida familia de D. Enrique, comunidad de San Isidro, sacerdotes y diáconos, amigos y feligreses por los que D. Enrique, como un buen pastor pasó por vuestras vidas.

D. Enrique, al que ahora despedimos con cariño y le ponemos en manos de Dios, cumplió 85 años este pasado 4 de octubre, hace 12 días.

Nació en Serón 1938, y fue bautizado el 10 de abril de 1939, una vez que hubo concluido la persecución religiosa. Sus padres, Federico y Encarnación lo educaron en la fe cristiana. En 1945 recibió el sacramento de la Confirmación, aunque aún no había escuchado la voz del Señor que lo llamaba al sacerdocio. Una vez establecido en Almería, en su trabajo como administrativo y en su parroquia de San Agustín, donde creció en la fe con los PP. Franciscanos en las conocidas Juventudes Antonianas, fue descubriendo poco a poco lo que Dios le pedía, y así comenzó en 1964 sus estudios eclesiásticos en el Seminario de Almería. Fue ordenado Diácono el 28 de febrero de 1970 en el Colegio Mayor “Montaigne” de Granada, por el entonces ya Obispo de Málaga D. Ángel Suquía, y casi un año más tarde fue ordenado sacerdote el 8 de enero de 1971 por D. Manuel Casares, Obispo de Almería en su parroquia de San Agustín. La sencillez y humildad de San Francisco de Asís configuraron su ser desde su juventud y así ha vivido el sacerdocio desde la cercanía y la acogida de los fieles y la amistad y fraternidad con el clero en el presbiterio diocesano.

Las lecturas que hemos elegido para sus exequias definen sus 52 años de ministerio sacerdotal en nuestra diócesis. ¡Nada nos separará del amor de Cristo! Porque el Señor es mi Pastor, que cuida a los más pobres, a los pequeños, a los que están necesitados a mi lado. No es fácil mantenerse en esta espiritualidad franciscana, tan evangélica, tan humana y divina al mismo tiempo. En estos tiempos tan complejos volver la mirada a san Francisco nos ayudará a todos a vivir en simplicidad y humildad nuestra vida y nuestro ministerio.

Sus tres primeros años de sacerdote fue destinado a Mojácar y Turre. En 1974 fue nombrado Coadjutor de Huércal-Overa y Encargado de Santa María de Nieva y El Puertecico. Posteriormente El Saltador, viviendo intensamente su ministerio con el equipo sacerdotal que atendía aquellas parroquias y realizando una gran labor con los jóvenes y las vocaciones sacerdotales que entonces surgieron. Por ello D. Manuel Casares lo nombró en 1983 Rector del Seminario Mayor de Almería que tenía su sede en Granada. Tres años antes había comenzado a conocer aquella comunidad como Director espiritual. De 1983 a 1989 fue miembro del Consejo presbiteral y del Colegio de consultores de la diócesis, y también delegado diocesano de pastoral vocacional. Durante seis años en el Seminario acompañó en la formación a muchos sacerdotes de nuestro presbiterio diocesano.

Os trasmito unas palabras de nuestro querido D. Ginés, ahora obispo en Getafe, que me escribió al enterarse del fallecimiento de D. Enrique:

“… cuánto me hubiera gustado estar en las exequias de D. Enrique, y acompañaros en este momento de despedida. Le conocí siendo yo un niño y acompañó mi vocación hasta el seminario, fue mi director espiritual y luego mi rector. Para mí y para una generación de sacerdotes, ha sido un hombre de Dios. Hablé con él un minuto este viernes. Mi corazón está con vosotros esta tarde en san Isidro, unido a esa acción de gracias con su familia y con el presbiterio de Almería. Dios le premiará su vida de entrega y humildad.  Su ejemplo nos sirve y alienta para seguir sirviendo al Señor. + Ginés.”

En 1989 con la llegada de D. Rosendo Álvarez como Obispo de Almería fue destinado como párroco a El Parador de la Asunción, donde vivió ocho años intensamente su ministerio sacerdotal, siendo recordado por su simpatía y su amabilidad, unidas a una interioridad y coherencia de vida espiritual. En 1998 fue nombrado párroco de San Isidro Labrador de este barrio de Regiones de Almería, donde hoy le despedimos con todo el cariño y reconocimiento a su tarea. Entonces fue elegido arcipreste del arciprestazgo nº 2 de Almería. En este barrio caminó encarnado con su comunidad parroquial viva y acogedora.

Desde 1998 hasta 2003 fue también Consiliario diocesano del Movimiento de Cursillos de Cristiandad. En 2003 fue nombrado canónigo de nuestra Catedral, ejerciendo como fabriquero de la misma desde 2004, hasta su jubilación en 2013. Confesor del Seminario desde 2009 hasta 2016, cuando se jubiló y siguió colaborando en esta parroquia de San Isidro de Almería.

Tanta vida de entrega solícita, tantas horas (sin tiempo) dedicadas a los demás, tanto servicio desinteresado, marca la vida del buen pastor. Mirémonos y revisemos nuestra entrega, revisemos la sencillez de vida a la que somos llamados, revisemos cómo trasmitimos a Cristo, con nuestras palabras y obras. Cómo hacemos vida nuestros compromisos bautismales y sacerdotales.

Ahora junto al pan y el vino de las ofrendas, presentamos al Señor la vida de D. Enrique. Aquí en estas espigas de resurrección trituradas por los días de entrega, aquí en este cáliz, de uvas pisadas y fermentadas, en el silencio, te entregamos agradecidos Señor, la vida de tu hijo y hermano D. Enrique, para que participe en el banquete de la comunión que nos has prometido.

Una breve enfermedad ha cerrado su caminar por este mundo. Ayer domingo, día del Señor, ha sido invitado para siempre al banquete de bodas del Cordero: que, con su traje de fiesta, como buen pastor en la tierra, viva feliz eternamente en tu presencia. Amén.

Parroquia de San Isidro de Almería,

Almería 16 de octubre de 2023

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La parroquia de Viator acogerá la primera de las oraciones en familia de este curso pastoral

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Un año más la Delegación diocesana de Pastoral familiar anima la «Oración en familia y por las familias» cada tercer jueves de cada mes. La idea es muy sencilla: la delegación distribuye el material para utilizar en las distintas parroquias en la Adoración del Santísimo o en otro momento que consideréis oportuno.

Además, el equipo de esta delegación se distribuye por distintas parroquias para conocer la pastoral familiar diocesana. Este jueves 19 a las 19:00 horas lo celebrarán en la parroquia de Nuestra Señora de las Angustias de Viator, comenzando con la celebración de la eucaristía y a la que están invitadas todas las personas que quieran asistir.

Además, desde esta delegación nos recuerdan que siguen trabajando en el Centro de Orientación Familiar para atender a las personas que presenten algún conflicto en el ámbito familiar. El teléfono de contacto es 637 28 34 76 y la dirección de correo electrónico cof@diocesisalmeria.es.

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Homilía en la coronación canónica de la Virgen de la Estrella

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El nombre de la Virgen era María (Lc 1, 27)

Queridos Hermanos sacerdotes:

Miembros del Cabildo Catedral, Vicario de evangelización, Director espiritual de la Hermandad de la Estrella, clero diocesano y religioso;

Diáconos y seminaristas, acólitos.

Querido Hermano Mayor de la Hermandad de la Estrella, Hermano Mayor de la Hermandad de la Santa Cena, Junta de gobierno y miembros de la de la Ilustre y Lasaliana Hermandad y Cofradía de Nazarenos de Cristo Rey en su Entrada Triunfal en Jerusalén, Nuestra Señora de la Estrella y San Juan Bautista de la Salle.

Querido Vicario General y Hermanos de las Escuelas Cristianas, Profesores y alumnos de la familia lasaliana.

Querida Delegada Diocesana de Hermandades y Cofradías, cargos de la Curia Diocesana, Presidente y miembros de la Unión de Hermandades de Jerez, representantes de las Hermandades y Cofradías de Nuestra Diócesis y de otras Diócesis.

Estimada Sra. Alcaldesa, Diputada Nacional, Presidenta de la Diputación Provincial, Vicepresidenta del Parlamento de la Junta de Andalucía, miembros de la Corporación Municipal, Presidencia y Directiva de la Academia de San Dionisio, Autoridades municipales y autonómicas, judiciales y académicas, militares y de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Hermanas y hermanos todos en el Señor.

“¿Qué quedará de todo esto?” Al cumplirse el décimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, en 1975, los obispos de la Conferencia Episcopal Alemana invitaron al profesor de teología Joseph Ratzinger, que había sido perito conciliar, a ofrecer un balance sobre la recepción del último concilio ecuménico de la Iglesia Católica. El futuro Benedicto XVI planteó en su intervención esa atrevida pregunta: “¿Qué quedará del Concilio Vaticano II?”. Acudiendo a las enseñanzas de la Historia de la Iglesia, ofreció una respuesta llena de lucidez: “Del Concilio -respondió Ratzinger- quedarán sus santos”. De los grandes acontecimientos de la historia de la Iglesia quedan sus frutos de santidad. Cuando nos disponemos a coronar la Imagen bendita de la Virgen de la Estrella, tanto tiempo esperada y con tanto esfuerzo y cariño preparada, es fundamental preguntarnos por su continuidad: “¿Qué quedará de la coronación de La Estrella?” Evocando la respuesta certera de Ratzinger, permitidme contestar con las palabras del apóstol san Pablo: lo que uno siembre, eso cosechará (Ga 6, 7). De la siembra abundante de esta celebración, de los preparativos y de los compromisos aquí adquiridos, quedarán sus frutos de santidad.

La familia lasaliana ve el origen de la advocación mariana de la Estrella en la revelación recibida por el monje benedictino Rogerio en el año 1060. Desalentado por no saber cómo impulsar la tarea evangelizadora, este monje recibió en sueños la respuesta a sus oraciones: “en el lugar donde veas caer una estrella, fijarás tu morada y levantarás una capilla dedicada a la Virgen María”. Al despertar del sueño, una estrella dirigió sus pasos hasta Monteburgo, en la Normandía francesa, donde levantó la capilla y junto a ella una Abadía, dedicadas a la Virgen, invocada por monjes y lugareños con el nombre de Nuestra Señora de la Estrella. Unas décadas después, San Bernardo de Claraval, en uno de sus más tempranos sermones, hará popular el título de Estrella para invocar a María Santísima. Como el monje Rogerio, San Bernardo encontró en la Virgen María la luz que permite orientar nuestros pasos en la noche de este mundo: «Si se levantan los vientos de las tentaciones, si te ves arrastrado contra las rocas del abatimiento, mira la Estrella, invoca a María» (Serm. II, 17). A partir de 1938 la Congregación Lasallista toma a su cargo la Abadía y el Santuario, y, al cumplirse el noveno centenario de su fundación, en 1960, lleva a cabo la coronación pontificia de Nuestra Señora de la Estrella, siendo declarada Reina, Madre y Patrona Universal de las Escuelas Cristianas. Dos años después, en 1962, se incorporará la imagen de Nuestra Señora de la Estrella como titular mariana de la entonces joven Hermandad de la Borriquita de Jerez.

Ese año 1962 se abrió el Concilio Vaticano II y, al cumplirse el décimo aniversario de su clausura, a la vez que el teólogo Ratzinger anunciaba la pervivencia del Concilio en sus frutos de santidad, el Papa San Pablo VI llamaba a renovar el compromiso evangelizador acudiendo a María Santísima como Estrella de la evangelización: «Así como en la mañana de Pentecostés, Ella presidió con su oración el comienzo de la evangelización bajo el influjo del Espíritu Santo, así también Ella es la Estrella de la evangelización siempre renovada que la Iglesia, dócil al mandato del Señor, debe promover y realizar, sobre todo en estos tiempos difíciles y llenos de esperanza» (Exhortación Ap. Evangelii nuntiandi [8.12.1975] 82).

Cuando la Iglesia nos está llamando por la voz de los últimos Papas a impulsar una renovada etapa evangelizadora, volvemos a poner nuestra mirada en la luz radiante de La Estrella que es María para llevar a todos la alegría del Evangelio. Pido al Padre de las misericordias que la coronación canónica de la Virgen de la Estrella se convierta en un hito evangelizador en la Ciudad de Jerez y en nuestra Diócesis de Asidonia-Jerez, para que al invocar a María se renueve en todos el firme propósito de una conversión sincera que nos lleve a dar testimonio valiente de Cristo Rey.

El resplandor de La Estrella que es María se reconoce en la Palabra divina que se proclama viva en la Liturgia. De Ella, que se reconoce la esclava del Señor, aprendemos la obediencia de la fe, sin la cual no hay evangelización: hágase en mí según tu palabra (Lc 1, 38). Y la Palabra, en esta mañana luminosa, nos regala tres orientaciones fundamentales para renovar la tarea evangelizadora.

El profeta Zacarías anuncia la alegría de la hija de Sión porque el Rey viene humilde, en una borriquita, trayendo la paz a las naciones (cf. Zac 9, 9.10). Cuando el terror de nuevas guerras dañan atrozmente nuestro mundo, la palabra profética nos muestra el camino de la paz: el Rey cabalga modesto, la paz se instaura desde la pequeñez y la humildad. Que se alegre María en este día al ver a sus hijos convertidos en portadores de paz. Honremos a La Estrella con un corazón reconciliado, que se deja perdonar por el amor misericordioso del Rey humilde, Jesucristo Nuestro Señor. Pidamos al Señor, por intercesión de María, el don de la paz para nuestro mundo y crecer haciéndonos niños de modo que florezca la justicia y la paz (cf. Sal 71).

San Pablo centra el esfuerzo de nuestros trabajos y proclama la motivación última de la tarea evangelizadora: Cristo tiene que reinar (1 Cor 15, 25). Aparquemos nuestros protagonismos y soberbias, y dejemos a Cristo ser Rey: de nuestras vidas y relaciones personales, de nuestras leyes e instituciones, de las familias y de la educación. De forma diáfana lo ha afirmado el Papa Francisco cuando al inaugurar el Sínodo que se está celebrando en la Ciudad del Vaticano ha dicho que «el objetivo principal del Sínodo es volver a poner a Dios en el centro” (Hom. 4.10.23). Miremos la Estrella e invoquemos a María, para que Cristo reine.

El evangelista san Lucas, en fin, nos deja en el relato de la anunciación el remedio para el desaliento, el consuelo para el llanto, el secreto para la esperanza, el motivo para el gozo, el bálsamo para el corazón herido y el fuego para mantener siempre ardiendo el amor: El nombre de la Virgen era María (Lc 1, 27). Que siempre esté en nuestros labios y llevemos grabado en el corazón el Dulce Nombre de María. «Que nunca se cierre tu boca al nombre de María… Si ella te sostiene, no te vendrás abajo. Nada temerás si te protege; si te dejas llevar por Ella, no te fatigarás; con su favor llegarás a puerto», declaraba San Bernardo en el recordado sermón.

Para que la coronación canónica que estamos celebrando sea un verdadero hito en el impulso misionero, es necesario alimentar la devoción a Nuestra Madre con la escucha de la Palabra de Dios, meditada y llevada a la vida en la comunión de la Iglesia, lo cual implica hacer de la entrega a María el modo concreto de vivir. La vida nueva que Cristo nos ha alcanzado se manifiesta en el ejercicio simultáneo de cuatro acciones inseparables y constitutivas: creer, celebrar, vivir y orar. Ser en todo y siempre de María significa entonces creer según el ejemplo e intercesión de la Santísima Virgen, celebrar tomando parte en los misterios de la fe con sus mismas actitudes, vivir en Cristo mediante la entrega solícita y generosa al estilo de la Sierva del Señor en amor a los demás, especialmente a los más necesitados, y orar como Ella y con Ella meditando en el corazón.

¿Qué quedará de todo esto? Quedará siempre la luz bendita del Salvador que resplandece en La Estrella, para que al mirarla invoquemos a María. Quedará la Estrella, quedará María: El nombre de la Virgen era María (Lc 1, 27).

    ¡Nada sin María! ¡Todo con Ella!

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Casa Diocesana del Seglar

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Plaza de los Lobos, 12, 18001 Granada

958 206 620

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Casa Sacerdotal Diocesana

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Director Juan Martínez Gutiérrez

Plaza de Gracia, 6,18002 Granada

958 253 100

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Aquí puedes leer completa la Exhortación Apostólica del Papa Francisco titulada «C’est la confiance»

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EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
C’EST LA CONFIANCE
DEL SANTO PADRE
FRANCISCO
SOBRE LA CONFIANZA EN EL AMOR MISERICORDIOSO DE DIOS
CON MOTIVO DEL 150.º ANIVERSARIO
DEL NACIMIENTO DE
SANTA TERESA DEL NIÑO JESÚS Y DE LA SANTA FAZ

1. « C’est la confiance et rien que la confiance qui doit nous conduire à l’Amour»: «La confianza, y nada más que la confianza, puede conducirnos al Amor». [1]

2. Estas palabras tan contundentes de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz lo dicen todo, resumen la genialidad de su espiritualidad y bastarían para justificar que se la haya declarado doctora de la Iglesia. Sólo la confianza, “nada más”, no hay otro camino por donde podamos ser conducidos al Amor que todo lo da. Con la confianza, el manantial de la gracia desborda en nuestras vidas, el Evangelio se hace carne en nosotros y nos convierte en canales de misericordia para los hermanos.

3. Es la confianza la que nos sostiene cada día y la que nos mantendrá de pie ante la mirada del Señor cuando nos llame junto a Él: «En la tarde de esta vida, compareceré delante de ti con las manos vacías, pues no te pido, Señor, que lleves cuenta de mis obras. Todas nuestras justicias tienen manchas a tus ojos. Por eso, yo quiero revestirme de tu propia Justicia y recibir de tu Amor la posesión eterna de Ti mismo». [2]

4. Teresita es una de las santas más conocidas y queridas en todo el mundo. Como sucede con san Francisco de Asís, es amada incluso por no cristianos y no creyentes. También ha sido reconocida por la UNESCO entre las figuras más significativas para la humanidad contemporánea. [3] Nos hará bien profundizar su mensaje al conmemorar el 150.º aniversario de su nacimiento, que tuvo lugar en Alençon el 2 de enero de 1873, y el centenario de su beatificación. [4] Pero no he querido hacer pública esta Exhortación en alguna de esas fechas, o el día de su memoria, para que este mensaje vaya más allá de esa celebración y sea asumido como parte del tesoro espiritual de la Iglesia. La fecha de esta publicación, memoria de santa Teresa de Ávila, quiere presentar a santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz como fruto maduro de la reforma del Carmelo y de la espiritualidad de la gran santa española.

5. Su vida terrena fue breve, apenas veinticuatro años, y sencilla como una más, transcurrida primero en su familia y luego en el Carmelo de Lisieux. La extraordinaria carga de luz y de amor que irradiaba su persona se manifestó inmediatamente después de su muerte con la publicación de sus escritos y con las innumerables gracias obtenidas por los fieles que la invocaban.

6. La Iglesia reconoció rápidamente el valor extraordinario de su figura y la originalidad de su espiritualidad evangélica. Teresita conoció al Papa León XIII con motivo de la peregrinación a Roma en 1887 y le pidió permiso para entrar en el Carmelo a la edad de quince años. Poco después de su muerte, san Pío X percibió su enorme estatura espiritual, tanto que afirmó que se convertiría en la santa más grande de los tiempos modernos. Declarada venerable en 1921 por Benedicto XV, que elogió sus virtudes centrándolas en el “caminito” de la infancia espiritual, [5] fue beatificada hace cien años y luego canonizada el 17 de mayo de 1925 por Pío XI, quien agradeció al Señor por permitirle que Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz fuera “la primera beata que elevó a los honores de los altares y la primera santa canonizada por él”. [6] El mismo Papa la declaró patrona de las Misiones en 1927. [7]Fue proclamada una de las patronas de Francia en 1944 por el venerable Pío XII, [8] que en varias ocasiones profundizó el tema de la infancia espiritual. [9] A san Pablo VI le gustaba recordar su bautismo, recibido el 30 de septiembre de 1897, día de la muerte de santa Teresita, y en el centenario de su nacimiento dirigió al obispo de Bayeux y Lisieux un escrito sobre su doctrina. [10]  Durante su primer viaje apostólico a Francia, en junio de 1980, san Juan Pablo II fue a la basílica dedicada a ella y en 1997 la declaró doctora de la Iglesia, [11] considerándola además «como experta en la scientia amoris». [12] Benedicto XVI retomó el tema de su “ ciencia del amor”, proponiéndola como «guía para todos, sobre todo para quienes, en el pueblo de Dios, desempeñan el ministerio de teólogos». [13] Finalmente, tuve la alegría de canonizar a sus padres Luis y Celia en el año 2015, durante el Sínodo sobre la familia, y recientemente le dediqué una catequesis en el ciclo sobre el celo apostólico. [14]

1. Jesús para los demás

7. En el nombre que ella eligió como religiosa se destaca Jesús: el “Niño” que manifiesta el misterio de la Encarnación y la “Santa Faz”, es decir, el rostro de Cristo que se entrega hasta el fin en la Cruz. Ella es “santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz”.

8. El Nombre de Jesús es continuamente “respirado” por Teresa como acto de amor, hasta el último aliento. También había grabado estas palabras en su celda: “Jesús es mi único amor”. Fue su interpretación de la afirmación culminante del Nuevo Testamento: «Dios es amor» (1 Jn 4,8.16).

Alma misionera

9. Como sucede en todo encuentro auténtico con Cristo, esta experiencia de fe la convocaba a la misión. Teresita pudo definir su misión con estas palabras: «En el cielo desearé lo mismo que deseo ahora en la tierra: amar a Jesús y hacerle amar». [15] Escribió que había entrado al Carmelo «para salvar almas». [16] Es decir, no entendía su consagración a Dios sin la búsqueda del bien de los hermanos. Ella compartía el amor misericordioso del Padre por el hijo pecador y el del Buen Pastor por las ovejas perdidas, lejanas, heridas. Por eso es patrona de las misiones, maestra de evangelización.

10. Las últimas páginas de Historia de un alma [17] son un testamento misionero, expresan su modo de entender la evangelización por atracción, [18] no por presión o proselitismo. Vale la pena leer cómo lo sintetiza ella misma: «“ Atráeme, y correremos tras el olor de tus perfumes”. ¡Oh, Jesús!, ni siquiera es, pues, necesario decir: Al atraerme a mí, atrae también a las almas que amo. Esta simple palabra, “Atráeme”, basta. Lo entiendo, Señor. Cuando un alma se ha dejado fascinar por el perfume embriagador de tus perfumes, ya no puede correr sola, todas las almas que ama se ven arrastradas tras de ella. Y eso se hace sin tensiones, sin esfuerzos, como una consecuencia natural de su propia atracción hacia ti. Como un torrente que se lanza impetuosamente hacia el océano arrastrando tras de sí todo lo que encuentra a su paso, así, Jesús mío, el alma que se hunde en el océano sin riberas de tu amor atrae tras de sí todos los tesoros que posee… Señor, tú sabes que yo no tengo más tesoros que las almas que tú has querido unir a la mía». [19]

11. Aquí ella cita las palabras que la novia dirige al novio en el Cantar de los Cantares (1,3-4), según la interpretación profundizada por los dos doctores del Carmelo, santa Teresa de Jesús y san Juan de la Cruz. El Esposo es Jesús, el Hijo de Dios que se unió a nuestra humanidad en la Encarnación y la redimió en la Cruz. Allí, desde su costado abierto, dio a luz a la Iglesia, su amada Esposa, por la que entregó su vida (cf. Ef 5,25). Lo que llama la atención es cómo Teresita, consciente de que está cerca de la muerte, no vive este misterio encerrada en sí misma, sólo en un sentido consolador, sino con un ferviente espíritu apostólico.

La gracia que nos libera de la autorreferencialidad

12. Algo semejante ocurre cuando se refiere a la acción del Espíritu Santo, que adquiere de inmediato un sentido misionero: «Esa es mi oración. Yo pido a Jesús que me atraiga a las llamas de su amor, que me una tan íntimamente a Él que sea Él quien viva y quien actúe en mí. Siento que cuanto más abrase mi corazón el fuego del amor, con mayor fuerza diré: “Atráeme”; y que cuanto más se acerquen las almas a mí (pobre trocito de hierro, si me alejase de la hoguera divina), más ligeras correrán tras los perfumes de su Amado. Porque un alma abrasada de amor no puede estarse inactiva». [20]

13. En el corazón de Teresita, la gracia del bautismo se convierte en un torrente impetuoso que desemboca en el océano del amor de Cristo, arrastrando consigo una multitud de hermanas y hermanos, lo que ocurrió especialmente después de su muerte. Fue su prometida «lluvia de rosas». [21]

2. El caminito de la confianza y del amor

14. Uno de los descubrimientos más importantes de Teresita, para el bien de todo el Pueblo de Dios, es su “caminito”, el camino de la confianza y del amor, también conocido como el camino de la infancia espiritual. Todos pueden seguirlo, en cualquier estado de vida, en cada momento de la existencia. Es el camino que el Padre celestial revela a los pequeños (cf. Mt 11,25).

15. Teresita relató el descubrimiento del caminito en la Historia de un alma: [22] «A pesar de mi pequeñez, puedo aspirar a la santidad. Agrandarme es imposible; tendré que soportarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones. Pero quiero buscar la forma de ir al cielo por un caminito muy recto y muy corto, por un caminito totalmente nuevo». [23]

16. Para describirlo, usa la imagen del ascensor: «¡El ascensor que ha de elevarme hasta el cielo son tus brazos, Jesús! Y para eso, no necesito crecer; al contrario, tengo que seguir siendo pequeña, tengo que empequeñecerme más y más». [24] Pequeña, incapaz de confiar en sí misma, aunque firmemente segura en la potencia amorosa de los brazos del Señor.

17. Es el “dulce camino del amor”, [25] abierto por Jesús a los pequeños y a los pobres, a todos. Es el camino de la verdadera alegría. Frente a una idea pelagiana de santidad, [26] individualista y elitista, más ascética que mística, que pone el énfasis principal en el esfuerzo humano, Teresita subraya siempre la primacía de la acción de Dios, de su gracia. Así llega a decir: «Sigo teniendo la misma confianza audaz de llegar a ser una gran santa, pues no me apoyo en mis méritos —que no tengo ninguno—, sino en Aquel que es la Virtud y la Santidad mismas. Sólo Él, conformándose con mis débiles esfuerzos, me elevará hasta Él y, cubriéndome con sus méritos infinitos, me hará santa». [27]

Más allá de todo mérito

18. Este modo de pensar no contrasta con la tradicional enseñanza católica sobre el crecimiento de la gracia; es decir que, justificados gratuitamente por la gracia santificante, somos transformados y capacitados para cooperar con nuestras buenas acciones en un camino de crecimiento en la santidad. De este modo somos elevados de tal manera que podemos tener reales méritos para el desarrollo de la gracia recibida.

19. Teresita, sin embargo, prefiere destacar el primado de la acción divina e invitar a la confianza plena mirando el amor de Cristo que se nos ha dado hasta el fin. En el fondo, su enseñanza es que, dado que no podemos tener certeza alguna mirándonos a nosotros mismos, [28] tampoco podemos tener certeza de poseer méritos propios. Entonces no es posible confiar en estos esfuerzos o cumplimientos. El Catecismo ha querido citar las palabras de santa Teresita cuando dice al Señor: «Compareceré delante de ti con las manos vacías», [29] para expresar que «los santos han tenido siempre una conciencia viva de que sus méritos eran pura gracia». [30] Esta convicción despierta una gozosa y tierna gratitud.

20. Por consiguiente, la actitud más adecuada es depositar la confianza del corazón fuera de nosotros mismos: en la infinita misericordia de un Dios que ama sin límites y que lo ha dado todo en la Cruz de Jesucristo. [31] Por esta razón Teresita nunca usa la expresión, frecuente en su tiempo, “me haré santa”.

21. Sin embargo, su confianza sin límites alienta a quienes se sienten frágiles, limitados, pecadores, a dejarse llevar y transformar para llegar alto: «Si todas las almas débiles e imperfectas sintieran lo que siente la más pequeña de todas las almas, el alma de tu Teresita, ni una sola perdería la esperanza de llegar a la cima de la montaña del amor, pues Jesús no pide grandes hazañas, sino únicamente abandono y gratitud». [32]

22. Esta misma insistencia de Teresita en la iniciativa divina hace que, cuando habla de la Eucaristía, no ponga en primer lugar su deseo de recibir a Jesús en la sagrada comunión, sino el deseo de Jesús que quiere unirse a nosotros y habitar en nuestros corazones. [33] En la Ofrenda al amor misericordioso, sufriendo por no poder recibir la comunión todos los días, dice a Jesús: «Quédate en mí como en el sagrario». [34] El centro y el objeto de su mirada no es ella misma con sus necesidades, sino Cristo que ama, que busca, que desea, que habita en el alma.

El abandono cotidiano

23. La confianza que Teresita promueve no debe entenderse sólo en referencia a la propia santificación y salvación. Tiene un sentido integral, que abraza la totalidad de la existencia concreta y se aplica a nuestra vida entera, donde muchas veces nos abruman los temores, el deseo de seguridades humanas, la necesidad de tener todo bajo nuestro control. Aquí es donde aparece la invitación al santo “abandono”.

24. La confianza plena, que se vuelve abandono en el Amor, nos libera de los cálculos obsesivos, de la constante preocupación por el futuro, de los temores que quitan la paz. En sus últimos días Teresita insistía en esto: «Los que corremos por el camino del amor creo que no debemos pensar en lo que pueda ocurrirnos de doloroso en el futuro, porque eso es faltar a la confianza». [35]Si estamos en las manos de un Padre que nos ama sin límites, eso será verdad pase lo que pase, saldremos adelante más allá de lo que ocurra y, de un modo u otro, se cumplirá en nuestras vidas su proyecto de amor y plenitud.

Un fuego en medio de la noche

25. Teresita vivía la fe más fuerte y segura en la oscuridad de la noche e incluso en la oscuridad del Calvario. Su testimonio alcanzó el punto culminante en el último período de su vida, en la gran «prueba contra la fe», [36] que comenzó en la Pascua de 1896. En su relato, [37] ella pone esta prueba en relación directa con la dolorosa realidad del ateísmo de su tiempo. Vivió de hecho a finales del siglo XIX, que fue la “edad de oro” del ateísmo moderno, como sistema filosófico e ideológico. Cuando escribió que Jesús había permitido que su alma «se viese invadida por las más densas tinieblas», [38] estaba indicando la oscuridad del ateísmo y el rechazo de la fe cristiana. En unión con Jesús, que recibió en sí toda la oscuridad del pecado del mundo cuando aceptó beber el cáliz de la Pasión, Teresita percibe en esa noche tenebrosa la desesperación, el vacío de la nada. [39]

26. Pero la oscuridad no puede extinguir la luz: ella ha sido conquistada por Aquel que ha venido al mundo como luz (cf. Jn12,46). [40] El relato de Teresita manifiesta el carácter heroico de su fe, su victoria en el combate espiritual, frente a las tentaciones más fuertes. Se siente hermana de los ateos y sentada, como Jesús, a la mesa con los pecadores (cf. Mt 9,10-13). Intercede por ellos, mientras renueva continuamente su acto de fe, siempre en comunión amorosa con el Señor: «Corro hacia mi Jesús y le digo que estoy dispuesta a derramar hasta la última gota de mi sangre por confesar que existe un cielo; le digo que me alegro de no gozar de ese hermoso cielo aquí en la tierra para que Él lo abra a los pobres incrédulos por toda la eternidad». [41]

27. Junto con la fe, Teresa vive intensamente una confianza ilimitada en la infinita misericordia de Dios: «la confianza puede conducirnos al Amor». [42] Vive, aun en la oscuridad, la confianza total del niño que se abandona sin miedo en los brazos de su padre y de su madre. Para Teresita, de hecho, Dios brilla ante todo a través de su misericordia, clave de comprensión de cualquier otra cosa que se diga de Él: «A mí me ha dado su misericordia infinita, ¡y a través de ella contemplo y adoro las demás perfecciones divinas…! Entonces todas se me presentan radiantes de amor; incluso la justicia (y quizás ésta más aún que todas las demás) me parece revestida de amor». [43] Este es uno de los descubrimientos más importantes de Teresita, una de las mayores contribuciones que ha ofrecido a todo el Pueblo de Dios. De modo extraordinario penetró en las profundidades de la misericordia divina y de allí sacó la luz de su esperanza ilimitada.

Una firmísima esperanza

28. Antes de su entrada en el Carmelo, Teresita había experimentado una singular cercanía espiritual con una de las personas más desventuradas, el criminal Henri Pranzini, condenado a muerte por triple asesinato y no arrepentido. [44] Al ofrecer la Misa por él y rezar con total confianza por su salvación, sin dudar lo pone en contacto con la Sangre de Jesús y dice a Dios que está segurísima de que en el último momento Él lo perdonaría y que ella lo creería «aunque no se confesase ni diese muestra alguna de arrepentimiento». Da la razón de su certeza: «Tanta confianza tenía en la misericordia infinita de Jesús». [45] Cuánta emoción, luego, al descubrir que Pranzini, subido al cadalso, «de repente, tocado por una súbita inspiración, se volvió, cogió el crucifijo que le presentaba el sacerdote ¡y besó por tres veces sus llagas sagradas…!». [46] Esta experiencia tan intensa de esperar contra toda esperanza fue fundamental para ella: «A partir de esta gracia sin igual, mi deseo de salvar almas fue creciendo de día en día». [47]

29. Teresita es consciente del drama del pecado, aunque siempre la vemos inmersa en el misterio de Cristo, con la certeza de que «donde abundó el pecado, sobreabundó la gracia» ( Rm 5,20). El pecado del mundo es inmenso, pero no es infinito. En cambio, el amor misericordioso del Redentor, este sí es infinito. Teresita es testigo de la victoria definitiva de Jesús sobre todas las fuerzas del mal a través de su pasión, muerte y resurrección. Movida por la confianza, se atreve a plantear: «Jesús, haz que yo salve muchas almas, que hoy no se condene ni una sola […]. Jesús, perdóname si digo cosas que no debiera decir, sólo quiero alegrarte y consolarte». [48] Esto nos permite pasar a otro aspecto de ese aire fresco que es el mensaje de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz.

3. Seré el amor

30. “Más grande” que la fe y la esperanza, la caridad nunca pasará (cf. 1 Co 13,8-13). Es el mayor regalo del Espíritu Santo y es «madre y raíz de todas las virtudes». [49]

La caridad como trato personal de amor

31. La Historia de un alma es un testimonio de caridad, donde Teresita nos ofrece un comentario sobre el mandamiento nuevo de Jesús: «Ámense los unos a los otros, como yo los he amado» ( Jn 15,12). [50] Jesús tiene sed de esta respuesta a su amor. De hecho, «no vacila en mendigar un poco de agua a la Samaritana. Tenía sed… Pero al decir: “Dame de beber”, lo que estaba pidiendo el Creador del universo era el amor de su pobre criatura. Tenía sed de amor». [51] Teresita quiere corresponder al amor de Jesús , devolverle amor por amor. [52]

32. El simbolismo del amor esponsal expresa la reciprocidad del don de sí entre el novio y la novia. Así, inspirada por el Cantar de los Cantares (2,16), escribe: «Yo pienso que el corazón de mi Esposo es sólo para mí, como el mío es sólo para él, y por eso le hablo en la soledad de este delicioso corazón a corazón, a la espera de llegar a contemplarlo un día cara a cara». [53] Aunque el Señor nos ama juntos como Pueblo, al mismo tiempo la caridad obra de un modo personalísimo, “de corazón a corazón”.

33. Teresita tiene la viva certeza de que Jesús la amó y conoció personalmente en su Pasión: «Me amó y se entregó por mí» ( Ga2,20). Contemplando a Jesús en su agonía, ella le dice: «Me has visto». [54] Del mismo modo le dice al Niño Jesús en los brazos de su Madre: «Con tu pequeña mano, que halagaba a María, sustentabas el mundo y la vida le dabas. Y pensabas en mí». [55]Así, también al comienzo de la Historia de un alma, ella contempla el amor de Jesús por todos y cada uno como si fuera único en el mundo. [56]

34. El acto de amor “Jesús, te amo”, continuamente vivido por Teresita como la respiración, es su clave de lectura del Evangelio. Con ese amor se sumerge en todos los misterios de la vida de Cristo, de los cuales se hace contemporánea, habitando el Evangelio con María y José, María Magdalena y los Apóstoles. Junto a ellos penetra en las profundidades del amor del Corazón de Jesús. Veamos un ejemplo: «Cuando veo a Magdalena adelantarse, en presencia de los numerosos invitados, y regar con sus lágrimas los pies de su Maestro adorado, a quien toca por primera vez, siento que su corazón ha comprendido los abismos de amor y de misericordia del corazón de Jesús y que, por más pecadora que sea, ese corazón de amor está dispuesto, no sólo a perdonarla, sino incluso a prodigarle los favores de su intimidad divina y a elevarla hasta las cumbres más altas de la contemplación». [57]

El amor más grande en la mayor sencillez

35. Al final de la Historia de un alma, Teresita nos regaló su Ofrenda como víctima de holocausto al amor misericordioso de Dios. [58] Cuando ella se entregó en plenitud a la acción del Espíritu recibió, sin estridencias ni signos vistosos, la sobreabundancia del agua viva: «los ríos, o, mejor los océanos de gracias que han venido a inundar mi alma». [59] Es la vida mística que, aun privada de fenómenos extraordinarios, se propone a todos los fieles como experiencia diaria de amor.

36. Teresita vive la caridad en la pequeñez, en las cosas más simples de la existencia cotidiana, y lo hace en compañía de la Virgen María, aprendiendo de ella que « amar es darlo todo, darse incluso a sí mismo». [60] De hecho, mientras que los predicadores de su tiempo hablaban a menudo de la grandeza de María de manera triunfalista, como alejada de nosotros, Teresita muestra, a partir del Evangelio, que María es la más grande del Reino de los Cielos porque es la más pequeña (cf . Mt18,4), la más cercana a Jesús en su humillación. Ella ve que, si los relatos apócrifos están llenos de episodios llamativos y maravillosos, los Evangelios nos muestran una vida humilde y pobre, que transcurre en la simplicidad de la fe. Jesús mismo quiere que María sea el ejemplo del alma que lo busca con una fe despojada. [61] María fue la primera en vivir el “caminito” en pura fe y humildad; así que Teresita no duda en escribir:

«Yo sé que en Nazaret, Madre llena de gracia,
viviste pobremente sin ambición de más.
¡ Ni éxtasis, ni raptos, ni sonoros milagros
tu vida embellecieron, Reina del Santoral
…!
Muchos son en la tierra los pequeños y humildes:
sus ojos hacia ti pueden sin miedo alzar.
Madre, te place andar por la vía común,
para guiar las almas al feliz Más Allá». [62]

37. Teresita también nos ha ofrecido relatos que dan cuenta de algunos momentos de gracia vividos en medio de la sencillez diaria, como su repentina inspiración cuando acompañaba a una hermana enferma con carácter difícil. Pero siempre se trata de experiencias de una caridad más intensa vivida en las situaciones más ordinarias: «Una tarde de invierno estaba yo, como de costumbre, cumpliendo con mi tarea. Hacía frío y era de noche… De pronto, oí a lo lejos el sonido armonioso de un instrumento musical. Entonces me imaginé un salón muy iluminado, todo resplandeciente de ricos dorados; unas jóvenes elegantemente vestidas se hacían unas a otras toda suerte de cumplidos y de cortesías mundanas. Luego mi mirada se posó sobre la pobre enferma a la que estaba sosteniendo: en vez de una melodía, escuchaba de tanto en tanto sus gemidos lastimeros; en vez de ricos dorados, veía los ladrillos de nuestro austero claustro apenas alumbrado por una lucecita. No puedo expresar lo que pasó en mi alma. Lo que sí sé es que el Señor la iluminó con los rayos de la verdad, que excedían de tal forma el brillo tenebroso de las fiestas de la tierra, que no podía creer en mi felicidad… No, no cambiaría los diez minutos que me llevó realizar mi humilde servicio de caridad por gozar mil años de fiestas mundanas». [63]

En el corazón de la Iglesia

38. Teresita heredó de santa Teresa de Ávila un gran amor a la Iglesia y pudo llegar a lo hondo de este misterio. Lo vemos en su descubrimiento del “corazón de la Iglesia”. En una larga oración a Jesús, [64] escrita el 8 de septiembre de 1896, sexto aniversario de su profesión religiosa, la santa confió al Señor que se sentía animada por un inmenso deseo, por una pasión por el Evangelio que ninguna vocación por sí sola podía satisfacer. Y así, en busca de su “lugar” en la Iglesia, había releído los capítulos 12 y 13 de la Primera Carta de san Pablo a los corintios.

39. En el capítulo 12, el Apóstol utiliza la metáfora del cuerpo y sus miembros para explicar que la Iglesia incluye una gran variedad de carismas ordenados según un orden jerárquico. Pero esta descripción no es suficiente para Teresita. Ella continuó su investigación, leyó el “himno a la caridad” del capítulo 13, allí encontró la gran respuesta y escribió esta página memorable: «Al mirar el cuerpo místico de la Iglesia, yo no me había reconocido en ninguno de los miembros descritos por san Pablo; o, mejor dicho, quería reconocerme en todos ellos… La caridad me dio la clave de mi vocación. Comprendí que si la Iglesia tenía un cuerpo, compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más noble de todos ellos. Comprendí que la Iglesia tenía un corazón, y que ese corazón estaba ardiendo de amor. Comprendí que sólo el amor podía hacer actuar a los miembros de la Iglesia; que si el amor llegaba a apagarse, los apóstoles ya no anunciarían el Evangelio y los mártires se negarían a derramar su sangre… Comprendí que el amor encerraba en sí todas las vocaciones, que el amor lo era todo, que el amor abarcaba todos los tiempos y lugares… En una palabra, ¡que el amor es eterno…! Entonces, al borde de mi alegría delirante, exclamé: ¡Jesús, amor mío…, al fin he encontrado mi vocación! ¡Mi vocación es el amor…! Sí, he encontrado mi puesto en la Iglesia, y ese puesto, Dios mío, eres tú quien me lo ha dado… En el corazón de la Iglesia, mi Madre, yo seré el amor… Así lo seré todo… ¡¡¡Así mi sueño se verá hecho realidad…!!!». [65]

40. No es el corazón de una Iglesia triunfalista, es el corazón de una Iglesia amante, humilde y misericordiosa. Teresita nunca se pone por encima de los demás, sino en el último lugar con el Hijo de Dios, que por nosotros se convirtió en siervo y se humilló, haciéndose obediente hasta la muerte en una cruz (cf. Flp 2,7-8).

41. Tal descubrimiento del corazón de la Iglesia es también una gran luz para nosotros hoy, para no escandalizarnos por los límites y debilidades de la institución eclesiástica, marcada por oscuridades y pecados, y entrar en su corazón ardiente de amor, que se encendió en Pentecostés gracias al don del Espíritu Santo. Es ese corazón cuyo fuego se aviva más aún con cada uno de nuestros actos de caridad. “Yo seré el amor”, esta es la opción radical de Teresita, su síntesis definitiva, su identidad espiritual más personal.

Lluvia de rosas

42. Después de muchos siglos en que tantos santos expresaron con mucho fervor y belleza sus deseos de “ir al cielo”, santa Teresita reconoció, con gran sinceridad: «Yo sufría por aquel entonces grandes pruebas interiores de todo tipo (hasta llegar a preguntarme a veces si existía un cielo)». [66] En otro momento dijo: «Cuando canto la felicidad del cielo y la eterna posesión de Dios, no experimento la menor alegría, pues canto simplemente lo que quiero creer». [67] ¿Qué ha sucedido? Que ella estaba escuchando la llamada de Dios a poner fuego en el corazón de la Iglesia más que a soñar con su propia felicidad.

43. La transformación que se produjo en ella le permitió pasar de un fervoroso deseo del cielo a un constante y ardiente deseo del bien de todos, culminando en el sueño de continuar en el cielo su misión de amar a Jesús y hacerlo amar. En este sentido, en una de sus últimas cartas escribió: «Tengo la confianza de que no voy a estar inactiva en el cielo. Mi deseo es seguir trabajando por la Iglesia y por las almas». [68] Y en esos mismos días dijo, de modo más directo: «Pasaré mi cielo en la tierra hasta el fin del mundo. Sí, yo quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra». [69]

44. Así Teresita expresaba su respuesta más convencida al don único que el Señor le estaba regalando, a esa luz sorprendente que Dios estaba derramando en ella. De este modo llegaba a la última síntesis personal del Evangelio, que partía de la confianza plena hasta culminar en el don total por los demás. Ella no dudaba de la fecundidad de esa entrega: «Pienso en todo el bien que podré hacer después de la muerte». [70] «Dios no me daría este deseo de hacer el bien en la tierra después de mi muerte, si no quisiera hacerlo realidad». [71] «Será como una lluvia de rosas». [72]

45. Se cierra el círculo. « C’est la confiance». Es la confianza la que nos lleva al Amor y así nos libera del temor, es la confianza la que nos ayuda a quitar la mirada de nosotros mismos, es la confianza la que nos permite poner en las manos de Dios lo que sólo Él puede hacer. Esto nos deja un inmenso caudal de amor y de energías disponibles para buscar el bien de los hermanos. Y así, en medio del sufrimiento de sus últimos días, Teresita podía decir: « Sólo cuento ya con el amor». [73] Al final sólo cuenta el amor. La confianza hace brotar las rosas y las derrama como un desbordamiento de la sobreabundancia del amor divino. Pidámosla como don gratuito, como regalo precioso de la gracia, para que se abran en nuestra vida los caminos del Evangelio.

4. En el corazón del Evangelio

46. En Evangelii gaudium insistí en la invitación a regresar a la frescura del manantial, para poner el acento en aquello que es esencial e indispensable. Creo que es oportuno retomar y proponer nuevamente aquella invitación.

La doctora de la síntesis

47. Esta Exhortación sobre santa Teresita me permite recordar que, en una Iglesia misionera «el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario. La propuesta se simplifica, sin perder por ello profundidad y verdad, y así se vuelve más contundente y radiante». [74] El núcleo luminoso es « la belleza del amor salvífico de Dios manifestado en Jesucristo muerto y resucitado». [75]

48. No todo es igualmente central, porque hay un orden o jerarquía entre las verdades de la Iglesia, y «esto vale tanto para los dogmas de fe como para el conjunto de las enseñanzas de la Iglesia, e incluso para la enseñanza moral». [76] El centro de la moral cristiana es la caridad, que es la respuesta al amor incondicional de la Trinidad, por lo cual «las obras de amor al prójimo son la manifestación externa más perfecta de la gracia interior del Espíritu». [77] Al final, sólo cuenta el amor.

49. Precisamente, el aporte específico que nos regala Teresita como santa y como doctora de la Iglesia no es analítico, como podría ser, por ejemplo, el de santo Tomás de Aquino. Su aporte es más bien sintético, porque su genialidad consiste en llevarnos al centro, a lo que es esencial, a lo que es indispensable. Ella, con sus palabras y con su propio proceso personal, muestra que, si bien todas las enseñanzas y normas de la Iglesia tienen su importancia, su valor, su luz, algunas son más urgentes y más estructurantes para la vida cristiana. Allí es donde Teresita puso la mirada y el corazón.

50. Como teólogos, moralistas, pensadores de la espiritualidad, como pastores y como creyentes, cada uno en su propio ámbito, todavía necesitamos recoger esta intuición genial de Teresita y sacar las consecuencias teóricas y prácticas, doctrinales y pastorales, personales y comunitarias. Se precisan audacia y libertad interior para poder hacerlo.

51. Algunas veces, de esta santa se citan sólo expresiones que son secundarias, o se mencionan cuestiones que ella puede tener en común con cualquier otro santo: la oración, el sacrificio, la piedad eucarística, y tantos otros hermosos testimonios, pero de ese modo podríamos privarnos de lo más específico del regalo que ella hizo a la Iglesia, olvidando que «cada santo es una misión; es un proyecto del Padre para reflejar y encarnar, en un momento determinado de la historia, un aspecto del Evangelio». [78] Por lo tanto, «para reconocer cuál es esa palabra que el Señor quiere decir a través de un santo, no conviene entretenerse en los detalles […]. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino entero de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo y que resulta cuando uno logra componer el sentido de la totalidad de su persona». [79] Esto vale más aún para santa Teresita, por tratarse de una “doctora de la síntesis”.

52. Del cielo a la tierra, la actualidad de santa Teresa del Niño Jesús y de la Santa Faz perdura en toda su “pequeña grandeza”.

En un tiempo que nos invita a encerrarnos en los propios intereses, Teresita nos muestra la belleza de hacer de la vida un regalo.

En un momento en que prevalecen las necesidades más superficiales, ella es testimonio de la radicalidad evangélica.

En un tiempo de individualismo, ella nos hace descubrir el valor del amor que se vuelve intercesión.

En un momento en el que el ser humano se obsesiona por la grandeza y por nuevas formas de poder, ella señala el camino de la pequeñez.

En un tiempo en el que se descarta a muchos seres humanos, ella nos enseña la belleza de cuidar, de hacerse cargo del otro.

En un momento de complicaciones, ella puede ayudarnos a redescubrir la sencillez, la primacía absoluta del amor, la confianza y el abandono, superando una lógica legalista o eticista que llena la vida cristiana de observancias o preceptos y congela la alegría del Evangelio.

En un tiempo de repliegues y de cerrazones, Teresita nos invita a la salida misionera, cautivados por la atracción de Jesucristo y del Evangelio.

53. Un siglo y medio después de su nacimiento, Teresita está más viva que nunca en medio de la Iglesia peregrina, en el corazón del Pueblo de Dios. Está peregrinando con nosotros, haciendo el bien en la tierra, como tanto deseó. El signo más hermoso de su vitalidad espiritual son las innumerables “rosas” que va esparciendo, es decir, las gracias que Dios nos da por su intercesión colmada de amor, para sostenernos en el camino de la vida.

Querida santa Teresita,
la Iglesia necesita hacer resplandecer
el color, el perfume, la alegría del Evangelio.
¡Mándanos tus rosas!
Ayúdanos a confiar siempre,
como tú lo hiciste,
en el gran amor que Dios nos tiene,
para que podamos imitar cada día
tu caminito de santidad.
Amén.

Dado en Roma, en San Juan de Letrán, el 15 de octubre, memoria de santa Teresa de Ávila, del año 2023, décimo primero de mi Pontificado.

FRANCISCO

La entrada Aquí puedes leer completa la Exhortación Apostólica del Papa Francisco titulada «C’est la confiance» se publicó primero en Diocesis de Jerez.

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