
Encarni Llamas Fortes
Encarni Llamas Fortes es madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo.

Encarni Llamas Fortes es madre de tres hijos. Periodista que desarrolla su labor profesional en la Delegación de Medios de Comunicación de la Diócesis de Málaga. Bachiller en Ciencias Religiosas por el ISCR San Pablo.

Este concierto, dentro del IV Ciclo Internacional de Órgano “Diócesis de Asidonia-Jerez”, estará a cargo del Coro y Escolanía de la Asociación Coral «Regina Coeli», Orquesta de Cámara «Al-Madain bajo la dirección de Nicolás Barbero y el órgano de Ángel Hortas Rodriguez- Pascual.
Este viernes 15 de diciembre a las 20:30hrs, el primer templo de la Diócesis acogerá la celebración de un concierto de Navidad. Esta actividad, programada dentro del IV Ciclo Internacional de Órgano “Diócesis de Asidonia-Jerez”, estará a cargo del Coro y Escolanía de la Asociación Coral «Regina Coeli», Orquesta de Cámara «Al-Madain bajo la dirección de Nicolás Barbero y el órgano de Ángel Hortas Rodriguez- Pascual.
Organizado por el IV Ciclo Internacional de Órgano “Diócesis de Asidonia-Jerez” junto al Cabildo Catedral, este evento será de acceso libre hasta completar el aforo. Asimismo, será el momento perfecto para que a través de la música preparemos nuestro corazón para la llegada de la Natividad de Nuestra Señor Jesucristo.
Por último, cabe destacar que este concierto tiene como mención especial a la Academia de San Dionisio, institución la cual cumple 75 años desde su creación.
La entrada Concierto de Navidad en la Santa Iglesia Catedral este viernes 15 de diciembre a las 20:30hrs se publicó primero en Diocesis de Jerez.
Cuando avanzamos en el recién estrenado tiempo de Adviento, la liturgia nos invita de nuevo a centrarnos en el encuentro con Cristo. Pedimos al Padre, rico en misericordia, que, al salir animosos al encuentro de su Hijo, no nos veamos impedidos por los afanes de este mundo. El deseo de un encuentro renovado con el Señor puede verse frustrado por obstáculos que nos impiden crecer en la vida cristiana. Podemos tener deseos muy santos de conocer más al Señor y de entregarnos más a Él y a su Iglesia, pero, a lo mejor, llevamos un estilo de vida que frustra nuestros anhelos. Para que los buenos deseos alcancen su meta, es necesario allanar el camino de la vida, poner orden en ella y centrarnos en lo realmente importante. Para ello la Iglesia nos propone dos ayudas fundamentales: la intercesión de Nuestra Madre, María Inmaculada y el testimonio siempre elocuente de san Juan Bautista, el último de los profetas.
En la Concepción Inmaculada de la Virgen María se reconoce el triunfo de la Gracia y la congruencia de la fe: convenía que la que iba a dar a luz al mundo al vencedor definitivo del pecado fuera Ella misma preservada de toda mancha de pecado. La primera redimida colabora de manera singular en la obra de la redención: con su sí a la voluntad de Dios nos enseña el camino de la liberación del pecado. En la obediencia a Dios está el fundamento y la garantía de la verdadera libertad. Para allanar el camino del Señor es necesario empezar siempre por el propio corazón: dejarnos reconciliar con Dios, hacer experiencia de la fuerza de su perdón y gustar la alegría de la salvación.
Por su parte, san Juan Bautista anuncia con su forma de vida y con sus palabras la necesidad de preparar el camino del Señor. La preparación al encuentro con Cristo que viene requiere centrarse en lo importante, sobreponerse a los reclamos del mundo y cultivar el fruto de la conversión. La vida sobria y austera del Bautista es proclamación sonora de que estamos llamados a metas más altas; nuestra vida se frustra si gastamos nuestras energías únicamente en satisfacer las necesidades del cuerpo. El evangelista san Marcos destaca en la figura del Bautista su estancia en el desierto, su vestido pobre y su comida mínima. Vivienda, vestido y alimento son bienes imprescindibles para llevar una vida digna. En el caso del Bautista esos bienes están supeditados a un Bien mayor, el anuncio de la llegada del Mesías. En el camino del Adviento, el testimonio del Bautista nos enseña a cuidar las necesidades del cuerpo de tal manera que no nos olvidemos de las necesidades del alma.
Preparar el camino del Señor requiere atención a lo interior, rechazo del pecado, cuidado de la presencia interior de Dios y custodia de la vida de la gracia. Que María Inmaculada, Patrona de nuestra Diócesis, nos alcance de su Hijo la vivencia de un Adviento lleno de frutos de santidad.
+ José Rico Pavés
Obispo de Asidonia-Jerez
II domingo de Adviento
El Profeta del Adviento, Isaías, nos enseña a saber esperar contra toda esperanza y su misión era delicada, porque la situación en la que vivía su pueblo era crítica y no era posible la paz por la crisis de fe y el desastre nacional. Pues a este pueblo lo envió el Señor como heraldo de buenas noticias para hablarles de la cercanía y del amor del Dios-con-nosotros. Prestemos en este domingo más atención a la Palabra de Dios, porque lo vamos a necesitar, que, aunque nuestra realidad es diferente en el tiempo, el mensaje que necesitamos oír está aquí: la Palabra nos invita a la alegría y a la exigencia, nos envía a preparar el camino, a tender la mano y a ser verdaderamente «hospitales de campaña», como dice el Papa Francisco, para los demás.
Escuchad, desde el silencio interior, la invitación del Señor a ser personas de esperanza, porque Cristo está en medio de nosotros, aunque no lo veamos, ni le reconozcamos, como sucedió entre los oyentes de Juan el Bautista. Estamos convencidos de que volvemos a necesitar oír la voz de Juan, que nos grita desde el desierto en esta vida nuestra: «Preparad los caminos para el Señor que viene». Es otro paso más a lo que oímos el domingo pasado, porque es urgente tomar parte de la esperanza que se nos regala con diligencia, eso sí, haciendo un alto en el camino y revisando nuestro estilo de vida. Con toda seguridad llegaremos a la conclusión que nos propone el profeta: debo convertirme, cambiar de ruta y orientar mi vida al Señor Jesús. Convertirse a Cristo Jesús significa volverse más claramente a él, aceptar sus criterios de vida, acoger su evangelio y su mentalidad en nuestra vida. Preparar el camino, allanar senderos, enderezar lo torcido.
Cuando hablamos de preparar el camino, estamos hablando de nuestra vida, a ponerte de cara a Cristo, pero de forma eficaz, de verdad, no de mentirijica, como dicen los niños. Se trata de hacer la voluntad de Dios, como hemos visto en el Evangelio que ha hecho Jesús, la Santísima Virgen María, los discípulos y la nube de santos que nos han dado ejemplo. La Palabra nos pide ir haciendo camino en la dirección que Cristo nos muestra en la predicación. Ir cumpliendo el programa que él nos ha trazado y que está lejos de haberse cumplido. Debemos llevar una vida digna de un hijo de Dios.
En el examen de conciencia que nos debemos hacer cada uno debe salir la verdad, siendo sinceros para con Dios, partiendo de lo que nos pide la Iglesia hoy: el sentido de la fraternidad, de la caridad, de atender a los necesitados, de no abandonar a los viejos y del respeto a los otros; del cuidado de nuestras familias, la participación, la comunión, la misión… ¿Se va a notar en estos días que hemos puesto a Cristo en el centro de nuestra vida? Ya sabemos que es una aventura fácil, pero hay que intentarlo, por lo menos, escuchemos a san Pedro en la segunda lectura de hoy: «Mientras esperáis, procurad que Dios os encuentre en paz con él, inmaculados e irreprochables…».
Que la Navidad que esperamos en este tiempo sea cristiana.
Primer encuentro del obispo de la Diócesis de Canarias y el director general de Cultura y Patrimonio para dialogar sobre el patrimonio eclesiástico
El obispo de la Diócesis de Canarias, José Mazuelos; el director general de Cultura y Patrimonio Cultural del Gobierno de Canarias, Miguel Angel Clavijo y el delegado episcopal de Relaciones Institucionales de la Diócesis de Canarias, Eloy Santiago, mantuvieron un primer encuentro el pasado 5 de diciembre en el Palacio Episcopal para dialogar sobre aspectos de interés común acerca del patrimonio eclesiástico de esta Diócesis de Canarias.
Una vez finalizada la reunión, el director general de Cultura y Patrimonio manifestó que se había hecho un balance del patrimonio eclesiástico existente en las islas de Gran Canaria, Fuerteventura y Lanzarote resaltando la particularidad de cada uno de ellos; se comentó el contenido de los proyectos heredados de la gestión anterior que se deben mantener e indicó que “a partir de enero se convocará la siguiente reunión y se presentarán los presupuestos firmados para trazar las líneas estratégicas que se esperan realizar en los próximos cuatro años”.
Por parte de la Diócesis de Canarias, el obispo valoró la buena disposición del Gobierno de Canarias en colaborar con el mantenimiento y promoción del patrimonio eclesiástico y resaltó los proyectos de futuro que ya están en marcha como por ejemplo la rehabilitación de la zona arqueológica del ala norte de la Catedral, en Las Palmas de GC, y la zona conventual de Betancuria en Fuerteventura, entre otros.
En la Catedral de Sevilla, el 7 de diciembre de 2023
Un año más nos encontramos aquí con nuestra Madre del cielo, como familia, como juventud de la Archidiócesis de Sevilla. Todavía están vivos los recuerdos de la reciente Jornada Mundial de la Juventud de Lisboa. Allí constatamos que los jóvenes son miembros vivos y activos de la Iglesia, son su presente y no solo su futuro. Por eso era importante conocer su situación interior, su percepción de la realidad, sus fortalezas y debilidades, sus miedos y esperanzas. Recordáis el Via Crucis, en el que repasamos las heridas de su corazón.
El futuro preocupa a muchos: ¿encontraré un puesto de trabajo, una vivienda?, ¿llegaré a encontrar un amor para siempre y a formar una familia?, ¿qué futuro me espera? También la soledad, porque muchos jóvenes se sienten solos, incluso cuando están rodeados de gente. Las ansiedades y depresiones, los problemas de identidad, la pérdida del sentido de la vida, hasta el punto de preguntarse si merece la pena vivir. También los hay que están atrapados en diferentes adicciones, en las drogas, la pornografía, o el alcohol, y que vuelven a caer cada vez que intentan levantarse, y terminan refugiándose en sus pantallas, lo que en realidad sólo empeora su situación. Muchos jóvenes viven con un enorme vacío existencial, y no encuentran sentido a su vida.
Por último, la tiranía de la apariencia, de la imagen, que se ha transformado en una tiranía de la apariencia que está imponiendo criterios y actitudes contrarias a toda lógica y que, en muchos casos, al no conseguir una presencia física socialmente aceptada para evitar toda posible discriminación, acaba llevando al sufrimiento y la frustración. Por otra parte, selfies y más selfies. La dictadura del cuerpo correcto y la sonrisa perfecta. Fotos y videos de sí mismos en las redes sociales, en poses cuidadosamente estudiadas y coreografías que repiten de forma acrítica bailes y trends que otros imponen.
También reflexionamos sobre las heridas del mundo actual: ¡cuántas heridas, cuánto dolor! Las guerras, el terrorismo, los bombardeos, atentados, tiroteos masivos; y también la violencia en los matrimonios y en las familias, en las relaciones, el maltrato infantil, el acoso escolar, el abuso de poder, todo tipo de violencia. Las exclusiones, la intolerancia y la discriminación. En muchos lugares hay minorías que no tienen derecho a hablar, ni siquiera a existir. En muchos países hay personas que no pueden practicar su religión ni expresar libremente sus ideas, porque hay grupos que quieren imponer su manera de ver, y expulsan a quien piense diferente. La discriminación por motivos de raza, sexo, idioma o religión.
Tienen lugar situaciones inhumanas de las que muchas personas tratan desesperadamente de huir. Situaciones de guerra, de pobreza, de hambre, de falta de agua, de persecución política. Su casa ya no es un espacio seguro, sino el lugar probable de su muerte. Intentan encontrar refugio en algún otro lugar del mundo, al que algún día puedan llamar “hogar”. También el individualismo exacerbado de nuestro mundo, que lleva a pensar y obrar prescindiendo por completo de los demás.
Vivimos en una sociedad en la que a veces ya no sabemos qué es verdad y qué es mentira, ¡ni sabemos a quién creer!». Es la consecuencia de la dictadura del relativismo de la cultura dominante que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última al propio yo y sus apetencias, llegando a que impere la ley del más fuerte y a formas de vivir que dañan a los más vulnerables de la sociedad. Formas de vivir que son contrarias a la vida misma. Es lo que el papa Francisco llama “la sociedad del descarte”, y que se ceba especialmente con los pobres, los excluidos, los enfermos, los ancianos, los niños, los bebés aún por nacer. También el Papa nos alerta sobre el cambio climático y los estilos de vida desequilibrados e injustos.
Pero estamos celebrando la vigilia de la Inmaculada Concepción, en el tiempo de Adviento que ya hemos comenzado, tiempo de esperanza. Por eso, contemplamos a Cristo, el Señor, que viene a salvarnos. La solemnidad de la Inmaculada Concepción se celebra durante el tiempo de Adviento, que significa venida, advenimiento; es el advenimiento del Señor. Nos preparamos para celebrar, en la solemnidad de Navidad, su venida al mundo en la carne: la Encarnación, el Nacimiento, su paso visible por la tierra, desde Belén hasta la montaña de la Ascensión.
La presencia de María Santísima alienta nuestra esperanza cuando parece que todo ha terminado definitivamente. Ella nos habla de los finales que son comienzos, de la aparente muerte de un árbol en invierno cuando apenas se está preparando para florecer en primavera. De las tumbas que son puertas abiertas a la vida, a la resurrección. María «esperó con inefable amor de Madre». Ella es modelo de esperanza confiada en Dios, que nunca abandona y que da la fuerza para vencer las dificultades, para ser sus testigos en medio del mundo, para superar el virus del desaliento, la indolencia que paraliza, que desinfla, que vuelve a los evangelizadores pesimistas quejosos y desencantados, que lleva al miedo, a la tristeza, al desencanto, a perder la intensidad espiritual y apostólica. Nunca hemos de caer en el desaliento, sino esperar en toda ocasión. María nos enseña a esperar.
La vida cristiana es un camino, una peregrinación, y también una escuela de aprendizaje y de ejercitación de la esperanza. La oración, el encuentro con Dios, el diálogo con Él, la conciencia de que él siempre escucha, siempre comprende, siempre ayuda, es la primera fuente. También se nutre de la Palabra de Dios y de la participación frecuente en los sacramentos. El actuar y el sufrir son asimismo lugares de aprendizaje. Porque la esperanza cristiana es activa, transformadora del mundo, bajo la mirada amorosa de Dios. Y se nutre también del saber sufrir y del sufrir por los demás, del aceptar la realidad de la vida en lo que tiene de dificultoso.
Si algo define al corazón joven es su insatisfacción y su inconformismo. En lo profundo de su corazón busca el bien y la verdad, desea vivir en la coherencia y en la solidaridad. Los jóvenes están necesitados de Alguien que los llame por su nombre para un ideal de altura. A vosotros, jóvenes, corresponde dar testimonio de la fe, aquí y ahora, y comprometeros a llevar a los demás el Evangelio de Cristo, camino, verdad y vida, en el tercer milenio; a vosotros corresponde construir una nueva civilización que sea la civilización del amor, de la justicia y de la paz.
No son pocas ni pequeñas las dificultades, ni son pocos los motivos para que a lo largo del camino aflore el miedo, que forma parte de la existencia humana. Es posible que nos asustemos al mirar al presente y hacia el futuro ante la fuerza de los elementos adversos. Jesús nos dice, como a los apóstoles: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!» (Mt 14, 27). María Inmaculada, estrella y modelo de la Iglesia, está presente junto a nosotros como Madre de la esperanza. Conoce bien nuestro interior, los miedos y ansiedades, las alegrías e ilusiones, las necesidades y aspiraciones de la humanidad y de cada uno de nosotros, pequeños hijos suyos. Ella nos acompaña y nos alienta, para que seamos mensajeros de esperanza en medio del mundo. Ella es “vida, dulzura y esperanza nuestra”. Así sea.
Lecturas: Is 26, 1-6; Sal 117; Mt 7, 21.24-27
Queridos sacerdotes concelebrantes, diáconos, miembros de la Obra de la Iglesia, miembros de la vida consagrada y fieles laicos. La Santa Sede concedió a la Obra de la Iglesia un Año Jubilar con ocasión del 25 aniversario de su Aprobación Pontificia. Hoy procedemos a la Clausura. Este Año Jubilar ha sido un tiempo de gracia y bendición de Dios, especialmente para nuestra renovación interior. La Puerta Santa nos ha recordado y nos recordará para siempre que sólo Cristo es el Salvador. Hoy clausuramos las celebraciones del Año Jubilar, pero mantenemos la actitud de conversión interior, para seguir creciendo en la vida espiritual y para ser testigos de Jesucristo en medio del mundo.
En esta casa, a los diecisiete años, la víspera de la Inmaculada Concepción de 1946, la Madre Trinidad sintió la llamada de Jesucristo y se entregó sin reservas, quedando consagrada a Dios por completo. Más adelante, el 25 de enero de 1959 experimentó en Madrid una vivencia mística, que marcó el origen de la que sería su fundación: La Obra de la Iglesia. En 1997 san Juan Pablo II aprobó la Obra de la Iglesia, y la erigió como institución eclesial de Derecho Pontificio. Desde la fundación, Madre Trinidad fue comunicando las ideas que Dios iba poniendo en su alma.
El pasaje evangélico que hemos escuchado presentaba a Jesús narrando la parábola de a casa construida sobre roca o sobre arena. Nos ilustra sobre el fundamento ya sea en la construcción de una casa material o en la construcción de la casa de la vida de cada uno. El fundamento es el principio sobre el que se funda algo. Podemos encontrar diferentes concepciones sobre la vida cristiana y sobre cuál ha de ser su fundamento. Pero el planteamiento más profundo y realista es el que nos lleva a reconocer que la vida cristiana en el fondo es un misterio, y que su fundamento está en Dios. Y el misterio de la vida cristiana sólo se puede entender partiendo de lo más profundo, es decir, de la Realidad de las tres Personas divinas, cuya vida se comunica al hombre en Cristo por el Espíritu Santo.
Llamamos “realidad” a muchos entes que existen real y efectivamente. Pero no todos tienen la misma consistencia de realidad, la misma densidad. Dios es la Realidad con mayúsculas, la que sustenta toda otra realidad. Dios es el Ser, con mayúsculas, es Amor y Vida. Dios es Padre y, como Padre, quiere comunicar a sus hijos su ser, su vida y su amor. Dios ha llamado al ser humano a participar de su vida divina. Esa participación por la gracia en la vida divina es el único camino de realización personal. Dios lo llama a participar de su vida y lo llama a la santidad.
La Revelación y la Sagrada Escritura son como la historia del amor de Dios a los hombres, y en ellas encontramos subrayados los aspectos de fidelidad, promesa estable, misericordia piadosa y clemencia eficaz. Gracia significa «el favor divino, la benevolencia gratuita y misericordiosa de Dios hacia los hombres, el amor de Dios concretamente manifestado y comunicado en Jesucristo, fuente de toda bendición». La gracia sitúa al ser humano en un nivel de amistad con Dios, de vida nueva para cumplir la misión que le ha sido encomendada y para vivir en plenitud como hijo de Dios, en santidad.
La obra de la creación está orientada a una finalidad: que el ser humano alcance la filiación divina. Esta participación en la vida misma de Dios se realiza por la gracia santificante, que sana al hombre pecador y lo eleva a un grado de ser y de vida cualitativamente nuevo. Esta vida de gracia, esta vida en Cristo debe crecer gradual y progresivamente en un proceso que dura hasta el encuentro definitivo con Dios. Esta es la voluntad de Dios sobre sus hijos, que la vida de gracia que comienza en el Bautismo se desarrolle plenamente, bajo la guía del Espíritu Santo hacia la verdad y la comunión de vida.
El concepto de comunión con Dios nos ayuda a entender el misterio de la inhabitación de las tres divinas Personas en el corazón del fiel. El fundamento de la espiritualidad cristiana es, precisamente, la realidad de la inhabitación trinitaria, el hecho de que Padre, Hijo y Espíritu Santo han querido constituirse en principio ontológico y dinámico de vida nueva para nosotros. De ahí la importancia y necesidad de mantener una relación personal con cada una de las Personas divinas. Todos los elementos de la vida cristiana han de estar referidos a esta relación y los planteamientos espirituales han de estar centrados en ella. Por eso son insuficientes aquellas espiritualidades que se ciñen casi exclusivamente en los valores éticos del Evangelio sin vincularlos suficientemente a las Personas divinas o aquellas otras que olvidan el principio de la primacía de la gracia y quedándose en un mero voluntarismo.
Permitidme subrayar tres aspectos que son consecuencias del misterio de la inhabitación de las Personas divinas y que son tres líneas de fuerza en la espiritualidad que ha de vivir el cristiano de hoy: en primer lugar, la consistencia personal, que es característica de quien está enraizado en Dios, y vive en la verdad, que le lleva a la humildad; en segundo lugar, vivir a fondo la pertenencia a la Iglesia y el amor a la Iglesia, lo cual se traduce en una espiritualidad de comunión, y el compromiso de hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión; en tercer lugar, la dimensión martirial a través del compromiso de la evangelización, con nuevo ardor, con el impulso de los orígenes, con el sentimiento de san Pablo cuando dice «¡ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1Co 9, 16).
El cristiano del siglo XXI ha de ser forzosamente un místico, un hombre de Dios que se entrega con radicalidad y totalidad a la causa del Evangelio, que se reconoce como hijo de la Iglesia y la ama y defiende con pasión, que vive fascinado por Cristo e inmerso en la Santísima Trinidad. Las Personas divinas han de ser el centro, el fundamento, el principio ontológico y dinámico de su vida. Una vida nueva que comienza en el Bautismo y que se desarrolla hasta llegar a la plenitud. Una vida de unión con Dios, de formación y de apostolado que se entrega totalmente, como el grano de trigo que cae en tierra y muere a sí mismo para resucitar con Cristo dando un fruto abundante.
Damos gracias a Dios por todos los dones recibidos en el Año Jubilar; damos gracias a Dios también por haber puesto en nuestro camino a la Madre Trinidad. Ella ha sido, madre, fundadora, guía y modelo, testigo del amor de Dios, ejemplo de amor a la Iglesia. Ella nos ha enseñado a vivir y a morir por el Señor, para estar cada día y siempre con Él, peregrinos de la fe a lo largo de la vida hasta el encuentro definitivo con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo. María Santísima nos guía y acompaña en este camino. Así sea.

“El círculo de la gracia: Reflexiones en torno al dogma de la Inmaculada Concepción” fue el título de la ponencia ofrecida por el sacerdote Luis Recio Úbeda, párroco de Santa Teresa de Ávila de Córdoba, con motivo de la solemnidad de la Inmaculada Concepción en la Real Academia de Córdoba.
El “círculo de la gracia” es un título sugerido por H.U. Von Balthasar cuando describe el dogma de la Inmaculada como: “el efecto es causa de la causa”. Es decir, como la preservación de todo pecado incluido el pecado original en virtud de los méritos de la Cruz de Cristo, capacita a María para dar un sí ilimitado a la voluntad de Dios y así hacer posible el misterio de la Encarnación y de la salvación del género humano. Como Madre del Salvador debía de ser absolutamente “la llena de Gracia”. Sobre este asunto profundizó Recio conmemorando así la fiesta de la Inmaculada Concepción.
La entrada El sacerdote Luis Recio habla de la Inmaculada en la Real Academia de Córdoba apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis
El vicario para la Pastoral Social, a través de la Delegación de Migraciones, Salvador Diánez, ha informado que el Círculo de Silencio “Estamos, construimos, damos” se celebrará el próximo viernes 15 de diciembre a las seis de la tarde, en la Plaza Nueva de Sevilla.
“Con motivo del próximo día internacional de las personas migrantes celebraremos el Círculo de Silencio para recordar que las personas migrantes están aquí, son de aquí, y son protagonistas también de la construcción de la sociedad en la que juntos convivimos”, añade Diánez. En este sentido, el objetivo de los Círculos de Silencio “es mover la conciencia de las personas de nuestro mundo ante el drama que viven los migrantes”.

El pasado jueves 7 de diciembre, cerca de 300 jóvenes de toda la provincia, se daban cita en la Casa de la Iglesia de Jaén, en nuestro Seminario Diocesano, para vivir la ya tradicional Vigilia de la Inmaculada.
La acogida tuvo lugar en torno a las cinco y media de la tarde, cuando los pasillos del Seminario empezaban a llenarse de alegría, abrazos y reencuentros y, poco a poco, comenzaban a llegar jóvenes de los distintos puntos de toda la provincia: grupos jóvenes de cofradías, parroquias, movimientos, … todos unidos por y para María.
Tras recoger las acreditaciones y ya ubicados en el salón de actos, nuestro delegado de juventud, D. Antonio Blanca, junto al delegado de la pastoral vocacional, D. Pepe Navarrete, nos recibían y daban la bienvenida al encuentro de la juventud de Jaén con nuestra Madre del cielo, María Inmaculada, la joven de Nazaret que supo confiar plenamente en Dios y con su valiente “Sí ” cambió el rumbo de toda la humanidad .
Comenzaba, así, la primera actividad de la tarde: el taller-oración-concierto que organizaban los jóvenes de Villargordo y Mengíbar. Con un derroche de color, música y dinamismo, idearon una dinámica que nos ayudó a entrar poquito a poco en oración, a prepararnos para ese encuentro con Jesús Eucaristía que, tan solo una hora después, viviríamos juntos en la catedral.

A las siete de la tarde nos dirigíamos hacia la Catedral acompañando a la Virgen María por las calles de Jaén. Abriendo la comitiva, la Cruz de los jóvenes, tras de ella, los diferentes grupos juveniles de cofradías, hermandades y movimientos religiosos de toda la provincia que no quisieron perderse la tradicional cita de la juventud jienense con María. Y así, entre oraciones y cantos, la imagen de María Inmaculada era recibida con el repique de campanas a su llegaba a las ocho de la tarde a la Santa Iglesia Catedral. En cuanto la Cruz de los jóvenes atravesó el umbral del templo mayor, todos los jóvenes al unísono, animados por el coro diocesano de la juventud, comenzaron a entonar canciones para recibir a nuestra Madre, a María, la joven que con un “Sí”, hizo que la tierra estallara de alegría.

Ya colocada en el altar, muy cerquita de la custodia donde, unos instantes después, estaría Su Hijo, nuestro obispo D. Sebastián, recordando las palabras de San Juan Pablo II “Totus Tuus”, nos invitaba a mirar a María, esa joven de Nazaret que fue ejemplo de valentía, y a consagrarnos a Ella, para que, imitando su Fe, logremos confiar en los caminos a los que Dios nos llame y seamos conscientes de la visita del ángel que todos tenemos en este tiempo de Adviento, que viene a anunciarnos la venida de Dios a nuestra vida, que Dios sale a nuestro encuentro, que solo tenemos que dejarnos alcanzar por Él.
Con la palabra “Hágase” latiendo en los corazones de los casi 300 jóvenes que allí se acercaban buscando ese rato de unión y oración con Jesús, el eternamente joven, la catedral se sumió en el más absoluto silencio. Cuatro grandes testimonios de jóvenes nos marcaron especialmente, pues, en la oscuridad y de rodillas cara a cara frente a Dios, no dudaron en compartir un trocito de si mismos e, imitando la valentía de la que fue el primer sagrario de la humanidad, darle Gracias y decirle “Sí” al camino que Él les enviaba.
Tras la Vigilia, volvíamos al Seminario para poner broche de oro a este encuentro con la tradicional chocolatada que, con tanto cariño, preparaban un año más, las hermanas del seminario.
Gracias María por decir que Sí y regalarnos la alegría vivir y compartir la Fe con tantos y tantos jóvenes.
– Delegación de Juventud de la Diócesis de Jaén
Galería fotográfica: «Vigilia de la Inmaculada 2023»
The post Vigilia de la Inmaculada: “Dijiste sí y la tierra estalló de alegría” first appeared on Diócesis de Jaén.