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Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez felicita la Navidad

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A las puertas de la celebración de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez, felicita la Navidad a todo el Pueblo de Dios que peregrina en Asidonia-Jerez.

«Acudamos con confianza al encuentro del Salvador. Aprendamos de María Santísima y san José a cuidar a Jesús, para mostrarlo al mundo con alegría y humildad. Que el niño Dios nos alcance paz en el corazón, para poner paz en nuestro mundo.

¡Feliz y Santa Navidad!»

Por último, cabe recordar que Monseñor José Rico Pavés, presidirá la celebración de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo en la Santa Iglesia Catedral. En primer lugar, la tradicional Misa del Gallo del 24 de diciembre a las 00hrs. En segundo lugar, ya el día 25 de diciembre a las 11hrs.

La fe de María Santísima

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En el cuarto domingo de Adviento, el evangelista san Lucas nos sitúa ante el gran misterio realizado en Nazaret hace dos mil años: “A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José; […] la virgen se llamaba María» (Lc 1,26-27). El arcángel Gabriel le comunica su maternidad divina, recordando las palabras de Isaías que anunciaban el nacimiento virginal del Mesías, que ahora se cumplen en ella. La respuesta de María al plan de Dios será: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).

 

La Anunciación a María y la Encarnación del Verbo de Dios constituyen el misterio más profundo e insondable de las relaciones de Dios con los hombres, el hecho más trascendental, el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad. ¡Dios se ha hecho hombre! Es algo que nos desborda, que sobrepasa absolutamente las expectativas del pensamiento y de la imaginación del ser humano. Y ese es el momento en que María conoce la llamada concreta, la vocación a la que Dios la había destinado desde siempre. ¡Qué emoción para los peregrinos de Sevilla poder celebrar la Eucaristía junto a la Gruta de la Anunciación, en Nazaret, el pasado 10 de julio!

 

Una vez conocido el designio divino, ella responde con un sí incondicional, con una obediencia pronta y sin cortapisas.  La respuesta de fe de María a las palabras del arcángel fue absoluta. Es consciente de la desproporción entre su humilde persona y la misión que recibe, pero por encima de todo confía en Dios, que así lo ha dispuesto, y para quien nada es imposible, y por esto no pone dificultades. Con obediencia y humildad responde «he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». De esta manera es incorporada plenamente en la Historia de la Salvación, en el Misterio de Cristo y de la Iglesia.

 

El sí de María significa también el comienzo de su especial camino de fe, de abandono en la voluntad de Dios, de gozos y sufrimientos, de colaboración con Cristo en la obra de la Salvación. El sí de María es una respuesta que compromete toda su existencia en la aceptación del plan de Dios. Y el Señor, a su vez, hizo en ella maravillas. También el Señor nos llama a cada uno de nosotros a algo grande, a algo hermoso, a una vida única e irrepetible. Más allá de las preocupaciones, los temores, las rutinas de nuestra ajetreada existencia, más allá de los pecados y fragilidades, conviene entrar en el interior, captar su voluntad y responder con un sí confiado. El sí de María cambió la historia de la humanidad. El sí de cada uno de nosotros es seguro que cambiará nuestra pequeña historia y nuestro entorno.

 

Terminamos el camino del Adviento y llegamos a la Navidad. María nos invita a entrar en nuestro interior, a captar lo que Dios nos pide y a responder con un sí generoso. La fe de María y su respuesta confiada cambió la historia. En la plenitud de los tiempos, la Palabra de Dios fue dirigida a María, y ella la acogió con todo su ser, para que tomase carne en ella y naciese como salvación para los hombres. En su vida, María ha realizado la peregrinación de la fe, siguiendo a su Hijo. Su fe no es sumisión pasiva, es una aceptación libre y gozosa de la voluntad de Dios, por eso es nuestro modelo de fe. También nuestra fe y nuestra colaboración en la respuesta al plan de Dios será una fuente de bendiciones para nuestro mundo, para nuestro entorno y para nuestras mismas personas.

¡Santa y Feliz Navidad!

 

 

 

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

4º semana de diciembre de 2023 de Palabra Vida

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No es lo mismo conocer a Jesucristo que simplemente haber oído hablar de Él. En los tiempos que nos tocan vivir, muchos son los que dicen saber quién es Jesús de Nazaret, pero pocos son en realidad quienes le conocen. El reto de la nueva evangelización se refiere precisamente a esta situación: ¿cómo llevar la novedad del encuentro con Cristo a quienes ya han oído hablar de Él, pero no le conocen? No celebra la Navidad de igual manera quien conoce a Jesús y desea renovar siempre el encuentro con Él, que quien se limita a un recuerdo de hechos pasados para justificar unos días de fiesta inspirados en Él. Para que la Navidad sea de verdad encuentro nuevo con el Señor, hecho Niño en el portal de Belén, hemos de superar la inercia de quienes celebran un nacimiento pero no prestan atención al recién nacido. Necesitamos abrirnos entonces al verdadero conocimiento y no sólo al simple “saber de oídas”; a ello nos ayuda siempre la Palabra de Dios a fin de que –como afirma san Agustín- “oyendo, crean; creyendo, esperen; y esperando amen”. Las lecturas del cuarto Domingo de Adviento nos ayudarán a pasar del oír al amar.

El profeta Isaías recuerda la promesa hecha al rey David: su reino durará por siempre. El rey pretendía construir una morada para albergar el arca del Señor, pero el Señor, a través del profeta Natán, le anuncia que es Él, el Señor, quien elige la dinastía de David como la morada que albergará el nacimiento del Salvador del mundo. En la relación con el Señor lo más importante no es lo que nosotros pretendemos hacer por Él, sino lo que nosotros dejamos que haga en nuestra propia vida. Para conocer al Señor hay que dejarse conocer por Él; para llegar a amarle, hay que dejarse amar por Él.

San Pablo glorifica al Señor por el misterio de la salvación, escondido durante siglos y revelado ahora por Jesucristo. Sabe el apóstol que Cristo es el único Salvador de todos los hombres y que, para llegar a conocerlo, hay que acogerlo con corazón indiviso.

A las puertas de la Navidad, vuelve a resonar el relato de la anunciación, del evangelista san Lucas, en el que hallamos cumplida la profecía de Isaías. El diálogo de la Virgen María con el arcángel Gabriel encierra el secreto del verdadero conocimiento del Señor: vida ordenada que permite reconocer la Palabra de Dios cuando se revela, coloquio sincero en el que se presentan sin dobleces las propias dificultades y acogida incondicional de la Voluntad del Señor.

Para entrar con provecho en el misterio de la Navidad, la liturgia nos recuerda que debemos poner la mirada de fe en la Madre para aprender a recibir al Hijo. Descubrimos entonces que para vivir el encuentro renovado con el Hijo de Dios hecho Niño en Belén debemos hacer nuestra la actitud de María Santísima: Hágase en mí según tu palabra.

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Vigilia de oración en el día de los Santos Inocentes

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En la parroquia de Nuestra Señora de Gracia. 

El miércoles 27 de diciembre se celebrará una vigilia de oración por el día de los Santos Inocentes. Tendrá lugar en la parroquia de Nuestra Señora de Gracia a las 20.30 horas.

Cada año, una entidad distinta asume la responsabilidad de organizar esta vigilia, y en esta ocasión, los Cursillos de Cristiandad de Granada son los encargados de llevarla a cabo.

Durante la vigilia, se profundizará en la Encíclica “Evangelium Vitae” a través de la lectura de un fragmento significativo. Asimismo, se llevará a cabo la lectura del evangelio, una reflexión espiritual y el rezo de las vísperas, todo ello enmarcado por cantos litúrgicos. El Santísimo estará expuesto en el altar durante toda la vigilia de oración.

Esta celebración se realiza unos días antes de la Jornada de la Familia, que tendrá lugar el 31 de diciembre durante la eucaristía dominical en la Catedral. En esta celebración se le dará un reconocimiento a los matrimonios que han cumplido este año los 25 y 50 años de casados, como símbolo de homenaje a la familia.

PUEDES LEER EL MENSAJE DE LOS OBISPOS PARA LA JORNADA DE LA SAGRADA FAMILIA AQUÍ

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Mons. Saiz preside la misa exequial por Antonio Burgos, “un buen hijo de la Iglesia y un buen ciudadano”

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Mons. Saiz preside la misa exequial por Antonio Burgos, “un buen hijo de la Iglesia y un buen ciudadano”

Esta mañana se ha celebrado en la iglesia del Sagrario de la Catedral de Sevilla la misa exequial por el periodista Antonio Burgos, fallecido el pasado miércoles en Sevilla a los ochenta años. La Eucaristía ha sido presidida por el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz; y entre las autoridades presentes se encontraban el presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno; y el alcalde de Sevilla, José Luis Sanz. Además, el céntrico templo sevillano ha acogido a una nutrida representación del ámbito del periodismo sevillano, andaluz y español.

En su homilía, el arzobispo ha destacado diversas facetas de Burgos, como periodista, escritor, ciudadano y hombre de fe. Lo ha definido como “un referente del mundo de la literatura y del periodismo. Ha sido un hombre muy querido y respetado por todos; un hombre firme en sus principios y, al mismo tiempo dialogante; que creía en el compromiso, en el esfuerzo, en el sacrificio, que trabajó hasta el final. Un ejemplo de superación constante, de carácter firme, de agudeza intelectual, de brillantez literaria, que ha dejado una huella indeleble en Sevilla”.

“Sevillano enamorado de su ciudad”

Más adelante ha recordado su relación con la ciudad de Sevilla: “un sevillano enamorado de su ciudad hasta los tuétanos y un fiel defensor de la misma en todos los ámbitos: el religioso, el histórico, el cultural, el cofrade, el taurino, el folclórico, el poético y el sentimental. La conocía como la palma de su mano”. Ha aludido a sus escritos diarios en el diario ABC donde “le escribía diariamente (a Sevilla), sabía los nombres de todas las familias de Sevilla, y leerle cada mañana en el periódico era la costumbre de todos los sevillanos que lo tenían por referente de opinión y de pensamiento. Con un estilo libre y crítico y una ironía fina que sabía captar la voluntad del lector”.

Hizo referencia a sus padres, Antonio y Pilar, “muy importantes en su vida”, y a la sastrería que regentaban frente a la iglesia donde hoy ha sido despedido. “Su padre siempre quiso que su único hijo varón continuara su profesión, pero don Antonio cortaba otros trajes. Alumno brillante del colegio Portaceli, en el que recibió una profunda impronta jesuítica. Sus devociones principales proceden del lugar donde vive: la hermandad de la Carretería, y la del Cristo de Burgos del que su padre fue hermano mayor”.

Devoto de la Virgen María en tres advocaciones

También ha destacado su “profunda devoción a María Santísima” y las tres imágenes de la Virgen que han marcado su vida: la Virgen de La Antigua de la Catedral -“su principal regalo en los bautizos y primeras comuniones era una réplica de la histórica medalla del Cabildo que tiene su efigie-, La Pura y Limpia del Postigo -“era su hermandad por antonomasia; estaba enamorado de la Inmaculada”- y la Esperanza Macarena: “A ella le dedicó junto al Gran Poder la mejor literatura de lo que escribía; los párrafos dedicados a ella pasan a la historia de los sevillanos que se los saben y recitan de memoria, porque son de una gran belleza”, subrayó.

El arzobispo concluyo la homilía despidiendo a “un hermano que ha cumplido su etapa en la tierra después de una existencia compartida, fecunda, llena de fe y amor. Ha sido un buen hijo, un buen hermano, un buen esposo, un buen padre, un buen amigo y compañero, un buen hijo de la Iglesia y un buen ciudadano. Era muy religioso y hombre de fe, practicante y piadoso. Sus obras de caridad no son muy conocidas, pero las hacía, con delicadeza y discreción; soy conocedor de ello. Siendo conservador en las formas, era avanzado en las ideas y presumía de ser muy fiel al Santo Padre, fuera el que fuera. Nos queda su recuerdo y su ejemplo como un tesoro, como una motivación constante para vivir con intensidad y aspirar a la excelencia, para amar a Dios, a la Iglesia, a la familia, y a Sevilla”.

 

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Felicitación Navidad a la Diócesis de Jaén 2023

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Queridos diocesanos, queridos jiennenses,

Caminamos siguiendo una estrella. Esa que se detendrá, en unos días, sobre un pobre pesebre en el que, envuelto en pañales, está la Luz del mundo.

Inmersos en el tiempo del Adviento, con actitud de preparación, de cambio, de ilusión por lo que está por acontecer, queremos echar hoy una mirada hacia atrás para contemplar este año que está a punto de concluir y poner a los pies del Niño Dios el próximo 2024 como nuestra mejor ofrenda.

Nuestra Diócesis, este 2023 ha tenido un rostro joven. La JMJ que vivimos en Lisboa, el pasado verano, impregnó todo el curso de aroma juvenil. Jóvenes con ganas de cambio, con muchas ilusiones, con sueños por cumplir y con la necesidad de cambiar el mundo y la sociedad en la que viven. Muchos de ellos han descubierto que cuentan para ello con el mejor aliado, con Jesús. Algunos ya le conocían de antes, para muchos ha llegado por primera vez a sus vidas y lo ha hecho para quedarse en ellas para siempre.

Este año también, en lo personal, he conocido de una forma profunda y directa a muchos jiennenses, gracias a la visita pastoral que daba comienzo en febrero. Los arciprestazgos de Alcalá la Real y el de la Sierra de Segura me han hecho enamorarme, aún más si cabe, de esta tierra a la que el Santo Padre me envió hace poco más de dos años.

La Visita Pastoral está siendo mucho más que una visita. Se ha convertido en un encuentro personal con niños, jóvenes, adultos, ancianos, que viven en esta tierra y que, con sus circunstancias, sus problemas, sus alegrías… en definitiva, con su vivir de cada día, quieren hacer de la nuestra, de Jaén, un lugar mejor y más fraterno. Realidades diversas y enriquecedoras de jiennenses, muchos de ellos, arraigados en la fe, que caminan con esperanza.

Y es que es tiempo de ESPERANZA con mayúsculas. El que está por nacer llega a nuestras vidas para transformar nuestro futuro a corto y a largo plazo. Y esa alegría que nos llena el corazón de gozo no podemos quedárnosla para nosotros, debemos salir a anunciarla.

El Adviento es tiempo de preparación, y la Navidad es tiempo de anuncio. Tiempo de salir a las calles para gritar que ha llegado la salvación a nuestras vidas. Dios se hace hombre y nace para ofrecernos la VIDA verdadera. Y ese mensaje debemos anunciarlo, y es nuestro propósito como Iglesia durante este curso. Hacer de nuestra VERDAD, la esperanza de tantos que caminan sumidos en un mundo gris y sin un horizonte al que dirigirse.

Permitidme que os recuerde que hace 2023 años un nacimiento cambió el curso del mundo. Ocurrió en Belén, una tierra que hoy vemos devastada por el horror de la guerra. Basta mirar cualquier informativo para que se nos encoja el corazón ante tanta barbarie. Son muchas las personas que en este conflicto palestino israelí han perdido la vida. Muchos niños a los que se les ha privado de vivir. Muchos muertos debajo de los escombros, mucho odio, mucho rencor. Hoy, mi corazón está con ellos: con los habitantes de esa tierra, Tierra Santa, donde quiso nacer el Hijo de Dios y que veinte siglos después no hallan la paz. Al Príncipe de la Paz le ruego, y os pido que os unáis en oración conmigo, para que allí, y en tantos lugares del mundo, cese la violencia y llegue la Esperanza y la Paz.

También quiero, en este mensaje de Navidad, tener presentes a los que sufren cerca de nosotros. A vosotros me dirijo especialmente: a los que pasáis necesidad. A los que lucháis contra una enfermedad, a los que sufrís de soledad. Quiero llevaros a todos hasta el pobre portal para que sea el Niño Dios el que colme vuestro corazón de amor y sane vuestras heridas.

Tened esperanza. Esperanza en el presente y en el futuro. Miremos con ojos llenos de ilusión el año que está por llegar. Que el 2024 sea para todos los jiennenses un año cargado de trabajo y de nuevas oportunidades, repleto de salud y de paz.

Que sea María, la mujer valiente de Nazaret, el espejo en el que reflejarnos; el consuelo en los momentos de tribulación; la madre amorosa en los días tristes y sobre todo, la que cada día nos acerque más a su bendito Hijo, nuestro Señor.

Os deseo una feliz navidad y un 2024 colmado de paz y de buenos momentos que compartir con la familia y la gente a la que queréis. Que el Anuncio de los pastores sea para nosotros un impulso diario, para que como ellos hicieron, digamos a todos los que nos rodean: “No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. FELIZ NAVIDAD

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

El Obispo felicita la Navidad y anima a los jiennenses a rezar por la paz en el mundo

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exto íntegro del mensaje de Navidad del Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez.

Felicitación Navidad a la Diócesis de Jaén 2023

Queridos diocesanos, queridos jiennenses,

Caminamos siguiendo una estrella. Esa que se detendrá, en unos días, sobre un pobre pesebre en el que, envuelto en pañales, está la Luz del mundo.

Inmersos en el tiempo del Adviento, con actitud de preparación, de cambio, de ilusión por lo que está por acontecer, queremos echar hoy una mirada hacia atrás para contemplar este año que está a punto de concluir y poner a los pies del Niño Dios el próximo 2024 como nuestra mejor ofrenda.

Nuestra Diócesis, este 2023 ha tenido un rostro joven. La JMJ que vivimos en Lisboa, el pasado verano, impregnó todo el curso de aroma juvenil. Jóvenes con ganas de cambio, con muchas ilusiones, con sueños por cumplir y con la necesidad de cambiar el mundo y la sociedad en la que viven. Muchos de ellos han descubierto que cuentan para ello con el mejor aliado, con Jesús. Algunos ya le conocían de antes, para muchos ha llegado por primera vez a sus vidas y lo ha hecho para quedarse en ellas para siempre.

Este año también, en lo personal, he conocido de una forma profunda y directa a muchos jiennenses, gracias a la visita pastoral que daba comienzo en febrero. Los arciprestazgos de Alcalá la Real y el de la Sierra de Segura me han hecho enamorarme, aún más si cabe, de esta tierra a la que el Santo Padre me envió hace poco más de dos años.

La Visita Pastoral está siendo mucho más que una visita. Se ha convertido en un encuentro personal con niños, jóvenes, adultos, ancianos, que viven en esta tierra y que, con sus circunstancias, sus problemas, sus alegrías… en definitiva, con su vivir de cada día, quieren hacer de la nuestra, de Jaén, un lugar mejor y más fraterno. Realidades diversas y enriquecedoras de jiennenses, muchos de ellos, arraigados en la fe, que caminan con esperanza.

Y es que es tiempo de ESPERANZA con mayúsculas. El que está por nacer llega a nuestras vidas para transformar nuestro futuro a corto y a largo plazo. Y esa alegría que nos llena el corazón de gozo no podemos quedárnosla para nosotros, debemos salir a anunciarla.

El Adviento es tiempo de preparación, y la Navidad es tiempo de anuncio. Tiempo de salir a las calles para gritar que ha llegado la salvación a nuestras vidas. Dios se hace hombre y nace para ofrecernos la VIDA verdadera. Y ese mensaje debemos anunciarlo, y es nuestro propósito como Iglesia durante este curso. Hacer de nuestra VERDAD, la esperanza de tantos que caminan sumidos en un mundo gris y sin un horizonte al que dirigirse.

Permitidme que os recuerde que hace 2023 años un nacimiento cambió el curso del mundo. Ocurrió en Belén, una tierra que hoy vemos devastada por el horror de la guerra. Basta mirar cualquier informativo para que se nos encoja el corazón ante tanta barbarie. Son muchas las personas que en este conflicto palestino israelí han perdido la vida. Muchos niños a los que se les ha privado de vivir. Muchos muertos debajo de los escombros, mucho odio, mucho rencor. Hoy, mi corazón está con ellos: con los habitantes de esa tierra, Tierra Santa, donde quiso nacer el Hijo de Dios y que veinte siglos después no hallan la paz. Al Príncipe de la Paz le ruego, y os pido que os unáis en oración conmigo, para que allí, y en tantos lugares del mundo, cese la violencia y llegue la Esperanza y la Paz.

También quiero, en este mensaje de Navidad, tener presentes a los que sufren cerca de nosotros. A vosotros me dirijo especialmente: a los que pasáis necesidad. A los que lucháis contra una enfermedad, a los que sufrís de soledad. Quiero llevaros a todos hasta el pobre portal para que sea el Niño Dios el que colme vuestro corazón de amor y sane vuestras heridas.

Tened esperanza. Esperanza en el presente y en el futuro. Miremos con ojos llenos de ilusión el año que está por llegar. Que el 2024 sea para todos los jiennenses un año cargado de trabajo y de nuevas oportunidades, repleto de salud y de paz.

Que sea María, la mujer valiente de Nazaret, el espejo en el que reflejarnos; el consuelo en los momentos de tribulación; la madre amorosa en los días tristes y sobre todo, la que cada día nos acerque más a su bendito Hijo, nuestro Señor.

Os deseo una feliz navidad y un 2024 colmado de paz y de buenos momentos que compartir con la familia y la gente a la que queréis. Que el Anuncio de los pastores sea para nosotros un impulso diario, para que como ellos hicieron, digamos a todos los que nos rodean: “No temáis, os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo: hoy, en la ciudad de David, os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor”. FELIZ NAVIDAD

 La fe de María Santísima

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 La fe de María Santísima

En el cuarto domingo de Adviento, el evangelista san Lucas nos sitúa ante el gran misterio realizado en Nazaret hace dos mil años: “A los seis meses, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José; […] la virgen se llamaba María” (Lc 1,26-27). El arcángel Gabriel le comunica su maternidad divina, recordando las palabras de Isaías que anunciaban el nacimiento virginal del Mesías, que ahora se cumplen en ella. La respuesta de María al plan de Dios será: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38).

La Anunciación a María y la Encarnación del Verbo de Dios constituyen el misterio más profundo e insondable de las relaciones de Dios con los hombres, el hecho más trascendental, el acontecimiento más importante de la historia de la humanidad. ¡Dios se ha hecho hombre! Es algo que nos desborda, que sobrepasa absolutamente las expectativas del pensamiento y de la imaginación del ser humano. Y ese es el momento en que María conoce la llamada concreta, la vocación a la que Dios la había destinado desde siempre. ¡Qué emoción para los peregrinos de Sevilla poder celebrar la Eucaristía junto a la Gruta de la Anunciación, en Nazaret, el pasado 10 de julio!

Una vez conocido el designio divino, ella responde con un sí incondicional, con una obediencia pronta y sin cortapisas.  La respuesta de fe de María a las palabras del arcángel fue absoluta. Es consciente de la desproporción entre su humilde persona y la misión que recibe, pero por encima de todo confía en Dios, que así lo ha dispuesto, y para quien nada es imposible, y por esto no pone dificultades. Con obediencia y humildad responde “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. De esta manera es incorporada plenamente en la Historia de la Salvación, en el Misterio de Cristo y de la Iglesia.

El sí de María significa también el comienzo de su especial camino de fe, de abandono en la voluntad de Dios, de gozos y sufrimientos, de colaboración con Cristo en la obra de la Salvación. El sí de María es una respuesta que compromete toda su existencia en la aceptación del plan de Dios. Y el Señor, a su vez, hizo en ella maravillas. También el Señor nos llama a cada uno de nosotros a algo grande, a algo hermoso, a una vida única e irrepetible. Más allá de las preocupaciones, los temores, las rutinas de nuestra ajetreada existencia, más allá de los pecados y fragilidades, conviene entrar en el interior, captar su voluntad y responder con un sí confiado. El sí de María cambió la historia de la humanidad. El sí de cada uno de nosotros es seguro que cambiará nuestra pequeña historia y nuestro entorno.

Terminamos el camino del Adviento y llegamos a la Navidad. María nos invita a entrar en nuestro interior, a captar lo que Dios nos pide y a responder con un sí generoso. La fe de María y su respuesta confiada cambió la historia. En la plenitud de los tiempos, la Palabra de Dios fue dirigida a María, y ella la acogió con todo su ser, para que tomase carne en ella y naciese como salvación para los hombres. En su vida, María ha realizado la peregrinación de la fe, siguiendo a su Hijo. Su fe no es sumisión pasiva, es una aceptación libre y gozosa de la voluntad de Dios, por eso es nuestro modelo de fe. También nuestra fe y nuestra colaboración en la respuesta al plan de Dios será una fuente de bendiciones para nuestro mundo, para nuestro entorno y para nuestras mismas personas.

¡Santa y Feliz Navidad!

           

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla       

 

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Ha llegado la Navidad

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No se trata del eterno retorno que afirmaban los griegos. Se trata de la sucesión histórica
de los tiempos en los años, que miran al pasado para vivir el presente y proyectar el
futuro. Volver a vivir un acontecimiento no es volver al punto de partida, sino revivirlo,
recordarlo, pasarlo de nuevo por el corazón, y quedar renovados cuando se trata de los
santos misterios de la fe.
La liturgia tiene la propiedad de traernos en vivo y en directo el misterio que estamos
celebrando. En este caso, la Navidad, el nacimiento de Jesucristo como hombre.
Revivimos, volvemos a vivir aquel momento histórico que parte en dos la historia de la
humanidad: antes de Cristo y después de Cristo. Volvemos a vivir, “como si allí
presente me hallara” (S. Ignacio) la fatiga del trabajo de una embarazada que camina a
la ciudad de David, a Belén de Judá, con su esposo José, en donde no encuentran posada
y da a luz en un establo, en una cueva de los pastores.
Volvemos a vivir llenos de admiración y de asombro el nacimiento de un Niño, que es
nada menos que el Hijo eterno de Dios, que ha tomado carne en el vientre virginal de
María, y viene a salvarnos del pecado y del alejamiento de Dios. En su Hijo, Dios sale a
nuestro encuentro en este Niño indefenso y que suscita ternura, para que no tengamos
miedo a Dios. Para que acogiéndolo, él nos haga partícipes de su filiación divina, nos
haga hijos de Dios. Él se hace hombre para nosotros lleguemos a ser dioses. Qué
admirable intercambio.
Volvemos a vivir este parto virginal. Su madre María es virgen al concebirlo por
sobreabundancia de vida, recibida de Dios, sin concurso de varón, que es la vía
ordinaria por la que todos hemos venido al mundo. Ella es icono de Dios Padre, que ha
engendrado a su Hijo en el seno eterno de la Trinidad virginalmente, sin concurso de
nadie más. En aquella generación eterna, Dios Padre nos muestra una vitalidad inefable.
En esta generación humana, en el seno de María, Dios prolonga esa misma virginidad e
inaugura una virginidad semejante para transmitir la vida sobrenatural que viene de
Dios.
María es virgen al parirlo, virgen en el parto, porque este Hijo al nacer, “no menoscabó
la integridad de su Madre, sino que la santificó” (or. ofrendas), y “sin perder la gloria de
su virginidad derramó sobre el mundo la luz eterna” (prefacio I). Si en el parto natural,
la madre lo da y lo retiene, en el parto de María ella fue pura oblación, total donación
sin retenerlo. María con su hijo tiene una relación de total donación, sin quererlo retener
para sí, inspirándonos así toda maternidad y paternidad como donación sin posesividad.
Y María permaneció virgen para siempre, sin relación sexual con José y sin concebir
más hijos, pues su maternidad es completa y termina en Jesús.
Y volvemos a vivir que este Niño que nace, nace para todos. En la Epifanía se muestra a
todos, incluso a los que no son del pueblo elegido, e invita a su Iglesia a ser misionera,
anunciando al mundo entero la alegría del nacimiento de este Niño, que viene a
salvarnos.
La Navidad, por tanto, es fiesta de alegría, y de alegría para todos, incompatible con las
guerras y con el alejamiento de Dios que tantos padecen. En estas fiestas se nos
ensanche el corazón para incluir a todos, y salgamos al encuentro especialmente de los

que sufren por cualquier causa, y más todavía los que sufren por culpa de otros. Este
Niño quiere traer alegría para todos, y la principal alegría es la de tener a Dios con
nosotros.
Feliz y santa Navidad para todos. Que los lazos familiares se refuercen por virtud de
este Niño que ha querido nacer en el seno de una familia, la Santa Familia de Nazaret.
Que desaparezca la tristeza, porque Dios está con nosotros y ha venido para quedarse y
para llevarnos con él. Que crezca nuestra solidaridad con los menos favorecidos, porque
este Niño ha querido nacer como ellos. Y que la paz reine en el mundo, sobre todo en
aquella Tierra Santa en la que nació el Hijo de Dios.
Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Mensaje de Navidad 2023 del Obispo de Cádiz y Ceuta

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Mons. Rafael Zornoza Boy se dirige a los fieles con motivo de la llegada de la Navidad.

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