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El pueblo de Montefrío reconoce a su párroco con una Bandera de Andalucía

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D. Emiliano Zafra Lara lleva 27 años en la iglesia parroquial de La Encarnación en este pueblo.

Propuesto por la alcaldesa, que también le hizo entrega del galardón, el párroco de la iglesia parroquial de La Encarnación en Montefrío. D. Emiliano Zafra Lara, recibía hace unos días la Bandera de Andalucía que la corporación municipal entregaba en el marco del día festivo de la Comunidad Autónoma.

D. Emiliano, natural de Pinos Puente, lleva 27 años en este pueblo, donde es muy querido por sus vecinos y fieles. Su vida y su trayectoria pastoral en Montefrío le ha valido este reconocimiento, con el que ha expresado su agradecimiento y “satisfacción” por el afecto mostrado con esta Bandera de Andalucía.

Ordenado en 1986, D. Emiliano siempre ha tenido claro que su misión es pastoral: “Nosotros los sacerdotes pasamos por los pueblos y no somos los protagonistas de nada. Desde la Iglesia se trabaja de forma discreta y al lado de las personas, en una labor pastoral”, de evangelización, celebración de la Eucaristía y administración de los sacramentos a los fieles. “Fue un acto en familia, con una celebración muy entrañable y emocionante”, por el que D. Emiliano está muy agradecido.

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La Iglesia de Jaén acoge la Asamblea nacional de delegados de Medios de Comunicación de las diócesis españolas

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La Diócesis de Jaén acoge, del 9 al 11 de marzo, la Asamblea de delegados diocesanos de Medios de Comunicación Social organizada por la Comisión Episcopal para las Comunicaciones Sociales (CECS) de la Conferencia Episcopal Española. Bajo el lema «Amigos de Lolo, de la verdad y de la esperanza», el encuentro reúne en Jaén a responsables de comunicación de las diócesis de toda España, así como a directores de diversos medios y publicaciones religiosas.

Este encuentro anual constituye un espacio de formación, reflexión y convivencia para quienes trabajan en el ámbito de la comunicación eclesial. Durante tres días, los delegados comparten experiencias, conocen iniciativas de otras diócesis y profundizan en los retos actuales de comunicar e informar sobre la vida de la Iglesia.

La Asamblea comenzará el lunes con el saludo de nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, que dará la bienvenida a los participantes como Diócesis anfitriona. Junto a él intervendrá, también, el presidente de la CECS y Obispo de Cartagena, Don José Manuel Lorca Planes.

A continuación, tendrá lugar la ponencia inaugural, titulada también «Amigos de Lolo, de la verdad y de la esperanza», que será impartida por María Solano, profesora de la Universidad San Pablo CEU.

El programa abordará, además, cuestiones de actualidad para la comunicación eclesial, como el uso de la inteligencia artificial en las oficinas diocesanas. Esta ponencia será presentada por Antonio Moreno, responsable de la Oficina de Prensa del Obispado de Málaga. La primera jornada concluirá con una visita guiada a la Catedral de la Asunción de la Virgen de Jaén.

El martes los participantes se trasladarán a Linares para visitar la casa del beato Manuel Lozano Garrido, primer periodista seglar elevado a los altares, junto a la Asociación Amigos de Lolo. La jornada incluirá, también, un espacio para compartir experiencias diocesanas y una mesa redonda titulada «Cómo comunicar el Papa hoy», con la participación de María José Atienza, directora de la revista Omnes; José Beltrán, director de Vida Nueva; y Cristina Sánchez Aguilar, directora del semanario Alfa y Omega.

Por la tarde, los asistentes se desplazarán a Úbeda para conocer algunos de sus lugares más emblemáticos, entre ellos la Iglesia de San Pablo, el Oratorio de San Juan de la Cruz, la Capilla del Salvador y la Basílica de Santa María de los Reales Alcázares, concluyendo con la visita al Centro de Interpretación Olivar y Aceite.

La última jornada incluye una sesión sobre recursos de imagen y vídeo para los medios diocesanos, seguido de un espacio titulado ‘Comunicar la vida de la Iglesia en los medios’. Este presenta la Memoria Anual de Actividades de la Iglesia católica y el Informe Foessa. Después, concluirá la Asamblea de delegados diocesanos de medios de comunicación con la clausura.

Con esta cita, la Iglesia de Jaén se convierte durante estos días en punto de encuentro para los comunicadores eclesiales de toda España, reforzando la colaboración entre diócesis y el compromiso de comunicar con verdad y esperanza la vida de la Iglesia

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‘Dificultades en el camino’

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En este tercer domingo de Cuaresma contemplamos el camino de Israel por el desierto. La Escritura recuerda que, en un momento determinado, se alzó un faraón que “no había conocido a José” y, movido por el temor, impuso cargas pesadas y disposiciones humillantes. Entonces el Señor intervino, suscitando a Moisés como instrumento de liberación, para que el pueblo aprendiera de nuevo a vivir como pueblo de la Alianza. Comenzó así una larga peregrinación con una meta concreta: la tierra prometida. Entre la salida y la llegada se extendió el desierto, espacio de prueba, de purificación y de maduración. Allí afloran, como en un espejo, nuestras propias reacciones: el cansancio, la tentación de volver atrás, las quejas, la impaciencia, la nostalgia de una falsa seguridad. El desierto revela lo que llevamos dentro y, a la vez, abre la posibilidad de una fe más auténtica.

En ese camino no faltaron episodios dolorosos: murmuraciones contra Moisés, divisiones internas, desánimo, infidelidades y hasta idolatría. Sin embargo, en medio de tanta fragilidad, Dios no dejó de sostener a su pueblo. Les dio el maná, el agua en la roca y las codornices; y, sobre todo, les regaló la certeza de su presencia providente. Israel aprendió, paso a paso, que la historia no está abandonada al azar, y que Dios no es un concepto lejano, sino el que guía, corrige y consuela. Santo Tomás de Aquino afirma que “todas las cosas están sujetas a la divina providencia, no sólo en general, sino también en lo singular” (Santo Tomás de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 22, a. 2). Esta convicción no elimina la dificultad del camino, pero le da sentido. No vivimos una fe ingenua, incapaz de afrontar el sufrimiento; vivimos una fe que sabe que el Señor puede sacar bien de lo que humanamente parece un callejón sin salida.

Por eso el Éxodo se convirtió para Israel en un memorial siempre vivo: recordar el desierto era recordar la salvación. También para nosotros existen “desiertos” personales y comunitarios: etapas en las que nos sentimos despojados, inseguros, con menos apoyos, obligados a caminar con lo esencial. Quien ha pasado por esas horas sabe que, aunque duelan, pueden dejar una huella fecunda. A veces el Señor permite que se tambaleen nuestras seguridades para que descubramos dónde está, de verdad, nuestro fundamento. La vida cristiana no es instalarse, sino peregrinar. San Agustín expresa esta verdad desde lo hondo del corazón humano: “Nos hiciste para ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti” (San Agustín, Confesiones, I, 1). La inquietud no es sólo ansiedad; es también sed, búsqueda, deseo de Dios. Si pretendemos saciarla con sustitutivos —poder, éxito, comodidad, autosuficiencia— terminamos frustrados. El desierto nos devuelve a la verdad: somos criaturas en camino, llamados a la comunión con Dios, y sólo Él es descanso verdadero.

La confianza es la actitud fundamental para atravesar el desierto. Confiar en Dios significa apoyar la vida en su Palabra, dejar que oriente las decisiones grandes y los detalles de cada jornada. La fe nos hace estar encarnados en el mundo y en la historia, pero sin absolutizar lo pasajero. Por eso, a veces, el creyente camina “contra corriente”: no por espíritu de oposición, sino por fidelidad. Hay criterios evangélicos que no coinciden con la moda ni con la opinión dominante; hay conductas cristianas que no encajan en la lógica del interés o del aplauso. El peregrino no se guía por el ruido del momento, sino por la presencia del Señor. No es extraño que la fe sea probada. Israel, tras contemplar el poder liberador de Dios, al encontrarse con las primeras dificultades, murmura. Es un contraste que debería hacernos pensar: podemos haber experimentado la gracia y, aun así, desesperar ante el primer obstáculo. Las pruebas desenmascaran nuestras falsas seguridades y nos invitan a apoyarnos sólo en Dios. Cuando el camino se hace duro, lo decisivo no es la ausencia de problemas, sino la atención al Señor que habla, guía y sostiene.

En este tiempo, también nosotros afrontamos dificultades: heridas personales, pruebas familiares, incertidumbres sociales, tensiones dentro y fuera de la Iglesia. Pidamos la gracia de escuchar la voz de Dios, de permanecer atentos a su Palabra y de caminar unidos. Donde hay murmuración, el enemigo divide; donde hay oración, el Señor reúne. Donde hay nostalgia de Egipto, la libertad se debilita; donde hay memoria agradecida, la esperanza se enciende. Que el Señor nos conceda un corazón humilde y perseverante, para que, aun en medio de las pruebas, sigamos avanzando hacia la tierra prometida, que es Él mismo.

† José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

“Seguir a Cristo”

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Queridos sacerdotes concelebrantes, especialmente los vinculados al colegio, a la obra de las Esclavas de Inmaculada Niña, de su labor educativa en Granada;
queridas hermanas;
querida comunidad de Granada y quienes las acompañáis;
hermanas de este instituto religioso;
queridos hermanos y hermanas, que acompañáis en esta celebración o los que habitualmente venís a esta celebración eucarística en nuestra catedral cada domingo:

Como os decía, estamos en el segundo domingo de Cuaresma. Además, estamos siguiendo en las lecturas el Ciclo A, que es el conjunto de lecturas que se utilizaba para preparar en la Iglesia Primitiva con la liturgia a los catecúmenos que iban a ser bautizados en la noche pascual. Eran el sustrato de las catequesis que se les ofrecía.

El domingo pasado eran esas tentaciones de Cristo, para enseñar a los catecúmenos y a nosotros, que la Cuaresma tiene esa impronta bautismal de preparación al bautismo; a nosotros cristianos ya, desde hace mucho tiempo, nos sirve para revitalizar nuestra vida cristiana, para ponerla al día, para renovarnos, para convertirnos, para de nuevo volver a ese sentido primitivo y a esas exigencias que muchas veces nuestra vida de cada día va poniendo en el olvido o va posponiendo en nuestra vida cristiana.

La Cuaresma es un tiempo de renovación cristiana y las tentaciones servían para expresarles que el cristianismo es lucha, que el mal existe, que no podían bajar la guardia pero que tenían que confiar en el Señor que ha vencido: Cristo en quien no hay pecado, el que nos viene a recuperar del pecado ha querido someterse. Esa es la catequesis.

Y el sentido de la lucha en el seguimiento de Cristo, del esfuerzo acompasado con la gracia que nos da la fuerza para resistir en esas tentaciones que el Señor sufre, que vienen como a resumir las tentaciones del hombre, san Juan nos habla -san Juan Evangelista- de la concupiscencia de la carne, de la concupiscencia de los ojos y de la soberbia de la vida. Ese materialismo, esa ansia de poder, todas esas tentaciones, esa instrumentalización de Dios, Cristo ha vencido.

Esa es la lección para los catecúmenos y para nosotros cristianos. Pero, lógicamente, necesitamos tomar conciencia de que el mal existe, porque lo experimentamos en nosotros y no podemos estar tan embotados que neguemos su existencia, porque existen los otros, existe en nuestro mundo. A poco que abramos los informativos, nos damos cuenta de guerras, que no son cosas de videojuegos, que las vemos en tantos escenarios del mundo, ahora, entre Israel y EEUU contra Irán, la guerra abierta ya de tantos años con la invasión de Ucrania, la guerra entre Pakistán y Afganistán, y tantas otras guerras que no son noticia y que están abiertas en tantos escenarios del mundo con persecución de cristianos, como en Nigeria, o tanto apisonamiento de los derechos humanos y tantas esclavitudes, o tanta miseria.

Entonces, nos damos cuenta que el mal existe. Pues, Cristo ha vencido. Y en este segundo domingo, ¿qué se enseñaba a los catecúmenos y qué se nos recuerda a nosotros cristianos ya? Se nos recuerda que hemos de escuchar a Jesucristo; que en Él se cumplen las Escrituras. Ese diálogo de Jesús que nos muestra el evangelista en ese Monte Tabor, en ese anticipo de la Gloria para enseñarle a los catecúmenos que no todo es sufrimiento y no todo es lucha en la vida cristiana, sino que también la vida cristiana es el anticipo ya de esa plenitud a la que estamos llamados en el Reino de los Cielos. Pero que ya ese Reino se realiza en nosotros, se realiza por la salvación de Cristo y se realiza por la acción de los cristianos. Por eso, le pedimos constantemente al Señor que venga a nosotros su Reino, que se haga entre nosotros, “así en la tierra como en el cielo”. Pues, ese anticipo del Reino es el que Jesús les hace ver a los discípulos llevándoselos al Monte Tabor y ese estado de júbilo, de gozo, porque están contemplando el Misterio de Dios, esa teofanía, donde se oye la voz de Dios a través de su Espíritu. “Este es mi Hijo amado, escuchadle”. Escuchar a Cristo, seguir a Cristo, vivir de Cristo, esa centralidad de la vida cristiana. Y esto, porque es un seguimiento, los clásicos llamaban la “sécula Christi”, seguimiento de Cristo. Incluso, nos encontramos en siglos pasados las célebres escuelas de Cristo: enseñar a Cristo.

Y eso es, queridos hermanos, lo que tenemos que asumir como lección en nuestra vida: su doctrina, su enseñanza, su manera de vivir. Porque no otra cosa es la vida cristiana que desplegar la identidad, nuestra naturaleza de cristianos, que es ser otros cristos, el mismo Cristo por nuestro bautismo. Y entonces, se nos pide que obremos según somos. Y ese vivir de acuerdo con Cristo es la moral cristiana, es la vida en Cristo, así le llama el Catecismo. Pues, a eso estamos llamados y es lo que se les quería mostrar a los catecúmenos y se nos recuerda a nosotros. Que la gloria se nos ha anticipado y que un día llegará a plenitud y que el camino es la escucha de Cristo en quien se cumplen las Escrituras.

Pues, vamos a pedirle esto al Señor en este segundo domingo. Y si ¿yo sigo a Cristo, es Cristo el centro de mi vida? “Ser cristiano -lo decíamos en el Catecismo-, eres cristiano, soy cristiano por la Gracia de Dios”. “¿Qué quiere decir cristiano?”, se nos preguntaba también. Los que somos más mayores recordamos el Catecismo de memoria. “Ser cristiano es ser discípulo de Cristo”. Pero, no sólo un discípulo teórico, no sólo un discípulo de cabeza: ser cristiano integralmente con toda nuestra vida, no sólo en etapas de nuestra vida, no sólo cuando nos van las cosas mal y, entonces, nos acordamos de Santa Bárbara, cuando truena. Dios no es para sólo caso de emergencia. Dios tiene que estar más presente en nuestra vida, Cristo, para que podamos decir “Señor, que quien me mire te vea”; se vea en nuestros comportamientos, se vea en nuestras palabras y así transformaremos el mundo.

Pero, lógicamente, tenemos que conocer a Cristo. Y lo conocemos a través de Su Palabra. Por eso, esa invitación: “Este es mi Hijo amado, escuchadle”. Hay que leer el Evangelio. Hay que saber el Evangelio, para imitar a Cristo. Y esta obra, esta tarea la entendieron tanto el padre Federico como la madre Rosario de Jesús, en México, a principios del siglo XX. Ese afán apostólico, viendo las carencias de las niñas, de las más pequeñas, viendo esa carencia, el Señor suscita en sus corazones ese deseo de paliar y de anunciar, de hacer presente a Cristo en esa realidad de sufrimiento, en esa realidad de desvalimiento y tomar como modelo a la Virgen Niña, a la Inmaculada Niña.

Les cuento personalmente. He ido a América Latina bastantes veces, pero fundamentalmente a América Central y, sobre todo, a El Salvador. Y me llamaba la atención, porque el tiempo en que iba era en torno a la Natividad de la Virgen, al 8 de septiembre. Yo que soy extremeño, pues la patrona de Extremadura es la Virgen de Guadalupe. Y como es esa fiesta del 8 de septiembre… hay muchas fiestas de la Virgen, la Virgen de la Victoria, en Málaga…, es mucha fiesta. Pues, en El Salvador veía la festividad de la Virgen Niña, como la habéis traído en vuestra Imagen de la Inmaculada Niña.

Y esa devoción y ese cariño la habéis fomentado, queridas hermanas Esclavas de la Inmaculada Niña, en nuestra tierra, en esa labor educativa que habéis desarrollado a lo largo de más de un siglo: 125 años. Y esa es la impronta que queda ahí, en tantas y tantas familias, en tantas y tantas generaciones. Como arzobispo de Granada os doy las gracias.

Y os invito a continuar la tarea. Yo sé que hoy no es fácil. No es fácil por la baja de la natalidad, no es fácil por tantas y tantas cosas, pero hoy vuestra tarea es más necesaria que nunca. Vuestra ayuda, vuestro testimonio, vuestro ejemplo, vuestro carisma es más necesaria que nunca para las familias de Granada, para tantos y tantos hogares, para remediar carencias, pero, sobre todo, para anunciar a Jesucristo y el modo de vivir cristiano bajo la protección de la Santísima Virgen, con el recordatorio permanente de la protección y del cuidado de los más pequeños.

Pues, esto es lo que le pido a la Santísima Virgen en este día. Y para todos, recordar eso, escuchar a Cristo, seguir a Cristo, poner a Cristo en el centro, parecernos a Él y vivir su misma vida. Si al discípulo le basta ser como el Maestro nos ha enseñado. Y no olvidemos que hay lucha, pero la victoria de Cristo es la que nos anima a nuestra esperanza, y seguirle a Él es llegar a la Gloria.

Ese es el itinerario de la Cuaresma que nos lleva al rito pascual y, sobre todo, nos lleva a la Resurrección, a su victoria, que hemos de hacer nuestra como estilo de vida en nuestro vivir de cada día. Sed hijos e hijas de la Resurrección del Señor.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

1 de marzo de 2026
Catedral de Granada

Los consejos diocesanos estudian la fase de implementación del Sínodo

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Primero fue el Consejo Presbiteral el que se acercó a la fase de implementación del Sínodo, concretamente con la presentación y aportaciones al instrumento de trabajo propuesto por la Conferencia Episcopal Española, relativo a la «renovación de los instrumentos de participación en la Iglesia».

La misma sesión plenaria fue una oportunidad también para realizar aportaciones sobre el nuevo organigrama pastoral de la diócesis.

Posteriormente, este sábado será el Consejo Diocesano de Pastoral el que, por una parte, recibirá información sobre el momento actual del desarrollo de la fase de implementación de Sínodo y, por otra, realizará un estudio del citado instrumento de trabajo a partir de la metodología de la conversación espiritual.

El proceso sinodal que venimos recorriendo desde 2021 ha puesto de relieve la necesidad de revisar, fortalecer y renovar los instrumentos y órganos que permiten la participación efectiva de todo el Pueblo de Dios en el discernimiento y en las decisiones de la Iglesia (Cf. DF 89; 92; especialmente 103-108). La convicción central es que la participación no es un mero mecanismo organizativo, sino una dimensión espiritual y comunitaria que se funda en la escucha del Espíritu y en la responsabilidad compartida de anunciar el Evangelio en contextos sociales, culturales y eclesiales profundamente transformados (Cf. DF 43-44).

El documento sobre la renovación de los instrumentos de participación ofrece una reflexión articulada sobre la renovación de los organismos de participación en la Iglesia, inspirándose en las intuiciones, orientaciones y desafíos que han emergido en los últimos años dentro del camino sinodal. Se pretende describir el sentido teológico de la participación, diagnosticar la situación actual, definir los órganos existentes y proponer caminos de actualización y conversión pastoral que permitan avanzar hacia una Iglesia verdaderamente sinodal.

La Conferencia Episcopal Española renueva su sitio web del Sínodo para su fase de implementación

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El Equipo Sinodal de la Conferencia Episcopal Española (CEE) pone a disposición de las diócesis y realidades eclesiales una nueva página web, https://sinodo.conferenciaepiscopal.es/, orientada a la Fase de Implementación del Sínodo “Por una Iglesia Sinodal: Comunión, Participación y Misión”.

En ella se realiza una síntesis sobre el camino recorrido y en el que está inserta la Iglesia, con un carácter divulgativo hacia aquellos fieles aún pueden desconocer este proceso. También pretende potenciar la transparencia, publicando los trabajos del Equipo Sinodal y quienes lo integran.

La Fase de Implementación del Sínodo

Episcopalis Communio recuerda que «a la celebración de la Asamblea del Sínodo le debe seguir la fase de su implementación» (n. 7). Así, el Papa Francisco aprobó la puesta en marcha de un itinerario de acompañamiento y evaluación, incluyendo distintas fases locales hasta la celebración de una Asamblea eclesial en el Vaticano en 2028. Este itinerario fue ratificado por el Papa León XIV tras su elección, y concretado en unas Pistas para la Fase de Implementación del Sínodo por la Secretaría General del mismo.

Así pues, todas las Iglesias locales están llamadas a concretar e implementar las orientaciones y conclusiones del Sínodo. Este itinerario será también la ocasión para evaluar juntos las decisiones tomadas a nivel local, y reconocer los progresos realizados en materia de sinodalidad.

Recursos y noticias para “intercambiar dones”

En este sentido, la nueva web se presenta como una plataforma en la que compartir recursos e iniciativas sinodales en nuestro país. Este “intercambio de dones” (término enfatizado en el proceso sinodal), busca que todos se beneficien de la riqueza y la creatividad de los pasos dados por las Iglesias locales.

Por un lado, además de los documentos desarrollados por la CEE, se publican los recursos compartidos por las diócesis y realidades eclesiales, tanto divulgativos como formativos y de trabajo, que puedan ser de utilidad para otras realidades o equipos que se inician en la sinodalidad.

Por otro lado, se comparten las distintas iniciativas, hitos y buenas prácticas notificadas por las diócesis, institutos de vida consagrada, sociedades de vida apostólica, asociaciones laicales, movimientos eclesiales y nuevas comunidades.

Una página viva

Si un grupo tiene materiales o iniciativas que desee compartir, se invita a canalizarlo a través del Equipo Sinodal local, diocesano, etc. para que lo haga llegar a la Secretaría del Sínodo de la CEE.

Nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe: ‘Cor ad cor loquitur’, el corazón habla al corazón

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La Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ha publicado una nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe que lleva por título Cor ad cor loquitur —el corazón habla al corazón—, en referencia al lema cardenalicio del «recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman». En él se encierra el tema central de la nota doctrinal, que la vida espiritual y el encuentro con Dios «afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva». Esta nota fue aprobada por la Comisión Permanente en su última reunión, celebrada los días 24 y 25 de febrero en Madrid.

Esta reflexión está motivada por los diversos signos de un «renacer de la fe cristiana» en la sociedad, así como el surgimiento de «diversas iniciativas de primer anuncio» suscitadas por el Espíritu Santo y que facilitan el encuentro con Cristo. La Iglesia valora su «creatividad» y reconoce «una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana». De esta forma, los obispos de esta Comisión ofrecen esta nota doctrinal para «ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia».

Texto completo

Cor ad cor loquitur (El corazón habla al corazón)
Nota doctrinal sobre el papel de las emociones en el acto de fe

1. Cor ad cor loquitur fue el lema cardenalicio escogido por el recién declarado doctor de la Iglesia, san Juan Enrique Newman, inspirándose en san Francisco de Sales, quien definía la vida espiritual como un encuentro con Dios “de corazón a corazón”[1], un movimiento del corazón de Dios al corazón del hombre y, a la inversa, del corazón del hombre al corazón de Dios; un intercambio incesante que afecta a la persona en el conjunto de sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva[2]. El mismo Jesús, cuando le preguntan por el mandamiento principal de la Ley, dice: «Amarás al señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente» (Mt 22,37). La fe implica a toda la existencia humana, pues es la entrega del hombre “entero” a Dios como respuesta obediente y libre a la revelación (Rom 1,5; 16,26)[3]. Es Dios el que toma la iniciativa de salir al encuentro del hombre, y adelanta su gracia para que, con el auxilio interior del Espíritu Santo, el corazón del ser humano se oriente y se dirija hacia Dios, permitiéndole entrar en comunión íntima con él[4]. Junto a los aspectos fiduciales (confianza en Dios) se dan en la fe elementos cognoscitivos (adhesión a Dios, confesión de fe) y también emociones y sentimientos (gozo espiritual, amor o paz, entre otros).

2. Los obispos de la Comisión para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española ofrecemos estas reflexiones acerca de la integralidad de la experiencia de fe, que es fruto del encuentro con el auténtico rostro de Jesucristo encarnado: «Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado no creado, que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre» (Credo niceno-constantinopolitano).

Motivación pastoral de esta reflexión

3. En los últimos años se aprecian signos que indican un renacer de la fe cristiana, especialmente entre los jóvenes españoles de la llamada “generación Z”, aquellos nativos digitales nacidos entre mediados de los 90 y la primera década del año 2000. La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe. Estos nuevos métodos o herramientas de evangelización representan un soplo de aire fresco para la Iglesia, que, como Madre, vuelve una y otra vez a «ponerse en camino para rescatar a los hombres del desierto y conducirlos al lugar de la vida, hacia la amistad con el Hijo de Dios, hacia aquel que nos da la vida, y la vida en plenitud»[5].

La Iglesia valora la creatividad de las diversas iniciativas de primer anuncio que el Espíritu Santo ha suscitado en muchos movimientos y asociaciones eclesiales para facilitar a tantas personas el encuentro con Cristo o la revitalización de su fe.

4. En todos estos métodos, en mayor o menor grado, tienen un peso importante las emociones y los sentimientos, que provocan un primer “impacto” en la persona y conducen a la conversión y a la adhesión a Cristo. A ello le ha de seguir la configuración de la vida de los cristianos con el Señor, el discipulado en la Iglesia y al apostolado como testigos de Cristo muerto y resucitado en medio del mundo. Sin embargo, no son pocos, incluso entre los promotores de estas experiencias, que han advertido del riesgo de un reduccionismo “emotivista” de la fe, que lleva a muchas personas a convertirse en consumidoras de experiencias de impacto y buscadoras insaciables de la complacencia del sentimiento espiritual. El anuncio de Cristo no busca de modo directo provocar sentimientos, sino testimoniar un acontecimiento que ha transformado la historia y es capaz de transformar la existencia de todo ser humano ocupando el centro de su vida: que «tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que cree en él no perezca, sino que tenga vida eterna» (Jn 3,16). Este es el gran impacto que renueva la mente y el pensamiento, amplía el horizonte de la libertad, ofrece un nuevo sentido a la vida y, en función de ello, da una nueva consistencia al obrar de las personas.

5. En determinados momentos de la historia de la Iglesia la balanza se ha inclinado hacia el asentimiento intelectual a unas verdades reveladas o al compromiso y a la acción, con incidencia en la vida espiritual de los fieles, la reflexión teológica, la catequesis o el apostolado. En nuestros días, en cambio, la experiencia de fe se centra en el universo emocional y sentimental de la persona, lo que podría interpretarse como uno de los “signos de los tiempos” o una llamada que anima a recuperar la importancia de los sentimientos y a integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana. Al mismo tiempo, advertimos la necesidad de regular y discernir las emociones porque pueden ser un obstáculo para el crecimiento espiritual.

6. Valorando positivamente todo lo que de bueno están aportando estos métodos de primer anuncio en el contexto de una sociedad fuertemente secularizada, los obispos de esta Comisión, como pastores del pueblo de Dios, ofrecemos esta Nota con el fin de ayudar al discernimiento y acompañar en la maduración de estas experiencias apostólicas para que puedan crecer y prestar un mejor servicio a tantas personas que se acercan a la Iglesia —como la mujer samaritana— buscando «un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4,14).

Creer con el corazón

a) La absolutización de lo emotivo en la postmodernidad

7. Expertos y analistas de nuestro tiempo vienen advirtiendo que en la llamada cultura postmoderna se ha producido una absolutización de la afectividad, reduciéndola a los sentimientos y a las emociones, e incluso se ha llegado a sostener su irracionalidad, lo que ha sido denominado como “emotivismo”[6], es decir, la reducción de la afectividad a la emoción. El hombre postmoderno rechaza el objetivismo racionalista para convertirse en un sujeto emotivo, que pasa del “pienso luego existo” al “siento luego existo”, del “logos” a la “emoción”. Pero los sentimientos y las emociones, si bien son parte del mundo afectivo, no son capaces de abarcarlo en su totalidad.

8. El hombre “emotivista” se experimenta fragmentado, porque las emociones por sí mismas son inconexas y no le pueden ofrecer una visión holística de la realidad. Se percibe desorientado, porque se deja arrastrar por las emociones a cada momento sin ningún horizonte y se identifica con ellas[7]; y vive en la inmediatez y la inconstancia absolutizando el instante (en tanto que perdura la emoción). Aplicado a la vida espiritual, el “emotivista religioso” hace depender la fe de la intensidad de la emoción, reduciéndola a la medida del sentimiento[8] y a lo placentera que pueda resultar, lo que se refuerza cuando se trata de experiencias compartidas. Es importante no confundir estas vivencias con el arrobamiento místico o la experiencia del gozo espiritual que acompaña en los santos la revelación privada. Ya en el año 2003 la Conferencia Episcopal Española advertía en el Directorio de pastoral familiar de la Iglesia en España de que «esta concepción (meramente “emotivista”) debilita profundamente la capacidad del hombre para construir su propia existencia, porque otorga la dirección de su vida al estado de ánimo del momento, y se vuelve incapaz de dar razón del mismo. Este primado operativo del impulso emocional en el interior del hombre, sin otra dirección que su misma intensidad, trae consigo un profundo temor al futuro y a todo compromiso perdurable»[9].

Resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales. Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien.

9. Conviene tener presente que las emociones y los sentimientos tienen un papel importante en la vida humana y espiritual. El cuerpo humano y las emociones son partes integrales de la vida psíquica y espiritual del ser humano. Las emociones no pueden ignorarse ni trivializarse porque son intrínsecas a nuestra existencia. Ahora bien, resulta determinante encontrar un equilibrio dentro de la vida espiritual entre los aspectos intelectivos, volitivos y sentimentales. Los sentimientos no pueden desligarse ni de la verdad ni del bien. A este respecto, el papa Francisco afirmaba en la encíclica Lumen fidei (2013):

La fe sin verdad no salva, no da seguridad a nuestros pasos. Se queda en una bella fábula, proyección de nuestros deseos de felicidad, algo que nos satisface únicamente en la medida en que queramos hacernos una ilusión. O bien se reduce a un sentimiento hermoso, que consuela y entusiasma, pero dependiendo de los cambios en nuestro estado de ánimo o de la situación de los tiempos, e incapaz de dar continuidad al camino de la vida[10].

10. Por otra parte, el “emotivista” resulta más fácilmente manipulable. Muchos discursos sociales y políticos actuales apelan con frecuencia a las emociones (miedo, esperanza, indignación) con el fin de generar determinados comportamientos y adhesiones. También en la vida espiritual existe el peligro de pretender suscitar algunos comportamientos mediante un “bombardeo emocional”, lo cual podría considerarse una forma de “abuso espiritual”. Tal abuso puede manifestarse en forma “presión emocional del grupo”, que hace que los individuos se vean obligados a “sentir” lo mismo que los demás para no automarginarse de la experiencia. E incluso a través de la utilización de falsas experiencias sobrenaturales o místicas (“falso misticismo”[11]), que desvirtúan una auténtica visión de Dios, como medios para ejercer dominio sobre las conciencias anulando la autonomía de las personas o para cometer otro tipo de abusos, lo que debe ser considerado de especial gravedad moral[12].

b) La importancia de los sentimientos en la vida espiritual

11. Los sentimientos juegan un papel importante en la vida humana y espiritual, y son fundamentales en la vida interior de toda persona humana. La fe cristiana, arraigada en la encarnación, no los puede ni dejar de lado ni ignorar. Dios nos alcanza también en nuestro sentir, en nuestra subjetividad, en nuestra intimidad, en nuestra emocionalidad. Lo afectivo constituye un campo fundamental en la vida espiritual, en la relación con Dios y con los demás, en la maduración creyente de la persona. Sin embargo, los sentimientos no pueden determinar toda o casi toda la vida cristiana, pues, en ocasiones, la misma ausencia de sentimientos es parte del itinerario espiritual.

12. Los métodos de evangelización, a los que nos hemos referido, ayudan a descubrir la importancia del aspecto emotivo de la vida cristiana. Por influjo de la modernidad ilustrada, se dio una tendencia a subrayar los aspectos intelectuales o éticos de la fe, considerando los sentimientos como algo marginal en la experiencia de fe. La piedad popular y algunas prácticas espirituales alimentaron una espiritualidad más vinculada a los sentimientos, a la imaginación y al corazón.

13. El reto será siempre facilitar el encuentro con Dios sin abusar de las emociones, al mismo tiempo que sin menospreciar la fuerza de la fe para suscitarlas. Sería contradecir la misma Palabra de Dios, que tiene muy en cuenta la dimensión afectiva de la relación entre Dios y el ser humano.

14. El Antiguo Testamento describe el amor de Dios hacia su pueblo en múltiples pasajes, como el de una madre que se apiada del hijo de sus entrañas (cf. Is 49,14-15), como el de un padre que toma entre sus brazos a su hijo pequeño y cuida de él (cf. Os 11,1.3-4) o como el de un amado que graba a la amada como un sello en su corazón (cf. Cant 2,2; 6,2; 8,6). Este amor exige por parte del hombre la respuesta de un corazón nuevo, de un corazón de carne (cf. Ez 36,26).

15. En el Nuevo Testamento, el Verbo encarnado asume también los sentimientos de la condición humana. En muchos pasajes vemos cómo Jesús se compadeció de aquellos que andaban como ovejas sin pastor (cf. Mt 9,36), experimentó la angustia y la tristeza en el huerto de los Olivos (cf. Lc 22,39-44; Mt 26,37), lloró por Jerusalén (cf. Lc 19,41-44) y por la pérdida de su amigo Lázaro (cf. Jn 11,35), amó a los discípulos y los llamó amigos (cf. Jn 13,23; 15,15), miró con ira y se sintió dolido ante la dureza del corazón de los demás (cf. Mc 3,5) o por ver el Templo transformado en un mercado (cf. Mt 21,12-13; Mc 11,15-18; Jn 2,13-22), etc[13]. Como dirá san Agustín, él asumió también los sentimientos humanos para redimirlos: «Tomó estos afectos de la humana flaqueza, lo mismo que la carne de la debilidad humana (…), de suerte que, si a alguno le aconteciere contristarse y dolerse en las tentaciones humanas, no se juzgase por esto ajeno a su gracia»[14]. Como recuerda el Concilio Vaticano II, «realmente, el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (…), él manifiesta plenamente el hombre al propio hombre (…), pues en él la naturaleza humana ha sido asumida, no absorbida, (…) también en nosotros ha sido elevada a una dignidad sublime»[15]. No es de extrañar que san Pablo recomendase a los filipenses: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús» (Flp 2,5). Negar, por tanto, las emociones en el acto de fe, sería renegar de la condición humana, que ha sido asumida por el Verbo encarnado, el Hombre perfecto (cf. Ef 4,13), el mismo que «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre»[16], y por eso puede sanar de su desorden a la afectividad humana, iluminarla y elevarla. Como dirá la encíclica Dilexit nos (2024), «el Hijo eterno de Dios, que me trasciende sin límites, quiso amarme también con un corazón humano. Sus sentimientos humanos se vuelven sacramento de un amor infinito y definitivo»[17].

Negar, por tanto, las emociones en el acto de fe, sería renegar de la condición humana, que ha sido asumida por el Verbo encarnado, el Hombre perfecto (cf. Ef 4,13), el mismo que «trabajó con manos de hombre, pensó con inteligencia de hombre, obró con voluntad de hombre, amó con corazón de hombre».

c) Recuperar el corazón

16. La afectividad, dimensión esencial del ser humano, junto con la razón y la voluntad, integra las emociones y los sentimientos en la verdad del ser humano, creado «a imagen y semejanza de Dios» (Gn 1,26), profundamente amado en la realidad de su existencia. Por ser una dimensión fundamental de la persona, no puede quedar excluida del acto de fe, ya que Dios sale al encuentro de cada hombre y de cada mujer en la integridad de su ser, y les habla de corazón a corazón. Pues el corazón es el centro de la persona, el lugar de las decisiones, de la verdad, del encuentro y de la Alianza, que solo puede ser sondeado y conocido por el Espíritu de Dios[18].

17. El magisterio de los pontífices más recientes está impregnado de una llamada a la recuperación del corazón en la vida cristiana. Ya Pío XII en la encíclica Haurietis aquas (1956), sobre la devoción al Corazón de Cristo,alertaba del peligro del naturalismo y del sentimentalismo, y presentaba el Corazón del Verbo encarnado como signo y símbolo del triple amor con que ama Cristo: el amor divino (como Dios), el amor espiritual humano (la caridad de su voluntad humana) y el amor sensible (afectos y emociones)[19]. De esta forma, se invitaba a los fieles a alcanzar la armonía del amor en Cristo. Posteriormente, son significativas las encíclicas de Juan Pablo II Redemptor hominis (1979) al volver sobre la dimensión humana del misterio de la Redención y, especialmente, Dives in misericordia (1980) dedicada al amor misericordioso de Dios. Por su parte, Benedicto XVI hizo referencia en varias de sus encíclicas a esta cuestión, de manera peculiar en Deus caritas est (2005), pero también en Spe salvi (2007) y Lumen fidei (2013), escrita entre Benedicto XVI y Francisco, a la que ya se ha hecho referencia. Más recientemente el papa Francisco, en su encíclica Dilexit nos (2024) propuso recuperar la importancia del corazón en la vida cristiana, pues —como dice san Pablo— «si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo» (Rom 10,9). En el corazón es «donde cada persona hace su síntesis; allí donde los seres concretos tienen la fuente y la raíz de todas las demás potencias, convicciones, pasiones, elecciones»[20]. Todo se unifica en el corazón, que es «el núcleo de cada ser humano, su centro más íntimo; no solo el núcleo del alma, sino de toda la persona en su identidad única que es anímica y corpórea (…) Es la sede del amor con la totalidad de sus componentes espirituales, anímicos y también físicos»[21].

18. Desde el corazón, en el que se integran las dimensiones afectiva y corporal, racional e intelectual, así como la volitiva y el compromiso[22], la experiencia de fe se convierte en un acontecimiento totalizante, que permite afirmar al creyente: «Encontré al amor de mi alma. Lo abracé y no lo solté» (Cant 3,4). Se trata de un hecho que siempre desborda y trasciende, y hace gustar de antemano el gozo y la luz de la vida eterna.

19. La afectividad, como dimensión humana fundamental en armonía con la razón y la voluntad, supera al mero sentimentalismo y libera a la fe de las redes del subjetivismo y del emotivismo. El amor auténtico siempre conduce a la verdad. Como afirmaba el papa Benedicto XVI:

Sin la verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente (…), es presa de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos (…). La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un fideísmo que mutila su horizonte humano y universal. En la verdad, la caridad refleja la dimensión personal y al mismo tiempo pública de la fe en el Dios bíblico, que es a la vez “Agapé” y “Lógos”: Caridad y Verdad, Amor y Palabra[23].

20. Creer con el corazón es el mejor antídoto contra los dos grandes enemigos de la vida espiritual apuntados por el papa Francisco: el neo-gnosticismo y el neo-pelagianismo. El primero concibe la salvación como algo puramente interior, cerrando al sujeto en la inmanencia de su propia razón o sentimientos. El pelagianismo, por su parte, acentúa el carácter radicalmente autónomo del individuo, que pretende alcanzar la salvación por sus propias fuerzas. Esto se traduce, entre otras cosas, en una autocomplacencia por los frutos alcanzados, en la obsesión por la ley y en la ostentación en el cuidado de la liturgia, de la doctrina y del prestigio de la Iglesia[24].

Criterios teológico-pastorales para el discernimiento

21. A la luz de lo expuesto, ofrecemos unos criterios que pueden ayudar a enriquecer la experiencia de fe de las nuevas iniciativas de evangelización surgidas recientemente en el ámbito del primer anuncio:

a) Por Cristo, al Padre, en el Espíritu

 

22. La vida cristiana comienza «en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19), tal y como sucede en el sacramento del bautismo. Es la fe trinitaria que la Iglesia transmite la que ha de ser profesada no solo con los labios, sino pasándola por el corazón y por la razón.

23. Toda la vida de fe está impregnada por la Santísima Trinidad: la oración está dirigida al Padre, por el Hijo, en el Espíritu; la liturgia es eminentemente trinitaria, «por Cristo, con él y en él, a ti Dios Padre omnipotente, en la unidad del Espíritu Santo, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos»; la comunidad eclesial está llamada a reflejar la comunión de las Personas divinas; y el destino del cristiano es trinitario, la plena unidad con Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, y con todo el género humano. Por ello es importante que la oración cristiana no pierda su identidad trinitaria[25], y que el primer anuncio, así como los procesos de discipulado, presenten a Jesucristo, al que conocemos por la acción del Espíritu, que nos revela el rostro del Padre. Solo de esta manera se puede experimentar la plenitud del amor de Dios: «porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado» (Rom 5,5).

b) Dimensión personal

24. Como decía el papa Benedicto XVI, «no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva»[26]. La fe, ciertamente, no se reduce al asentimiento teórico a determinados dogmas, sino que es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo. También el Catecismo de la Iglesia Católica recordaba que «no creemos en fórmulas, sino en las realidades que estas expresan y que la fe nos permite “tocar”»[27].

La fe, ciertamente, no se reduce al asentimiento teórico a determinados dogmas, sino que es un acto por el que toda la persona se entrega libremente a Dios, que se nos revela y se nos entrega en Cristo.

25. Puesto que Dios sale al encuentro del hombre en su totalidad, en este encuentro intervienen también los sentimientos, propios de la dimensión afectiva del ser humano. Invitamos, por ello, a aprender a discernir los sentimientos en la vida espiritual a partir de los grandes maestros de espiritualidad. El mismo san Ignacio de Loyola animaba a discernir entre estados de consolación y desolación del alma, o a situarse en la santa indiferencia ante una elección de vida, con el deseo de servir a Dios como fin primero y principal al que todo se subordina[28]. Otros, como santa Teresa de Jesús o san Juan de la Cruz, vivirán la purificación de los sentidos en las “noches del espíritu” o tendrán que enfrentarse, como santa Teresa de Lisieux o santa Teresa de Calcuta, a largos periodos de oscuridad espiritual.

26. De todo ello, se deduce que se ha de ser precavido ante los sentimientos y las emociones que simplemente proporcionan bienestar al sujeto. Cristo, por el contrario, llama a cargar con la cruz y a seguirlo. A una fe basada solo en sentimientos agradables y positivos le repugna la cruz. No se puede entender la vida cristiana sin compartir la cruz y completar en nuestra carne los sufrimientos de Cristo (cf. Col 1,24).

c) Dimensión objetiva de la fe

27. El encuentro con Cristo conlleva la aceptación de la verdad de su persona y su mensaje. En el diálogo con Marta, tras la muerte de Lázaro, Jesús le dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» (Jn 11,26). Y Marta le contesta: «Sí, Señor: yo creo que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo» (Jn 11,27). No hay encuentro con Cristo sin profesión de fe, si solo se tiene en cuenta el aspecto subjetivo, pero no se profundiza en el contenido de la fe y en la doctrina. La formación es el medio primordial que permite integrar la verdad en el amor. Si el acto de fe como adhesión personal a Cristo pierde su profunda unidad con la verdad salvadora que nos ha traído, se transforma en un acto vacío y ciego.

28. La vivencia emocional de la fe se ha de asentar en la verdad objetiva del kerygma, cuyo contenido se encuentra en la Palabra de Dios transmitida e interpretada por la Iglesia. Todo ello invita a apostar con determinación por una formación integral y continua, que incluya todas las dimensiones de la persona (intelectual, afectiva, relacional y espiritual)[29]. Resulta particularmente oportuno iniciar itinerarios catecumenales y procesos formativos de discipulado y acompañamiento en la maduración de la fe con aquellos que han realizado una primera conversión al Señor.

d) Dimensión eclesial

29. Por la misma lógica de la encarnación, el encuentro con Dios es siempre mediado. Jesucristo, el mediador de la salvación, sigue saliendo al encuentro del ser humano a través de la proclamación de la Palabra, la celebración de los sacramentos y el servicio a los hermanos en la Iglesia. No es posible una experiencia ni un conocimiento de Dios de manera directa e individualista. Nadie se ha hecho cristiano a sí mismo, ni es creyente por sí solo. Creemos gracias a que alguien nos habló del Señor y nos transmitió la fe de la Iglesia en el ámbito de la familia, de una parroquia, de un grupo o un movimiento eclesial. La misma profesión de fe es un acto personal y eclesial simultáneo, de forma que cuando el cristiano dice “creo”, al mismo tiempo, dice “creemos”, como atestigua el símbolo de Nicea en su versión griega, resaltando así la dimensión eclesial del acto de fe.

30. Este “creemos” no significa uniformidad. La imagen paulina del cuerpo de Cristo es muy elocuente para expresar la unidad en la necesaria diversidad. Todos, aunque distintos, somos miembros del único cuerpo, cuya cabeza es Cristo (cf. 1 Cor 12,12; Ef 1,18); de tal manera que la diversidad no es contraria a la unidad del cuerpo, sino que la enriquece: «hay diversidad de carismas, pero un mismo Espíritu; hay diversidad de ministerios, pero un mismo Señor» (1 Cor 12,4-5). Una auténtica vivencia eclesial de la fe no absolutiza el carisma del propio grupo, sino que lo pone al servicio de la unidad de la Iglesia; y no excluye otros carismas, sino que aprecia la riqueza que aporta al conjunto. Igual se puede decir de los métodos evangelizadores: ninguno ha de considerarse como absoluto, y se ha de admitir que lo que sirve para unos, no ha de ser necesariamente válido o útil para otros.

31. Es importante valorar la capacidad que tienen estas nuevas iniciativas evangelizadoras para integrar en la vida comunitaria. Como afirma el Concilio Vaticano II, «estos carismas, tantos los extraordinarios como los ordinarios y comunes, hay que recibirlos con agradecimiento y alegría, pues son muy útiles y apropiados a las necesidades de la Iglesia». Ahora bien, «el juicio de su autenticidad y la regulación de su ejercicio pertenece a los que dirigen la Iglesia. A ellos compete sobre todo no apagar el Espíritu, sino examinarlo todo y quedarse con lo bueno (cf. 1 Tes 5,12.19-21)»[30]. Será, por tanto, un signo de eclesialidad que estos nuevos métodos sean sometidos al discernimiento de la autoridad de los obispos y los órganos diocesanos competentes.

32. Los frutos de los nuevos métodos de evangelización, por tanto, pueden medirse por su capacidad de integrar en la comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo (“¿para quién soy yo?”). Es decir, por su capacidad de generar y acompañar las diversas vocaciones que el Espíritu ha suscitado en el cuerpo de la Iglesia (cf. 1 Cor 12,11).

Los frutos de los nuevos métodos de evangelización, por tanto, pueden medirse por su capacidad de integrar en la comunidad y de despertar la pregunta por la propia vocación y misión en la Iglesia y en el mundo (“¿para quién soy yo?”).

e) Dimensión ética y caritativa

33. El verdadero encuentro con Cristo no solo transforma la interioridad del creyente, sino que lo impulsa al compromiso concreto con la Iglesia y el mundo. La fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y el servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino. Si no somos capaces de “tocar la carne de los últimos”, no estamos siendo fieles al Evangelio[31]. El corazón cristiano es un “corazón que ve” dónde hay necesidad de amor y actúa en consecuencia[32].

34. Son numerosos los textos de la Palabra de Dios que iluminan esta dimensión de la fe. Entre ellos, estos de los apóstoles Juan y Santiago: «Si alguno dice: “Amo a Dios”, y aborrece a su hermano, es un mentiroso; pues quien no ama a su hermano, a quien ve, no puede amar a Dios, a quien no ve» (1 Jn 4,20-21). «Así es también la fe: si no tiene obras, está muerta por dentro» (Sant 2,17). Por eso, el compromiso con la Iglesia y con el mundo, sea en el ámbito familiar, laboral, en la sociedad, en la vida pública, con los más pobres y los enfermos, en la defensa de la dignidad humana, la promoción de la paz o el cuidado de la creación, se convierte en criterio de discernimiento para valorar la autenticidad de la fe y de estas nuevas iniciativas eclesiales.

f) Dimensión celebrativa

35. El creyente, además, ha de cuidar la dimensión celebrativa del acto de fe con una liturgia viva en la que festeje comunitariamente la gratuidad del encuentro con Cristo, que hace que la vida del creyente, alentada por la oración, se convierta, por la misericordia de Dios, en un «sacrificio vivo, santo, agradable a Dios» (Rom 12,1).

36. Las iniciativas de evangelización han de cuidar de no fomentar una oración “espiritualista” desencarnada o unas celebraciones litúrgicas intimistas y efectistas. Se corre el peligro de reducir la liturgia a un mero “devocionalismo” que potencia el subjetivismo sentimental frente a lo comunitario, objetivo y sacramental[33]. En algunos ambientes se detecta un recurso excesivo a elementos de tipo emotivo, incluyendo prácticas de culto a la Eucaristía fuera de la misa que desvirtúan y descontextualizan el sentido propio de la adoración al Santísimo Sacramento. La adoración eucarística, sea de forma privada o pública, prolonga e intensifica lo acontecido en la celebración litúrgica, pues adoramos a aquel que hemos recibido[34]. Esta relación intrínseca invita a cuidar la dimensión comunitaria de la adoración eucarística, ya que la relación personal con Jesús sacramentado pone al fiel en comunión con toda la Iglesia, al hacerle tomar conciencia de su pertenencia al Cuerpo de Cristo[35]. El sentido netamente eclesial de la adoración eucarística implica el respeto y la fidelidad a las normas litúrgicas[36], que evitará el subjetivismo y la arbitrariedad de formas del culto eucarístico así como el uso de elementos extraños a lo dispuesto en el Ritual. Todo ello plantea el reto de garantizar, tanto a los fieles como a los ministros ordenados, una buena formación litúrgica que ayude a situar la celebración de la Eucaristía, especialmente la dominical, en el centro de la vida personal, comunitaria y eclesial[37].

37. La belleza de la liturgia no es meramente formal, sino la belleza profunda que procede del encuentro sacramental con el misterio de Dios. Por eso, la liturgia ha de ser mistagógica, ayudándonos, a través de palabras y gestos, a conducirnos a Dios, a maravillarnos ante él y a adentrarnos en su belleza.

Exhortamos a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo “de corazón a corazón”.

Con corazón de pastores

38. Con auténtico corazón de pastores, los obispos de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española exhortamos a abrazar la fe en la totalidad de sus dimensiones, reconociendo y valorando la importancia de las emociones y los sentimientos en el marco de una sana afectividad en la experiencia creyente, lo que permitirá el encuentro transformador con Cristo “de corazón a corazón”.

39. Invitamos a contemplar a la Virgen María, en quien se realiza de manera perfecta el acto de fe. Ella acogió el anuncio del ángel Gabriel y le dio su asentimiento diciendo: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1,38). Y, porque ha creído, todas las generaciones hasta nuestros días la proclaman bienaventurada (cf. Lc 1,45.)

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Esta nota doctrinal fue aprobada por los obispos miembros de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe en su reunión CCLXV del 20 de febrero de 2026.

Presidente: Mons. D. Francisco Conesa Ferrer, obispo de Solsona

Vicepresidente: Mons. D. Ramón Valdivia Giménez, obispo auxiliar de Sevilla y Administrador Apostólico de Cádiz y Ceuta

Miembros:

Mons. D. Ernesto Brotóns Tena, obispo de Plasencia

Mons. D. Daniel Palau Valero, obispo de Lérida

Mons. D. Eloy Alberto Santiago Santiago, obispo de San Cristóbal de La Laguna (Tenerife)

Mons. D. José María Yanguas Sanz, obispo de Cuenca

Mons. D. Francisco Javier Martínez, arzobispo emérito de Granada

Mons. D. Jesús E. Catalá  Ibáñez, obispo emérito de Málaga

Mons. D. Demetrio Fernández González, obispo emérito de Córdoba

Mons. D. Adolfo González Montes, obispo emérito de Almería

Mons. D. Luis Quinteiro Fiuza, obispo emérito de Tuy-Vigo

Mons. D. Javier Salinas Viñals, obispo auxiliar emérito de Valencia

Secretario: Rvdo. D. Rafael Vázquez Jiménez

La Comisión Permanente de la CEE autorizó su publicación en la CCLXXII reunión celebrada en los días 24 y 25 de febrero de 2026.


[1] Cf. Francisco de Sales, Tratado del Amor de Dios, libro X, 3 y 9.

[2] Cf. Juan Enrique Newman, Ensayo para contribuir a una Gramática del Asentimiento (Madrid: Encuentro 2010).

[3] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 142-143.

[4] Cf. Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Dei Verbum, n. 5.

[5] Benedicto XVI, Carta Porta fidei (2011)n. 2.

[6] Cf. Alasdair MacIntyre, «Emotivismo: contenido social y contexto social», en Id. Tras la virtud (Barcelona: Austral 2013) 40-55.

[7] Cf. Zygmunt Bauman, Amor líquido. Acerca de la fragilidad de los vínculos humanos (Madrid: Fondo de Cultura Económica de España 2005).

[8] Cf. Juan José Pérez-Soba, «Conversación junto al pozo. Cómo hablar de fidelidad al emotivista postmoderno», Scripta Theologica 52 (2020) 170-173.

[9] Conferencia Episcopal Española, Directorio de pastoral familiar de la Iglesia en España (Madrid: Edice 2003), n. 19.

[10] Francisco, Encíclica Lumen fidei (2013), n. 24.

[11] Cf. Cf. Pío XII, Encíclica Haurietis aquas (1956), n. 28; Francisco, Dilexit nos (2024), n. 86.

[12] Cf. Dicasterio para la Doctrina de la Fe, Normas para proceder en el discernimiento de presuntos fenómenos sobrenaturales (2024), art. 16; Folio para la Audiencia con el Santo Padre: “Falso misticismo y abuso espiritual” (2024).

[13] Completan estos textos el capítulo II de la encíclica del papa Francisco Dilexit nos (2024), en el que se hace referencia a los gestos y palabras de amor de Jesús en los Evangelios, reflejos del Corazón de Cristo (cf. nn. 32-47).

[14] Agustín de Hipona, Enarr. in Ps. 87, 3.

[15] Concilio Vaticano II, Constitución pastoral Gaudium et spes, n. 22.

[16] Ibid., n. 22.

[17] Francisco, Dilexit nos (2024), n. 60.

[18] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2563.

[19] Cf. Pío XII, Encíclica Haurietis aquas (1956), nn. 3, 15-16.

[20] Francisco, Encíclica Dilexit nos (2024), n. 9.

[21] Ibid., n. 21.

[22] El magisterio de Juan Pablo II ha sido muy rico en el campo de la afectividad. Desarrolla con profundidad la comprensión del amor humano revalorizando el cuerpo desde el trasfondo de una antropología teológica inspirada en la Palabra de Dios (pueden verse las 129 catequesis centradas en la teología del cuerpo impartidas por Juan Pablo II en las audiencias de los miércoles entre septiembre de 1979 y noviembre de 1984).

[23] Benedicto XVI, Encíclica Caritas in veritate (2009), n. 3.

[24] Cf. Francisco, Exhortación apostólica Gaudete et exsultate (2018), nn. 36, 57; Congregación para la Doctrina de la Fe, Carta Placuit Deo (2018), nn. 3-4.

[25] Cf. Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, «Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo» (Sal 42,3). Orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana (2019), nn. 21-38.

[26] Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est (2005), n. 1

[27] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 170.

[28] Cf. Ignacio de Loyola, Ejercicios Espirituales, n. 169.

[29] Cf. XVI Asamblea del Sínodo de los Obispos, Documento final (2024)n. 143.

[30] Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumgen gentium, n. 12.

[31] Cf. León XIV, Exhortación apostólica Dilexi te (2025), n. 48.

[32] Cf. Benedicto XVI, Encíclica Deus caritas est (2005), n. 31.

[33] Cf. Francisco, Carta apostólica Desiderio desideravi (2022), n. 28.

[34] Cf. Juan Pablo II, Encíclica Ecclesia de Eucharistia (2003) n. 25; Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Instrucción Redemptionis Sacramentum (2004), n. 134; Benedicto XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis (2007), n. 66.

[35] Benedicto XVI, Exhortación apostólica Sacramentum caritatis (2007), n. 68.

[36] Cf. Sagrada Congregación para el Culto Divino, Ritual Romano. Ritual de la sagrada Comunión y del culto al Misterio eucarístico fuera de la Misa (1973)nn. 82-100.

[37] Cf. Francisco, Carta apostólica Desiderio desideravi (2022), nn. 34-47.

Respuesta masiva de Córdoba para la Fundación Bangassou

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Las plazas para la tradicional comida benéfica, que tendrá lugar el 14 de marzo en el Círculo de la Amistad, ya están cubiertas

La Fundación Bangassou celebrará el próximo 14 de marzo su comida benéfica, que cumple este año su 26 edición para recaudar fondos para la Diócesis de Bangassou. En estos casi treinta años la comida benéfica se ha convertido en un “fenómeno social” en Córdoba y cada vez son más las personas, empresas, asociaciones y colegios que colaboran con la Fundación. Tal es así que para este año ya no hay plazas y han sido muchas las personas que se han quedado sin entrada porque el aforo en el Real Círculo de la Amistad es limitado. Los beneficios de este año irán destinados a la construcción de una escuela de primaria en Bandoufou para 800 niños.

Desde la Fundación han puesto en marcha una fila 0 para que aquellas personas que lo deseen puedan hacer su aportación a través de la cuenta de la Fundación Bangassou (enlace) o del bizum 01655.

En el transcurso de la comida habrá sorteos de los regalos donados por las empresas colaboradoras, actuarán el grupo de versiones Trueno Azul y el DJ de Katmusic y se entregará el premio VIII José Luis Caballero, que este año se le ha otorgado al grupo Pérez-Barquero, colaborador desde hace 15 años en la comida benéfica.


La entrada Respuesta masiva de Córdoba para la Fundación Bangassou apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Cáritas destinará a las víctimas de trata y explotación sexual los 24.000€ que fueron recaudados en las celebraciones del Jubileo de la Esperanza

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Cáritas Diocesana de Jaén destinará a las víctimas de la trata y explotación sexual acompañadas en su Programa de Mujer los donativos recibidos con motivo de las celebraciones del Jubileo de la Esperanza. En concreto, la cantidad recaudada ha ascendido a 24.049,54€, procedentes de las colectas de las celebraciones jubilares y de la venta de recuerdos realizados por el Taller de Alfarería Alverna, del Programa de Personas sin Hogar de Cáritas.

Proyecto Candela, del Programa de Mujer de Cáritas, atiende de manera especial a las víctimas de trata y explotación sexual. Inició su andadura en el año 2016. Desde este proyecto se acompaña a mujeres que se encuentran en contextos de prostitución y posibles víctimas de trata de seres humanos con fines de explotación sexual. Durante el pasado año, se atendió a 195 mujeres en situación de vulnerabilidad extrema, facilitándoles el contacto del proyecto y acompañándolas siempre que así lo solicitaron. De ellas, 5 eran víctimas de trata de seres humanos y todas ellas víctimas de explotación sexual.

Proyecto social del Jubileo

La vivencia personal y comunitaria del Jubileo llevaba aparejado el compromiso social. Un compromiso que el secretariado para el Jubileo de la Conferencia Episcopal Española quiso concretar en un proyecto social, que fue encargado a la Comisión para la Pastoral Social y Promoción humana y que se centró en la realidad de la trata de personas, la explotación sexual y laboral. Por ello, se marcó como objetivo visibilizar y dar a conocer la labor y respuesta de la Iglesia ante esta situación.

En el caso de la diócesis jiennense, el Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico, abordó la realidad de la trata en una Carta Pastoral. En ella concretó la suma de la Iglesia de Jaén al proyecto social del Jubileo. “Queremos alzar la voz contra una de las formas más crueles de esclavitud moderna: la trata de personas, afirmó. “Esta realidad no es lejana ni invisible. Está aquí, entre nosotros. Mujeres, niños, migrantes y personas vulnerables son víctimas de explotación, abuso y engaño. Cada vida herida por esta lacra clama al cielo, y también a nuestra conciencia cristiana”, añadió Moseñor Chico.

Don Sebastián Chico anima a “no permanecer indiferentes”

En su Carta Pastoral también recordó que, en la Diócesis de Jaén, “Cáritas lleva décadas trabajando con recursos y los medios que tenemos a nuestro alcance para luchar contra esta lacra social, y que sigue siendo noticia porque es una realidad callada”. Mostró entonces su alegría porque se visibilizase como proyecto jubilar para concienciar a los cristianos sobre esta realidad.

En la misma línea, Don Sebastián Chicó animó a “no permanecer indiferentes”. “Como discípulos de Cristo, estamos llamados a defender la libertad de los hijos de Dios. Por eso, este proyecto quiere ser un gesto profético: una llamada a acoger, proteger, promover e integrar a quienes han sido víctimas de la trata y cualquier situación de vulnerabilidad por razón de movilidad humana”, señaló.

Cáritas Diocesana de Jaén

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Pastoral con Jóvenes y Seminario, temas principales de la programación religiosa de COPE Sevilla este fin de semana

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Pastoral con Jóvenes y Seminario, temas principales de la programación religiosa de COPE Sevilla este fin de semana

Este fin de semana, la programación diocesana de COPE Sevilla comienza en El Espejo de la Iglesia con una entrevista al sacerdote José Antonio de la Maza, párroco de Santa María del Alcor, en el Viso del Alcor, con quien abordará la realidad parroquial en esta localidad sevillana en la que recientemente se ha puesto en marcha la construcción de un nuevo templo parroquial. Además, precisamente un feligrés de Santa María del Alcor recibirá este fin de semana la medalla Pro Ecclesia Hispalense, un reconocimiento por su servicio prestado a la Iglesia diocesana durante muchos años.

Además, en la edición local de El Espejo, Leonardo Sánchez, delegado diocesano de Medios de Comunicación y conductor del espacio, entrevistará a Manuel Jiménez Povedano, delegado diocesano para la Pastoral con Jóvenes. Juntos dialogarán sobre las novedades de esta pastoral diocesana como la Pascua Joven, el Curso Despierta o las vigilias de oración interdelegacionales que se vienen celebrando este curso para rezar por las distintas vocaciones.

La cita es hoy, viernes 6 de marzo, a las dos menos veinticinco de la tarde, en COPE Sevilla (99.6 F.M), y a las tres y media en COPE MÁS (105.8 FM).

Por su parte, en el programa Iglesia Noticia Sevilla, Pablo Enríquez estará acompañado por dos seminaristas, Carlos Corento y Danny Pinzón, que presentarán el Buzón de Oración ‘Rezamos por ti’.

Podrá escuchar este programa el próximo domingo, 8 de marzo, a las diez menos cuarto de la mañana. Y también descargando los podcasts en la página web de COPE o en nuestro perfil en Spotify.

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