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ANE celebra su Asamblea Diocesana en Beato Álvaro

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La parroquia cordobesa acogió a adoradores de distintos puntos de la Diócesis

El pasado sábado 14 de febrero, tuvo lugar en la parroquia Beato Álvaro, la Asamblea Diocesana de Adoración Nocturna Española. La jornada comenzó con la Eucaristía presidida por el consiliario, Tomas Pajuelo, y acto seguido, la reunión en los salones de la parroquia. A la misma asistieron miembros del consejo, así como adoradores de Añora, Almodóvar, Carcabuey, Puente Genil, Dos Torres, Cabra, Lucena, Aguilar, Córdoba y Pozoblanco.

Tras la finalización de la misma, se clausuró la jornada con la despedida ante el Santísimo.

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Iniciativas evangelizadoras de Talleres de Oración y Vida

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Talleres de Oración y Vida (TOV) sigue ofreciendo iniciativas en nuestra diócesis. Esta herramienta evangelizadora fue fundada por el Padre Ignacio Larrañaga, sacerdote franciscano, capuchino, natural de Loyola.

El Padre Larrañaga, hasta su muerte el 28 de octubre de 2013, desarrolló una amplia labor animadora y evangelizadora en América Latina, Norteamérica y Europa. Además de los Talleres de Oración y Vida, fue el fundador de los Encuentros de Experiencia de Dios, que se iniciaron en Brasil en 1974.

Los Talleres de Oración y Vida son una forma de evangelización viva y positiva adaptada a las necesidades de la sociedad actual. En este sentido, se ofrecen talleres para niños, adolescentes, jóvenes y adultos.

Los próximos encuentros tendrán lugar durante los meses de verano. El primero de ellos, del 12 al 17 de julio, en la Casa de Espiritualidad, en Santa Cruz de Tenerife.

Y el segundo encuentro será del 2 a 7 de agosto en San Juan de Aznalfarache, en Sevilla. Una propuesta pastoral en la que también participarán varias personas de nuestra diócesis.

Mensaje del Papa León XIV para la Cuaresma

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El papa León XIV ha hecho público hoy el mensaje para la Cuaresma 2026, que comienza el próximo 18 de febrero, Miércoles de Ceniza. Bajo el título «Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión» invita, en primer lugar, a dar espacio a la Palabra a través de la escuchaque «la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro». Además del tiempo de escucha, da importancia al ayuno «que constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios».

Texto completo de León XIV

Escuchar y ayunar.
La Cuaresma como tiempo de conversión

Queridos hermanos y hermanas:

La Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia, con solicitud maternal, nos invita a poner de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre su impulso y el corazón no se disperse entre las inquietudes y distracciones cotidianas.

Todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra y la acogemos con docilidad de espíritu. Existe, por tanto, un vínculo entre el don de la Palabra de Dios, el espacio de hospitalidad que le ofrecemos y la transformación que ella realiza. Por eso, el itinerario cuaresmal se convierte en una ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, recorriendo con Él el camino que sube a Jerusalén, donde se cumple el misterio de su pasión, muerte y resurrección.

Escuchar

Este año me gustaría llamar la atención, en primer lugar, sobre la importancia de dar espacio a la Palabra a través de la escucha, ya que la disposición a escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el otro.

Dios mismo, al revelarse a Moisés desde la zarza ardiente, muestra que la escucha es un rasgo distintivo de su ser: «Yo he visto la opresión de mi pueblo, que está en Egipto, y he oído los gritos de dolor» (Ex 3,7). La escucha del clamor de los oprimidos es el comienzo de una historia de liberación, en la que el Señor involucra también a Moisés, enviándolo a abrir un camino de salvación para sus hijos reducidos a la esclavitud.

Es un Dios que nos atrae, que hoy también nos conmueve con los pensamientos que hacen vibrar su corazón. Por eso, la escucha de la Palabra en la liturgia nos educa para una escucha más verdadera de la realidad.

Entre las muchas voces que atraviesan nuestra vida personal y social, las Sagradas Escrituras nos hacen capaces de reconocer la voz que clama desde el sufrimiento y la injusticia, para que no quede sin respuesta. Entrar en esta disposición interior de receptividad significa dejarnos instruir hoy por Dios para escuchar como Él, hasta reconocer que «la condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia».[1]

Ayunar

Si la Cuaresma es tiempo de escucha, el ayuno constituye una práctica concreta que dispone a la acogida de la Palabra de Dios. La abstinencia de alimento, en efecto, es un ejercicio ascético antiquísimo e insustituible en el camino de la conversión. Precisamente porque implica al cuerpo, hace más evidente aquello de lo que tenemos “hambre” y lo que consideramos esencial para nuestro sustento. Sirve, por tanto, para discernir y ordenar los “apetitos”, para mantener despierta el hambre y la sed de justicia, sustrayéndola de la resignación, educarla para que se convierta en oración y responsabilidad hacia el prójimo.

San Agustín, con sutileza espiritual, deja entrever la tensión entre el tiempo presente y la realización futura que atraviesa este cuidado del corazón, cuando observa que: «es propio de los hombres mortales tener hambre y sed de la justicia, así como estar repletos de la justicia es propio de la otra vida. De este pan, de este alimento, están repletos los ángeles; en cambio, los hombres, mientras tienen hambre, se ensanchan; mientras se ensanchan, son dilatados; mientras son dilatados, se hacen capaces; y, hechos capaces, en su momento serán repletos».[2] El ayuno, entendido en este sentido, nos permite no sólo disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, sino también expandirlo, de modo que se dirija a Dios y se oriente hacia el bien.

Sin embargo, para que el ayuno conserve su verdad evangélica y evite la tentación de enorgullecer el corazón, debe vivirse siempre con fe y humildad. Exige permanecer arraigado en la comunión con el Señor, porque «no ayuna de verdad quien no sabe alimentarse de la Palabra de Dios».[3] En cuanto signo visible de nuestro compromiso interior de alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal, el ayuno debe incluir también otras formas de privación destinadas a hacernos adquirir un estilo de vida más sobrio, ya que « sólo la austeridad hace fuerte y auténtica la vida cristiana».[4]

Por eso, me gustaría invitarles a una forma de abstinencia muy concreta y a menudo poco apreciada, es decir, la de abstenerse de utilizar palabras que afectan y lastiman a nuestro prójimo. Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias. Esforcémonos, en cambio, por aprender a medir las palabras y a cultivar la amabilidad: en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos, en los medios de comunicación y en las comunidades cristianas. Entonces, muchas palabras de odio darán paso a palabras de esperanza y paz.

Juntos

Por último, la Cuaresma pone de relieve la dimensión comunitaria de la escucha de la Palabra

y de la práctica del ayuno. También la Escritura subraya este aspecto de muchas maneras. Por ejemplo, cuando narra en el libro de Nehemías que el pueblo se reunió para escuchar la lectura pública del libro de la Ley y, practicando el ayuno, se dispuso a la confesión de fe y a la adoración, con el fin de renovar la alianza con Dios (cf. Ne 9,1-3).

Del mismo modo, nuestras parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a realizar en Cuaresma un camino compartido, en el que la escucha de la Palabra de Dios, así como del clamor de los pobres y de la tierra, se convierta en forma de vida común, y el

ayuno sostenga un arrepentimiento real. En este horizonte, la conversión no sólo concierne a la conciencia del individuo, sino también al estilo de las relaciones, a la calidad del diálogo, a la capacidad de dejarse interpelar por la realidad y de reconocer lo que realmente orienta el deseo, tanto en nuestras comunidades eclesiales como en la humanidad sedienta de justicia y reconciliación.

Queridos hermanos, pidamos la gracia de vivir una Cuaresma que haga más atento nuestro oído a Dios y a los más necesitados. Pidamos la fuerza de un ayuno que alcance también a la lengua, para que disminuyan las palabras que hieren y crezca el espacio para la voz de los demás. Y comprometámonos para que nuestras comunidades se conviertan en lugares donde el grito de los que sufren encuentre acogida y la escucha genere caminos de liberación, haciéndonos más dispuestos y diligentes para contribuir a edificar la civilización del amor.

Los bendigo de corazón a todos ustedes, y a su camino cuaresmal.

Vaticano, 5 de febrero de 2026, memoria de santa Águeda, virgen y mártir.

LEÓN XIV PP.

[1] Exhort. ap. Dilexi te (4 octubre 2025), 9.

[2] S. Agustín, La utilidad del ayuno, 1, 1.

[3] Benedicto XVI, Catequesis (9 marzo 2011).[4] S. Pablo VI, Catequesis (8 febrero 1978).

«Devuélveme la alegría de tu salvación»

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«Devuélveme la alegría de tu salvación»

El versículo 14 del Salmo 50, que da título a este escrito, es un buen resumen de lo que puede ser el tiempo de la Cuaresma, que desemboca irremediablemente en la Pascua. Es también el corolario de lo que es el camino de conversión que nos propone la Iglesia en este tiempo santo, en que preparamos la Pascua de Resurrección. Domingo a domingo la liturgia cuaresmal nos irá llevando de la mano, para que vayamos creciendo en la conversión, en la vuelta al Señor. En el primer domingo resonará en nuestros oídos el Evangelio de las tentaciones, en el segundo la transfiguración, en el tercero el encuentro del Señor con la Samaritana, en el cuarto el milagro del ciego de nacimiento, y en el quinto, la resurrección de Lázaro.

Es un camino que vamos a recorrer con la Palabra de Dios, alimento para el peregrino, pues no sólo de pan vive el hombre. Es toda una invitación a abrir el oído. Como nos recuerda el Libro de Job: «Dios habla de un modo u otro, aunque no nos demos cuenta: en sueños o visiones nocturnas, cuando cae el sopor sobre el hombre, cuando está dormitando en su cama. Abre entonces el oído del hombre e inculca en él sus advertencias» (Job 33, 14-16). Abramos, pues el oído, para que la Palabra llegue a nuestros corazones.

La piedad popular que nuestras hermandades y cofradías promueven son el legado de siglos sobre cuestiones profundas de nuestra fe católica. Los misterios de nuestra Redención contemplados a través de las imágenes sagradas, son como una concreción de lo que la Palabra de Dios quiere sembrar en nuestros corazones. Como decía Benedicto XVI: «La Palabra aquí no se expresa principalmente mediante un discurso, con conceptos o normas. Aquí nos encontramos ante la persona misma de Jesús. Su historia única y singular es la palabra definitiva que Dios dice a la humanidad. Así se entiende por qué « no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva » (Verbum Domini, 11).

Ese encuentro personal con Cristo Jesús es la razón de la existencia de la Iglesia, y por lo tanto, también el de las hermandades y cofradías que son asociaciones públicas de fieles de la misma. Así, toda la vida de una hermandad ha de girar en torno al encuentro con Jesucristo. En la Cuaresma, todo, la oración, el sacrificio, la limosna, las manifestaciones de la piedad popular (cultos penitenciales, Vía Crucis, estaciones penitenciales, besamanos, etc..) han de tener como último objetivo nuestro encuentro con Jesús. De ahí la insistencia de este tiempo santo en los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía, en los cuales se produce un encuentro privilegiado con el Señor: amoroso, reconciliador, misericordioso, fortalecedor, impulsor de las buenas obras.

En ese encuentro con el Señor se produce la devolución de la alegría de la salvación. La alegría es sinónimo de la Pascua, y nos preparamos a ella purificando nuestro corazón, una purificación que realiza Cristo, con el que nos encontramos personalmente en su Palabra y en los santos sacramentos.

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“Es posible el Evangelio”

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Homilía de D. José María Gil Tamayo, arzobispo de Granada, en la Eucaristía del VI Domingo del T.O y renovación de las promesas matrimoniales de los cónyuges que celebran su 50 y 25 aniversario de sacramento esponsal, celebrada en la Catedral el 15 de febrero de 2026.

Queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos seminaristas;
querido diácono;
queridos delegados de Pastoral Familiar;
queridos matrimonios que cumplís los 50 y los 25 años de casados;
queridos hermanos y hermanas (también los que nos seguís a través de TG7, de la televisión, y a través de las redes sociales):

Os saludo en el Señor en este sexto domingo del Tiempo Ordinario.

Cada domingo es un encuentro con el Señor. Es un encuentro con el Señor Resucitado, que nos ha dicho “Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” o “donde dos o tres están reunidos en mi nombre -y es lo que hacemos ahora- ahí estoy Yo en medio de vosotros”. Por eso, qué realidad cobra ese saludo del celebrante: “El Señor esté con vosotros”. Claro que está con nosotros. Y más, en esta celebración del domingo en que recordamos, celebramos la Victoria de Cristo, Su Resurrección; anunciamos Su muerte y, al mismo tiempo, esperamos Su Venida gloriosa.

Y el encuentro con el Señor es en Su Palabra, que nos escucha y nos habla sobre todo con la Sagrada Escritura; el encuentro con el Señor es en la Eucaristía, como los discípulos de Emaús, al recibir Su Cuerpo, y al mismo tiempo, ese encuentro con los hermanos, en los que vemos otros miembros de Cristo, de ese Cuerpo que es la Iglesia. Y eso es lo que estamos haciendo. Es la realidad que hay detrás de ese cumplimiento dominical. Y eso nos ayuda a celebrar el domingo como una fiesta cristiana y a ser posible en familia.

Y en este domingo, ¿qué es lo que nos dice la Palabra de Dios? ¿Qué es lo que nos trae? Ella es “lámpara para nuestros pasos, luz en nuestro sendero”. ¿Qué es lo que quiere decirnos el Señor en este domingo a través de Su Palabra? Pues, nos habla de la Ley de Dios. Nos habla primero ese libro del Antiguo Testamento, de la literatura sapiencial del Antiguo Testamento, en que Dios ha puesto entre nosotros el bien y el mal. El ser humano es un ser moral, no obra por instinto, obra por atracción del bien y el rechazo del mal. Lo que pasa es que el pecado ha producido en nosotros ese debilitamiento de nuestra voluntad a la hora de escoger y a la hora de seguir el bien, y ese oscurecimiento de nuestra inteligencia a la hora de saber qué es lo que es bueno y lo que es malo. Y por eso el Señor se ha revelado en esos principios básicos que constituyen la ley natural, que está en el corazón del hombre, y que el Papa Benedicto XVI llamaba la “gramática de la naturaleza”.

Nuestro mundo está loco, porque ahora la ley es lo que uno quiere, personal o colectivamente: si lo decide una mayoría, eso es bueno, o legal, pero lo identificamos legal con bueno. Y aunque unas legislaturas antes o no hace mucho, eso era malo. Y entonces, nos dejamos llevar de las modas o de las conveniencias, o del qué dirán, o de lo que se lleva, y así nos va. ¿Y entonces qué ocurre? Pues, que esa ley inscrita en nuestro corazón queda desvirtuada. Y estamos a merced de mayorías; estamos a merced de pactos; estamos a merced de conferencias, o del subjetivismo, de lo que me apetece, lo que quiero, lo que a mí me parece. Y claro, así es muy difícil establecer un orden social firme. Así es muy difícil poner esas convicciones en el ámbito público, porque cambian según el sol que más calienta. Como decían los hermanos Mars, “estas son mis convicciones, pero si a usted no le gustan, tengo otras”. Y así es lo que en nuestro decir popular se llama chaqueteo. Y hay un chaqueteo personal y hay un chaqueteo colectivo, y así nos va.

Y no tenemos esa seguridad en tantas cosas que ilumine, anime, lo cual no significa imponer nuestras convicciones a los demás. Porque hay unas convicciones que son profundas, que son del ser humano, que son de la naturaleza humana. Un hombre es un hombre, una mujer es una mujer. La vida debe ser respetada. Haz el bien y evita el mal es el principio básico. Pero claro, hay gente que entiende el bien de una manera y el mal de otra, y así nos va. Y entonces, el Señor ha explicitado su Ley, y son los diez mandamientos. Y esa explicitación de su Ley, donde están contenidas nuestras relaciones con Dios, creador y fundamento de la existencia humana, nuestras relaciones con los demás, en el respeto, en el respeto a la vida, en el respeto a su fama, y están también contenidas las relaciones y los deberes para con nosotros mismos. Porque también tenemos que preservar la vida. Tenemos unos deberes para con nosotros mismos, para nuestra salud.

Y eso común a todo hombre, y está inmerso en todas las civilizaciones, queda y llega a su culmen con Jesucristo. Con esa sabiduría de la que habla San Pablo en la segunda lectura. Pero el Señor nos pide a los cristianos que no nos quedemos en los mínimos, que no nos quedemos en el “ir tirando”: “Si vuestra justicia no supera la de los escribas y los fariseos, no entraréis en el Reino de los cielos”.

Y Jesús, hemos escuchado en este pasaje del Sermón de la montaña, todas esas exigencias que se puede decir “pues, mire usted, es que eso es una utopía, es que la bienaventuranza eso, vamos, eso ni los curas”. Es decir, eso es imposible. Pues no, los santos nos muestran que eso es posible, sólo que los santos no sólo son los que canonizan, sino son esos santos que los echamos de menos cuando no están a nuestro lado. Son esas personas buenas, esas personas que perdonan, esas personas que a veces decimos está haciendo el tonto y es la lógica de Jesús, es la lógica del perdón, es la lógica de esos matrimonios fieles, a pesar de las dificultades, como vosotros, queridos esposos, las habéis tenido, os habéis enfadado, ha habido momentos de tensión, ha habido momentos en que la convivencia ha sido difícil, pero ahí entra el perdón, ahí entra la generosidad, el que hemos visto en nuestros padres y en tantas personas sencillas que no se imponen a los demás, que perdonan, que cogen, que no miran a sí mismos, que son serviciales, tantas y tanta gente que vive el Evangelio con naturalidad, en la vida de familia, en relaciones sociales, en tantos consagrados y consagradas al Señor, que han entregado su vida y entregan su vida por los demás, desde las misiones, a los centros de atención, al cuidado de los niños, en tantas y tantas personas buenas, santas.

Es posible el Evangelio. Pero claro, nos dejamos llevar de una lógica humana, que no es la sabiduría de la que nos habla la segunda lectura, no es la sabiduría de Cristo, no es esa sabiduría de la cruz, sino es la sabiduría “del tanto tiene, tanto vale”, es la sabiduría del poder, es la sabiduría de la mayoría, es la sabiduría, entre comillas, “de este mundo”. Es la lógica que se lleva en la mundanidad, en la de vernos influenciados por un ambiente de polarización, de adversarios, de lo otro, de imposiciones, de ideologías, donde vivir nuestras propias convicciones cristianas son algo raro, resulta extraño y aunque lo aceptemos, pero luego nos avergonzamos, y entonces tenemos que pedir al Señor la valentía de ser cristianos, de creernos el Evangelio, de no ser de esa clase de cristianos que nos hemos sacado de la manga creyentes, pero no practicantes, o son los cristianos en Semana Santa para sacar al santo y darle una vuelta, aunque eso tenga unos sentimientos religiosos. Pero, se tiene que notar en nuestra vida. Y no se trata de tocar la campana, no se trata de tocar el tambor, no se trata de llevar una banda al lado. Se trata de vivir coherentemente en la familia, en nuestras opciones personales, es decir, en lo que yo hago cada día: ¿qué es lo que haría Jesús, qué es lo que me dice el Evangelio?; en esto que me han hecho, ¿perdono o no perdono, me creo realmente lo de perdona nuestras ofensas, como yo también “perdonamos a los que nos ofenden”, nos creemos realmente que tenemos que mirar a los más pobres necesitados, nos creemos en la lógica de acoger, de integrar, de proteger a quienes vienen de fuera defendiendo su vida, integrarlo entre nosotros, o lo que prima son las razones políticas?

Y entonces, el Evangelio nos pide y nos exige más: “Sabéis que se dijo…, pero Yo os digo”. Jesús exige más. Y eso no es una utopía, queridos amigos. Eso es que lo intentemos, y no significa que seamos unos perfectos, sino que vayamos en mi situación concreta, en mis relaciones familiares, en mi matrimonio, en mi relación con mis hijos, en la vida social, en el trabajo; el ser cristiano nos saldrá unas veces y otras no, tendremos dificultades, habrá maneras de pensar a las que tenemos que decir que no, y decir como cristiano, mire usted, yo tengo que ser coherente con mi fe. Y esto cuesta. Lo cual vuelvo a repetir, el cristianismo no es perfectísimo. El Señor nos ha dicho “no tienen necesidad de médicos los sanos, sino los enfermos”, que somos nosotros. El Señor nos ha dicho “no he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores”, y eso somos nosotros, y nos arrepentimos, y nos levantamos, acudimos al perdón de Dios, y volvemos a comenzar.

Pero, ya está bien de que guardemos el cristianismo para otras épocas. Ya está bien de que miremos al pasado, dándonos cuenta de que es aquí, ahora, en nuestra Granada ahora, en nuestras circunstancias de ahora, en nuestra familia de ahora, donde tenemos que llevar a la práctica el cristianismo. Y este cristianismo tiene muchas formas, y muchas formas variadas. Y el cristianismo se adapta a nuestra vida, a nuestras circunstancias, no se le pide a un padre, a una madre de familia que rece como un monje; no se le pide a un monje que esté volcado en el trabajo y disipado; no se le pide a una madre de familia que esté todo el día en la iglesia. Es decir, cada uno en su circunstancia, en su estado de vida, en su trabajo, transformándolo según el querer de Dios. Eso tiene que poner en acto esas exigencias de Jesús, del perdón, de la oración, de la mirada limpia, de la acogida, del desprendimiento, de la mirada a los más necesitados. Y eso a veces es hacer el tonto, claro que sí. Eso a veces es hacer el tonto, pero el tonto en Cristo. Eso nos va muchas veces con la listeza: “Pero tú eres tonto, pero tú ¿por qué te dejas?”. Bueno, Dios sabe más, Dios sabe más.

Vamos a pedirle ayuda a la Virgen. Ella sabe. Le decimos “ruega por nosotros pecadores”. Ella sabe de qué pasta estamos ellos. Vamos a pedirle que nos ayude a cumplir lo que Ella les dijo a aquellos criados en las bodas de Caná: “Haced lo que Él os diga.

Y queridos esposos, gracias por esta fidelidad, hoy el matrimonio está en desuso. Incluso en las familias cristianas, no se casan. Es verdad que hay condicionamiento económico. Es verdad que hoy acceder a una vivienda es imposible para los esposos jóvenes, y es una injusticia de primer orden. Es verdad tantas cosas, pero, para sacar adelante un matrimonio y unos hijos, no hay que esperar a que sean ricos. Y eso lo sabéis vosotros. Os habéis lanzado, habéis pasado sacrificios, habéis pasado dificultades. Adelante, adelante. Seguid dando ese testimonio y animar, para que el compromiso cristiano no se quede sólo en unas buenas palabritas. Esto no es fichar por un equipo de fútbol por dos temporadas. Esto no es que tenga una fecha de caducidad como si fuese una medicina o un alimento. El amor es para siempre. Y ese para siempre se ha olvidado.

Vamos a pedir al Señor recuperar el sentido cristiano del amor, el sentido cristiano de la entrega, el sentido cristiano de unos esposos, que, unidos, hombre y mujer… esa es otra: se llaman esposos a veces a realidades que no las son, porque no respetan la realidad de la naturaleza humana, porque se impone lo que a mí me parece, lo subjetivo.

Vamos a pedirle al Señor que las cosas vuelvan a su orden. Y vamos a pedirle a María que nos ayude a vivir como Dios manda, nunca mejor dicho.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada
15 de febrero de 2026

S.A.I Catedral de Granada

La Diócesis de Huelva inicia la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza

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La Diócesis de Huelva inicia la Cuaresma con la celebración del Miércoles de Ceniza

Este miércoles, día 18 de febrero, las parroquias de la Diócesis de Huelva celebrarán la Misa de Imposición de Cenizas, con la que se inicia la Cuaresma, el tiempo litúrgico que precede y dispone a la celebración de la Pascua del Señor.

En la Santa Iglesia Catedral, la Eucaristía dará comienzo a las 19.00 horas y estará presidida por el obispo diocesano, Mons. Santiago Gómez. Se invita a los fieles a participar en esta celebración que marca el inicio de un itinerario espiritual de especial intensidad para toda la Iglesia.

Con la llegada del Miércoles de Ceniza comienza una nueva Cuaresma: un tiempo de escucha atenta de la Palabra de Dios y de conversión del corazón; de preparación y de memoria del Bautismo; de reconciliación con Dios y con los hermanos; y de recurso más frecuente a las “armas de la penitencia cristiana”: la oración, el ayuno y la limosna (cf. Mt 6,1-6.16-18).

El gesto de la imposición de la ceniza hunde sus raíces en los antiguos ritos penitenciales, cuando los pecadores convertidos se sometían a la penitencia canónica. Cubrirse con ceniza expresa el reconocimiento de la propia fragilidad y mortalidad, necesitadas de la redención que brota de la misericordia de Dios.

Lejos de ser un signo meramente exterior, la Iglesia ha conservado este gesto como expresión visible de una actitud interior: la del corazón penitente que cada bautizado está llamado a asumir en su camino cuaresmal, dejándose transformar por la gracia y renovando su fidelidad al Evangelio.

La Diócesis anima a todos los fieles a participar en las celebraciones del Miércoles de Ceniza en sus respectivas parroquias y a vivir este tiempo de gracia como una oportunidad renovada para acercarse al Señor, crecer en la fe y prepararse, con espíritu sincero, a la alegría de la Pascua.

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Cáritas Diocesana reconocida con la Bandera de Andalucía

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La entidad recibirá la Bandera de Andalucía a los Valores Humanos, la Solidaridad y la Concordia

La Junta de Andalucía ha reconocido a Cáritas Diocesana con la Bandera de Andalucía a los Valores Humanos, la Solidaridad y la Concordia como principal organismo de acción social de la Iglesia en la diócesis de Córdoba. En las seis décadas que Cáritas lleva constituida en Córdoba ha desplegado una extensa red de proyectos y equipos parroquiales dedicados a la acogida, la atención integral y la promoción social de las personas más vulnerables, impulsando procesos de inclusión y participación solidaria en toda la provincia.​

Cáritas Diocesana de Córdoba ha acogido con profunda gratitud y emoción la concesión de la Bandera de Andalucía. El director de la entidad, Darío Reina, ha asegurado que este reconocimiento “no es para una institución en abstracto, sino para las miles y miles de personas concretas que, a lo largo de estos 60 años de vida de Cáritas en Córdoba, han hecho posible que seamos un signo real de esperanza en medio de las dificultades”.

El director ha querido subrayar especialmente la labor del voluntariado, de los equipos profesionales y de las comunidades cristianas: “Detrás de esta Bandera de Andalucía hay personas voluntarias que entregan su tiempo con generosidad, trabajadores que desarrollan su labor con profesionalidad y compromiso, parroquias que sostienen la acción caritativa y social de la Iglesia en nuestra Diócesis y tantas entidades colaboradoras que caminan con nosotros cada día”.

Asimismo, ha destacado que el reconocimiento es también “un homenaje muy especial a las personas que acompañamos. Ellas son el centro de nuestra misión y quienes nos enseñan constantemente el valor de la dignidad, la resiliencia y la fraternidad”.

Darío Reina ha señalado que recibir esta distinción en Córdoba supone “un impulso para renovar nuestro compromiso con los más vulnerables y seguir trabajando por una sociedad más justa, más solidaria y fraterna, donde nadie quede atrás”. Finalmente, ha expresado su agradecimiento a la Junta de Andalucía por la concesión de este galardón “recibimos este reconocimiento con humildad y como un estímulo para continuar nuestra labor con cercanía y, sobre todo, con esperanza”.

La empresa cordobesa especializada en restauración y conservación de obras de arte y bienes patrimoniales, con una intensa labor en la Mezquita-Catedral de Córdoba, ANBAR 2002 SL, ha sido distinguida con la Bandera de Andalucía a la Cultura y el Patrimonio. Su equipo, liderado por la restauradora Anabel Barrena, afronta actualmente la recuperación de las zonas afectadas por el incendio de agosto de 2025, combinando rigor científico, excelencia técnica y respeto por la autenticidad de uno de los monumentos más emblemáticos del patrimonio mundial.​

Por otro lado, la Bandera de Andalucía de la Investigación, la Ciencia y la Salud ha recaído en el hospital San Juan de Dios de Córdoba en el año en el que celebra su 90 aniversario desde la llegada de los hermanos de San Juan de Dios a la ciudad, en 1934. El centro se ha consolidado como referente de atención humanizada, innovación en investigación y excelencia sanitaria, combinando la ciencia con una vocación de servicio basada en la dignidad, la empatía y el cuidado integral de las personas.​

La Junta de Andalucía con estos reconocimientos premia el talento, la excelencia, la solidaridad y el compromiso con el desarrollo sostenible de Córdoba y sus municipios. Los galardones se entregarán con motivo del Día de Andalucía en un acto institucional que tendrá lugar el próximo día 24 de febrero, en el Teatro Góngora, a las 12:00 horas, donde se pondrá de relieve la diversidad y la riqueza humana, cultural y económica.​

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Más de 90 niños y adolescentes participan en la Convivencia de Monaguillos del Seminario Menor en Familia

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Más de 90 niños y adolescentes participan en la Convivencia de Monaguillos del Seminario Menor en Familia

El Seminario Metropolitano acogió el pasado sábado, 14 de febrero, la primera Convivencia de Monaguillos del año. Una convocatoria que contó con la participación de más de 90 niños y adolescentes, de entre 7 y 17 años, pertenecientes a distintas realidades eclesiales de la Archidiócesis de Sevilla, especialmente de parroquias y hermandades

La convivencia tuvo como eje central el amor de Dios y la manera en que, viviendo plenamente las vocaciones particulares, cada persona responde a ese amor. En esta línea, durante la jornada se compartieron varios testimonios vocacionales: un matrimonio, una consagrada, un sacerdote y un seminarista.

Además, los seminaristas organizaron diversas dinámicas para que los monaguillos pudieran formular preguntas, manifestar sus inquietudes y profundizar en su deseo de conocer más sobre la fe, “descubriendo que el amor de Dios no es una idea abstracta, sino una experiencia real y cercana”, explican sus organizadores. Asimismo, hubo espacios de convivencia, juegos y actividades que favorecieron la participación y el encuentro fraterno.

Como gesto simbólico al finalizar el encuentro, cada participante escribió una carta de amor a Dios que, junto con globos, fue elevada al cielo.

La convivencia concluyó con la celebración de la Eucaristía, en la que un seminarista menor compartió su testimonio vocacional, explicando cómo el Señor lo fue llamando progresivamente y cómo respondió a esa llamada.

Desde el Seminario Menor en Familia han agradecido “la participación y el entusiasmo de todos, y de manera particular la participación e interés de los responsables de los diferentes grupos”.

Las parroquias, movimientos y hermandades que han participado con sus monaguillos en esta primera convivencia del año han sido (en orden según el número de participantes): Hermandad de la Macarena, San José Obrero de San Juan de Aznalfarache, Hermandad de la Sagrada Cena, Corpus Christi de Sevilla, Hermandad de la Santa Cruz de Dos Hermanas, Nuestra Señora del Mayor Dolor, Parroquia de Nuestra Señora de la Antigua y Beato Marcelo Spínola, Parroquia San Juan Pablo II de Dos Hermanas, San José Obrero de Sevilla, Cristo del Perdón, Grupo Samuel, Hermandad de la Estrella, Hermandad de la Macarena, Iglesia del Señor San José y Virgen de los Dolores, Nuestra Señora de Belén de Gines, Nuestra Señora de las Huertas, Parroquia Nuestra Señora de la Estrella de Valencina, Parroquia de Nuestra Señora de las Nieves, Parroquia Nuestra Señora de la Asunción de Osuna, Parroquia San José de San José de la Rinconada, Parroquia San Marcos Evangelista de El Saucejo, Parroquia Santa María de la Cabeza de Sevilla, Pastora de Triana, San Juan de Aznalfarache, San Román y Santa Catalina de Sevilla y San Sebastián.

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Fallece el sacerdote Jose Jiménez Marín

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La misa exequial tendrá lugar mañana por la tarde, a las 16:30 horas, en la parroquia del Carmen de Aguilar de la Frontera

 

 

 

El sacerdote José Jiménez Marín ha fallecido a los 86 años de edad, en el Hospital de Montilla, donde se encontraba ingresado.

Nacido en Aguilar de la Frontera, José fue ordenado Misionero Javeriano el 27 de septiembre de 1970 en Parma (Italia), tras formarse en el Seminario Conciliar “San Pelagio”.

Fue vicerrector del Seminario Menor de Guernica (Vizcaya), rector del Seminario y ecónomo de la Comunidad de Teología javeriana en Pozuelo de Alarcón (Madrid) y Cofundador del Centro de Animación Misionera en Murcia (España). En su etapa en Colombia fue vicario parroquial de las parroquias “Sagrado Corazón” y “Cristo Redentor” (Buenaventura), delegado episcopal de la Movilidad Humana (Buenaventura) y párroco de “San Francisco Javier” (Cali). En el año 1998, se estableció en Córdoba. Durante ese tiempo desempeñó su ministerio sacerdotal como párroco del “Santísimo Cristo de la Salud” de Aguilar de la Frontera y Capellán del Monasterio de “San José y San Roque” de las Carmelitas Descalzas de Aguilar de la Frontera. En el año 1999, fue nombrado administrador parroquial de “Ntra. Sra. del Carmen” de Aguilar de la Frontera, cargos que desempeñó hasta el año 2004 cuando fue nombrado párroco de las parroquias de “San Mateo Apóstol” de Monturque y “San Antonio de Padua” de Huertas Bajas. En 2005, fue nombrado párroco de “La Inmaculada Concepción” de Vereda del Cerro Macho. Se incardinó en la Diócesis de Córdoba en el año 2008, y en el 2015, fue nombrado administrador parroquial de “Ntra. Sra. de la Asunción” de Montemayor. Ya en 2016, fue designado administrador parroquial de “San Antonio de Padua” de Huertas Bajas. En la actualidad, ejercía como Capellán del Monasterio de “San José y San Roque” de las Carmelitas Descalzas de Aguilar de la Frontera.

La misa exequial tendrá lugar mañana miércoles 18, a las 16:30 horas, en la parroquia del Carmen de Aguilar de la Frontera.



 

 

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IX jornadas de formación para abogados y psicólogos, organizadas por el Tribunal Eclesiástico

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Este lunes, 16 de febrero de 2026, daban comienzo las Jornadas de Formación para Abogados y Psicólogos, organizadas por el Tribunal Eclesiástico de Jaén, desde el Aula de Derecho Canónico del Instituto Teológico «San Eufrasio», de la Diócesis de Jaén.

Se trata de la novena edición del curso anual, que en esta ocasión lleva por título «El proceso de declaración de nulidad matrimonial: Praxis forense».

El Vicario Judicial adjunto, D. Rogelio Garrido Checa, dio la bienvenida a los participantes, señalando que uno de los objetivos es ayudar a profesionales del ámbito judicial diocesano, aportando las herramientas procesales precisas para “mejor servir a la verdad y a la justicia, a través de ponencias que recorrerán el itinerario judicial completo, desde la fase inicial y la elaboración de la demanda, pasando por la instrucción y la práctica de pruebas, donde la psicología y el derecho se encuentran, hasta llegar a la fase discusoria y los posibles recursos de impugnación de la sentencia”. En las palabras de bienvenida aprovechó para desear una pronta recuperación del Sr. Vicario Judicial, que evoluciona satisfactoriamente en su salud. 

Del 16 al 19 de febrero de 2026, destacados expertos en Derecho Canónico, como Dª María Dolores Vacas Martínez, Notaria y Defensora del vínculo, D. Francisco Carrasco Cuadros, Juez diocesano y D. Pedro J. Martínez Robles, Defensor del vínculo profundizarán en el tema de estudio propuesto, no sólo en lo teórico, sino también en la praxis.

Estas Jornadas, que han tenido una buena acogida, propician además un espacio de diálogo que fortalecerá la tarea de acompañar, con rigor jurídico y sensibilidad humana, a quienes acuden al Tribunal.

Tribunal Eclesiástico de Jaén

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