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Conferencia “La Abadía del Sacro Monte: un legado artístico ejemplar”   

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El 5 de abril.

Retablo mayor de la Abadía del Sacromonte.

Viernes, 5 de abril
Conferencia “La Abadía del Sacro Monte: un legado artístico ejemplar”

Prof. Dr. José Policarpo Cruz Cabrera
Coordinador Académico del Grado en Historia del Arte, Departamento de Historia del Arte, Universidad de Granada
Lugar: Salón de actos de la Curia metropolitana, Plaza Alonso Cano, nº 1
Hora: 19’30 h.
Organiza: Abadía del Sacromonte

“La conferencia del profesor Cruz ofrece un recorrido por el rico legado histórico-artístico de la Abadía del Sacromonte de Granada, tomando como hilo conductor las disposiciones del fundador, el arzobispo don Pedro de Castro. Se analizan las obras de arte por él directamente donadas o encargadas, así como la huella de su legado espiritual en posteriores incorporaciones a su patrimonio”.

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Varios internos de la prisión de Botafuegos participaron en la Semana Santa de Algeciras

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Tres internos del Centro Penitenciario de Botafuegos, en Algeciras, participaron en la estación de penitencia del Cristo de las Tres Caídas y Virgen de la Trinidad el Jueves Santo en Algeciras. Portaron la bandera trinitaria, signo de la liberación de cautivos. Participaron también los hermanos honoríficos, los funcionarios de prisiones de Botafuegos y del Centro de Inserción Social (CIS) Manuel Montesinos de Algeciras. Presidió la comitiva el director del C.P. de Botafuegos, Plácido Pérez.
Ha sido la única hermandad de Algeciras que ha realizado su estación de penitencia completa, a pesar de tener el recorrido más largo.
En el centro penitenciario tuvieron lugar los oficios. El Jueves Santo con una preciosa representación de la Última Cena y con el lavatorio de pies a diez internos y dos voluntarios. El Viernes Santo se realizó un Via Crucis en el que los internos emocionados cargaron la cruz de Jesús. Por último, la tarde el Sábado Santo tuvo lugar la Vigilia Pascual, celebrando la resurrección del Señor.
La Pastoral Penitenciaria diocesana sigue implicada en el anuncio de la buena noticia a los últimos de la sociedad y comprometida en su reinserción.
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Informativo diocesano en el Domingo de Resurrección (COPE Granada)

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Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril, el 31 de marzo de 2024.

En el Domingo de Resurrección el 31 de marzo, el informativo diocesano “Iglesia Noticia” entrevista a la autora del libro “Lidia”, Junkal Guevara. Un libro que, dentro de su Colección “Mujeres bíblicas”, publica la Editorial San Pablo.

El programa puede volver a escucharse en este enlace. 


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Palabra de Dios: evangelio y lecturas de hoy, Lunes de Pascua

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Lee la Palabra de Dios que la liturgia nos ofrece hoy, 1 de abril.

Primera lectura

Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles 2, 14. 22-33

El día de Pentecostés, Pedro, poniéndose en pie junto con los Once, levantó su voz y con toda solemnidad declaró:
«Judíos y vecinos todos de Jerusalén, enteraos bien y escuchad atentamente mis palabras. Israelitas, escuchad estas palabras: a Jesús el Nazareno, varón acreditado por Dios ante vosotros con milagros, prodigios y signos que Dios realizó por medio de él, como vosotros sabéis, a este, entregado conforme el plan que Dios tenía establecido y provisto, lo matasteis, clavándolo a una cruz por manos de hombres inicuos. Pero Dios lo resucitó, librándolo de los dolores de la muerte, por cuanto no era posible que esta lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a el:
“Veía siempre al Señor delante de mí,
pues está a mi derecha para que no vacile.
Por eso se me alegró el corazón,
exultó mi lengua,
y hasta mi carne descansará esperanzada.
Porque no me abandonarás en el lugar de los muertos,
ni dejarás que tu Santo experimente corrupción.
Me has enseñado senderos de vida,
me saciarás de gozo con tu rostro”.
Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: el patriarca David murió y lo enterraron, y su sepulcro está entre nosotros hasta el día de hoy. Pero como era profeta y sabía que Dios “le había jurado con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo, previéndolo, habló de la resurrección del Mesías cuando dijo que “no lo abandonará en el lugar de los muertos” y que “su carne no experimentará corrupción”.
A este Jesús lo resucitó Dios, de lo cual todos nosotros somos testigos. Exaltado, pues, por la diestra de Dios y habiendo recibido del Padre la promesa del Espíritu Santo, lo he derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo».

Salmo de hoy

Salmo 15, 1b-2a y 5. 7-8. 9-10. 11 R/. Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti.
Yo digo al Señor: «Tú eres mi Dios».
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa,
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa esperanzada.
Porque no me abandonarás en la región de los muertos
ni dejarás a tu fiel ver la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.

Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Mateo 28, 8-15

En aquel tiempo, las mujeres se marcharon a toda prisa del sepulcro; llenas de miedo y de alegría corrieron a anunciarlo a los discípulos.
De pronto, Jesús salió al encuentro y les dijo:
«Alegraos».
Ellas se acercaron, le abrazaron los pies y se postraron ante él.
Jesús les dijo:
«No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán».
Mientras las mujeres iban de camino, algunos de la guardia fueron a la ciudad y comunicaron a los sumos sacerdotes todo lo ocurrido. Ellos, reunidos con los ancianos, llegaron a un acuerdo y dieron a los soldados una fuerte suma, encargándoles:
«Decid que sus discípulos fueron de noche y robaron el cuerpo mientras vosotros dormíais. Y si esto llega a oídos del gobernados, nosotros nos lo ganaremos y os sacaremos de apuros».
Ellos tomaron el dinero y obraron conforme a las instrucciones. Y esta historia se ha ido difundiendo entre los judíos hasta hoy.

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La Catedral de Cádiz, testigo de la Resurrección en la solemnidad de la Vigilia Pascual

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La S.A.I. Catedral ha acogido esta Semana Santa la celebración de los principales misterios de la salvación: la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Una semana que pasa del silencio y la sobriedad de los días de la pasión y muerte, a la explosión de la alegría por la Resurrección. Una semana en la que el cristiano celebra lo que es ser cristiano: el encuentro con Jesucristo y el haber experimentado el paso de la muerte a la vida, de la tristeza a la alegría.

Anoche culminaba el Triduo Pascual con la Vigilia donde se celebró la Resurrección. La celebración presidida por Mons. Rafael Zornoza, comenzó con el lucernario a las 23 horas, la Iglesia espera la Resurrección del Señor y la celebra con los sacramentos de la Iniciación Cristiana bautizando en esta ocasión, a ocho catecúmenos adultos.

La bendición del fuego nuevo es un rito que se hace cada noche santa para dar luz a las tinieblas de esa noche. El cirio pascual es encendido con ese fuego y tras el acto, se encienden todas las velas repartidas a los fieles para dar luz al templo y comenzar así el canto del Pregón Pascual. Tras las siete lecturas del Evangelio, y la homilía del obispo diocesano, se celebró el bautismo de los catecúmenos.

Homilía de Mons. Rafael Zornoza en la Vigilia Pascual:


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El obispo de Huelva resalta la Resurrección de Cristo como la “piedra fundamental sobre la que se asienta todo el edificio de nuestra fe cristiana y de la Iglesia”

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La Catedral ha acogido la celebración de la Vigilia Pascual en la Noche Santa de este 30 de marzo, presidida por el obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra.

Numerosos fieles se han acercado al primer templo onubense para participar en esta celebración que se iniciaba con la liturgia de la luz, a las puertas de la Catedral, con la bendición del fuego y la bendición del cirio y encendido del fuego nuevo para simbolizar la nube luminosa del Éxodo y el Cuerpo Glorioso de Cristo.

La Luz de Cristo del Cirio Pascual, en la procesión de entrada, se abrió paso en la oscuridad del templo, disipando las tinieblas del corazón y el espíritu, y guiando al gran acontecimiento de la historia proclamado en el pregón pascual.

Posteriormente, fueron proclamadas las nueve lecturas que recorren la historia de la salvación, siete del Antiguo Testamento y dos del Nuevo: la Creación, pasando por el sacrificio de Abrahán, el paso del Mar Rojo, la nueva Jerusalén, la salvación gratuita y universal, la fuente de la sabiduría, el corazón y el espíritu nuevos, el Bautismo como sacramento pascual donde se nos comunica la salvación obrada por Dios en Cristo y el Evangelio con el relato pascual, precedido del canto solemne del aleluya, por primera vez desde el inicio de la Cuaresma, que resonó con una especial belleza en las voces del Coro de la Catedral.

El Pastor de la diócesis empezó su homilía destacando la Resurrección de Cristo. “Las “piadosas mujeres”, que no habían abandonado a Jesús en su Pasión, movidas por el amor, acuden al sepulcro a prestar el último servicio a su Maestro muerto, “compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús”. No muestran ninguna esperanza, sólo recuerdo y gratitud hacia el que ya no está. Y se encuentran con la sorpresa del sepulcro abierto y vacío, y el ángel les anuncia que Jesús el Nazareno, no un espíritu puro, sino el mismo a quien habían seguido y servido, vive, va delante de ellos a Galilea y allí lo verán”, señaló.

Enfatizó monseñor Gómez Sierra en la “práctica de la Resurrección” pues afirmó que no basta con “creer” sólo en la resurrección del Señor con una “fe teórica y nominal, sino de vivirla en la práctica y de hacer una profunda experiencia de ella en nuestra vida de todos los días: en nuestra manera de celebrar los sacramentos, particularmente, la Eucaristía, en nuestra forma de rezar, en la caridad, en nuestro trato con las demás personas.”

Este tercer momento se iniciaba con las letanías de los santos, que daba paso a la bendición del agua, un bellísimo resumen de la teología bautismal, y la renovación de las promesas bautismales, centro de nuestra vida cristiana. Finalmente, la celebración culminó con la liturgia Eucarística, elemento central de esta Vigilia y máxima expresión del Misterio Pascual, pues en ella se renueva la Muerte y Resurrección de Jesucristo.

Homilía de Monseñor Santiago Gómez Sierra en la Vigilia Pascual

¡Ha resucitado! En esta noche santa toda la celebración de esta solemne vigilia habla de la Resurrección de Cristo: las lecturas, las oraciones, la luz en medio de la oscuridad de la noche, el canto, las flores, hasta el mismo sonido festivo de las campanas. ¡Ha resucitado! No está en el sepulcro donde lo pusieron. Dejemos que el anuncio del ángel impregne todo nuestro ser e ilumine nuestra existencia.

A las mujeres que acudieron al sepulcro, la mañana de Pascua, el ángel les dijo: «No temáis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado. ¡Ha resucitado!». Sí, verdaderamente ha resucitado Jesús. No se trata de una invención o de una sugestión, es un hecho real, acontecido. En el momento de la muerte de Jesús los discípulos se dispersaron, su caso se da por cerrado, ya no lo esperan.

Las “piadosas mujeres”, que no habían abandonado a Jesús en su Pasión, movidas por el amor, acuden al sepulcro a prestar el último servicio a su Maestro muerto, “compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús”. No muestran ninguna esperanza, sólo recuerdo y gratitud hacia el que ya no está. Y se encuentran con la sorpresa del sepulcro abierto y vacío, y el ángel les anuncia que Jesús el Nazareno, no un espíritu puro, sino el mismo a quien habían seguido y servido, vive, va delante de ellos a Galilea y allí lo verán.

El modo más seguro de que la resurrección del Señor fuera poco creíble para sus contemporáneos era poner a unas mujeres como testigos del acontecimiento, teniendo en cuenta que el testimonio de una mujer no era válido en un juicio. Los mismos Apóstoles, al inicio, tomaron las palabras de las mujeres como “un desatino” y no las creyeron (cf. Lc 24, 11). Sin embargo, el evangelista no lo puede decir de otra manera, porque así ocurrió. Las mujeres, que habían sido las últimas en abandonarlo muerto, e incluso después de la muerte acudían a llevar aromas a su sepulcro (cf. Mc 16, 1), fueron las primeras en recibir la noticia de la Resurrección.

La resurrección de Jesucristo es la piedra fundamental sobre la que se asienta todo el edificio de nuestra fe cristiana y de la Iglesia. El que no acepta la resurrección no puede llamarse cristiano.

Sin embargo, no basta con “creer” sólo en la resurrección del Señor con una fe teórica y nominal, sino de vivirla en la práctica y de hacer una profunda experiencia de ella en nuestra vida de todos los días: en nuestra manera de celebrar los sacramentos, particularmente, la Eucaristía, en nuestra forma de rezar, en la caridad, en nuestro trato con las demás personas. 

Nuestros hermanos ortodoxos son ejemplares en su modo de expresar su vivencia espiritual de la resurrección de Cristo. El carisma propio de la Iglesia ortodoxa es el sentimiento fuertísimo que tiene de la resurrección. El puesto central que ocupa el Crucifijo en las iglesias católicas, lo ocupa en las iglesias ortodoxas la imagen del Cristo Resucitado, el llamado Pantocrátor, el Señor Todopoderoso. Ellos tienen esta costumbre durante el tiempo pascual, cuando alguien encuentra a otro amigo por la calle, lo saluda diciendo: “¡Cristo ha resucitado!”, y el otro responde: “¡En verdad ha resucitado!”

No se trata sólo de creer que Cristo resucitó de entre los muertos, sino que tenemos que conocer y experimentar el poder de la resurrección del Señor en nuestra vida. San Pablo nos ha explicado nuestra implicación en la muerte y resurrección de Cristo desde el rito bautismal, entendiendo la inmersión en la muerte del Señor como muerte al pecado, y la incorporación a la resurrección como un nuevo nacimiento a la vida nueva de hijos de Dios.

En el Evangelio, las mujeres son enviadas: “Id a decir a sus discípulos y a Pedro”. Esta misión las constituía primeras testigos de la resurrección, «maestras de los maestros», como las llama San Gregorio de Antioquía (Cf. Homilía sobre las mujeres miróforas).Hermanos, continuemos llevando a todos -hombres y mujeres, niños, jóvenes y ancianos- el gozoso anuncio: Jesús vive. Ha resucitado. Os precede en Galilea, o sea, dondequiera que vayáis. No tengáis miedo. Cristo, vencedor de la muerte para siempre, nos has traído la paz, la alegría, el gozo, la vida eterna. Éste es el mensaje del Evangelio de esta noche y de siempre: ¡Cristo ha resucitado! ¡Aleluya!

Domingo de Pascua

Por otro lado, Mons. Gómez Sierra ha presidido esta mañana de domingo, 31 de marzo, la solemne Misa Estacional del Domingo de Pascua en la Santa Iglesia Catedral. En su homilía refutó el sentido propio de la Resurrección. “Sí, verdaderamente ha resucitado Jesús. No se trata de una invención o de una sugestión, es un hecho real, acontecido. Después de la muerte de Jesús sus discípulos se dispersaron, su caso se da por cerrado; los apóstoles, después de los sucesos del Viernes Santo, ya no esperaban nada.”

El obispo Santiago Gómez Sierra quiso explicar las palabras del apóstol San Pablo sobre la propia Resurrección y celebrar la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad. “El Apóstol se refiere a una antigua costumbre judía, según la cual en la Pascua había que limpiar la casa hasta de las migajas de pan fermentado. Eso formaba parte del recuerdo de lo que había pasado con los antepasados en el momento de su huída de Egipto: teniendo que salir a toda prisa del país, llevaron consigo solamente panes sin levadura. Pero, al mismo tiempo, “los ázimos” eran un símbolo de purificación: eliminar lo viejo para dejar espacio a lo nuevo.”

La celebración ha concluido con la Bendición Papal impartida por el Obispo. Se trata de un privilegio concedido por el Santo Padre y que cumplidos los requisitos acostumbrados lucra la indulgencia plenaria al que la recibe. 

Homilía íntegra del obispo de Huelva, monseñor Santiago Gómez Sierra, en la celebración del Domingo de Pascua

“Lucharon vida y muerte/ en singular batalla, / y, muerto el que es la Vida,/ triunfante se levanta” Así proclama la Resurrección del Señor la Secuencia de esta mañana de Pascua. Y en un diálogo hermoso con María Magdalena, también nosotros les preguntamos: “¿Qué has visto de camino,/ María, en la mañana?” Y su respuesta llena de gozo entonces, ahora y siempre, es: “A mi Señor glorioso,/ la tumba abandonada,/ los ángeles testigos, sudarios y mortaja./ ¡Resucitó de veras/ mi amor y mi esperanza!/ Venid a Galilea,/ allí el Señor aguarda; allí veréis los suyos/ la gloria de la Pascua./.

¡Ha resucitado!». Sí, verdaderamente ha resucitado Jesús. No se trata de una invención o de una sugestión, es un hecho real, acontecido. Después de la muerte de Jesús sus discípulos se dispersaron, su caso se da por cerrado; los apóstoles, después de los sucesos del Viernes Santo, ya no esperaban nada. Y he aquí que, de improviso, escuchamos a estos mismos hombres, a Pedro, que lo negó tres veces, diciendo que “resucitó al tercer día” y “dando solemne testimonio de que Dios lo ha constituido juez de vivos y muertos”. Este testimonio que Jesús está vivo, lo realizan unánimes los Once, sin ninguna ventaja personal, sino afrontando, por este testimonio, procesos, persecuciones y finalmente, uno tras otro, el martirio y la muerte.

Lo único que puede explicar un cambio tan radical es la certeza de que Jesús de Nazaret, su Maestro y Señor, verdaderamente ha resucitado. No pueden estar engañados, porque han hablado y comido con El después de su resurrección; y además eran hombres prácticos, ajenos a exaltarse fácilmente. Ellos mismos dudan de primeras noticias y oponen no poca resistencia a creer. Ni siquiera pueden haber engañado a los demás, porque si Jesús no hubiera resucitado, los primeros en salir perdiendo ¡la propia vida! eran precisamente ellos. Estaban atónitos, pasmados, y Jesús resucitado va abriendo su entendimiento para que puedan comprender las Escrituras, todo lo que él había anunciado.

Para los primeros discípulos, como para nosotros, hoy, Cristo ha resucitado ¡está vivo! Vivo, no porque nosotros le mantengamos con vida hablando de Él, sino porque Él nos ofrece su vida, nos comunica el sentido de su presencia, nos hace esperar en la vida eterna.

La resurrección de Jesucristo es la piedra fundamental sobre la que se asienta todo el edificio de nuestra fe cristiana y de la Iglesia. Si la Iglesia olvida la fe en la resurrección, todo se apaga, como cuando en una casa se va la luz. “La fe de los cristianos es la resurrección de Cristo”, decía san Agustín. Y no se es cristiano si no se cree esto. Resucitándole de la muerte, es como Dios ha confirmado la persona y la obra de Jesús, le ha imprimido su sello. Dios ha dado a todos una garantía sobre Jesús, al resucitarlo de entre los muertos (Cf. Hch.17,31).

Pero, ¿qué significa celebrar la Resurrección? En la segunda lectura hemos escuchado estas palabras de san Pablo: “Así, pues, celebremos la Pascua, no con levadura vieja (levadura de corrupción y de maldad), sino con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad”.

El Apóstol se refiere a una antigua costumbre judía, según la cual en la Pascua había que limpiar la casa hasta de las migajas de pan fermentado. Eso formaba parte del recuerdo de lo que había pasado con los antepasados en el momento de su huída de Egipto: teniendo que salir a toda prisa del país, llevaron consigo solamente panes sin levadura. Pero, al mismo tiempo, “los ázimos” eran un símbolo de purificación: eliminar lo viejo para dejar espacio a lo nuevo. Ahora, como explica san Pablo, también esta antigua tradición adquiere un nuevo sentido, precisamente a partir del nuevo «éxodo» que es el paso de Jesús de la muerte a la vida eterna, también nosotros, sus discípulos —gracias a Él y por medio de Él— podemos y debemos ser “masa nueva”, “ázimos”, liberados de todo residuo del viejo fermento del pecado: ya no más malicia y perversidad en nuestro corazón.

“Así, pues, celebremos la Pascua… con los panes ázimos de la sinceridad y la verdad”.

Queridos hermanos y hermanas, acojamos la invitación del Apóstol; abramos el corazón a Cristo muerto y resucitado para que nos renueve, para que nos limpie del pecado y de la muerte y nos infunda con la efusión de su Espíritu Santo la vida divina y eterna.

¡Jesús ha resucitado! Propaguemos este anuncio con la boca, con el corazón y con la vida, con un estilo de vida fecundo de buenas obras. El Resucitado nos precede y nos acompaña en el camino de la vida. Él es nuestra esperanza. Amén.

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Asidonia-Jerez celebra la Resurrección del Señor

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La Santa Iglesia Catedral ha acogido a las 11hrs la Eucaristía del Domingo de Resurrección.

PINCHA AQUÍ PARA VER LA CELEBRACIÓN COMPLETA

En la jornada de hoy, tras la celebración de la Vigilia Pascual con la que se culmina el Triduo Pascual, la Santa Iglesia Catedral ha acogido esta mañana la Eucaristía del Domingo de Resurrección, presidida por Monseñor José Rico Pavés, Obispo de Asidonia-Jerez. En esta Santa Misa de Pascua han participado distintas autoridades eclesiásticas y civiles de Jerez de la Frontera. Asimismo, también ha estado presente distintas Hermandades y Cofradías de la ciudad sede de la Diócesis, Jerez de la Frontera.

En la homilía, el Sr. Obispo de Asidonia-Jerez ha comenzado dando gracias a Dios por lo vivido durante esta Semana Santa, donde es fundamental el encuentro de corazón a corazón con Cristo y así nuestra vida cambia por completo llenándonos de la luz del amor del Señor. Asimismo, ha mencionado que sin este encuentro interno con Cristo, todo lo que vivimos por fuera no tiene sentido.

Por otro lado, mencionando las lecturas que la liturgia nos trae, ha destacado varias ideas. En primer lugar, de la Primera Lectura ha subrayado la idea de testimoniar, es decir, anunciar con nuestra propia vida que Cristo ha resucitado y así transmitir la alegría de creer a los demás sin ningún miedo. En segundo lugar, ha destacado la idea de que estamos llamados a la vida eterna, poniendo nuestro corazón siempre en el Señor donde encontraremos la plenitud. Y en tercer lugar, ha mencionado la importancia de la Eucaristía, y la oportunidad que tenemos ahora de celebrar la Pascua y así alimentarnos de la Palabra de Dios y del alimento de vida eterna.

Por último, ha destacado que es momento de ser dóciles al Espíritu Santo y así fijarnos en María quien corre para anunciar la alegría de la Resurrección de Cristo.

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Palabra de Vida de la 5º semana de marzo de 2024

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Monseñor José Rico Pavés: » la confianza de los cristianos está en la resurrección de los muertos: no somos seguidores de un muerto, sino de Quien vive para siempre».

    Como el primer Domingo de la historia, la celebración anual de la Pascua pone al descubierto la miseria humana. Pero lo hace para renovar la experiencia que ha cambiado definitivamente la historia: el encuentro con Cristo Resucitado. Miseria humana es la traición que llevó a muerte ignominiosa al Maestro con el beso cobarde del discípulo. Miseria humana es el oprobio y desprecio del mundo que se obstina en vivir como si Dios no existiera. Miseria humana es la burla del Inocente en su debilidad extrema. Miseria humana es el desprecio del llanto de los sencillos y humildes. Miseria humana es el pecado y sus consecuencias: la dignidad de la vida humana despreciada, la verdad del amor humano negada, la maldad y la iniquidad convertidas en derechos. Si la cruz hubiera sido el último acto de Cristo seríamos los más desgraciados, permaneceríamos en nuestros pecados y no habría esperanza. Pero la confianza de los cristianos está en la resurrección de los muertos: no somos seguidores de un muerto, sino de Quien vive para siempre.

     El amanecer de su primer día ha disipado para siempre la oscuridad de la noche. El alba trae la noticia que todo lo cambia: Jesucristo resucitado; Satanás derrotado; el pecado redimido; la muerte muerta; el llanto, por fin y para siempre, consolado. La celebración más importante del año, la Vigilia pascual, tiene lugar entrada la noche. La primera luna llena de la primavera anuncia la victoria de la luz sobre la oscuridad, de la vida sobre la muerte, de la gracia sobre el pecado. En esta noche santa los cristianos renuevan las promesas de su bautismo y los que han respondido a la llamada del Señor abrazando la fe renacen a la vida por los sacramentos de la iniciación cristiana. Para rescatar al siervo, envió el Padre al Hijo amado. El pecado y la muerte, definitivamente derrotados. Cristo vive para siempre. La cincuentena pascual será marco privilegiado para el encuentro renovado con el Resucitado.

     En la mañana de Pascua las mujeres reciben una misión superior a la de los apóstoles. Serán ellas las que lleven a éstos el anuncio de la resurrección. Las que madrugaron para ofrecer los últimos auxilios al cuerpo sin vida de su Señor, se encontraron llevando las primicias de la esperanza para toda la humanidad. El corazón madrugador de aquellas mujeres despertó del sueño de la desesperanza a los que debían ser los cimientos de la Iglesia. Para confirmar el anuncio, Cristo mismo sale al encuentro de las mujeres. A ellas las hace las primeras portadoras de la alegría de la resurrección, les regala la presencia que vence todos los miedos y les confía la misión de comunicar a otros la única noticia que no se desgasta con el tiempo: El Señor ha resucitado de entre los muertos, como lo había dicho.

     El evangelio de este Domingo nos hace partícipes de lo que sucedió en el primer Domingo de la historia. Es mañana de encuentro, de prisas y de anuncios. Bendita mañana de Pascua que, con el anuncio de Cristo resucitado, nos trae la imagen bella de la Iglesia portadora de esperanza. Una pregunta, que no envejece, propone cada año la Iglesia durante el Tiempo santo de Pascua a María Magdalena: “¿Qué has visto de camino, María en la mañana?” y una respuesta, siempre nueva, recibe de sus labios la Iglesia con inmensa alegría: “Resucitó de veras, mi amor y mi esperanza”. “Rey vencedor, apiádate de la miseria humana y da a tus fieles parte en tu victoria santa”. ¡Feliz Pascua!

 

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

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«Nos ha resucitado con Cristo Jesús»

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Mensaje del Obispo Nivariense para la Pascua de Resurrección ‘2024

«Pero Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho revivir con Cristo; nos ha resucitado con Cristo Jesús» (Ef. 2,4-6).

Hermanos y amigos: ¡FELIZ PASCUA!

La palabra “pascua” significa “paso del Señor”. Los israelitas celebraban la Pascua para conmemorar en paso de la esclavitud de Egipto a la libertad de la tierra prometida. Todo ello gracias al poder de Dios. Eso fue lo que celebró Jesús con los apóstoles en la Ultima Cena.

Nosotros celebramos en la pascua el paso de Cristo de la muerte a la vida. Por eso decimos: ¡Feliz Pascua de Resurrección! La certeza que Cristo, resucitado de entre los muertos, vive y camina con nosotros, nos llena de paz y alegría, pues, en su resurrección hemos resucitado todos: «Quien está en Cristo es una criatura nueva. Lo viejo ha pasado, ha comenzado lo nuevo” (2Cor. 5,17).

Por eso, como san Pablo en la carta a los Colosenses, podemos decir: «Damos gracias a Dios Padre, que os ha hecho capaces de compartir la herencia del pueblo santo en la luz. Él nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino del Hijo de su amor, por cuya sangre hemos recibido la redención, el perdón de los pecados». Aquí está expresado el efecto saludable de la resurrección en cada uno de nosotros.

Pero, para obtener sus beneficios es necesario «estar en Cristo»: «Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que, lo mismo que Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en una vida nueva. Pues si hemos sido incorporados a él en una muerte como la suya, lo seremos también en una resurrección como la suya… Si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él» (Rom. 6,4-5.8)

La Pascua es el paso de Dios, el paso de Jesús de Nazaret, resucitado de entre los muertos, que sigue vivo y haciendo el bien. La Pascua es el paso del pecado a la vida de gracia, de amistad y de unión con el Señor: “Noche Santa que ahuyenta los pecados, lava las culpas y devuelve la inocencia a los caídos”(cantamos en el Pregón de la Vigilia Pascual).

Paso de la muerte a la vida: «Lo mataron colgándolo de una cruz, pero Dios lo resucitó» (cf. Hch. 2,23-24). San Pablo escribe: «Si confiesas con tu boca que Jesús es el Señor, y crees en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo» (Romanos 10,9). La Pascua de Cristo es el triunfo del amor: «Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos» (Jn. 15,13). Y Cristo la dio por todos.

Celebremos el gozo desbordante de la Pascua. Como decimos en la liturgia:  «Por eso, con esta efusión de gozo pascual, el mundo entero se desborda de alegría»… El mejor modo de que, este gozo, no se convierta en algo puramente externo, es ahondar en las motivaciones que la liturgia señala como justificantes del mismo. En los prefacios del tiempo de Pascua, antes a consagración del pan y el vino decimos:

  • Porque el mundo ha sido liberado del pecado por Cristo; «muriendo destruyó nuestra muerte, y resucitando, restauró la vida» (I).
  • «Porque en la muerte de Cristo y en su resurrección hemos resucitado todos» (II).
  • «Porque él no cesa de ofrecerse por nosotros, de interceder por todos ante ti; inmolado, ya no vuelve a morir; sacrificado, vive para siempre» (III).
  • «Porque en él fue demolida nuestra antigua miseria, reconstruido cuanto estaba derrumbado y renovada en plenitud la salvación» (IV).
  • «Porque él… ofreciéndose a sí mismo por nuestra salvación, quiso ser al mismo tiempo sacerdote, víctima y altar» (V).

Verdaderamente ha resucitado el Señor; verdaderamente tenía razón cuando dijo “Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”, y “quien me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la Vida”. Y justamente, porque Cristo ha resucitado y vive para siempre, sus palabras tienen permanente actualidad y valen para nosotros como si fueran pronunciadas hoy por primera vez. Él es el mismo ayer, hoy y siempre, por eso es contemporáneo nuestro y podemos tener una relación personal, de tú a tú, con Él.

Y cuando, por la fe, esa relación se da, el milagro de la resurrección acontece en nuestra propia vida. Por su poder nos convertimos en hijos de Dios, a imagen suya, y progresivamente vamos viviendo como Él vivió.

Por el poder de Cristo Resucitado podemos ser mejores y más felices. Al celebrar la Pascua todos estamos invitados a brindar por la vida y la esperanza; porque nada ni nadie está definitivamente perdido para el Señor. Por muy difícil y oscura que sea nuestra realidad, por muy lamentable que sea la situación a la que hemos llegado, todos podemos renacer para dar los frutos de esa vida nueva que Jesús conquistó para Él y para todos nosotros cuando resucitó.

Muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo nos dicen “queremos ver a Jesús”. Como nos dijo el Papa San Juan Pablo II al comienzo del nuevo milenio: “Los hombres de nuestro tiempo, quizás no siempre conscientemente, piden a los creyentes de hoy no sólo «hablar» de Cristo, sino en cierto modo hacérselo «ver». ¿Y no es quizá cometido de la Iglesia reflejar la luz de Cristo en cada época de la historia y hacer resplandecer también su rostro ante las generaciones del nuevo milenio?”.

Para que el mundo crea que Jesús ha resucitado, nuestro corazón, nuestros pensamientos y nuestras obras tienen que ser las de Jesucristo. Y eso es posible cuando nos dejamos ganar por su Espíritu, cuando respondemos a su llamada —a veces a un seguimiento especial—, cuando buscamos vivir -como Él vivió- en permanente obediencia a la voluntad de Dios; cuando oramos como él lo hizo, cuando sentimos y vivimos la fraternidad con todos los hombres…

«La paz con vosotros», eran palabras de Jesús resucitado en sus apariciones a los discípulos, y ellos se llenaron de alegría al ver al Señor. Este saludo de paz, también resuena hoy para nosotros. Cristo ha resucitado, está vivo y camina con nosotros. Si lo escuchamos y acogemos con fe, “revivirá nuestro corazón” y nos llenaremos de alegría.

Es lo que deseo para todos. ¡Feliz Pascua!

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

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NO BUSQUÉIS ENTRE LOS MUERTOS AL QUE VIVE, por Francisco Sáez Rozas

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El libro que cierra nuestra Biblia -el Apocalipsis- nos acerca a la experiencia que el Resucitado produjo en aquellas primeras comunidades cristianas, tan perseguidas. Nos presenta a Jesús a la vez grandioso y cercano, terrible y cariñoso, vencedor de sus enemigos y premio maravilloso de sus seguidores. Parecería que este Cristo tan maravilloso debería estar instalado ya muy lejos de la pobre humanidad sufriente, simbolizada en la figura de discípulo Juan caído en el suelo como muerto (Ap. 1,17). Pero esa figura maravillosa sale de sí misma, se empequeñece y toca cariñosamente con la mano al pobre Juan caído en tierra: «No temas nada, soy Yo… Estuve muerto y de nuevo soy el que vive por los siglos de los siglos» (Ap. 1,17s).

Son palabras inspiradas por el mismo Cristo resucitado, presentándose a sí mismo como consolador a aquellas comunidades, tan doloridas que parecen ya como muertas. Les dice que les comprende porque él también estuvo muerto, pero ahora vive para siempre y podrá conseguir que ellos venzan también a la muerte igual que él. El dolor del Crucificado es consuelo para los crucificados de este mundo; pero el consuelo se convierte en esperanza cuando nos damos cuenta de que ése que sufrió junto a nosotros, ahora es todopoderoso, y en su poder no se ha olvidado de nosotros, pues «nos ama» de veras (Ap.1,5).

La Resurrección del Señor es siempre transformadora. La tristeza se torna en gozo. La noche en día. El corazón se llena de amor. Es el gran acontecimiento de salvación que no puede quedar encerrado en el pasado. Él está vivo hoy en todas partes: Enseña, libera, perdona y fortalece. Ejerce una poderosa influencia sobre muchísimos corazones. Sentimos en nuestra vida momentos de resurrección cuando amamos, cuando somos perdonados y a la vez perdonamos, cuando nos vuelve la esperanza, cuando salimos de la tumba y se nos abre un nuevo horizonte. La resurrección de Jesús se completará en el futuro, pero empieza ya a realizarse en el presente. Cualquier adelanto fraterno en una comunidad es ese paso, en pequeño, de la muerte a la vida. Avanzar en ser más personas, más unidos, más libres, es un caminar hacia la resurrección, junto con Cristo resucitado. Hacer ver al ciego, sabernos amados y perdonados, madurar en la fe, crecer en la comunión…

Desde los primeros tiempos los cristianos experimentaron y vibraron enaltecidos con el triunfo y la gloria de Cristo resucitado. Dios Padre había resucitado a Jesús como prueba de que su predicación y su vida eran auténticas. Y la fuerza del Resucitado la sintieron viva dentro de ellos. Ya no eran los mismos de antes. Sentían a Jesús actuando dentro de ellos. Éste era el núcleo de su predicación y de sus himnos de alabanza.

Francisco Sáez Rozas

Vicario de Pastoral y Evangelización

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