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Mons. Satué: «Aunque el dolor nos encoja el alma, podemos mirar el futuro con confianza»

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Más de un millar de fieles se ha unido este domingo en oración en torno a la Eucaristía que ha presidido el obispo de Málaga Mons. José Antonio Satué y que han concelebrado Mons. Catalá y un nutrido grupo de sacerdotes en la Catedral de Málaga por todas las víctimas del accidente de trenes ocurrido el pasado domingo en Adamuz, provincia de Córdoba.

Audio de la homilía de Mons. Satué: 

En la Misa se pidió por el alma de los 45 fallecidos, por la pronta recuperación de las personas que aún se encuentran hospitalizadas así como por el restablecimiento del resto de los heridos y afectados por el trágico accidente.

Entre los numerosos asistentes, destacaron los familiares de las dos víctimas mortales naturales o residentes en Málaga: el doctor Jesús Saldaña y el policia nacional Samuel Ramos. Se mencionó especialmente a los heridos malagueños: Raquel García (abogada, embarazada, en la UCI) y su hermana Ana; Isabel Mateo (legionaria rondeña, en la UCI) y Emil Jonsson (ciudadano sueco residente en Benalmádena, herido leve).

Presidida por el Obispo de Málaga, D. José Antonio Satué, concelebraron la Eucaristía el obispo emérito, D. Jesús Catalá; el deán, José Manuel Ferrary, y numerosos miembros del cabildo y del clero diocesano. La animación del canto litúrgico corrió a cargo del Coro de la Catedral de Málaga con la participación de algunos niños de la Escolanía Pueri Cantores.

Distintas autoridades y representantes de instituciones malagueñas quisieron hacerse presentes en una celebración en la que toda la ciudad quiso acompañar en su dolor a las víctimas orando por ellas. Entre ellos, el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre; la consejera de Economía Hacienda y Fondos Europeos, Carolina España; el consejero de Turismo y Andalucía Exterior, Carlos Arturo Bernal; la delegada provincial de la Junta de Andalucía, Patricia Navarro; y el presidente de la Diputación Provincial de Málaga, Francisco Salado.

En su homilía, el obispo de Málaga invitó a los presentes a reflexionar sobre este trágico acontecimiento que ha sobrecogido a toda España esta última semana, abriéndose «a la luz que la Palabra de Dios nos ofrece. Aunque el corazón esté lleno de tristeza o de rabia, aunque algunos os sintáis enfadados con Dios, Él quiere iluminarnos con su Palabra», señaló. 

En primer lugar, con la llamada de san Pablo en su Epístola a los Corintios: “Estad bien unidos”. «Esta llamada a la unidad, a la comunión, –afirmó Mons. Satué– está inscrita en lo más hondo de nuestro ser. En este trágico accidente se ha manifestado con una claridad admirable: la generosidad y creatividad de los vecinos de Adamuz, que han dado un ejemplo extraordinario de solidaridad; el esfuerzo de los propios pasajeros por ayudar a otros pasajeros; el trabajo incansable de los cuerpos de seguridad, los servicios de rescate, los bomberos y el personal sanitario; la cercanía de los familiares y amigos que han acompañado a las familias que más están sufriendo; la oración de tantas personas de buena voluntad que, sin poder hacer otra cosa, se han acercado a sus parroquias para rezar».

Asimismo, el obispo animó a los asistentes a acoger «esta llamada a la unidad de la Palabra de Dios para no dejarnos contagiar por la epidemia de crispación y sectarismo que tantas veces asola nuestra sociedad, donde algunos solo exigen responsabilidades cuando el gobernante competente no pertenece a su partido, o justifican cualquier tropelía cuando el cargo público comparte su ideología. La unidad no excluye, por supuesto, que se depuren responsabilidades, pero no en función de intereses particulares o espurios, sino basándose en la verdad».

Y en segundo lugar, con el anuncio proclamado en el Evangelio: “Está cerca el reino de los cielos”. En este sentido, el Obispo de Málaga explicó dirigiéndose a los familiares de las víctimas presentes en la ceremonia:

«Dios está cerca de vosotros, Francisco, Concepción, Natalia y Elena. Dios está cerca de vosotros, Laura, Susana y Pablo. Dios está cerca de Jesús, de Samuel y de todas las personas fallecidas. Dios está cerca de Raquel y Ana, de Isabel, de Emil y de todos los heridos. Por eso, aunque el dolor nos encoja el alma, aunque sepamos que hará falta mucho tiempo para sanar esta herida, podemos mirar al futuro con confianza. Porque este Dios cercano en el que creemos sabe cumplir su oficio: resucitará a nuestros hermanos difuntos y nos resucitará también a nosotros a una vida más auténtica, más solidaria, más centrada en Él, fuente y origen de todo bien. Por eso, podemos hacer nuestra esa otra oración de Jesús en la cruz: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46)».

D. José Antonio Satué concluyó su homilía invitando a los presentes a rezar «unos por otros para que la luz grande de la que habla Isaías ilumine nuestra oscuridad y que la llamada a la unidad de san Pablo nos mantenga dispuestos a ayudarnos y a dejarnos ayudar».

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Misa por las víctimas del accidente ferroviario

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MISA POR LAS VÍCTIMAS DEL ACCIDENTE DE ADAMUZ

Hoy nos reunimos con el corazón herido. Venimos cargados de preguntas, de tristeza, de nombres y rostros amados que ya no están entre nosotros o que luchan por recobrar la salud.

Ante esta dura realidad, la Palabra de Dios que acabamos de escuchar no nos ofrece explicaciones fáciles a nuestros interrogantes, pero sí nos regala algo muy necesario: una luz.

Isaías anuncia una luz para un pueblo golpeado, confundido, que experimenta su fragilidad y la opresión de una potencia extranjera. En medio de esa oscuridad, el profeta proclama una luz que no nace de ellos mismos, sino de Dios. Hoy también nosotros caminamos en tinieblas: por la muerte repentina e inesperada de 45 personas, por el dolor de sus familias, por el sufrimiento de los heridos.

Por eso, queridos hermanos y hermanas, os invito a abrirnos a la luz que la Palabra de Dios nos ofrece. Aunque el corazón esté lleno de tristeza o incluso de rabia, aunque algunos os sintáis enfadados con Dios, Él quiere iluminarnos con su Palabra. Permitidme destacar dos caminos que pueden ayudarnos –ojalá– en este momento.

1º. «Estad bien unidos», dice San Pablo a los Corintios.

La vida cotidiana se vuelve insoportable sin cercanía, sin amistad, sin amor. Y cuando llega una desgracia, la presencia de los demás se vuelve aún más necesaria para poder seguir adelante. Abramos, pues, el corazón tanto para ayudar como para dejarnos acompañar.

Esta llamada a la unidad, a la comunión, está inscrita en lo más hondo de nuestro ser, pues no en vano estamos creados a imagen y semejanza de Dios, del Dios Trinidad, del Dios comunidad. En este trágico accidente se ha manifestado con una claridad admirable en:

  • la generosidad y creatividad de los vecinos de Adamuz, que han dado un ejemplo extraordinario de solidaridad;
  • el esfuerzo de los propios pasajeros por ayudar a sus compañeros de vagón;
  • el trabajo incansable de los cuerpos de seguridad, los servicios de rescate, los bomberos y el personal sanitario;
  • la cercanía de los familiares y amigos que han acompañado a las familias que más están –estáis– sufriendo;
  • la oración de tantas personas de buena voluntad que, sin poder hacer otra cosa, se han acercado a sus parroquias para rezar.

«Estad bien unidos», insiste el apóstol. Y, sin embargo, desde que el mundo es mundo, no siempre escuchamos esta llamada que llevamos grabada en el corazón. La prisa, los intereses particulares, el miedo a mostrar nuestra fragilidad o a que otros abusen de nuestra generosidad… todo ello puede encerrarnos, a veces en nuestra comodidad, en otras ocasiones en nuestra tristeza.

No caigamos, queridos hermanos y hermanas, en la tentación de aislarnos. A pesar de nuestras cruces, todos tenemos algo que ofrecer. Y aun con nuestras muchas capacidades, todos necesitamos ser ayudados.

«Estad bien unidos». Acojamos esta llamada de la Palabra de Dios para no dejarnos contagiar por la epidemia de crispación y sectarismo que tantas veces asola nuestra sociedad, donde algunos solo exigen responsabilidades cuando el gobernante competente no pertenece a su partido, o justifican cualquier tropelía cuando el cargo público comparte su ideología. La unidad no excluye, por supuesto, que se depuren responsabilidades, pero no en función de intereses particulares o espurios, sino basándose en la verdad.

2º. Segunda llamada: Dios está cerca.

Jesús mismo lo afirma en el Evangelio: «Está cerca el reino de los cielos». Dios está cerca siempre. Dios está cerca de todas las personas. Siempre cerca de todos, todos, todos; sea cual sea la situación de cada cual.

Digo estas palabras con temor y temblor, porque sé que algunos de vosotros, envueltos en tanto dolor, tenéis dificultades para sentir esa cercanía o para acoger estas palabras. Es comprensible. Incluso Jesús, en la cruz, gritó: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27,46).

Lo digo con respeto profundo hacia vuestros sentimientos, pero también lo afirmo con absoluta convicción, nacida de la experiencia propia y de la de tantos creyentes que, antes o después del zarpazo de la desgracia, hemos experimentado la cercanía de Dios: un Dios que no actúa a modo de pararrayos que evita el sufrimiento, un Dios que permite cosas incomprensibles —es verdad—, pero un Dios que nunca nos deja solos, que nos sostiene desde dentro y a través de tanta buena gente que nos quiere.

Estad bien unidos, porque a través del amor de las personas más cercanas podemos experimentar la cercanía de Dios.

Dios está cerca de vosotros, Francisco, Concepción, Natalia y Elena. Dios está cerca de vosotros, Laura, Susana y Pablo. Dios está cerca de Jesús, de Samuel y de todas las personas fallecidas. Dios está cerca de Raquel y Ana, de Isabel, de Emil y de todos los heridos.

Por eso, aunque el dolor nos encoja el alma, aunque sepamos que hará falta mucho tiempo para sanar esta herida, podemos mirar al futuro con confianza. Porque este Dios cercano en el que creemos sabe cumplir su oficio: resucitará a nuestros hermanos difuntos y – a poco que se lo permitamos– nos resucitará también a nosotros a una vida más auténtica, más solidaria, más centrada en Él, fuente y origen de todo bien. Por eso, podemos hacer nuestra esa otra oración de Jesús en la cruz: «En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu» (Lc 23,46). En tus manos encomendamos a nuestros hermanos fallecidos y heridos. En tus manos depositamos nuestro dolor.

Conclusión

Hermanas y hermanos, recemos unos por otros para que la luz grande de la que habla Isaías ilumine nuestra oscuridad, aunque no responda a nuestros interrogantes. Que la llamada a la unidad de san Pablo nos mantenga dispuestos a ayudarnos y a dejarnos ayudar. Que nuestros hermanos difuntos descansen en la paz de Dios. Y que Él, nuestra luz y salvación, nos sostenga y nos acompañe con su amor. Que así sea. Amén.

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«Aunque el dolor nos encoja el alma, podemos mirar el futuro con esperanza»

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Más de un millar de de malagueños se han unido este domingo en oración en torno a la Eucaristía que ha presidido Mons. José Antonio Satué en la Catedral de Málaga por todas las víctimas del accidente de trenes ocurrido el pasado domingo en Adamuz, provincia de Córdoba.

En la Misa se pidió por el alma de los 45 fallecidos, por la pronta recuperación de las personas que aún se encuentran hospitalizadas así como por el restablecimiento del resto de los heridos y afectados por el trágico accidente.

Entre los numerosos asistentes, destacaron los familiares de las dos víctimas mortales naturales o residentes en Málaga: el doctor Jesús Saldaña y el policia nacional Samuel Ramos. Se mencionó especialmente a los heridos malagueños: Raquel García (abogada, embarazada, en la UCI) y su hermana Ana; Isabel Mateo (legionaria rondeña, en la UCI) y Emil Jonsson (ciudadano sueco residente en Benalmádena, herido leve).

Distintas autoridades y representantes de instituciones malagueñas quisieron hacerse presentes en una celebración en la que toda la ciudad quiso acompañar en su dolor a las víctimas orando por ellas. Entre ellos, el alcalde de la ciudad, Francisco de la Torre; la consejera de Economía Hacienda y Fondos Europeos, Carolina España; el consejero de Turismo y Andalucía Exterior, Carlos Arturo Bernal; la delegada provincial de la Junta de Andalucía, Patricia Navarro; y el presidente de la Diputación Provincial de Málaga, Francisco Salado.

En su homilía, el obispo de Málaga invitó a los presentes a reflexionar sobre este trágico acontecimiento que ha sobrecogido a toda España esta última semana, abriéndose «a la luz que la Palabra de Dios nos ofrece. Aunque el corazón esté lleno de tristeza o de rabia, aunque algunos os sintáis enfadados con Dios, Él quiere iluminarnos con su Palabra», señaló. 

En primer lugar, con la llamada de san Pablo en su Epístola a los Corintios: “Estad bien unidos”. «Esta llamada a la unidad, a la comunión, –afirmó Mons. Satué– está inscrita en lo más hondo de nuestro ser. En este trágico accidente se ha manifestado con una claridad admirable: la generosidad y creatividad de los vecinos de Adamuz, que han dado un ejemplo extraordinario de solidaridad; el esfuerzo de los propios pasajeros por ayudar a otros pasajeros; el trabajo incansable de los cuerpos de seguridad, los servicios de rescate, los bomberos y el personal sanitario; la cercanía de los familiares y amigos que han acompañado a las familias que más están sufriendo; la oración de tantas personas de buena voluntad que, sin poder hacer otra cosa, se han acercado a sus parroquias para rezar».

Asimismo, el obispo animó a los asistentes a acoger «esta llamada a la unidad de la Palabra de Dios para no dejarnos contagiar por la epidemia de crispación y sectarismo que tantas veces asola nuestra sociedad, donde algunos solo exigen responsabilidades cuando el gobernante competente no pertenece a su partido, o justifican cualquier tropelía cuando el cargo público comparte su ideología. La unidad no excluye, por supuesto, que se depuren responsabilidades, pero no en función de intereses particulares o espurios, sino basándose en la verdad».

Y en segundo lugar, con el anuncio proclamado en el Evangelio: “Está cerca el reino de los cielos”. En este sentido, el Obispo de Málaga explicó dirigiéndose a los familiares de las víctimas presentes en la ceremonia:

«Dios está cerca de vosotros, Francisco, Concepción, Natalia y Elena. Dios está cerca de vosotros, Laura, Susana y Pablo. Dios está cerca de Jesús, de Samuel y de todas las personas fallecidas. Dios está cerca de Raquel y Ana, de Isabel, de Emil y de todos los heridos. Por eso, aunque el dolor nos encoja el alma, aunque sepamos que hará falta mucho tiempo para sanar esta herida, podemos mirar al futuro con esperanza. Porque este Dios cercano en el que creemos sabe cumplir su oficio: resucitará a nuestros hermanos difuntos y nos resucitará también a nosotros a una vida más auténtica, más solidaria, más centrada en Él, fuente y origen de todo bien. Por eso, podemos hacer nuestra esa otra oración de Jesús en la cruz: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu” (Lc 23,46)».

D. José Antonio Satué concluyó su homilía invitando a los presentes a rezar «unos por otros para que la luz grande de la que habla Isaías ilumine nuestra oscuridad y que la llamada a la unidad de san Pablo nos mantenga dispuestos a ayudarnos y a dejarnos ayudar».

AUDIO DE LA HOMILÍA:

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Un solo Espíritu, una sola Esperanza

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Queridos diocesanos, amigas y amigos de Málaga y Melilla:

Del 18 al 25 de enero, la celebración de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos ha convertido a la Diócesis de Málaga en un gran templo, donde fieles, pastores, sacerdotes y religiosos de diversas confesiones cristianas han hecho latir sus corazones al mismo ritmo, acogiendo la súplica del Señor en la Última Cena: «Padre, que todos sean uno, como tú en mí y yo en ti, para que el mundo crea» (Jn 17, 21).

La división entre los cristianos sigue siendo un escándalo que resta credibilidad y fuerza a la Buena Noticia del Evangelio, tal como denunciaba el decreto Unitatis redintegratio del Concilio Vaticano II. No podemos resignarnos ni acostumbrarnos a una Iglesia dividida, porque no es el estado natural en el que los cristianos estamos llamados a vivir la fe. Trabajemos, por tanto, sin descanso para alcanzar una comunión cada vez más plena, que haga posible la unidad en lo esencial y el respeto escrupuloso a la legítima diversidad.

El papa Francisco habló de tres tipos de ecumenismo: el de las manos, el de la cabeza y el del corazón. Son dimensiones complementarias de una misma llamada a la unidad. El ecumenismo del corazón ha sido especialmente intenso durante este Octavario por la Unidad: católicos, ortodoxos y protestantes hemos unido nuestros corazones al de Cristo para celebrar la comunión que existe entre quienes compartimos un mismo bautismo, como se ha expresado en las numerosas oraciones ecuménicas celebradas en los templos de las distintas confesiones. El ecumenismo de la cabeza nos impulsa a profundizar en los principios y fundamentos de la unidad a la que el Señor nos convoca; en este ámbito, la teología y la formación ecuménica, accesibles en nuestros centros teológicos, desempeñan un papel fundamental. Por su parte, el ecumenismo de las manos nos invita a trabajar y colaborar en todo aquello que resulte posible. Todo cristiano que se acerque con autenticidad al Evangelio escuchará la llamada a servir a los más pobres, en cuyos rostros reconocemos al mismo Cristo sufriente.

Recién llegado a Málaga, mantuve un encuentro fraterno con representantes de todas las Iglesias cristianas. Allí pude agradecer su cálida acogida y propuse poner en marcha un proyecto social común, que nos permitiera servir juntos a nuestros hermanos y hermanas que sufren. Estoy convencido de que el servicio compartido abrirá caminos hacia la fraternidad y la comunión, porque nos acercará cada vez más a Cristo presente en los pobres. Un proyecto social común podrá hacer realidad el lema del Octavario para este año: “Un solo Espíritu, una sola Esperanza” (Ef 4, 4), en un mundo herido por la polarización, las injusticias y las guerras, que necesita signos concretos de fraternidad y solidaridad con las personas más vulnerables.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

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COPE ESPEJO ALMERÍA: Las Hermanas Vedrunas en Vícar celebran el bicentenario de su congregación

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La diócesis de Almería es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Almería y el Palacio Episcopal. San Indalecio, Varón apostólico y mártir según la tradición, es el Obispo fundador de la Iglesia de Almería, que comenzó siendo la Iglesia hispanorromana de Urci.

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Mons. Saiz a los periodistas: «la misión cristiana en la comunicación no es dominar, sino servir»

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Mons. Saiz a los periodistas: «la misión cristiana en la comunicación no es dominar, sino servir»

Este mediodía se ha cumplido la tradición que marca la festividad del 24 de enero, san Francisco de Sales, fundador de la Orden de la Visitación y patrón de los periodistas y comunicadores católicos. El arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, ha presidido la misa con este motivo en la capilla del monasterio de la Visitación (salesas), una oportunidad para reivindicar el papel de los periodistas en el contexto actual.

En su homilía, el arzobispo ha subrayado que «la misión cristiana en la comunicación no es dominar, sino servir; no es imponer un relato, sino buscar y contar la verdad con un amor que construye». En este sentido, ha recomendado «vivir la comunicación como una forma concreta de caridad social. Y a la vez, es un servicio a la paz: porque sin verdad, la paz se convierte en un acuerdo frágil, sostenido por el silencio o por la mentira».

Seguidamente, ha subrayado que «la comunicación puede convertirse en técnica de persuasión», y, en alusión al magisterio de Benedicto XVI, ha afirmado que «la palabra no debe aplastar; debe iluminar. La crítica no debe destruir; debe purificar. El objetivo no es vencer, sino servir a la realidad y al bien de las personas».

En la parte final de su alocución, monseñor Saiz Meneses ha señalado que «hoy la Iglesia reconoce la tarea de los periodistas y comunicadores, y la agradece». En esta línea, ha recordado que los periodistas «muchas veces han de trabajar en condiciones difíciles, bajo presión, con plazos imposibles, expuestos a críticas, incomprensiones y tentaciones». Así, la Iglesia reconoce que «su tarea es grande, necesaria, noble, y, a la vez, les pide que la vivan como servicio, como vocación a ser ‘sal y luz’ en medio de la plaza pública». «Hoy, aquí, al calor de esta liturgia y del canto de las hermanas, os invito a no ceder al cinismo, para no perder la alegría de servir a la verdad, para que Cristo sea vuestra medida interior», ha concluido.

Como cada 24 de enero, la misa ha concluido con el recuerdo al santo patrón y la exposición de una reliquia para su veneración.

 

GALERÍA del acto.

 

 

 

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El Obispo de Jaén felicita a los periodistas en el día de su patrón, San Francisco de Sales

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Este sábado, 24 de enero, la Iglesia celebra la memoria de San Francisco de Sales, patrón de escritores y periodistas. Con este motivo, y como ha hecho en años precedentes, el Obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, ha felicitado a los periodistas, escritores y comunicadores que desarrollan su labor profesional en esta provincia.

La carta de felicitación y agradecimiento dirigida a los profesionales de la comunicación, en la que se reconoce la importancia de su labor diaria para la construcción de una sociedad “más plural, más informada y, por supuesto, más libre”.

En el mensaje, se pone en valor el ejercicio responsable del periodismo y se anima a los comunicadores a desempeñar su tarea con libertad, imparcialidad y vocación de servicio al bien común, especialmente en un contexto social marcado por la polarización y la falta de diálogo. En este sentido, se recuerdan las palabras del Papa León XIV, quien subraya que la libertad de prensa debe ejercerse con “transparencia y corrección” y que el diálogo, cuando no es hostil, “supera el conflicto y construye la paz”.

La carta destaca que la labor informativa cobra su verdadero sentido cuando se orienta al bien común y a la esperanza, animando a los medios a dar visibilidad a aquellas noticias que ayudan a fortalecer el tejido social. “Tenéis la noble tarea de contar, desde la libertad y la imparcialidad, aquello que sigue haciendo crecer nuestra sociedad”, señala el texto, invitando a poner el foco también en “las historias que son signo de esperanza para nuestra provincia”.

Asimismo, el mensaje aborda la irrupción de la Inteligencia Artificial en el ámbito de la comunicación, entendida como una herramienta llamada a permanecer y a colaborar con los profesionales. En este punto, se insiste en que la IA debe ser un apoyo al periodista, siempre que no se pierda la dimensión humana de la comunicación: “La IA debe ser vuestro aliado, siempre que vosotros sigáis poniendo el corazón en la información y la comunicación”, ejerciendo la profesión con “la inteligencia de la razón y la del corazón, unidas”.

La Iglesia de Jaén expresa también su agradecimiento por el trato plural, imparcial y cercano que los medios ofrecen a la información religiosa, destacando de manera especial la cobertura realizada durante el último año de acontecimientos como el Jubileo de la Esperanza, el Rosario Magno y la beatificación de los 124 mártires de la Iglesia de Jaén. “Gracias por haber sido cauce entre esta institución y la sociedad de una manera impecable”, afirma la carta.

Por último, el texto anuncia que el próximo mes de marzo la provincia acogerá la asamblea anual de delegados y comunicadores de la Iglesia en España, una cita que permitirá profundizar en la figura del Beato Manuel Lozano Garrido, “Lolo”, periodista de Linares, y dar a conocer la riqueza patrimonial, cultural e histórica de Jaén. La carta concluye reiterando la felicitación y el agradecimiento de Don Sebastián a los profesionales de la comunicación por su labor “cada día más indispensable”, deseándoles un feliz día de San Francisco de Sales.

Mensaje del Obispo de Jaén a los periodistas 2026

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La parroquia de Cúllar invita a hacer el Camino de Santiago del 1 al 7 de agosto

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La parroquia de Cúllar invita a hacer el Camino de Santiago del 1 al 7 de agosto

La parroquia de Cúllar propone para este verano hacer el Camino de Santiago. Será del 1 al 7 de agosto, en los últimos 100 km del Camino Francés, desde Sarria hasta Santiago de Compostela. Quien quiera hacer el camino, ahora tiene la oportunidad. Ya se puede hacer la reserva.

Serán cinco etapas suaves y escalonadas, pensadas para que cada paso se viva con tranquilidad, disfrutando del paisaje, de la historia y de la compañía. No es solo caminar, es una oportunidad para reflexionar, compartir, reír y conectar con uno mismo y con los demás.

Llegar a Santiago es un momento único, la emoción de ver la catedral, la sensación de haber completado un camino y el encuentro con el Apóstol harán que esta experiencia sea inolvidable.

“Quedan plazas -dicen en la parroquia-, así que no lo dudes, anímate a vivir esta aventura espiritual y humana con nuestra comunidad. Caminar juntos, compartir momentos, hacer nuevas amistades… y, sobre todo, sentir el Camino en el corazón”.

Las reservas se pueden hacer en la parroquia y, para saber más, se puede ampliar información en el telf. 645840138.

Sin duda, es una buena oportunidad para hacer algo más que un viaje, porque el camino es una experiencia que se recordará siempre

Guillermo P. Parra

Vicario parroquial de Cúllar

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VII Domingo de la Palabra de Dios

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“La palabra de Cristo habite en vosotros” (Col 3,16)

Celebramos este 25 de enero, la VII edición del Domingo de la Palabra de Dios. El versículo que inspira la Jornada de este año está tomado de la carta de san Pablo a los Colosenses: “La palabra de Cristo habite en vosotros” (Col 3, 16). Que la Palabra de Dios “habite” es una llamada a nuestra existencia personal de creyente. También el apóstol se refiere a toda la comunidad para que se haga casa, hogar donde la Palabra habite y se sienta viva. La comunidad cristiana crece cuando la Palabra ilumina e inspira las relaciones fraternas, la caridad y las acciones de evangelización y catequesis. El año jubilar que hemos concluido ha sido una invitación a la conversión para que Cristo, la Palabra hecha carne, ocupe siempre el centro de nuestro seguimiento y sea la fuente de nuestra esperanza.

Cuando la Palabra habita en nosotros crecemos, nos alejamos de los peligros que señalaba el papa Francisco en la exhortación Evangelii Gaudium: “Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien”. En la misma exhortación se recuerda que es indispensable que la Palabra de Dios “sea cada vez más el corazón de toda actividad eclesial”. Necesitamos recuperar el primado de la Palabra de Dios en cada cristiano y en cada comunidad.

Ahora bien, ¿cómo podríamos hacer crecer nuestra relación con la Palabra de Dios? El papa Francisco responde en Evangelii Gaudium: “La Palabra de Dios escuchada y celebrada, sobre todo en la Eucaristía, alimenta y refuerza interiormente a los cristianos y los vuelve capaces de un auténtico testimonio evangélico en la vida cotidiana (…)”. Más adelante, añade que el estudio de las Sagradas Escrituras debe ser una puerta abierta a todos los creyentes. Es fundamental que la Palabra revelada fecunde radicalmente la catequesis y todos los esfuerzos por transmitir la fe. La evangelización requiere la familiaridad con la Palabra de Dios y esto exige un estudio serio y perseverante de la Biblia, así como promover su lectura orante personal y comunitaria. Nosotros no buscamos a tientas ni necesitamos esperar que Dios nos dirija la Palabra, porque realmente “Dios ha hablado, ya no es el gran desconocido sino que se ha mostrado». Acojamos el sublime tesoro de la Palabra revelada” (nn. 174-175).

Por su parte, el papa Benedicto XVI en la exhortación apostólica postsinodal Verbum Domini recuerda, en el número 51, la contemporaneidad de Cristo en la vida de la Iglesia: “La relación entre Cristo, Palabra del Padre, y la Iglesia no puede ser comprendida como si fuera solamente un acontecimiento pasado, sino que es una relación vital, en la cual cada fiel está llamado a entrar personalmente”. Siguiendo en el espíritu del Concilio Vaticano II, en la constitución dogmática Dei Verbum que “la Iglesia no vive de sí misma, sino del Evangelio, y en el Evangelio encuentra siempre de nuevo orientación para su camino. Es una consideración que todo cristiano debe hacer y aplicarse a sí mismo: sólo quien se pone primero a la escucha de la Palabra, puede convertirse después en su heraldo». Animo a recoger todas las iniciativas que propone el subsidio litúrgico-pastoral de este día acompañados por la Vicaría Episcopal para la Nueva Evangelización.

Monseñor Rino Fisichella, pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización, nos recuerda además en la presentación de esta jornada eclesial que “es particularmente significativo que la celebración del Domingo de la Palabra de Dios este año coincida con la celebración de la conversión de san Pablo, jornada que concluye la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. La Palabra que Cristo dirigió a Pablo por el camino a Damasco ha marcado profundamente su corazón, a tal grado de hacerlo el gran evangelizador que conocemos. Hoy nos toca hacer que la misma Palabra llegue hasta los confines de la tierra, para transformar la vida de todos los pueblos, habitando en nosotros.” A la escuela de María Santísima que es Mater Verbi et Mater laetitiae, nos confiamos en la permanente escucha y acogida de la Palabra de Dios.

+ José Ángel Saiz Meneses
Arzobispo de Sevilla

Cristina

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Enciendo el televisor para ver las últimas noticias sobre los dos trenes descarrilados en Adamuz. No puedo controlar las lágrimas. Cómo la gente se desvivió en ayudar las víctimas. Cómo un adolescente de 16 años empujó a su madre, simplemente para ayudar. No pude parar, no me di cuenta del cansancio, iba y venía sin pensar, decía a la cámara. Otro adulto negaba que fuese un héroe, fui a echar una mano, nada más, no soy un héroe.

Pero se me ha quedado agarrado al corazón una niña de 6 años deambulando por las vías, sola. Su madre, su padre, su hermano y su primo habían fallecido en el accidente. Es desolador. Cristina caminaba sola a la orilla de la catástrofe, buscando unos brazos donde cobijarse, una explicación a lo ocurrido, a su tierna edad. No se me quita esa niña de la cabeza.

Los periodistas, al pie de la noticia, siguen dando vueltas a la tragedia, infografías, datos, especulaciones, análisis, programas especiales, palabras de los expertos, preavisos de ruidos y temblores, testimonios de familiares y amigos, búsquedas sin respuestas, el paso del tiempo hace más difícil la esperanza, días de luto, funerales civiles y de la iglesia, y un vacío intenso y desgarrador en el corazón. Es como una gran noria que mueve lentamente sus engranajes, mientras se queja con sus crujidos. Los afectados se abrazan, esperan noticias con las lágrimas en los ojos o el vacío en la mirada.

Los responsables políticos visitan a los familiares y el lugar del suceso. Palabras de condolencia. No saben qué ha pasado. Todas son incertidumbres. Alguna red social arde repartiendo culpabilidades demasiado pronto, como si eso fuese lo que había que hacer. Hay personas desasosegadas que viven en un sin vivir, despotricando a la primera de cambio. Antes de nada, comienzan los conspiranoicos entrando en una vorágine de sospechas intencionadas.

Menos mal que ante tanta tragedia, ante las 45 personas fallecidas, ante el dolor de sus familias y vecinos hay personas sensatas, comunicadores sensatos, que solo quieren saber que pasó y cuántos se han salvado. Menos mal que todo un pueblo solidario se volcó en ayudar en silencio, sin buscar protagonismos, menos mal que muchos buscaron la paz en la oración, porque ante la desnudez de la muerte sólo nos queda la esperanza, que siempre nos transciende, y la búsqueda de la unidad en el dolor, que no entiende de ideologías.

La madre de Fidel, venía en el tren rezando el rosario, según el testimonio de su hermano, ingresado ya en el hospital. Fidel hablaba maravillas de su madre, mujer de fe, siempre entregada a los demás. Cuando le anunciaron que su madre había fallecido, dijo: cuántas veces podíamos decirnos lo que nos queremos y no lo hacemos. Ánimo y adelante.

+ Antonio Gómez Cantero

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