Inicio Blog Página 2

“Cada carisma, cada vocación es un regalo para toda la Iglesia”: monseñor Orozco en la Vigilia de Pentecostés celebrada en la Catedral

0

“Cada carisma, cada vocación es un regalo para toda la Iglesia”: monseñor Orozco en la Vigilia de Pentecostés celebrada en la Catedral

Una Eucaristía y un tiempo de adoración del Santísimo sirvieron para vivir la Vigilia Diocesana de Pentecostés en la Catedral de Guadix, el sábado 23 de mayo, una celebración presidida por el obispo diocesano y organizada por la delegación de Apostolado Seglar. Todos los carismas, asociaciones y movimientos laicales que hay en la diócesis estuvieron representados en esta celebración, a la que asistieron también numerosos fieles.

En la homilía, monseñor Francisco Jesús Orozco habló de la riqueza de la Iglesia en la pluralidad de sus carismas y cómo, a pesar de esa diversidad, creemos y compartimos la fe en la unidad: “Cada carisma, cada vocación es un regalo para toda la Iglesia”. Es a lo que nos invita esta celebración de Pentecostés, vino a decir, subrayado ese mensaje de unidad en la misión, como ocurrió en la primera Iglesia tras la venida del Espíritu Santo. Y, recordando palabas del Papa León XIV, animó a “vivir en comunión con toda la Iglesia, tanto a nivel diocesano como a nivel universal.”

También habló de cómo se ha de esperar al Espíritu Santo desde la oración: “nos reunimos para rezar como María y los apóstoles en el cenáculo, porque la Iglesia se construye de rodillas, nace de rodillas y se fortalece de rodillas, en la oración”.

Y mirando al mundo y a las divisiones y polarización que hay, insistió en que “el mundo nos necesita unidos”. “El Espíritu Santo -dijo- jamás construye trincheras, construye puentes. Pentecostés es puente, Babel es trinchera”.

También habló de la Jornada del Apostolado Seglar que celebra, en Pentecostés, la Iglesia: “Hoy más que nunca la Iglesia os necesita, queridos laicos, os necesita conscientes de vuestra misión en medio del mundo, en la familia, en la educación, en la política, en la cultura, en los medios de comunicación, en el trabajo cotidiano: cristianos que llevéis el Evangelio allí donde sin vosotros y vuestro testimonio quizás nunca llegaría”.

Carismas laicales en la diócesis

Tras la Misa, hubo un tiempo de oración ante el Santísimo, en el que se dio gracias y se pidió por los carismas que hay en la diócesis, especialmente los laicales, expresando el para qué de cada carisma o vocación eclesial:

Cooperadoras seglares del Divino Maestro: Seguir a Jesucristo Divino Maestro desde la condición seglar para hacerlo presente en la vida familiar, profesional y social, especialmente mediante la educación cristiana y al servicio de los más pobres.

Cursillos de cristiandad: un primer anuncio para formar cristianos conscientes, convencidos y comprometidos que vivan y transformen los ambientes con el Evangelio.

Ayuda a la Iglesia necesitada: sostener a la Iglesia que sufre y es perseguida, promoviendo la fe, la esperanza y la caridad mediante la oración, la información y la ayuda material.

Camino Neocatecumenal: un itinerario de fe para redescubrir y vivir el Bautismo desde una fe adulta en pequeñas comunidades al servicio de la Iglesia.

Adoración Nocturna Española: adorar a Jesucristo sacramentado durante la noche en nombre de toda la humanidad, para gloria de Dios.

Institución Teresiana: transformar la sociedad desde dentro, viviendo una vocación laical plenamente entregada a Dios y comprometida con la educación, la cultura y la promoción de la fe.

Activas del Apostolado Social: vivir el Evangelio desde la vocación laical, comprometiéndose activamente en la transformación cristiana de la sociedad mediante la caridad, la justicia social y el servicio a los más necesitados.

Consejo Diocesano de Educación: evangelizar mediante la educación, acompañando a la comunidad educativa para que viva y transmita una formación integral inspirada en el Evangelio al servicio de la persona y de la Iglesia.

Asociación Católica de Propagandistas: evangelizar la vida pública formando y comprometiendo laicos que hagan presente a Cristo en la política, la cultura, la comunicación y la sociedad.

Asociación de la Medalla Milagrosa: dar a conocer y amar a la Virgen María mediante la devoción a la Medalla Milagrosa, para llevar a las personas a un encuentro más profundo con Jesucristo y a una vida de caridad y compromiso cristiano.

Terciarios Franciscanos: vivir el Evangelio al estilo de San Francisco de Asís desde la condición laical, buscando la santidad en la vida cotidiana mediante la fraternidad, la sencillez y el compromiso de la Iglesia.

Vida Ascendente: vivir la fe en la etapa adulta y en la madurez de la vida, creciendo en espiritualidad, amistad y compromiso apostólico al servicio de la Iglesia y de la sociedad.

Equipos de Nuestra Señora: ayudar a los matrimonios a vivir plenamente el sacramento del matrimonio, creciendo en el amor, la oración y la misión, para ser signo del amor de Cristo en familia.

Pastoral de la Salud: acompañar y servir a las personas enfermas y a quienes las cuidan, haciendo presente la compasión sanadora de Jesucristo mediante la cercanía, la fe y la esperanza.

Delegación Diocesana de Juventud: acompañar a los jóvenes en su encuentro personal con Jesucristo, ayudándoles a crecer en la fe y a descubrir su vocación como discípulos y misioneros en la Iglesia.

Delegación Diocesana de Familia y Vida: promover, acompañar y defender la familia y la vida humana en todas sus etapas, anunciando el Evangelio del amor y de la vida desde la fe y la misericordia de la Iglesia.

Hermandades y Cofradías: vivir y custodiar la fe de la Iglesia mediante la piedad popular, promoviendo la devoción, la caridad y el testimonio público de Cristo desde la comunión.

Cáritas Diocesana: hacer presente la caridad de la Iglesia sirviendo y defendiendo la dignidad de las personas más pobres y vulnerables, promoviendo la justicia, la solidaridad y la esperanza.

Manos Unidas: luchar contra el hambre, la pobreza y la desigualdad, promoviendo el desarrollo integral de las personas y los pueblos desde la fe en Jesucristo y el compromiso con la justicia y la solidaridad.

Terminó la Vigilia de Pentecostés con un pequeño ágape compartido por todos los asistentes, en el Hospital Real.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

Ver este artículo en la web de la diócesis

Los carismas de la Diócesis celebran Pentecostés

0

Movimientos y asociaciones laicales de la Diócesis de Cartagena celebraron ayer Pentecostés junto al obispo, y compartieron su actividad en una feria en el Palacio Episcopal.

Quien en la tarde de ayer entrara al patio del Palacio Episcopal se encontraría con una sonrisa, un vaso con café y una invitación a pasar al interior, donde, en una serie de stands, varios movimientos y asociaciones laicales mostraban su carisma y qué labor llevan a cabo para dar a conocer a los demás el amor de Dios. Una actividad llevada a cabo con motivo de la fiesta diocesana de Pentecostés, que es también el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, y que cada año reúne a asociaciones y movimientos en torno al obispo.

En esta ocasión se organizó en primer lugar esta feria en la que participaron una representación de movimientos y asociaciones laicales con presencia en la Diócesis de Cartagena: el Movimiento Consolación para el Mundo, la Juventud Estudiante Católica, la Hermandad Obrera de Acción Católica, Hakuna, el Movimiento Sacerdotal Mariano, la Renovación Carismática Católica, Acción Católica General, Scouts Católicos, el Centro Loyola de la Compañía de Jesús, los Equipos de Nuestra Señora y el Movimiento de los Focolares. Desde sus stands, atendieron a quienes se interesaron por las iniciativas de apostolado que llevan a cabo y, posteriormente, compartieron un momento en el que las asociaciones se presentaron una por una, poniendo en común sus diferentes carismas. Todo ello organizado por el Equipo Sinodal Diocesano.

A continuación, se celebró la Eucaristía en la Catedral, presidida por el obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes. La misa, a la que asistió un gran número de fieles, comenzó con una procesión de entrada en la que participaron dos representantes de los diferentes movimientos y asociaciones laicales, en señal de comunión.

En su homilía, el obispo recordó que el Espíritu Santo sigue enviando a la Iglesia: «Nuestra misión no es otra que llevar el corazón de Dios a todo el mundo; que todos tengan la extraordinaria oportunidad de conocer la misericordia de Dios en sus vidas y en las de todos, porque Dios sigue actuando de una manera eficaz». También exhortó a que el anuncio del Evangelio sea fruto de una interiorización: «Hagamos nuestra la Palabra de Dios, dejemos que entre al fondo de nuestro corazón, porque toda Palabra de Dios que es predicada y anunciada es necesario recibirla antes en el interior, y después hacerla vida».

También destacó cómo el Espíritu Santo conduce a la unidad. «Esta tarde en el patio del Obispado hemos visto que hay diversas motivaciones para seguir a Jesús, diversos carismas, movimientos, asociaciones, pero todos buscamos lo mismo; todos buscamos al mismo: al Señor, que es más grande que nosotros»; y también exhortó a, con el Espíritu Santo, buscar siempre la comunión, la escucha, el diálogo. «Sigamos tendiendo la mano a la gente, crezcamos en fraternidad y sigamos construyendo la casa común, recordando nuestra vocación, que no es otra sino el amor».

Galería de imágenes

La entrada Los carismas de la Diócesis celebran Pentecostés aparece primero en Diócesis de Cartagena.

Ver este artículo en la web de la diócesis

«Magnifica Humanitas» Fruto temprano de Pentecostés

0

«Magnifica Humanitas» Fruto temprano de Pentecostés

Como fruto temprano de Pentecostés, en el día que celebramos la memoria litúrgica de la Bienaventurada Virgen María, Madre de la Iglesia, y muchos de nuestros diocesanos acompañan la Bendita Imagen de la Virgen del Rocío, el Papa León ha publicado su primera encíclica, titulada Magnifica Humanitas, sobre el cuidado de la persona humana en esta época marcada por la irrupción de la inteligencia artificial.

Desde la Diócesis de Asidonia-Jerez nos unimos a este importante acto del Magisterio Pontificio, manifestando nuestra comunión con el Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma. Invito a la todos los fieles de la Diócesis y a todos cuantos buscan luz para orientar sus pasos en este mundo, que reciban con docilidad y agradecimiento este documento que nos ayudará a comprender cómo afrontar la transición digital en curso, obteniendo del tesoro de sabiduría de la Iglesia las herramientas necesarias para interpretar el momento presente, con el propósito de cumplir nuestra tarea común de custodiar y hacer florecer la magnífica humanidad que nos ha sido dada como don.

Lunes, 25 de mayo de 2026

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

La entrada «Magnifica Humanitas» Fruto temprano de Pentecostés se publicó primero en Diócesis Asidonia – Jerez.

Ver este artículo en la web de la diócesis

León XIV presenta su primera encíclica: ‘Magnifica humanitas’

0

León XIV presenta su primera encíclica: ‘Magnifica humanitas’

VATICAN NEWS (Isabella Piro).- Con motivo del 135.º aniversario de la ‘Rerum novarum’, el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, ‘Magnifica humanitas’, sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial. El llamamiento a custodiar “una magnífica humanidad habitada por Dios”, promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo

“La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos”. El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, “sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial”— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada hoy, lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. Y de su predecesor, el papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial.

Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una “fuerza antagónica respecto a la persona” (4), ni “un mal en sí misma” (9). Sin embargo, “no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza”. De ahí el llamamiento del Pontífice a “construir en el bien” y a “permanecer humanos”, siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que “el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar” (16).

TEXTO COMPLETO DE LA ENCÍCLICA «MAGNIFICA HUMANITAS»

 

La Doctrina Social de la Iglesia es teología de la comunión

El primer capítulo —Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio— repasa la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en el magisterio reciente y en el Concilio Vaticano II, poniendo de relieve «su carácter dinámico» (17). Lejos de ser «un manual de principios y normas que aplicar», la DSI es más bien «un camino de discernimiento comunitario», una «teología de la comunión en la historia» (27) que orienta la lectura de los acontecimientos a la luz del Evangelio. León XIV recuerda el pensamiento de sus predecesores: desde Pío XII —el primero en emplear la expresión «Doctrina social de la Iglesia» en la exhortación apostólica Menti nostrae de 1950— hasta el Papa Francisco, pasando naturalmente por la Rerum novarum de 1891, definida como «hito en la evolución del magisterio social» (30). En sus respectivas épocas, cada sucesor de Pedro «ha puesto de relieve diferentes aspectos de un único patrimonio: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, la destinación universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad» (45).

Proteger la dignidad humana: la persona no es un recurso que se pueda explotar

En el segundo capítulo, León XIV enumera los Fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia: entre los primeros, incluye la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Es necesario recordarlo, ya que «la presión de nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos» puede reducir a la persona a «un recurso que se usa y se explota» o a «lo que realiza o produce» (51). Por el contrario, «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada» (53). Un segundo fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia es la inviolabilidad de los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida «desde la concepción hasta su final natural»: a este respecto, León XIV define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como «decisiones gravemente ilícitas» (55). El tercer fundamento es el reconocimiento de los derechos de las minorías, con especial atención a las mujeres: en su favor, el Pontífice pide «decisiones concretas» en las leyes, en el trabajo, en la educación, en las responsabilidades sociales y políticas, para que sean verdaderamente escuchadas y valoradas (57).

Es inmoral e inaceptable eliminar o someter a una nación

En cuanto a los principios de la DSI, León XIV señala cinco: el primero es el bien común, «forma social de la dignidad reconocida a cada uno» (59). En un punto el Papa es particularmente firme: «La promoción del bien común no puede separarse nunca del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con su originalidad a la familia de las naciones». En consecuencia, «cualquier intento o proyecto de eliminar o someter a una nación es gravemente inmoral y, por tanto, inaceptable» (64).

La tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos

El segundo principio se refiere a la destinación universal de los bienes: aquí y en otros puntos de la encíclica, León XIV insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital (67). De ello se derivan el tercer y el cuarto principio, a saber, la subsidiariedad (68) —que exige superar el paternalismo y el asistencialismo en favor de la corresponsabilidad— y la solidaridad (73), «principio y virtud» que se opone a la indiferencia y tiene en cuenta a los pueblos y a las generaciones futuras.

La justicia social y la «prueba de fuego» de los migrantes

El quinto principio de la DSI señalado por el Papa es la justicia social: en la era digital, debe garantizar a todos un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los más frágiles, combatir el odio y la desinformación, someter a control público el uso de los datos y las tecnologías, «de modo que el criterio no sea solo el lucro, sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos» (80). León XIV señala en los migrantes, los refugiados y los desplazados un «banco de pruebas decisivo» en este ámbito: la forma en que la sociedad los trata demuestra «si la idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad». De ahí el llamamiento tanto a custodiar «el derecho a la esperanza» de quienes se ven obligados a partir, garantizándoles vías seguras y legales, una acogida digna y la integración; como a promover «el derecho a quedarse» de cada uno en su propia tierra en paz y seguridad, abordando «las causas profundas» de las migraciones (81).

Los abusos y el examen de conciencia para la Iglesia

El Pontífice entiende que los cinco principios mencionados están dirigidos no solo a la sociedad, sino también a la Iglesia, llamada a «un examen de conciencia»: el Papa exhorta a «depurar las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que producen desigualdades, opacidad y prevaricaciones». La invitación es a escuchar a las «víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia», ya que ello «forma parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención» (89).

Se necesita un código ético compartido sobre la IA

El tercer capítulo —Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA— entra en el meollo del tema de la inteligencia artificial. León XIV advierte contra el «paradigma tecnocrático» ya denunciado por Francisco y por el cual toda elección viene dictada exclusivamente por parámetros de eficiencia y beneficio (92). Por el contrario, la tecnología más potente no es necesariamente la mejor: la IA puede imitar y simular al hombre, pero no posee conciencia moral, empatía, capacidad afectiva, relacional ni espiritual. Por lo tanto, es necesario abordar la IA con sobriedad y vigilancia, manteniendo la claridad sobre las responsabilidades de todas sus etapas (accountability) y apostando por políticas y marcos jurídicos adecuados, una supervisión independiente y la educación de los usuarios. Sobre todo, se necesita un código ético sometido a criterios de justicia social compartida, porque «no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos» (107). Sin dejar de lado el impacto ambiental de las nuevas tecnologías, que requieren grandes cantidades de energía y agua, afectando a las emisiones de dióxido de carbono y dañando la Creación (101).

Desarmar la IA y sustraerla de la lógica competitiva

Hay que «desarmar la IA» —insiste León XIV— para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano. Esta tarea es ética, técnica y ecológica porque la IA «ya es el entorno en el que estamos inmersos y el poder con el que debemos contar» (110). Se dedica un amplio espacio a la crítica del transhumanismo y del poshumanismo, que interpretan el progreso como la superación de los límites de lo humano. En cambio, el límite no es un defecto que haya que eliminar, sino una dimensión constitutiva de la persona, porque «el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite» (118), reconociendo en la fragilidad y en la finitud lugares en los que maduran la relación, el cuidado y la apertura a Dios y al otro.

Que el progreso de la técnica no haga retroceder el corazón

Hay mucho en juego: hacer crecer la técnica eliminando los límites de lo humano significa, de hecho, hacer retroceder el corazón. Magnífica y, sin embargo, herida, la humanidad «no debe ser sustituida ni superada». La tecnología puede aliviar sus sufrimientos y abrirle nuevas posibilidades, pero no debe negarla en lo que le es propio: «la capacidad de relación y de amor» (126). Ante la IA, la verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos formas de construir el progreso: al servicio de la persona y de los pueblos o de las lógicas de poder (129). Una elección que nos concierne a todos: «la construcción de Babel o la de Jerusalén», las dos «ciudades» del hombre y de Dios señaladas también por san Agustín (130), comienza por cada uno.

Ecología de la comunicación y centralidad de la escuela

En el cuarto capítulo – Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad — la encíclica considera la verdad como un bien común y un elemento esencial de la democracia. En el entorno digital, la verdad debe plasmarse en una «ecología de la comunicación» para que la cultura generada por la web no se convierta en un instrumento de «homologación y dominio», sino en un espacio de maduración para la «libertad interior y el pensamiento crítico» (136-137). El Papa señala algunos instrumentos: transparencia en los criterios de selección de contenidos, protección de los datos personales, un periodismo serio basado en la argumentación y la verificación, una nueva conciencia en el uso «correcto y crítico» de la IA, la integración de los conocimientos. También se exige a la Iglesia una comunicación transparente y leal, sobre todo en los casos de injusticias y abusos. Es fundamental, en la encíclica, el llamamiento a una alianza educativa renovada para que en los jóvenes no se apague «el deseo de hacer preguntas» a causa de máquinas perfectas que hacen parecer inútil el pensamiento humano. «Debemos educarnos en el ayuno de la IA» (140), subraya León XIV, eliminando las desigualdades en el acceso a la educación y apostando por la escuela como lugar donde se aprende a «buscar y amar la verdad» (143) y se enseña lo que lo digital no puede dar: «tiempo compartido para aprender y relaciones fiables» (147).

El trabajo debe centrarse en la persona, no en el beneficio

En la «cuarta revolución industrial» que representa la transición digital, el Pontífice destaca la importancia de proteger la dignidad y el valor del trabajo: «Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores», explica, ya que la tecnología puede descalificar a los trabajadores, relegarlos a funciones marginales y someterlos a una vigilancia automatizada (150). Por el contrario, es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento, porque la tecnología puede sin duda liberar al hombre de tareas pesadas o repetitivas, pero no debe conducir en absoluto al desempleo en nombre de la reducción de costes y el aumento de los beneficios. En un escenario en el que se perfilan mayores niveles de pobreza y desigualdad, provocados por sistemas automatizados que han sustituido al hombre, el Pontífice aboga también por una renovación de las organizaciones sindicales (155).

El desarrollo no se mide solo en términos de PIB

La transformación digital debe gestionarse de antemano mediante criterios sociales estables, formación accesible y continua para los trabajadores y responsabilidad empresarial. El Pontífice señala, además, la necesidad de superar el PIB como parámetro del grado de desarrollo de un país, apostando en su lugar por la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducción de las desigualdades y la protección del medio ambiente. La financiación por la financiación es, de hecho, diferente de la financiación para el desarrollo (159-160). Y, siguiendo la estela de San Pablo VI, se subraya la interdependencia entre paz y desarrollo, abogando por una cooperación internacional capaz de definir estrategias comunes «sobre todo en favor de los países y los grupos más vulnerables», porque la prosperidad contribuye a la paz «solo si es generalizada, inclusiva y sostenible» (163).

La familia, bien social primario

En la encíclica destaca, además, la referencia a la familia, fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer: es «bien social primario», «célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria» (165) que debe apoyarse también mediante políticas laborales que favorezcan la estabilidad y ritmos humanos, de modo que se garantice el justo equilibrio de vida y se proteja esa «capacidad de construir el futuro» que hace generativa a la sociedad.

La «arquitectura de la visibilidad» y los riesgos para la libertad

Por último, el tema de la libertad humana, que hay que proteger contra la dependencia y la mercantilización: en una época en la que las plataformas digitales están diseñadas para acaparar el tiempo de los usuarios y explotar sus fragilidades, es urgente reforzar la libertad interior de cada uno y hacer frente al riesgo del control social derivado de la recopilación masiva de datos y del uso de sistemas algorítmicos. Perfilar, predecir y orientar los comportamientos es, de hecho, «un poder nuevo» (171) que corre el riesgo de discriminar a los más débiles. El Papa deplora, en particular, la «arquitectura de la visibilidad» que premia y amplifica solo lo que es visible, moldeando opiniones y generando conformismo.

Nuevas formas de esclavitud y nuevo colonialismo

La IA genera nuevas formas de esclavitud, como la de los «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» (173) de quienes trabajan en la extracción de las «tierras raras» necesarias para la tecnología. Por ello, la lucha contra las nuevas formas de esclavitud es otra «prueba decisiva para el discernimiento ético» de la transformación digital. A este respecto, León XIV subraya que «la Iglesia renueva su firme condena contra toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas» y reitera que no reaccionar o tolerar estas «graves violaciones de la dignidad humana» significa, de hecho, «hacerse cómplice» (174). Al mismo tiempo, el Papa pide «sinceramente perdón» por el retraso con el que la Iglesia, en el pasado, condenó «el flagelo de la esclavitud». La encíclica se refiere también a las «nuevas tierras raras del poder», es decir, la información vital —por ejemplo, sobre salud y demografía— utilizada para orientar las estrategias económicas. Se trata, explica el Pontífice, de una faceta inédita del colonialismo que se apropia de los datos y transforma las vidas personales en información explotable, convirtiendo el entorno digital en un «espacio de depredación» (178-179).

Superar la teoría de la «guerra justa»

En el quinto y último capítulo —La cultura del poder y la civilización del amor—, León XIV dirige su mirada hacia la guerra: «La revolución digital está modificando la gramática de los conflictos» y, sin un enfoque ético, las decisiones sobre la vida y la muerte de las personas serán cada vez más impersonales, considerándose el recurso a la fuerza como una «opción inmediata y viable» (182-183) . En la base de todo hay una «cultura del poder» que normaliza la guerra y la rehabilita como «instrumento de política internacional», favoreciendo el rearme. Sobre la opinión pública, que en el pasado veía la beligerancia solo como extrema ratio, hoy pesan también las narrativas mediáticas polarizantes, así como «una preocupante pérdida de memoria histórica» que nos priva de una visión a largo plazo (191). En consecuencia, hoy la paz ya no se entiende como una tarea que hay que asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos. Por ello, León XIV reitera que —sin perjuicio del derecho a la legítima defensa en su sentido más estricto— es necesario superar la teoría de la «guerra justa», promoviendo más bien el diálogo, la diplomacia y el perdón (192).

Ningún algoritmo hace que la guerra sea moralmente aceptable

El Papa Prevost no deja de lamentar el crecimiento de la industria bélica, la carrera armamentística nuclear y la aparición de nuevos actores armados —entre ellos los yihadistas— que pretenden perpetuar los conflictos como fuente de poder y de ingresos. Es contundente, además, la advertencia contra el uso de armas relacionadas con la IA, ya que «no existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable»; es más: la tecnología «no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad, solo puede hacerlo más rápido e impersonal, rebajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia es inevitable y solo hay que optimizarla» (198). Por lo tanto, se necesitan restricciones éticas rigurosas, compartidas a nivel internacional, basadas en la responsabilidad personal y en la protección de los civiles, porque «toda tecnología que facilite atacar sin ver el rostro del otro rebaja el umbral moral del conflicto» (199).

La crisis del multilateralismo

La cultura del poder surge también de la crisis del multilateralismo y del surgimiento de un «multipolarismo desordenado y conflictivo» en el que prevalece la desconfianza hacia el otro (201). La fuerza del derecho se sustituye por el derecho del más fuerte; las lógicas del poder prevalecen sobre la construcción de la paz, relegada a un segundo plano, y las instituciones creadas para custodiar el destino común de los pueblos se encuentran ahora debilitadas, sin que se reconozca su autoridad moral. A este respecto, el Papa auspicia para la ONU y para el sistema político internacional «reformas profundas» que superen la actual crisis de valores en favor del verdadero bien común (226).

Una Realpolitik irresponsable

Hoy, prosigue la encíclica, se libran guerras «híbridas» que abarcan los ámbitos económico, financiero e informático, aprovechando la desinformación y el miedo para influir en la opinión pública y presentar el aumento del gasto militar como la «única respuesta» a un futuro incierto. Pero todo esto no es más que un «falso realismo», una irresponsable Realpolitik que siembra en las conciencias y en las culturas la resignación ante una guerra ineludible y califica la paz de utopía (204-205). Sin excluir que, para algunos, el conflicto armado podría ser un instrumento de «gestión cínica» de las dificultades, así como una forma de desviar la atención de los problemas internos (208).

La civilización del amor

El cristiano está llamado a responder a esta cultura del poder construyendo «la civilización del amor»: la gracia, de hecho, no elimina el conflicto como por arte de magia, sino que genera «una resistencia activa al mal y una sorprendente creatividad en el bien» (211). Cada uno, en su ámbito de acción, está llamado a elegir entre alimentar la lógica de la fuerza o custodiar la paz, frenando la deshumanización con pequeños actos de fidelidad y tenacidad. El Papa señala cinco «vías de responsabilidad»: desarmar las palabras diciendo la verdad; construir la paz en la justicia; asumir la mirada de las víctimas tomando posición, porque hay conflictos en los que «no es justo permanecer neutrales». Los ataques contra civiles, hospitales e infraestructuras hieren a la propia humanidad y no pueden quedar relegados al ámbito del análisis abstracto. Por el contrario, hay que dar voz a las víctimas para «tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra» la guerra y toda violencia (217). Y aún más: el Papa exhorta a cultivar «un sano realismo» que busque vías de paz viables con hechos, no solo con palabras.

No utilizar el nombre de Dios para legitimar la guerra

Por último, relanzar el diálogo pasando de una cultura del poder a una cultura de la negociación. También es decisivo «el diálogo entre las religiones», portador de un mensaje de paz. «Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra, traiciona su rostro —advierte León XIV—: luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la propia religión» (223). Por su parte, la diplomacia de la Santa Sede utiliza «el principio evangélico de la misericordia» como criterio concreto de la acción política. De ahí deriva la exhortación a la oración, porque la paz proviene ante todo de Dios (227-228).

La magnífica humanidad

Al concluir la carta, el Pontífice invita a los fieles a vivir las nuevas tecnologías a la luz del Evangelio, siguiendo «un itinerario de vida cristiana sobrio y exigente», para que, incluso en la era de la IA, todos puedan dar testimonio de «la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».

 

The post León XIV presenta su primera encíclica: ‘Magnifica humanitas’ first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Nueva encíclica del Papa León XIV «Magnifica Humanitas»

0

El Vaticano ha dado a conocer la primera encíclica del Papa León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial

La nueva encíclica del papa León XIV se titula Magnifica humanitas (“Magnífica humanidad”) ha sido publicada hoy, 25 de mayo de 2026. Es la primera gran encíclica de su pontificado y está centrada en la inteligencia artificial, la dignidad humana y los riesgos del poder tecnológico concentrado. El documento aborda la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial en vísperas de su viaje a España.

El Papa firmó el documento el pasado 15 de mayo, el mismo día que en 1891 León XIII publicó su encíclica ‘Rerum Novarum’ para dar respuesta a la Revolución Industrial.

Presentación con promulgación de la Carta Encíclica Magnifica humanitas

 

Pablo Lora Blasco, sacerdote, estudiante en Comunicación universidad Loyola.

¿Torre de Babel o la Ciudad de Dios? Cómo cuidar nuestra humanidad en los tiempos de la Inteligencia Artificial

Vivimos en un cambio de época acelerado. No hace falta ser un científico para darse cuenta de que la tecnología ha transformado la manera en que compramos, trabajamos y nos comunicamos. Nuestros jóvenes estudian pegados a pantallas, los mayores ven cómo cambian sus entornos laborales de toda la vida, las familias intentan conversar en salones donde los teléfonos móviles a menudo roban el protagonismo, y las noticias nos hablan de algoritmos y luchas geopolíticas por el control de los datos.

En medio de esta encrucijada, el Santo Padre León XIV nos ha regalado una brújula espiritual y pastoral de primer orden: la Encíclica Magnifica Humanitas. No estamos ante un documento magisterial más; estamos ante una llamada urgente y amorosa a custodiar lo más sagrado que tenemos: nuestra condición de hijos de Dios en un mundo cada vez más automatizado.

El plan original: creados para la comunión

Para entender el mensaje del Papa, debemos volver la mirada al Génesis. Dios no nos creó como islas aisladas o piezas de un engranaje frío. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda con belleza que “por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien” (CEC 357). Dios mismo es comunidad, es amor y es el autor de la comunicación. Nos creó seres comunicados y comunitarios para reflejar su propia vida.

Sin embargo, el Papa León XIV nos advierte sobre un riesgo histórico. En la introducción de la encíclica nos sitúa ante una decisión idéntica a la del relato bíblico: “La magnífica humanidad se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” (MH 1).

La Torre de Babel representa la tentación de la autosuficiencia tecnológica, un mundo donde pretendemos salvarnos solos a través del poder, pero que termina desintegrándonos y confundiéndonos. Por el contrario, la Ciudad de Dios se construye desde la escucha, la sinodalidad y la apertura al prójimo.

La tecnología en las distintas etapas de la vida

La encíclica no habla de teorías abstractas; baja directamente a los ámbitos de nuestra vida cotidiana:

• Los jóvenes en la educación: El progreso técnico es una expresión de la creatividad humana que Dios nos ha dado. Pero la educación no puede reducirse a que nuestros jóvenes sean simples receptores de datos o rendimientos algorítmicos. Necesitan espacios donde se cultive la sabiduría del corazón, el pensamiento crítico y la empatía. Como nos dice San Pablo: “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno”(1 Tesalonicenses 5, 21).

• Los mayores en el trabajo: Frente a la transición digital que a menudo margina a quienes no han nacido en la era de internet, la Doctrina Social de la Iglesia defiende que el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo. El valor de una persona no se mide por su productividad digital o su rendimiento. La fragilidad y la experiencia de nuestros mayores son lugares auténticos de encuentro y de profunda humanidad.

• Las familias en el hogar: La tecnología debe estar al servicio de las relaciones familiares, no al revés. Un buen uso de las pantallas nos ayuda a comunicarnos con los que están lejos, pero un mal uso puede aislarnos de los que tenemos al lado. El Papa nos invita a redescubrir el diálogo en el hogar, haciendo de nuestras casas verdaderas iglesias domésticas abiertas a la escucha.

Cuidar de uno mismo para cuidar del prójimo

Una de las grandes aportaciones de Magnifica Humanitas es que nos recuerda que la máquina nunca podrá sustituir el misterio del alma humana. El ser humano es un ser limitado y frágil, y es precisamente en el reconocimiento de esa limitación donde nace la necesidad de Dios y del prójimo. Si nos convertimos en esclavos de la eficiencia digital, corremos el riesgo de adormecer nuestra capacidad de compasión.

El apóstol san Juan nos dejó escrito algo que brilla con fuerza en esta era digital: “Si Dios nos ha amado así, nosotros también debemos amarnos unos a otros” (1 Juan 4, 11). El buen uso de la tecnología pasa por un discernimiento constante: ¿Este dispositivo o esta aplicación me acerca más a mi hermano o me distancia de él? ¿Me ayuda a ser más solidario o me encierra en mi propio egoísmo? Orientar el inmenso poder tecnológico hacia el bien común no es una opción, es una responsabilidad inédita y compartida.

Una invitación a ponernos en camino

El Santo Padre concluye la encíclica con una hermosa imagen mariana, invitándonos a refugiarnos en la lógica del Magnificat, un canto que invierte las dinámicas del poder del mundo y ensalza la humildad y el cuidado de los más frágiles. Nos pide que seamos “constructores de comunión, no arquitectos de Babel” (MH 16). Queridos hermanos, este documento es una invitación estimulante a no tener miedo al futuro, sino a habitarlo con la valentía del Evangelio. Los animo encarecidamente a leer la encíclica Magnifica Humanitas, a meditarla en sus grupos parroquiales, a comentarla en familia y a dejar que sus enseñanzas guíen nuestro día a día digital. Que en esta gran conversación sinodal que es la Iglesia, sepamos usar la tecnología para construir puentes de verdad, de justicia y, sobre todo, de un amor profundamente humano.

La entrada Nueva encíclica del Papa León XIV «Magnifica Humanitas» apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

Nueva encíclica del Papa León XIV «Magnifica Humanitas»

0

El Vaticano ha dado a conocer la primera encíclica del Papa León XIV sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial

La nueva encíclica del papa León XIV se titula Magnifica humanitas (“Magnífica humanidad”) ha sido publicada hoy, 25 de mayo de 2026. Es la primera gran encíclica de su pontificado y está centrada en la inteligencia artificial, la dignidad humana y los riesgos del poder tecnológico concentrado. El documento aborda la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial en vísperas de su viaje a España.

El Papa firmó el documento el pasado 15 de mayo, el mismo día que en 1891 León XIII publicó su encíclica ‘Rerum Novarum’ para dar respuesta a la Revolución Industrial.

Presentación con promulgación de la Carta Encíclica Magnifica humanitas

 

Pablo Lora Blasco, sacerdote, estudiante en Comunicación universidad Loyola.

¿Torre de Babel o la Ciudad de Dios? Cómo cuidar nuestra humanidad en los tiempos de la Inteligencia Artificial

Vivimos en un cambio de época acelerado. No hace falta ser un científico para darse cuenta de que la tecnología ha transformado la manera en que compramos, trabajamos y nos comunicamos. Nuestros jóvenes estudian pegados a pantallas, los mayores ven cómo cambian sus entornos laborales de toda la vida, las familias intentan conversar en salones donde los teléfonos móviles a menudo roban el protagonismo, y las noticias nos hablan de algoritmos y luchas geopolíticas por el control de los datos.

En medio de esta encrucijada, el Santo Padre León XIV nos ha regalado una brújula espiritual y pastoral de primer orden: la Encíclica Magnifica Humanitas. No estamos ante un documento magisterial más; estamos ante una llamada urgente y amorosa a custodiar lo más sagrado que tenemos: nuestra condición de hijos de Dios en un mundo cada vez más automatizado.

El plan original: creados para la comunión

Para entender el mensaje del Papa, debemos volver la mirada al Génesis. Dios no nos creó como islas aisladas o piezas de un engranaje frío. El Catecismo de la Iglesia Católica nos recuerda con belleza que “por haber sido hecho a imagen de Dios, el ser humano tiene la dignidad de persona; no es solamente algo, sino alguien” (CEC 357). Dios mismo es comunidad, es amor y es el autor de la comunicación. Nos creó seres comunicados y comunitarios para reflejar su propia vida.

Sin embargo, el Papa León XIV nos advierte sobre un riesgo histórico. En la introducción de la encíclica nos sitúa ante una decisión idéntica a la del relato bíblico: “La magnífica humanidad se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos” (MH 1).

La Torre de Babel representa la tentación de la autosuficiencia tecnológica, un mundo donde pretendemos salvarnos solos a través del poder, pero que termina desintegrándonos y confundiéndonos. Por el contrario, la Ciudad de Dios se construye desde la escucha, la sinodalidad y la apertura al prójimo.

La tecnología en las distintas etapas de la vida

La encíclica no habla de teorías abstractas; baja directamente a los ámbitos de nuestra vida cotidiana:

• Los jóvenes en la educación: El progreso técnico es una expresión de la creatividad humana que Dios nos ha dado. Pero la educación no puede reducirse a que nuestros jóvenes sean simples receptores de datos o rendimientos algorítmicos. Necesitan espacios donde se cultive la sabiduría del corazón, el pensamiento crítico y la empatía. Como nos dice San Pablo: “Examinadlo todo y quedaos con lo bueno”(1 Tesalonicenses 5, 21).

• Los mayores en el trabajo: Frente a la transición digital que a menudo margina a quienes no han nacido en la era de internet, la Doctrina Social de la Iglesia defiende que el trabajo es para el hombre y no el hombre para el trabajo. El valor de una persona no se mide por su productividad digital o su rendimiento. La fragilidad y la experiencia de nuestros mayores son lugares auténticos de encuentro y de profunda humanidad.

• Las familias en el hogar: La tecnología debe estar al servicio de las relaciones familiares, no al revés. Un buen uso de las pantallas nos ayuda a comunicarnos con los que están lejos, pero un mal uso puede aislarnos de los que tenemos al lado. El Papa nos invita a redescubrir el diálogo en el hogar, haciendo de nuestras casas verdaderas iglesias domésticas abiertas a la escucha.

Cuidar de uno mismo para cuidar del prójimo

Una de las grandes aportaciones de Magnifica Humanitas es que nos recuerda que la máquina nunca podrá sustituir el misterio del alma humana. El ser humano es un ser limitado y frágil, y es precisamente en el reconocimiento de esa limitación donde nace la necesidad de Dios y del prójimo. Si nos convertimos en esclavos de la eficiencia digital, corremos el riesgo de adormecer nuestra capacidad de compasión.

El apóstol san Juan nos dejó escrito algo que brilla con fuerza en esta era digital: “Si Dios nos ha amado así, nosotros también debemos amarnos unos a otros” (1 Juan 4, 11). El buen uso de la tecnología pasa por un discernimiento constante: ¿Este dispositivo o esta aplicación me acerca más a mi hermano o me distancia de él? ¿Me ayuda a ser más solidario o me encierra en mi propio egoísmo? Orientar el inmenso poder tecnológico hacia el bien común no es una opción, es una responsabilidad inédita y compartida.

Una invitación a ponernos en camino

El Santo Padre concluye la encíclica con una hermosa imagen mariana, invitándonos a refugiarnos en la lógica del Magnificat, un canto que invierte las dinámicas del poder del mundo y ensalza la humildad y el cuidado de los más frágiles. Nos pide que seamos “constructores de comunión, no arquitectos de Babel” (MH 16). Queridos hermanos, este documento es una invitación estimulante a no tener miedo al futuro, sino a habitarlo con la valentía del Evangelio. Los animo encarecidamente a leer la encíclica Magnifica Humanitas, a meditarla en sus grupos parroquiales, a comentarla en familia y a dejar que sus enseñanzas guíen nuestro día a día digital. Que en esta gran conversación sinodal que es la Iglesia, sepamos usar la tecnología para construir puentes de verdad, de justicia y, sobre todo, de un amor profundamente humano.

La entrada Nueva encíclica del Papa León XIV «Magnifica Humanitas» apareció primero en Diócesis de Córdoba. Ver este artículo en la web de la diócesis

El Papa León XIV publica su primera encíclica: «Magnifica humanitas»

0

Con motivo del 135.º aniversario de la «Rerum novarum», el Pontífice reflexiona en su primera encíclica, «Magnifica humanitas», sobre la doctrina social de la Iglesia en la era de la inteligencia artificial. El llamamiento a custodiar «una magnífica humanidad habitada por Dios», promoviendo la verdad, la dignidad del trabajo, la justicia social y la paz. En la era digital, es necesario desarmar la IA y superar la teoría de la «guerra justa», relanzando el diálogo y el multilateralismo

«La magnífica humanidad que Dios ha creado se encuentra hoy ante una elección decisiva: levantar una nueva torre de Babel o edificar la ciudad donde Dios y la humanidad habiten juntos». El incipit de la primera encíclica de León XIV —Magnifica humanitas, «sobre la custodia de la persona humana en la era de la inteligencia artificial»— resume sus razones fundamentales y su propósito. Publicada hoy, lunes 25 de mayo, fue firmada por el Pontífice el pasado 15 de mayo, en el 135.º aniversario de la promulgación de la Rerum novarum de León XIII. Y de su predecesor, el papa Prevost, ha recogido el legado, escribiendo una encíclica social que aborda uno de los principales retos de la época contemporánea: la inteligencia artificial.

Dividida en cinco capítulos, más una introducción y una conclusión, Magnifica humanitas parte de una premisa: la tecnología no es una «fuerza antagónica respecto a la persona» (4), ni «un mal en sí misma» (9). Sin embargo, «no es neutra, porque asume el rostro de quien la concibe, la financia, la regula y la utiliza». De ahí el llamamiento del Pontífice a «construir en el bien» y a «permanecer humanos», siguiendo la lógica de la corresponsabilidad valiente, de la subsidiariedad, de la comunión, para que «el mundo pueda reconocer… en el corazón del ser humano el lugar donde Dios desea habitar» (16).

TEXTO COMPLETO DE LA ENCÍCLICA “MAGNIFICA HUMANITAS”

La Doctrina Social de la Iglesia es teología de la comunión

El primer capítulo —Un pensamiento dinámico fiel al Evangelio— repasa la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) en el magisterio reciente y en el Concilio Vaticano II, poniendo de relieve «su carácter dinámico» (17). Lejos de ser «un manual de principios y normas que aplicar», la DSI es más bien «un camino de discernimiento comunitario», una «teología de la comunión en la historia» (27) que orienta la lectura de los acontecimientos a la luz del Evangelio. León XIV recuerda el pensamiento de sus predecesores: desde Pío XII —el primero en emplear la expresión «Doctrina social de la Iglesia» en la exhortación apostólica Menti nostrae de 1950— hasta el Papa Francisco, pasando naturalmente por la Rerum novarum de 1891, definida como «hito en la evolución del magisterio social» (30). En sus respectivas épocas, cada sucesor de Pedro «ha puesto de relieve diferentes aspectos de un único patrimonio: la dignidad de la persona, el valor del trabajo, la destinación universal de los bienes, la solidaridad y la subsidiariedad, el cuidado de la creación, la centralidad de la paz y la fraternidad» (45).

Proteger la dignidad humana: la persona no es un recurso que se pueda explotar

En el segundo capítulo, León XIV enumera los Fundamentos y principios de la Doctrina social de la Iglesia: entre los primeros, incluye la dignidad de la persona, creada a imagen y semejanza de Dios. Es necesario recordarlo, ya que «la presión de nuevas ideologías y de determinados intereses muy poderosos» puede reducir a la persona a «un recurso que se usa y se explota» o a «lo que realiza o produce» (51). Por el contrario, «la dignidad fundamental de cada persona no se adquiere ni se merece, ni necesita ser demostrada» (53). Un segundo fundamento de la Doctrina Social de la Iglesia es la inviolabilidad de los derechos humanos, entre los cuales el primero es el derecho a la vida «desde la concepción hasta su final natural»: a este respecto, León XIV define el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia como «decisiones gravemente ilícitas» (55). El tercer fundamento es el reconocimiento de los derechos de las minorías, con especial atención a las mujeres: en su favor, el Pontífice pide «decisiones concretas» en las leyes, en el trabajo, en la educación, en las responsabilidades sociales y políticas, para que sean verdaderamente escuchadas y valoradas (57).

Es inmoral e inaceptable eliminar o someter a una nación

En cuanto a los principios de la DSI, León XIV señala cinco: el primero es el bien común, «forma social de la dignidad reconocida a cada uno» (59). En un punto el Papa es particularmente firme: «La promoción del bien común no puede separarse nunca del respeto al derecho de los pueblos a existir, a custodiar su propia identidad y a contribuir con su originalidad a la familia de las naciones». En consecuencia, «cualquier intento o proyecto de eliminar o someter a una nación es gravemente inmoral y, por tanto, inaceptable» (64).

La tecnología no debe concentrarse en manos de unos pocos

El segundo principio se refiere a la destinación universal de los bienes: aquí y en otros puntos de la encíclica, León XIV insiste en la necesidad de que los conocimientos y las tecnologías no se concentren en manos de unos pocos, alimentando la brecha entre los incluidos y los excluidos de la revolución digital (67). De ello se derivan el tercer y el cuarto principio, a saber, la subsidiariedad (68) —que exige superar el paternalismo y el asistencialismo en favor de la corresponsabilidad— y la solidaridad (73), «principio y virtud» que se opone a la indiferencia y tiene en cuenta a los pueblos y a las generaciones futuras.

La justicia social y la «prueba de fuego» de los migrantes

El quinto principio de la DSI señalado por el Papa es la justicia social: en la era digital, debe garantizar a todos un acceso equitativo a las oportunidades, proteger a los más frágiles, combatir el odio y la desinformación, someter a control público el uso de los datos y las tecnologías, «de modo que el criterio no sea solo el lucro, sino la dignidad de cada persona y el bien de los pueblos» (80). León XIV señala en los migrantes, los refugiados y los desplazados un «banco de pruebas decisivo» en este ámbito: la forma en que la sociedad los trata demuestra «si la idea de justicia está guiada por el miedo o por la fraternidad». De ahí el llamamiento tanto a custodiar «el derecho a la esperanza» de quienes se ven obligados a partir, garantizándoles vías seguras y legales, una acogida digna y la integración; como a promover «el derecho a quedarse» de cada uno en su propia tierra en paz y seguridad, abordando «las causas profundas» de las migraciones (81).

Los abusos y el examen de conciencia para la Iglesia

El Pontífice entiende que los cinco principios mencionados están dirigidos no solo a la sociedad, sino también a la Iglesia, llamada a «un examen de conciencia»: el Papa exhorta a «depurar las relaciones y las estructuras eclesiales de aquellas distorsiones que producen desigualdades, opacidad y prevaricaciones». La invitación es a escuchar a las «víctimas de abusos espirituales, económicos, institucionales, sexuales, de poder y de conciencia», ya que ello «forma parte integrante de un camino de justicia, que comprende el reconocimiento del daño, la reparación justa y la prevención» (89).

Se necesita un código ético compartido sobre la IA

El tercer capítulo —Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la IA— entra en el meollo del tema de la inteligencia artificial. León XIV advierte contra el «paradigma tecnocrático» ya denunciado por Francisco y por el cual toda elección viene dictada exclusivamente por parámetros de eficiencia y beneficio (92). Por el contrario, la tecnología más potente no es necesariamente la mejor: la IA puede imitar y simular al hombre, pero no posee conciencia moral, empatía, capacidad afectiva, relacional ni espiritual. Por lo tanto, es necesario abordar la IA con sobriedad y vigilancia, manteniendo la claridad sobre las responsabilidades de todas sus etapas (accountability) y apostando por políticas y marcos jurídicos adecuados, una supervisión independiente y la educación de los usuarios. Sobre todo, se necesita un código ético sometido a criterios de justicia social compartida, porque «no sirve una IA más moral si esa moral la deciden unos pocos» (107). Sin dejar de lado el impacto ambiental de las nuevas tecnologías, que requieren grandes cantidades de energía y agua, afectando a las emisiones de dióxido de carbono y dañando la Creación (101).

Desarmar la IA y sustraerla de la lógica competitiva

Hay que «desarmar la IA» —insiste León XIV— para sustraerla de la lógica de la competencia militar, económica y cognitiva; para romper la equivalencia entre poder técnico y derecho a gobernar; para sustraerla de los monopolios e impedir que domine al ser humano. Esta tarea es ética, técnica y ecológica porque la IA «ya es el entorno en el que estamos inmersos y el poder con el que debemos contar» (110). Se dedica un amplio espacio a la crítica del transhumanismo y del poshumanismo, que interpretan el progreso como la superación de los límites de lo humano. En cambio, el límite no es un defecto que haya que eliminar, sino una dimensión constitutiva de la persona, porque «el ser humano no florece a pesar del límite, sino a menudo a través del límite» (118), reconociendo en la fragilidad y en la finitud lugares en los que maduran la relación, el cuidado y la apertura a Dios y al otro.

Que el progreso de la técnica no haga retroceder el corazón

Hay mucho en juego: hacer crecer la técnica eliminando los límites de lo humano significa, de hecho, hacer retroceder el corazón. Magnífica y, sin embargo, herida, la humanidad «no debe ser sustituida ni superada». La tecnología puede aliviar sus sufrimientos y abrirle nuevas posibilidades, pero no debe negarla en lo que le es propio: «la capacidad de relación y de amor» (126). Ante la IA, la verdadera alternativa no está entre el entusiasmo y el miedo, sino entre dos formas de construir el progreso: al servicio de la persona y de los pueblos o de las lógicas de poder (129). Una elección que nos concierne a todos: «la construcción de Babel o la de Jerusalén», las dos «ciudades» del hombre y de Dios señaladas también por san Agustín (130), comienza por cada uno.

Ecología de la comunicación y centralidad de la escuela

En el cuarto capítulo – Custodiar lo humano en la transformación. Verdad, trabajo, libertad — la encíclica considera la verdad como un bien común y un elemento esencial de la democracia. En el entorno digital, la verdad debe plasmarse en una «ecología de la comunicación» para que la cultura generada por la web no se convierta en un instrumento de «homologación y dominio», sino en un espacio de maduración para la «libertad interior y el pensamiento crítico» (136-137). El Papa señala algunos instrumentos: transparencia en los criterios de selección de contenidos, protección de los datos personales, un periodismo serio basado en la argumentación y la verificación, una nueva conciencia en el uso «correcto y crítico» de la IA, la integración de los conocimientos. También se exige a la Iglesia una comunicación transparente y leal, sobre todo en los casos de injusticias y abusos. Es fundamental, en la encíclica, el llamamiento a una alianza educativa renovada para que en los jóvenes no se apague «el deseo de hacer preguntas» a causa de máquinas perfectas que hacen parecer inútil el pensamiento humano. «Debemos educarnos en el ayuno de la IA» (140), subraya León XIV, eliminando las desigualdades en el acceso a la educación y apostando por la escuela como lugar donde se aprende a «buscar y amar la verdad» (143) y se enseña lo que lo digital no puede dar: «tiempo compartido para aprender y relaciones fiables» (147).

El trabajo debe centrarse en la persona, no en el beneficio

En la «cuarta revolución industrial» que representa la transición digital, el Pontífice destaca la importancia de proteger la dignidad y el valor del trabajo: «Las nuevas formas de trabajar no son necesariamente mejores», explica, ya que la tecnología puede descalificar a los trabajadores, relegarlos a funciones marginales y someterlos a una vigilancia automatizada (150). Por el contrario, es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no solo en el rendimiento, porque la tecnología puede sin duda liberar al hombre de tareas pesadas o repetitivas, pero no debe conducir en absoluto al desempleo en nombre de la reducción de costes y el aumento de los beneficios. En un escenario en el que se perfilan mayores niveles de pobreza y desigualdad, provocados por sistemas automatizados que han sustituido al hombre, el Pontífice aboga también por una renovación de las organizaciones sindicales (155).

El desarrollo no se mide solo en términos de PIB

La transformación digital debe gestionarse de antemano mediante criterios sociales estables, formación accesible y continua para los trabajadores y responsabilidad empresarial. El Pontífice señala, además, la necesidad de superar el PIB como parámetro del grado de desarrollo de un país, apostando en su lugar por la dignidad del trabajo, la prosperidad compartida, la reducción de las desigualdades y la protección del medio ambiente. La financiación por la financiación es, de hecho, diferente de la financiación para el desarrollo (159-160). Y, siguiendo la estela de San Pablo VI, se subraya la interdependencia entre paz y desarrollo, abogando por una cooperación internacional capaz de definir estrategias comunes «sobre todo en favor de los países y los grupos más vulnerables», porque la prosperidad contribuye a la paz «solo si es generalizada, inclusiva y sostenible» (163).

La familia, bien social primario

En la encíclica destaca, además, la referencia a la familia, fundada en la unión estable entre un hombre y una mujer: es «bien social primario», «célula fundamental e insustituible de toda organización comunitaria» (165) que debe apoyarse también mediante políticas laborales que favorezcan la estabilidad y ritmos humanos, de modo que se garantice el justo equilibrio de vida y se proteja esa «capacidad de construir el futuro» que hace generativa a la sociedad.

La «arquitectura de la visibilidad» y los riesgos para la libertad

Por último, el tema de la libertad humana, que hay que proteger contra la dependencia y la mercantilización: en una época en la que las plataformas digitales están diseñadas para acaparar el tiempo de los usuarios y explotar sus fragilidades, es urgente reforzar la libertad interior de cada uno y hacer frente al riesgo del control social derivado de la recopilación masiva de datos y del uso de sistemas algorítmicos. Perfilar, predecir y orientar los comportamientos es, de hecho, «un poder nuevo» (171) que corre el riesgo de discriminar a los más débiles. El Papa deplora, en particular, la «arquitectura de la visibilidad» que premia y amplifica solo lo que es visible, moldeando opiniones y generando conformismo.

Nuevas formas de esclavitud y nuevo colonialismo

La IA genera nuevas formas de esclavitud, como la de los «cuerpos marcados, mutilados, consumidos» (173) de quienes trabajan en la extracción de las «tierras raras» necesarias para la tecnología. Por ello, la lucha contra las nuevas formas de esclavitud es otra «prueba decisiva para el discernimiento ético» de la transformación digital. A este respecto, León XIV subraya que «la Iglesia renueva su firme condena contra toda forma de esclavitud, trata y mercantilización de las personas» y reitera que no reaccionar o tolerar estas «graves violaciones de la dignidad humana» significa, de hecho, «hacerse cómplice» (174). Al mismo tiempo, el Papa pide «sinceramente perdón» por el retraso con el que la Iglesia, en el pasado, condenó «el flagelo de la esclavitud». La encíclica se refiere también a las «nuevas tierras raras del poder», es decir, la información vital —por ejemplo, sobre salud y demografía— utilizada para orientar las estrategias económicas. Se trata, explica el Pontífice, de una faceta inédita del colonialismo que se apropia de los datos y transforma las vidas personales en información explotable, convirtiendo el entorno digital en un «espacio de depredación» (178-179).

Superar la teoría de la «guerra justa»

En el quinto y último capítulo —La cultura del poder y la civilización del amor—, León XIV dirige su mirada hacia la guerra: «La revolución digital está modificando la gramática de los conflictos» y, sin un enfoque ético, las decisiones sobre la vida y la muerte de las personas serán cada vez más impersonales, considerándose el recurso a la fuerza como una «opción inmediata y viable» (182-183) . En la base de todo hay una «cultura del poder» que normaliza la guerra y la rehabilita como «instrumento de política internacional», favoreciendo el rearme. Sobre la opinión pública, que en el pasado veía la beligerancia solo como extrema ratio, hoy pesan también las narrativas mediáticas polarizantes, así como «una preocupante pérdida de memoria histórica» que nos priva de una visión a largo plazo (191). En consecuencia, hoy la paz ya no se entiende como una tarea que hay que asumir, sino como un intervalo precario entre conflictos. Por ello, León XIV reitera que —sin perjuicio del derecho a la legítima defensa en su sentido más estricto— es necesario superar la teoría de la «guerra justa», promoviendo más bien el diálogo, la diplomacia y el perdón (192).

Ningún algoritmo hace que la guerra sea moralmente aceptable

El Papa Prevost no deja de lamentar el crecimiento de la industria bélica, la carrera armamentística nuclear y la aparición de nuevos actores armados —entre ellos los yihadistas— que pretenden perpetuar los conflictos como fuente de poder y de ingresos. Es contundente, además, la advertencia contra el uso de armas relacionadas con la IA, ya que «no existe ningún algoritmo que pueda hacer que la guerra sea moralmente aceptable»; es más: la tecnología «no libera al conflicto de su intrínseca inhumanidad, solo puede hacerlo más rápido e impersonal, rebajando el umbral del recurso a la violencia y transformando la defensa en previsión operativa, con las víctimas reducidas a datos. Así, nos acostumbra a la idea de que la violencia es inevitable y solo hay que optimizarla» (198). Por lo tanto, se necesitan restricciones éticas rigurosas, compartidas a nivel internacional, basadas en la responsabilidad personal y en la protección de los civiles, porque «toda tecnología que facilite atacar sin ver el rostro del otro rebaja el umbral moral del conflicto» (199).

La crisis del multilateralismo

La cultura del poder surge también de la crisis del multilateralismo y del surgimiento de un «multipolarismo desordenado y conflictivo» en el que prevalece la desconfianza hacia el otro (201). La fuerza del derecho se sustituye por el derecho del más fuerte; las lógicas del poder prevalecen sobre la construcción de la paz, relegada a un segundo plano, y las instituciones creadas para custodiar el destino común de los pueblos se encuentran ahora debilitadas, sin que se reconozca su autoridad moral. A este respecto, el Papa auspicia para la ONU y para el sistema político internacional «reformas profundas» que superen la actual crisis de valores en favor del verdadero bien común (226).

Una Realpolitik irresponsable

Hoy, prosigue la encíclica, se libran guerras «híbridas» que abarcan los ámbitos económico, financiero e informático, aprovechando la desinformación y el miedo para influir en la opinión pública y presentar el aumento del gasto militar como la «única respuesta» a un futuro incierto. Pero todo esto no es más que un «falso realismo», una irresponsable Realpolitik que siembra en las conciencias y en las culturas la resignación ante una guerra ineludible y califica la paz de utopía (204-205). Sin excluir que, para algunos, el conflicto armado podría ser un instrumento de «gestión cínica» de las dificultades, así como una forma de desviar la atención de los problemas internos (208).

La civilización del amor

El cristiano está llamado a responder a esta cultura del poder construyendo «la civilización del amor»: la gracia, de hecho, no elimina el conflicto como por arte de magia, sino que genera «una resistencia activa al mal y una sorprendente creatividad en el bien» (211). Cada uno, en su ámbito de acción, está llamado a elegir entre alimentar la lógica de la fuerza o custodiar la paz, frenando la deshumanización con pequeños actos de fidelidad y tenacidad. El Papa señala cinco «vías de responsabilidad»: desarmar las palabras diciendo la verdad; construir la paz en la justicia; asumir la mirada de las víctimas tomando posición, porque hay conflictos en los que «no es justo permanecer neutrales». Los ataques contra civiles, hospitales e infraestructuras hieren a la propia humanidad y no pueden quedar relegados al ámbito del análisis abstracto. Por el contrario, hay que dar voz a las víctimas para «tomar verdadera conciencia del abismo de maldad que encierra» la guerra y toda violencia (217). Y aún más: el Papa exhorta a cultivar «un sano realismo» que busque vías de paz viables con hechos, no solo con palabras.

No utilizar el nombre de Dios para legitimar la guerra

Por último, relanzar el diálogo pasando de una cultura del poder a una cultura de la negociación. También es decisivo «el diálogo entre las religiones», portador de un mensaje de paz. «Quien utiliza el nombre de Dios para legitimar el terrorismo, la violencia o la guerra, traiciona su rostro —advierte León XIV—: luchar en nombre de la religión significa, en realidad, golpear a la propia religión» (223). Por su parte, la diplomacia de la Santa Sede utiliza «el principio evangélico de la misericordia» como criterio concreto de la acción política. De ahí deriva la exhortación a la oración, porque la paz proviene ante todo de Dios (227-228).

La magnífica humanidad

Al concluir la carta, el Pontífice invita a los fieles a vivir las nuevas tecnologías a la luz del Evangelio, siguiendo «un itinerario de vida cristiana sobrio y exigente», para que, incluso en la era de la IA, todos puedan dar testimonio de «la belleza de una magnífica humanidad habitada por Dios».

Fuente: Vaticans News

The post El Papa León XIV publica su primera encíclica: «Magnifica humanitas» first appeared on Diócesis de Jaén.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Clausura en la catedral del Año Jubilar de las Hijas de Cristo Rey

0

Presidida por nuestro arzobispo, que agradecía a este Instituto su acción misionera en la Iglesia, cuya historia en Granada está estrechamente relacionada con la Abadía del Sacromonte y su fundador D. José Gras y Granollers.

Desde el 24 de mayo de 2025 y hasta el día de ayer -24 de mayo de 2026- se ha celebrado el Año Jubilar concedido al Instituto Hijas de Cristo Rey, nacida en Granada de la mano de D. José Gras y Granollers y cuya historia está estrechamente vinculada a la Abadía del Sacromonte, de donde este sacerdote era canónigo.  

En la Eucaristía celebrada en la catedral ayer domingo, Solemnidad de Pentecostés, concluía este año de gracia concedido por la Santa Sede con ocasión del 150 aniversario de su fundación.

“Este sacerdote, que, en el discurrir normal de muchos sacerdotes, acaba siendo sacerdote del capítulo de la Abadía del Sacromonte, se preocupa y quiere instaurar el Reino de Dios en una sociedad. ¿Y cómo lo hace? Con aquello que es más necesario y que entra también de pleno derecho en la misión de la Iglesia: enseñar. Id y enseñar. Id y enseñar para hacer hombres y mujeres conforme al Evangelio, con los criterios de Cristo. Que transformen la sociedad como sal de la tierra y como luz del mundo. Que hagan un mundo más justo, más humano, a la par que mete en el Espíritu esa capacidad de Dios para aspirar a los bienes de allá arriba, como nos dice San Pablo, también”, señaló nuestro arzobispo D. José María Gil Tamayo en sus palabras durante la Eucaristía de clausura jubilar celebrada en la Solemnidad de Pentecostés en la Catedral.

“Yo, como arzobispo de esta Iglesia particular de Granada, doy gracias por esta fundación. Nos sentimos orgullosos de ella. Por su historia, pero también por su presencia continuada en nuestra diócesis, en la ciudad y en pueblos de nuestra diócesis: Albondón, Huétor Tájar… Y en tantas partes del mundo, desde Albania a América Latina. Gracias, queridas hermanas. Pedirle al Señor el don de las vocaciones. Es un don del Espíritu. Es un don que el Señor es el que mueve los corazones. Pero trabajemos sin descanso, como habéis hecho 150 años. Trabajando por el Reino de Cristo, por Cristo Rey y por su Reino”, subrayó Mons. Gil Tamayo.

AÑO JUBILAR
El Año jubilar se abrió el 24 de mayo de 2025 con una Eucaristía que, en la iglesia de la Colegiata de la Abadía del Sacromonte, presidió el actual obispo emérito de Urgel, Mons. Joan-Enric Vives, quien, desde Chile, donde se encuentra, trasladaba a nuestro arzobispo su agradecimiento, saludo y felicitación a las hermanas de la congregación y a toda la familia en la fe de Hijas de Cristo Rey.

La clausura vino precedida este fin de semana de un acto conmemorativo el sábado día 23 en el Paraninfo del PT, en “un encuentro para agradecer el camino recorrido, celebrar todo lo vivido y seguir mirando al futuro con ilusión y compromiso”. Posteriormente, participaron en la iniciativa “Noche de luz”, en el que se celebran encuentros de adoración eucarística en un recorrido por la parroquia de Santa María Magdalena, y las iglesias del Santísimo Sacramento y de San Gregorio Alto, ésta última en el Albaicín.

El Instituto Hijas de Cristo Rey fue fundado un 26 de mayo de 1876, en Granada, con José Grass y Granollers, sacerdote diocesano y canónigo de la Abadía del Sacromonte, cumpliéndose así 150 años “desde sus inicios humildes”, que “han ido dando fruto y hoy lo siguen haciendo a través de las religiosas y de la familia carismática”, explicaba el Instituto hace un año con motivo de su apertura jubilar.

Su trayectoria y frutos en el ámbito educativo, asistencial y promoción de valores cristianos fueron reconocidos por el ayuntamiento de Granada, que el pasado mes de febrero, con motivo de la fiesta del patrón San Cecilio, otorgaba al Instituto la Granada de Oro.

The post Clausura en la catedral del Año Jubilar de las Hijas de Cristo Rey first appeared on Archidiócesis de Granada.

Ver este artículo en la web de la diócesis

28 MAYO: Almería se une a la oración de todas las diócesis españolas para preparar la visita del Papa León XIV

0

La diócesis de Almería celebrará el próximo jueves 28 de mayo una Vigilia Diocesana de Oración como preparación espiritual para la visita del Papa León XIV a España. La cita tendrá lugar a las 20:45 horas en la parroquia de San Sebastián de la capital y estará presidida por nuestro obispo D. Antonio Gómez Cantero.

La iniciativa se enmarca dentro de una convocatoria promovida para todas las diócesis españolas, invitando a las comunidades cristianas a unirse en la oración ante la próxima visita del Santo Padre. En Almería, la organización corre a cargo de la Vicaría de Pastoral de la diócesis y, aunque la celebración tendrá lugar en la parroquia de San Sebastián, el encuentro tiene carácter plenamente diocesano.

La vigilia, bajo el lema “Alzad la mirada”, quiere convertirse en un momento de encuentro, adoración y preparación interior para vivir este acontecimiento eclesial con fe y esperanza. Durante la oración se utilizarán distintos materiales y esquemas preparados específicamente para esta convocatoria nacional.

Desde la diócesis se invita especialmente a jóvenes, grupos parroquiales, movimientos y fieles en general a participar en esta celebración que unirá espiritualmente a la Iglesia de Almería con el resto de diócesis de España en torno al sucesor de Pedro.

La visita del Papa León XIV a nuestro país, prevista para los próximos meses, está despertando una gran expectación entre los fieles y supone una ocasión privilegiada para renovar la comunión eclesial y el impulso evangelizador de la Iglesia.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Carta Encíclica «Magnifica Humanitas» del Santo Padre León XIV

0

Carta Encíclica «Magnifica Humanitas» del Santo Padre León XIV

La Santa Sede está haciendo pública ahora la nueva Carta Encíclica del Papa León XIV, titulada Magnifica Humanitas, centrada en un tema de plena actualidad y profundo alcance humano y moral: la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial.

A continuación, ofrecemos el texto íntegro de esta nueva Carta Encíclica del Papa León XIV.

PINCHA AQUÍ PARA VER EL TEXTO COMPLETO

La entrada Carta Encíclica «Magnifica Humanitas» del Santo Padre León XIV se publicó primero en Diócesis Asidonia – Jerez.

Ver este artículo en la web de la diócesis

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.