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Huéneja acogió la jornada de convivencia de voluntarios con la misión en Honduras

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Huéneja acogió la jornada de convivencia de voluntarios con la misión en Honduras

El 13 de junio se celebró, un año más, una jornada de convivencia de voluntarios y colaboradores con Honduras en el área recreativa “Los Castaños”, de Huéneja, en la que estuvo presente el padre Patricio Larrosa, misionero en Honduras.

Patricio es parte del alma de ACOES, la ONG que articula esa colaboración, y de la misión que realiza en aquel país centroamericano, donde miles de niños encuentran acceso a la educación, alimentos y promoción sanitaria gracias a la labor de los colaboradores con ACOES. Así, puede salir de la pobreza y afrontar un futuro mejor.
Este año, el encuentro ha venido marcado, sin duda, por el nombramiento de Patricio como obispo de Danlí, en Honduras, el pasado 15 de mayo. Será consagrado como tal el 25 de julio, festividad del apóstol Santiago. Es una gran noticia para la Iglesia hondureña, para la misión en aquel país y, por supuesto, para el pueblo de Huéneja, que ha visto como, cuatro siglos después, un hijo del pueblo vuelve a ser nombrado obispo. El primero fue san Francisco Serrano, que también fue misionero, aunque en Asia.
En el encuentro de voluntarios y colaboradores con Honduras, se celebró la Santa Misa, que estuvo presidida por el padre Patricio Larrosa. Posteriormente, los asistentes compartieron una paella ofrecida por gentileza del Ayuntamiento de Huéneja.
El encuentro sirvió para fortalecer los lazos de amistad en un ambiente de convivencia y fraternidad, y para felicitar al padre Patricio por su nombramiento episcopal.

José Antonio Sánchez
Párroco de Orce y Galera

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La Delegación de Migraciones de Asidonia-Jerez destaca el testimonio de Blessing y las palabras del Papa León XIV en Canarias

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La Delegación de Migraciones de Asidonia-Jerez destaca el testimonio de Blessing y las palabras del Papa León XIV en Canarias

La última etapa de la Visita Apostólica del Papa León XIV a España ha estado marcada por una realidad que interpela profundamente a la Iglesia y a toda la sociedad: la inmigración. Desde las Islas Canarias, puerta de entrada para miles de personas que buscan una vida mejor en Europa, el Santo Padre ha querido poner rostro y voz al sufrimiento de quienes se ven obligados a abandonar su tierra, sus familias y, en muchas ocasiones, arriesgar su propia vida en el mar.

Desde la Delegación Diocesana de Migraciones de Asidonia-Jerez, encabezada por Mariló Martínez, se ha destacado especialmente el mensaje lanzado por el Papa durante su visita al Muelle de Arguineguín, uno de los lugares más significativos de la realidad migratoria que vive el archipiélago.

La delegada ha destacado de manera especial el testimonio de Blessing, una mujer nigeriana cuya historia estaba previsto que fuera presentada personalmente al Santo Padre, aunque finalmente no pudo hacerlo por razones de seguridad. Su relato, sin embargo, fue compartido durante el encuentro y dejó una profunda huella entre los asistentes.

Blessing narró cómo abandonó Nigeria buscando un futuro mejor para sus hijas, escapando de la pobreza extrema. En su camino fue víctima de las mafias de trata de personas, sometida a amenazas, explotación y prostitución forzada. Tras una dura travesía por el continente africano y una peligrosa travesía marítima hacia España, sufrió la separación de su hijo y vivió durante meses bajo el control de quienes la explotaban.

Su historia, marcada por el sufrimiento, encontró un punto de inflexión gracias a la intervención de las fuerzas de seguridad y al acompañamiento recibido posteriormente a través de la Iglesia. «Desde entonces, con la ayuda de la Iglesia a través de las trabajadoras sociales, la vida ha empezado a cambiar», relató con emoción.

Para la Delegación de Migraciones, este testimonio pone rostro a una realidad que con frecuencia queda reducida a cifras o titulares, recordando que detrás de cada embarcación que llega a nuestras costas existen personas concretas, familias, heridas, sueños y esperanzas.

Junto a este relato, Mariló Martínez ha querido subrayar especialmente unas palabras pronunciadas por el Papa León XIV durante su intervención en Arguineguín:

«La acogida del migrante no puede ser algo secundario ni delegada únicamente a algunos voluntarios. Nos arrodillamos ante el altar para adorar a Cristo presente en la Eucaristía, de quien recibimos la fuerza y el motivo para vivir la caridad; por eso, no podemos luego pasar de largo ante los cayucos y las pateras, pues de la oración brota todo servicio y a ella vuelve todo compromiso».

Según la Delegación Diocesana de Migraciones, estas palabras constituyen una llamada clara a toda la Iglesia para seguir construyendo una cultura del encuentro y de la acogida, entendiendo que la fe y la caridad son inseparables.

Asimismo, destacan que uno de los grandes frutos de esta etapa canaria de la visita ha sido hacer visible ante el mundo una realidad que muchas veces permanece oculta. El Papa ha querido situar en el centro de la atención pública el drama humano que viven miles de migrantes que llegan a las costas españolas buscando una oportunidad para rehacer sus vidas.

Finalmente, Mariló Martínez recuerda que el mensaje cristiano no termina en el sufrimiento ni en la denuncia de las injusticias. «El Papa ha mostrado una vez más que la tristeza no tiene la última palabra. La esperanza de Cristo es capaz de atravesar los corazones y abrir caminos nuevos para quienes han tenido que dejarlo todo. La Iglesia está llamada a acompañar, acoger y caminar junto a quienes llegan a una tierra que no es la suya, ayudándoles a descubrir que siempre existe la posibilidad de un futuro mejor».

De este modo, la Delegación de Migraciones de Asidonia-Jerez se une al mensaje del Santo Padre y renueva su compromiso de seguir trabajando por una sociedad más fraterna, donde la dignidad de toda persona sea reconocida y respetada.

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Monseñor Saiz Meneses ordena cinco nuevos presbíteros para la Archidiócesis de Sevilla

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Monseñor Saiz Meneses ordena cinco nuevos presbíteros para la Archidiócesis de Sevilla

El arzobispo de Sevilla pidió a los nuevos sacerdotes mirar al pueblo “con los ojos de Cristo” y situó el ministerio en la compasión del Buen Pastor

La Catedral de Sevilla acogió este sábado, 13 de junio, la ordenación presbiteral de Pablo Bernal, Pablo Noguera, Cristian Rodríguez, José Manuel Ruiz y José Alberto Torres, en el curso de una Eucaristía presidida por monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, a quien acompañaron el obispo auxiliar de Sevilla, monseñor Teodoro León; monseñor José Rodríguez Carballo OFM, arzobispo de Mérida-Badajoz, y monseñor Roberto Octavio González Nieves OFM, arzobispo de San Juan de Puerto Rico. Junto a ellos concelebraron numerosos sacerdotes, ante una numerosa asamblea de familiares, amigos y fieles.

“Pastor, no funcionario; servidor, no dueño; testigo, no protagonista”.

Tras la proclamación del Evangelio, los candidatos fueron llamados por su nombre y presentados al arzobispo, quien, atestiguada su idoneidad por el rector del Seminario metropolitano hispalense, Andrés Ybarra, los eligió para el orden de los presbíteros con el asentimiento de la asamblea. En la homilía, Monseñor Saiz Meneses subrayó que el sacerdocio nace en el corazón de Dios y no de un proyecto humano: “Es Dios quien llama, es Él quien consagra y envía”. Recordó a los ordenandos que la vida sacerdotal no se fundamenta en las propias fuerzas ni en las cualidades personales, sino en la fidelidad del Señor. Por eso —insistió— el sacerdote no se pertenece: ha sido configurado con Cristo y enviado por la Iglesia para servir, para “gastarse y desgastarse” y “vivir una entrega total” allí donde sea enviado.

Apoyándose en la primera carta de san Pedro (1 Pe 5, 2-3), el prelado hispalense trazó un retrato luminoso del sacerdote según el corazón de Cristo: “Pastor, no funcionario; servidor, no dueño; testigo, no protagonista”. Y, siguiendo el ejemplo de Jesús, que “no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por la multitud” (Mc 10, 45), exhortó a los nuevos presbíteros a hacer del servicio a Dios y a los hermanos el eje central de su existencia, ofreciendo su vida en totalidad.

Partiendo del Evangelio, el arzobispo situó la fuente del sacerdocio ministerial en la compasión del Corazón de Cristo: “El sacerdote nace del amor compasivo de Jesús hacia su pueblo. No nace de una estrategia organizativa ni de una necesidad meramente funcional. Nace del amor del Buen Pastor, que no quiere dejar a su pueblo sin guía, sin alimento, sin perdón, sin verdad y sin Eucaristía”. Solo así —añadió— el sacerdote tiene “entrañas de padre, paciencia de pastor y disponibilidad de siervo”.

En esa línea, pidió a los ordenandos mirar con los ojos de Cristo “a los pobres, a los enfermos, a los ancianos, a los jóvenes, a las familias heridas, a los alejados, a los inmigrantes, a quienes llaman a la puerta de la Iglesia”, sin permitir que se endurezca el corazón. Esa mirada compasiva, marcada por el latido del Corazón de Cristo Buen Pastor, enlaza con las recientes palabras del Papa León en Las Palmas de Gran Canaria, quien, dirigiéndose a obispos, sacerdotes, diáconos y miembros de la vida consagrada, propuso como “pauta de navegación” abrazar la cruz de Cristo acompañando a “tantos hermanos y hermanas crucificados por los dramas de la vida” y cultivar una espiritualidad eucarística, “una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor”, que se manifiesta en la solidaridad, la acogida, la escucha, la cercanía y el cuidado de los más frágiles.

Tras la homilía, los elegidos manifestaron públicamente su disponibilidad para el ministerio —predicar el Evangelio, celebrar los sacramentos y vivir unidos a Cristo Sacerdote— y prometieron respeto y obediencia al arzobispo y a sus sucesores, poniendo sus manos entre las del prelado.

Postrados en tierra durante el canto de las letanías de los santos, los ordenandos imploraron la intercesión de toda la Iglesia. Llegó después el momento esencial del sacramento: la imposición de manos del arzobispo, en silencio, seguida por la de todos los presbíteros presentes, y la plegaria de ordenación, oración consagratoria que constituye a los elegidos en el orden sacerdotal.

Los ritos explicativos completaron la celebración: la imposición de la estola, al modo presbiteral, y la casulla, signos del nuevo ministerio; la unción de las manos con el santo crisma; la entrega del pan y del vino para la celebración eucarística; y el abrazo de paz del arzobispo, obispos y del presbiterio, que acogió fraternalmente a los nuevos sacerdotes.

La Eucaristía prosiguió con la primera concelebración de los recién ordenados junto al arzobispo y a todo el presbiterio hispalense. Encomendándolos a la intercesión de la Santísima Virgen de los Reyes, de los santos pastores hispalenses san Leandro y san Isidoro, y de san Juan de Ávila, patrono del clero secular español, Mons. Saiz Meneses los despidió con un triple deseo: “Sed santos. Sed fieles. Sed sacerdotes según el corazón de Cristo”. La comunidad diocesana da gracias a Dios por el don de estas cinco nuevas vocaciones al servicio de la Iglesia que peregrina en Sevilla.

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Homilía íntegra de Monseñor Saiz Meneses en las Ordenaciones Sacerdotales

 

Primeras misas de los nuevos presbíteros

 Los cinco nuevos sacerdotes, celebrarán sus primeras misas a partir de mañana domingo, en sus templos y parroquias de referencia. A continuación se detalla el calendario de las Eucaristías que presidirán los recién ordenados.

  • José Manuel Ruiz: Parroquia Ntra. Sra. de la Granada (la Puebla del Río), domingo 14 de junio, 20:00 h.
  • Alberto Torres: parroquia Sta. Mª la Mayor (Pilas), miércoles 17 de junio, 20:30 h.
  • Pablo Noguera: Parroquia del Sagrario, jueves 18 de junio, 20:30 h.
  • Cristian Rodríguez: Casa Madre de la Compañía de la Cruz, viernes 19 de junio, 19:30 h.
  • Pablo Bernal: Parroquia Ntra. Sra. de la Asunción (Albaida del Aljarafe), domingo 21 de junio, 20:00 h

 

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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses. Ordenaciones sacerdotales Sábado 13 de Junio de 2026

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Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses. Ordenaciones sacerdotales Sábado 13 de Junio de 2026

Homilía de Mons. José Ángel Saiz Meneses, Arzobispo de Sevilla,  

en la ordenación presbiteral de Pablo Bernal, Pablo Noguera, Cristian Rodríguez, José Manuel Ruiz y José Alberto Torres.

Santa Iglesia Catedral de Sevilla, 13 de junio de 2026.

  1. Hoy es un día grande para la Iglesia que peregrina en Sevilla. Es un día de acción de gracias, y de profunda esperanza. El Señor nos concede el don de cinco nuevos presbíteros. Hoy resuena en esta Catedral una palabra que atraviesa los siglos y llega hasta vosotros con una fuerza totalmente personal: «Antes de formarte en el vientre, te escogí; antes de que salieras del seno materno, te consagré» (Jr 1, 5). Queridos hermanos y hermanas que participáis en esta celebración: Hermanos en el episcopado, Consejo Episcopal, Cabildo de la Catedral, Rectores y formadores de nuestros Seminarios, presbíteros, diáconos, seminaristas; Franciscanos de Cruz Blanca y miembros de la vida consagrada, miembros del laicado, hermanos todos en el Señor. Queridos Pablo Bernal, Pablo Noguera, Cristian, José Manuel y José Alberto, que recibiréis la ordenación presbiteral. Saludo a vuestras familias, que os acompañan en un día tan señalado, las aquí presentes y las que siguen la celebración a través de los medios de comunicación.
  1. La primera lectura, tomada del profeta Jeremías, nos sitúa en el centro mismo del misterio de la vocación. No es el hombre quien toma la iniciativa. No somos nosotros quienes nos conferimos esta misión. No se trata de un proyecto profesional, ni una promoción humana, ni una elección nacida de la inclinación religiosa. El sacerdocio nace en el corazón de Dios. Es Dios quien llama, es Él quien consagra y envía. San Juan Pablo II, al comienzo de la exhortación apostólica postsinodal Pastores dabo vobis, recoge precisamente esa promesa bíblica: «Os daré pastores según mi corazón» (n. 1). La Iglesia vive de esa promesa, y hoy la vemos cumplirse de nuevo ante nuestros ojos.
  1. El profeta Jeremías no responde con suficiencia. Responde con temor: «¡Ay, Señor mío! Mira que no sé hablar, que soy un muchacho» (Jr 1, 6). Esa palabra es también profundamente sacerdotal. El que ha comprendido algo del sacerdocio no puede acercarse con ligereza, ni autosuficiencia, ni vanidad. Solo puede hacerlo con humildad, con santo temblor y con confianza. El Señor no llama a los más capaces y seguros de sí mismos, sino a quienes están dispuestos a dejarse sostener por Él. Por eso le responde: «No digas: “Soy un muchacho”… adonde yo te envíe irás… no les tengas miedo… yo estoy contigo» (cf. Jr 1, 7-8). La vida sacerdotal no se fundamenta en nuestra fuerza o en nuestras cualidades, sino en la fidelidad del Señor.
  1. Queridos ordenandos, grabad en el alma desde hoy y para siempre que el sacerdote no se pertenece. Ha sido alcanzado por Cristo, configurado con Él y enviado por la Iglesia. El Concilio Vaticano II enseña que los presbíteros, por la sagrada ordenación y la misión recibida de los obispos, «son promovidos para servir a Cristo Maestro, Sacerdote y Rey» y participan de su ministerio para la edificación del Pueblo de Dios (Presbyterorum ordinis, 1). No seréis ordenados para vosotros mismos, sino para Cristo y para los hermanos. No seréis ordenados para llevar una vida cómoda, sino para gastaros y desgastaros. No seréis ordenados para ocupar puestos más o menos relevantes en apariencia, sino para vivir una entrega total allá donde seáis enviados. Cristo llenará vuestro corazón. Él dará plenitud a vuestra vida y os llenará de la verdadera alegría.
  1. El salmo responsorial ha puesto en nuestros labios la respuesta más justa: «¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación». Ésta es la verdad más profunda del sacerdote: un hombre agradecido. Un sacerdote triste suele ser, en el fondo, un sacerdote que ha olvidado el don recibido. Un sacerdote agradecido, en cambio, aunque experimente la fatiga, la soledad y la cruz, permanece interiormente firme, porque sabe de quién se ha fiado. Hoy vuestra primera actitud ha de ser ésta: dar gracias. Gracias al Señor, que os llamó; gracias a la Iglesia, que os ha acompañado; gracias a vuestras familias, formadores, comunidades y amigos, que han sido instrumentos de la gracia en vuestro camino.
  1. La segunda lectura, de la primera carta de san Pedro, pone delante de nosotros el estilo del ministerio. No basta con ser sacerdote; hay que vivir sacerdotalmente. San Pedro exhorta a los presbíteros a apacentar la grey de Dios «no a la fuerza, sino de buena gana; no por sórdida ganancia, sino con entrega generosa; no como déspotas sobre la heredad de Dios, sino convirtiéndoos en modelos del rebaño» (1 Pe 5, 2-3). Aquí aparece un retrato luminoso del sacerdote según el corazón de Cristo: pastor, no funcionario; servidor, no dueño; testigo, no protagonista.
  1. Esta palabra apostólica tiene hoy una actualidad inmensa. La Iglesia no necesita sacerdotes instalados o mundanizados. Necesita sacerdotes que hagan de su existencia una ofrenda agradable al Padre, un don total de sí mismos a Dios y a los hermanos, siguiendo el ejemplo de Jesús, que «no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida en rescate por la multitud» (Mc 10, 45). Los sacerdotes viven en medio de la sociedad haciendo del servicio a Dios y a los demás el eje central de su existencia, viven la actitud de servicio aceptando la voluntad de Dios, ofreciendo su vida en totalidad, gastándose y desgastándose por los hermanos, especialmente por los más pobres y pequeños.
  1. El Evangelio corona la liturgia de la Palabra con una imagen conmovedora de Jesús: «Recorría todas las ciudades y aldeas… viendo a las gentes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y abandonadas, como ovejas que no tienen pastor» (Mt 9, 35-36). Aquí está la fuente del sacerdocio ministerial: la compasión del Corazón de Cristo. El sacerdote nace del amor compasivo de Jesús hacia su pueblo. No nace de una estrategia organizativa ni de una necesidad meramente funcional. Nace del amor del Buen Pastor, que no quiere dejar a su pueblo sin guía, sin alimento, sin perdón, sin verdad y sin Eucaristía.
  1. Por eso, queridos hijos, vuestro sacerdocio deberá tener siempre este mismo latido: mirar al pueblo con los ojos de Cristo. Mirar a los pobres con los ojos de Cristo. Mirar a los enfermos, a los ancianos, a los jóvenes, a las familias heridas, a los alejados, a los inmigrantes, a quienes llaman a la puerta de la Iglesia, con los ojos de Cristo. Si un día perdierais la compasión pastoral, comenzaríais a vaciar por dentro vuestro ministerio. El sacerdote no puede permitir que se endurezca su corazón. Debe tener entrañas de padre, paciencia de pastor y disponibilidad de siervo.
  1. El pasado jueves, en la Catedral de Santa Ana, de Las Palmas de Gran Canaria, dirigiéndose a obispos, sacerdotes, diáconos, y miembros de la vida consagrada, el Santo Padre León recomendó como “pauta de navegación” abrazar la cruz de Cristo acompañando y ayudando a llevar las cargas de tantos hermanos y hermanas crucificados por los dramas de la vida; también cultivar una espiritualidad eucarística, «una espiritualidad de la unidad eclesial en el amor», que se manifiesta en la solidaridad cristiana, porque la unión con Cristo y con los hermanos es inseparable, y se manifiesta en la acogida, en la escucha, en la cercanía y en el cuidado de los más frágiles.
  1. Queridos Pablo, Cristian, Pablo, José Manuel y José Alberto: a partir de hoy seréis hombres de la Palabra, del altar y del perdón sacramental. Predicad con fidelidad, celebrad con unción, confesad con misericordia. No rebajéis nunca el Evangelio, no os canséis nunca de administrar la gracia de Dios. Sed sacerdotes enamorados de la Eucaristía, que ha de ser el centro de vuestra jornada, la fuente de vuestra caridad pastoral y la escuela cotidiana de vuestra entrega. Sed sacerdotes de oración, de comunión, profundamente unidos a vuestro obispo, al presbiterio diocesano y a la Iglesia entera. Ahí está vuestra fecundidad.
  1. Sed cercanos al pueblo santo de Dios. Id al encuentro, escuchad, acompañad, consolad. Corregid cuando sea necesario, pero hacedlo con caridad y con verdad. Que la gente perciba en vosotros no una autoridad fría, sino una paternidad espiritual limpia, serena y fuerte. Y cuando lleguen las pruebas —porque llegarán— no olvidéis que el Señor toca también hoy vuestros labios, como tocó los de Jeremías. Él pondrá en vuestra boca su palabra, sostendrá vuestra pobreza, suplirá vuestra insuficiencia, os llenará de fuerza y esperanza.
  1. Pidamos a la Santísima Virgen María, Virgen de los Reyes, Madre de la Iglesia y Madre de los sacerdotes, que os cubra con su manto. Que ella os enseñe la obediencia de la fe, la humildad del servicio y la perseverancia junto a la cruz. Y que san Leandro, san Isidoro, san Juan de Ávila y tantos santos pastores intercedan por vosotros. Queridos hijos: hoy la Iglesia de Sevilla os recibe con alegría. Cristo os llama amigos y os constituye pastores. Sed santos. Sed fieles. Sed sacerdotes según el corazón de Cristo. Así sea.

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‘Razones para la esperanza’, carta dominical del arzobispo de Sevilla (14-06-2026)

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‘Razones para la esperanza’, carta dominical del arzobispo de Sevilla (14-06-2026)

Una semana más, el arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses, publica su carta dominical dirigida a todos los diocesanos.

En esta ocasión se centra en el acontecimiento que vivirá esta mañana la Iglesia de Sevilla: la ordenación sacerdotal de cinco hombres que han dicho sí a la llamada de Dios. «Su ordenación es una razón poderosa para la esperanza. En tiempos en los que no faltan cansancios, incertidumbres y dificultades pastorales, Dios continúa llamando a jóvenes que entregan su vida entera a Cristo, al Evangelio y al Pueblo santo de Dios», asegura el arzobispo.

En relación a la Pastoral Vocacional, monseñor Saiz insiste en que «las vocaciones sacerdotales nacen ordinariamente en familias cristianas, parroquias vivas, comunidades orantes, colegios católicos, movimientos y hermandades donde se habla de Dios con naturalidad y se vive la fe con coherencia», por eso insta a rezar por los sacerdotes, acompañarlas con afecto, ayudarlos «con lealtad» y no posponer «proponer a los jóvenes la belleza de una vida entregada al Señor».

Puede leer la carta completa aquí

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León XIV preside la última Misa de su viaje en el puerto de Santa Cruz de Tenerife: “Gracias por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo”

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León XIV preside la última Misa de su viaje en el puerto de Santa Cruz de Tenerife: “Gracias por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo”

 

Tenerife, 12 de junio de 2026.- El papa León XIV celebró al mediodía la Santa Misa en la dársena del puerto de Santa Cruz de Tenerife, último gran acto de su visita a España. La liturgia se desarrolló con el Atlántico como telón de fondo y la ciudad al frente, en un escenario cargado de simbolismo pensado para recordar la belleza del océano y la dureza de la ruta migratoria atlántica.

Durante la homilía, León XIV ha resaltado: “gracias por lo que son y por lo que hacen, convirtiendo a esta isla en un lugar donde encontrar al corazón de Cristo en el rostro amigo y hospitalario de personas y comunidades fraternas. (…) Presten atención a los adolescentes y a los jóvenes, a los ricos y a los pobres, a los residentes y a los huéspedes: todos ellos necesitan ser conocidos con una mirada que ve más allá de las apariencias y reconoce la profundidad de sus corazones inquietos, que no pocas veces ya está orientado, quizás inconscientemente, hacia el Reino de Dios y su justicia.”

El Santo Padre llegó a Santa Cruz procedente de Gran Canaria a primera hora de la mañana y, tras visitar el centro de acogida de Las Raíces y participar en un encuentro sobre integración en la Plaza del Cristo de La Laguna, se trasladó al puerto para la celebración.  

Antes de la Misa recorrió en papamóvil parte del recinto portuario y saludó a los miles de fieles congregados. El altar estaba presidido por el Cristo de La Laguna y la patrona de las Islas Canarias, la Virgen de Candelaria, devociones que rara vez se exhiben juntas. Uno de los elementos más significativos del escenario fueron tres cayucos situados junto al área litúrgica, como recuerdo de las miles de personas que han llegado a Canarias atravesando una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo. Su presencia silenciosa acompañó toda la celebración.

Valorar a cada persona

León XIV ha recordado unas palabras de su antecesor el Papa Francisco: «Muchas personas experimentan un profundo desequilibrio que las mueve a hacer las cosas a toda velocidad para sentirse ocupadas, en una prisa constante que a su vez las lleva a atropellar todo lo que tienen a su alrededor (…)  Quienes disfrutan más son los que dejan de picotear aquí y allá, buscando siempre lo que no tienen, y experimentan lo que es valorar cada persona y cada cosa, saben gozar con lo más simple»

“Son palabras que interpelan también la vocación turística de Tenerife, sea respecto al corazón del que decide pasar aquí un período de vacaciones, sea para el que vive y trabaja en la isla, en contacto con visitantes de tantos países del mundo. ¿Qué busca el corazón humano? ¿Cómo responder a su sed de manera no engañosa? Qué importante es, especialmente para quien se deja orientar por el Evangelio, no reducir todo a comercio y beneficio”, ha destacado el Papa.

León XIV ha expresado: “frente a quien especula con la desesperación, como cristianos no sólo podemos ofrecer un reflejo del Señor que dice: «Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré». La gracia más grande es que nos dejemos evangelizar por aquellos a quienes socorremos”.

La celebración transcurrió en un ambiente de oración, alegría y emoción compartida. Al finalizar la Eucaristía, León XIV impartió la bendición final y saludó por última vez a los asistentes antes de dirigirse al aeropuerto de Tenerife Norte, desde donde emprenderá su regreso a Roma.

www.conelpapa.es

 

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El Papa León XIV se encuentra con migrantes: “El amor de Dios no conoce fronteras”

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El Papa León XIV se encuentra con migrantes: “El amor de Dios no conoce fronteras”

 

TENERIFE, 12 de junio de 2026. El Papa León XIV visitó este viernes el Dispositivo de Acogida Humanitaria de Emergencia ‘Las Raíces’ para encontrarse con las personas migrantes. El Santo Padre ha podido conocer de primera mano la labor que desarrollan quienes trabajan diariamente en su atención. Este centro, de titularidad estatal gestionado por la asociación Accem, ha acogido desde su apertura en 2021 a más de 54.000 personas.

En sus palabras, el Santo Padre se ha dirigido a los presentes en francés, la lengua materna de muchos de los presentes. León XIV ha hecho referencia al Papa Francisco “que tanto anheló estar con ustedes”, a quien le gustaba utilizar la imagen de las raíces para “indicar la necesidad de no olvidar los orígenes, de permanecer unidos y de confiar en el Señor. Porque el que confía en el Señor es como un árbol plantado al borde de las aguas, que echa sus raíces en la corriente. Que esta imagen de las raíces también les ayude a ustedes a estar firmemente arraigados en el Señor, para que ninguna tormenta pueda alejarlos de su presencia, que fortalece y da vida”.

El acto presentado por Monseñor Eloy Santiago, quien destacó que las islas le reciben “con el corazón abierto y agradecido”, esperando sus “iluminantes y esperanzadoras palabras”. Por su parte, la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, Elma Saiz, ha resaltado que “todos somos nuevos en algún lugar en un momento de la vida, todos hemos necesitado que alguien nos tendiera la mano” y ha hecho referencia a los “millones de españoles que tuvieron que marcharse fuera de nuestro país”.

Asimismo, intervino el director del centro quien explicó que ‘Las Raíces’ es “un espacio donde confluyen trayectorias vitales complejas y donde ofrecemos, desde lo institucional y lo humano, una primera oportunidad. Su visita hoy supone un reconocimiento a quienes llegan buscando un futuro mejor, al esfuerzo de las instituciones públicas y al compromiso de los profesionales que hacen posible este trabajo”.

El acto contó con la intervención de dos personas migrantes, de África subsahariana. Theodor dio las gracias al Papa por “recordar al mundo que todos somos personas. Hoy queremos decirle, con mucho respeto, que rezamos por usted y que agradecemos su corazón cercano”. Bousso, resaltó que los migrantes vienen “de países donde la pobreza, la violencia, la guerra, la persecución y la falta de oportunidades nos obligaron a partir. Nadie abandona su tierra, su familia y sus raíces por voluntad propia” y agradeció al Santo Padre su visita: “su presencia hoy en Canarias representa una luz para quienes muchas veces no tenemos voz”.

Al terminar, León XIV saludó a muchos de los presentes, recorrió las instalaciones y visitó las carpas que forman parte del dispositivo.

Amor infinito de Dios por cada ser humano

El Papa León XIV ha subrayado que esta visita coincide con la celebración de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús, que es “para los cristianos el amor misericordioso e infinito de Dios por cada ser humano. “En este marco, es providencial que podamos encontrarnos, vernos y sobre todo saber que, más allá de nuestro lugar de proveniencia, el amor de Dios no conoce fronteras, no hace distinciones, se da a todos y nos congrega en la unidad”.

“Viendo sus rostros, escuchando sus testimonios, pienso también en sus corazones, heridos por tantas dificultades y también consolados por el amor recibido gracias a otros corazones abiertos, generosos y misericordiosos. El Corazón de Cristo sufrió y fue traspasado por amor, y también fue confortado por personas compasivas que se acercaron a aliviar su dolor”, ha subrayado el Santo Padre.

El Papa ha hecho referencia a dos santos canarios, el santo Hermano Pedro y san José de Anchieta, quienes “motivados por ese amor de Dios, partieron desde estas tierras canarias para anunciar el Evangelio en América, abriendo nuevos horizontes misioneros. Ellos también fueron migrantes que se dirigieron hacia lo desconocido, llevando como principal equipaje la fe, la esperanza y la caridad. En aquellas desconocidas tierras, los santos migrantes y misioneros supieron dar de lo que tenían y asimismo acoger lo nuevo que se les ofrecía”.

Todos somos migrantes

“Les invito también a ustedes a ofrecer el tesoro de humanidad, de sueños y de cultura que han traído a estas islas, y a estar abiertos a recibir aquello que se les brinda. Este intercambio hemos de vivirlo también con responsabilidad, pensando en el futuro de las generaciones venideras, a quienes queremos legar el patrimonio de una civilización del amor, y donde las migraciones tienen una palabra importante que decir, porque pueden ser una ocasión de encuentro y enriquecimiento mutuo entre los pueblos”, ha resaltado León XIV.

El Papa ha recordado: “todos —de algún modo— somos migrantes, todos somos peregrinos en camino a la patria celestial. Ayudémonos a hacer de esta travesía un lugar más humano para todos, aportando lo que esté al alcance de cada uno. En este sentido, agradezco la colaboración por parte del Gobierno, de las diversas instituciones y de tantos hombres y mujeres de buena voluntad que hacen posible esta ayuda humanitaria concreta, que devuelve la esperanza y dignifica a tantas personas”.

Por último, se ha despedido, de forma entrañable: “queridos amigos, les llevo en mi corazón y en el recuerdo de mis oraciones. Que Dios les bendiga, que bendiga a sus familias y a todos los que les hacen el bien. Y que la Bienaventurada Virgen María, Consuelo de los migrantes, les acompañe y auxilie siempre con su protección maternal.”

www.conelpapa.es

Fotografía: Bernabé Villalba

 

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Razones para la esperanza

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Anteayer despedíamos al Santo Padre León XIV en el aeropuerto de Tenerife Norte-Ciudad de La Laguna, después de su visita a España. Ha sido un regalo inmenso de Dios. El Sucesor de Pedro ha venido a confirmarnos en la fe, a ensanchar nuestra mirada y a recordarnos que la Iglesia no vive para sí misma, sino para anunciar a Jesucristo y servir a los hermanos, especialmente a los más pobres y vulnerables. El lema de su viaje, «Alzad la mirada», queda ahora confiado a nuestras comunidades. No puede quedar reducido a un recuerdo hermoso ni a una emoción pasajera. Alzar la mirada significa volver los ojos a Cristo, fundamento de nuestra esperanza; significa mirar la realidad con fe, sin dejarnos dominar por el desaliento; significa descubrir que el Señor sigue llamando, sigue sosteniendo a su Iglesia y sigue enviándonos a evangelizar.

En este horizonte de gracia, nuestra Archidiócesis recibió ayer otro don del Señor: la ordenación de cinco nuevos presbíteros al servicio de la Iglesia diocesana: Pablo Bernal, Cristian Rodríguez, Pablo Noguera, José Manuel Ruiz y José Alberto Torres. Su ordenación es una razón poderosa para la esperanza. En tiempos en los que no faltan cansancios, incertidumbres y dificultades pastorales, Dios continúa llamando a jóvenes que entregan su vida entera a Cristo, al Evangelio y al Pueblo santo de Dios. El presbítero no se pertenece a sí mismo. Es configurado con Cristo Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia, y enviado para predicar la Palabra, celebrar los sacramentos y guiar al pueblo cristiano. Como enseña el Concilio Vaticano II, los presbíteros, «consagrados de modo nuevo a Dios por la recepción del orden», son «instrumentos vivos de Cristo, Sacerdote eterno» (Presbyterorum ordinis, n. 12). Su identidad brota de Cristo y sólo se comprende desde la comunión con Él, con el Santo Padre, con el obispo y con el presbiterio diocesano.

La Exhortación Apostólica Dilexi te del Papa León XIV, sobre el amor hacia los pobres, nos ayuda también a comprender el corazón del ministerio sacerdotal. El Santo Padre recuerda que Cristo dice a cada pobre: «yo te he amado» (n. 3), y afirma con claridad que «no se puede amar a Dios sin extender el propio amor a los pobres» (n. 26). Por eso, un sacerdote no puede vivir encerrado en sí mismo, ni limitado a la administración de lo ya existente. Ha de tener corazón de pastor, mirada de padre, entrañas de misericordia y disponibilidad para salir al encuentro de todos. El ministerio sacerdotal pide hoy celo apostólico y ardor misionero. No basta conservar; hay que evangelizar. No basta esperar a los que vienen; hay que buscar a los alejados, acompañar a los heridos, escuchar a los jóvenes, consolar a los enfermos, sostener a las familias, tender la mano a los pobres y anunciar a todos la alegría del Evangelio. La Iglesia, si quiere ser de Cristo, ha de ser, como dice León XIV, «una Iglesia que hace espacio a los pequeños y camina pobre con los pobres» (n. 21).

También los fieles laicos tienen aquí una responsabilidad grande. Las vocaciones sacerdotales nacen ordinariamente en familias cristianas, parroquias vivas, comunidades orantes, colegios católicos, movimientos y hermandades donde se habla de Dios con naturalidad y se vive la fe con coherencia. Pidamos al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies. Recemos por nuestros sacerdotes, acompañémoslos con afecto, ayudémosles con lealtad y no dejemos de proponer a los jóvenes la belleza de una vida entregada al Señor. Queridos nuevos presbíteros: mantened clara vuestra identidad. Vivid inmersos en el misterio de Cristo. Sed hombres de comunión, de oración y de servicio. Celebrad la Eucaristía con reverencia y amor, porque en ella se encuentra la fuente de vuestra caridad pastoral. Anunciad la Palabra con fidelidad. Acercaos a los pobres, a los enfermos, a los que están solos, a los que buscan y no encuentran. Recordad siempre que el pueblo de Dios no necesita funcionarios, sino pastores según el Corazón de Cristo.

Que la visita del Santo Padre y la ordenación de estos cinco presbíteros sean para todos nosotros una llamada a renovar la esperanza. El Señor no abandona a su Iglesia. Sigue caminando con nosotros. Sigue llamando. Sigue enviando. Que María Santísima, Madre de la Iglesia y Madre de los sacerdotes, cuide a nuestros nuevos presbíteros y sostenga a toda la Archidiócesis de Sevilla en la fidelidad, la comunión y la misión.

+José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Presentación del libro de ‘Libro I de Bautismos de Santa Brígida’

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El martes 16 de junio tendrá lugar en la Iglesia de Santa Brígida la presentación de un nuevo trabajo de investigación histórica centrado en el municipio de Tejeda, basado en los registros bautismales de La Vega y con un enfoque que permite reconstruir parte de su realidad demográfica en el siglo XVI.

El autor del estudio, fray Néstor Valerón Ramírez, presentará este trabajo que aporta una mirada al pasado a través de fuentes parroquiales, ofreciendo una aproximación al censo más antiguo conocido de la zona. El estudio contribuye a profundizar en el conocimiento de la historia social y religiosa del territorio, poniendo en valor la riqueza documental conservada en los archivos eclesiásticos.

El acto contará con la presencia de la autora y se celebrará en la parroquia de Santa Brígida, a la que está abierta la invitación a todas las personas interesadas en la historia local y el patrimonio documental de Canarias.

Desde la organización se hace extensiva la invitación a los medios de comunicación de la diócesis de Canarias, así como a familiares, conocidos y público en general, con el deseo de dar a conocer y compartir este trabajo de investigación.

León XIV se reúne con la comunidad diocesana

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El papa León XIV ha mantenido en la Catedral de Santa Ana un encuentro con obispos, sacerdotes, religiosos, seminaristas y agentes de pastoral de la Diócesis de Canarias, tras recibir la llave de oro de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, de manos de la alcaldesa Carolina Darias.

Las Palmas de Gran Canaria, 11 de junio de 2026. El papa León XIV ha visitado este jueves la Catedral de Santa Ana, donde ha compartido un encuentro con la comunidad diocesana de Canarias tras recibir previamente la llave de oro de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria de manos de la alcaldesa, Carolina Darias, en el barrio de Triana-Vegueta, en el marco de la primera visita de un Pontífice al archipiélago canario. El acto tuvo lugar en un año especialmente significativo para la ciudad, que celebra el 548 aniversario de su fundación.

Posteriormente, el Santo Padre se trasladó a la Catedral de Santa Ana, donde mantuvo un encuentro con obispos, sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas, seminaristas y agentes de pastoral de la Diócesis de Canarias.

El obispo José Mazuelos abrió el acto destacando el carácter del archipiélago como “encrucijada en medio del Atlántico entre África y América”, lo que ha configurado una sociedad “acogedora y acostumbrada a recibir”. Señaló también los desafíos de una creciente secularización que afecta a la transmisión de la fe y subrayó que la presencia del Papa “fortalece nuestra fe y nuestro afán evangelizador en una sociedad plural y cambiante”. Añadió que las parroquias están llamadas a ser espacios donde se pueda “descubrir la belleza de una fe viva, celebrada y compartida con alegría”.

A continuación, el sacerdote y religioso claretiano Santiago Cerrato, en representación de la vida consagrada, destacó la riqueza de carismas presentes en la diócesis y su labor en ámbitos sociales y misioneros, especialmente en “las obras sociales, el trabajo en las fronteras y la presencia en los márgenes y zonas de pobreza”. Reclamó al Santo Padre un impulso renovado para “revivir el ímpetu misionero” y afrontar nuevas tareas evangelizadoras inspiradas en el Espíritu Santo.

Otro de los testimonios fue el de Enélida Hernández Monzón, Secretaria General de Pastoral y Vicecanciller de la diócesis, quien calificó la visita del Santo Padre como un signo de esperanza para las comunidades cristianas del archipiélago. Asimismo, destacó el aliento del que ofrece este encuentro para seguir construyendo una Iglesia más cercana, misionera y abierta a la acción del Espíritu Santo, en un contexto marcado por la secularización y el descenso de las vocaciones.

Durante su intervención, subrayó la necesidad de avanzar desde una pastoral de mantenimiento hacia una pastoral decididamente misionera, capaz de responder a los desafíos actuales de la evangelización. En este sentido, defendió una Iglesia “en salida”, que vaya al encuentro de quienes están alejados, heridos o desorientados, transformando las parroquias en auténticas comunidades evangelizadoras inspiradas en el estilo acogedor y cercano de Jesús.

El papa León XIV invita a cultivar una profunda espiritualidad eucarística y la solidaridad cristiana.

En el encuentro de la catedral el papa León XIV ha animado a los fieles a fortalecer su vida espiritual poniendo a Cristo en el centro de su camino de fe, durante un mensaje en el que destacó el valor de la espiritualidad eucarística y la comunión cristiana.

El Pontífice recordó que la meta del peregrinar de los creyentes es el encuentro con Cristo, centro de la fe y de la existencia cristiana, ante quien los fieles se postran en adoración y en torno a quien se congregan formando un solo cuerpo.

Asimismo, León XIV alentó a la comunidad a vivir una auténtica espiritualidad de comunión, que se expresa de manera concreta en la solidaridad cristiana. Citando la encíclica Deus Caritas Est, recordó que la unión con Cristo implica también la unión con todos aquellos a quienes Él se entrega.

Por ello, el Papa exhortó a los fieles a continuar ofreciendo el amor recibido del Señor a través de la acogida, la escucha, la cercanía y el cuidado de las personas más vulnerables. Destacó que este amor se convierte en alimento espiritual y en testimonio vivo del Evangelio en medio de la sociedad.

Finalmente, el Santo Padre animó a la comunidad a mantenerse firmemente arraigada en Cristo para afrontar con esperanza los desafíos del presente. “Los animo a seguir adelante, fuertemente arraigados en Él, para continuar navegando con valentía en este nuevo tiempo de la historia”, concluyó.

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