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La diócesis de Canarias avanza en los preparativos de la visita de León XIV

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La diócesis de Canarias continúa dando pasos firmes en la organización de la próxima visita de León XIV tras la presencia de Yago de la Cierva, coordinador nacional del evento, y Juan Antonio Cereceda, responsable de seguridad. Ambos responsables se desplazaron a Gran Canaria con el objetivo de conocer de primera mano el estado de los preparativos y resolver diversas cuestiones planteadas por la comisión diocesana.

Durante su estancia, mantuvieron un encuentro de trabajo con los miembros de la organización local, en el que se abordaron aspectos clave relacionados con la planificación de la histórica visita. La reunión permitió alinear criterios, compartir avances y concretar detalles logísticos necesarios para garantizar el buen desarrollo de la visita.

Uno de los puntos centrales de la agenda fue la celebración de una reunión específica de seguridad, en la que se analizaron los planes previstos en los distintos espacios que, de manera preliminar, acogerán la presencia del Santo Padre. En este encuentro se revisaron protocolos, medidas preventivas y la coordinación entre los distintos cuerpos implicados.

Asimismo, los coordinadores visitaron el emplazamiento destinado a albergar el Centro Internacional de Prensa, una infraestructura clave para la cobertura mediática del acontecimiento. Este espacio permitirá atender a periodistas nacionales e internacionales y facilitar la difusión de la visita.

La jornada concluyó con una valoración positiva por parte de los responsables, quienes destacaron el compromiso y el trabajo realizado por la diócesis hasta el momento, así como la importancia de continuar avanzando en la coordinación para afrontar con éxito un evento de gran relevancia eclesial y social.

Preparación del acto sobre migración ante la visita papal

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La diócesis celebró el sábado, 11 de abril, un encuentro con entidades de la Iglesia que trabajan con personas migrantes para avanzar en la organización del acto sobre migración previsto con motivo de la visita del papa León XIV a Canarias, el próximo 11 de junio.

La reunión, coordinada por Caya Suárez, responsable del acto, sirvió para abordar diferentes aspectos organizativos y recoger aportaciones de las entidades implicadas en la acogida y acompañamiento de migrantes.

En el encuentro participaron Mons. José Mazuelos; el delegado de Migraciones, Víctor Domínguez; y el vicario de Pastoral Social y Promoción Humana, José Ramón González, quien además es delegado episcopal de Cáritas Diocesana de Canarias.

Asimismo, asistieron representantes de distintas entidades eclesiales, entre ellas Salesianas, Fundación Main, Claretianos, Adsis, Cruz Blanca, la delegación de Pastoral de Migraciones, pastoral Penitenciaria, Cáritas, Fundación Social ECCA (Jesuitas), Confer, Stela Maris, Hijas de la Caridad, Oblatas y la comunidad intergeneracional de las Dominicas.

Durante la sesión se subrayó la importancia de reforzar el trabajo conjunto de la Iglesia en este ámbito, en un contexto marcado por los retos migratorios en el archipiélago.

El acto en preparación pretende visibilizar la realidad de las personas migrantes y el compromiso de la Iglesia, y se enmarca en la agenda de la visita papal, que tendrá lugar el 11 de junio en Canarias.

El empresariado canario muestra su compromiso con la visita histórica de León XIV

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La sede de la Confederación Canaria de Empresarios, presidida por Pedro Ortega, acogió este lunes 13 de abril un encuentro en el que participaron Mons. José Mazuelos, obispo de la Diócesis de Canarias, Mons. Cristóbal Déniz y el ecónomo diocesano José Antonio García, junto a representantes de más de 30 empresas.

La reunión puso de manifiesto la disposición del tejido empresarial canario a implicarse activamente en la preparación de la visita de Su Santidad el Papa, un acontecimiento de gran relevancia para Canarias. En este contexto, Mons. Mazuelos subrayó que se trata de una oportunidad compartida que interpela al conjunto de la sociedad.

El obispo destacó la importancia de que “todos nos impliquemos en este acontecimiento histórico”, poniendo en valor la iniciativa y el compromiso que ya está mostrando el ámbito empresarial, consciente del impacto social, económico y de proyección internacional que tendrá este evento.

Asimismo, durante el encuentro se evidenció la sintonía entre la diócesis y el sector empresarial, que ve en esta cita una ocasión para mostrar la capacidad organizativa, la hospitalidad y la fortaleza del tejido productivo canario ante el mundo .

La reunión concluyó en un clima de colaboración y unidad, destacando la voluntad compartida de contribuir al éxito de un evento que marcará un hito tanto para la diócesis como para la sociedad canaria en su conjunto.

El encuentro con Cristo

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En este tercer domingo de Pascua contemplamos el relato evangélico de los discípulos de Emaús (Lc 24, 13-35). Su relectura nos permite profundizar en el núcleo central de nuestra fe que es el encuentro con el Resucitado. Toda obra de evangelización nace de este encuentro y desde él hemos de reconsiderar cualquier iniciativa evangelizadora y de pastoral. El episodio de los discípulos de Emaús se presenta como un texto paradigmático, para comprender la misión eclesial. En 2019, el papa Francisco regaló a toda la Iglesia y en especial a los jóvenes, la exhortación apostólica postsinodal Christus Vivit, fruto de la XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que tuvo como tema los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. Os animo a seguir profundizando en las orientaciones que ofrece esta exhortación. Especialmente quisiera rescatar algunas ideas que aparecieron tanto en el documento final fruto del Sínodo de octubre de 2018 como en la exhortación. En concreto la explicación de Emaús que hace el papa Francisco en el número 237:

«Jesús camina con los dos discípulos que no han comprendido el sentido de lo sucedido y se están alejando de Jerusalén y de la comunidad. Para estar en su compañía, recorre el camino con ellos. Los interroga y se dispone a una paciente escucha de su versión de los hechos para ayudarles a reconocer lo que están viviendo. Después, con afecto y energía, les anuncia la Palabra, guiándolos a interpretar a la luz de las Escrituras los acontecimientos que han vivido. Acepta la invitación a quedarse con ellos al atardecer: entra en su noche. En la escucha, su corazón se reconforta y su mente se ilumina, al partir el pan se abren sus ojos. Ellos mismos eligen emprender sin demora el camino en dirección opuesta, para volver a la comunidad y compartir la experiencia del encuentro con Jesús resucitado». El Papa subrayó este dinamismo misionero en el camino de Emaús con tres verbos: reconocer, interpretar y elegir. Hay una escucha atenta y profunda mientras se camina por parte del Resucitado. La Palabra hecha carne camina, escucha y explica al ritmo de los discípulos para entrar en su noche.

Vemos que existe un modo, una metodología paciente del Maestro. Él nos propone una manera de trasmitir y educar en la fe para llevar sin miedo la luz del Evangelio a tantas noches que presentan adultos y jóvenes en la actualidad. Es necesario un aprendizaje en el arte del acompañamiento espiritual para poder escuchar y discernir a la luz de la Palabra. La tarea de la evangelización no puede olvidar recurrir con naturalidad a la Sagrada Escritura leída y proclamada en el surco de la Tradición viva de la Iglesia. Con la guía del magisterio y abiertos al Espíritu Santo, acogemos de nuevo cómo la Palabra de Dios nos habla y hacer arder nuestros corazones de discípulos misioneros. Qué importante es vivir desde la Palabra y preparar encuentros con los catecúmenos o con los ya iniciados en la fe donde nunca falte la presencia de la Palabra de Dios.

Pero vemos como esa Palabra conduce a los discípulos de Emaús a la mesa de la Eucaristía. Es ahí definitivamente donde se le abren los ojos y lo reconocen. El Misterio Pascual, Su Cuerpo y Sangre es la fuente y el culmen de toda obra evangelizadora. Cualquier proyecto de pastoral, en su itinerario y metodologías, debe partir del altar y regresar al altar. El Resucitado conduce a su desvelamiento en la Eucaristía y desde ahí nos abre los ojos para reconocerlo. Por eso toda pastoral con jóvenes debe educar en este asombro que nace de la Eucaristía. Educar desde este encuentro con Cristo Vivo para salir, para convertirse en misioneros de otros jóvenes. La centralidad de la Eucaristía es clave en la vida y en la formación cristiana, y en todas las iniciativas que traten de llevar el anuncio de Cristo Vivo a los que no lo conocen.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

La Pascua, comienzo de una nueva andadura

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Queridos diocesanos, hermanas y hermanos de Málaga y Melilla:

La Pascua es la culminación del camino iniciado el Miércoles de Ceniza. Tras la experiencia penitencial de la Cuaresma y la intensidad espiritual del Triduo Pascual, corremos el riesgo de refugiarnos en la rutina como si el Domingo de Resurrección fuese el término del camino y no el comienzo de una nueva andadura. Pero la Iglesia nos ofrece una cincuentena de días para seguir saboreando que “Hoy es el día en que actuó el Señor”, mientras esperamos la irrupción del Espíritu prometido por Jesús. Para acogerlo con el corazón dispuesto os propongo tres tareas:

1ª. Contemplar las apariciones del Resucitado “como si presente me hallase”. Los Evangelios narran que el Resucitado se hizo el encontradizo con sus discípulos en varias circunstancias: en el huerto, con María Magdalena; en el camino de Emaús, con dos discípulos; en la casa donde estaban refugiados por miedo a los judíos, con Tomás el Mellizo; junto al lago, con Pedro y otros discípulos… Os invito a orar con estos relatos según propone san Ignacio en los Ejercicios, contemplándolos “como si presente me hallase”, y preguntándonos: ¿Qué me dice Jesús cuando pronuncia mi nombre como pronunció el de la Magdalena? ¿Qué heridas quiero tocar como Tomás? ¿Qué fracasos quiere aliviar en mí como en Pedro y sus compañeros después de bregar toda la noche en vano? Contemplar así la Palabra nos lleva a experimentar que Cristo no es un recuerdo, sino una presencia viva.

2ª. Releer nuestros momentos de “muerte” a la luz del Resucitado. Todos llevamos en el corazón heridas, fracasos, pérdidas, oscuridades que a veces preferimos no ver. La Pascua nos invita a mirar nuestras heridas con esperanza. Presentemos al Señor esos momentos que nos han marcado y pidámosle luz para descubrir que Él estaba allí, aunque no lo veíamos. La Pascua no elimina nuestro dolor, pero nos asegura que ninguna noche es definitiva, pues donde parecía que todo había terminado, el Padre sembraba las semillas de una nueva vida. Cuando el Resucitado ilumina nuestra historia se produce una profunda sanación.

3ª. Compartir la esperanza y la paz del Resucitado en la vida cotidiana. La Pascua no se vive sólo en nuestro interior, sino que se desborda hacia el exterior. El Resucitado no nos deja instalarnos, nos pone en camino hacia las personas, especialmente cuando necesitan gestos de esperanza, aunque sean sencillos: una palabra de ánimo, una escucha paciente, una reconciliación buscada con ahínco, una ayuda ofrecida generosamente… Cada vez que sembramos algo de paz, hacemos presente al Resucitado, que nos dice: “No tengáis miedo; id y anunciad”.

Hermanos y hermanas, vivamos con corazón agradecido. Que el Resucitado nos encuentre, nos ilumine, nos envíe, y María, Madre de la Pascua, nos acompañe.

Recibid un saludo muy cordial en el Señor.

+ José Antonio Satué
Obispo de Málaga

“Vivir el sentido eclesial de la fe”

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Homilía del arzobispo D. José María Gil Tamayo, en la Eucaristía del II Domingo de Pascua y Domingo de la Divina Misericordia, celebrada en la Catedral el 12 de abril de 2026.

Queridos sacerdotes concelebrantes;
queridos diácono y seminaristas;
queridos hermanos y hermanas:

Como les decía al comienzo, estamos en este segundo domingo de Pascua, domingo ‘in albis’, llamado así. Pero el Papa san Juan Pablo II quiso que también fuese éste el domingo de la Divina Misericordia. En atención a fortalecer la fe del pueblo cristiano en esa dimensión que define a Dios mismo como Misericordia. A través de las revelaciones de una santa polaca, santa Faustina Kowalska, esta devoción promovida por el Papa polaco, por san Juan Pablo II, se extiende por todo el mundo y pone de relieve, él lo hizo en su encíclica Dives in Misericordia. Y después, el Papa Francisco, dedicando un año a la Misericordia Divina, un año santo. Esta dimensión del amor de Dios, que es misericordioso, y que la Sagrada Escritura repite y que nosotros hemos también repetido en las contestaciones a la proclamación del Salmo: “Dad gracias al Señor porque es eterna su misericordia”.

Esa misericordia del Señor que le ha llevado a perdonarnos, a entregar a su Hijo Jesucristo, para salvarnos del pecado y darnos nueva vida. Esa obra salvífica que ha culminado con su entrega en la cruz, con su Pasión, muerte y Resurrección. Y somos beneficiarios, como nos ha dicho el apóstol Pedro en la segunda lectura. Nos ha dado una esperanza grande. Nos ha puesto ante nuestros ojos y ya se nos ha dado en arras esa gloria a la que estamos llamados y que es la plenitud en Dios mismo como partícipes de la Resurrección de su Hijo Jesucristo. Por tanto, como nos ha dicho también el apóstol Pedro, aunque durante nuestra vida tengamos que sufrir dificultades, tendremos que ser acrisolados como el oro, para quitar lo que en nosotros estorbe y purificados para esa plenitud a la que estamos llamados y que ha obtenido Cristo con Su victoria.

Pero, somos caminantes, vamos de camino hacia esa patria, hacia esa plenitud que ya se nos ha anticipado con la Salvación del Señor Jesús en su Misterio Pascual. Hemos contemplado en la lectura del Evangelio la aparición de Cristo el domingo de Resurrección y el domingo siguiente: dos domingos, dos ‘primer día’ de las semanas que, para el cristiano, pasa a ser el centro de este tiempo, en que celebramos la Resurrección del Señor. El primer día de la semana, el domingo. Por eso, los santificamos. Y en la primera aparición están los discípulos, están los apóstoles encerrados por miedo a los judíos; están en casa y el Señor se aparece en medio de ellos.

Ese Cristo que se muestra realmente como el mismo Señor, el que ha convivido con ellos, el que los ha predicado, el que los ha elegido, el que ha compartido con ellos la comida, ese Cristo que es Dios encarnado, que no es un espíritu ni es un fantasma: es Cristo mismo que se deja tocar. La Resurrección de Cristo no es una ilusión, no es un recuerdo de la pervivencia de un difunto ilustre en la historia. Es la presencia del mismo Dios encarnado en medio de nosotros, que ha vencido el pecado y la muerte. Cristo ha resucitado. Y eso es lo que experimentan los apóstoles con el gran regalo pascual de la paz y con el gran regalo pascual que les hace Jesús. San Juan pone el mismo pentecostés en el domingo de Resurrección soplando sobre ellos el Espíritu. Es el gran regalo pascual de Cristo, la efusión del Espíritu Santo.

Pero, nos ha dado un dato el Evangelio. Tomás, el mellizo, no estaba allí con los discípulos. Estaba afuera y no ve al Señor. Y cuando le dicen que ha estado, ya empieza el testimonio cristiano. “Hemos visto al Señor Resucitado, Cristo ha resucitado, el Maestro ha resucitado”. “No lo creo. Si no lo veo con mis ojos, si no toco con mis manos sus llagas, si no entro mi mano en su costado, no lo creo”. Si no lo veo, no lo creo. ¿Cuántas veces nos pasa esto a nosotros? Que dudamos, que esa fe se vuelve débil, que se hacen preguntas a las que aparentemente no tenemos respuesta sin darnos cuenta de que no es que Dios tenga respuesta, es que Dios es la respuesta. Y a la semana siguiente, aparece de nuevo Jesús el domingo y llama a Tomás y le dice a Tomás “aquí tienes mis manos, mis llagas entre tus dedos, aquí tienes mi costado entre tu mano y no seas incrédulo sino creyente”. Pero, dice Jesús algo muy importante: “Dichosos los que crean sin haber visto “. Y estamos nosotros queridos amigos. Y Tomás reconoce a Cristo y se encuentra con Cristo porque vuelve a la comunidad cristiana, vuelve a la Iglesia. No podemos decir “yo creo en Cristo y no en la Iglesia”. Cristo es inseparable de su Iglesia. El testimonio de Jesús nos ha llegado por su Iglesia, por los creyentes, por los cristianos, por los primeros y sólo es reconocible Cristo en el rostro de su Iglesia. Si no, sólo tendríamos de Cristo unas noticias de algún historiador romano como Plinio el Joven o Flavio Josefo, un historiador judío. Cabría en un tweet.

En cambio, nos ha llegado el testimonio directo de Jesús a través de la Iglesia. Por eso, cuando vuelve Tomás a la Iglesia, a la comunidad cristiana, se encuentra con el Señor. Nosotros somos los que nos hemos encontrado con el Señor en el testimonio de la Iglesia, de la comunidad cristiana, de otros en los que hemos visto reconocibles el testimonio de Jesús. Nos han llevado desde nuestros padres, catequistas, amigos, a encontrarnos con el Señor.

Queridos hermanos, vivamos este sentido eclesial de la fe. Vivamos esto. Y nosotros también, como repite después el apóstol Pedro, en la lectura que ha sido proclamada, nosotros sin haberlo visto lo amamos y sin haberlo conocido creemos en él. Esta es la grandeza de la fe cristiana en el testimonio eclesial. Esa Iglesia que quiere ser como la de los primeros tiempos.

Por eso, en la Pascua, vamos a escuchar permanentemente la lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles, que, como hoy nos ha relatado, vivían esa fraternidad, vivían en la doctrina de los apóstoles, vivían en la fracción del pan de la Eucaristía, vivían ese sentido de hermandad que tanto necesitamos en la unidad de los cristianos, en el testimonio vivo para que el mundo crea.

Vamos a pedírselo a la Virgen, Madre de la Iglesia, Madre del Resucitado. Que Ella nos ayude a dar testimonio del Señor Jesús, para que el mundo crea y reconozcan los demás en nosotros ese testimonio por el amor mutuo.

Así sea.

+ José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

12 de abril de 2024
S.A.I Catedral de Granada

El ciclo «Cultura del Encuentro» pone la mirada en la IA

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El ciclo “Cultura para el Encuentro», organizado por la parroquia de la Encarnación de Marbella con la colaboración del Centro Superior de Estudios Teológicos San Pablo, celebra su IV edición, del 20 al 24 de abril, con una serie de conferencias centradas en el papel de la inteligencia artificial (IA) en la sociedad, bajo el título “Inteligencia artificial, ¿encuentro o desencuentro?”.

En el encuentro participan los ponentes Salvador Merino, Daniel Guerrero, Antonio Moreno, Patxi Velasco Fano y Fermín González Molero. Durante cinco jornadas, expertos de distintos ámbitos analizarán las implicaciones tecnológicas, sociales y éticas de esta herramienta en constante evolución. Este ciclo se celebra en el Real Hospital de la Misericordia, conocido como El Hospitalillo, de Marbella, a las 19.30 horas de cada día.

El programa es el siguiente:

Día 20 de abril:

Inteligencia artificial: origen y aplicaciones
Salvador Merino, Vice-rector de infraestructuras de la UMA

Día 21 de abril:

IA y relaciones humanas y sociales
Daniel Guerrero, Licenciado en Psicología y profesor del CESET

Día 22 de abril:

IA y medios de comunicación
Antonio Moreno, Periodista y portavoz del Obispado de Málaga

Día 23 de abril:

IA y educación
Patxi Velasco Fano, Director del Colegio María de la O, Asperones, en Málaga

Día 24 de abril:

IA y ética cristiana
Fermín González Molero, Doctor en Teología Moral y Oficial del Dicasterio para la Doctrina de la fe, Roma.

Ana María Medina
Periodista de la diócesis de Málaga

Jornada de Formación Permanente para el Clero

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Convocada por la Delegación para el Clero, tiene lugar el lunes 20 de abril en Casa Diocesana.

En ella, el sacerdote y profesor de Teología Moral Guillermo Tejero acercará a la segunda parte de la Constitución Gaudium et spes, con una ponencia titulada «La Encarnación, hoy» y una mesa redonda.

Entrevista al ponente de la primera parte, el sacerdote Guillermo Tejero:

¿Cuál es el objetivo de esta jornada?

En el plan de formación del Clero de la diócesis se están trabajando los documentos del Concilio Vaticano II. Trabajamos ya la Dei Verbum y ahora estamos profundizando en Gaudium et Spes, durante este curso. Tras la aproximación a la primera parte que hizo Francisco Castro, mi aportación va a ser más desde la práctica. Estará centrada en la relación Iglesia-Mundo desde un punto de vista positivo. La iglesia tiene que estar en el mundo sin ser del mundo, y Jesucristo nos está llamando a encarnarnos.

¿Cómo es esa llamada a la encarnación en el mundo?

Hoy, en un mundo que está tan convulsionado, a veces tan visceral, en el que, ante cualquier cosa, nos situamos de un bando o de otro, la Iglesia tiene que tener puentes, puentes de fraternidad, de cultura de encuentro, de paz, porque al final eso es para lo que el Señor nos ha enviado al mundo, es esa buena noticia en la cual todos cabemos.

Guillermo Tejero: «Jesucristo nos está llamando a encarnarnos»
¿Es más difícil hoy que en otros tiempos, para un cristiano, también para un sacerdote, estar en el mundo sin “ser” del mundo?

El riesgo de cierta mundanización es algo que afecta a cualquier cristiano, nadie está exentos de ello. Y los sacerdotes estamos en el mundo también. Por eso la importancia de crear comunidades vivas, parroquias donde todos se sientan acompañados, lugares donde uno se encuentra con el Señor con serenidad, con tranquilidad. ¿Para qué? Para recuperar fuerzas y llenarse de Dios. Como esa fuente para después llevarla allí donde hace falta. La parroquia tendría que ser como esa fuente donde lleno el cántaro de mi corazón para después llevar este agua de la alegría, de la fraternidad, del encuentro, de la paz de Dios, a todos los lugares por donde vaya pasando.

¿Cómo aterriza este tema en la realidad de a Iglesia de Málaga?

Es lo que pretende la segunda parte de la jornada. Se ha pensado en ofrecer una mesa redonda que ayude a la aplicación práctica, a través de la participación de tres seglares de nuestra diócesis de Málaga, que nos van a explicar cómo se puede vivir esa encarnación en el mundo, y cómo nosotros, los sacerdotes, podemos acompañar en esas tres realidades concretas: el ámbito de la economía, el de la ecología y el de las comunicaciones, redes sociales, inteligencia artificial…

Si tuviera que dar un consejo para que las parroquias estén más encarnadas en las alegrías y en las tristezas que atraviesan los cristianos malagueños, ¿cuál sería?

Lo primero, las puertas abiertas. No son solo las puertas físicas del templo, que deben estar abiertas, a ser posible. Sino una Iglesia que sea acogedora. Creo que eso es fundamental. Tenemos que acoger. Y que formemos una Iglesia y unas parroquias donde se viva con mucha ilusión, con mucha alegría, el mensaje del Evangelio, de la buena noticia. Nuestras parroquias tienen que respirar un ambiente distinto al del mundo. Que la gente, al entrar, digan: “aquí se respira a Dios”. Tienen que ser parroquias no solamente acogedoras, donde todo el mundo tenga su sitio, se nos enseñe a orar, se nos acompañe en la fe, en la formación y donde se celebran los sacramentos… También que sean esos cauces, esas acequias para enviarnos después al mundo llevando esa alegría. Creo que ese es el gran reto que tenemos.

Y en este impulso que vive la diócesis de Málaga para ser una Iglesia más sinodal, Guillermo, ¿cómo se llama a caminar, como parroquia, todos juntos?

Aquí, al final, es un tema de mentalidad. Tenemos una mentalidad que puede ser, en muchos ámbitos, un poco clerical, en la actitud de que todo depende de los sacerdotes o parece que las cosas no avanzan si el sacerdote no avanza. Creo que tenemos que cambiar esa mentalidad. Estamos todos en la misma barca. Y todos tenemos que remar. Habrá días que uno reme más cansado, habrá días que uno suelte el remo y lo cogerá otro, habrá otros días que uno tira con más fuerza y el otro esté más cansado. Al final es decir: “yo siento que está es mi casa”. Muchas veces hemos hablado del sentido de la pertenencia. ¿Tú sientes que estás en tu casa o es un lugar donde solo recibes un sacramento? ¿Sientes que te duele tu casa? Y eso es tema mentalidad, sobre todo.

¿Una invitación a participar a los compañeros sacerdotes y diáconos?

Que va a ser no solamente el encuentro formativo, que es importante. Que sobre todo nos da la oportunidad de escuchar también otra voces distintas, y que es un encuentro entre todos. El vernos siempre es una alegría. Tenemos que crecer en esa fraternidad.

El horario previsto es el siguiente:

10.15 h. Acogida

10.30 h. Rezo de Hora Intermedia

10.45 h. Charla y diálogo: en torno a la segunda parte de la Constitución Gaudium et spes, por Guillermo Tejero.

11.45 h. Descanso-café

12.15 h. Mesa redonda (coordinada por la periodista de la Delegación Diocesana de Medios de Comunicación, Encarni Llamas): en la que dialogarán Ana Medina (periodista de los MCS diocesanos y profesora del CESET, que hablará de la Encarnación en las redes); Ángela Callejón (profesora de Economía de la UMA y vicepresidenta de la Fundación Unicaja, que hablará de la Encarnación en la Economía), y Jesús Bellido (Profesional en La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y miembro de la Plataforma Ecosocial Laudato Si’ de Málaga, que hablará de la Encarnación en la ecología).

Ana María Medina
Periodista de la diócesis de Málaga

Laura Aguirre: la elegancia como virtud cardinal

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Artículo de Tomás Salas, postulador de la causa de la Señorita Laura Aguirre, en el 125 aniversario de su nacimiento.

En cada santo la gracia actúa sobre sus cualidades personales (gratia supponit naturam) que son muy diversas, pues los santos constituyen un grupo de lo más heterogéneo. En el caso de Laura Aguirre quiero hablar de una cualidad que seguro no ha sido muy destacada en los escritos hagiográficos: la elegancia. Todos los que la trataron recuerdan y destacan su distinción, su constante amabilidad y dulzura en el trato, al mismo tiempo, cierta distancia y seriedad que hacía imposible cualquier campechanía o broma; su corrección en el vestir y actuar. Todo eso lo podemos llamar elegancia.

Sin embargo, era una persona totalmente ajena a la presunción, que trataba a todo el mundo, igual a los más distinguidos que a los más humildes. No solía hacer referencia a sus orígenes familiares ni a sus estudios. Por otro lado, en el vestido y el arreglo su austeridad era rigurosa. Siempre el mismo recogido en el pelo y la ropa de una discreción total. Aprovechaba todas las prendas; las cuidaba, zurcía y repasaba con sumo cuidado. Siempre se negaba a comprar ropa. Cuando los zapatos, permanentemente limpios y lustrosos, estaban tan deteriorados que presentaban boquetes en las suelas, los reparaba cuidadosamente con cartones.

Se cuenta la anécdota de que, un día de lluvia, subiendo Laura al tren para Málaga, un señor de Álora observó cómo los cartones se habían disuelto con el agua y su calzado mostraba un aspecto lamentable; ofreció a Laura dinero para que se comprase unos zapatos. Seguramente, ella dio otro fin a esta donación.

En los momentos de mayor estrechez, evitaba comer para dejar comida para sus niñas y luego se comía el sobrante, según el testimonio de una cocinera. Ésta recuerda como se comía una alita del pollo o el trozo de naranja pocha, pero usando los cubiertos con una corrección digna de un restaurante de lujo.

A pesar de esa sencillez, de esa pobreza en su atuendo, la Sierva de Dios siempre dio sensación de una pesona distinguida. De hecho, es curioso que el apelativo de Señorita, que comenzó a recibir en Álora desde el primer momento, se haya mantenido hasta hoy.

En las fotos suyas que conservamos tiene una especial distinción, a pesar de su delgadez y el deterioro, secuela de una vida de duros trabajos e intensas preocupaciones. Su prenda favorita era su toquilla de punto, que se envolvía con un garbo especial. Conservamos una foto con dicha prenda, su famosa toquilla morada, que se guarda en su museo como una reliquia.

Si no depende de lo externo y lo material, podemos considerar, en este caso, la elegancia como una actitud íntima, personal, que emana de la propia personalidad y, en el trato cotidiano, llega a los demás. Transmite a los demás orden, belleza, serenidad, armonía. La elegancia como todo lo humano tiene una dimensión moral en la medida en que influye en la actitud con respecto a uno mismo y a los otros.

En el caso de la Sierva de Dios Señorita Laura, ¿podríamos decir que la elegancia fue una virtud? Si se me permite la broma, la quinta virtud cardinal.

Tomás Salas, postular de la causa de la Señorita Laura

Cincuentena pascual, el gran domingo, un solo día de fiesta

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La Pascua de Resurrección no es una fiesta más de las que pueblan el calendario cristiano.

«Los cincuenta días a partir del domingo de la Resurrección hasta el de Pentecostés se celebran en la alegría y exultación, como si se tratase de un solo día de fiesta», afirman las Normas Universales del Año Litúrgico y el Calendario (NUALC) o mejor, según expresión de san Atanasio, como “un gran domingo”. Y es que, en su pedagogía de madre y maestra, la Iglesia quiere hacernos ver que la Pascua de Resurrección no es una fiesta más de las que pueblan el calendario cristiano -unas más y otras menos importantes– sino la más radicalmente central de todas, pues sin ella, ninguna de las otras tendría sentido.

La cincuentena es una semana de semanas durante la cual el cirio pascual, que nos sacó de las tinieblas significando la luz de Cristo rompiendo la oscuridad de la muerte en el lucernario de la Vigilia Pascual, se encenderá en todas las celebraciones. En este tiempo, todos los signos de la Iglesia se cuidan especialmente para expresar la alegría de la Iglesia por la Resurrección: las flores, el uso del incienso, los mejores ornamentos blancos para los sacerdotes o la música y el canto. En este último punto destaca la aclamación del aleluya, especialmente propicia en este tiempo.

SECUENCIA DE PASCUA
Cristianos, ofrezcamos al Cordero pascual nuestro sacrificio de alabanza.

El Cordero ha redimido a las ovejas: Cristo, el inocente,

reconcilió a los pecadores con el Padre.

La muerte y la vida se enfrentaron en un duelo admirable:

el Rey de la vida estuvo muerto, y ahora vive.

Dinos, María Magdalena, ¿qué viste en el camino?

«He visto el sepulcro del Cristo viviente y la gloria del Señor resucitado.

He visto a los ángeles, testigos del milagro, he visto el sudario y las vestiduras.

Ha resucitado Cristo, mi esperanza, y precederá a los discípulos en Galilea».

Sabemos que Cristo resucitó realmente; Tú, Rey victorioso, ten piedad de nosotros.

Antonio Moreno Ruiz
Periodista y portavoz de la diócesis de Málaga

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