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El Obispo vuelve a la Plaza de Capuchinos para visitar a la Paz y Esperanza

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Monseñor Jesús Fernández estuvo en la iglesia del Santo Ángel el Viernes de Dolores y hoy ha vuelto para ver a los titulares en sus pasos

La Hermandad Franciscana y Cofradía de Nazarenos de Ntro. Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y María Santísima de la Paz y Esperanza, fundada en 1940, es una de las más esperadas cada Miércoles Santo por los cordobeses. Minutos después de las cinco de la tarde la Plaza de Capuchinos y el Cristo de los Faroles volverán a ser testigos de la salida procesión del Señor de la Humildad y Paciencias y de la Virgen de la Paz. Acompañados por uno de los cortejos más extensos de cuantos procesionan durante toda la semana, pondrán rumbo a la Santa Iglesia Catedral, dejando estampas únicas en las calles de la ciudad.

Durante la visita, monseñor Jesús Fernández ha estado acompañado por el Delegado de hermandades y cofradías, José Juan Jiménez Güeto, el consiliario, Juan José Romero Coleto. El Obispo ha querido dejar un mensaje en el libro de la Hermandad capuchina.

La Virgen fue coronada canónicamente el octubre de 2022 y se la conoce popularmente como “La paloma de Capuchinos”. El paso de Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia Representa a Jesús despojado de sus vestiduras en el Calvario, acompañado de siete figuras que escenifican la crueldad de los sayones y la serenidad de Cristo. Ambas imágenes titulares son talla del imaginero Juan Martínez Cerrillo.







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Piedad y Esperanza en uno de los barrios más pobres de España

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El Obispo conoce la hermandad de Las Palmeras horas antes de hacer su estación de penitencia por las calles de Córdoba

Este Miércoles Santo el obispo de Córdoba ha retomado las visitas a las hermandades y cofradías que está llevando a cabo esta Semana Santa. La jornada del Martes Santo no visitó el prelado ninguna hermandad al tener por la mañana la Misa Crismal en la Santa Iglesia Catedral junto a gran parte del clero de la Diócesis. La parroquia de San Antonio María Claret en el Barrio de Las Palmeras ha sido la primera sede que ha visitado el prelado hoy para conocer a la Hermandad del Santísimo Cristo de la Piedad, Dulce Nombre de María Stma. de la Esperanza y San Longinos Mártir. Durante la visita, acompañado por el Delegado de hermandades y cofradías, José Juan Jiménez Güeto, el consiliario, Juan José Romero Coleto, y el párroco, José Bernardo Juan Lúquez, el prelado ha bendecido el nuevo bacalao de la hermandad.

La labor de la hermandad en el barrio es encomiable, Las Palmeras es uno de los quince barrios más pobres de España. La hermandad de la Piedad destaca por su gran labor social, centrada en combatir la exclusión en el barrio mediante un comedor social, una escuela de baile y flamencos, ayudas a la tercera edad y participación activa en el plan integral del barrio. Cada año dedican gran parte de su presupuesto a la labor social.

La hermandad procesiona cada año la tarde del Miércoles Santo con un solo paso en el que aparece Jesús crucificado y su Madre María Santísima de la Esperanza postrada a sus pies. La talla del crucificado fue sustituida en 2023, porque la anterior de autoría anónima e incorporada a la hermandad en 1972 se encontraba muy deteriorada. El imaginero cordobés Antonio Bernal fue el encargado de realizar la nueva talla del Cristo de la Piedad, titular de la hermandad de Las Palmeras.









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Hermandad del Santo Sepulcro y María Santísima de los Dolores. Palma del Río

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La actual imagen de Cristo Yacente llegaría a la Hermandad en 1948. Se trata de una escultura realizada en madera de talla completa, con grandes rasgos de la escuela valenciana

La Hermandad del Santo Sepulcro y María Santísima de los Dolores, con sede en la Parroquia de San Francisco de Asís de Palma del Río, sienta los orígenes de la corporación en torno a 1580, como Cofradía de la Soledad y Santo Entierro o Santo Sepulcro de nuestro Señor. Desde entonces, realiza su salida procesional cada Viernes Santo, salvo excepción de algunos años en la década de los 70, pasando a la jornada del sábado. Hasta 1936, bajo el nombre de Cofradía del Santo Sepulcro y Nuestra Señora de la Soledad, pasaron por ella cantidad de imágenes y pasos con otras diversas advocaciones, adquiriendo cada vez mayor importancia la advocación de Nuestra Señora de los Dolores, frente a la desaparición de la Soledad.

Tras la quema del convento franciscano y la desaparición de todo su patrimonio en la guerra civil española, logra ser refundada en 1939. Pasará entonces a tener el nombre de Hermandad de Caballeros del Santo Sepulcro y María Santísima de los Dolores, dos imágenes claves en la historia de la cofradía durante siglos. La Hermandad es fundada en primer momento en la Parroquia de la Asunción de la localidad, hasta la reconstrucción del templo parroquial de San Francisco en 1954, fecha en que pudo volver a la que había sido su casa durante más de tres siglos.

Sufrió una decadencia en torno a 1980, lo que acabó con una profunda refundación en 1982. Guiados por el párroco D. Francisco Moreno, un grupo de devotos y hermanos se propusieron sacar la Hermandad adelante, conscientes del valor histórico de la cofradía, su patrimonio artístico y religioso.

Destaca por ser una cofradía con un estilo propio, buscando superar cánones fijos hacia una originalidad y simbología particular en todos sus actos y cultos, y su nuevo patrimonio, sin olvidar su pasado y remontándose a él para seguir construyendo y dando vida a la Hermandad. Todo ello gracias al trabajo de tantas personas a lo largo de los siglos, que a pesar de infinitas dificultades y pérdidas graves de todo el patrimonio, se han aferrado al amor a Cristo Yacente y a María en su misterio de dolor más profundo para mantener viva la llama de fe de la cofradía y así todo su germen.

La actual imagen de Cristo Yacente llegaría a la Hermandad en 1948. Se trata de una escultura realizada en madera de talla completa, con grandes rasgos de la escuela valenciana de la década de los cuarenta. Representa el cuerpo inerte de Jesús en el sepulcro, destacando el correcto tratamiento anatómico y forense de la imagen. Fue restaurada en febrero de 2020 por D. Miguel Manzanares. En ella se atribuyó al Taller de Escultura Religiosa Román y Salvador de Valencia.

Por su parte, María Santísima de los Dolores se trata de una imagen de vestir, tallada en madera y policromada, de desconocido autor y fecha. Llegó a la Hermandad en la Cuaresma de 1940. Representa a la Virgen María en su dolor más profundo, ante la muerte de su Hijo. Testimonios aseguran que la talla provenía de otro lugar en el que fue refugiada por los sucesos de la guerra civil. Fue restaurada en dos ocasiones por D. Manuel Jacob Quero, en 1992 y otra más profunda en 2007.

Como cofradía de penitencia, destaca su largo cortejo en la calle, caracterizado por los dos colores de sus tramos, la seriedad y semblanza de sus nazarenos, y el carácter fúnebre que se entremezcla con la fuerte devoción a la titular mariana, acompañada por numerosos niños en su primer tramo de cortejo. En el cortejo y pasos procesionales podemos contemplar diversos elementos y representaciones que nos ayudan a comprender la idiosincrasia de la Hermandad, el momento de la Pasión que ocupa y elementos simbólicos que enlazan la muerte de Cristo con el Evangelio.

El pasado año, el Ayuntamiento de Palma del Río otorgaba la medalla de la ciudad a la Hermandad en reconocimiento de su vinculación histórica, devoción arraigada en la comunidad, su continuo trabajo social y caritativo y su papel esencial en la identidad religiosa y cultural de Palma del Río.

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Miércoles, 1 de abril de 2026

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Dossier de prensa diario elaborado por la Delegación diocesana de Medios de Comunicación Social de la diócesis de Córdoba.

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La Misa Crismal centró las celebraciones del Martes Santo en la diócesis de Guadix

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La Misa Crismal centró las celebraciones del Martes Santo en la diócesis de Guadix

 

La mañana del Martes Santo se viste de fiesta en la diócesis de Guadix con la celebración de la Misa Crismal. Es una Eucaristía muy especial, que congrega a todos los sacerdotes de la diócesis, junto a su obispo, y que cuenta con la participación de consagrados y consagradas y, por supuesto, los fieles que quieran asistir. Se celebra en la Catedral y, en esta Misa, se bendicen los Óleos y se consagra el Crisma, que va a ser utilizado a lo largo del año en la administración de los sacramentos. También los sacerdotes renuevan sus promesas sacerdotales, recordando el compromiso que asumieron cuando recibieron la ordenación.

La Misa Crismal, según la liturgia, se celebra en la mañana del Jueves Santo. Pero, para facilitar la asistencia de los sacerdotes, se traslada todos los años a la mañana del Martes Santo. Y así se ha hecho este año. Han asistido todos los sacerdotes, que han contado, además, con una charla-meditación antes de la Misa.

La meditación tuvo lugar una hora antes de la Misa, en la iglesia del Sagrario. Allí, el sacerdote Gerardo José Rodríguez presentó a los sacerdotes algunas claves para vivir su sacerdocio hoy, con autenticidad y compromiso, a pesar de las dificultades. Y todo esto desde la fraternidad sacerdotal, no desde el individualismo y la soledad, sino desde la fraternidad, como presbiterio de hermanos que comparten una misma vida, un mismo compromiso. Gerardo José es un sacerdote de Nicaragua, expulsado de su país por la represión que se vive allí, que ejerce, mientras le llega la oportunidad de volver a su tierra, como sacerdote en la diócesis de Guadix. Aquí lleva ya dos años y, en la actualidad, es el párroco de Graena, Cortes y Los Baños.

Tras la meditación, se celebró la Eucaristía en la Catedral, presidida por el obispo, monseñor Francisco Jesús Orozco. En la homilía habló de lo que representan los Óleos y el Crisma para la vida de los cristianos a lo largo del año. Con ellos se administran sacramentos como el Bautismo, la Confirmación, el Orden Sacerdotal y la Unción de los Enfermos; sacramentos que son presencia de Dios y vida para los cristianos.

También habló el obispo a los sacerdotes, animándolos a vivir su ministerio con dedicación, alegría y compromiso. Y, recordando las recientes palabras del papa Francisco al presbiterio de la archidiócesis de Madrid, los invitó a que, ante las dificultades del presente y la secularización, haya una renovación espiritual que fomente la unidad y la fraternidad sacerdotal.

Al finalizar la Eucaristía, los sacerdotes recogieron los Óleos y el Crisma para llevarlos a sus pueblos y poder administrar, así, los sacramentos. Terminó la mañana con una comida fraterna en la Residencia Sacerdotal.

Antonio Gómez
Delegado diocesano de Medios de Comunicación Social. Diócesis de Guadix

 

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MIÉRCOLES SANTO: “¿SOY YO ACASO, MAESTRO?”, Por Antonio Jesús Martín Acuyo

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En este día, termina la Cuaresma. Cuarenta días de este tiempo de gracia y misericordia que comenzó el miércoles de ceniza. Han sido días en los que mirando la Cruz del Redentor, en comunidad y de modo personal, nos hemos puesto en camino para dejar nuestra vida alejada de Dios y retomar el deseo de seguir a Cristo, con un espíritu renovado como hijos de Dios. Esto nos ha llevado a amar con más intensidad y mayor amor a Cristo, pero quizá te ha parecido que has hecho poco, o más bien nada.

Pues mira a Cristo. Va a comenzar “su hora” (cf. Jn 12,23), va a llegar a plenitud su paso por este mundo, va a llegar a culmen el sentido de su Encarnación, y “ardientemente ha deseado comer esta Pascua” (cf. Lc 22,15). Lo quiere, quiere dar su vida por cada uno de nosotros, por la humanidad. Y lo quiere hacer junto con los doce. Sí, con los doce. A pesar de que, los eligió personalmente para estar con Él (cf. Mc 3,13), entre ellos está quien lo va a entregar, quien lo va a traicionar, quien ha cerrado su corazón antes las palabras que Cristo en estos tres años de predicación. Judas Iscariote, ha sido de testigo de su predicación, de sus curaciones, de sus milagros… pero nada de esto ha transformado su corazón.

Con frecuencia, juzgamos a este apóstol sin misericordia. Nos duele su traición, su cerrazón de corazón… porque eso ha llevado a la muerte, y una muerte de Cruz al Redentor. Pero, de nuevo el Señor nos da una lección, invitando al mismo traidor a la Última Cena, poniéndolo junto a Él, para darle la posibilidad de cambiar lo que había de hacer, pero viendo su negativa, Jesús le ofrece de su cuerpo, le invita a hacer lo que ha de hacer con prontitud.

Nosotros que contemplamos esta escena en el pórtico de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, hemos de aprender de ella. Convenía, así estaba establecido que fuera… para nuestra salvación. A ti, como a mí, nos cuesta entender muchas veces la voluntad de Dios en los momentos duros de nuestra vida.

En este día de Miércoles Santo, te invito a acompañar a Jesús junto con los doce en los preparativos de la Pascua. Pídele que prepare tu corazón para afrontar esos duros momentos, que Dios permite para cumplir así su voluntad. Abre tu corazón a sus enseñanzas y déjate transformar por su acción salvadora. No cierres tu corazón al Corazón de Dios en el que encontramos el ejemplo, el modelo y el sentido de nuestra vida.

Antonio Jesús Martín Acuyo

Párroco de la Virgen del Carmen de Aguadulce

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UNA FIDELIDAD QUE GENERA FUTURO, por Antonio Gómez Cantero

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Querida comunidad: laicado y vida consagrada, seminaristas, servidores del altar de distintas parroquias, pero especialmente hoy, queridos hermanos sacerdotes y diáconos, que celebramos como una familia de hermanos la MISA CRISMAL.

Antes de escribir una homilía, doy vueltas, medito, escribo y borro, pienso y contemplo a los que debo dirigirme, pero sobre todo le digo al Señor, ilumina mi corazón y mi pensamiento para que seas tú y no yo quien se comunique. Y creo que este es el camino, muchas veces costoso, de la homilía, para que no sean palabras huecas e intranscendentes. Y esto el Pueblo Santo de Dios lo intuye. Las palabras que os trasmito también van dirigidas a mí, no puede ser de otra manera.

  1. La verdadera sabiduría

Este año hemos vivido, con intensidad espiritual, la beatificación de nuestro Cura Valera, que debe suponer un antes y un después en nuestra vida de clero diocesano. Para ello debemos marcar un camino pautado y revisable que nos lleve a vivir la comunión sacerdotal, entre unos y otros, poniendo al servicio de todos nuestra vida y nuestra misión. Este año celebramos el 11 de mayo en Huércal-Overa el día de nuestro patrón, con los sacerdotes de Cartagena y Guadix, que desean unirse a nosotros. Vendrá a acompañarnos el cardenal François-Xavier Bustillo, de Ajaccio, en Córcega.

Cuando contemplo la vida del beato Salvador Valera Parra, releo lo que nos dice San Pablo, que nadie ande presumiendo, pues no pasamos de ser seres humanos. No nos engañemos, si alguno de vosotros presume de ser un sabio, según los criterios de este mundo, que se convierta en necio para alcanzar la verdadera sabiduría. Dios sabe qué vacíos son los pensamientos de los sabios, -y continúa con fuerza- a nosotros la gente nos ha de considerar como lo que somos: servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Y a un administrador lo único que se le pide es que sea fiel.  Cfr. 1Cor 3,18-4,2. Esta es nuestra primera tarea apostólica, buscar e integrar en nuestra vida la verdadera sabiduría de Dios. Y esto nos exige, a todos, una conversión del corazón.

  1. Vivir como ungidos

En lo que llevamos de este curso hemos tenido la gozosa bendición de tres nuevos presbíteros y un diácono, para nuestra Iglesia Diocesana.

Durante la homilía de la ordenación de los presbíteros, recordaba cómo podemos ser otros Cristo: reiterando lo que significa ser ungidos.

¡Cuántas veces hemos reflexionado sobre la caridad pastoral! Nuestra ganancia está sólo en ser otros Cristo. Porque ser ungidos como Cristo, no como los poderosos de este mundo, significa asumir un servicio para los demás y este servicio de donación, nos expropia de nosotros mismos y nos pone de por vida a la disposición del otro, especialmente de aquel que más necesidad tenga: ya sea espiritual, corporal o del tipo que sea. Recordad las obras de misericordia.

Jesús, el Mesías, el Ungido, en los evangelios aparece cómo le ungen los pies, con perfume y con lágrimas Lc 7, 36-50 / Jn 12, 1-8. He dado muchas vueltas a este doble pasaje. ¿Tendrá que ver esta unción con el tipo de mesianismo elegido por el Señor? Como un cordero llevado al matadero, no desde el poder sino desde la humildad y la misericordia. En el salmo 88 vemos como David era ungido con aceite sagrado para darle la fuerza. Pero Jesús es ungido por los pies, Jesús el que lava los pies como un siervo, Jesús y los pies del mensajero que por los montes anuncia la paz.

A nosotros nos han ungido las manos: manos de bautismo, de eucaristía, de perdón, de ayuda, de gestos de ternura. ‘Haced esto en memoria mía’ engloba el lavatorio de los pies, la institución de la eucaristía (cuerpo y sangre entregados) y el mandamiento del amor. Son caminos de misericordia.

Estos caminos de misericordia, en este mundo, no son más convulsos que los de la primera predicación evangélica, son los únicos que nos pueden llevar a Cristo y llevar a Cristo a los demás. Las diatribas en la familia, en la calle, en las redes sociales e incluso en las parroquias y en nuestros grupos y hermandades, entre nosotros mismos, en la Iglesia, nos llevarán al enfrentamiento, pero nunca a la conversión del corazón, pues estos enfrentamientos nacen del orgullo y de posicionamientos ideológicos, no solo políticos sino incluso religiosos, que nos conducirán a la destrucción y al sectarismo más radicalizado. Qué tienes que decir contra los cargos que presentan contra ti, -le preguntaba Pilatos- pero Jesús callaba. Mt 26, 62-63. Como cordero llevado al matadero no abría la boca, profetizó Isaías. Del Cura Valera, no recordamos sus palabras, pero permanece viva su vida entregada.

Y continué diciendo en el día de la ordenación de los nuevos presbíteros. Para empezar, nosotros no somos los puros, y el que diga lo contrario o intente disimularlo, se desliza por sendas farisaicas. Para nosotros es un peligro andar por estas sendas de la autocomplacencia, la falsa sabiduría, o la connivencia con los poderes de este mundo buscando nuestro propio prestigio. Nosotros, somos los humildes amigos del Señor, sus hermanos, con nuestras carencias y nuestros pecados y un mandato, que lavemos los pies, que nos partamos y repartamos, como su Cuerpo, que nos amemos, como él nos ha amado, que seamos uno, para eso hemos sido elegidos. He descubierto que los grandes maestros espirituales fueron misericordiosos con los demás y muy exigentes consigo mismos. Que todos se convenzan por vuestra vida, ahí radica la verdadera autoridad. Una buena conducta –y lo vemos en el Cura Valera- vale más, y permanece en la historia, más que un gran sermón.

  1. Alimentados de la Palabra

El día 28 de febrero, los seminarios de Almería y Cartagena, con otros tantos, pudimos visitar al Papa, convocados por él. Sus palabras dedicadas a los seminaristas, y también a los sacerdotes, nos llegaron al corazón. Lo comentaban los seminaristas cuando salimos. Nos decía: podemos hacer prácticas intrínsecamente buenas, la oración, el estudio, las celebraciones, la vida comunitaria… pero interiormente pueden estar vacías, pues las desnaturalizamos convirtiéndolas en un mero cumplimiento.  Y citando el Papa a Alejandro Casona, añadió: se dice que los árboles mueren de pie, erguidos, conservan la apariencia, pero por dentro ya están secos. Algo semejante puede ocurrir en la vida de un seminarista —y más tarde también en la de un sacerdote— cuando se confunde la fecundidad con la intensidad de muchas actividades, o con el cuidado meramente exterior de las formas. La vida espiritual no da fruto por lo que se ve, sino por lo que está profundamente arraigado en Dios. Cuando esa raíz se descuida, todo acaba secándose por dentro, hasta que, silenciosamente, se termina por morir de pie. Quizás eso nos puede ocurrir a todos a base de repeticiones, como árboles muertos al lado del arroyo de agua viva, conservando, tan solo, la apariencia.

Cuando pensamos en claves mundanas, el ministerio se confunde con un derecho personal, un cargo distribuible, una función burocrática, una justificación para mí mismo, no para el servicio a la comunidad. Y nos olvidamos que el maestro llamó a los que él quiso para que estuvieran con él Mc 3,13-14. No nos creamos que somos importantes si no servimos de corazón.

  1. Padre, que todos sean uno

La Carta Apostólica de nuestro Papa León XIV “Una fidelidad que genera futuro”, un título cargado de esperanza, con motivo el 60 aniversario de los decretos conciliares sobre el sacerdocio: Optatan Totius y Presbyterorum Ordinis, nos puede ayudar a trazar un camino juntos. Os invito a leerla o releerla, si ya lo habéis hecho, y refrescar nuestros compromisos.

Es una pequeña y profunda carta de tan solo 29 párrafos numerados. El párrafo 14, el eje de la carta, es en el que me voy a parar, porque nos invita a custodiar y hacer crecer la vocación. Una tarea que nunca se acaba, custodiar y hacer crecer. El mismo texto nos dice que es un camino y un recorrido ¡os dáis cuenta, otra vez la unción de los pies! Camino y recorrido de conversión y de fidelidad, pero no es una peregrinación individual, pues la misma ordenación nos compromete a trabajar juntos y a cuidarnos unos a otros, si no fuera así nos llevaría al narcisismo y al egocentrismo. Si actuamos solos, individuamente, la comunión, la sinodalidad y la misión, no podrían realizarse, pues el ensimismamiento, que es como un fuego fatuo, nos impediría la escucha y el servicio a los demás.

Todo nuestro servicio está enraizado en Cristo, por Cristo y con Cristo. Por favor, si alguna vez notáis que yo mismo, o alguno de nosotros, nos salimos de este camino, que me busco solo a mi mismo y mi prestigio, que me mundanizo con los poderes de este mundo que tiene tantos rostros, tantos como la pobreza, si veis que no hablo con la unción del servidor fiel y prudente, que me predico a mí mismo, que huyo del servicio callado y humilde, que busco halagos y vanaglorias, que me enredo con mis propios intereses del tipo que sean, que he olvidado mis compromisos de sacerdote de Cristo, por favor avisadme, corrijámonos unos a otros con caridad fraterna, por nuestro bien y por el bien de nuestra Iglesia, que camina peregrina por estas tierras de Almería.

Que Nuestra Señora, en cada una de nuestras queridas advocaciones, Madre de Dios y Madre nuestra, interceda por todos y cada uno de nosotros para que crezcamos todos juntos en el amor de Dios y nos esforcemos por irradiarlo a los demás.  Amén.

+ Antonio Gómez Cantero, vuestro obispo

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