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Días de Misión en Caniles

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Días de Misión en Caniles

También en Caniles se están viviendo días de Misión. Como en todas las parroquias de la diócesis, un grupo de misioneros se ha desplazado hasta la localidad para compartir la fe, anunciar a Jesucristo, acompañar a los canileros y celebrar la esperanza.

 

Han sido días en los que ha habido de todo: visitas a las casas de los mayores y enfermos, encuentros con las familias, catequesis con los niños y con los adultos,…

También ha habido celebraciones de la fe, como las Eucaristías, al final del día, o el rezo del viacrucis y del rosario, con algunos misterios representados.

Los mayores de la residencia La Torre también han recibido la vista de los misioneros, que dialogaron con ellos y con los que rezaron.

Además, los misioneros se hicieron presentes en los anejos de Caniles, compartiendo la fe con los vecinos. Como dice su párroco, Rafael Tenorio, “Caniles se ha volcado con los misioneros”.

Como en todas las parroquias de la diócesis, estos días de Misión han supuesto una oportunidad para renovar la fe, celebrarla y, sobre todo, compartirla, con el compromiso de vivirla sin complejos y con la alegría de saber que el Señor está con nosotros.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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En imágenes, la Misión Diocesana en Alamedilla

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En imágenes, la Misión Diocesana en Alamedilla

Han sido días para comaprtir la fe y crecer en comprom iso y vida cristiana

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En imágenes, la Misión Diocesana en Fonelas

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En imágenes, la Misión Diocesana en Fonelas

Fonelas también ha recibido a los misioneros en estos días de Misión. Han sido días para celebrar y vivir la fe.

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En imágenes, la Misión Diocesana en Pedro Martínez

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En imágenes, la Misión Diocesana en Pedro Martínez

Pedro Martínez también ha vivido la Misión Diocesana con intensidad y mucha fe.

Los mayores de la residencia de ancianos recibieron la vista de los misioneros, que también se hicieron presentes en las casas de los feligreses. Hubo catequesis, celebraciones de la fe, viacrucis, rosario,… como en todas las parroquias. Días de Misión, días de fe, días de gracia.

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En imágenes, la Misión Diocesana en La Puebla de Don Fadrique

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En imágenes, la Misión Diocesana en La Puebla de Don Fadrique

También en la Puebla de Don Fadrique se está realizando la Misión Diocesana. Tiene lugar estos últimos días de Misión, en jornadas intensas de visitas a las casas de los mayores y enfermos, en encuentros con las familias, en celebraciones de la fe.

 

Las catequesis a los más pequeños, y también a los mayores, han servido para recordar y renovar el amor que Dios nos tiene a todos.

Días de Misión en Puebla de Don Fadrique, días de fe.

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En imágenes, la Misión Diocesana en Bejarín y Benalúa

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En imágenes, la Misión Diocesana en Bejarín y Benalúa

La Misión Diocesana ha llegado a las parroquias de Benalúa y Bejarín. Como en las demás parroquias, durante varios días se han sucedido las catequesis, las celebraciones de la fe, el rezo del rosario o del viacrucis, los encuentros con las personas…

Los misioneros han podido acercarse a muchas familias, con las que han compartido no solo su testimonio, sino también la mesa, pues han sido acogidos con cariño por los feligreses de estas parroquias.

Además, en estos dos pueblos han podido disfrutar, en uno de los días de Misión, de la presencia de la madre Ángela Silva, fundadora de la Congregación Marta y María, las religiosas que están realizando esta Misión.

Y ahora, cuando se anuncia la clausura de la Misión, desde las parroquias de Benalúa y Bejarín ya han expresado el compromiso de que estarán en la celebración de final, para compartir con todos la alegría y lo vivido en estos días. Esa clausura será el domingo 3 de marzo, en una Misa solemne en la Catedral, presidida pro el obispo, D. Francisco Jesús Orozco.

Sin duda, también en Benalúa y Bejarín estos días han sido días de gracia y testimonio que han servido para renovar la fe.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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Guadalén acoge con júbilo la Visita Pastoral del Obispo

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Eran las 4:30 de la tarde cuando comenzaba a cumplirse lo previamente anunciado con motivo de la Visita Pastoral que nuestro Padre y Pastor, el Obispo de la Diócesis, está celebrando en el Arciprestazgo de Linares. En esta localidad no se hacía Visita Pastoral desde el año 2003, por el entonces Obispo Don Santiago García Aracil, lo que suscitó entre los fieles un acontecimiento memorable.

Se dio comienzo a la hora prevista y en la plaza de la Iglesia, el Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, era acogido con la alegría espontánea y creativa por parte de los fieles presentes que no dudaron en aproximarse ante él saludándole y expresándole la gratitud por su presencia.

Asimismo, fue saludado por la alcaldesa Doña Nieves Momblán Lorenzo y autoridades civiles. Durante unos minutos pudieron departir sobre detalles del pueblo, destacando la marcha de muchos de sus habitantes a otros lugares de la geografía española en busca de trabajo.

En la puerta de la iglesia el Obispo es acogido por el párroco, D. Sebastián Pedregosa Reche, que le ofrece el hisopo con agua bendita, y el Obispo se signa y asperja a los circunstantes. Luego, Don Sebastián hace una breve oración en silencio ante el Santísimo Sacramento y va al presbiterio, donde el párroco, de pie ante el altar, invita a los fieles a orar por el Obispo. Posteriormente, el Obispo entró en una catequesis dialogada con la comunidad allí presente. A lo largo del encuentro causó impacto entre los presentes por su sencillez y ponerse a la altura de las circunstancias vividas a lo largo del tiempo por esta comunidad, que no olvida sus orígenes desde la formación de este poblado de colonización allá por los años 50. Muy próximo a él se encuentra el Pantano de Guadalén. A continuación, se celebró la Misa Estacional, muy participada y que culminaba con una oración por los frutos deseados de la visita.

Posteriormente, el Prelado recibió al Alcalde de Vilches, Don Adrián Sánchez Ruiz, y dedicó unos minutos a la revisión de los libros parroquiales. Asimismo, pudo observar a ver en qué estado se encuentra la casa parroquial, lamentando su estado actual. Para finalizar bien entrada la noche se le preparó un “tentempié” que degustó con un grupo amplio, dando así por finalizada su primera visita como Padre y Pastor a esta pequeña porción del Pueblo de Dios, a la que prometió visitar de nuevo tan pronto como le fuese posible.

Comunidad parroquial de Guadalén

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“El celo de tu casa me devora” (salmo 69,10)

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Llegados al tercer domingo de Cuaresma, la liturgia nos presenta la escena de la
expulsión por parte de Jesús de los mercaderes del Templo. Aparece un Jesús lleno de
ira, haciendo un látigo y expulsando violentamente a todos los mercaderes del Templo:
“No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre”. Los discípulos se acordaron de lo
que está escrito en el Salmo 69, 10: “El celo de tu casa me devora”.
No es fácil explicar este pasaje evangélico. Nos parece, a nosotros que somos
pecadores, que toda manifestación de ira y más aun si se expresa violentamente, como
en este caso, es algo abominable, es algo impropio del hombre, es pecado. Como si para
ser cristiano tengamos que recortar el impulso, el coraje, el entusiasmo, la ira, para
convertirnos en pacifistas de baja intensidad. Hemos de cambiar el criterio. En Jesús, la
ira está movida por la caridad, es ira santa, y es necesaria esa ira para afrontar grandes
dificultades, con las que nos encontramos en la vida.
Jesús ha venido al mundo, ha entrado en la historia de la humanidad para cambiar el
rumbo al que nos aboca el pecado y que nos lleva a la ruina. Por tanto, no es legítima la
ira que brota del amor propio, del orgullo humillado. No es buena la ira cuando brota de
un corazón rencoroso, que busca la revancha. Sin embargo, la ira es una de las pasiones
que más funciona en nuestra vida, y puede funcionar correctamente. Cuando una madre
de familia afronta la crianza de varios hijos, cuando un padre de familia tiene que
multiplicar sus horas y sus esfuerzos para sacar adelante su casa, cuando hay que
afrontar una empresa difícil, etc. se necesita coraje, ánimo, fuerza, entusiasmo. En todas
esas tareas se necesita una ira ordenada por la caridad.
La ira por tanto no es el enfado por el enfado, es la fuerza interior con la que somos
capaces de afrontar tareas arduas y difíciles. Eso es lo que sucede en el pasaje
evangélico de este domingo. Jesús ha venido a santificar la casa de su Padre, su templo.
Ese templo ha pasado a ser la humanidad de Cristo. “Destruid este templo y en tres días
lo reedificaré…Él hablaba del templo de su cuerpo”. Y la prolongación del templo de
Cristo, donde habita el Espíritu Santo, somos cada uno de nosotros. Nuestro corazón es
templo de Dios.
La actuación de Jesús en este contexto es la de expulsar de nuestro corazón y de nuestra
sociedad todo lo que profane la casa de Dios: pecado, corrupción, injusticia. Jesús viene
a purificarnos de toda mancha de pecado. Con un celo ardiente y con látigo en mano
quiere expulsar de nuestro corazón todo lo que desdice de Dios, porque “el tempo de
Dios sois vosotros” (1Cor 3,16). Jesús quiere purificar su Iglesia, la sociedad de nuestro
tiempo, la creación entera como casa de Dios. Y lo quiere hacer no con palabras suaves,
indoloras, insípidas. Lo quiere hacer con toda la fuerza de su corazón lleno de celo por
la casa de su Padre.
“El celo de tu casa me devora” es la ira santa que Jesús ha venido a traer a la tierra. “He
venido a prender fuego a la tierra, y cuánto deseo que esté ardiendo” (Lc 12,49).
Podemos entenderlo mal, y con ello justificar nuestros enfados, nuestra violencia contra
los demás, nuestras rabietas e inconformismos. Por eso, este pasaje no es fácil de
interpretar.

Pero podemos entenderlo bien, y concluir que la vida cristiana no es para cobardes, para
flojos, para gente sin compromiso. No, la vida cristiana es una empresa ardua, en la que
movidos por el Espíritu Santo podemos alcanzar una meta inimaginable: la santidad
personal y el cambio radical de la sociedad en la que vivimos, para convertirla en la
civilización del amor. Y esta empresa vale la pena. Jesucristo ha venido para extirpar
toda corrupción social, todo consenso con la mediocridad, todo apaño egoísta.
Jesucristo ha venido para contagiarnos el celo de Dios por la causa de Dios y la causa
del hombre. La Cuaresma es tiempo para ello. Vamos con ello.
Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Nuevo Templo, nueva Alianza

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Seguimos avanzando en el camino de la Cuaresma, y en este tercer domingo nos encontramos con el episodio de la purificación del templo, que nos ayuda a descubrir cuál es el verdadero culto a Dios y cuál es la verdadera casa de Dios. En la época de Jesús los judíos consideraban el templo de Jerusalén como el lugar más sagrado de la tierra, el centro de su vida religiosa, al que debían peregrinar. La narración de la expulsión de los vendedores y cambistas presenta una reacción enérgica de Jesús frente a los que habían convertido en un mercado la casa de su Padre. Este acto significa la purificación del templo de Jerusalén y es un gesto de autoridad que, según la esperanza de los profetas y del pueblo fiel, tenía que realizar el Mesías. A partir de este episodio, el evangelio de San Juan se eleva a la consideración de otro Templo, que es el mismo Jesús.

Tanto los reyes impíos de Judá como los invasores extranjeros, habían profanado el templo de Jerusalén en no pocas ocasiones. Cuando se recuperaba la normalidad, se procedía a la purificación. Pero en esta ocasión, se trataba de una profanación desde el interior de Israel, con un mercadeo que invadía el espacio reservado a significar y vivir la Presencia de Dios.

En el marco de la Pascua, la gran fiesta religiosa y de peregrinación a Jerusalén por parte de los judíos piadosos, Jesús realiza un signo impresionante, al estilo de los grandes profetas. Los profetas, en nombre de Dios, con frecuencia denunciaban los abusos, y a veces lo hacían con gestos simbólicos. Con esta acción, cargada de simbolismo, quiere llevar a sus últimas consecuencias la denuncia de que el Templo, la casa de su Padre, casa de oración, haya sido convertido en lugar de mercadeo, y que la religión del templo, donde se adora a Dios, haya quedado vacía de contenido. No condena el culto a Dios, ni las plegarias; lo que condena es que hayan perdido el contenido y que no tengan incidencia en la vida, que el mismo culto haya sido mercantilizado.

Los judíos intervienen pidiendo signos que justifiquen su proceder y Jesús les responde de manera enigmática aludiendo a su muerte y resurrección: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré». Él hablaba del templo de su cuerpo y se refería a la resurrección al tercer día de su muerte, como lo entendieron sus discípulos después de los acontecimientos pascuales. Su muerte y resurrección son el signo que legitima su actuación. Todo el pasaje se orienta a esta manifestación de Cristo en su misterio salvador. Él significa el relevo de la antigua Alianza y el final del culto que encarnaba el templo de Jerusalén. Cristo da paso a una Alianza y a un culto nuevo en espíritu y en verdad. Con la Pascua de Jesús se inicia un nuevo templo que es él mismo, y un nuevo culto, el culto del amor, y cada cristiano es piedra viva de este edificio espiritual.

El nuevo Templo espiritual se construye sobre Cristo, muerto y resucitado, fundamento de la nueva Alianza. Por Él también los cristianos son piedras vivas que forman parte de la construcción de un edificio espiritual para ofrecer a Dios sacrificios espirituales, agradables y aceptados por medio de Jesucristo. Cada creyente que vive en comunión con Él, se convierte en piedra viva que hace presente, en medio del mundo, la fuerza salvadora de Dios, que ofrece el culto en espíritu y en verdad, y es la señal del amor del Dios salvador para con la Humanidad entera.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

El obispo se reúne con el secretario general de Escuelas Católicas

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El obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, ha recibido esta mañana al secretario general de Escuelas Católicas, Pedro José Huerta. Un encuentro en el que han podido conversar sobre el trabajo que se está realizando desde esta organización. El prelado le ha animado a seguir adelante con esas tareas, superando las dificultades que se vayan presentando. En esta visita también le han acompañado sor Alicia Plaza, presidenta de Escuelas Católicas en Murcia, y la madre Lola Lora, mercedaria y directora del colegio Madre de Dios de Lorca.

Durante esta semana, la hermana Alicia Plaza ha podido acompañar a Pedro José Huerta en sus visitas a algunas de las escuelas católicas de la Diócesis de Cartagena. Para la presidenta de Escuelas Católicas en Murcia estos han sido unos encuentros de especial importancia para unir fuerzas y en los que han podido acercarse a las realidades de cada uno de estos centros.

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