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El obispo de Guadix anima a los cofrades a vivir la Cuaresma como un tiempo de conversión y compromiso cristiano

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El obispo de Guadix anima a los cofrades a vivir la Cuaresma como un tiempo de conversión y compromiso cristiano

 

 

Ya estamos en Cuaresma: pasó el Miércoles de Ceniza y el primer domingo de este tiempo tan especial y esperado. Y comenzó en la diócesis de Guadix con un encuentro de todas las hermandades y cofradías, para “arrancar motores”. Tuvo lugar el domingo 15 de febrero, antes de la Misa de 12 de la Catedral y contó con la presencia del obispo, monseñor Francisco Jesús Orozco, que era quien convocaba.

 

En el encuentro, el obispo les habló de los contenidos de su Carta Pastoral para la Cuaresma, dirigida especialmente a los cofrades. A todos los invitó a vivir la Cuaresma como un camino de auténtica conversión y renovación interior.

En su mensaje para la Cuaresma de este año, el prelado agradece el trabajo de las hermandades y cofradías, a las que define como “parte del alma de nuestros pueblos y auténtico patrimonio espiritual”, y las anima a redescubrir sus cuatro fines esenciales: culto, formación, caridad y evangelización.

Inspirado en el mensaje del papa León XIV para esta Cuaresma, titulado “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”, el obispo invita a practicar un “ayuno del lenguaje” que promueva la amabilidad y la comunión, especialmente en la vida cofrade y en las redes sociales:  «desarmar el lenguaje» como dice el papa León.

Mons. Orozco exhorta a intensificar la vida sacramental, el estudio de la fe y el compromiso con los más necesitados, recordando que “la verdadera riqueza de una hermandad son las personas, especialmente las más vulnerables”. También pide vivir la Semana Santa con sentido evangelizador, participando activamente en los Santos Oficios del Triduo Pascual, centro de todo el año litúrgico.

Finalmente, el obispo subraya la importancia de la comunión con la parroquia, origen y hogar de toda hermandad, y confía a María, Estrella de la Evangelización, el camino cuaresmal de los cofrades de la diócesis para que conduzca a una Semana Santa de fe renovada y encuentro con Cristo Resucitado.

Es este un mensaje dirigido a los cofrades, pero que se hace extensible a todos, porque la Cuaresma nos interpela a todos los creyentes, seamos o no cofrades, y nos anima a vivir ese camino de conversión y compromiso hacia la celebración del Misterio Pascual.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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“El arte de reconocer a Dios. De la escucha a la conversión”

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“El arte de reconocer a Dios. De la escucha a la conversión”

La hermana Sagrario Gómez, teresiana y actualmente en una comunidad religiosa de Zaragoza, es quien ha dirigido este encuentro donde alrededor de 35 personas de vida consagrada, nos dimos cita en la sede de la Casa diocesana de ejercicios “Virgen de la Cinta”.

“Reconocer a Dios es un arte: afinar la escucha, educar la mirada y elegir la conversión”. Bajo este esquema central se desarrolló toda la primera parte del retiro con una exposición sencilla, profunda y que a nadie dejó indiferente.

A esta primera parte le siguió un tiempo extenso de silencio personal con la posibilidad de recibir el sacramento del perdón. Al silencio le siguió la eucaristía, compartida, sentida y vivida en profundidad.

Después de un almuerzo sencillo, también pudimos saborear un “postre” estupendo donde cada quien expresó lo que sintió y vivió durante el retiro. Palabras como “gracias”; “sencillez”; “profundidad”; “cambio”; “comunidad”; “compromiso”; “estilo de vida”… fueron las compañeras de este momento donde recuperamos la esencia del sentir de lo vivido y de la Palabra escuchada.

Al hilo del profeta Miqueas, también podemos afirmar que Dios no nos pide una espiritualidad ornamental, sino un estilo de vida: “Ya se te ha dicho, hombre, lo que es bueno y lo que el Señor te exige: tan sólo que practiques la justicia, que seas amigo de la bondad y te portes humildemente con tu Dios”. (Miq.6,8).

Ciertamente un retiro marcado por la Esperanza.

P. Juanma Arija (SdC)
Secretario Confer – Huelva

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Febrero es el mes de Manos Unidas contra el hambre

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Febrero es el mes de Manos Unidas contra el hambre

 

Pero no solo febrero, sino que la guerra contra el hambre en el mundo ha de durar, como nos recuerda el obispo de Guadix, todo el año

Febrero es el mes de Manos Unidas contra el Hambre en el Mundo, una ONG de la Iglesia que lleva solidaridad allí donde más se necesita. Y así se está viviendo en nuestra diócesis. Ya se celebró una colecta en las parroquias el pasado 8 de febrero, pero aún se siguen recogiendo donativos para ayudar a realizar el proyecto de desarrollo comprometido para este año, en una zona olvidada de India.

Aún llegan a las parroquias, en este mes, donativos para ayudar a Manos Unidas. Todos son necesarios y todos suman. Se necesitan algo más de 33.000€ para financiar un proyecto de desarrollo integral en unas diez aldeas rurales del centro de India, para que puedan salir adelante este año y los siguientes. Que así trabaja Manos Unidas, creando proyectos de futuro que acaben con el hambre para siempre, y con la falta de higiene, de recursos sanitarios, y sobre todo, con la falta de educación. La cultura, en Manos Unidas lo saben bien, es la mejor herramienta para salir de la pobreza.

Así lo dejó ver el obispo de Guadix en su Carta Pastoral sobre Manos Unidas, en la que recuerda que durante “este mes de febrero, la Iglesia celebra la Campaña contra el Hambre, promovida por Manos Unidas”. Recuerda monseñor Francisco Jesús Orozco, que Manos Unidas nació “del compromiso creyente y de la sensibilidad social de aquellas mujeres laicas de Acción Católica, conscientes de la injusticia estructural que padecían millones de personas”. Y pronto se convirtió en “una obra eclesial de gran hondura espiritual y notable eficacia”.

Sobre el lema de este año – “Declara la guerra al hambre”-, el obispo pone de manifiesto que el hambre no es un destino inevitable: “tiene causas estructurales y, por tanto, soluciones estructurales”. Y nos pide que “seamos los soldados del amor y de la justa dignidad del ser humano en esta gran batalla contra la injusticia”. Manos Unidas, dice, es “la Iglesia en salida, Iglesia samaritana que organiza la caridad con profesionalidad, transparencia y rigor, convirtiendo la generosidad en transformación real”.

Monseñor Orozco recuerda, también, cuál es el proyecto de promoción humana asumido por Manos Unidas de la diócesis de Guadix para este año 2026: “Se desarrollará en una región rural empobrecida, donde queremos ayudar a mejorar la seguridad alimentaria en diez aldeas tribales Korku, en la región de Melghat, en el distrito de Amravati, en el estado de Maharashtra, al oeste de la India. Nada está `lejos´ cuando se trata del sufrimiento de un hermano”.

Y termina su Carta el obispo recordando cuatro maneras de ayudar a realizar este proyecto: con oración, con sacrificio, con colaboración económica y con un compromiso permanente, porque “declarar la guerra al hambre no puede limitarse a una jornada o a un mes. Implica formarnos, sensibilizar, educar en la justicia social, promover un comercio más justo y apoyar iniciativas que pongan en el centro a la persona humana. Implica, en definitiva, vivir una caridad inteligente y eficaz durante todo el año”.

Sin duda, febrero es el mes de Manos Unidas en su campaña contra el hambre en el mundo. Y, como dice el obispo al final de su Carta Pastoral, que “que febrero sea el punto de partida que abarque toda nuestra vida. Que cada vez que recemos el Padrenuestro y digamos `danos hoy nuestro pan de cada día´, recordemos a quienes no pueden pronunciar esa súplica sin angustia”.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

 

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“Adorar en Espíritu y en Verdad”: el laicado de Huelva vive un Retiro Diocesano de conversión y encuentro

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“Adorar en Espíritu y en Verdad”: el laicado de Huelva vive un Retiro Diocesano de conversión y encuentro

Organizado por la Delegación Diocesana para el Apostolado de los Laicos, el retiro se desarrolló siguiendo el método de la Lectio Divina, tomando como centro el diálogo de Jesús con la mujer samaritana (Jn 4, 5-30). Este pasaje iluminó toda la jornada como una invitación a pasar de una fe superficial o meramente exterior a una experiencia viva y personal del encuentro con Cristo.

La meditación fue guiada por la teóloga Carmen García Jiménez, profesora de Religión y miembro del equipo de la Delegación Diocesana para el Apostolado de los Laicos, quien ofreció una reflexión profunda y pedagógica sobre el significado de “adorar en Espíritu y en Verdad”. Subrayó que este modo de adorar no se reduce a un lugar ni a una práctica externa, sino que nace de un corazón abierto y sincero ante Dios, capaz de dejar caer las defensas y permitir que la luz del Evangelio ilumine la propia historia. La Cuaresma fue presentada como un tiempo propicio para esa verdad interior que libera y para la acción transformadora del Espíritu en la vida personal y comunitaria.

En esta línea, la reflexión invitó a reconocer la propia sed (sed de sentido, de reconciliación, de plenitud), y a dejar que Cristo se acerque a las heridas, miedos y obstáculos que a veces dificultan la oración y la relación con Él. Como la samaritana, cada participante fue llamado a “dejar el cántaro”: aquello que pesa, ata o distrae, para emprender un camino renovado de fe.

Uno de los momentos más intensos fue la adoración eucarística en la Capilla, durante la cual siete sacerdotes estuvieron disponibles para el sacramento de la Reconciliación. Muchos vivieron este tiempo como una experiencia concreta de encuentro personal con el Señor. “He sentido que el Señor me miraba con misericordia”, compartía una participante. “Me voy con paz y con ganas de vivir esta Cuaresma de otra manera”, afirmaba otro asistente.

El signo del “pozo”, presente en la ambientación, ayudó a expresar visualmente lo vivido. Desde un cántaro inclinado brotaba un chorro simbólico de agua formado por las “gotas” en las que cada grupo escribió los compromisos y resonancias surgidas del compartir fraterno. Así, lo escuchado en la intimidad se convertía en compromiso comunitario, un impulso misionero. Desde la escucha de la Palabra y la experiencia de comunión vivida, el laicado de Huelva es enviado a sus parroquias, movimientos, asociaciones y ambientes cotidianos para dar testimonio de una fe viva, reconciliada y esperanzada.

El retiro fue también una experiencia de Iglesia diocesana en comunión. La participación del laicado de parroquias, movimientos, asociaciones y hermandades, junto con la colaboración en su preparación de diversas realidades eclesiales, reflejó el deseo de seguir creciendo en una espiritualidad de comunión y en un estilo sinodal concreto: caminar juntos, escucharse y discernir en común.

En este tiempo de Cuaresma, el laicado de Huelva ha querido situarse ante el Señor no solo para “hablar de Dios”, sino para encontrarse con Él en Espíritu y en Verdad, dejando que su Palabra transforme el corazón y renueve la vida.

La Delegación Diocesana para el Apostolado de los Laicos agradece la amplia participación y anima a seguir cultivando espacios de oración que fortalezcan la vida espiritual y la misión evangelizadora en medio del mundo.

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Carta Pastoral del obispo de Guadix para la campaña de Manos Unidas

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Carta Pastoral del obispo de Guadix para la campaña de Manos Unidas

Campaña conta el hambre 2026

La guerra al hambre desde el amor

En este mes de febrero, la Iglesia celebra la Campaña contra el Hambre, promovida por Manos Unidas, llevándonos al centro del Evangelio. Se recupera el lema fundacional para esta jornada: “Declara la guerra al hambre”. Allí donde millones de hermanos nuestros carecen de lo necesario, resuena la pregunta del Señor a Caín: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9).

Desde su fundación en 1959, Manos Unidas nació como un gesto profético: declarar la guerra al hambre. Aquel impulso inicial —surgido del compromiso creyente y de la sensibilidad social de aquellas mujeres laicas de Acción Católica, conscientes de la injusticia estructural que padecían millones de personas— se convirtió en una obra eclesial de gran hondura espiritual y notable eficacia. Desde entonces, este corazón que declara la guerra al hambre sigue latiendo intensamente.

Declarar la guerra al hambre es afirmar la inquebrantable dignidad de toda persona humana, creada a imagen de Dios y llamada a una vida plena. El hambre no es solo carencia material; es una herida abierta en la dignidad del hombre y una contradicción del designio amoroso del Creador.

Asimismo, es la convicción de que el hambre tiene causas estructurales y, por tanto, soluciones estructurales. No estamos ante un destino inevitable, sino ante una injusticia que puede ser transformada mediante la educación, la promoción social, la capacitación técnica y el fortalecimiento de las comunidades locales. Seamos los soldados del amor y de la justa dignidad del ser humano en esta gran batalla contra la injusticia. Manos Unidas no se limita a aliviar necesidades inmediatas, sino que promueve proyectos sostenibles en educación, salud, agricultura, promoción de la mujer, acceso al agua y otras necesidades fundamentales. Se trata de capacitar, acompañar y expresar la dignidad, teniendo el humanismo cristiano y la doctrina social de la Iglesia, es decir a Cristo, como modelo y garante del proceso.

Manos Unidas es la Iglesia en salida, Iglesia samaritana que organiza la caridad con profesionalidad, transparencia y rigor, convirtiendo la generosidad en transformación real.

Este año, nuestra diócesis apoya un proyecto que encarna esta guerra contra el hambre. Se desarrollará en una región rural empobrecida, donde queremos ayudar a mejorar la seguridad alimentaria en diez aldeas tribales Korku, en la región de Melghat, en el distrito de Amravati, en el estado de Maharashtra, al oeste de la India. Nada está “lejos” cuando se trata del sufrimiento de un hermano. La distancia física entre Guadix y la India es grande, pero no en el corazón de la Iglesia y del amor. Allí, muchas familias viven pendientes de cosechas frágiles, de tierras poco productivas, de recursos escasos. El hambre es la preocupación diaria. Es la incertidumbre de no saber si habrá suficiente para mañana.

Este proyecto no es solo una ayuda puntual; es una apuesta por el futuro. Es sembrar esperanza donde hoy hay precariedad. Es abrir horizontes donde parecía imponerse el desaliento.

La Campaña contra el Hambre nos propone cuatro caminos concretos de colaboración, que son un auténtico itinerario espiritual y pastoral para nuestra diócesis.

En primer lugar, la oración. Sin oración, nuestra acción corre el riesgo de convertirse en mero activismo filantrópico. Con oración, se convierte en participación en la caridad misma de Cristo. Os invito a orar en nuestras parroquias, Hermandades, comunidades religiosas, movimientos, colegios y familias. Incluyamos esta intención en la Eucaristía, en la Liturgia de las Horas, en el rezo del Rosario y en la oración personal. Que cada altar de nuestra diócesis se convierta en un clamor confiado por quienes padecen hambre.

En segundo lugar, el sacrificio. La tradición cristiana nos enseña que el ayuno y la sobriedad educan el corazón y nos liberan del consumismo. Renunciar a algo superfluo, revisar nuestros hábitos de gastos, optar por estilos de vida más austeros y responsables, tiene una dimensión profundamente caritativa. El sacrificio voluntario, ofrecido por amor, se transforma en pan compartido.

En tercer lugar, la colaboración económica. La generosidad concreta es imprescindible para que los proyectos se hagan realidad. Cada donativo, cada colecta parroquial, cada iniciativa solidaria en colegios y asociaciones, es una expresión tangible de comunión. La transparencia y el rigor que caracterizan a Manos Unidas garantizan que vuestra aportación llegue allí donde más se necesita y se convierta en vida digna.

En cuarto lugar, el compromiso permanente. Declarar la guerra al hambre no puede limitarse a una jornada o a un mes. Implica formarnos, sensibilizar, educar en la justicia social, promover un comercio más justo y apoyar iniciativas que pongan en el centro a la persona humana. Implica, en definitiva, vivir una caridad inteligente y eficaz durante todo el año.

Deseo expresar públicamente mi más cordial felicitación y gratitud a la presidenta diocesana de Manos Unidas, a su equipo de voluntarias y voluntarios, y a todos los bienhechores que, con discreción y constancia, sostienen esta obra. Vuestra dedicación es signo luminoso de una Iglesia que no se encierra en sí misma, sino que sale al encuentro de los más pobres con competencia, ternura y perseverancia.

Queridos diocesanos: que esta Campaña contra el Hambre 2026 no sea un gesto aislado, sino un renovado compromiso. Que febrero sea el punto de partida que abarque toda nuestra vida. Que cada vez que recemos el Padrenuestro y digamos “danos hoy nuestro pan de cada día”, recordemos a quienes no pueden pronunciar esa súplica sin angustia. Que, sostenidos por la gracia, podamos seguir declarando la guerra al hambre con las únicas armas de la fe que actúa por la caridad, la esperanza que no defrauda y el amor que todo lo transforma.

Con mi afecto sincero y mi bendición para todos.

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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«La guerra al hambre desde el amor», Carta Pastoral del obispo de Guadix

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Campaña conta el hambre 2026

La guerra al hambre desde el amor

En este mes de febrero, la Iglesia celebra la Campaña contra el Hambre, promovida por Manos Unidas, llevándonos al centro del Evangelio. Se recupera el lema fundacional para esta jornada: “Declara la guerra al hambre”. Allí donde millones de hermanos nuestros carecen de lo necesario, resuena la pregunta del Señor a Caín: “¿Dónde está tu hermano?” (Gn 4,9).

Desde su fundación en 1959, Manos Unidas nació como un gesto profético: declarar la guerra al hambre. Aquel impulso inicial —surgido del compromiso creyente y de la sensibilidad social de aquellas mujeres laicas de Acción Católica, conscientes de la injusticia estructural que padecían millones de personas— se convirtió en una obra eclesial de gran hondura espiritual y notable eficacia. Desde entonces, este corazón que declara la guerra al hambre sigue latiendo intensamente.

Declarar la guerra al hambre es afirmar la inquebrantable dignidad de toda persona humana, creada a imagen de Dios y llamada a una vida plena. El hambre no es solo carencia material; es una herida abierta en la dignidad del hombre y una contradicción del designio amoroso del Creador.

Asimismo, es la convicción de que el hambre tiene causas estructurales y, por tanto, soluciones estructurales. No estamos ante un destino inevitable, sino ante una injusticia que puede ser transformada mediante la educación, la promoción social, la capacitación técnica y el fortalecimiento de las comunidades locales. Seamos los soldados del amor y de la justa dignidad del ser humano en esta gran batalla contra la injusticia. Manos Unidas no se limita a aliviar necesidades inmediatas, sino que promueve proyectos sostenibles en educación, salud, agricultura, promoción de la mujer, acceso al agua y otras necesidades fundamentales. Se trata de capacitar, acompañar y expresar la dignidad, teniendo el humanismo cristiano y la doctrina social de la Iglesia, es decir a Cristo, como modelo y garante del proceso.

Manos Unidas es la Iglesia en salida, Iglesia samaritana que organiza la caridad con profesionalidad, transparencia y rigor, convirtiendo la generosidad en transformación real.

Este año, nuestra diócesis apoya un proyecto que encarna esta guerra contra el hambre. Se desarrollará en una región rural empobrecida, donde queremos ayudar a mejorar la seguridad alimentaria en diez aldeas tribales Korku, en la región de Melghat, en el distrito de Amravati, en el estado de Maharashtra, al oeste de la India. Nada está “lejos” cuando se trata del sufrimiento de un hermano. La distancia física entre Guadix y la India es grande, pero no en el corazón de la Iglesia y del amor. Allí, muchas familias viven pendientes de cosechas frágiles, de tierras poco productivas, de recursos escasos. El hambre es la preocupación diaria. Es la incertidumbre de no saber si habrá suficiente para mañana.

Este proyecto no es solo una ayuda puntual; es una apuesta por el futuro. Es sembrar esperanza donde hoy hay precariedad. Es abrir horizontes donde parecía imponerse el desaliento.

La Campaña contra el Hambre nos propone cuatro caminos concretos de colaboración, que son un auténtico itinerario espiritual y pastoral para nuestra diócesis.

En primer lugar, la oración. Sin oración, nuestra acción corre el riesgo de convertirse en mero activismo filantrópico. Con oración, se convierte en participación en la caridad misma de Cristo. Os invito a orar en nuestras parroquias, Hermandades, comunidades religiosas, movimientos, colegios y familias. Incluyamos esta intención en la Eucaristía, en la Liturgia de las Horas, en el rezo del Rosario y en la oración personal. Que cada altar de nuestra diócesis se convierta en un clamor confiado por quienes padecen hambre.

En segundo lugar, el sacrificio. La tradición cristiana nos enseña que el ayuno y la sobriedad educan el corazón y nos liberan del consumismo. Renunciar a algo superfluo, revisar nuestros hábitos de gastos, optar por estilos de vida más austeros y responsables, tiene una dimensión profundamente caritativa. El sacrificio voluntario, ofrecido por amor, se transforma en pan compartido.

En tercer lugar, la colaboración económica. La generosidad concreta es imprescindible para que los proyectos se hagan realidad. Cada donativo, cada colecta parroquial, cada iniciativa solidaria en colegios y asociaciones, es una expresión tangible de comunión. La transparencia y el rigor que caracterizan a Manos Unidas garantizan que vuestra aportación llegue allí donde más se necesita y se convierta en vida digna.

En cuarto lugar, el compromiso permanente. Declarar la guerra al hambre no puede limitarse a una jornada o a un mes. Implica formarnos, sensibilizar, educar en la justicia social, promover un comercio más justo y apoyar iniciativas que pongan en el centro a la persona humana. Implica, en definitiva, vivir una caridad inteligente y eficaz durante todo el año.

Deseo expresar públicamente mi más cordial felicitación y gratitud a la presidenta diocesana de Manos Unidas, a su equipo de voluntarias y voluntarios, y a todos los bienhechores que, con discreción y constancia, sostienen esta obra. Vuestra dedicación es signo luminoso de una Iglesia que no se encierra en sí misma, sino que sale al encuentro de los más pobres con competencia, ternura y perseverancia.

Queridos diocesanos: que esta Campaña contra el Hambre 2026 no sea un gesto aislado, sino un renovado compromiso. Que febrero sea el punto de partida que abarque toda nuestra vida. Que cada vez que recemos el Padrenuestro y digamos “danos hoy nuestro pan de cada día”, recordemos a quienes no pueden pronunciar esa súplica sin angustia. Que, sostenidos por la gracia, podamos seguir declarando la guerra al hambre con las únicas armas de la fe que actúa por la caridad, la esperanza que no defrauda y el amor que todo lo transforma.

Con mi afecto sincero y mi bendición para todos.

+ Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

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Más de cuarenta personas reciben el rito de admisión al Catecumenado

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Más de cuarenta personas reciben el rito de admisión al Catecumenado

El Obispo acogió a estos nuevos catecúmenos en una celebración que tuvo lugar en la mañana del domingo, 22 de febrero, en la Santa Iglesia Catedral

El rito de admisión al catecumenado marca el inicio de la formación cristiana de adultos o jóvenes que buscan el Bautismo y formar parte de la Iglesia. Este domingo, 22 de febrero, un total de 41 catecúmenos han estado en la Santa Iglesia Catedral para recibir de manos del Obispo el rito de admisión.

En la Puerta de las Palmas del templo principal de la Diócesis, el prelado recibió al grupo de catecúmenos y a sus padrinos, iniciando con ellos el diálogo para participar en la Palabra de Dios y entrar así en la comunidad de la Iglesia. Una vez en el interior del templo, monseñor Jesús Fernández se ha dirigido a ellos en la homilía para invitarles a escuchar la Palabra de Dios en este tiempo de Cuaresma. “La escucha de la Palabra es fundamental porque es como el alimento, es la leche que el niño recibe para ir creciendo en esa fe y esa escucha es necesaria para todos”, ha afirmado.

Aludiendo a las lecturas de este primer domingo de Cuaresma, el Obispo les ha instado a no caer en la tentación del mal y a seguir a Cristo, porque “en Cristo, todos hemos sido salvados” y en la Palabra de Dios “encontramos un camino para la vida”. “Los que hoy iniciáis este camino del catecumenado, habéis escuchado la dulzura en palabras del demonio, esa dulzura, esa presentación tan adornada de la tentación. Pero también todos tenemos experiencia de a qué conduce el pecado, todos tenemos la conciencia de que el pecado lo que consigue es justamente hacernos sentir desnudos, fracasados, porque el pecado nada bueno nos trae. Tenemos un tiempo ahora de conversión por delante y es importante la escucha de la Palabra”, ha asegurado el prelado, al tiempo que ha alertado a los catecúmenos sobre la existencia del demonio y la importancia en la vida cristiana de la lucha contra él.

Tras la homilía los candidatos, junto con sus padrinos, se han acercado ante el Obispo, quien los ha ungido en las manos con el Óleo de los catecúmenos. De esta manera, este grupo se dispone a prepararse para recibir los sacramentos de iniciación cristiana en Pascua y descubrir así la belleza de la vida cristiana.

 

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Itálica, el escenario perfecto para el viacrucis del Aljarafe

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Itálica, el escenario perfecto para el viacrucis del Aljarafe

El conjunto arqueológico de Itálica acogió un año más el viacrucis del Aljarafe, un acto de piedad que cumple su 35 edición y que este 2026 ha contado con la participación del arzobispo de Sevilla, monseñor José Ángel Saiz Meneses.

Organizado por la Hermandad del Rosario de Santiponce, con la colaboración institucional y el patrocinio de la Consejería de Turismo, Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, el viacrucis del Aljarafe tuvo lugar ayer, 21 de febrero, presidido por la imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno. Contó, además, con la participación de 14 hermandades tanto de la Archidiócesis de Sevilla como de fuera de ella.

Como es tradicional, las cofradías participantes se integraron en el cortejo procesional representadas por sus Cruces de Guía y faroles, presidiendo cada cruz una de las catorce estaciones. De este modo, abrió el viacrucis la Hermandad Sacramental de Ntro. Padre Jesús Nazareno, de Santiponce, seguido de las hermandades de la Vera Cruz, de Benacazón y Bollullos de la Mitación; de las de la Sentencia y el Santo Entierro, de Cádiz; de las hermandades del Gran Poder, de Camas y Castilleja de la Cuesta; de la de la Soledad de Huevar del Aljarafe; la del Cristo de la Yedra, de Jerez de la Frontera; las hermandades de la Soledad, de La Algaba y Pilas; de las hermandades del Cristo de la Corona, las Aguas y la Sed, de nuestra capital y la Sacramental de la Vera Cruz de Valencina de la Concepción.

Antes del viacrucis, se celebró la Eucaristía en la Parroquia de San Isidoro del Campo y San Geroncio de Itálica, acompañada musicalmente por la Agrupación Coral Ntra. Sra. del Rosario Coronada de la Hermandad del Rosario de Santiponce. La misa estuvo presidida por el párroco, Fernando Carranco.

La nota musical durante el viacrucis corrió a cargo de la Capilla Musical “Ntra. Sra. del Rosario”, que acompañó desde su salida al cortejo procesional, incluyendo en su repertorio la pieza completa de música de capilla, compuesta por distintos compositores, para el “Vía Crucis del Aljarafe”. La Coral Polifónica de la Hermandad Sacramental y de la Vera Cruz, de Valencina de la Concepción, se escuchó en el Anfiteatro Romano para acompañar las distintas estaciones de este acto de piedad, así como, los cantos gregorianos de los monjes del Monasterio de Silos, que invitaron al recogimiento y a la oración en todo el Conjunto Arqueológico a través de un hilo musical instalado para la ocasión. Destacó, asimismo, la iluminación artística del Conjunto Arqueológico de Itálica.

La imagen de Ntro. Padre Jesús Nazareno, ejecutada a mediados del siglo XVII, atribuida por algunos estudiosos a la gubia de José de Arce, procesionó en andas, cargada con el madero, representando el pasaje evangélico de Jesús con la cruz a cuestas, iluminada por cuatro faroles y con un exorno floral formado fundamentalmente por claveles color cardenal. Lució la “túnica del pueblo”, túnica de terciopelo morado, bordada en oro en el Taller de Bordados de Antonio Roldán Nieto, llamada así por haber sido sufragada con los donativos de los hermanos y devotos con motivo de la entrega de la Llave de Oro de la Villa a esta imagen el pasado año 2024.

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Hermandad Sacramental del Stmo. Cristo del Amor y Ntra. Sra. de la Amargura. Peñarroya-Pueblonuevo

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El principal impulsor de esta Hermandad fue el entonces párroco de San Miguel, don José Luque Requerey

Desde el año 1963 se venera, en la Parroquia de San Miguel una imagen de la Santísima Virgen bajo la advocación de María Santísima de la Amargura. La devoción hacia María fue arraigando paulatinamente en el corazón de los fieles, creciendo de tal modo que muchos de ellos sintieron la llamada para formar nuestra Hermandad Sacramental.

Fruto del constante empeño de los devotos de María Santísima de la Amargura por difundir el amor y la veneración que le profesaban, se logró implicar a la barriada de El Cerro y a todos cuantos sentían devoción por Nuestra Señora en la adquisición de una imagen de Cristo Crucificado. Dicha imagen recibiría culto bajo la advocación del Santísimo Cristo del Amor, convirtiéndose, desde el año 1993, en Cotitular de la Hermandad Sacramental, que pasaría a denominarse Hermandad Sacramental del Santísimo Cristo del Amor y Nuestra Señora María Santísima de la Amargura.

El principal impulsor de esta Hermandad, y quien alentó y promovió desde sus orígenes el fervor y el amor hacia la Virgen de la Amargura, fue el entonces párroco de San Miguel, don José Luque Requerey, quien ejerció su ministerio en dicha parroquia entre los años 1960 y 1971.

Fue don José Luque Requerey quien rescató del olvido la imagen de una Virgen Dolorosa que, por causas hoy desconocidas, había sido retirada del culto y permanecía en el desván de la parroquia de Santa Bárbara. Allí se encontraba, en lo que el propio Don José Luque calificó como un “destierro involuntario”. Aquella Dolorosa fue acogida en San Miguel, parroquia que recibió a una imagen sin nombre ni autor conocido, vestida de negro, con el silencio de sus lágrimas en las mejillas y un pañuelo entre las manos…

Con el paso del tiempo, la devoción a “la Amargura” fue creciendo de manera natural y profunda. No tardaron en llegar los primeros gestos de amor filial; una novia le ofreció su traje de bodas, lo cual, tal gesto dio origen a la tradición de que la Santísima Virgen vista siempre de blanco; los vecinos del barrio comenzaron a visitarla asiduamente en la parroquia y a elevar ante Ella sus oraciones. Se le confeccionó un sencillo manto rojo y, en la mañana del Jueves Santo, alguien depositó un clavel rojo en sus manos. Así nació, en el sentir del pueblo, Nuestra Señora María Santísima de la Amargura, que procesionó por vez primera el Jueves Santo de 1964 por las calles de su barrio, El Cerro, en Peñarroya-Pueblonuevo. La Amargura nació del pueblo y para el pueblo.

Si bien Don José Luque Requerey fue el iniciador de esta obra, no puede dejar de mencionarse a quien, a juicio de muchos, se convirtió en una pieza fundamental en la consolidación de la Hermandad. Fue quien recogió el testigo tras la marcha de Don José Luque: el joven sacerdote Don Antonio Jurado Torrero, que llegó a la parroquia de San Miguel en su primer destino pastoral tras ser ordenado el 8 de marzo de 1966. No solo dio continuidad a la labor emprendida, sino que la fortaleció, implicando de manera decidida a toda la barriada de El Cerro y afianzando la vida parroquial y cofrade.

Durante el periodo comprendido entre los años 1990 y 1995, don Antonio Jurado Torrero fue trasladado a la parroquia de Santa Bárbara, también en Peñarroya- Pueblonuevo, desde donde continuó prestando su apoyo y dedicación a esta Hermandad. Posteriormente, al ser nombrado Vicario de la Sierra, jamás olvidó su compromiso con las cofradías de la localidad.

La labor desarrollada por Don Antonio Jurado Torrero en el seno de nuestra Hermandad y, por extensión, en otras hermandades de la población perdura viva en la memoria colectiva. Para muchos de nosotros, jóvenes cofrades, permanece siempre en el recuerdo ocupando su lugar, defendiendo y sirviendo a las hermandades, y decimos bien: a las hermandades; mediando, aconsejando y, sobre todo, haciendo Hermandad.

En la actualidad nuestra hermandad es una forma de vivir en cristiano, de seguir a Jesus, de formar parte de la Iglesia, de caminar como ciudadanos de este mundo, de sentir el calor de la propia familia. Una Hermandad no es solamente una agrupación a la que se pertenece o asociación

La Hermandad es un espíritu, una vida, una fe, un patrimonio espiritual. Las Hermandades, somos un camino, una ayuda para vivir mejor en cristiano.

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Domingo I de Cuaresma. Ciclo A. 22 de febrero de 2026

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Domingo I de Cuaresma. Ciclo A. 22 de febrero de 2026

El Evangelio pretende ser un testimonio de hechos y realidades de Jesús que siguen teniendo vigencia en nuestro mundo e historia actuales.

El evangelista Mateo, con lenguaje simbólico y alegórico, coloca al inicio y en un mismo relato la triple prueba de las tentaciones que Jesús tuvo a lo largo de su vida terrena, englobándolas todas en un mismo momento. Así tenemos tres tentaciones, tres espacios o escenarios distintos donde suceden y tres respuestas tomadas del libro del Deuteronomio.

Jesús se introduce en el desierto después de su bautismo cuando es empujado por el Espíritu Santo, de esta forma participa de la vida humana en todas sus dimensiones y contrariedades sin ningún privilegio.

En el lenguaje bíblico: el desierto es lugar de prueba y lugar de encuentro con Dios; los cuarenta años o días subrayan la importancia de un suceso que marcará la propia historia; y el diablo es la personificación del mal, todo lo contrario al plan de Dios sobre la humanidad, y es el que nos induce a pecar con nuestro apego a las riquezas, la fama y el poder para deshumanizarnos.

Jesús es Hijo de Dios y Mesías, pero no en poder, triunfo y grandeza como el diablo pretende que lo sea. Jesús vence sus tentaciones por su amor y obediencia al Padre. Esta será también la clave para que nosotros superemos nuestras particulares tentaciones.

Emilio J., sacerdote

https://elpozodedios.blogspot.com/

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