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Una entrega a Dios en oración y soledad

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Rosario Hernández Ruiz profesó ayer sus votos ante el obispo de Cartagena para consagrarse a Dios como ermitaña.

El obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, presidió ayer la celebración en la que Rosario Hernández Ruiz, ermitaña en Abarán, se consagró a Dios en la forma de vida eremítica, en la Parroquia San Pablo de esta localidad. Para ello, Rosario hizo profesión pública mediante voto de los consejos evangélicos de castidad, pobreza y obediencia en manos del obispo, tomando en su nueva vida el nombre religioso de Paula; un nombre escogido en honor de un santo anacoreta: san Pablo de Tebas, considerado como el primer ermitaño.

Explica Paula que esta vocación consiste en «entregarse al Señor en total soledad y aislamiento, en un apartarse del mundo, del ruido; de todo aquello que impida estar totalmente centrados en el Señor». Una entrega que se vive en una oración continua: «Lo normal para un ermitaño es rezar durante la noche y durante el día; que hagamos lo que hagamos estemos en oración».

Un deseo en el corazón

Si le preguntan a esta murciana, natural de Los Garres (Murcia), en qué momento tuvo clara su vocación a la vida eremítica, Paula habla de una búsqueda. «Esto no es algo súbito; no es que una se levante por la mañana y diga “creo que tengo vocación de ermitaña”», puntualiza. En su caso, antes que ermitaña, fue monja dominica en un convento de clausura durante muchos años. «Yo estaba muy bien en mi vida consagrada, fue simplemente que, a través de la lectura espiritual, conocí la vida eremítica, la vida de oración interior; y despertó en mi corazón un deseo de mayor soledad». Le comunicó su inquietud a su confesor y pidió hacer una experiencia en una orden monástica que siguiera un estilo de vida similar a la eremítica. Durante la experiencia, que duró varios años, confirmó la llamada que sentía. «Volví con las monjas dominicas, pero ya tenía claro que mi vocación era otra; pedí la secularización y dejé que el Señor decidiera dónde y cómo».

A los años, cuando sintió que el Señor le pedía seguir dando pasos en esa dirección, habló con el obispo y, con su aprobación, empezó su vida como ermitaña en una casa de oración ubicada en la Sierra del Oro del término municipal de Abarán, retirada y con vistas al Valle de Ricote, donde reside actualmente. «Cuando vine a ver esta casa tuve claro que este sería el lugar y, aunque se empieza con cierto miedo por si es o no el camino, el Espíritu Santo se encarga de confirmarlo: cuando pasa una semana, un mes, un año, diez años… y sigues con ganas, ya no cabe la menor duda».

Consagrada al Señor

La celebración de su profesión comenzó con el escrutinio, después del cual la ermitaña fue revestida con el hábito negro, signo de morir al mundo y a uno mismo para la salvación de las almas; con una capucha que cubre la cabeza, porque su cabeza debe ser Cristo; un cinturón, en alusión a la obediencia; y un rosario, por la oración y la vinculación a María. Después de la homilía, comenzó el rito de consagración con la profesión de los votos de pobreza, castidad y obediencia en manos del obispo, a los que sumó un voto de conversión continua y también de estabilidad, es decir, de fidelidad y perseverancia en su vocación. Le siguió la postración en el suelo, símbolo de humildad, y la letanía de los santos; así como la entrega del anillo, símbolo del desposorio con Cristo; del crucifijo sobre el pecho y de una custodia, como signo de la oración continua que caracteriza a los ermitaños. Paula también recibió la bendición del obispo como envío al «desierto» en su forma de vida eremítica.

«Fue muy emocionante; la celebración la viví verdaderamente como una boda mística, con esa gracia de ser recibida por la Iglesia y de decir: “Señor, yo no soy nada y me has elegido sabiendo que soy pobre; has pasado por mi vida y me has llamado por mi nombre”. Ese es el misterio y la gracia que estoy viviendo; por medio de la imposición de manos del obispo, que marca un antes y un después en mi vida eremítica», concluye Paula.

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Comienzan las primeras misas de los nuevos sacerdotes

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En distintas parroquias de la Diócesis están teniendo lugar las misas de los nuevos presbíteros rodeados de familiares y amigos

Los nuevos sacerdotes de la Diócesis, que recibieron el Orden Sacerdotal, el pasado 29 de junio, Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, de manos de monseñor Demetrio Fernández en la Santa Iglesia Catedral, están celebrando sus primeras misas en sus respectivas parroquias. Los nuevos presbíteros están siendo acompañados de familiares, amigos, sacerdotes diocesanos, formadores y compañeros del Seminario.

Álvaro Fernández-Martos Yáñez presidió su primera misa en la parroquia de Cristo Rey y Ntra. Sra. del Valle de Córdoba el 30 de junio. Juan Yersin Méndez Ozuna, lo hizo ese mismo día en la parroquia de la Sagrada Familia de Córdoba. Por su parte, Miguel Ángel Moyano Estepa celebró su primera misa en la parroquia de San Francisco y San Eulogio de Córdoba el 3 de julio. Francisco Solano Aguilar Tejada la presidió en la Basílica Pontificia de San Juan de Ávila en Montilla el 4 de julio. La primera misa de Javier González Martínez tuvo lugar en la parroquia de San Nicolás de la Villa de Córdoba el 5 de julio. Mientras que la de Javier Montes Jiménez fue en la parroquia de Ntra. Sra. de la Consolación de Doña Mencía el 6 de julio.

Quedan aún por celebrar su primera misa Francisco Salvador Flores Hidalgo, que lo hará en la parroquia de Ntra. Sra. de la Esperanza de Córdoba el 12 de julio, a las 20:30 horas; y Javier Rodríguez Calmaestra que la presidirá en la parroquia de la Santísima Trinidad y María Inmaculada de Priego de Córdoba, el 13 de julio, a las 20:30 horas.



























































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La Diócesis de Huelva participa en el encuentro SED

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La Diócesis de Huelva participa en el encuentro SED

Los sacerdotes diocesanos Francisco Miguel Valencia, párroco de Almonte; Juan José Travé, párroco de Nerva, La Granada de Riotinto y de Las Delgadas; José Manuel Romero, párroco de Puebla de Guzmán, Tharsis y Mina de las Herrerías y Joaquín Sergio Sierra, vicario de Huelva-Ciudad, han acudido a Alicante para participar en el encuentro organizado por Alpha España que tiene el objetivo de “salir, evangelizar y discipular” (SED).

Entre los participantes han contado con la ponencia del sacerdote canadiense James Mallon, autor de Una renovación divina y uno de los principales impulsores de la renovación de las parroquias en todo el mundo. Junto a él estarán el obispo de Orihuela-Alicante José Ignacio Munilla y varios protagonistas del panorama actual de la evangelización en España.

Han sido tres días para “inspirarnos, oír lo que está ocurriendo en otros lugares, coger ideas, comprender procesos y salir con el impulso necesario”, afirman desde la organización.

Puede consultar el programa a continación:

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Presentación del libro “Córdoba Carmelitana” en San Cayetano

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La obra, que pretende dar a conocer la presencia de los fundadores de la Orden en Córdoba, se presentará el martes, 9 de julio, a las 21:00 horas

“Córdoba Carmelitana. Tras las huellas de Teresa de Jesús y Juan de la Cruz”, obra de Óscar Aparicio Ahedo, se presentará este martes, 9 de julio, en la Iglesia conventual de San José “San Cayetano”, a las 21:00 horas.

La presente monografía se divide en tres partes. En la primera, como introducción, se hacen dos breves reseñas la historia de Córdoba y de la de la Orden del Carmen Descalzo (OCD). A continuación se presentan las biografías de santa Teresa y san Juan de la Cruz y se explica el sentido del escudo de la Orden, del hábito, del escapulario y de la imagen de la Virgen María del Monte Carmelo.

La segunda parte del libro muestra el paso traumático de santa Teresa de Jesús por Córdoba y la relación más apacible de Juan de la Cruz con la otrora capital califal. Y el último capítulo muestra la presencia de los conventos y monasterios que los carmelitas descalzos tuvieron en Córdoba. Dieciocho presencias que hacen que Córdoba sea una de las provincias más carmelitanas del orbe católico.

El objetivo de la obra es crear una especie de guía turística para que todos los que se acerquen a Córdoba y provincia puedan conocer el paso de los dos grandes místicos españoles, Teresa de Jesús y Juan de la Cruz.

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El cardenal Cobo ordena obispo auxiliar de Madrid a Vicente Martín, hasta ahora delegado episcopal de Cáritas Española

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Durante la homilía Cobo pide a los nuevos obispos: «Sintámonos amados por Dios para amar del mismo modo a su Iglesia, a la Iglesia tal y como es»

En una Catedral de la Almudena desbordada de fieles, con más de 240 sacerdotes y 72 obispos, el cardenal José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, presidió la ordenación episcopal de sus nuevos obispos auxiliares, don José Antonio Álvarez y don Vicente Martín, hasta ahora delegado episcopal de Cáritas Española. Desde las 11 de la mañana, en el ambiente era palpable la solemnidad, emoción y gratitud que se extendía entre los presentes.

El cardenal comenzó su homilía con una nota de empatía, observando con una sonrisa la aparente emoción de los nuevos obispos. «Veo que aún no se os ha pasado el susto», comenzó, arrancando una risa de ambos. «Todos los que hemos pasado por este trance sabemos que hay llamadas del Señor Nuncio que cambian definitivamente la vida».

A continuación, la homilía del cardenal se adentró en un terreno profundo, reflejando la trascendencia del momento y la misión que les aguardaba. Recordó a los nuevos obispos que estaban siendo llamados a un servicio desmedido, una llamada que, aseguró, mantenía el «susto» siempre presente, pero también la gratitud y el compromiso. «Hoy es una jornada de fiesta, un día lleno de luz y agradecimiento al Señor: Él os ha llamado por vuestro nombre a través del sucesor de Pedro», proclamó.

El cardenal Cobo subrayó la esencia de su nuevo ministerio: ser pastores. «Vosotros sois enviados a ser pastores en comunión íntima con Cristo, Buen Pastor», dijo, haciendo hincapié en que esta labor no se trataba solo de una responsabilidad administrativa, sino de una misión profundamente espiritual y humana. Recordó que la base de todo ministerio pastoral es el amor, evocando el diálogo de Jesús con Pedro: «¿Me amas? Tú sabes que te amo».

«Apoyados solo en tu amor, experimentando nuestra debilidad, nos atrevemos a acoger el peso y la responsabilidad de servir en esta Iglesia que peregrina en Madrid», añadió, resonando con un eco de sinceridad y humildad. Esta llamada a mirar juntos hacia el futuro, dejando atrás los miedos y nostalgias de tiempos pasados, fue un llamado a la esperanza y al compromiso renovado con la misión divina.

Corazón de misericordia

El cardenal también abordó la realidad de la Iglesia, una realidad que describió como una mezcla de situaciones y estados de ánimo, desde las ovejas rebeldes y cansadas hasta las entusiastas y generosas. «Queredlas, por favor, a todas. Miradlas como las mira Dios, con corazón de misericordia», imploró.

Citando a Madeleine Delbrêl, enfatizó que amar a la Iglesia es aceptar sus heridas y imperfecciones. En este punto, su discurso se tornó casi poético, llamando a los nuevos obispos a ser testigos del amor de Dios en el mundo, reflejando su luz en medio de la oscuridad. El cardenal Cobo continuó subrayando la importancia de la humildad y la cercanía. «Cualquier otro modo de ejercer la autoridad en la Iglesia, que no hunda sus raíces en este suelo y en el pueblo de Dios, es una planta extraña que no pertenece al Evangelio», advirtió, llamando a una pastoral auténtica y enraizada en la vida del pueblo.

En la culminación de su homilía, instó a los nuevos obispos a aprender continuamente del Pueblo de Dios, especialmente de los más pobres y necesitados. «Recordad que, cuando la Iglesia o sus ministros se erigen en ‘centro’, el discipulado se funcionaliza y nos convertimos en administradores y controladores de la fe, en lugar de ser sus servidores y facilitadores», dijo.

Finalmente, les recordó que eran obispos de todos, de aquellos fervientes en su fe y de los que quizás se alejaron. Con un tono de esperanza y apertura, concluyó: «Para ellas tendremos siempre los brazos abiertos a la acogida, sin preguntar por qué se marcharon ni qué sendas recorrieron; tendremos siempre las puertas de nuestra casa de par en par abiertas, siempre esperando».

La homilía del cardenal fue una mezcla de emoción, profundidad y llamada a la acción. Una hoja de ruta espiritual y práctica para los nuevos obispos, un recordatorio para la comunidad de su papel en la Iglesia y una celebración del compromiso renovado de caminar juntos hacia un futuro esperanzador y lleno de fe.

Al final de la celebración, los nuevos obispos auxiliares dieron gracias a “las parroquias, instituciones y movimientos en los que hemos servido intentando dar lo mejor de nosotros, como el Seminario, Cáritas, la Conferencia Episcopal, Manos Unidas, Encuentro Matrimonial y Cursillos de Cristiandad”.

“Recibir este ministerio es una llamada del Señor a reconocer que Dios es amor y a seguirle. Es una invitación a caminar junto a vosotros, reconociendo el don de nuestra vocación bautismal y queriendo manifestarlo al mundo viviendo la alegría del Evangelio. Como nos pedía el Papa Francisco hace unos días cuando nos recibió en Roma y nos decía: «No perdáis la alegría»”, afirmaron los nuevos obispos auxiliares.

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Mons. Zornoza visita a los niños y niñas de los campamentos de verano

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Como cada año, la Delegación de Pastoral Juvenil de nuestra diócesis está llevando a cabo distintas actividades para que los niños y jóvenes pasen un verano divertido. Concretamente, del 1 al 7 de julio, se ha celebrado un campamento dirigido a niños y niñas con edades comprendidas entre los 8 y los 12 de años, en la Granja Escuela Albuquería en Coín (Málaga).

Chicos y chicas de distintos puntos de la diócesis recibieron el pasado fin de semana la visita del obispo diocesano, quien pudo conversar y compartir una jornada distendida y festiva con todos ellos. Además, Mons. Zornoza presidió la celebración de la Eucaristía. D. Rafael ha asegurado que estos campamentos «son experiencias de fe, una realidad viva de nuestra diócesis y una promesa para la evangelización. Además, se vive una gran experiencia de amistad y descanso veraniego».

También participan en estos campamentos sacerdotes, seminaristas y consagradas de nuestra diócesis que ayudan en las labores de atención y coordinación del buen desarrollo de los mismos. Durante los campamentos de verano los niños y niñas de nuestra diócesis están pudiendo disfrutar de distintas actividades, excursiones, juegos, gimkanas, talleres, baños en la piscina, momentos de oración y catequesis.

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Matrimonios de Proyecto Amor Conyugal celebran el fin de curso en el Santuario de la Cinta

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Matrimonios de Proyecto Amor Conyugal celebran el fin de curso en el Santuario de la Cinta

El pasado viernes, 5 de julio, se llevó a cabo el Encuentro de Fin de Curso para numerosos matrimonios pertenecientes a los distintos grupos de Proyecto Amor Conyugal de la Diócesis y otros que querían conocer sobre este itinerario parroquial. La reunión tuvo lugar en el Santuario Diocesano de Nuestra Señora de la Cinta.

La tarde comenzó con la celebración de la Santa Misa, presidida por el Vicario General, D. Emilio Rodríguez Claudio. A continuación, los matrimonios de los diferentes grupos participaron en una puesta en común sobre las catequesis de San Juan Pablo II acerca del Amor Humano. Estas catequesis presentan una antropología verdadera que nos muestra el plan de Dios para el matrimonio y la familia, sin adulteraciones por modas o ideologías. Nos adentran en la Verdad misma del Corazón de Dios.

Después de la reflexión, los matrimonios disfrutaron de momentos de convivencia y fortalecimiento familiar durante una cena compartida en los jardines del Santuario. Finalmente, el curso quedó clausurado con el rezo del Santo Rosario, ofrecido en agradecimiento por los numerosos frutos concedidos en este año pastoral.

Próximas actividades:

  • Adoraciones Eucarísticas: El 19 de julio en Mazagón y el 30 de agosto en El Portil.
  • Retiro para matrimonios: Del 22 al 24 de noviembre en el Seminario Diocesano.

Para obtener más información sobre estas actividades, pueden escribir al correo retiros.huelva@proyectoamorconyugal.es.

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XIII aniversario fundacional de la Quinta Angustia

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Monseñor Francisco Jesús Orozco, obispo de Guadix, presidió la misa en la parroquia Ntra. Sra. de la Merced el domingo, 7 de julio

La Hermandad de la Quinta Angustia ha celebrado este fin de semana el XIII aniversario fundacional. El domingo, 7 de julio, tuvo lugar la misa fundacional presidida por el obispo de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco, quien estuvo acompañado del Padre Francisco Javier Jaén, Prior de la comunidad de Carmelitas Descalzos del convento de San José, y de Miguel Varona, director espiritual de la Hermandad y párroco de la Merced.

El Obispo en su homilía recordó los inicios de la Hermandad, en los que él estuvo presente en la parroquia de San Miguel. Asimismo, enfatizó monseñor Francisco Jesús Orozco en la importancia de las hermandades en la piedad popular, tal como se recoge en el documento de los obispos del sur. Animó a los miembros de la Hermandad de la Quinta Angustia a continuar con la labor evangelizadora, la formación y a poner todos sus esfuerzos en la acción social y la caridad.







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Los obispos auxiliares concluyen las visitas pastorales a los arciprestazgos de Morón de la Frontera y San Bernardo

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Los obispos auxiliares concluyen las visitas pastorales a los arciprestazgos de Morón de la Frontera y San Bernardo

El final de curso ha deparado también la conclusión de las primeras visitas pastorales que han llevado a cabo los obispos auxiliares de Sevilla. Monseñor Teodoro León ha recorrido este año las parroquias agrupadas en el arciprestazgo de Morón de la Frontera, diez en total de las localidades de Algámitas, Coripe, El Coronil, Montellano, Morón y Pruna. Por su parte, monseñor Ramón Valdivia ha llevado a cabo la visita pastoral a las trece comunidades parroquiales del arciprestazgo de San Bernardo, en Sevilla. El balance no puede ser más positivo.

Las visitas pastorales son “días de encuentro entre el pastor de la Iglesia diocesana y los miembros de las comunidades parroquiales”. De esta forma, resumió el arzobispo de Sevilla, monseñor Saiz Meneses, el sentido de la “obligación” -así se cita en el canon 396 del Código de Derecho Canónico- que tiene el obispo de “visitar la diócesis cada año total o parcialmente de modo que al menos cada cinco años visite la diócesis entera, personalmente o, si se encuentra legítimamente impedido, por medio del obispo coadjutor, o del auxiliar, o del vicario general o episcopal, o de otro presbítero”. En la homilía de la misa de clausura de la visita al arciprestazgo de Morón, don José Ángel subrayó que “el obispo tiene siempre presente a cada comunidad y éstas permanecen en la comunión de la Iglesia diocesana”.

“Tiempo de alegría, esperanza y mucha gracia”

David Marín, arcipreste de Morón de la Frontera, guarda un recuerdo agradecido de esta experiencia. “Hemos vivido la visita pastoral como un tiempo de alegría, esperanza y mucha gracia, porque hemos podido tener la cercanía de uno de nuestros pastores, don Teodoro, que se ha preocupado, conociendo todas las realidades de nuestras parroquias”, señala. Ha sido, además, una visita largamente esperada que se tuvo que posponer en su día por culpa de la pandemia.

Monseñor León ha podido conocer estas comunidades parroquiales del ámbito rural, “y ver también las dificultades, para comprobar que, aunque son comunidades pequeñas, tienen muchas ganas de vivir la fe”, destaca el arcipreste. Marín puntualiza que se trata de comunidades formadas en buena parte por personas mayores, y que el obispo auxiliar ha podido comprobar que “se vive la fe con mucha ilusión y se quiere seguir al Señor, conociéndolo y trabajando desde el anuncio del Evangelio, cada uno dentro de sus posibilidades”.

Al igual que ha sucedido al término de la visita que monseñor Valdivia ha realizado al arciprestazgo de San Bernardo, el arcipreste subraya “la cercanía y el afecto de don Teodoro” en todas las visitas que ha llevado a cabo, así como la buena disposición de los párrocos para mostrarle sus comunidades parroquiales.

De la clausura a esta visita queda una recomendación del arzobispo, que exhortó a los presentes a “mantenerse unidos a vuestros sacerdotes y responder a los llamamientos a colaborar en todos los proyectos e iniciativas parroquiales, siempre en comunión y coordinación con la Iglesia diocesana y abiertos a la Iglesia universal”.

Renovación espiritual

El arciprestazgo de San Bernardo es, con trece parroquias, el más amplio de la geografía diocesana. Su arcipreste, José Miguel Verdugo, traslada la valoración positiva que todos los párrocos hacen del periplo que comenzó en la parroquia de San Diego de Alcalá y culminó recientemente en la del Corpus Christi. Durante estos meses, monseñor Ramón Valdivia ha mantenido una relación que Verdugo resume como “muy cercana”, con una actividad intensa que ha abarcado muchas vertientes de la vida parroquial.

Las visitas han tenido una duración que ha variado, entre tres días y una semana, en función de las circunstancias de cada caso, y no se ha limitado a las instituciones eclesiales (hermandades, comunidades religiosas, colegios, etc), ya que el obispo ha tenido la oportunidad de encontrarse con grupos externos a las parroquias. Cada parroquia ha expuesto a don Ramón sus preocupaciones, con entrevistas personales y de grupo. “Ha sido una visita muy amplia”, añade el arcipreste.

Gratitud al arzobispo

Tanto José Miguel Verdugo como David Marín agradecen al arzobispo la iniciativa de situar estas visitas pastorales como uno de los ejes de la dinámica pastoral. “Para nosotros ha sido una renovación espiritual, hemos sentido esa renovación, esa cercanía del arzobispo”, reitera el arcipreste de San Bernardo. El sentir común de todas las parroquias es de gratitud. “Primero al Señor, por habernos bendecido con esta visita; y al arzobispo, que ha estado siempre pendiente, a través de sus obispos auxiliares”, apunta Verdugo.

En ambos casos se subraya el impulso que estas visitas pueden suponer en el día a día de las comunidades parroquiales. De hecho, los dos arciprestes hacen suyos los testimonios de los veintitrés párrocos que, en los próximos meses, comenzarán a recoger los frutos de una experiencia que se asume como “una renovación total y absoluta, un revulsivo muy bueno a la hora de poder llevar el plan pastoral diocesano”.

Unas visitas “necesarias en los tiempos actuales”

En la presentación de los obispos auxiliares, el Sábado de Pasión de 2023, monseñor Saiz Meneses afirmó que “en esta diócesis hay trabajo para cinco obispos”. Con un censo de casi dos millones de fieles, esta porción del Pueblo de Dios precisa un conocimiento permanente y cercano, que se hace posible con la ayuda de los dos auxiliares. «La presencia episcopal que los fieles solicitan con toda razón -destacó el arzobispo- es aún más necesaria en los tiempos actuales, tiempos de nueva evangelización, tiempos de cambios sociales sin precedentes, de nuevos desafíos a los que es preciso responder de una manera ágil y proactiva, tiempos en los que hay que prever tantas necesidades y consolidar no pocos aspectos de la vida cristiana».

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Crucificado de la Parroquia de Nuestra Señora del Juncal (Sevilla)

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Tras la construcción del barrio del Juncal en los años 60, los vecinos pronto sintieron la necesidad de contar con una parroquia para recibir los sacramentos. Don Francisco Pérez Domínguez, primer párroco del Juncal, comprendió estas necesidades y logró que Escribano S.A., la empresa constructora del barrio, cediera un local para establecer la nueva parroquia.

A pesar de la sencillez del lugar, los vecinos recibieron con gran entusiasmo este espacio, que fue consagrado y bendecido el 5 de septiembre de 1965 por el arzobispo don José María Bueno Monreal. Inicialmente, la parroquia recibió el nombre de Santísima Trinidad, pero en 1966, tras la bendición de la Santísima Virgen del Juncal, se renombró como Parroquia de Nuestra Señora del Juncal.

En sus inicios, la parroquia contaba únicamente con una mesa de altar y un calvario en el presbiterio, compuesto por la imagen de Nuestra Señora del Sol, obra de Antonio Bidón Villar, y un crucificado de tamaño académico. Esta imagen de la Virgen del Sol sería el germen de la actual Hermandad del Sol. Después de las obras de ampliación en 1968, ambas imágenes fueron trasladadas a la capilla sacramental. La escena se completó en 2001 con una imagen de San Juan Evangelista, también de tamaño académico, obra de Manuel Téllez Berraquero. Estas imágenes permanecieron en la capilla hasta 2017, cuando fueron trasladadas al final de la nave del evangelio, donde pueden ser contempladas y veneradas actualmente.

El crucificado, sin advocación específica, fue donado por Carmen Fernández Toro. Esta obra, fechada en el siglo XVII y atribuida a Juan de Mesa por Antonio Gómez Castillo, miembro de la Real Academia de Santa Isabel de Hungría y vocal de la Comisión Diocesana de Arte, fue categóricamente afirmada como obra de Mesa: «Sin duda alguna es obra de su mano». Esta atribución fue también publicada por Fernando Galán en el diario ABC en 1982. Aunque no se ha confirmado plenamente la autoría, la calidad artística de la obra es indudable, destacando por su estudio anatómico, la expresión, y detalles como los dedos bendiciendo que reflejan la maestría del imaginero y que pone de manifiesto el parecido con el Cristo del Amor. La restauración llevada a cabo en 2019 por Luis Maqueda Toro reveló la magnífica policromía de la talla y la cruz, originalmente de color verde, devolviendo a la imagen su esplendor original.

Cabe destacar que esta imagen llegó a presidir el rezo del viacrucis parroquial en andas en 1967, junto a la Virgen del Sol, por las calles de la feligresía, aunque este hecho no se mantuvo en el tiempo.

María Teresa Fariña Pancho, graduada en Historia del Arte y colaboradora de la Delegación diocesana de Patrimonio cultural

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