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Almería se suma a la campaña “Apúntale a Reli” para promover la asignatura de Religión

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La diócesis de Almería se une a la nueva campaña promovida por la Comisión Episcopal para la Educación y Cultura bajo el lema “Son tantas las razones… apúntale a Reli”, dirigida a acompañar a las familias en el proceso de matriculación del curso 2026-2027.

Presentada el pasado 29 de abril, la campaña propone una reflexión actual bajo el lema “Y tú, ¿se lo preguntarías a la IA?”, planteando un diálogo simbólico con la inteligencia artificial para subrayar que la educación en valores y la formación integral de los hijos corresponde, en última instancia, a los padres.

El objetivo principal es ofrecer claridad y argumentos sólidos a las familias que deben tomar decisiones educativas en los próximos meses, destacando no solo el valor pedagógico de la asignatura de Religión Católica, sino también su dimensión humana y formativa en un contexto social cada vez más marcado por la tecnología.

Actualmente, más de la mitad de las familias españolas —un 55,78%, lo que equivale a 2.718.189 alumnos— continúa eligiendo voluntariamente esta asignatura, lo que refleja su arraigo y relevancia en el ámbito educativo.

Con esta campaña, la Conferencia Episcopal Española busca dar respuesta a las inquietudes de muchos padres que, en ocasiones influidos por criterios de utilidad inmediata, pueden pasar por alto la profundidad formativa que ofrece la enseñanza religiosa. A través de materiales audiovisuales y contenidos digitales, la iniciativa invita a redescubrir el valor de esta materia en el desarrollo ético, cultural y personal de los alumnos.

Desde la diócesis de Almería se anima a las familias a conocer esta propuesta y a reflexionar sobre la importancia de la educación integral de sus hijos.

Materiales y enlaces de la campaña:

  • Web oficial: https://www.apuntaleareli.es
  • Vídeo de la campaña:[embedded content]
  • Recursos para compartir: https://www.conferenciaepiscopal.es/religion-campana-2026

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Jaén acoge a los delegados de la Pastoral de la Salud de las Diócesis andaluzas

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Los días 29 y 30 de abril han sido testigos del primer encuentro de delegados de Pastoral de la Salud de Andalucía, no es que sea la primera vez que nos reunimos sino la primera vez que lo hacemos de esta manera.

Hemos compartido las diócesis de Jaén, Córdoba, Sevilla, Jerez, Cádiz, Málaga y el director del Departamento de pastoral de la salud de la Conferencia Episcopal Española,  junto a nuestro Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, como responsable de la Pastoral de Salud de Andalucía.

El encuentro comenzó el miércoles con la acogida de los delegados que iban acercándose hasta la Casa de la Iglesia de Jaén y pudimos compartir tiempo para hablar de nuestras tareas de una manera informal hasta que llegó el momento de compartir la cena.

El jueves fue un día de intenso trabajo que comenzó con la oración de laudes y a las diez de la mañana, D. José Luis Méndez, director del departamento de la CEE nos ayudó a reflexionar sobre nuestro trabajo en la diferentes delegaciones diocesanas, lo que es importante, lo que no podemos descuidar, cómo hay que trabajar unidos y que somos miembros de la Iglesia y a ella nos debemos.

Pudimos compartir todos nuestras experiencias, aprender unos de otros, y sobre todo, gracias a la propuesta de Don Sebastián, ser capaces de estructurar el trabajo en el ámbito andaluz de forma que cada delegado llevaremos una responsabilidad para crecer juntos y poder ofrecer a nuestras diócesis unos objetivos y tareas que nos ayuden a tener buenos equipos de pastoral de la salud buscando el bien de nuestros hermanos enfermos.

Es el comienzo de una buena forma de trabajar sobre todo con ilusión y fomentando el encuentro futuro no solo de los delegados sino también de sus equipos diocesanos.

Joaquín Rafael Robles Medina
Delegado Episcopal de Pastoral de la Salud de Jaén

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El Obispo conoce a la Virgen de la Cabeza de Córdoba

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Es la primera Hermandad de Gloria en procesionar por las calles de Córdoba después de Semana Santa

Monseñor Jesús Fernández acudió el viernes, 1 de mayo, a la parroquia San Francisco y San Eulogio para conocer a la Cofradía de la Virgen de la Cabeza de Córdoba. El Obispo, acompañado del Delegado diocesano de Hermandades y Cofradías, José Juan Jiménez Güeto, fue recibido en la parroquia por el párroco, Joaquín Alberto Nieva, por el Vicario parroquial, Francisco López, por el Hermano mayor de la Cofradía, Juan González, y miembros de la junta de gobierno. Durante la visita el prelado tuvo la oportunidad de conocer las actividades de la Cofradía, rezó ante la Virgen y firmó en el libro.

La mañana del domingo, 3 de mayo, tuvo lugar la procesión de la “Morenita” a la Santa Iglesia Catedral. Como cada año, el primer domingo de mayo la Virgen de la Cabeza recorre las calles de Córdoba. Antes de la procesión, el párroco de San Francisco, Joaquín Alberto Nieva, presidió la misa en la parroquia y concelebraron con él el Vicario parroquial y el consiliario de la Agrupación de Hermandades y Cofradías, Juan José Romero Coleto.











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Fallece a los 95 años D. José Casañas, decano del clero diocesano

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Este domingo, quinto de Pascua, fallecía D. José Casañas Llagostera, sacerdote diocesano, a los 95 años de edad. Con 68 años de ministerio sacerdotal, era el presbítero de mayor antigüedad de la diócesis.

Nacido en Jaén el 21 de febrero de 1931, fue ordenado presbítero el 15 de julio de 1958 en Granada por Mons. Félix Romero Mengíbar, quedando incardinado en la diócesis de Jaén, a la que ha servido fielmente durante toda su vida.

Su ministerio parroquial fue amplio y fecundo. Inició su labor como ecónomo en la parroquia de la Estación Linares-Baeza y posteriormente en Santa Elena. Más adelante regresó a la Estación Linares-Baeza, donde continuó su servicio pastoral. Fue, también, párroco de la parroquia de La Santa Cruz, en Linares, y durante casi dos décadas desarrolló una intensa labor como párroco de Nuestra Señora de Belén y San Roque, en Jaén capital, dejando una profunda huella pastoral en la comunidad.

Junto a su dedicación parroquial, desempeñó diversas responsabilidades diocesanas: fue director espiritual del Seminario Mayor, arcipreste de Linares, ecónomo de la Curia Diocesana durante más de una década, delegado diocesano de Cáritas y miembro de distintos organismos como el Consejo Presbiteral.

Elegido canónigo en el año 1985, pasó a emérito en el año 2006, formando parte del Cabildo Catedral de Jaén durante más de veinte años.

En sus últimos años continuó activo en el ministerio como capellán, confesor y colaborador en distintas realidades eclesiales, especialmente en comunidades religiosas y en el acompañamiento espiritual, manteniendo su disponibilidad hasta etapas muy avanzadas de su vida. En la residencia sacerdotal, Obispo Manuel Basulto, ubicada en la Casa de la Iglesia de Jaén ha pasado los últimos años de su vida. Acompañado por sacerdotes y con el cuidado y atención espiritual de esta residencia para el clero de la diócesis.

Sacerdote entregado, fiel y cercano, su vida ha sido testimonio de servicio constante a la Iglesia de Jaén.

La misa exequial tendrá lugar, este lunes 4 de mayo a las 17:30 horas en la Capilla Mayor de la Casa de la Iglesia (Seminario diocesano), calle Juan Montilla, 1, donde se velan sus restos mortales.

Descanse en la paz del Señor.

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Apuntes de Vida Espiritual | La paz del Resucitado que habita lo cerrado (Por monseñor León)

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Apuntes de Vida Espiritual | La paz del Resucitado que habita lo cerrado (Por monseñor León)

La Resurrección de Cristo no solo inaugura una vida nueva, también trae consigo una paz distinta. No es la paz que nace de que todo esté en orden, ni la que depende de que las circunstancias acompañen. Es una paz que entra incluso cuando todo sigue cerrado, cuando el miedo permanece, cuando el corazón aún no ha terminado de comprender.

El Evangelio nos muestra a los discípulos reunidos con las puertas cerradas. No han salido corriendo a anunciar nada, no están llenos de valentía, no han entendido todavía lo que ha sucedido. Siguen teniendo miedo. Y es ahí, precisamente ahí, donde el Resucitado se hace presente. No espera a que estén preparados. No les exige una fe perfecta. No les pide que abran primero para poder entrar. Él entra en medio de lo cerrado.

Y lo primero que dice no es un reproche, ni una explicación, ni una enseñanza. Dice: “Paz a vosotros” (Jn 20,19). La paz del Resucitado no viene después de que todo esté resuelto. Viene antes. Se ofrece en medio de la confusión, en medio del miedo, en medio de la fragilidad. La paz es la gracia de Dios que nos permite empezar de nuevo.

Por eso, esta paz no es superficial. No se queda en la superficie de las emociones. Desciende más hondo, hasta ese lugar donde muchas veces ni siquiera sabemos poner palabras. Es una paz que no siempre se siente, pero que sostiene. Que no siempre se percibe, pero que permanece. Porque no es algo que generamos nosotros. Es alguien que habita en lo más profundo de nuestro ser.

Cristo no elimina las puertas cerradas de golpe. No borra de un momento a otro todo aquello que nos cuesta abrir. Pero entra ahí. Se sitúa dentro. Y desde dentro, comienza a transformar.

Cuántas veces también nosotros vivimos así: con puertas cerradas. Cerramos por miedo, por heridas, por cansancio, por no saber cómo afrontar lo que llevamos dentro. Y a veces pensamos que Dios espera fuera, a que estemos mejor, a que lo tengamos todo claro, a que seamos capaces de abrir. Pero no, el Resucitado no se queda fuera de nuestras resistencias. Entra en ellas. Y dentro, pronuncia su paz.

No una paz que obliga, sino una paz que se ofrece. No una paz que anula lo que somos, sino una paz que lo abraza y lo recrea. Poco a poco, sin violencia, sin imponer, va ensanchando el corazón, va abriendo espacios que estaban cerrados desde hace tiempo.

Esta es la experiencia pascual que continúa: dejar que su presencia llegue también a esos lugares que no solemos mostrar, que no sabemos cómo entregar, que incluso nosotros mismos evitamos mirar. Porque ahí también quiere vivir.

Y cuando su paz encuentra un hueco, aunque sea pequeño, empieza a cambiar la forma de estar, de mirar, de responder. No porque todo esté solucionado, sino porque ya no estamos solos dentro de lo que nos pasa. La paz del Resucitado no consiste en que desaparezcan los conflictos, sino en que Él está en medio de ellos.

Quizá hoy no se trata de abrirlo todo de golpe. Quizá hoy basta con no impedirle entrar. Con dejar que su presencia alcance, aunque sea un poco, ese lugar cerrado que llevas dentro. Porque Él no tiene miedo de lo que encuentra y su paz no depende de lo que haya. Depende de que Él está. Y eso… lo cambia todo. Déjale entrar. Sin forzar. Y verás cómo, desde dentro, todo empieza a abrirse… y entonces, sin que nadie lo note, la casa vuelve a llenarse de su luz y se reconoce.

+ Teodoro León Muñoz

Obispo Auxiliar de Sevilla

La vida al ritmo del Espíritu del Resucitado 

Ha resucitado… y su vida comienza en nosotros

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Cena–convivencia en el claustro de la Catedral con motivo de San Indalecio

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La Catedral de la Encarnación de Almería acogerá el próximo sábado 9 de mayo de 2026 una cena–convivencia en su claustro con motivo de la festividad de San Indalecio, patrón de la diócesis.

Este encuentro, de carácter fraterno y solidario, tiene como finalidad colaborar con la restauración del órgano del Evangelio de la Catedral. La propuesta invita a los asistentes a disfrutar de un menú típico almeriense —patatas a lo pobre con huevo— en un entorno singular como es el claustro catedralicio.

La cena tendrá un donativo de 30 euros y las reservas pueden realizarse en la sacristía de la Catedral.

Con esta iniciativa, la diócesis une la celebración festiva en honor a San Indalecio con un gesto concreto de colaboración para la conservación del patrimonio eclesial, fomentando al mismo tiempo la convivencia entre los fieles en un ambiente de fraternidad.

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Asamblea General de Vida Ascendente en Aguadulce

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El movimiento de Apostolado Seglar de Mayores y Jubilados de la Diócesis de Almería, “Vida Ascendente”, celebró el pasado 2 de mayo de 2026 su Asamblea General de final de curso 2025/2026 en la Casa Diocesana de Espiritualidad de Aguadulce.

La jornada comenzó con un café de bienvenida y la acogida de los asistentes, seguida de una oración inicial para invocar la ayuda del Espíritu Santo en el desarrollo de la reunión y en la toma de decisiones. A continuación, se procedió a la lectura y aprobación del acta anterior, así como a la presentación del informe económico por parte del tesorero.

Uno de los momentos centrales fue la presentación de candidaturas para la elección de la nueva presidencia del movimiento. Tras el proceso de votación, fue elegida como presidenta doña Luisa Margarita Rodríguez.

Durante la mañana también se desarrolló el tema formativo “Las Estaciones Solidarias. Vida Ascendente, grupos de vida ‘con mucho arte’”, impartido por doña Lola Gázquez Reyes, cuya exposición resultó cercana y enriquecedora. Posteriormente, los participantes trabajaron en grupos, poniendo en común diversas reflexiones y conclusiones.

La jornada continuó con la celebración de la Eucaristía, concelebrada por el consiliario don Roberto y don Antonio Marín, preparada con esmero por los asistentes. El encuentro concluyó con una comida fraterna que favoreció la convivencia y el diálogo entre los participantes. La Asamblea se desarrolló en un ambiente de cordialidad, participación y profundo sentido espiritual, culminando con una fotografía de grupo como recuerdo de la jornada.

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La Archidiócesis celebra la fiesta de San José Obrero junto al Secretariado de Pastoral Obrera

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Granada, 1 de mayo de 2026. La parroquia del Espíritu Santo acogió en la mañana del Día Internacional del Trabajo la eucaristía con la que el Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera celebró la festividad de San José Obrero. La celebración, presidida por el Vicario de Pastoral, D. José Carlos Isla Tejera, congregó a sacerdotes, militantes obreros cristianos y amigos del Secretariado en una mañana marcada por la oración por el mundo del trabajo y por el compromiso de la Iglesia diocesana con quienes sufren la precariedad y la exclusión laboral.

La eucaristía se celebró conforme al guión litúrgico propuesto este año por la plataforma Iglesia por el Trabajo Decente —en la que participan Cáritas, HOAC, Justicia y Paz, JEC y JOC—, bajo el lema «Ante la exclusión, trabajo decente». Las moniciones, oraciones y peticiones de los fieles tuvieron presentes de manera especial a los trabajadores migrantes, a las víctimas de accidentes laborales, a las mujeres del mundo del trabajo y a quienes viven el paro de larga duración o la imposibilidad de vivir dignamente del propio salario.

En la homilía, el Vicario de Pastoral partió del evangelio del día (Mt 13, 54-58) y, tomando como hilo conductor la pregunta de los nazarenos —«¿No es éste el hijo del carpintero?»—, advirtió del riesgo del prejuicio para quienes, precisamente por su entrega al mundo obrero, conocen tanto los datos y los rostros de la precariedad que pueden acabar acostumbrándose a ellos. «Hay milagros que no se hacen porque nadie los espera», recordó D. José Carlos, glosando el remate evangélico sobre la incredulidad de Nazaret. El Vicario invitó a los presentes a redescubrir el ministerio propio de la pastoral obrera como un trabajo de mirada limpia: «Rasgar el velo del prejuicio para que el milagro se vea, sostener la mirada cuando el resto del mundo la aparta, pronunciar nombres cuando todos hablan de cifras». Y concluyó: «El primer milagro es el nuestro: el milagro de la mirada».

La homilía se hizo eco también del documento Es tiempo de un país que cuide, presentado recientemente por las pastorales del Trabajo y de la Salud de la Conferencia Episcopal Española, cuyo diagnóstico sobre la precariedad laboral, los trabajadores pobres, las mujeres migrantes en el sector de los cuidados y los accidentes mortales en el trabajo enmarcó la oración de la asamblea.

Concluida la celebración, el Secretariado Diocesano de Pastoral Obrera y del Trabajo ha querido dejar constancia del sentido del encuentro: «Hemos puesto sobre el Altar, junto a nuestro compromiso evangelizador, la situación de tantas hermanas y hermanos nuestros que en el trabajo sufren injusticia y explotación, precariedad o falta de trabajo para ganarse el pan. Hemos pedido que la fuerza del Espíritu afiance la obra de nuestras manos, nos haga sembradores de justicia y de paz, constructores de esperanza en medio del conflicto, y nos sostenga en las luchas compartidas por la dignidad de cada trabajador y trabajadora. Nos hemos comprometido a ser Iglesia atenta al mundo obrero, cercana a quienes sufren la precariedad y la exclusión, profética ante las injusticias laborales y comprometida en la construcción de un trabajo decente, libre, creativo, saludable, participativo y solidario».

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Monseñor Orozco predicó en montilla (Córdoba) en la novena en honor de san Juan de Ávila

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Monseñor Orozco predicó en montilla (Córdoba) en la novena en honor de san Juan de Ávila

El de Guadix es uno de los obispos que van a predicar en una novena especial, pues se celebra un año jubilar en Montilla con motivo del 500 aniversario de la ordenación sacerdotal de San Juan de Ávila

El obispo de la diócesis de Guadix, monseñor Francisco Jesús Orozco, presidió el sábado 2 de mayo, en Montilla (Córdoba), la celebración del segundo día de la novena en honor a San Juan de Ávila, en la basílica dedicada al santo. La novena se está celebrando en el marco del año jubilar concedido con motivo del 500 aniversario de su ordenación sacerdotal.

Durante la Eucaristía, el prelado centró su homilía en la figura del Maestro Ávila, recordando cómo tuvo lugar su ordenación sacerdotal, apoyándose en las crónicas de la época y en los testimonios recogidos en su proceso de canonización.

Asimismo, destacó la dimensión reformadora de San Juan de Ávila y su decisivo magisterio en favor de la renovación de la Iglesia, subrayando su compromiso con la restauración de la fe católica en un momento clave de la historia.

En esta segunda jornada de cultos han participado de manera especial la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Montilla, que se ha sumado a la celebración en este tiempo de gracia para la ciudad y para la Iglesia.

Durante estos días de novena, organizada de manera especial por el centenario, diferentes obispos van a predicar, así como los arzobispos de Sevilla y Granada.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

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Carta pastoral para el mes de mayo: “María, madre de la alegría pascual”

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Queridos fieles diocesanos:

Al adentrarnos en el florido mes de mayo, mes que la piedad cristiana ha consagrado de manera singular a la Santísima Virgen María, nuestro corazón se vuelve con especial cariño hacia Aquella que, llena de gracia (cf. Lc 1,28), fue elegida por Dios para ser Madre de su Hijo y Madre nuestra. María se nos presenta en este tiempo como estrella que guía a la Iglesia en su peregrinar terreno y como modelo acabado de toda vida cristiana, pues en Ella contemplamos la criatura plenamente abierta a la voluntad divina.

No deja de ser profundamente significativo que el mes consagrado a nuestra Madre del cielo se inaugure con el día de la Madre, donde recordamos yhonramos a aquellas mujeres a quienes, después de Dios, debemos el don inmenso de la vida. Una buena ocasión para elevar una oración por nuestras madres, por aquellas que con generosidad nos llevaron en su seno, nos dieron a luz para este mundo y, con sacrificio, muchas veces humilde y escondido, velaron por nuestros primeros pasos, nuestras necesidades y nuestra educación humana y cristiana.

Mayo llega a nuestras tierras con el esplendor de la primavera, con los campos engalanados, con el perfume de las flores y con el despertar jubiloso de tantos pueblos y aldeas que, movidos por una fe arraigada y heredada de sus mayores, salen al encuentro de la Virgen en romerías, procesiones y peregrinaciones. Toda nuestra geografía diocesana se convierte en estos días en un mapa de fervor mariano, donde caminos, veredas y santuarios se llenan de plegarias, cantos, promesas, lágrimas de gratitud y súplicas confiadas.

Estas manifestaciones de piedad popular constituyen un verdadero tesoro espiritual para la Iglesia. «En la piedad popular, por ser fruto del Evangelio inculturado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menos preciar: sería desconocer la obra del Espíritu Santo» (Evangelii gaudium 126).No son meras expresiones folclóricas ni tradiciones o costumbres vacías. Cuando brotan de una fe sincera, son escuela de evangelización, catequesis transmitida de generación en generación y confesión pública de que María sigue caminando con su pueblo, como signo de consuelo y de firme esperanza.Así lo canta el Prefacio IV de la Virgen: «Ella, como humilde sierva, escuchó tu palabra y la conservó en su corazón; admirablemente unida al misterio de la redención, perseveró con los apóstoles en la plegaria, mientras esperaban al Espíritu Santo, y ahora brilla en nuestro camino como signo de consuelo y de firme esperanza».

Ya enseñaba san Ambrosio que «María es figura de la Iglesia en el orden de la fe, de la caridad y de la perfecta unión con Cristo»En ella contemplamos anticipadamente lo que la Iglesia está llamada a ser en su plenitud: mujer fiel en la integridad de la fe, madre fecunda por la acción del Espíritu, esposa sin mancha unida inseparablemente a su Señor. María no es solamente miembro eminente de la Iglesia, sino su imagen más pura y acabada, el espejo donde el pueblo cristiano aprende a reconocerse y a comprender su propia vocación.

Por eso, donde está la Madre, allí aprende el pueblo a vivir como discípulo. Allí donde María es verdaderamente amada, florecen la oración confiada, la fidelidad sacramental, el amor a la Iglesia y la perseverancia en la esperanza. La religiosidad popular, cuando está bien fundamentada y orientada, es una expresión viva de la fe del pueblo santo de Dios, lugar donde la gracia sigue fecundando la historia cotidiana de los sencillos. En esas manifestaciones, humildes y sinceras, late una fe auténtica que, aunque a veces necesite purificación y formación, constituye un terreno fecundo donde el Señor sigue obrando maravillas.

Las romerías, tan arraigadas en nuestra tierra, nos recuerdan que la vida cristiana es peregrinación. «No tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura» (Hb 13,14). Nuestra existencia entera es camino hacia la patria definitiva, hacia la Jerusalén celestial.Y en ese camino no peregrinamos solos. La Madre del Señor nos acompaña como acompañó a los discípulos en la espera de Pentecostés, perseverando con ellos en la oración (cf. Hch 1,14). Toda romería cristiana debe ser reflejo de esa peregrinación interior del alma hacia Dios, signo visible de un caminar invisible, pero más profundo: el del corazón que busca al Señor, que desea convertirse y que anhela llegar un día a la plenitud de la vida eterna.

Os invito, por ello, queridos romeros y peregrinos, a vivir nuestras romerías con sentido verdaderamente cristiano. Donde no falte la comunión, la gratitudy alegría que brota del Resucitado. Donde no se diluya lo verdaderamente esencial entre lo accesorio. Donde el fervor de la devoción no quede reducido a la emoción de un día ni a la tradición o costumbre social. Todo cuanto rodea externamente nuestras celebraciones ha de estar al servicio del encuentro con Dios, y no al contrario; pues cuando lo secundario ocupa el lugar de lo principal, la devoción pierde su alma y la tradición se vacía de su esencia.

No basta sólo con recorrer kilómetros tras una imagen bendita; es preciso que también el alma se mueva, que el corazón se ablande, que la conciencia se examine, en definitiva, que la vida se convierta.De poco sirve caminar con los pies si el corazón no avanza hacia Dios.

María siempre conduce a Cristo;ésta es la prueba de toda devoción mariana auténtica.Ella pronunció en Caná de Galilea las palabras que siguen siendo un programa para todo discípulo: «Haced lo que Él os diga» (Jn 2,5). La Virgen no se anuncia a sí misma, señala siempre al Hijo; no retiene para sí el amor de los fieles, sino que lo orienta hacia Jesucristo. Allí donde María es amada de verdad, Cristo es mejor conocido, más profundamente amado y más fielmente seguido.

Vivamos y anunciemos con renovado ardor la alegríapascual. Caminemos de la mano de María de Nazaret, mujer humilde, piadosa y trabajadora, olvidada de sí misma para entregarse a los demás, siempre disponible en el servicio y dócil a la voluntad divina, aun cuando los designios de Dios sobrepasaban su entendimiento. Que estas virtudes marianas sean las mejores flores que podamos ofrecer durante este mes consagrado a nuestra Madre del cielo. ¡Venid y vamos todos con flores a María!

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Sebastián Chico Martínez
Obispo de Jaén

Jaén, a 1 de mayo de 2026
Fiesta de San José Obrero

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