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Carta Pastoral «Reavivar nuestra esperanza»

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REAVIVAR NUESTRA ESPERANZA

A los presbíteros, diáconos, seminaristas,

personas consagradas y fieles laicos

de la Diócesis

 

Queridos hermanos:

Nos disponemos a afrontar un nuevo curso pastoral renovando nuestra confianza en la promesa del Señor Jesús: “He aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20). De esta certeza debemos sacar un renovado impulso, personal y comunitario, para la vida cristiana.

Conscientes de esta presencia del Resucitado entre nosotros, nos planteamos la pregunta dirigida a Pedro en Jerusalén, inmediatamente después de su discurso de Pentecostés: “¿Qué hemos de hacer, hermanos?” (Hch 2,37).

El tiempo pastoral que iniciamos viene marcado por dos acontecimientos, que hemos de vivir en comunión con toda la Iglesia. El primero es la conclusión del Sínodo sobre la Sinodalidad. En octubre se celebra la segunda asamblea sinodal, la cual concluirá con un Documento Final, que abarcará todo el proceso realizado hasta ahora, y se presentará al Papa, quien ofrecerá a toda la Iglesia las orientaciones que estime convenientes. Sin duda, que el modo sinodal, caminar juntos, debe inspirar nuestro quehacer en la Diócesis y en las parroquias.

El segundo evento, que concentrará la atención de la Iglesia en los próximos meses, será el Jubileo del Año 2025, que según una antigua tradición el Papa convoca cada veinticinco años. Comenzará en la Diócesis el domingo 29 de diciembre de 2024 y finalizará el domingo 28 de diciembre de 2025. En la bula de convocatoria del Jubileo “Spes non confundit”, “la esperanza no defrauda” (Rm 5,5), el Papa invita a vivir este tiempo de gracia bajo la perspectiva de la esperanza cristiana. La esperanza constituye el mensaje central del próximo Jubileo.

En tercer lugar, en la Diócesis, comenzamos a implantar el nuevo Directorio diocesano de la Iniciación Cristiana, en la senda de las Orientaciones Pastorales Diocesanas 2022-2027. “Él va por delante de vosotros” (cf. Mt 16,7). Entendemos que la preparación a los sacramentos de la iniciación cristiana –Bautismo, Confirmación y Eucaristía- es un cauce necesario para aplicar la renovación misionera que nuestra realidad pastoral requiere.

Estos tres hechos que marcan el curso pastoral 2024-2025 nos permiten señalar los siguientes objetivos:

  • Valorar los Consejos Pastorales y Económicos Parroquiales como práctica concreta de la sinodalidad en nuestras parroquias.
  • Reavivar y testimoniar nuestra esperanza en la celebración del Jubileo del Año 2025.
  • Afrontar la implantación del nuevo Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana, como cauce de una pastoral misionera.

A tenor de esto, deseo ofreceros una breve reflexión sobre los temas señalados, que configuran el nuevo curso pastoral.

 

1.- Los Consejos Pastorales y Económicos Parroquiales como práctica concreta de la sinodalidad en nuestras parroquias.

Durante el curso anterior nos hemos ido ocupando en constituir estos Consejos en las parroquias que carecían de ellos y animarlos donde ya existían. Agradezco este esfuerzo y os exhorto a continuar con voluntad en esta labor, a fin de que, en cada parroquia, y si son pequeñas, agrupadas, se pueda contar con esta estructura pastoral.

El papa Francisco dice que el Año jubilar puede ser una oportunidad significativa para concretar la forma sinodal de la comunidad cristiana, de tal modo que todos los bautizados, cada uno con su propio carisma y ministerio, sean corresponsables de la urgente misión de evangelizar que tiene la Iglesia (cf. Spes non confundit, 17). Ciertamente, “Todo el Pueblo de Dios es el sujeto del anuncio del Evangelio. En él, todo bautizado es convocado para ser protagonista de la misión porque todos somos discípulos misioneros” (Comisión Teológica Internacional, La sinodalidad en la vida y en la misión de la Iglesia del 2 de marzo de 2018, n. 53).

Esto exige la implicación de las parroquias. Si las parroquias no son sinodales y misioneras, tampoco lo será la Iglesia. Por esta razón hemos abordado la formación de los Consejos Pastoral y Económico de la parroquia, configurándolos según el Estatuto Marco aprobado el 20 de febrero de 2023. No se trata, por tanto, de incrementar las estructuras de las parroquias, sino de estimular el compromiso misionero al que estamos llamados, viviendo la unidad y la diversidad propias de la Iglesia. En este sentido, el Consejo Pastoral Parroquial podría llamarse, también, Consejo para la evangelización en la parroquia.

Perseguimos el propósito de las Orientaciones Pastorales Diocesanas 2022- 2027: Que todas las comunidades procuren poner los medios necesarios para avanzar en el camino de una conversión pastoral y misionera. (cf E.G. 15, 25). Se trata de actualizar el envío misionero de Jesús: “Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación.” (Mc 16,15). Como hemos repetido muchas veces, es decisivo para la Iglesia diocesana acrecentar nuestra responsabilidad misionera, de manera que todos nos convenzamos de que cada parroquia, comunidad eclesial, familia y bautizado es responsable del anuncio misionero del Evangelio en nuestros pueblos y barrios de la ciudad. La comunidad parroquial debe estar comprometida en la evangelización, particularmente, del territorio que abarca su feligresía. De este modo practicaremos la sinodalidad para la misión.

Los pastores debemos vivir y promover una espiritualidad de comunión y participación. Con ocasión del encuentro internacional de párrocos, celebrado bajo el título: Los Párrocos por el Sínodo. Un encuentro internacional los días 28 de abril al 2 de mayo pasado, el papa Francisco pedía a los sacerdotes adecuar su ministerio a las exigencias de una Iglesia sinodal misionera. Para ese fin, formula unas recomendaciones: primero, urge descubrir, animar y valorar “los multiformes carismas de los seglares, tanto los humildes como los más elevados” (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Presbyterorum Ordinis, 9). Segundo, aprender y practicar el discernimiento comunitario, valiéndose para esto del método de la “conversación en el Espíritu”. Practicado en el Consejo pastoral parroquial permitirá ir más allá de la simple programación de actividades. Y tercero, experimentar el intercambio y la fraternidad entre los presbíteros y de éstos con el obispo, porque no seremos capaces de suscitar comunión y participación en las comunidades parroquiales si no las vivimos, en primer lugar, entre nosotros.

Tenemos que superar la idea de que atender la parroquia es casi únicamente tener un buen horario de misas y, en el mejor de los casos, atender puntual y generosamente a los fieles en el confesionario. Eso está muy bien, pero el párroco con el Consejo pastoral parroquial tiene que elaborar un programa de evangelización y, contando con su colaboración, ocuparse de esta misión. Por este motivo, la formación integral –doctrinal y moral, espiritual, sacramental y comunitaria- de estos laicos misioneros tiene que ser la primera preocupación del pastor de la comunidad.

Como materia de reflexión para el Consejo Pastoral Parroquial y para la formación permanente que se lleva a cabo en los encuentros de arciprestazgos, se propone estudiar y dialogar sobre la Instrucción de la Congregación para el Clero, La conversión pastoral de la comunidad parroquial al servicio de la misión evangelizadora de la Iglesia (20 de julio de 2020).

En este sentido, también es importante el papel del Consejo de Asuntos Económicos, que presta su ayuda al párroco en la administración de los bienes de la parroquia. Sabemos que la Iglesia necesita de bienes temporales para el mantenimiento de los templos dedicados a la celebración del culto divino, para la honesta sustentación del clero, para llevar adelante su misión evangelizadora y para la caridad, sobre todo con los más pobres.

La Conferencia Episcopal Española está animando a las diócesis a crear las llamadas Oficinas de Sostenimiento, con el fin de avanzar hacia la autofinanciación de la Iglesia. Nosotros la hemos creado en la Diócesis. Esta oficina junto con la Administración diocesana quiere ayudar y orientar a los Consejos económicos de las parroquias, de tal forma que también ellas puedan mejorar su financiación al servicio de la evangelización.

 

 

2.- Reavivar y testimoniar nuestra esperanza en la celebración del Jubileo del Año 2025.

Que el Jubileo del 2025 sea un tiempo para reavivar la esperanza, es el propósito del papa Francisco al convocarlo. La esperanza cristiana tiene una clave cristocéntrica: el Señor Jesús es la “esperanza nuestra” (1Tim 1,1). Así, recordando una vez más las palabras de san Juan Pablo II, podemos decir que el programa esencial del Año jubilar “se centra, en definitiva, en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste” (Novo Millennio Ineunte, 29).

La esperanza cristiana no se identifica con el optimismo, que es un asunto distinto. El optimismo da por hecho que, antes o después, todo irá mejor automáticamente. Los cristianos no compartimos, sin más, esa perspectiva naturalista, no nos hacemos tantas ilusiones. Vivimos en una cultura que mantiene una obstinada negativa a ver algo más allá del horizonte de esta vida terrenal. No son pocos los jóvenes y adultos que viven ajenos a las realidades espirituales, al servicio a los demás y a otra clase de valores humanos, centrándose casi exclusivamente en el consumo materialista y la seguridad económica como principales guías de sus vidas. Las adicciones y el consumo de sustancias de todo tipo son una parte central de su cultura. Ni se preocupan ni invierten en el mundo que les rodea, y tampoco esperan gran cosa de él. Muchas personas a nuestro alrededor parecen dispuestas a creer en cualquier cosa antes que abrirse a la posibilidad de Dios. “Cualquier cosa menos Dios”, parece ser el lema de la secularización que padecemos.

Pero no sirve de nada quedarse en la lamentación por las creencias espirituales y morales de esta época que nos toca vivir. Más bien, hemos de pensar que esta época está esperando con ansia nuestro fiel y coherente testimonio de vida cristiana. Nuestra forma de vida configura nuestro entorno, no solo el espiritual, sino también el social. Sólo cuando aprendemos a llenar nuestro corazón de algo más que el ruido, las distracciones y el dinero para el ocio de esta sociedad, entonces el mundo empezará a cambiar. Con frecuencia olvidamos que el problema real del mundo es mayor que el aborto, el cambio climático o la desestructuración de la familia, y mucho más persistente. El verdadero problema del mundo somos nosotros, son nuestros pecados.

Sin embargo, cuando el Papa Francisco, en su primera Exhortación Apostólica, nos llamó a volver a la “alegría del Evangelio”, nos recordó también que tenemos muchos motivos para mantener la esperanza (cf. Evangelii Gaudium, 10). La Palabra de Dios nos ayuda a encontrar las razones para la esperanza. “La esperanza no quedará defraudada, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo, que nos ha sido dado» (Rm 5,1-2.5). Las Escrituras son el testimonio de una historia que se repite una y otra vez: el amor de Dios al hombre, la infidelidad del hombre a su Creador y la misericordia de Dios que, en ese momento, lo convoca de nuevo a su amistad.

Sin una fe bien fundada, no viviremos la esperanza, porque no tendremos motivos para confiar en el futuro. Y sin esperanza, nos encerramos cada vez más en nosotros mismos, perdiendo la capacidad de amar. Esto exige de todos nosotros –sacerdotes y laicos- una mayor confianza en Dios, en el poder de la gracia y con ella en la capacidad que tenemos para vivir realmente con alegría el modelo de vida en el que cree la Iglesia, según los Mandamientos de Dios y las Bienaventuranzas.

Como cristianos estamos aquí para proclamar “la altísima vocación del hombre y la divina semilla que en éste se oculta” (cf. Gaudium et spes, 3) y hacer del mundo un lugar mejor, trabajando para hacer presente el Reino de Dios. Por este motivo, nunca debemos olvidar “que aquí no tenemos ciudad permanente, sino que andamos en busca de la futura” (Heb 13, 14). Afirmar ese futuro también forma parte de nuestro testimonio de la esperanza cristiana. Los creyentes sabemos que Jesús resucitó en entre los muertos para que nos uniésemos a él en su victoria; y que volverá en toda su gloria al final de los tiempos, para juzgar a vivos y muertos. Y esa victoria de Jesucristo sobre el pecado y sobre la muerte es el fundamento de nuestra esperanza. Los cristianos sabemos que la historia no sigue un simple dinamismo terrenal, sino que Dios ha introducido en ella, por la Encarnación del Verbo eterno, un dinamismo de gracia y de salvación. Sabemos que terminará con el triunfo y el banquete nupcial del Cordero. Así la verdadera esperanza cristiana es fruto de la fe y simiente para la caridad.

El Catecismo de la Iglesia Católica -siempre nos hará bien volver a este texto para comprender nuestra identidad cristiana- sintetiza de este modo lo que es la esperanza: “La esperanza es la virtud teologal por la que aspiramos al Reino de los cielos y a la vida eterna como felicidad nuestra, poniendo nuestra confianza en las promesas de Cristo y apoyándonos no en nuestras fuerzas, sino en los auxilios de la gracia del Espíritu Santo.” (n 1817) La esperanza cristiana tiene categoría de virtud, lo que significa que no se reduce a simple sentimiento, ni tampoco se identifica con una ordinaria actitud de optimismo. La esperanza solo es tal cuando tiene los ojos abiertos ante todo lo que la pone en entredicho. Además, es una virtud teologal, un don del Espíritu Santo que nos posibilita hacer y esperar aquello que no podríamos por nuestra cuenta. Es algo que recibimos de Dios como un don, y se basa en Dios que es amor y en la verdad sobre Jesucristo.

Es muy importante volver a sentir y anunciar la perspectiva escatológica inherente a la esperanza cristiana, a fin de que abramos nuestra historia al horizonte de la vida eterna (cf. Jn 6,54) y superemos la fijación en lo meramente intramundano. La Iglesia no puede presentar su misión únicamente como una propuesta ética y de valores, sino que debe hacerlo como instrumento de la relación salvadora con Dios (cf. 2Cor 4,18). Si únicamente se manifiesta como una asociación con fines humanistas y como tal es percibida, la Iglesia se hace a sí misma superflua a largo plazo, y, sobre todo, sería infiel al Evangelio recibido y dejaría de ser portadora de esperanza.

En nuestra cultura se ha producido una sustitución de la idea cristiana de la salvación por el deseo de una felicidad inmanente y un bienestar de carácter material. De este modo, la esperanza de los bienes futuros queda reemplazada por un optimismo utópico, que confía en que el hombre podrá alcanzar la felicidad mediante el desarrollo científico o tecnológico. Cuando se experimenta que la prosperidad material no asegura esa felicidad, esta se busca en un subjetivismo cuyo objetivo es llegar a estar bien con uno mismo. Se produce una mundanización de la salvación y se pierde el horizonte de eternidad que impregna la existencia humana. (cf. Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe, “Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” (Sal 42,3). Orientaciones doctrinales sobre la oración cristiana, 28 de agosto de 2019).

Sin el horizonte de la vida eterna, como decía el cardenal Kasper (cf. La Misericordia. Clave del Evangelio y de la Vida Cristiana. Santander, 2013, p.199), nuestro mundo caería en un inmanentismo inmisericorde, que exige la justicia perfecta y la felicidad plena aquí y ahora. Así, la vida se torna exigente y abrumadora. La injusticia nunca podrá ser eliminada por completo y la misericordia y el amor nunca podrán ser plenamente realizados en este mundo. Sólo la esperanza en la justicia divina y en la reconciliación escatológica asociadas a la resurrección de los muertos hace realmente digna de ser vivida la existencia en este mundo.

En este sentido, se resalta la apertura a Dios como fuente de la verdadera esperanza por Benedicto XVI en su encíclica Spe salvi: La verdadera, la gran esperanza del hombre que resiste a pesar de todas las desilusiones, sólo puede ser Dios, el Dios que nos ha amado y que nos sigue amando «hasta el extremo», «hasta el total cumplimiento» (cf. Jn 13,1; 19,30) (n. 27).

El Jubileo del 2025 nos ofrece una oportunidad singular para alimentar y robustecer la verdadera esperanza cristiana. La peregrinación expresa un elemento fundamental del acontecimiento jubilar. Ponerse en camino, personalmente o en grupo, hacia las iglesias jubilares es un gesto típico de quienes buscan el sentido de la vida caminando al encuentro del Señor.

Señalo a continuación cuáles serán las Iglesias jubilares en la Diócesis: La Santa Iglesia Catedral de la Merced y el Santuario Diocesano de Nuestra Señora de la Cinta en la vicaría de la Ciudad, el Santuario Nacional de Nuestra Señora del Rocío en la vicaría del Condado, el Santuario de la Virgen de la Peña en la vicaría de la Costa y Andévalo, y el Santuario Diocesano de Nuestra Señora de Los Ángeles en la vicaría de la Sierra y Minas. Todas estas Iglesias se ofrecen como oasis de espiritualidad en los cuales revitalizar el camino de la fe y hacer la experiencia jubilar.

También, el Jubileo es tiempo propicio para acercarse al sacramento de la Reconciliación, punto de partida insustituible para un verdadero camino de conversión. Para vencer el mal y apartarse de él no es suficiente nuestro esfuerzo, se necesita la ayuda del amor más grande, el amor de Dios. A este respecto, nos dice el papa Francisco que “el perdón es un nuevo comienzo, nos hace criaturas nuevas, nos hace ser testigos de la vida nueva” (Homilía, 29de marzo de 2019).

Junto con la Eucaristía, los cristianos tenemos que identificarnos entre nosotros mismos y ante el mundo como aquellos que se sienten perdonados por Dios, que se perdonan entre sí y están dispuestos a perdonar a sus enemigos. El arrepentimiento, la penitencia, el perdón, vividos como estilo de vida y como celebraciones sacramentales son características esenciales de la comunidad cristina y de la vida personal de cada uno. Sin la recuperación del sacramento de la Penitencia con absoluta seriedad, no habrá eucaristías fervorosas, ni santidad de vida, ni empeño por evangelizar. El abandono de este sacramento es uno de los peores síntomas del enfriamiento religioso que con frecuencia advertimos dentro de la Iglesia.

Durante el Año Jubilar 2025 en todas las parroquias y comunidades se deberían dedicar algunos días de catequesis sobre el sacramento de la Penitencia. Para ello podemos volver sobre la exhortación apostólica post- sinodal “Reconciliación y Penitencia” de san Juan Pablo II. Al mismo tiempo, para la formación permanente en los arciprestazgos se propone estudiar y dialogar sobre el documento de la Congregación para el Clero titulado “El sacerdote, confesor y director espiritual, ministro de la misericordia divina”, a fin de que en el Jubileo redescubramos el sacramento de la Reconciliación, tanto en calidad de penitentes como en calidad de ministros. Procuremos también que en todas las parroquias e iglesias haya un confesionario, un espacio dispuesto para celebrar dignamente este sacramento. Preocupémonos de que los fieles sepan qué días y a qué hora se les ofrece la posibilidad de celebrar el sacramento del Perdón. Y en las Iglesias jubilares cuidemos de modo especial que los fieles tengan posibilidad de confesarse con facilidad, para ello pueden ser de gran ayuda la colaboración de los sacerdotes ancianos que no tienen obligaciones pastorales.

Uno de los signos peculiares de los Años jubilares es la indulgencia. El sacramento de la Penitencia nos asegura que Dios perdona nuestros pecados. Sin embargo, el pecado deja huella, lleva consigo unas consecuencias; no sólo exteriores, las consecuencias para los demás del mal cometido, sino también interiores, porque «todo pecado, incluso venial, entraña apego desordenado a las criaturas que es necesario purificar, sea aquí abajo, sea después de la muerte, en el estado que se llama Purgatorio» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1472) Por lo tanto, permanecen en nosotros los residuos del pecado. Después de la confesión el pecado queda eliminado, pero el mal ha dejado su huella en nosotros. Es algo parecido a lo que ocurre con el cuerpo, cuando después de una enfermedad grave, necesita una larga convalecencia antes de curarse por completo. La pena temporal por el pecado es precisamente esta larga convalecencia.

Estos residuos del pecado son remitidos por el don de la indulgencia, ligado a los méritos de valor infinito de Cristo, a los de la Virgen Santísima y a la comunión de los santos. La Iglesia, para ayudar a liberarse de los residuos del pecado ofrece la indulgencia, indicando algunas buenas obras para obtenerla. El pasado 13 de mayo la Penitenciaría Apostólica, en nombre del papa Francisco, estableció las normas para obtener la indulgencia plenaria en este Jubileo 2025. En síntesis, son las siguientes:

Obtienen la indulgencia plenaria todos los fieles que, en el curso del Año Santo, acudan al sacramento de la Penitencia y a la Santa Comunión, y oren por las intenciones del Sumo Pontífice. También, pueden aplicar la indulgencia a las almas del Purgatorio en forma de ayuda o sufragio.

También, alcanzan la indulgencia los que peregrinan hacia cualquier de los templos declarados jubilares. Y participando allí en la Santa Misa, en la celebración de la Palabra de Dios, en la Liturgia de las Horas (oficio de lecturas, laudes, vísperas), en el Via Crucis, en el Rosario, en el himno del Akathistos, o en una celebración penitencial, que concluya con la confesión individual de los penitentes, como está establecido en el rito de la Penitencia (forma II).

Los fieles, igualmente, podrán conseguir la indulgencia jubilar si, individualmente o en grupo, visitan cualquier templo jubilar y ahí, durante un período de tiempo adecuado, realizan adoración eucarística y meditación, concluyendo con el Padre Nuestro, la Profesión de Fe en cualquier forma legítima e invocaciones a María, Madre de Dios

Aquellos que no puedan participar en las peregrinaciones ni visitar los templos jubilares por graves motivos (especialmente las monjas y los monjes de clausura, los ancianos, los enfermos, los reclusos, como también aquellos que, en hospitales o en otros lugares de cuidados, prestan servicio continuo a los enfermos), conseguirán la indulgencia jubilar, recitando en la propia casa o donde el impedimento les permita (p. ej. en la capilla del monasterio, del hospital, de la casa de cuidados, de la cárcel…) el Padre Nuestro, la Profesión de Fe y otras oraciones, ofreciendo los sufrimientos o dificultades de su propia vida.

Además, los fieles podrán conseguir la indulgencia jubilar participando en las Misiones populares, en ejercicios espirituales u otros encuentros de formación sobre los textos del Concilio Vaticano II y del Catecismo de la Iglesia Católica, que se realicen en una iglesia u otro lugar adecuado.

Del mismo modo, los fieles podrán conseguir la indulgencia jubilar si visitan a los hermanos que se encuentran en necesidad o en dificultad (enfermos, encarcelados, ancianos solos, personas con capacidades diferentes…), como realizando una peregrinación hacia Cristo presente en ellos (cfr. Mt 25, 34- 36) y siguiendo las habituales condiciones espirituales, sacramentales y de oración. Los fieles, sin duda, podrán repetir tales visitas en el curso del Año Santo, obteniendo en cada una de ellas la indulgencia plenaria, incluso cotidianamente.

La indulgencia plenaria jubilar podrá ser conseguida también mediante iniciativas que ayuden al espíritu penitencial, redescubriendo en particular el valor penitencial del viernes: absteniéndose, en espíritu de penitencia, al menos durante un día de distracciones banales (reales y también virtuales, inducidas, por ejemplo, por los medios de comunicación y por las redes sociales) y de consumos superfluos (por ejemplo ayunando o practicando la abstinencia según las normas generales de la Iglesia), así como otorgando una proporcionada suma de dinero a los pobres; sosteniendo obras de carácter religioso o social; dedicando una parte del propio tiempo libre a actividades de voluntariado u otras formas similares de compromiso personal.

Particularmente, en el Año jubilar 2025 estamos llamados a reavivar nuestra esperanza que nace de la fe y, también, a ser signos de esperanza para tantos hermanos y hermanas que sufren. Cuando no se mira el futuro con esperanza, se produce una de las más tristes consecuencias: la pérdida del deseo de transmitir la vida con la consecuente disminución de la natalidad. Por esta razón, el papa Francisco en la bula del Jubileo 2025 (Spes non confundit, 9) urge a las comunidades cristianas y a la sociedad civil a que ofrezcan apoyo convencido a las madres que reciben a sus hijos, aún en medio de graves dificultades, sosteniendo obras especialmente en favor de la defensa y protección de la vida en todas sus etapas.

Acogiendo esta llamada del Papa, proponemos como obra de caridad diocesana para el Jubileo 2025: La Casa Familia Oasis y el Proyecto Acompañar. La Casa Oasis es una casa de acogida para jóvenes gestantes y madres con niños de hasta cuatro años de edad; las cuales, por un embarazo inesperado y no deseado, son rechazadas y excluidas en su entorno, incluso por sus propias familias. Es un recurso que ofrece la Iglesia de Huelva en defensa de la Mujer, la Maternidad y la Vida, gestionado por la Fraternidad de la Madre de Dios (Comunidad Anav), y sostenido económicamente a través de la Delegación Diocesana para la Familia y la Vida. El Proyecto Acompañar atiende, también, a mujeres embarazadas y madres con niños de 0 a tres años en las mismas condiciones que las dichas anteriormente, y está gestionado por Cáritas Diocesana. En los templos jubilares habrá un buzón para recoger los donativos de los fieles con este fin. También pedimos a las parroquias, hermandades y grupos que en sus peregrinaciones jubilares hagan una colecta para sostener esta obra.

El cristianismo nació en un mundo con aborto, infanticidio, confusión sexual y promiscuidad, abuso de poder y explotación de los pobres. El amor de los primeros cristianos por Jesús les empujaba a escoger el camino de la caridad, lo que les volvía distintos y, en ocasiones, despreciables y perseguidos. Sin embargo, este modo de conducirse hacía que su vida atrajese a otros hacia el Evangelio. Hoy, también, nuestra esperanza en el futuro con Cristo nos debe llevar a vivir de una forma distinta. La añoranza del cielo no nos hace perder interés por traer el amor de Cristo a este mundo, viviendo la realidad del amor fraterno y del servicio a los hermanos.

 

 

3.- Afrontar la implantación del nuevo Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana, como cauce de una pastoral misionera.

Consciente del esfuerzo que va a suponer la implantación del nuevo Directorio de la Iniciación Cristiana, no me voy a detener en las novedades que introduce, sino en las motivaciones que lo origina. Porque sólo partiendo de que nuestra razón de ser es evangelizar, sabiendo que para ello urge pasar “de una pastoral de mera conservación a una pastoral misionera” (Evangelii Gaudium, 15)), y teniendo ante los ojos la Iglesia que deseamos, encontraremos la inspiración y el ánimo para dirigirnos hacia las metas que planteamos, sorteando con realismo los obstáculos que podamos encontrar.

En las Orientaciones Pastorales Diocesanas 2022-2027, reconocemos que una pastoral misionera es absolutamente necesaria en el contexto sociocultural en el que vive la Iglesia en Huelva. Entre nosotros también se dan las circunstancias que ya describiera hace unas décadas San Juan Pablo II: “Muchos bautizados viven como si Cristo no existiera. Se repiten los gestos de la fe, pero no se corresponden con una acogida real del contenido de la fe y una adhesión a la persona de Jesús. Un sentimiento vago y poco comprometido ha suplantado las grandes certezas de la fe.” (Exh. Apost. Ecclesia in Europa, 46 y 47).

El paso de los años no ha hecho sino agravar este diagnóstico del Papa santo. Un lugar donde esto lo percibimos y sufrimos de modo creciente es en la catequesis con motivo de los sacramentos de la Iniciación cristiana. El porcentaje de niños y adolescentes que vienen a nuestras catequesis no aumenta, da la impresión de que cada vez las catequesis tienen menos incidencia en sus vidas. Los que continúan en la catequesis después de la primera Comunión disminuyen y los que perseveran en una vida cristiana normal después de la Confirmación son pocos. Esta experiencia hace sufrir tanto a los catequistas, como a los sacerdotes.

Si pensamos en las familias, tenemos que reconocer que muchos padres no están en condiciones de educar cristianamente a sus hijos, ni manifiestan una intención seria de hacerlo. El ambiente exterior a la familia, sobre todo, los centros educativos, no suplen esta deficiencia, más bien en ocasiones agravan la situación. Por eso reconocemos aquí el valioso trabajo que realizan los maestros y profesores que imparten la Enseñanza de Religión Católica en escuelas e institutos. Constatamos que muchos después de recibir los sacramentos de la Iniciación cristiana no perseveran en la fe ni se vinculan a la Iglesia, los perdemos enseguida. Quizás es útil recordar unas palabras del Cardenal Fernando Sebastián “No nos engañemos. Ellos perseveran en lo que son. Entraron con vida pagana y salen como entraron, porque no han vivido una verdadera conversión a Jesucristo y a la vida cristiana. No perseveran en la vida cristiana porque no la han asumido seriamente en ningún momento”. (Evangelizar. Ediciones Encuentro 2020, p. 298)

A la vista de esta situación, nuestra respuesta eclesial no puede ser otra que poner todos los medios a nuestro alcance para convertir el proceso de la Iniciación cristiana en el primer cauce de una pastoral misionera. Evangelizar es precisamente iniciar a la vida cristiana. Hoy, con mucha frecuencia, en nuestras catequesis la fe no se puede dar por supuesta, sino que tenemos que suscitarla, presentándola explícitamente en toda su amplitud. Debemos aprovechar la oportunidad que nos brinda las catequesis de la Iniciación cristiana, para convertirla en el inicio de una relación evangelizadora con muchos bautizados alejados y con algunos que todavía no han recibido el Bautismo, de tal modo que los sacramentos que reciben den fruto en la vida personal de los niños, jóvenes y adultos que se acercan a nosotros.

A veces, nos resignamos pensando que la fuerza santificadora de los sacramentos –ex opere operato- es por sí misma suficiente. Pero la doctrina de la Iglesia nos dice también que esta fuerza santificadora de los sacramentos sólo alcanza su efecto en nosotros en la medida en que es acogida mediante la fe y las disposiciones requeridas para recibirlos.

El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que para llegar a ser cristiano hay que recorrer un camino, hay que recibir una iniciación que consta de varias cosas. En este camino de iniciación son esenciales el anuncio de la Palabra, la acogida del Evangelio con fe, la conversión personal, la profesión de fe, el bautismo, el don del Espíritu Santo y la comunión eucarística (cf CEC 1229). Después de hablar de la organización del catecumenado durante los primeros siglos de la Iglesia, refiriéndose a la situación actual, el Catecismo dice que “el bautismo de niños exige un catecumenado posbautismal”. (305) “No se trata sólo de la necesidad de una instrucción posterior al bautismo, sino del desarrollo necesario de la gracia bautismal en el crecimiento de la persona. Es el momento propio de la catequesis”. (CEC 1231)

Todos los cambios que introduce el nuevo Directorio Diocesano de la Iniciación Cristiana, cuya implantación iniciamos en este curso pastoral, buscan que la catequesis de niños, adolescentes, jóvenes y adultos se aproxime a lo que es un verdadero catecumenado. No podemos seguir considerando de hecho la catequesis como un periodo de preparación para recibir un determinado sacramento, sino como el proceso de verdadera iniciación a la vida cristiana. En el coloquio que el papa Francisco tuvo con el grupo de obispos entre los que me encontraba, en la última visita Ad limina, nos dijo que nuestra catequesis es muy escolar, por eso deja una huella muy débil en la vida de los catequizandos. Nos invitó a llevar adelante una catequesis que, usando la imagen que él empleó, llegue a la cabeza, al corazón y a las manos de los que la reciben al estilo de los oratorios. Este es un desafío que debemos afrontar con ilusión.

Implementar claridad y orden en las catequesis de la Iniciación cristiana es fundamental, y esto solo es posible con la colaboración de todos. El tema es tan importante y de tantas repercusiones que tiene que ser afrontado con criterios y prácticas unánimes. La Iniciación cristiana no se la puede apropiar ningún grupo, sino que pertenece a la Iglesia institucional, es decir, a la comunidad cristiana en cuanto tal. Por eso, los responsables son directamente el obispo y los sacerdotes, con la colaboración de los catequistas. Los colegios católicos pueden implicarse en estas catequesis de Iniciación, pero todos bajo la responsabilidad de un sacerdote y según las disposiciones del Directorio Diocesano. Los grupos particulares y opcionales pueden ofrecer diferentes medios de formación, pero la Iniciación cristiana está directamente vinculada al obispo, según el itinerario establecido en el Directorio diocesano.

Afrontemos las nuevas exigencias de la misión, de manera sincera y eficaz. No regateemos esfuerzos por engendrar nuevos cristianos y confiemos en el poder de la gracia de Dios, en la atracción de la verdad del Evangelio y en la belleza del seguimiento de Cristo. En este contexto acojamos con alegría e ilusión la exhortación que nos hace el papa Francisco: “Fiel al modelo del Maestro, es vital que la Iglesia salga hoy a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demora, sin repulsiones y sin miedo” (Evangelii Gaudium, 23).

No puedo terminar sin poner en el horizonte de nuestros empeños pastorales el tema de las vocaciones. Cuando escribo esta carta, puedo deciros que el próximo curso ingresarán en nuestro Seminario diocesano siete aspirantes al sacerdocio y, también, tengo noticia de que otras tres jóvenes entrarán en distintas comunidades religiosas. Esto es un gran gozo y un motivo para dar gracias a Dios, que bendice a la Iglesia de Huelva de esta manera. Este hecho nos debe animar a todos a perseverar en la oración al Señor para que envíe obreros a su mies, y a trabajar por las vocaciones para el sacerdocio, la vida religiosa, el laicado y el matrimonio cristiano, que es también una vocación que debemos promover.

La Iglesia en España, bajo la coordinación del Servicio de Pastoral Vocacional de la Conferencia Episcopal Española, está preparando un Congreso sobre las Vocaciones, que se celebrará en Madrid del 7 al 9 de febrero de 2025. Tendrá por título Iglesia, asamblea de llamados para la misión. El objetivo es ir creando una cultura vocacional que ayude a que niños, jóvenes y adultos entiendan su vida en clave vocacional y se planteen su vocación personal. La existencia vivida como vocación implica comprender que vivo porque Dios me ama, y he sido llamado como un hecho de amor, soy don; entonces la lógica de la existencia es ofrecerse como don a los otros. Así la propuesta vocacional ayuda a caer en la cuenta de la verdad de lo que somos a los ojos de Dios.

Por eso es tan importante poner a los jóvenes en contacto directo con Jesús, a través del Evangelio y de los Sacramentos, en la comunidad cristiana y en relación, particularmente, con los pobres y los que sufren en los que el Señor se hace presente. No podemos plantear solo la opción vocacional proponiendo valores por los que optar. Tenemos en la Iglesia la misión de hacer que los niños, adolescentes, jóvenes y adultos conozcan, amen e imiten al Señor Jesús, vivan en él y se sientan movidos a hacer presente su Reino entre nosotros. De ahí viene la búsqueda de la identidad vocacional concreta de cada uno, respondiendo al amor del Señor como sacerdotes con caridad pastoral, como laicos entregados a hacer presente el Reino en el trabajo y la vida social, en el matrimonio como signo del amor de Cristo a su Iglesia, o en la vida consagrada imitando a Jesús pobre, casto y obediente, entregados a servir a los hermanos.

El próximo Jubileo del 2025 nos invita a reavivar la esperanza. Esta esperanza forma parte del patrimonio de la Iglesia, que nosotros podemos experimentar, ofrecer y testimoniar a todos los hombres. “Que la esperanza os tenga alegres” (Rom 12,12), así pues, al comenzar el nuevo curso pastoral, como dice el papa Francisco: Caminemos cantando. Que nuestras luchas y nuestra preocupación por este planeta no nos quiten el gozo de la esperanza (Laudato Si’, 244).

A nuestra Madre del cielo, la Virgen Santísima, levantamos nuestros ojos, y le pedimos que nos ayude con su intercesión para todas las tareas evangelizadoras que reemprendemos.

Recibid mi abrazo fraterno y la bendición.

Huelva, 22 de julio de 2024

Fiesta de Santa María Magdalena

+ Santiago, obispo de Huelva

Dios camina con su pueblo

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Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado

El domingo 29 de septiembre tenemos la Jornada Mundial del Migrante y del
Refugiado. Esta Jornada la instituyó el Papa san Pío X en 1914, y ha ido adquiriendo
cada vez más importancia, sobre todo en el pontificado del Papa Francisco, que ha
hecho de este tema uno de sus temas estrella, reservándose de manera directa el impulso
en esta acción evangelizadora.
Ciertamente, es un signo de nuestro tiempo la gran movilidad humana provocada por la
búsqueda de una situación mejor para uno mismo y para la propia familia, a los que hay
que añadir los que tienen que trasladarse de lugar a la fuerza, por motivos de
persecución o de guerra. Estos últimos superan los 100 millones de personas en todo el
mundo, habiendo crecido en los últimos 10 años de manera exponencial y alarmante.
Sólo en España han sido acogidos 163.220, y cada año aumentan más, especialmente
entre los menores de edad. Es por tanto un fenómeno masivo, y un fenómeno de jóvenes
generaciones, de futuro.
Y los migrantes en busca de una situación mejor superan hoy en España los seis
millones de personas, procedentes de Marruecos, Rumanía, Colombia, etc.
No le toca a la Iglesia resolver el problema político de cuántos, qué cuota anual, qué
lugares de procedencia privilegiar, etc. Es un problema muy complejo y desbordante, y
hemos de evitar echarnos las culpas unos a otros. Probablemente todo hemos pecado en
este campo y necesitamos conversión. Constituyen una avalancha de personas
moviéndose por todo el mundo y accediendo a los países desarrollados por todos los
caminos posibles: por tierra, mar y aire. Nos llegan imágenes continuamente de pateras
y cayucos, que rompen el alma, porque son personas, Y en cada expedición mueren
algunos cuando no naufraga la embarcación entera. Todo un drama, que termina en
tragedia tantas veces.
A la Iglesia le corresponde hacer presente en la sociedad el mensaje de Jesucristo en
torno a este campo tan delicado, en el que jugamos con personas, familias, situaciones
inhumanas, violación de derechos, abusos, etc. A este respecto recordamos
continuamente las palabras de Jesús: “fui forastero y me hospedasteis… A mí me lo
hicisteis” (Mt 25). No podemos mirar para otro lado, no nos está permitido
desentendernos del problema, como si a nosotros no nos afectara. Con paz y sin
angustia hemos de afrontar la situación, aportando cada uno su grano de arena. Y las
instituciones de Iglesia, sobre todo Cáritas, tanto parroquiales como diocesana, prestar
la atención que esté a nuestro alcance.
Este año el Papa Francisco nos envía un mensaje, “Dios camina con su pueblo”,
evocando la realidad de la presencia de Dios en medio de su pueblo y con su pueblo.
Desde muy antiguo, el Pueblo de Dios es un pueblo peregrinante hacia la tierra
prometida y hacia el cielo definitivamente. Y en ese camino, las gentes han sufrido todo
tipo de carencias, de angustias y aprietos, de violación de sus derechos, etc. La
conciencia de que Dios camina con su pueblo hace que veamos a Dios corriendo la
misma aventura que corren tantos millones de personas en el mundo. Los migrantes y
refugiados nos provocan en su situación a todos los cristianos a ser solidarios con el

amor que viene de Dios. “En este sentido, los pobres nos salvan, porque nos permiten
encontrarnos con el rostro de Dios”, recuerda el Papa. Vayamos a los pobres, vayamos a
los emigrantes y refugiados, y nos encontraremos con Cristo que nos sale al encuentro.
La Conferencia Episcopal Española nos ha regalado ese documento “Comunidades
acogedoras y misioneras. Identidad y marco de la pastoral con migrantes” (marzo 2024).
Leamos y trabajemos este documento para trabajar en este campo tan apremiante de
nuestros días.

Recibid mi afecto y mi bendición:
+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Dios camina con su pueblo

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Cuando llegamos, de manos de la Iglesia, a la celebración del vigésimo sexto domingo del tiempo ordinario, somos invitados a celebrar la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. Por un lado, la Palabra de Dios que se proclama viva en la liturgia, nos enseña a reconocer quiénes son los que caminan con Jesús. Por otro lado, en el Mensaje que el Papa ha dirigido para esta Jornada, se nos recuerda que es Dios quien camina con su pueblo. Así, una vez más, la comunión con Cristo en su Palabra nos abre los ojos para reaccionar con sus mismos sentimientos ante el fenómeno de las migraciones.

En el evangelio del Domingo que abre la semana se nos presenta un pasaje rico en enseñanzas. Los apóstoles se quejan a Jesús de unos que actúan en su Nombre y, sin embargo, no están con ellos. La respuesta de Jesús es palabra de vida: el que no está contra nosotros está a favor nuestro. Ante la reacción egoísta que nos lleva tantas veces a cerrar los límites del grupo de los seguidores de Cristo, el Señor nos corrige dándonos un criterio sencillo de pertenencia eclesial: quien no está contra Jesús y su Iglesia, es decir, contra nosotros, camina a nuestro favor. El círculo de los seguidores de Cristo es infinitamente más grande que los límites de mi propio grupo eclesial. Lección fundamental para ensanchar el corazón y adquirir un sentido eclesial verdaderamente católico: no nos empeñemos tercamente en que todos en la Iglesia tengan que ser de mi grupo, de mi comunidad, de mi movimiento o de mi parroquia; la riqueza y grandeza de la Iglesia es siempre mayor que la corta extensión abarcada con mi mirada.

En el mensaje para la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, el Papa nos propone el lema “Dios camina con su pueblo” para recordarnos que todos nosotros, Pueblo de Dios, somos migrantes en esta tierra, en camino hacia la verdadera patria, el Reino de los cielos. Las personas migrantes nos recuerdan nuestra condición de peregrinos a la vez que ponen a nuestra conciencia la urgencia de salir al encuentro de Cristo en las personas vulnerables. No se cansa el Papa de recordarnos las cuatro tareas que debemos cumplir en relación con los migrantes: acoger, proteger, ayudar a crecer e integrar. Cuando reconocemos que Dios camina con su pueblo, aprendemos a superar los miedos y desconfianzas, y empezamos a caminar juntos. Benditos nosotros si cumplimos entonces lo que Jesucristo nos dice: el que os de a beber un vaso de agua porque sois de Cristo, en verdad os digo que no se quedará sin recompensa.

Escuchemos la palabra del Papa que nos recuerda que «el encuentro con el migrante, como con cada hermano y hermana necesitados, es también un encuentro con Cristo … y unámonos en oración por todos aquellos que han tenido que abandonar su tierra en busca de condiciones de vida dignas. Sintámonos en camino junto con ellos… y encomendémoslos a todos a la intercesión de la Bienaventurada Virgen María, signo de segura esperanza y de consuelo en el camino del Pueblo fiel de Dios».

 

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Entrevista al Vicario Judicial de Granada, en “El Espejo”

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Programa emitido en COPE Granada y COPE Motril el 27 de septiembre de 2024.

En el programa “El Espejo en Mediodía COPE” dedicamos el espacio al Simposio de Derecho Matrimonial y Procesal Canónico que se está celebrando en la Archidiócesis de Granada, organizado por el Tribunal Eclesiástico de Granada. Entrevistamos al Vicario Judicial, D. Eduardo García, que nos habla del origen de estos Simposios y de su necesaria y conveniente celebración para la formación ante los retos de los profesionales del ámbito jurídico en materia canónica especialmente ante la ruptura de matrimonios en el Sacramento. También nos habla sobre la vinculación entre el Tribunal Eclesiástico y las distintas pastorales, hasta el punto de hablarse de una “pastoral judicial”. El lema de este año es “Justicia y Pastoral familiar”.

Asimismo, con motivo de la procesión de la Patrona de Granada, Nuestra Señora de las Angustias, este domingo, hablamos con una granadina que ha recuperado el traje tradicional de lujo y goyesco de Granada, y participará con ellos en dicha procesión.


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Nuevos destinos para el diácono permanente Francisco Javier Rodríguez

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El diácono permanente Francisco Javier Rodríguez Sálamo desempeñará las funciones propias de su ministerio al servicio de las parroquias de Nuestra Señora del Buen Viaje, en Icod el Alto; de Santiago Apóstol, en el Realejo Alto y de Nuestra Señora de los Dolores, en Palo Blanco, en el arciprestazgo de La Orotava.

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“Sed humanos, porque afecta a la vida de las personas”

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Vicario Judicial de la Archidiócesis de Granada entre 1998 y 2018 y vinculado al mundo eclesiástico jurídico durante 48 años, D. Sebastián Sánchez Maldonado, en el Simposio de Derecho Matrimonial y Procesal Canónico.  

A sus 90 años, 48 de ellos vinculados al Tribunal Eclesiástico de Granada, D. Sebastián Sánchez Maldonado, que hasta el año 2018 fue Vicario Judicial en nuestra Archidiócesis, continúa con el mismo entusiasmo en la tarea jurídica diocesana. Estos días asiste al Simposio de Derecho Matrimonial y Procesal Canónico que puso en marcha hace doce años, desde el Tribunal Eclesiástico de Granada, principalmente para su Provincia Eclesiástica y que se ha expandido con la asistencia de profesionales de toda España.

“Sigo atento a lo que sucede en el Tribunal Eclesiástico de Granada y otros tribunales”, señaló en la inauguración, donde expresó su alegría por encontrarse de nuevo con los profesionales del ámbito jurídico eclesiástico, a los que agradeció su trabajo. Sus 48 años de trabajo pastoral en el Tribunal fueron resumidos con una contundente frase: “He intentado siempre ser lo más humano posible. Tratarlos siempre como personas”, afirmó D. Sebastián. Un tiempo en el que reconoció que sentía satisfacción “cuando firmaba sentencias de nulidad matrimonial, porque solucionaba el problema de las personas”.

Su recorrido vital y pastoral como sacerdote diocesano le otorga carta de naturaleza a la hora de dar consejos. “Hay que tratar a las personas como son, nunca creernos superiores”, en alusión a la situación judicial de nulidad en la que se encuentran los matrimonios que rompen el vínculo sacramental y acuden a los despachos de abogados y tribunales. “Sed humanos, porque afecta a la vida de las personas”, les dijo a peritos, abogados, defensores del vínculos y jueces, entre otros asistentes, al mismo tiempo que les invitaba a imitar a Jesucristo en su humanidad.

Sebastián Sánchez Maldonado fue Vicario Judicial del Tribunal Eclesiástico entre 1998 y 2018. Como sacerdote diocesano, compaginando su tarea pastoral en el Tribunal, estuvo en las parroquias de La Zubia, Cacín y Corpus Christi en Granada, además de ser ecónomo en la Archidiócesis y miembro del Tribunal Eclesiástico diocesano durante muchos años, donde se convirtió en su Vicario Judicial hasta hace 6 años.

Paqui Pallarés

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El Jubileo de Roma marca el inicio de curso en la diócesis

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El obispo de Cádiz y Ceuta, Mons. Rafael Zornoza, se ha reunido hoy, 27 de septiembre, con los miembros de la Curia Diocesana y trabajadores del Obispado con motivo del inicio oficial del curso pastoral.

El encuentro ha comenzado con la celebración de la Eucaristía en la Capilla Nuestra Señora del Carmen del Hospital de Mujeres.

Posteriormente, reunidos en el salón de actos, el obispo ha agradecido el esfuerzo de todos aquellos, trabajadores y voluntarios, que realizan su labor diariamente en el Obispado.

A continuación, el obispo diocesano ha presentado su Carta Pastoral de inicio de curso 2024-25. Mons. Zornoza ha dividido su escrito en dos partes. Una primera más exhortativa, hablando de la fe y la vida eclesial; y una segunda más práctica.

Empezando por esta última, D. Rafael ha insistido en que sigue vigente el Plan Pastoral iniciado en el año 2020. Asimismo, ha recordado que también sigue vigente el Año Diocesano de la Eucaristía, que quedará clausurado en la festividad de Cristo Rey. Antes de ese momento, el obispo diocesano ha anunciado que habrá un Congreso Eucarístico Diocesano, previsto una semana antes, consistente en catequesis, conferencias y celebraciones, cuya programación se publicará próximamente.

En cuanto a las distintas propuestas para este curso, Mons. Zornoza ha destacado la Pastoral Vocacional, que es, como él mismo ha asegurado “un déficit dentro de la Iglesia”, y que hay que trabajar.

También, otro de los asuntos que figura en la Carta Pastoral es el 75 aniversario del dogma de la Asunción de María a los cielos. “Celebrar este aniversario puede darnos la oportunidad de acrecentar nuestra devoción a la Virgen María, fortaleciendo nuestra fe, haciéndonos apreciar mejor el sentido de nuestra vida aquí en la tierra”. Así, el prelado ha propuesto a todos los fieles y comunidades, con la particular ayuda de las Hermandades y Cofradías, preparar la celebración de esta fiesta durante el tiempo pascual.

Sin duda, el “tema estrella” de este curso, ha afirmado D. Rafael, será el Jubileo de Roma, “el cual nos invita a profundizar en la oración y a releer los documentos del Concilio Vaticano II”. Así, el obispo diocesano ha sugerido, para que vivamos este acontecimiento, que sea un momento de conversión, de renovación de la fe y de vivir profundamente el misterio de la Iglesia.

De esta manera, para ayudar a alcanzar estos objetivos, se están preparando dos peregrinaciones diocesanas. Una a Roma para finales del mes de febrero y otra al Santuario de Fátima a mediados del mes de mayo.

Por otro lado, Mons. Zornoza, haciendo suyas las palabras de Benedicto XVI, ha invitado a construir “minorías creativas”. “Ante un mundo herido por un humanismo inhumano, fruto de una cultura neo-pagana, que pretende vivir como si Dios no existiese, debemos aspirar a vivir el bien, la verdad, el amor y la justicia, con el apoyo de la atmósfera propia de la comunidad de fe, con la experiencia cristiana de la paz, que es fruto de la gracia y la comunión de amor entre nosotros y Dios, y con el prójimo”.

El obispo diocesano ha continuado su intervención destacando el buen inicio de la Escuela de Liturgia, que comenzó a funcionar a principios de este año, así como la continuación del curso en el Instituto de Teología y la nueva edición de la Escuela de Evangelizadores, que comenzará en noviembre. Asimismo, ha recordado la puesta en marcha de la Vicaría para la Evangelización y el Primer Anuncio, que estará a cargo del padre Fernando Campos.

Por último, D. Rafael ha mostrado su alegría por la próximas ordenaciones, que tendrán lugar el 19 de octubre, de dos diáconos del Seminario Misionero Redemptoris Mater, y tres presbíteros del Seminario Conciliar San Bartolomé.

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La coronación de la Soledad de Marchena será este sábado

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La coronación de la Soledad de Marchena será este sábado

Este sábado 28 de septiembre culmina en Marchena el ciclo  de coronaciones canónicas que desde la Pascua de Resurrección han venido celebrándose en la Archidiócesis hispalense. La Eucaristía de coronación de la Soledad de Marchena será presidida por monseñor José Ángel Saiz Meneses, arzobispo de Sevilla, en la Plaza Ducal, a las siete y media de la tarde. Una vez finalice la celebración eucarística, Nuestra Señora de la Soledad recorrerá en procesión las calles de la población, que alcanzará su apoteosis de madrugada, Tiro de Santa María arriba, donde el Sábado Santo se suceden las tradicionales moleras entre saetas carceleras y marcheneras. Una ocasión “para que todos los marcheneros y visitantes puedan disfrutar de su esplendor junto al gran fervor que todo un pueblo le profesa a la Virgen cernicalera”, como es denominada popularmente.

Albaida del Aljarafe, Cantillana, Huévar, Brenes y la propia Sevilla capital con la reciente de la Piedad del Baratillo han honrado a imágenes de la Santísima Virgen María con gran devoción en estas localidades y en las hermandades que las veneran, en ocasiones desde hace siglos.

La costumbre de coronar las imágenes de Santa María Virgen fue propagada desde finales del siglo XVI, especialmente por los frailes capuchinos. Los pontífices muchas veces coronaron por sus propias manos imágenes de la Virgen Madre de Dios insignes por la veneración pública. Y al generalizarse esta costumbre se fue organizando el rito para la coronación, que se incorporó a la liturgia romana en el siglo XIX.

Y, como afirma el ritual de la coronación, con este rito solemne la Iglesia reafirma que la Santísima Virgen María con razón es tenida e invocada como Reina, ya que es Madre del Hijo de Dios y Rey mesiánico; es colaboradora augusta del Redentor; es perfecta discípula de Cristo; y es miembro supereminente de la Iglesia.

Soledad de Marchena

María del Carmen Moreno,  rectora de la hermandad, ha destacado que “la coronación canónica de Nuestra Señora de la Soledad se presenta como un gran acontecimiento histórico con el potencial de generar diversos frutos para la hermandad y para nuestra localidad, tanto a nivel religioso como cultural y social”.

Una de las imágenes dolorosas de mayor relevancia histórica y artística de la Archidiócesis de Sevilla, la Virgen de la Soledad de Marchena, obra de Gaspar del Águila fechada en 1574, que procesiona en Semana Santa con sus manos entrecruzadas, orlada con su característica ráfaga en su paso de palio decimonónico y en medio de un conjunto de tradiciones peculiares de enorme valor costumbrista y devocional, será coronada canónicamente el próximo 28 de septiembre.

La Virgen de la Soledad es todo un símbolo de unión para Marchena, y su coronación vendrá a reforzar este sentimiento de unidad, así como quedará como un hito histórico en la vida de la hermandad -que hunde sus raíces en el siglo XVI- y de toda la hermosa villa ducal que se asienta en medio de la campiña entre trigos y olivares.

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📖 Reseña literaria: ‘La Providencia’, de Romano Guardini

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📖 Reseña literaria: ‘La Providencia’, de Romano Guardini

Cuando el hombre mira hacia arriba y pacta con Dios, reconociéndole como Señor y dueño de su destino, se abre a la Providencia.

Pero, ¿en qué consiste exactamente esta Providencia? ¿Cuáles son las particularidades de esta relación?

Guardini explora en las siguientes páginas estas cuestiones, mostrando cómo la Revelación y acontecimientos de nuestros días se encuentran entre sí, siempre que seamos capaces de contemplarlos desde su sentido más puro.

Fuente: web de la CTEA Ediciones.

La Hermana Pilar González, desde la librería Welba, realiza el comentario literario sobre este libro en El Espejo de COPE Huelva.

La entrada 📖 Reseña literaria: ‘La Providencia’, de Romano Guardini se publicó primero en Diócesis de Huelva.

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El Obispo inaugura en Granada un simposio sobre Derecho matrimonial y procesal canónico

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Con asistentes de toda España, fue inaugurado por el obispo de Jaén, Monseñor Chico Martínez, deseando buenos frutos para la Iglesia en el trabajo jurídico canónico que realizan.

Se está celebrando en el Seminario Mayor San Cecilio el Simposio de Derecho Matrimonial y Procesal Canónico, que, con el lema “Justicia y Pastoral Familiar”, cumple su XII edición, organizado por el Tribunal Eclesiástico Metropolitano de Granada, para la Provincia Eclesiástica especialmente, en el que también están participando profesionales vinculados a ellos procedentes de toda España.

Don Sebastián Chico, Obispo de Jaén, inauguró en la tarde del jueves 26 este Simposio, que se desarrollará hasta el sábado, con distintas intervenciones para profundizar en las cuestiones jurídicas y pastorales para atender sobre todo los procesos de nulidad matrimonial.

Mons. Don Sebastián Chico recordó el documento de la Iglesia elaborado para, por un lado, atender y ayudar a los matrimonios en dificultad, y por otro, comprender mejor los procesos de nulidad. “Que el Simposio dé frutos para el bien de nuestra Iglesia diocesana, de la Iglesia universal y para gloria de Dios”, expresó el obispo de Jaén, que subrayó también la conveniencia de estos Simposios para la formación en materia canónica de sus profesionales que les permitan afrontar los retos actuales en la ruptura de los vínculos matrimoniales del Sacramento. En este sentido expresó: “Fruto de esos encuentros sobre la reforma del proceso canónico para las causas de declaración del matrimonio, está a punto de salir el nuevo documento de nuestra Provincia Eclesiástica para acompañar en las causas de nulidad matrimonial; en la misma línea y con los mismos objetivos del mencionado. Estos documentos tienen como finalidad ayudar a los agentes de pastoral en la acogida y acompañamiento a las personas cuyos matrimonios están quebrantados; documentos que pueden ayudar a comprender acompañar y orientar a estas personas, que sentirán mucho más el calor y el amor de la Iglesia. Documentos que ayudaran a conocer mejor los procesos de nulidad matrimonial; y conocer con mayor claridad los pasos a dar para iniciar la tramitación de la declaración de nulidad del matrimonio cuando hay algún indicio que así lo aconseja”.  A la vez, el Prelado jiennense destacó la importancia de estos Simposios para ayudar a sus compañeros juristas a afrontar los temas que los Tribunales Eclesiásticos tratan cada día, al mismo tiempo que agradeció su trabajo y les animó a seguir realizando una tarea que ayuda a las personas implicadas en los procesos.

En la inauguración, también asistió el Vicario General de la Archidiócesis de Granada, D. Enrique Rico, y del Vicario Judicial, D. Eduardo García. Precisamente, el antecesor de este último, D. Sebastián Sánchez Maldonado, que tiene 90 años, 48 de ellos dedicados al trabajo pastoral en el Tribunal, además de otros destinos en parroquias, ponía en marcha estos Simposios. “En los despachos de tribunales, peritos, abogados… hay que ser humanos, porque afecta a la vida de las personas”, señaló Don Sebastián en la inauguración.

Simposio

Al Simposio asisten especialmente profesionales del Derecho, desde abogados en los tribunales eclesiásticos, defensores del vínculo y jueces, así como otros perfiles profesionales a cuya labor de algún modo están relacionados, como psicólogos, psiquiatras o docentes. De igual modo, la conexión entre las pastorales alcanza también a los Tribunales Eclesiásticos, dado que a ellos llegan personas con heridas por el posible proceso o proceso de ruptura del vínculo sacramental. Es el caso de la Pastoral Familiar, tema al que está dedicado este Simposio.

En estos días, además de distintas intervenciones sobre cuestiones jurídicas, los participantes también conocen la realidad de la Pastoral Familiar y algunos movimientos familiaristas, como Proyecto Amor Conyugal.

La ponencia inaugural estuvo a cargo del secretario del Dicasterio para los Textos Legislativos, Mons. Juan Ignacio Arrieta, que abordó la sinodalidad en el proceso matrimonial canónico. Las particularidades de la sinodalidad en la administración de justicia, el espíritu sinodal de escucha en los diversos modos del proceso o las consecuencias pastorales de la sentencia son algunas de las cuestiones en las que profundizó Mons. Arrieta durante su intervención.

El sábado 28 tendrá lugar la clausura a cargo del arzobispo de Granada, Mons. José María Gil Tamayo. Previamente, la presidenta de la Asociación Española de Canonistas, Carmen Peña, hablará de los tribunales eclesiásticos y “la solicitud del bonum familiae”.

Fuente: Archidiócesis de Granada

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