Inicio Blog Página 1329

La Iglesia en Sevilla celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad

0

La Iglesia en Sevilla celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad

El 3 de diciembre se celebra el Día Internacional de las Personas con discapacidad. La Conferencia Episcopal Española, desde el área de la discapacidad, se une a esta Jornada y ofrece diversos recursos con el fin de animar la evangelización de este sector pastoral y avanzar en su inclusión en la sociedad y en la Iglesia. En esta ocasión se ha elegido como lema: «Todos juntos regalamos esperanza».  En esta línea, la Real Parroquia de Santa María Magdalena, de Sevilla, acogerá una Eucaristía a la una y cuarto de la tarde, el domingo 1 de diciembre, a la que están convocadas todos los grupos que trabajan con personas con discapacidad. La misa será presidida por el sacerdote Gumersindo Melo, director de la Pastoral del Sordo.

Al respecto, Melo ha manifestado que “la esperanza es un estado de ánimo que surge cuando se presenta como alcanzable lo que se desea. La esperanza cristiana da sentido al presente, ofrece razones para avanzar de la mano de personas con discapacidad, donde todos participen en la sociedad con las mismas oportunidades, en todos los aspectos de la vida, al máximo de sus capacidades y deseos”.

En este sentido, añade que “las personas con discapacidad nos ofrecen su testimonio de lucha esperanzada, sabiendo que no caminan solos, sino que todos juntos con Cristo, nuestra esperanza viva, camina con nosotros”. Gumersindo Melo subraya que su llamada personal a vincularse en el apostolado con personas con discapacidad surgió desde niño. “Mi vida se ha desarrollado en el mundo del sordo y he vivido siempre sus carencias y su marginación, lo cual me ha ayudado y animado a luchar por un mundo mejor para ellos”.

Sobre la Eucaristía prevista en la Real Parroquia Santa María Magdalena, exhorta a asistir y a “caminar todos juntos en la esperanza de un don que nos viene de Dios y que nos ayuda a vivir nuestra fe unidos en el amor”.

Escuela Nazarena de Verano

En la Archidiócesis hispalense son variados los proyectos e iniciativas que desarrollan parroquias, movimientos y asociaciones destinados concretamente a personas con discapacidad. La Escuela Nazarena de Verano es uno de ellos, nace de la voluntad de la diputación de caridad de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, siempre en continuo compromiso de dar respuesta a las entidades y personas que más lo necesiten. La intención de este proyecto es ofrecer una oportunidad de disfrutar del ocio y tiempo libre a los niños en periodo vacacional con actividades que fomenten el desarrollo de hábitos de autonomía personal, de convivencia y de diversión, adaptados a sus necesidades; todo ello enfocado desde un sentido lúdico-educativo del aprendizaje.

María Isabel Roncel (Marchena, 1977), es Licenciada en Pedagogía y Master en Gestión y Dirección de Recursos Humanos, vinculada desde su infancia a la Hermandad Nuestro Padre Jesús Nazareno de Marchena, considera que “las personas con discapacidad que ponen el seguimiento a Jesús en el centro de sus vidas son un verdadero testimonio para la Iglesia, ya que su afán de superación y sus ganas de vivir son un ejemplo y un estímulo para afrontar las dificultades que la vida ofrece a cualquier persona”. Afirma que su experiencia con los niños de la Escuela Nazarena de Verano, ha sido muy gratificante. “Ellos me han enseñado a valorar aún más la vida y a dar gracias siempre a Jesús por todo lo que hace por nosotros”.

Por su parte, María Eugenia Fraile (Marchena, 1998), Grado Superior de Educación Infantil, pertenece a la Parroquia de San Sebastián de Marchena, hermana de Nuestro Padre Jesús Nazareno de la localidad. Manifiesta que tuvo una conexión especial con un niño de nueve años con autismo, y esa relación fue clave para aclarar lo que quería hacer laboralmente con su futuro. “Gracias a este proyecto, sentí que debía formarme en esta área. Le pedí a Dios que me ayudara a aclarar mis pensamientos, y Él hizo que viviera esta experiencia, mostrándome el camino”.

Materiales

Un vídeo, el mensaje de los obispos de la Comisión para la Evangelización, Catequesis y Catecumenado – en la que se encuentra el área para personas con discapacidad-, y un guion litúrgico son los recursos que se ofrecen para la celebración de este día tan significativo. Puede descargarlos aquí.

 

The post La Iglesia en Sevilla celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad first appeared on Archidiócesis de Sevilla.

Ver este artículo en la web de la diócesis

COPE ESPEJO ALMERIA: Nuevo impulso a la cutura vocacional en nuestra Diócesis

0

Esta web utiliza Google Analytics para recopilar información anónima tal como el número de visitantes del sitio, o las páginas más populares.

Dejar esta cookie activa nos permite mejorar nuestra web.

¡Por favor, activa primero las cookies estrictamente necesarias para que podamos guardar tus preferencias!

Ver este artículo en la web de la diócesis

Caminando en esperanza

0

Hoy comenzamos un nuevo Adviento, tiempo de esperanza. El Adviento es por antonomasia el tiempo de la esperanza. Al comenzar un nuevo Año Litúrgico, reavivamos esta actitud en el corazón y nos preparamos para celebrar la gran fiesta del nacimiento de Cristo Salvador. En esta primera semana de Adviento tendrá lugar el II Congreso Internacional de Hermandades y Piedad Popular de Sevilla, que lleva por lema “Caminando en Esperanza”. Transcurridos veinticinco años desde el primer congreso, convocado por el recordado cardenal Carlos Amigo Vallejo, volvemos a recorrer juntos los caminos de la esperanza conscientes de que a lo largo del camino, mientras conversamos y discutimos, Jesús en persona se hará presente y caminará junto a nosotros como hizo con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 15). Hemos de permitir que nos abra los ojos para reconocerlo, y dejar que nos ayude a encontrar en Él mismo el sentido y la razón de nuestra esperanza en esta difícil pero apasionante etapa de la historia, que se nos concede vivir juntos.

Las Hermandades están llamadas a entablar un diálogo profundo con los hombres y mujeres de hoy para llevar a Cristo a sus vidas; un diálogo fundado en una relación personal con el Señor Jesús, que se expresa en el encuentro con los hermanos. Esta debe ser su verdadera alma, y su misma identidad, que supone la entrega decidida a la evangelización y a la pastoral de la Iglesia. En efecto, la piedad popular ha de situarse en una relación estrecha con la misión y la transmisión de la fe, de manera que las Hermandades puedan presentar un itinerario de fe que contribuya a que muchos abran la mirada a la belleza de la experiencia cristiana. El desarrollo de este Congreso renovará en nosotros la llamada a ponernos en camino, “id al mundo entero y proclamad el Evangelio” (Mc 16,15), y la conciencia de que esta misión únicamente puede llevarse a cabo si es conocido el misterio de la fe, a través de una formación cristiana sólida.

Por otra parte, las Hermandades han de ofrecer un testimonio creíble de vivencia de la fraternidad que les da nombre. Llevan inscrita la vocación de testimoniar la condición de “hermanos”, de ser una familia, “casa y escuela de comunión” (cf. Juan Pablo II, Novo milenio ineunte, 43). El motivo que nos reúne estos días es precisamente vivir un encuentro de hermandad, compartir las experiencias de cada uno, complementándose y enriqueciéndose mutuamente. Las Hermandades son como células vivas, piedras vivas, un “modo concreto de sentirse parte de la Iglesia” (Documento de Aparecida, 264). Os pido que nunca os canséis de anunciar el Evangelio por medio del testimonio de la comunión, que seáis un verdadero pulmón de fe y vida cristiana, signo de la gran riqueza y de la variedad de expresiones en las que todo se reconoce en su unidad.

Y, por último, quiero insistir en la llamada a ser faros de caridad en medio de un mundo cargado de luces, sombras y desafíos. A lo largo de su historia, las Hermandades han sido ejemplos de servicio y de amor, por medio de iniciativas con las que han procurado remediar situaciones de dolor y necesidad, situándose al lado de los más pobres y necesitados. La compasión es un camino privilegiado para construir la justicia, ya que, ponerse en la situación del otro, no sólo nos permite conocer sus fatigas, dificultades y miedos, sino también descubrir, dentro de la fragilidad que caracteriza a todo ser humano, su valor precioso y único, en una palabra, su dignidad.

Cada momento de la historia es un tiempo de Dios. Pido al Señor, por intercesión de Nuestra Señora de los Reyes, que el trabajo de estos días sea rico en frutos para nuestro compromiso en las Hermandades, en la Iglesia, en la sociedad, y para nuestro camino de santificación, porque es la santidad la que hace crecer a la Iglesia y abre los corazones a la acogida del Evangelio.

+ José Ángel Saiz Meneses

Arzobispo de Sevilla

Ya viene el Señor, salid a su encuentro

0

Comenzamos un nuevo año litúrgico, a lo largo del cual reviviremos los misterios de la
vida de Cristo, desde su nacimiento, su vida de familia, su ministerio público, su pasión,
muerte y resurrección, su ascensión al cielo y el envío del Espíritu Santo, para concluir
con el final, cuando Jesucristo como rey del universo lo sea todo en todos. No se trata
de un eterno retorno, sino de una espiral ascendente, que nos va acercando a Jesucristo
cada vez más, año tras año.
El Adviento nos prepara a la venida del Señor. A la última venida, cuando venga al final
lleno de poder y de gloria, y a esa venida personal, en la que nos llevará consigo a cada
uno, cuando termine nuestro caminar en la vida terrestre para llevarnos con Él al cielo.
La Iglesia en su liturgia nos lo anuncia: Viene el Señor, salid a su encuentro.
En el primer domingo se nos habla de la venida final. Como que todo se acaba, como
que todo termina. Y a la luz de ese final hemos de plantear cada uno de los momentos
de nuestra caminar hacia la meta. Hay muchos que no se plantean la vida más allá de
esta vida presente. Para estos no hay Adviento, no hay venida del Señor. Procuran vivir
su vida en el día a día, y cuando llegan momentos desbordantes, los pasan como
pueden, a la espera de que pasen, sin más. Para estos, lo fundamental es disfrutar del
momento presente, pasarlo lo mejor posible ahora. Todo se orienta a pasarlo bien, al
precio que sea.
Para el que escucha la Palabra de Dios y la acoge en la fe, la vida presente tiene su
prolongación y su plenitud en la vida futura, en la otra vida, y se prepara cada día a ella,
vive ya en ella. Para el creyente, el Adviento es un tiempo de esperanza ante el anuncio
de la venida del Señor, vive con su corazón en el corazón de Dios y sabe que las
promesas de Dios se cumplen. A veces, incluso, el creyente se impacienta, pero en esa
espera crece la esperanza en el ejercicio diario de la paciencia. Es una espera templada,
abandonado en las manos de Dios que tiene sus plazos, su agenda, su hora.
Esa esperanza le permite soportar todas las adversidades de la vida: contratiempos,
dificultades, noches oscuras, enfermedades e incluso la muerte. Su esperanza no se
viene abajo por nada de eso, espera firme en el Señor y sabe que incluso la muerte es el
paso a otra vida mejor, en la que disfrutará cara a cara del gozo de Dios. Al creyente lo
único que le importa es vivir en la voluntad de Dios, agradándole en todo. Precisamente
porque espera otra vida mejor. Sabe que los sufrimientos de esta vida no pesan nada en
comparación con la gloria que nos espera y que se nos descubrirá.
Esta primera semana de Adviento coincide siempre con la novena que nos prepara a la
fiesta de la Inmaculada. La esperanza no es algo abstracto, tiene un rostro concreto. Se
llama María Inmaculada. En ella contemplamos lo que Dios quiere realizar en cada uno
de nosotros. Ella es limpia de todo pecado y llena de gracia. Nosotros pecadores vemos
realizado en ella lo que a nosotros se nos promete. También nosotros llegaremos a la
otra vida limpios de todo pecado y llenos de gracia. Ciertamente, en la medida del don
de Cristo. Y el don en ella es superlativo. En nosotros tiene otra medida, pero será
plenitud de gracia también y limpieza de todo pecado.
La fiesta de la Inmaculada nos llena de profunda alegría y de esperanza. María está
presente a lo largo de todo el año litúrgico. Comenzar el año con la fiesta de la

Inmaculada es motivo de inmensa alegría. Ella nos acompaña en el tiempo de Adviento
que desemboca en las fiestas grandes de la Navidad. Que María nos prepare a recibir a
su Hijo con un corazón puro y generoso como el suyo.
Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

Programa de actos de la Bajada de Ntra. Sra. de Los Dolores

0

La diócesis de Canarias se prepara para vivir la III Bajada de la Virgen de Los Dolores.

El sábado 30 de noviembre es el día elegido para que la patrona de Lanzarote salga en peregrinación desde Mancha Blanca hasta la parroquia San Ginés, en Arrecife. Así lo comunicó el obispo auxiliar en una comparecencia pública el pasado 27 de mayo, en la ermita de la Virgen de los Dolores en Tinajo. Este lunes, 25 de noviembre, el obispo auxiliar ha vuelto a comparecer ante los medios informativos para hablar, junto al presidente del Cabildo, de los actos y horarios que se han establecido durante el tiempo de que la venerada imagen de Los Dolores permanecerá en la capital lanzaroteña.

El 8 de diciembre, festividad de Ntra. Sra. de la Inmaculada Concepción, la Virgen de Los Volcanes, emblema de la fe lanzaroteña desde hace casi dos siglos, volverá a su Ermita.

Esta será la tercera vez en la historia que la imagen de la Virgen de Los Dolores realice una bajada de estas características. La última fue en 1965.

 

 

Aquí puedes ver y/o descargar el programa de actos en formato pdf:

 

 

 

 

Vigilia de Jóvenes en San Ginés

0

YOUNG WORSHIP NIGHT

Quizás estás buscando algo que de sentido a tu vida, algo que llene tu corazón. Quizás nunca has tenido experiencia de cómo es el verdadero amor. No te preocupes, nuestra Virgen de los Dolores te espera para decirte: ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre? Ella quiere que conozcas el verdadero Amor, Jesús, su hijo.

Por eso, vamos a encontrarnos junto a Ella con jóvenes*de toda la isla porque este es nuestro momento, la oportunidad que María te regala para que descubras el amor de Jesús.

Jueves 5 de diciembre

20:30 h

Parroquia San Ginés, Arrecife

¡Atención! Queremos contar contigo para preparar este gran acontecimiento: la Young Worship Night de la bajada de Ntra. Sra. de los Dolores, o sea, la vigilia que tendremos los jóvenes con nuestra Madre. Así que no lo dudes, ¡apúntate y participa! Rellena el formulario y contactaremos contigo.

28 y 29 de noviembre, Jornadas institucionales de Cáritas

0

Cáritas diocesana de Canarias organiza las ‘Jornadas Institucionales’ que se desarrollarán este jueves 28 y viernes 29 de noviembre, en las instalaciones del Instituto Superior de Teología de las Islas Canarias (ISTIC).

Las Jornadas Institucionales de Cáritas diocesana de Canarias suponen un espacio abierto a toda la comunidad para la reflexión y diálogo sobre los derechos humanos. La edición de 2024 tendrá por título ‘Derechos Sociales, Espiritualidad y Compromiso’ y su programa contempla las siguiente ponencias:

‘La iglesia, impulsora de los derechos y la justicia social’, por Daniel Barreto González.

‘La situación de los derechos sociales en Canarias’, por María Dolores Padrón Rodríguez.

‘Integrando espiritualidad y compromiso social’, por José Ramón González Santana.

‘Acciones transformadoras’, por el área de Vivienda de Cáritas Tenerife, Unidad Móvil de Salud Mental, Delegación de Migraciones y el área de Empleo de Cáritas diocesana de Canarias.

 

Invitación a participar en ‘Sembradores de Estrellas’

0

Desde la Delegación diocesana de Misiones y las Obras Misionales Pontificias te invitamos a formar parte de la gran familia de «Sembradores de Estrellas». Haz tu pedido de estrellitas misioneras y sal a sembrar esta Navidad. Tienes toda la información disponible en el siguiente enlace https://misionescanarias.blogspot.com/2024/11/sembradores-de-estrellas-2024.html

 

Homilía en la Misa funeral por las víctimas de la DANA

0

Homilía en la Misa funeral por las víctimas de la DANA, celebrada en la S.A.I Catedral el 27 de noviembre de 2024. La Misa fue presidida por el arzobispo Mons. José María Gil Tamayo y concelebrada por un grupo de sacerdotes diocesanos, y contó con la asistencia de distintas autoridades civiles y militares, entre ellas la alcaldesa de Granada.

Queridos sacerdotes concelebrantes y diácono;
queridos seminaristas;
queridas autoridades civiles, autonómicas, provinciales;
queridas autoridades militares y autoridades de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad;
queridas autoridades judiciales y autoridades académicas;
queridos hermanos y hermanas:

Nosotros también podríamos preguntarnos “si hubieras estado aquí, no habría muerto, Señor, tanta gente. Es la pregunta del ser humano ante estos hechos y, sobre todo, de estas dimensiones, que hemos contemplado y que los medios de comunicación nos han traído desde el día que se produjo la DANA hasta ahora, reiteradamente. Y vemos el sufrimiento del calvario de tantas miles y miles de personas, de toda una región próspera, de toda una zona con un gran presente y porvenir de gente trabajadora. Vemos también la provincia de Albacete. Hemos sentido también cercana en las costas de Málaga, Almería, también en nuestra propia costa granadina. Como lo han sentido también en Jerez y, sobre todo, nos llena de dolor esos más de 200 muertos y todavía cinco desaparecidos. Esa fila interminable de destrucción. Nosotros también cuando contemplamos esto, tenemos esa pregunta que siempre el ser humano se hace ante la desgracia, sobre todo cuando no entra en sus previsiones.

Desgraciadamente, la muerte forma parte de la vida humana. Sabemos que un día nos llegará. La sentimos como un golpazo más firme, más doloroso en los seres queridos y lo sentimos también, aunque a veces el acostumbramiento humano nos lleva a verlo como una cosa lejana, cuando contemplamos los noticiarios y vemos los desastres de la guerra, los desastres de las hambrunas; tanto sufrimiento, que, aunque lejano, los percibimos cercanos y nos hemos acostumbrado. Pero cuando nos golpea una tragedia como la que hemos contemplado ya nos damos cuenta de que no es de ficción. De que no está lejana. De que está cerca. Y nosotros también preguntamos: “Si hubieras estado aquí, Señor, ¿por qué, no habría muerto toda esta gente? Pero, en el diálogo de Jesús con Marta se esclarece. Ese Jesús que llora, ese Jesús que llora. Todo un versículo de este pasaje del Evangelio, “Dominus Flevit”. El Señor lloró. Jesús llora.

Jesús llora, porque Lázaro era amigo suyo, era una familia amiga. Cuando iba a Jerusalén, se acercaba a Betania y se quedaba en casa de estos amigos. Y Jesús, como a veces nos parece que pasa con el Señor, parece que se ha ido, parece que no nos responde. Y a nosotros también, como a los apóstoles en el lago que ven que sucumben, que las olas hacen que la barca se ponga a la deriva. ¡Señor, despiértate, que perecemos! Y Jesús les responde ¿por qué teméis, hombres de poca fe?

Y es aquí, queridos hermanos y amigos, donde hemos de encontrar el consuelo y para los creyentes una razón fundamental de fe, que humanamente estas realidades no tienen sentido. Podrán venir los técnicos, podrán venir los que hacen las previsiones, pero nuestro mundo tiene una historia, una historia de catástrofes, una historia cuando la naturaleza reivindica su papel, su grandeza y también su crudeza.

Queridos hermanos, tenemos que echar mano de la fe, pero no por un contento de simples. No para adormecernos, sino para buscar esa confianza en el Señor, que es la que nos ha mostrado la primera Lectura del libro de la Sabiduría, de toda una literatura sapiencial, en que en la Biblia se muestra qué pasa con los justos que sufren. Ellos explicaban que un malvado tuviera un mal, un porvenir desastroso, pero ¿un justo? Así, muchos Salmos se quejan ante Dios y contesta el Libro de la Sabiduría, con una visión que sabe la fe, que trasciende la visión humana, que nos puede llevar a la desesperación, a la desesperanza, al sinsentido.

El hombre, queridos hermanos, no es un ser para la muerte. Como decía un nihilista: el hombre no es un personaje absurdo de una novela idiota, sino que tiene un sentido nuestra vida. Y, sobre todo, tiene un sentido cuando la enfocamos desde el amor, desde el cariño. Y ahí también, queridos hermanos, nosotros como creyentes que le pedimos al Señor por estos hermanos nuestros que han muerto, por sus familias, encontramos también en el mostrarse de tantos y tantos voluntarios, de esa corriente que ha respondido como un tsunami de esperanza, de solidaridad, de cariño. Por tanto, en este momento de profundo dolor en que recordamos a todos estos amigos, conocidos o tantas personas desconocidas, a sus familiares, que han quedado destrozados y a las comunidades que han sido arrasadas… Las imágenes de las casas, destruidas, los vehículos sumergidos y paisajes devastados. En la fértil paciencia. Es un recordatorio sombrío de la fragilidad de nuestra existencia y de la fuerza implacable de la naturaleza. Sin embargo, como os decía, en medio de esta tragedia hemos sido testigos y lo seguimos siendo de un fenómeno que nos llena de esperanza: la solidaridad. La respuesta de los voluntarios, hombres y mujeres que han dejado a un lado sus propias preocupaciones, sus propios trabajos para acudir en ayuda de los afectados, es un ejemplo luminoso de lo que significa ser parte de una comunidad, de una nación.

Los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, nuestras Fuerzas Armadas, los bomberos, Protección Civil, los sanitarios, tantas y tantas personas que personal e institucionalmente están ayudando. Pero, sobre todo, esos voluntarios, esas personas metidas en el barro, esas personas abrazando, esas personas ayudando, esas personas metidas en sus uniformes laborales o de servicio a la patria. Estos actos de generosidad y entrega nos muestran que, aunque la adversidad puede separarnos, y de hecho está ocurriendo, también puede unirnos con un propósito común: el de ayudar al prójimo.

Nuestra gratitud, admiración y reconocimiento a todos los que han prestado y prestan ayuda a los damnificados. Es fácil caer en la tentación de buscar culpables, de polarizar. De enredarnos en debates políticos que en este momento no hacen más que distraernos de lo verdaderamente importante: las víctimas, las consecuencias de la tragedia. La tragedia que hemos vivido no tiene un solo responsable. Es un recordatorio de que como sociedad debemos aprender de nuestros errores y trabajar juntos para construir un futuro más fuerte. En lugar de enfrentarnos, de dividirnos, de considerar a los otros como adversarios, cuando no como enemigos, tiene su costo. En cambio, debemos unirnos en la búsqueda de soluciones, que nos permitan recuperarnos lo antes posible.

Para los creyentes, la oración es el pilar fundamental en estos momentos de crisis. Rezar por las almas de los que han partido, por las familias que sufren y por aquellos que están trabajando incansablemente para ayudar a los afectados. La oración nos conecta con lo divino y nos da fuerza, las fuerzas necesarias para seguir adelante. Las víctimas ya habrán sido juzgadas por el Señor y examinados en amor. Y sabemos y creemos que con misericordia.

Pero, lo que necesitamos, y especialmente los afectados, es esperanza, ayuda. Y nos recuerda todo esto que, aunque la vida puede ser dura, nunca estamos solos. Esta es la gran lección de estos días, de este mes. Dios está con nosotros, “aunque camine por cañadas oscuras -hemos escuchado en el Salmo- nada temo, porque tú vas conmigo”. En cada gesto de amor, en cada acto de solidaridad, vemos lo que más grande hay en el corazón humano, por encima de ideologías. Vemos ese rescoldo del amor de Dios y del amor al prójimo que da razón a la vida.

Hoy, más que nunca necesitamos recordar que la verdadera esencia de nuestra humanidad se manifiesta en la compasión, en su sentido más literal: padecer con los otros y en el apoyo mutuo. La solidaridad no es sólo un acto de beneficencia o de caridad. Es caridad fina. Es un compromiso con el bienestar de los demás. Es la promesa de que, en los momentos más oscuros, y éste ciertamente lo es, nos levantamos juntos, hombro con hombro, para reconstruir lo que se ha perdido.

Queridos hermanos, aprendamos la lección de hacer de la dificultad y fijaros si es grande ésta… Cuantificable también económicamente. Hagamos de todo esto una oportunidad y no estemos entretenidos en rencillas. ¿Qué lección nos da la sociedad civil? Y a medida que avanzamos en el proceso de recuperación, es fundamental que mantengamos viva la llama de la solidaridad. Decían a los medios de comunicación: no os vayáis que nos olvidan. No olvidemos. No sólo debemos ayudar en este momento crítico, sino que debemos comprometernos a seguir apoyando a nuestros hermanos y hermanas en el camino de la recuperación, en la reconstrucción de nuestras comunidades. Esas comunidades de esta región, y de Albacete, no sólo implica reparar edificios y restaurar infraestructuras. También significa sanar los corazones y restaurar la esperanza. Los nervios están a flor de piel, las preguntas, la queja. Y es lógico, no se puede acallar, no se debe acallar.

Queridos hermanos, en este sentido invito a todos a que seamos agentes de este cambio, de pasar de las dificultades a las oportunidades. Aprendamos de quienes nos dan ese ejemplo de solidaridad y de entrega. Cada uno de nosotros puede hacer una diferencia, ya sea a través de donaciones… Y hay que ayudarles. El domingo pasado, en todas las iglesias de España se ha hecho una colecta especial. Aparte de lo que está destinado a la campaña especial de Cáritas España. El voluntariado, simplemente ofreciendo unas palabras de aliento y, sobre todo, a los creyentes, los cristianos rezando. No subestimemos el poder de un gesto amable. A veces, una simple sonrisa puede ser el rayo de luz, el abrazo que alguien necesita en medio de esa oscuridad.

Y hoy, mientras recordamos a estos hermanos nuestros que han perdido la vida, a los desaparecidos, a las familias, a los que han perdido su negocio, su puesto de trabajo, a los niños que deambulan todavía sin poder asistir a colegio seguros, pidamos esa fortaleza. Fortaleza de aquellos que siguen con nosotros y la fortaleza de quienes les ayudan. Que su memoria nos inspire a ser mejores, a ser más solidarios y a trabajar juntos por un futuro en que la compasión y la unidad prevalezcan sobre la división y el conflicto. Y esto lo necesitamos en todos los órdenes en nuestra España.

El que la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, como nos dice la Escritura, llene nuestros corazones y nos guíe en este camino de sanación, de unidad, de concordia, de aunarnos.

Oremos por las almas de los que han partido, por sus familias que sufren y por todos aquellos que están trabajando para ayudar a los afectados.

Que nuestra oración sea un faro de esperanza en medio de esta inmensa tormenta. Hagámosla, como ya ha ocurrido, de solidaridad.

Que la Mare de Déu dels Desemparats, la Madre de Dios de los Desamparados, patrona de Valencia, proteja y cuide a todas las víctimas y a los afectados, a sus familias, por la DANA.

Amén.

+José María Gil Tamayo
Arzobispo de Granada

27 de noviembre de 2024

Salgamos al encuentro de Cristo

0

El comienzo del Año litúrgico es sorprendente. La Liturgia de Adviento se estrena en su primer Domingo con las palabras de Jesucristo referidas al final del mundo y sus signos. En la lógica de la esperanza lo primero es el fin. Para vivir el presente es necesario hacer memoria de la enseñanza de Cristo respecto al futuro. En el evangelio del primer Domingo de Adviento encontramos una promesa y una exhortación. Ambas sostienen la esperanza cristiana. Jesús ha prometido que vendrá en gloria y majestad, y con su venida el mundo alcanzará su fin. La venida del Señor en gloria (Parusía) es la finalidad y el término de la historia y de la creación. Surge así la exhortación: la venida de Cristo no nos debe sorprender distraídos. La actitud propia de quien tiene esperanza es la vigilancia. Tal es la invitación insistente de la Liturgia en este tiempo: salgamos animosos al encuentro de Cristo.

Entrar con la Iglesia en la celebración de un nuevo año litúrgico es una oportunidad preciosa para renovar la vida cristiana acompañando a Cristo en los misterios de su vida. La Liturgia nos concede volver cada año a lo mismo, pero nunca de la misma manera. Se nos regala la posibilidad de salir de nuevo al encuentro de Quien primero nos ha encontrado. Con el primer Domingo de Adviento se inaugura un nuevo ciclo de celebraciones que nos permiten participar verdaderamente de los misterios de la vida del Verbo encarnado, para que descubramos que, en realidad, es Él quien se ha hecho nuestro compañero en el camino de la vida. Al encontrar al Señor descubrimos con asombro que Él nos encontró primero.

El Año litúrgico que estrenamos está marcado por el Jubileo Ordinario del Año 2025. Bajo el lema peregrinos de esperanza, el Papa Francisco ha convocado un año jubilar para ofrecer la oportunidad de experimentar, a nivel personal y comunitario, la gracia del perdón y de la reconciliación que Dios nos regala en la Iglesia. La esperanza es el tema central del Jubileo Ordinario del Año 2025. Desea el Papa «que el Jubileo sea para todos ocasión de reavivar la esperanza». Al inicio del presente curso pastoral, en la celebración del viernes 13 de septiembre, propuse tomar la Bula de convocatoria del Jubileo Ordinario del Año 2025, titulada “La esperanza no defrauda” (Spes non confundit) del Papa Francisco (9.5.2024), como guía para toda la diócesis. Donde aún no se haya hecho, vuelvo a pedir que se lea, medite y trabaje, a nivel personal y comunitario, en parroquias, movimientos y comunidades religiosas, este documento del Papa, y que, a su luz, vivamos el nuevo año litúrgico que estrenamos.

 

+ José Rico Pavés

Obispo de Asidonia-Jerez

Enlaces de interés

ODISUR
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.