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El Santo Cristo de Graena, una celebración de fe, perdón y esperanza

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La comunidad cristiana de Graena celebró este domingo, 13 de septiembre, la fiesta del Santo Cristo, una de las devociones más queridas y arraigadas entre sus vecinos. La celebración, vinculada tradicionalmente al 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, se adelantó este año al domingo para facilitar la participación de los fieles. Ante el antiguo y gran crucifijo que preside la iglesia de Santa María de la Anunciación, generaciones de vecinos han puesto sus alegrías, preocupaciones, sufrimientos y esperanzas, manteniendo viva una fe que forma parte de la historia de este pueblo.

La fiesta coincidió con el XXIV Domingo del Tiempo Ordinario, cuyo Evangelio presenta una de las enseñanzas más exigentes de Jesús: el perdón. «¿Cuántas veces tengo que perdonar a mi hermano?», pregunta Pedro. Y Jesús responde: «Setenta veces siete». Durante la homilía se invitó a los fieles a reconocer primero cuánto perdón hemos recibido de Dios para poder ofrecerlo también a los demás. Perdonar no significa justificar el mal ni negar las heridas, sino impedir que aquello que nos ha hecho daño termine llenando nuestro corazón de resentimiento.

La presencia del Santo Cristo dio una fuerza especial a este mensaje. El Evangelio nos enseña a perdonar y la Cruz nos muestra cómo. Ante Cristo crucificado descubrimos un amor que llega hasta el extremo y que, incluso en medio del sufrimiento, es capaz de decir: «Padre, perdónalos». La Cruz recuerda así que el amor de Dios es más grande que nuestro pecado y que ninguna herida tiene por qué tener la última palabra cuando se coloca en las manos del Señor.

La celebración estuvo acompañada por la cercanía y alegría de su párroco, Gerardo José Rodríguez Pérez, que saluda y acoge a los fieles con la sencillez y cordialidad propias de su Nicaragua natal, hoy puesta al servicio de la comunidad que lo recibe. La fiesta del Santo Cristo se convirtió así en un encuentro de fe y fraternidad, pero también en una invitación a seguir construyendo una comunidad donde haya espacio para la misericordia, el perdón y la esperanza. Que el Santo Cristo de Graena siga mirando a su pueblo y ayudándole a descubrir que, detrás de la Cruz, siempre hay un amor que no se cansa.

Don Gerardo José Rodríguez Pérez.

Administrador Parroquial de Cortes, Graena y Los Baños de Graena.

Confirmaciones en la parroquia de Santiago, de Guadix

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Un grupo de 32 personas recibió el sacramento de la Confirmación el pasado 13 de septiembre en la parroquia de Santiago, de Guadix. Entre los confirmandos había muchos jóvenes, pero también adolescentes y adultos. Fue una celebración muy emotiva, en la que estuvo muy presente la oración por el párroco, Emilio José Fernández, que se encuentra en el hospital, recuperándose de una enfermedad.

Francisco Jesús Orozco, que como obispo diocesano presidió la celebración y administró el sacramento, habló a los confirmandos del valor de este sacramento y la llamada que supone al compromiso y a vivir la fe en el día a día, con autenticidad y con coherencia.
En nombre de la parroquia, presentó a los confirmandos el sacerdote José Antonio García, párroco del Sagrado Corazón y rector del Seminario, que ha sustituido al párroco durante su enfermedad y que tomó posesión en esa celebración como párroco in solidum de la misma, junto al actual párroco Emilio José Fernández.

Antonio Gómez

Delegado diocesano de MCS. Guadix

XXIV Domingo del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 13 de septiembre de 2026

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La convivencia entre los miembros de una comunidad cristiana no siempre resulta fácil y, en ocasiones, hay enfrentamientos y divisiones. Pero también se da en el ámbito familiar, laboral… El evangelista destapa esta realidad tan humana dándonos como solución la misericordia, llevada a la práctica en el día a día y sin cansarnos de ser también nosotros misericordiosos como Dios lo es con nosotros.

La fraternidad solo es posible con el perdón, que no ha de frenarse nunca. La experiencia personal de la misericordia de Dios en nuestras vidas, como hijos perdonados, nos ha de llevar a nosotros al perdón sin límites y sin condiciones, como verdaderos hermanos que se perdonan.

Nuestra salvación también dependerá de nuestra capacidad de perdonar, reflejo de un corazón que ama en todas las situaciones. Y la justicia divina consistirá en que recibiremos con la misma moneda con la que hemos dado o hemos dejado de dar.

DESARROLLO

Este relato es una continuidad del anterior del domingo pasado en la temática sobre la convivencia en las primeras comunidades cristianas y la manera en la que se debe actuar. Toda la composición parte de una realidad que el autor no quiere ocultar, y es que la convivencia en las comunidades cristianas primitivas no era perfecta, y, aunque había en sus miembros sentimientos de esperanza y de ilusión por vivir los valores del Reino de Dios, también había enfrentamientos, ofensas y rivalidades.

Pedro, una vez más, como portavoz del grupo, hace una pregunta a Jesús sobre la cantidad de veces que un hermano ha de perdonar a otro. La respuesta que le da Jesús, acompañada de una parábola, se convierte en una enseñanza para los cristianos de todos los tiempos.

Hemos de tener en cuenta que la mentalidad judía se ha ido construyendo con un conjunto de leyes religiosas que han aportado armonía en las relaciones comunitarias y a nivel social. Para lo cual, esas normas han puesto límites y líneas rojas a las actuaciones de las personas. Y el perdón, ¿también tiene límites?, ¿Cuándo se puede o cuándo no se puede perdonar? El número siete es un simbolismo bíblico de lo perfecto, lo correcto y lo bueno. Pero en el caso del perdón, para Jesús, se queda corto, porque Jesús nos deja claro que ser misericordiosos no es cuestión de hacer cuentas sino de una actitud que no tiene límites, por lo que hay que perdonar siempre.

¿Por qué queremos ponerle nosotros límites a la misericordia? Porque perdonar nos cuesta. Preferimos la venganza, llevados por la rabia y el dolor cuando nos sentimos ofendidos y heridos. Pero los cristianos, ¿por qué hemos de perdonar a nuestros semejantes? Porque antes cada uno de nosotros hemos sido perdonados de manera reiterada e ilimitada por el Dios de la misericordia. Es por tanto de justicia hacer con los demás lo que antes Dios ha hecho con nosotros.

Estas respuestas están recogidas y son la esencia de esta parábola con la que Cristo quiere enseñarnos que el primero que es misericordioso es Dios; y que nosotros también hemos de serlo, pero a su manera, no a la nuestra. No puedes pedir clemencia si tú no eres compasivo y misericordioso con quien te ha ofendido y te ha pedido perdón. Esta instrucción Jesús también nos la enseñará más tarde para que la hagamos oración de súplica: “Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.

Emilio J. Fernández, sacerdote

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La Facultad de Teología San Isidoro mantiene abierto hasta el 18 de septiembre el plazo de matriculación para el curso 2026-2027

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La Facultad de Teología San Isidoro mantiene abierto hasta el 18 de septiembre el plazo de matriculación para el curso 2026-2027

La Facultad de Teología San Isidoro mantiene abierto hasta el 18 de septiembre el plazo de matriculación para el curso 2026-2027

La Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla mantiene abierto el periodo de matriculación para el curso académico 2026-2027, una oportunidad para quienes deseen profundizar en el conocimiento de la fe y adquirir una formación teológica al servicio de la Iglesia y de la sociedad. El plazo de matrícula permanecerá abierto hasta el próximo 18 de septiembre.

La institución académica de la Archidiócesis de Sevilla cuenta con una amplia oferta formativa que incluye los estudios oficiales de Teología y Ciencias Religiosas, además de títulos propios y programas de formación permanente dirigidos a distintos perfiles y necesidades.

Entre los estudios oficiales se encuentran el Baccalaureatus en Teología, correspondiente al primer ciclo; el Licentiatus o Máster en Teología, segundo ciclo, con especialidades en Dogmática, Eclesiología y Mariología; y el Doctorado en Teología. La Facultad ofrece asimismo estudios en Ciencias Religiosas, con modalidades que facilitan el acceso a la formación teológica a personas con diferentes circunstancias personales y profesionales.

A esta oferta se suman los títulos propios y programas de formación permanente, así como propuestas dirigidas a quienes desarrollan diferentes servicios y responsabilidades en la vida eclesial. La Facultad destaca también por la posibilidad de cursar determinados estudios en modalidades presenciales, semipresenciales o a distancia, favoreciendo la conciliación de la formación con las obligaciones familiares, laborales o pastorales.

Una formación al servicio de la misión de la Iglesia

El Decano-Presidente de la Facultad, Manuel Palma, ha subrayado el crecimiento sostenido de la institución, que cuenta actualmente con alrededor de 1.720 alumnos, así como la creciente proyección de su actividad académica e investigadora. Entre los hitos recientes destaca la incorporación de la revista científica Isidorianum al índice internacional Scopus.

La Facultad de Teología San Isidoro se presenta así como un espacio de estudio, investigación y formación destinado no solo a quienes buscan una especialización académica, sino también a los fieles que desean profundizar en su fe para vivirla y anunciarla con mayor fundamento.

Como ha señalado el propio Palma, «nadie está excluido del estudio de la teología», entendiendo la formación teológica como una oportunidad para crecer en el conocimiento de Cristo y servir mejor a la Iglesia.

Las personas interesadas pueden consultar la oferta académica, los requisitos de admisión, las modalidades de estudio y la información sobre matrícula y becas a través de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla. La sede se encuentra en la calle Cardenal Bueno Monreal, 43, de Sevilla, y el teléfono de contacto es el 954 23 13 13.

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En la memoria de Nuestra Señora de los Dolores

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15 de septiembre. Huele la tarde a rastrojo quemado, a membrillo sazonado y a esa luz dorada y oblicua que solo el mes de septiembre sabe derramar sobre los campos de España. Es un tiempo de recogida, de graneros que se llenan y de golondrinas que ensayan su último vuelo hacia el sur. En este recodo del año, cuando la tierra ostenta una fértil madurez, la Iglesia nos detiene el paso para contemplar un misterio que no se explica con razones, sino que se abraza con fe: la memoria litúrgica de Nuestra Señora de los Dolores.

No es un sollozo estridente ni un aspaviento trágico. La aflicción de María, dibujada en el lienzo de los siglos, tiene la consistencia discreta de la encina castellana y la gracia cuitada de una copla que se pierde en un callejón andaluz. Hay en Ella una dignidad tan honda, tan colmada de Dios, que el alma, al percibirla, no puede sino arrodillarse, sentir que el pecho se le ensancha y experimentar un deseo ardiente de santidad, de limpieza interior, de ofrenda sin condiciones.

I La profecía en el templo: el destello del primer puñal

«Y a ti misma una espada te traspasará el alma, para que se descubran los pensamientos de muchos corazones» (Lucas 2, 35). Imaginemos la escena con la sencillez con la que Miguel Delibes retrataría la pureza de un niño del campo. María sube las gradas del Templo llevando en sus brazos un manojo de luz: al Niño Jesús, apenas un brote tierno de carne y majestad. Todo parece fiesta, rito gozoso de palomas y pañales níveos. Pero sale al paso el anciano Simeón, un hombre curtido por la espera, con los ojos gastados de otear el horizonte de la promesa divina. Sus palabras no son un bálsamo de triunfo fácil; son un tajo limpio de realidad.

En ese instante, la candidez de la Virgen experimenta el primer vislumbre de su destino. No hay refunfuño en sus labios. Manuel Machado, con su pluma de seda y sombra, habría cantado aquí la elegancia soberana de una aceptación que se torna música cadenciosa. María no esquiva a Simeón; recoge su profecía como el labrador acoge la escarcha del invierno, sabiendo que la semilla necesita del frío para germinar bajo la tierra.

Para nosotros, que a menudo huimos de la menor contrariedad como de un flagelo, la Virgen de los Dolores nos muestra el valor de la aceptación noble. ¿Cómo pretender la santidad si cerramos la puerta a la paciencia que gana el pan de hoy y deja a Dios el cuidado del mañana? Ser santos no es vivir una existencia de porcelana, inmunes al rasguño del mundo. Ser santos es, como Ella, permitir que la voluntad de Dios nos conquiste, adecentando las estancias del alma para que solo quede el oro bruñido de su amor.

III. El calvario: el vigor que sostiene al mundo

«Junto a la cruz de Jesús estaban su madre…» (Juan 19, 25). El Gólgota no es un escenario de cartón piedra; es un páramo de polvo negro, sangre reseca y mofa de soldadesca. José María Pemán, con su vibrante tonalidad de pulcritud clásica, nos recordaría que allí, donde los hombres huyeron despavoridos por el miedo, la que permaneció firme fue una Mujer. Stabat. Estaba de pie. No desplomada, no vencida por el histerismo terrenal, sino erguida como una columna de ternura inquebrantable.

Contemplemos a la Virgen al pie del áspero madero. Su rostro, que tantas veces acarició las mejillas del sublime Infante en Nazaret, ahora se apesadumbra ante Cristo ultrajado, llagado en su cuerpo divino. Es la hora de la gran desolación. Una Madre Inmaculada que acompaña a un manso Cordero degollado. El sentir popular pone belleza a este cuadro con voz anónima:

Un dolor que no se queja,

un llanto que no se vierte;

es la vida que se entrega

en los brazos de la muerte.

Cosida a la Cruz del Salvador, María se convierte en el sagrario del desconsuelo del mundo. Hay un lirismo rasgado, pero sereno, en esa dulce figura recortada contra el cielo de plomo. En su pecho lacerado caben todas nuestras reiteradas dudas, nuestras noches oscuras, nuestras flaquezas acibaradas. Ella no nos mira con reproche, a pesar de que nuestros pecados son los clavos que sujetan a su Hijo al tronco abrupto. Nos mira con la delicadeza inefable de quien se sabe ya Madre de todos los hombres. Su devoción se nos mete en la sangre no como una gélida teoría, sino como una caricia húmeda que enjuga nuestras propias lágrimas y nos espolea a seguir avanzando, no obstante los baches del sendero.

III. El dolor fecundo: el surco de la santidad cotidiana

La veneración a la Virgen de los Dolores no es una invitación a la melancolía estéril. ¡Qué lejos está el verdadero dolor cristiano de la desesperanza! El sufrimiento de María rezuma sabor a resurrección. Cada uno de sus siete dolores es una brecha abierta por donde entra la luz del cielo. Ella labró su santidad en el yunque del padecimiento aceptado por amor. Hemos de descubrir la grandeza en lo pequeño. Hemos de aprender a buscar a la Virgen Dolorosa no solo en los grandes altares de plata y terciopelo, sino en el rincón más humilde del hogar, en las manos callosas de una esposa que vela el sueño de su marido enfermo, en el silencio del campesino que ve perderse la cosecha y aun así levanta los ojos al cielo diciendo: «Hágase tu voluntad».

La santidad no es cuestión solamente de milagros extraordinarios; se amasa día a día con el barro de nuestras debilidades puestas en las manos de Dios. Al contemplar a la Virgen de los Dolores, nuestro fervor debe traducirse en propósitos concretos. Ante todo, aceptar con paz las contrariedades diarias: el mal genio del prójimo, la salud que aminora, la incomprensión de quienes amamos. Podríamos, asimismo, decidirnos, sin formular pretextos, a acompañar asiduamente la soledad ajena, siendo bálsamo y pañuelo para los cristos rotos que encontramos en nuestro camino; o a no gruñir continuamente por el cansancio, transformando el sudor del trabajo en una oración fecunda. En este sentido, os invito a un recogimiento confiado, para suplicar a María Santísima:

Señora de la mirada callada y el corazón desgarrado,

Madre de los Dolores y Reina de la Esperanza.

Bajo la luz crepuscular de septiembre,

sentimos que el alma se nos escapa hacia Ti,

herida por la belleza de tu amor tan puro.

No queremos ser meros espectadores de tu llanto;

queremos imitar tus gestos de bondad.

Enséñanos a estar de pie junto a las cruces de nuestro tiempo.

Que tu dolor sea la fragua donde se temple nuestra fe vacilante,

y que al mirarte con los siete puñales clavados en tu pecho escarnecido,

brote en nosotros una sed irrevocable de ser santos,

de amar a tu Hijo con la locura con la que Tú lo amaste,

hasta el extremo.

Danos aliento para servir a los hermanos sin tibieza,

sin lamentos,

hasta que gocemos de tu compañía por toda la eternidad.

Amén.

Mons. Fernando Chica Arellano
Observador Permanente de la Santa Sede ante la FAO, el FIDA y el PMA

Ciudad del Vaticano

Ceuta en el primer Círculo de Silencio de Jaén

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Este jueves, 17 de septiembre, tendrá lugar en Jaén el primer Círculo de Silencio del curso 2026-2027, una iniciativa ciudadana que se organiza cada tercer jueves de mes en defensa de la dignidad de las personas migrantes y refugiadas y en esta ocasión corre a cargo de la Delegación de Migraciones.

El encuentro será a las 20:00 horas, en la calle Roldán y Marín de la capital, y estará dedicado a la situación de crisis de la ciudad fronteriza de Ceuta, una problemática que no es la primera vez que se considera en los círculos a lo largo de todos estos años.

Bajo el lema “Ceuta es mucho más…”, el Círculo invitará a descubrir en la realidad que allí se vive, llena de tanta oscuridad, una luz que no se apaga: la solidaridad silenciosa y valiente de tantas personas, porque Ceuta es mucho más de lo que aparece en los titulares de televisión y redes sociales.

Desde la Delegación se anima a toda la ciudadanía a participar en este sencillo gesto, que busca dar visibilidad a las personas migrantes y refugiadas y recordar que, detrás de cada cifra, hay una historia de vida, con sus luchas, sus anhelos, tantas veces su muerte, pero también, en sentido cristiano, su resurrección, que nos abre a un horizonte de esperanza.

Delegación de Migraciones

La Pastoral Universitaria comienza un nuevo curso de la mano del Señor

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Mañana, miércoles 16 de septiembre, la Pastoral Universitaria de Jaén dará el pistoletazo de salida al nuevo curso académico con la celebración de la Misa de inicio de curso, que tendrá lugar a las 9:30 horas en la parroquia de San Juan Bosco de Jaén y que estará presidida por el Provicario General y Director del Instituto Teológico San Eufrasio, D. José Antonio Sánchez Ortiz.

Una oportunidad para poner el nuevo curso en manos de Dios.

Desde la Pastoral Universitaria se invita a todos los estudiantes, jóvenes universitarios, profesores y miembros de la comunidad universitaria que quieran acercarse, conocer esta realidad y, sobre todo, encontrarse con Cristo y hacerlo presente en medio de su vida universitaria.

La Universidad es también un espacio para crecer, hacerse preguntas, compartir, descubrir una vocación y construir relaciones que dejan huella. En este camino, la Pastoral Universitaria quiere ofrecer un espacio de encuentro, comunidad, fe y acompañamiento, abierto a todos.

Si eres universitario y quieres comenzar este curso de una manera diferente, poniendo a Cristo en el centro, la Pastoral Universitaria de Jaén te espera.

Miércoles, 16 de septiembre | 9:30 horas
Parroquia de San Juan Bosco | Jaén

La Virgen de las Angustias recibe sus primeras ofrendas

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La Virgen de las Angustias recibe sus primeras ofrendas

Desde las 10 horas, los granadinos entregan su ramo de flores, como anticipo de la gran Ofrenda que se celebrará a partir de las 17 horas, con presencia de autoridades eclesiásticas, civiles y militares, así como corporaciones cofrades.

La Archidiócesis de Granada ha despertado este martes día 15 con la mirada puesta en su Patrona, Nuestra Señora de las Angustias. Este año con diversas novedades con motivo de su traslado a causa del cierre de su sede en la Basílica por los desperfectos ocasionados por los terremotos.

Entre ellas la tradicional Ofrenda floral que se traslada desde la fachada basilical a la fachada de la Catedral, debido al cierre de la sede de la Patrona con motivo de los desperfectos ocasionados por el terremoto.

Una Ofrenda a la que también se invita a participar de modo solidario, con donativos, que este año, además de ayudar a 450 familias de la Obra social de la Hermandad, se destinará a contribuir a restaurar los desperfectos de los terremotos en la Basílica.

PRIMERAS OFRENDAS
Desde las 10 horas se están recibiendo los primeros ramos de flores, como ofrenda a la Patrona, y detrás de ellas peticiones, súplicas y agradecimiento a la intercesora ante Dios de todos los granadinos.

La Ofrenda tendrá su momento más intenso a partir de las 17 horas, con la participación de grupos, asociaciones, colegios y organizaciones, y de personas que a título particular llevan su ofrenda. Tampoco faltarán autoridades eclesiásticas, civiles y militares. La Ofrenda comenzará con la realizada por nuestro arzobispo junto a la Hermandad, en nombre de la Archidiócesis.

Los granadinos accederán por Plaza de las Pasiegas y saldrán por Plaza Alonso Cano tras hacer su ofrenda, y los grupos accederán por Pie de la torre, saliendo por la Plaza de las Pasiegas hacia Marqués de Gerona.

Tras la Ofrenda, del 17 al 25 de septiembre, se celebra la Solemne Novena en honor a la Virgen de las Angustias, en la iglesia parroquial del Sagrario, a las 19:15 horas con la Exposición del Santísimo Sacramento, el rezo del rosario y la Salve. La Santa Misa será a las 20 horas.

A este templo anexo a la Catedral volverá la Sagrada Imagen, una vez concluya la Ofrenda, en un breve recorrido, que el pueblo de Granada volverá a vivir con gran devoción y súplica, como lleva haciendo todo este mes de septiembre en torno a la Madre de los granadinos.

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El Obispo de Jaén publica la Carta Pastoral del Jubileo de la Virgen de la Cabeza e invita a vivir los 800 años como «un auténtico tiempo de gracia»

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El Obispo de Jaén, Mons. Sebastián Chico Martínez, ha hecho pública una Carta Pastoral con ocasión del Año Jubilar Diocesano que la Iglesia de Jaén celebrará ante el VIII Centenario de la Aparición de la Santísima Virgen de la Cabeza. Bajo el lema «Me felicitarán todas las generaciones» (Lc 1,48) – Ocho siglos de fe, el Prelado jiennense invita a toda la Diócesis a vivir los catorce meses del Jubileo no como una mera conmemoración histórica, sino como “un auténtico tiempo de gracia, un kairós, es decir, una ocasión favorable que Dios nos regala y que no debemos dejar pasar en vano”.

La carta, fechada en Jaén este martes, 15 de septiembre de 2026, memoria de Nuestra Señora de los Dolores, ofrece una lectura espiritual, pastoral y evangelizadora de ocho siglos de devoción a “la Morenita” y propone algunas claves para que esta celebración extraordinaria ayude a renovar la fe de la Iglesia diocesana. El Obispo parte de la tradición de la Aparición, que sitúa en la noche del 11 al 12 de agosto de 1227, y recorre la historia de una devoción que ha atravesado generaciones hasta convertirse en uno de los grandes referentes de la piedad popular mariana.

Más allá de una efeméride

Uno de los ejes centrales de la Carta Pastoral es la llamada a superar una visión meramente conmemorativa del Centenario. Don Sebastián reconoce la importancia social, cultural y religiosa de los ochocientos años, pero pide que la celebración ayude a cada creyente y a la propia Diócesis a preguntarse qué ha significado la presencia de María en su historia y, sobre todo, a responder a esa pregunta “con una conversión más sincera a su Hijo”.

Por eso, el Obispo resume su propuesta en tres invitaciones: “peregrinar interiormente, hacer memoria agradecida y dejarnos evangelizar por una devoción” que ha sido recibida y transmitida de generación en generación.

La pastoral dedica, también, un espacio importante a explicar la relación entre la tradición de la Aparición y la fe católica. El Obispo del Santo Reino recuerda que el centro de la fe mariana se encuentra en María como “Madre de Dios, Madre espiritual de la Iglesia y figura singular en la historia de la salvación, siempre en relación con Cristo y orientada hacia Él”. El objetivo, explica, es que al finalizar el Jubileo los devotos sepan responder no solo por qué aman a la Virgen de la Cabeza, sino también “quién es la Virgen a la que amáis y de qué manera conduce siempre a Jesucristo”.

Una devoción que debe conducir a Cristo

El Obispo dedica, igualmente, una amplia reflexión a la piedad popular, que presenta como una riqueza de la Iglesia cuando está bien orientada. La romería, las peregrinaciones, las vigilias y las expresiones de devoción constituyen, a su juicio, una fe encarnada que ha sido capaz de atravesar siglos y circunstancias históricas muy diversas.

La peregrinación ocupa, de igual modo, un lugar destacado en la propuesta del Obispo. Subir al Cerro de la Cabeza es presentado como algo más que una tradición: “es, en su raíz más honda, una peregrinación al lugar del encuentro, un salir de la vida ordinaria para disponerse a escuchar a Dios”. Por ello, invita a quienes acudan al Santuario durante el Jubileo a cuidar especialmente los momentos de silencio, oración personal y celebración del sacramento de la Reconciliación.

Un Jubileo abierto a toda la Diócesis
La Carta Pastoral no se dirige únicamente a los devotos habituales de la Virgen de la Cabeza. Mons. Chico Martínez interpela a sacerdotes y diáconos, familias, jóvenes, cofradías, catequistas, agentes de pastoral, profesores de teología y comunidades e instituciones vinculadas al Santuario.

El Obispo dedica además una invitación especial a quienes se han alejado de la práctica religiosa o conservan una relación afectiva con la Virgen, aunque hayan perdido el vínculo con la Iglesia. “Este Jubileo es también vuestro”, afirma Don Sebastián, invitándolos a ponerse en camino sin necesidad de tener resueltas todas sus preguntas.

La caridad, uno de los signos de autenticidad del Centenario

Uno de los elementos más significativos de la Carta Pastoral es la vinculación directa entre el Jubileo y la atención a los más vulnerables. El Obispo afirma que la custodia del Santuario y de la tradición debe medirse especialmente por “la hospitalidad con que acojáis a quien llegue» y «la caridad efectiva con los más pobres”.

En esta línea, Mons. Chico Martínez anuncia que la obra de caridad jubilar se concretará en el apoyo a la Casa Hogar «Andrés Cristino», que Cáritas Diocesana sostiene en Andújar desde 1988. El centro acoge a personas autónomas mayores de 65 años que se encuentran en situación de necesidad y desamparo y carecen de familiares próximos que puedan acompañarlas y ayudarlas. Las colectas y aportaciones que se recauden expresamente con esta finalidad durante el Centenario se destinarán a esta obra.

El Obispo establece así una relación directa entre la memoria de quienes transmitieron la devoción durante generaciones y la responsabilidad de cuidar hoy de los mayores.

Un Jubileo con dimensión misionera
La carta pastoral insiste en que el Centenario debe mirar también hacia fuera. El Obispo pide que los frutos de la celebración alcancen a quienes se han alejado de la práctica religiosa, a quienes todavía no conocen a Cristo, a las personas migrantes y a quienes viven situaciones de soledad o sufrimiento.

En definitiva, el Obispo propone que los ochocientos años no dejen únicamente el recuerdo de una gran celebración, sino “una fe más recia, una caridad más viva y una esperanza más firme”.

Un Año Jubilar del 4 de octubre de 2026 al 8 de diciembre de 2027
El Año Jubilar Diocesano comenzará solemnemente el 4 de octubre de 2026, con la apertura de la Puerta Santa en el Real Santuario y Basílica Menor de Nuestra Señora de la Cabeza, en Andújar, y concluirá el 8 de diciembre de 2027, solemnidad de la Inmaculada Concepción.

Durante el Jubileo se podrá lucrar la indulgencia plenaria en el Santuario y, en las fechas establecidas, también en otros templos de la Diócesis en los que se encuentre la sagrada imagen de la Virgen de la Cabeza. Entre ellos se encuentran la parroquia de Santa María la Mayor de Andújar y la Santa Iglesia Catedral de Jaén, coincidiendo con la presencia de la imagen en estos templos.

La noche del 11 al 12 de agosto de 2027 tendrá una relevancia especial, al cumplirse los ochocientos años de la fecha que la tradición señala para la Aparición. La Carta Pastoral pide recuperar también esta celebración como uno de los momentos centrales del Centenario, junto a la tradicional Romería de abril.

El calendario completo de peregrinaciones y de actividades espirituales, pastorales y culturales será dado a conocer progresivamente por la Diócesis.

En su conclusión, Mons. Sebastián Chico Martínez encomienda este tiempo de gracia a la Virgen de la Cabeza y pide que la celebración de los ochocientos años permita a la generación actual sumarse a la larga historia de quienes, desde 1227, han llamado bienaventurada a la Madre del Señor. “Que este Año Jubilar, cuando concluya en diciembre de 2027, nos encuentre no solo con el recuerdo de una fiesta hermosa, sino con una fe más recia, una caridad más viva y una esperanza más firme”, concluye.

Carta Pastoral Año Jubilar por el Octavo Centenario de la Aparición de la Virgen de la Cabeza

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