Urdaci: «Queremos dar voz a los excluidos»

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Vuelve a la televisión uno de los rostros más conocidos de la (ya no tan pequeña) pantalla. Alfredo Urdaci, el nuevo director de informativos de 13 TV afronta el reto de «ser competitivos sin caer en la confrontación y en la agresión verbal».

-¿Cómo ha sido su reencuentro con un informativo diario?

-Tengo muy buenas sensaciones. Ha significado reencontrarme con un mundo que yo ya conocía, por mi experiencia en Televisión Española y en otras televisiones, pero esta vez en una casa pequeña, aunque con una redacción muy motivada. Quizá de todo lo que he experimentado en estos días, la sensación más importante para mí es volver a la vida de redacción, que es una vida que tira mucho para quienes la conocemos. Es algo muy agradable. Estar en una redacción dinámica, donde pasan muchas cosas y donde el trabajo es muy intenso, es un plus de adrenalina y de motivación. La verdad es que, para mí, ha sido lo más bonito de lo que me ha pasado hasta ahora.

-¿Cómo se resume la nueva oferta de los informativos de 13V?

-Es una apuesta por la calidad. Hacemos informativos, tanto a las 14.30 como a las 20.30 horas. Y son informativos de tramo largo, con una hora y cinco minutos de duración. Eso te permite profundizar en la información, te permite el análisis y te permite trabajar diversos géneros como uno, que a veces se olvida en los contenidos informativos, que es el del reportaje. El reportaje es el género más televisivo y el que permite contar las cosas con más profundidad. En un informativo de tramo largo tienes la oportunidad de elegir aquellos temas que muchas veces están fuera de la agenda informativa, de lo que cubren las grandes cadenas, y que te permiten tener un sello especial, un sello propio. Podemos apostar por algunas cuestiones que son importantes, pero que están un poco olvidadas.

-Dirigir los informativos de la «cadena episcopal» ¿es un lastre o una garantía?

-Lastre nunca. Garantía sí. Garantía de que vamos a defender con firmeza principios básicos y fundamentales como son el derecho a la vida, la familia y la dignidad de la persona. Esas son las tres claves de la línea editorial de esta casa. Creo que son tres claves por las que merece la pena luchar. Y esa es nuestra voz. Esa es la voz que vamos a defender. Por lo tanto ahí hay una trasparencia total. Yo no tengo en ese sentido ningún peso, ni ninguna cortapisa, sino todo lo contrario.

-Y es que algunos querrían que la Iglesia no tuviera voz…

-Este es el tema del laicismo. Yo creo que las lámparas no están para esconderlas, como en aquella parábola bíblica. Las lámparas están para que luzcan. La Iglesia es una voz ética, una voz moral, una voz que es positiva porque quiere construir una buena sociedad. Es una voz que tiene caridad, que tiene amor, que tiene respeto a la dignidad de la personas, que tiene un sentido ético de la vida y también una misión. Se habla siempre, en términos filosóficos, de «libertad de» o «libertad para». A mí me gusta la «libertad para» hacer el bien social, para ser una voz que mejore la vida de las personas. Creo que la función fundamental del periodismo es esa. Y creo que una voz que venga respaldada y promovida por la Conferencia Episcopal tiene que tener ese sentido y esa misión. Yo estoy absolutamente orgulloso de tener la oportunidad de contribuir a esa obra.

-La polémica, la acritud, funcionan muy bien en los audímetros. ¿Se puede llevar la «cultura del encuentro» a la televisión y tener audiencia?

-Se debe ser competitivo sin entrar en la confrontación y en la agresión verbal. Nosotros competimos. Somos pequeños en audiencia, pequeños en tamaño de televisión, pequeños en presupuesto… Pero fíjese que con un presupuesto muy reducido hacemos una audiencia que supera a algunos emisores públicos como Telemadrid, por ejemplo. Hay que ser competitivo en los medios que se utilizan para hacer tu labor (eso es la eficiencia); y hay que ser competitivos en los contenidos que ofreces. Y no hace falta, ni mucho menos, la agresividad, el tono agrio… Yo veo algunas emisoras de televisión, a las que no les va mal de audiencia, que tienen mucho vinagre. Yo no creo en esa forma de actuar dentro del ecosistema de la opinión pública. Creo mucho en la firmeza de los principios, pero también en la suavidad de las formas. Ésta no es una batalla de un día, sino que es un recorrido muy largo y yo creo que, al final, ganará la calidad, la sobriedad en las formas, el respeto al medio y el hacer televisión –no radio televisada–. Se puede y se debe ser competitivo –uno está aquí para que su voz sea escuchada y que se escuche más que la de los demás– pero no hace falta un tono agresivo en los contenidos que uno difunde cada día.

-¿Y los descartados, los que están en los límites de la sociedad? ¿Tendrán voz en 13 TV?

-Hemos empezado, ya desde el lunes día 8 de septiembre, con una serie que se llama «Con los pobres de la tierra», presentada y avalada por uno de los mejores reporteros que ha dado la televisión en España, que es Vicente Romero. Un hombre que ha estado en las grandes crisis, en las grandes catástrofes, en las hambrunas, en las guerras y que ha constituido en su trabajo cotidiano un perfil muy cercano a los excluidos y a los pobres. Empezamos con una entrevista a Kike Figaredo que es obispo en Camboya, que nos dejó una serie de mensajes muy profundos, muy sencillos también cuando decía que hay que transformar la sociedad, pero hay que transformarla con amor, con caridad y no con violencia. Vamos a estar ahí. Esa es una de nuestras grandes apuestas. Cuando hablamos de defender la dignidad de la persona, estamos hablando de darle voz a los excluidos y de llamar la atención de una sociedad que, muchas veces en esa competencia diaria por el beneficio, se olvida de que hay personas que se han quedado al margen.

-¿Por qué recomendaría ver el informativo de 13 TV a un católico de a pie?

-Porque le vamos a dar información, tanta o más que los demás, y le vamos a dar un análisis que quizá no va a encontrar en otras cadenas. Se lo vamos a contar de una forma televisiva y vamos a atender aquellas preocupaciones que son de los espectadores. En esta casa decimos que el protagonista de los informativos, y de la programación en general, no son ni los periodistas que la hacen, ni el supuesto beneficio económico, el protagonista siempre es el espectador.

-¿Católico por vía familiar, por convicción…?

-Vía familia y por convicción. Tengo grandes amigos en algunos movimientos, aunque no pertenezco a ninguno. Tengo mi parroquia y grandes amigos. Me eduqué con los salesianos. Ellos me inculcaron un gran amor por la cultura y un sentido de cercanía con los más necesitados. Y después tuve una educación universitaria en la Universidad de Navarra, que como todo el mundo sabe pertenece al Opus Dei. Ese es mi cuadro como creyente.

-¿Qué puede ofrecer el Evangelio a un mundo convulso como el nuestro?

-Esperanza. Se dice que las buenas noticia no son noticia. Nosotros no creemos en eso. Creemos que las buenas noticias son noticia y que una de las funciones fundamentales del periodismo es la de llevar esperanza a la gente, no ser permanentemente negativos. Destacar también todo aquello que de positivo tiene el ser humano y la sociedad, y hay muchas cosas en las que fijarse. A veces uno tiene la sensación de que solamente lo que es malo aparece en los informativos. Nosotros queremos y creemos que también aquello que es bueno debe aparecer. Creemos en una Iglesia católica que es más capaz de decir que sí, que de decir no.

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