Torrox dedica una calle al sacerdote Salvador Gil

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Todos los grupos políticos presentes en la corporación municipal de Torrox apoyaron la propuesta de ponerle a una calle el nombre del sacerdote Salvador Gil Canto, antiguo párroco de Santiago el Mayor en la barriada torroxeña de El Morche y actual párroco de Santa María de la Amargura de Málaga capital

¿Qué ha supuesto para usted la noticia de que vayan a ponerle su nombre a una calle en El Morche, uno de los primeros destinos de los que fue párroco?

En primer lugar, hay en mí un sentimiento de agradecimiento a Dios por la oportunidad que tuve de estar sirviendo a aquella comunidad de la parroquia de Santiago el Mayor de El Morche, aquellos años. Por tanta gente que apoyó, con su esfuerzo y su trabajo, la construcción del nuevo templo. También agradecimiento al Ayuntamiento y, en concreto, a la Tenencia de Alcaldía porque han querido reconocer o expresar de manera pública ese momento de la vida de la parroquia y que es memoria viva para la historia de aquella comunidad parroquial. Yo no sabía si ese sentimiento estaba latiendo en el pueblo, pero ahora con el reconocimiento de la calle creo que la gente lo ha agradecido también. Sobre todo, me alegra que cuando llevaron la propuesta de mi nombre junto con otros, en mi caso todos los grupos políticos apoyaron en las comisiones de trabajo esa propuesta. Eso todavía me alegra más, porque no es una cuestión partidista únicamente, sino que refleja el sentir de mucha gente y de toda la gama de partidos que componen el Ayuntamiento de Torrox.

La calle, además, no se encuentra en un lugar cualquiera, está muy cerca de la nave de frutas que durante un tiempo albergó la parroquia de El Morche, ¿qué le transmite ese lugar?

Esa calle limitaba con la vivienda parroquial que me cedieron para vivir. Es una conmemoración a la capilla o templo auxiliar que había mientras se construía el nuevo templo que se colocó en ese mismo lugar tan significativo por el paso de la vida de Dios en aquellas circunstancias.

¿Qué recuerdos guarda del tiempo que vivió allí?

Suelen decir que el primer destino es el primer amor, por lo que es un destino que marca mucho en la vida de los sacerdotes. Para mí fueron unos años de mucha alegría, trabajo y gracia. Yo aprendí a ser cura allí, en medio de muchos momentos preciosos vividos con la gente. También alguna que otra dificultad. Recuerdo, sobre todo, la acogida que tuve y que todas las iniciativas que fuimos planteando, a nivel de parroquia y de pueblo, llegando a colaborar con otras instituciones, fueron recibidas con mucho agrado. Fueron años preciosos de mucho trabajo, gracias a la respuesta generosa de mucha gente. Guardo un cariño especial a El Morche, a su parroquia y a todos los vecinos del pueblo.

¿Qué ha supuesto para usted entonces esta calle?

Para mí no es el reconocimiento a una única persona, sino a la labor y a la generosidad de muchas personas. Los sacerdotes estamos de paso, al servicio de la gente, intentando animar las comunidades. En este caso, así lo viví y así lo realicé. Es importante que la gente sienta que esa calle es suya y no mía, aunque lleve mi nombre. Hay muchas ilusiones, horas, esfuerzo y sentimiento por parte de todos los que convivieron conmigo y yo con ellos. No solamente se rehizo un templo, también se fraguó una comunidad cristiana en todos los niveles: con las catequesis, se inició el grupo de Cáritas, el de Liturgia, se alentó la tradición religiosa popular de la Virgen del Carmen y del apóstol Santiago, que es el patrón. Se trabajó también mucho con las hermandades y con la Pastoral de la Salud. Junto con la construcción del templo, cuyo lema era «Templo construido con piedras vivas», se edificó también la comunidad, que quedó muy bonita, ya que era muy participativa formada por familias grandes. Gracias a Dios, esa es la mejor satisfacción que uno puede tener cuando sale de un destino. Yo me considero muy poca cosa, pero el Señor empuja y abre caminos. Todo esto es para Él y para el servicio de su Reino, no para buscarnos reconocimientos, triunfos ni aplausos. Si no me hubiera dedicado a otra cosa.

 Santiago Campos

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