Segunda causa de los Mártires de Málaga

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

«Mi obligación es estar al lado de mis feligreses» exclamaba Leopoldo González García, párroco y arcipreste de Ronda, que fue martirizado a sus 56 años, el 30 de julio de 1936. Leopoldo y 67 compañeros componen la segunda de las causas de beatifi cación de los 214 mártires de Málaga del siglo XX, que se abre el próximo 7 de octubre.

La casa del arcipreste de Ronda, Leopoldo González, era conocida como “Pensión Loyola”, porque en ella se alojaban los jesuitas que iban a Ronda para predicar. Quienes lo conocieron destacan de él sus obras de caridad. Poco antes del alzamiento militar del 18 de julio, se encontraba en Cádiz, donde iba a celebrar Misa todos los domingos, pero volvió a Ronda diciendo: «Me voy a mi parroquia, que mi obligación es estar al lado de mis feligreses». Y allí vio cómo prendieron fuego a la iglesia del Socorro. Antes de morir, bendijo a sus asesinos.

Sacerdote
Manuel de la Cámara García (28 años), natural de Antequera, profesor del Seminario, es otro de los mártires de esta segunda causa. Sus restos se encuentran en la cripta de la Catedral. La mayor tortura que le infligieron fue hacerle creer que habían matado a toda su familia: «Ya ves, todos menos yo; y es que yo no soy merecedor de ir al cielo con todos los que han matado. Dios elige entre sus siervos más queridos a los mártires, para que vayan a gozar la vida eterna en su Corte de los cielos. Y ya ves, qué poco valgo yo. Tantos y tantos como se llevan, incluso mi familia entera, y yo aquí. ¿Es que yo no tengo sangre de mártir?».

Religiosa
Elisa López Lobelle (Sor Carmen del Niño Jesús) era Clarisa del Convento de la Santísima Trinidad de Málaga. Murió en el Camino de Suárez, en Málaga, a sus 31 años. Sus restos también se encuentran en la cripta de la Catedral. La detuvieron mientras iba por la calle, acompañando a otra religiosa que estaba enferma. La pararon y le dijeron: “Vamos con esta que parece monja”. A lo que ella respondió: “No lo parezco, sino que lo soy”.

Seglares
Entre los seglares de este grupo se encuentra un padre con sus dos hijos: Leopoldo Werner Martínez del Campo (75 años), ingeniero de caminos; Alfonso Werner Bolín (35 años), agente comercial; y Carlos Werner Bolín (32 años), ingeniero de caminos. No quisieron delatar a otros jóvenes que se refugiaban en su casa. Al dispararles, murieron el padre y su hijo Carlos, pero Alfonso, el hijo mayor, solo fue herido. Se arrastró hasta el hospital. Le encontraron una estampa del Sagrado Corazón en su cartera y se negaron a curarle. Lo encerraron en un calabozo hasta que murió a los 20 días. Su madre, Carmen Bolín y su hermana Leonor consiguieron entrar a verlo. Su madre le decía: «Alfonso, hijo mío, ¿los perdonas?», y él respondía; «¿Cómo lo puedes dudar? ¡Claro que sí, mamá!».

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