Mons. Sebastián: «La familia es el contexto real de las personas»

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«Hablad con libertad y escuchad con humildad, nos dijo el papa Francisco al comenzar el sínodo, y creo que lo hemos cumplido» explica el cardenal D. Fernando Sebastián al volver del Sínodo de los Obispos centrado en la familia.

-«Los desafíos pastorales de la familia en el contexto de la evangelización» han centrado la III Asamblea General Extraordinaria del Sínodo de los Obispos que se ha celebrado en el Vaticano del 5 al 19 de octubre. ¿Cómo ha sido el ambiente?

-Había diferencias de sensibilidad y de preocupación, como es natural, como cuando se reúnen personas de todas partes del mundo, pero con una misma voluntad: la de buscar entre todos lo más justo y verdadero para cumplir nuestra obligación de Iglesia y de ayudar a los que tienen necesidad y están un poco confusos en un tema tan importante como es el matrimonio y la familia. Siempre con una voluntad común de búsqueda, de consenso y, sobre todo, un punto de convergencia muy importante: todos teníamos el corazón puesto en la enseñanza de Jesucristo. Esto ha hecho que la postura de todos se fueran acercando poco a poco.

-¿Cuáles son los retos que se han encontrado?

-El sínodo ha intentado hacer un diagnóstico global muy realista, sincero y verdadero de cómo están hoy en la Iglesia y en el mundo las instituciones del matrimonio y la familia cristiana. El diagnóstico que se ha hecho es bastante preocupante, ya que hay una desestima y un abandono creciente del modelo cristiano de matrimonio y de familia. Unos, porque no se casan; otros, que a pesar de ser bautizados dentro de la Iglesia, dejan de lado el sacramento del matrimonio y se casan por lo civil; así como el aumento constante de los divorcios, separaciones y segundas uniones. Hay una especie de disgregación del concepto de matrimonio y familia que resulta muy preocupante. Porque la familia es el contexto real de las personas y, si eso se altera, poco a poco se irá alterando la vida de las personas y la naturaleza de la convivencia en sociedad. En concreto, para la Iglesia, la familia cristiana ha sido siempre el primer educador religioso de las nuevas generaciones. Todos hemos aprendido a creer y a rezar en el seno de nuestras familias, no en las grandes catedrales. La familia es fundamental para la trasmisión de la fe.

-Ha mencionado las sombras, ¿alguna luz que quiera destacar de las allí vividas?

-Por supuesto que hay muchas luces. Allí en el sínodo tuvimos testimonios emocionantes de matrimonios, de cómo viven su fidelidad y su generosidad. Una idea fundamental es que tenemos que renovar la estima de la vida familiar dentro y fuera de la Iglesia. La familia, tal y como la concebimos en el cristianismo, es un bien para los hombres. Debemos hacer que nuestros conciudadanos lo vean así, lo aprecien y lo vivan.

-¿Ha tenido este sínodo un mayor grado de transparencia?

-En unas cosas si y en otras no. Por ejemplo, los padres sinodales teníamos que dar un resumen de nuestra intervención que luego se daba a la prensa y esto en este sínodo lo han suprimido, pero el hecho de que el Papa decidiera que la relación final se diera a conocer incluso con el resultado de las votaciones ha sido un gesto de mucha transparencia y veracidad ante la sociedad. «Hablar con libertad y escuchar con humildad», nos dijo el Papa al inicio, y creo que lo hemos cumplido.

-¿Cómo podemos llegar las familias y las comunidades a profundizar en el trabajo realizado hasta ahora?

-La relación final se va a enviar a las conferencias episcopales de todos los países y éstas lo harán llegar a las diócesis, donde se distribuirá como parezca mejor para que todas las parroquias, comunidades y grupos puedan reflexionar y hacer sus aportaciones, que de nuevo volverán a las conferencias y de nuevo a Roma. Con todo ese material inmenso bien estudiado se preparará lo que llamamos el «instrumento de trabajo», que es el texto que sirve punto de partida del nuevo sínodo. Se trata de un proyecto de gran envergadura que puede suponer un impulso enorme en la pastoral de toda la Iglesia y en la estima y el redescubrimiento del valor de la familia tradicional en nuestras sociedades.

Ana María Medina

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