Misa en sufragio del Sr. Fernando Ramos de Rivas (Catedral-Málaga)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la Misa en sufragio del Sr. Fernando Ramos de Rivas celebrada en la Catedral de Málaga

MISA EN SUFRAGIO

DEL SR. FERNANDO RAMOS DE RIVAS

(Catedral-Málaga, 7 enero 2022)

Lecturas: 1 Jn 3, 22 — 4, 6; Sal 2, 7-8.10-12a; Mt 4, 12-17. 23-25.

1.- La liturgia es la expresión de la fe, de tal manera que una y otra se entrelazan. Como dice el proverbio latino: “Lex orandi, lex credendi”; es decir, lo que se cree se celebra litúrgicamente y viceversa.

La misa en sufragio de nuestro hermano Fernando la estamos celebrando dentro del tiempo navideño, en el que profesamos a Jesucristo como Luz de los hombres. Él llena nuestra mente de su resplandor y hace desaparecer las tinieblas que anidan en nuestro corazón.

Estamos realizando un acto de fe en la otra vida. El Hijo de Dios ha asumido nuestra naturaleza humana y la ha divinizado. Él ha asumido nuestro pecado, nuestros sufrimientos y nuestra muerte.

2.- En este contexto navideño estamos leyendo en las lecturas de la Misa la primera carta de san Juan. Resulta curioso que san Juan presente el mandamiento del amor unido al de creer en Jesucristo: «Este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos amemos unos a otros, tal como nos lo mandó» (1 Jn 3, 23).

Fijaros que lo pide como mandamiento: ¡que creáis en el Hijo de Dios, que se ha encarnado, nació en Belén y ha vivido como uno más!

Creer en Cristo es el imperativo para poder amar. Solo se puede amar cuando se es amado; y Dios nos ha amado en su Hijo Jesús, antes de nosotros conocerle.

Y para amar es necesario cumplir los mandamientos: «porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le agrada» (1 Jn 3, 22). De ese modo podemos alcanzar los bienes que recibimos de Dios.

«Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él» (1 Jn 3, 24). Estamos invitados a creer en Dios, a amarle y a guardar sus mandamientos. No se pueden separar estas tres acciones o tareas.

3.- Otro consejo que san Juan nos ofrece es el discernimiento: «Queridos míos: no os fieis de cualquier espíritu, sino examinad si los espíritus vienen de Dios» (1 Jn 4, 1).

Porque hay en nuestra sociedad muchos espíritus, que podemos llamar teorías, ideologías, pensamientos, modas, estilos, normas, hábitos, que no proceden de Dios y que a veces asumimos como los que no son creyentes. Pero no podemos asumir cualquier espíritu.

Para conocer si un espíritu viene de Dios el criterio es que crea y confiese a Jesucristo: «En esto podréis conocer el Espíritu de Dios: todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios» (1 Jn 4, 2).

Si niega la Encarnación del Hijo de Dios, esto es, si niega la Navidad, ese espíritu no es de Dios. «Nosotros somos de Dios. En esto conocemos el Espíritu de la verdad y el espíritu del error» (1 Jn 4, 6).

De lo contrario «todo espíritu que no confiesa ni cree en Jesús no es de Dios: es del Anticristo» (1 Jn 4, 3).

4.- San Juan distingue a quienes confiesan a Cristo de los que son del mundo y rechazan a Dios: «Ellos son del mundo; por eso hablan según el mundo y el mundo los escucha» (1 Jn 4, 5).

Hemos de tener cuidado, porque muchos cristianos suelen pensar y hablar como lo hace la gente no creyente, es decir como el mundo.

Pero los cristianos debemos renovar nuestra mente, dejando de pensar al modo mundano, como nos dice san Pablo: «Y no os amoldéis a este mundo, sino transformaos por la renovación de la mente, para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, qué es lo bueno, lo que le agrada, lo perfecto» (Rm 12, 2).

Jesús vino a predicar la conversión y su mensaje es: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos» (Mt 4, 17). No os ajustéis a este mundo, al modo de pensar de nuestra sociedad, a sus teorías e ideologías.

Las lecturas de hoy iluminan nuestra mente y nos animan a vivir al estilo que Dios quiere, aceptando la Navidad, aceptando la hermosa fiesta de la Encarnación y del Nacimiento del Hijo de Dios.

5.- Hoy celebramos la Misa en sufragio de nuestro hermano Fernando, que fue llamado a la Casa del Padre, tras una vida de entrega en el templo catedralicio, del que fue “arquitecto técnico” durante muchos años. Fue, además, director de la Escuela Taller de la Catedral, que realizó varias obras de rehabilitación y embellecimiento, como las puertas interiores de la fachada del templo.

Su vida transcurrió con dedicación a este sagrado lugar, presencia sacramental permanente de Jesucristo. Es una imagen sugerente la idea de pensar que estuvo trabajando en la Casa terrenal de la presencia sacramental de Cristo durante muchos años de su vida. Ahora pedimos al Señor que lo acoja en su Casa del cielo; le pedimos que lo haga pasar del lugar sagrado terrenal, que es la Catedral, al lugar celeste santísimo de la presencia plena de Dios.

6.- Mientras vivió en este mundo estuvo rodeado de la tiniebla propia de todo hombre; de las limitaciones humanas, del pecado que aleja de Dios, y de la ofuscación de la mente a causa de los estímulos y tentaciones que circundan al ser humano.

Ahora suplicamos a Dios que le quite la venda de oscuridad de sus ojos y que le conceda contemplar cara a cara la hermosura del rostro divino.

Le pedimos a la Virgen de la Victoria que lo lleve de su mano ante la presencia del Resucitado, para gozar de su eterna compañía en el cielo. Amén.

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