Como última entrega de esta sección antes del verano, y dado que toca refrescarse, qué mejor que tratar del jardín catedralicio, desde hace algunos años reducido a su mínima expresión por diversas razones. Este plantel, como tal, se creó en la primera mitad del siglo XIX cuando el Cabildo decidió demoler el llamado “arco del Obispo” y el colegio de los seises, donde recibían instrucción y aprendizaje los niños y mozos del coro que ejercían como cantores al servicio del culto divino en la Catedral.
El solar resultante quedó en un primer momento convertido en un muladar donde se amontonaba las basuras. Para remediar tal cosa, se tomó la decisión de adecentarlo convirtiéndolo en un jardín que, como recogen las actas capitulares, «…sirva de ornato y recreo a los individuos del Cabildo», y cuyas flores servían para adornar el altar, especialmente para las festividades del Corpus Christi y la Inmaculada Concepción. La fábrica destinó al efecto doscientos reales para hacer una conducción de agua que incluía la fuente que se aprecia en esta antigua fotografía y una alberca de la que los jardineros podían surtirse una vez abastecida la parroquia del Sagrario y la demanda del alcalde de la torre, quien estaba encargado de todo lo concerniente a las familias de capellanes y empleados que, por entonces, habitaban en ella.
Alberto J. Palomo
Alberto J. Palomo
Archivo Catedralicio

