«La Catedral es un espejo donde todo católico se mira»

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

José Manuel Ferrary es el nuevo Deán de la Catedral de Málaga, elegido por el resto de sus compañeros del Cabildo. Nacido en 1960, en Málaga, y ordenado presbítero en 1990, es también párroco de San Gabriel en Málaga, Vicario Judicial, Profesor de los Centros Teológicos Diocesanos y Profesor de Derecho de la Universidad Pontificia de Salamanca

¿Cómo recibe el apoyo del resto de capitulares para desempeñar esta misión?
Solo el hecho de haber sido elegido es motivo suficiente para aceptar el cargo. Igualmente debo decir que me produce gran alegría y responsabilidad el hecho de que mis compañeros en el Cabildo hayan pensado en mí como deán de la Catedral, y no cabe duda que sin su ayuda será imposible llevar a términos los proyectos que tiene la Catedral.

¿Cómo valora el trabajo de su antecesor?
Si hubiera que ponerle una nota a D. Antonio Aguilera, ésta sería de Matrícula de Honor. Valoro, muy positivamente, su constancia y dedicación absoluta, por eso mi deseo (y finalidad) será continuar la labor que él ha comenzado: espero, y sé, que cuento con su presencia y apoyo en todo momento. Antonio es un hombre de grandes virtudes; posee un tono siempre conciliador y siempre sabe encontrar los medios adecuados para que nos sintamos a gusto trabajando en la labor que cada cual desarrolle en el Cabildo. Yo intentaré seguir en esa línea. Creo que el trabajo en la Catedral sólo es efectivo si sumamos, desde siempre hasta la actualidad, cada canónigo y cada deán han aportado algo, dotando, por lo tanto, a este órgano capitular una singularidad y un carácter propios.

¿Cómo es el relevo, qué plazos se dan?
Es muy simple. Una vez llevada a término la elección el relevo se hará efectivo una vez finalizada la fiesta de la Patrona. No hay una ceremonia especial, sino que la continuidad se expresa en la normalización del paso de un deán al siguiente.

¿Qué hace un deán? 
Podríamos decir que tiene una función doble: por un lado, la representación del Cabildo de cara al exterior y por otro, la presidencia en los Cabildos y ejecución de los acuerdos que éste toma, siempre por mayoría. En algún momento, ante temas urgentes que no sean graves, puede tomar una decisión informando posteriormente al Cabildo. Pero, asimismo, y a mi modo de ver, tiene una función importante no establecida en estatutos, como es la de procurar siempre la unidad de los canónigos, alcanzar un fin común sabiendo que el único protagonismo es de la Catedral y que, en ocasiones, para ganar hay que ceder.

Se ha creado también el servicio de vicedeán, que ha recaído en D. Felipe Reina.
Así es. A principios de año se aprobaron los estatutos y uno de los elementos o cargos que se introdujo fue el de vicedeán, cuya función es permanecer en la comisión permanente y, en determinadas circunstancias establecidas en los estatutos, suplir al deán. Esa comisión permanente, además del deán, se encuentra D. Felipe Reina, como videdeán, D. Federico Cortés como secretario, y D. José López Solórzano, como representante de los canónigos.

Actualmente la Catedral tiene muchos retos. ¿Cuáles destacaría?
Siempre tiene retos. La Catedral es un espejo donde se mira todo el católico de Málaga. De entrada, podría afirmarse que, cuando hay cualquier tipo de manifestación de fe pública en las calles, la Catedral está presente: tenemos el ejemplo que va desde las hermandades y cofradías, que pasan por la Catedral, al mismo Corpus.
El primer reto siempre será que, la Catedral, sea el templo de todo católico de Málaga. Pero, también, hay dos pilares fundamentales, que ya se cuidan y que hay que seguir promoviendo: el sacramento de la reconciliación o penitencia, que siempre debemos ofrecer, y el cuidado de la liturgia que, como definió San Juan Pablo II en la Carta apostólica Spiritus et sponsa, ha de ser la «voz unísona del Espíritu Santo y la Esposa, la santa Iglesia, que claman al Señor Jesús: `Ven´».
Pero tenemos unos retos concretos, de importancia y gran calado, como es la necesidad de poner el tejado a dos aguas y el arreglo de la iglesia del Sagrario.
Por último, el cuidado con todo lo que afecta al Patrimonio de la Catedral.

En el 2028 se cumple el V Centenario del inicio de las obras de la Catedral. ¿Se ha pensado en algo para celebrarlo?
Ciertamente está ahí y tenemos que empezar a planteárnoslo: es otro reto, pero preocupa inmediatamente lo anteriormente manifestado sobre el tejado a dos aguas para evitar las filtraciones, ya que es un problema que llevamos arrastrando desde hace ya muchos años y urge una solución.

¿Qué lugar es su favorito dentro del templo, qué recomendaría que no se deje de visitar una vez se ingresa en la Catedral?
El Sagrario. Entrar en la Catedral y no visitarlo es no hacer nada. Es lo primero que tiene que hacer uno al entrar. Visitar a Jesús Sacramentado. Si, posteriormente, se quiere admirar el aspecto cultural o rezar ante las imágenes, estupendo, pero lo primero, al entrar, y lo último, al finalizar antes de marchar, es el Sagrario.

¿Se ha notado mucho la pandemia en relación a cifra de visitas y afluencia de fieles?
Ha sido todo muy progresivo desde que se empieza a abrir la asistencia al culto: la venida de turistas, extranjeros y no extranjeros, los cruceros… Nos hemos visto perjudicados como cualquier otra entidad, pero nos estamos recuperando de la misma manera.

¿Conocemos los malagueños nuestra Catedral?
En general, no. Los que vivimos aquí frecuentemente no valoramos lo que tenemos. La Catedral está ahí, no solo para visitarla culturalmente sino, y sobre todo, para el culto litúrgico y para aprovecharla en todos los sentidos. En general, afirmaría, que tenemos que aprender a conocer (que ya es importante) y a querer lo que tenemos en nuestra ciudad. Y lo que creo para la catedral lo afirmo igualmente con la Alcazaba, el Mirador de Gibralfaro, o los distintos Museos que poseemos. En Málaga, yo soy malagueño, tenemos que aprender a «querer» lo que tenemos y a «venderlo» desde el apasionamiento por lo «nuestro». Es una ciudad hermosísima. El día que aprendamos a hacerlo, ganaremos mucho. Debemos convencernos de que vivimos en el mejor sitio del mundo.

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