«Espero que el Señor me ayude a ser un administrador fiel»

Diócesis de Málaga
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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Guillermo Tejero Moya (Málaga, 1977) es el nuevo ecónomo diocesano, cargo en el que repite pues ya ejerció como máximo responsable de la economía de la Iglesia de Málaga de 2014 a 2018, primero como vicario para Asuntos Económicos (2014-2016) y, luego, como ecónomo (2016-2018).

«Espero que el Señor me ayude a ser un administrador fiel»
Guillermo Tejero

¿Cómo recibió la noticia de su nuevo nombramiento como ecónomo?

El señor Obispo me llamó para reunirse conmigo y me dijo: «Mira, Guillermo, que he pensado que vuelvas de nuevo a la economía». Yo no me lo esperaba en absoluto, me quedé paralizado y le pedí que me dejara pensarlo. Al día siguiente, la primera lectura de la Misa era la de san Pablo a Timoteo donde le decía «te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos, pues Dios no nos ha dado un espíritu de cobardía, sino de fortaleza, de amor y de templanza». Y dije: «Bueno, pues ya está. No puedo hacer otra cosa más que decir que sí».

No es algo nuevo para usted. ¿Cómo cambia ahora su planteamiento respecto a la primera vez?

La verdad es que ahora voy con un rodaje que no tenías antes, por lo que la incorporación es más rápida. Y, sobre todo, tengo que agradecer mucho a las personas. Esto es un equipo al cual yo me incorporo, pero es un equipo que está ya en marcha y funciona muy bien. Mi misión será la coordinación de este equipo y, sobre todo, la relación con los sacerdotes.

Una responsabilidad enorme la de llevar las cuentas de la Iglesia de Málaga, pero además permanecerá en San Miguel como párroco. ¿Podrá con todo?

Es verdad que es mucho trabajo pero es que necesito la parroquia. Para mí es un momento de de recordar la raíz del ministerio pastoral al que el Señor me llamó. Si me quedara solo con números y gestión de papeles podría caer en la tentación de perder el norte. Y no tener esa empatía y sensibilidad con lo que viven los feligreses y mis hermanos sacerdotes en el día a día y así poder ayudarnos mejor entre todos a llevar el Evangelio.

Bueno, vamos a hablar de su libro. ¿Cómo va la economía de la diócesis?

La economía de la diócesis va bien (ríe). Es una economía austera, con sus puntos fuertes y sus cosas a mejorar. Su principal fortaleza es la solidaridad de todos, es decir, una comunidad que siente que la Iglesia es parte de su familia. Hay que valorar cómo los cristianos malagueños contribuyen generosamente siempre al mantenimiento y al funcionamiento de la iglesia. Y lo que se tiene, se comparte a través de esa “bolsa común” que es fondo común diocesano a través del que las parroquias manifiestan su generosidad unas con otras. Las parroquias no van autónomamente, cada una por su cuenta, sino que hay un sentido de familia y de corresponsabilidad de los unos con los otros. En cuanto a los puntos a reforzar, creo que tenemos que seguir creciendo en transparencia para que todo el mundo vea cómo se generan y se gestionan los recursos.

Como siempre, el sostenimiento del patrimonio es uno de los puntos de mayor gasto: conservar nuestras iglesias, nuestros templos…

Yo hablaría más que de gasto, de una inversión que hace la diócesis, porque cuando haces una inversión significa que consideras que no es un gasto superfluo, sino que es algo positivo de cara al futuro. Tenemos un gran patrimonio muchas veces con muchos siglos de historia y nuestra misión es dejarlo siempre mejor de lo que nos lo hemos encontrado, ¿Para qué? Para que continúen siendo lugares de evangelización y también lugares donde se vea la historia y la cultura que nos ha precedido y que seguirá años posteriores.

Para ello está ya en marcha el Plan Málaga Sacra. ¿Cómo lo valora?

Es una apuesta que hace la Diputación Provincial por el patrimonio histórico de la provincia de Málaga. Yo quiero agradecer públicamente a la Diputación el esfuerzo que está llevando a cabo por recuperar el patrimonio de nuestros pueblos que hay que conservar para que en el futuro todos puedan seguir disfrutándolo. Nosotros estamos colaborando con ellos para poder ir sacando adelante todos nuestros proyectos de rehabilitación de templos.

La sinodalidad nos llama a la corresponsabilidad de todos también en el ámbito económico. ¿Es necesaria mayor implicación de los seglares en la administración de las parroquias?

Yo creo que es muy bonito descubrir esa sinodalidad y ese sentirnos todos parte. Qué grande es cuando uno se siente parte de su iglesia, pero ya no solamente de su parroquia, sino de su diócesis y de toda la historia de la Iglesia. Nosotros estamos aquí, gracias a muchos predecesores nuestros que han hecho un gran servicio anunciando el Evangelio. “¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!”. Han llevado esa palabra de Dios y han mantenido los templos, porque se sabían parte de ellos y eso es muy importante. Yo creo que, al final, la Iglesia la tenemos que hacer entre todos y ese hacerla entre todos conlleva también el ámbito de la economía. Es fundamental insistir en el sentido de pertenencia, porque cuando te sientes parte de la Iglesia, aportas tus talentos y descubres a una familia cuya mayor riqueza es Jesucristo, anunciar la Buena Noticia y saber caminar en comunidad, haciendo tanto bien.

El dinero en efectivo va desapareciendo de nuestros bolsillos dejando paso a los medios de pago electrónicos, ¿cómo afecta a la economía de la Iglesia?

Casi todas las parroquias tienen un número de Bizum que, eso sí es verdad, está funcionando. En otras muchas se han instalado datáfonos, pero, por ahora no han terminado de arraigar. Hay que seguir ofreciéndolos para ver si poco a poco se hace más costumbre. Pero en el tema de la contribución de los fieles es fundamental recordar la importancia de las cuotas domiciliadas. Las suscripciones le permiten a la parroquia presupuestar con más facilidad porque puede saber con qué dinero cuenta pero, además, toda donación que tú haces por esta vía tiene hasta un 80 por ciento de desgravación en los primeros 250 euros y, a partir de ahí, son otros importes dependiendo de la renta de cada uno. Por poner un ejemplo, una persona que cada domingo en Misa echa 5 euros al cepillo, al cabo del año se habrá gastado 260 euros. Si lo hubiera hecho a través de una domiciliación con una cuota de 22 euros al mes, habría contribuido aún más con su parroquia –264 euros– pero le habrá costado muchísimo menos –apenas 60€–, porque Hacienda le devolvería más de 200€ en la declaración de la renta, como norma general.

Muchos pagan mensualmente la cuota de la plataforma de cine en casa, de la asociación profesional, del seguro médico, de la comunidad de vecinos… pero parece que con la parroquia nos cuesta más trabajo “afiliarnos”

Es un reto que tenemos. Estamos muy acostumbrados todavía al cepillo, creo que tendríamos que dar un saltito en ese ámbito de las cuotas. Es que es mucho más cómodo para uno, porque sabe lo que va a poder aportar en ese año, que después quiere aportar algo más extraordinario, pues genial, y segundo, porque a la hora de hacer la declaración de la renta es que te van a devolver una parte importante del dinero que has donado.

¿Qué le pides a Dios para este nuevo ministerio que se te ha encomendado?

Que me inspire la palabra y el gesto oportuno para saber hacerlo como Él lo haría, en palabras de San Pablo: «Solo vea en nosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, lo que se busca en los administradores es que sean fieles».

Ver este artículo en la web de la diócesis

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