
Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía de envío de un grupo de jóvenes a la misión en Cartagena de Indias (Colombia) celebrada en el Monasterio de San José en Málaga capital.
ENVÍO DE UN GRUPO DE JÓVENES A LA MISIÓN EN CARTAGENA DE INDIAS (COLOMBIA)
(Monasterio Carmelitas de San José-Málaga, 20 julio 2025)
Lecturas: Gn 18, 1-10a; Sal 14, 2-5; Col 1, 24-28; Lc 10, 38-42.
(Domingo Ordinario XVI-C)
1.- Envío misionero
En esta celebración serán enviados unos jóvenes a una misión para hacer una experiencia misionera en Cartagena de Indias (Colombia) en la zona de Barú y Santa Ana. Son unas comunidades afroamericanas, poco atendidas pastoralmente por la distancia geográfica.
Allí acogerán a estos jóvenes el sacerdote Edison Escalona, diocesano de Cartagena de Indias y otros colaboradores. La salida está prevista para el día 26 de julio y el retorno el día 23 de agosto. El padre Danilo se adelantará para coordinar la acogida con el equipo de la Diócesis.
El evangelio de hoy habla de hospitalidad; por ello queremos agradecer a las hermanas de este monasterio de Carmelitas Descalzas que nos hayan acogido y que ayudarán con su oración a los participantes en esta experiencia misionera.
Felicitamos a la Delegación Diocesana de Misiones por esta iniciativa misionera, y pedimos al Señor que sea gozosa y fecunda.
2.- La hospitalidad
En la narración del libro del Génesis, que hemos escuchado, de la visita de los tres personajes a Abrahán junto a la encina de Mambré (cf. Gn 18, 1-3), destaca la hospitalidad del pueblo de Israel, que acoge al que llega como al mismo Señor y le ofrece cobijo y alimento (cf. Gn 18, 4-8).
Abraham acoge en su casa a los tres viajeros; y las dos hermanas del evangelio (Marta y María) acogen a Jesús. Todos ellos nos ofrecen ejemplo para nuestra vida. En una sociedad que facilita tan poco el encuentro personal y la comunicación entre las personas, es una invitación a tener un corazón acogedor para con los demás, sean paisanos y conocidos, o sean extranjeros desconocidos. Últimamente hemos podido verificar en las noticias la dura actitud entre algunas personas (nacionales y extranjeras), porque hay poca hospitalidad.
Se trata, además, de una hospitalidad desde la fe, y con recompensa por parte de Dios: Abraham «ve» a Dios mismo en los huéspedes, y recibe nada menos que el cumplimiento de la promesa tanto tiempo ansiada: la descendencia, como se lo aseguran los mensajeros (cf. Gn 18, 10).
A Marta y María les vienen también bendiciones al hospedar en su casa al Mesías. Ver en los demás a Dios es una clave cristiana teológica y de buenas consecuencias morales. Cada encuentro con el hermano es un encuentro con Dios. Tal vez nos falta la sensibilidad de ver a Jesús en las demás personas, sobre todo en las más necesitadas; solemos rechazar más bien a las personas que no conocemos.
Aprendamos de los personajes bíblicos de esta narración a ser acogedores del otro, que es presencia de Dios.
3.- La misión evangelizadora
San Pablo dice que se alegra de sus sufrimientos por el evangelio: «Así completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, en favor de su cuerpo que es la Iglesia» (Col 1, 24). Él sabe que la Iglesia es la prolongación de la obra de Jesucristo; ella es su cuerpo, que necesita ser cuidado y alimentado para ser fiel a su Señor y para seguir cumpliendo su misión salvadora.
Pablo ha sido nombrado servidor del evangelio, conforme al encargo que le ha sido encomendado, y su misión es «llevar a plenitud la palabra de Dios» (Col 1, 25); anunciar la palabra de Dios. Él recorrió Asia y parte de Europa para anunciar esta Palabra: «El misterio escondido desde siglos y generaciones y revelado ahora a sus santos» (Col 1, 26).
La misión que tiene el grupo que va a Colombia es proclamar y testimoniar esta palabra de salvación, palabra de alegría y de luz.
El Señor os encarga, queridos jóvenes, la misión de anunciar el evangelio de Jesucristo donde viváis y donde vayáis, porque esta misión está en todas partes.
Pablo quiere «dar a conocer cuál es la riqueza de la gloria de este misterio» (Col 1, 27). Vosotros también sois instrumentos de Dios para proclamar su salvación, para dar a conocer el misterio escondido durante siglos y manifestado en Jesucristo.
No resulta fácil hoy anunciar el Reino de Dios; los cristianos sufren persecuciones y deben afrontar muchas dificultades; pero la providencia de Dios siempre está presente; y vayamos donde vayamos, nos llevaba de su mano.
Cuentan que una congregación misionera iba a enviar a unos hermanos a una nueva misión; el superior les llamó y les dijo: “Estad atentos y acordaos de que, cuando lleguéis allí, antes de vosotros ya está el Espíritu Santo”; porque Dios también se revela a través de la naturaleza que ha creado (cf. Sab 13, 1-5). Todo ser humano vive la apertura a Dios; y hay que estar atentos a los signos de su presencia en cualquier sociedad y cultura. El Señor nos precede donde vayamos, como les dijo Jesús a las mujeres el día de Pascua: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán» (Mt 28, 10).
¡Ánimo y no desfallezcáis en la tarea que el Señor os confía!
4.- Las hermanas Marta y María
El evangelista Lucas nos ha narrado el encuentro de Jesús con las hermanas del difunto Lázaro. Marta «andaba muy afanada con los muchos servicios» de la casa (Lc 10, 40). Su hermana María, en cambio, «sentada junto a los pies del Señor, escuchaba su palabra» (Lc 10, 39).
La afanosa Marta pidió al Señor «¿No te importa que mi hermana me haya dejado sola para servir? Dile que me eche una mano» (Lc 10, 40). Pero Jesús le respondió: «Marta, Marta, andas inquieta y preocupada con muchas cosas» (Lc 10, 41); «solo una es necesaria. María, pues, ha escogido la parte mejor, y no le será quitada» (Lc 10, 42).
No quiso decir Jesús que no hay que servir; porque no hay contraposición entre el servicio y la oración. Servir es necesario; pero se puede hacer sin dejar de escuchar a Jesús.
¿Qué era lo más importante en casa de Marta y María? ¿La comida, los comensales? Lo más importante era la presencia de Jesús; había que disfrutar de su presencia. Marta podría haber estado entre los cacharros de la cocina y de vez en cuando haber preguntado a Jesús qué le decía a María.
Las Hermanas de este monasterio han escogido la mejor parte, como María, y no se le quitará. Pero ellas también hacen el servicio de limpieza, de cocina, de las tareas de la casa; eso no impide dedicarse a la escucha del Señor, quedar embelesado por su palabra y prendado contemplando sus ojos.
5.- Importancia de la oración y de la contemplación
La vida cristiana es acción y esfuerzo, pero prioritariamente es recepción y acogida; y así lo destaca la figura de María y en la respuesta de Jesús.
Ambas actitudes no se oponen; más bien son complementarias: acción y contemplación. Pero la oración y la contemplación tienen prioridad. Por encima del “servicio” está el valor absoluto de la Palabra de Dios. Jesús responde al diablo en las tentaciones: «No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios» (Mt 4, 4).
Estamos en un monasterio, donde la oración y la contemplación son esenciales y vitales para la comunidad y para toda la Iglesia.
La fidelidad a la Palabra es un valor jamás comprometido en sí mismo, sea cual sea la situación del cristiano; para otras cosas pueden existir impedimentos y dificultades: enfermedad, situación social, cultura, economía, odios, guerras. La fidelidad a la Palabra de Dios es el valor siempre «asegurado».
Felicitamos a los miembros del grupo misionero para esta experiencia, a la que os ha enredado el P. Danilo desde la Delegación diocesana de misiones. ¡Haced una buena experiencia y recordad que vais a un lugar donde hay personas creyentes en el mismo Dios! Tened presente que ellos también os van a evangelizar. Pedimos al Señor que saquéis el mejor fruto posible.
Agradezco a vuestras familias, que les habéis apoyado y animado; y les acompañáis con vuestro amor y vuestra oración. La familia de la Diócesis de Málaga os acompaña. Vais enviados por la Diócesis.
Pedimos a la Santísima Virgen María que os acompañe en la misión que vais a realizar, y que el Señor os ha encomendado. Amén.

