¿Enfermo terminal?

Diócesis de Málagahttps://www.diocesismalaga.es/
La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Existe un grupo significativo de personas que, ingresadas en los hospitales por diversas causas, son diagnosticadas con patologías crónicas. Después de un tiempo de estudio observación y tratamiento, el proceso no se resuelve y con un pronóstico infausto,  se impone el alta hospitalaria y son enviados a sus casas donde el médico de cabecera y/o cuidados paliativos realizan un seguimiento domiciliario. .

«Ya se ha hecho todo lo posible», es el mensaje que llega al enfermo y que le genera una sensación de impotencia y le hace elaborar pensamientos de inutilidad: convertimos a esa persona en un enfermo con matices de terminal pues, ante el «más no se puede hacer», mutilamos las capacidades más potentes y eficaces que posee el cerebro humano.

Pero esta mutilación, es la oportunidad para que el médico desarrolle su verdadera vocación que es el arte de acompañar a la persona que sufre y que tiene como objetivo estimular los programas que las neurociencias han descubierto y localizados en el cerebro y que garantizan, superando todas las circunstancias, una existencia en las mejores condiciones posibles. Son programas diseñados para controlar el dolor, el mantenimiento y reparación de daños, defensa ante las enfermedades e incluso la capacidad de generar células y órganos completos y que abren perspectivas en las que la imaginación aún no ha encontrado fronteras: el cerebro tiene marcado su crecimiento celular por la bóveda craneana, pero carece de límites en su contenido…y en sus potencialidades terapéuticas.

El médico además se encuentra con un escenario en que el instinto primario (cerebro reptiliano), que persiste en todas las células del organismo, manifiesta una repugnancia a desaparecer, y es la causa por la que esa persona espera, anhela y desea fervientemente una noticia que le señale alguna salida, y es cuando, respetando  el tratamiento prescrito, se puede aportar un matiz especialmente terapéutico al ofrecerle una información documentada de los anteriores recursos  para que, refutando la frase paralizante del «ya no se puede hacer más», se transforme en «se puede hacer mucho más», que tiene la facultad de estimular y activar las capacidades cerebrales que siempre, y en todas las circunstancias, garantizan un aumento de la calidad de vida, disminución de la vulnerabilidad a las patologías asociadas, y el fortalecimiento de la convicción de un desarrollo más benigno de la enfermedad que motiva a la persona para, asumiendo el protagonismo de su vida, estimule las poderosas y eficaces energías de esperanzas argumentadas que son las que tienen la propiedad de desarrollar estados de conciencia gratificantes que, conformando una situación anímica de optimismo, es transmitido a toda y cada una de los millones de células del organismo y determina que se arraigue en ellas la idea de una sanación que nunca debe ser descartada y que per se tiene la capacidad de modificar la evolución de cualquier proceso morboso, ofreciendo la plenitud al arte de la medicina, palabra que empieza por M(misericordia) y finaliza con A(amor) indicando los “fármacos” más eficaces que existen para aliviar el sufrir humano.

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