
El sacerdote y profesor de los centros teológicos diocesanos invita a profundizar en el Evangelio de este domingo, solemnidad del Bautismo del Señor, 11 de enero de 2026 (Mt 3, 13-17).
El Bautismo del Señor cierra el tiempo de Navidad y nos introduce en el Tiempo Ordinario. Hoy Dios nos dirige su voz: «este es mi Hijo, el Amado, mi predilecto».Todo comienza desde la humildad, recibiendo el bautismo de Juan, para compartir la suerte de todos los hombres y cumplir la voluntad del Padre. Al salir del agua el Espíritu Santo lo envuelve y Dios lo reconoce. Jesús, el Hijo de Dios, ungido por el Espíritu, comienza su actividad. No con voces ni aspavientos, sino con su vida, Jesús será quien cambie definitivamente el rumbo de una historia de injusticias y violencias; con la fuerza del Espíritu liberará a los oprimidos por el pecado y pasará haciendo el bien.
Desde el bautismo ya no será nada igual para Jesús. ¿Y para nosotros? Seamos conscientes de la fuente de agua viva que, desde el día de nuestro bautismo, tenemos en lo más hondo de nuestro ser. Vivir el bautismo es vivir con mayor deseo de ser Iglesia; de tomarnos más en serio nuestra fe; de tener respeto a los valores humanos y sociales (derechos humanos, ecología, defensa de la mujer, lucha contra la marginación…), y, a la vez, ser críticos ante injusticias, consumismo, superficialidad, manipulación… Así vivimos nuestro bautismo y, como Jesús, nos hacemos evangelizadores. En la Eucaristía, una voz nos habla y el Hijo Resucitado se hace presente por el Espíritu en el altar; y esta voz nos dice: «este es mi Hijo, el Amado, mi predilecto». Él nos da la fuerza para vivir, de verdad, como bautizados.

