Beata Sandra Sabattini, primera novia en subir a los altares

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Su vocación era el matrimonio, y se preparaba para ello junto a su novio, Guido, cuando un accidente segó su vida, por lo que la italiana Alessandra (Sandra) Sabattini será la primera novia en subir a los altares.

Será este domingo 24 de octubre, en una ceremonia que tendrá lugar en su diócesis de Rímini y que será presidida por el cardenal Marcello Semeraro, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos.

Nacida en Riccione el 19 de agosto de 1961, en el seno de una familia de hondas raíces católicas, a los 10 años comenzó a escribir un diario: «La vida que se vive sin Dios es un pasatiempo, aburrido o divertido, con el cual jugar esperando la muerte», afirmaba.

A los 12 años conoció al Padre Oreste, fundador de la comunidad “Papa Juan XXIII”, gracias a la cual comenzó a servir en las periferias: con los pobres, con los discapacitados, con los drogodependientes…

En 1979 comenzó su noviazgo con Guido a la luz de la Palabra de Dios y, un año después, se matriculó en Medicina.

En 1984, de camino a una reunión con su comunidad, fue atropellada por un automóvil. Entró en coma y falleció días después.

Un sueño misionero en el DOMUND

La beatificación de Sandra estaba prevista originalmente para el 14 de junio de 2020 y tuvo que ser suspendida por la pandemia. Pero hay una feliz coincidencia en la nueva fecha elegida, 24 de octubre de 2021, día del Domund, y es que uno de los sueños de la joven beata era el de ser médica misionera en África.

Le gustaba vivir en el silencio su relación con Dios, así que se levantaba temprano y permanecía en meditación en la oscuridad, en la iglesia, ante el Santísimo Sacramento. También por la noche, no importando la hora en que regresaba, pasaba una hora en oración frente a Jesús.

Su diario reflejaba un alma inquieta y profundamente enamorada de Dios: «Quisiera aceptarte, pero antes tengo que derrotarme a mí misma, mi orgullo, mis mentiras. No soy humilde y no quiero reconocerlo, me dejo condicionar terriblemente por los demás, tengo miedo de lo que pueden pensar de mí. Soy incoherente, realmente quiero revolucionar el mundo, pero después me dejo dominar por él. Dios ¿me puedes aceptar así como soy, llena de limitaciones, temores, esperanzas?»

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